Hola a todos, hago entrega del capítulo del martes :) Hubo una propuesta de matrimonio hacia mi por parte de celeste así que se les estan yendo las oportunidades conmigo. (jajajaja)
Me alegra que estén felices por que al fin, después de 29 capítulos tenemos a Emma y a Regina juntas, esperemos paz para ellas.
¿Qué sucederá con Maléfica y Aurora? ¿Que sucederá con Baelfire y Rumpelstinskin? ¿La autora los va a tener a todos viviendo en la misma casa? ¿Cómo va a ser la relación para Emma y Regina? ¿Va a existir Henry? ¿David se va a morir? Yo se que ustedes tienen muchas dudas jajajaja, espero que se queden conmigo y que este capítulo les de una duda más al menos. y les deje claro quien ha sido el verdadero villano desde el inicio.
Capítulo 31:
El otro lado del muro.
-No podemos dejar a Emma en el palacio si Baelfire es tan malvado como dicen. –Blancanieves hablaba en un tono histérico mientras Chip la empujaba dentro de la pequeña balsa.
-Su majestad, estoy secuestrándola, no puede hacer sugerencias. –Le hizo saber y David se rio suavemente mientras entraba voluntariamente a la balsa.
-Es una buena aventura, Blanca, no te resistas. –Pidió al darle la mano a Anastasia para que entrara a la balsa y enseguida a Drizella con Lucifer envuelto en un mantel de cocina.
-La princesa Emma va a estar bien, Regina está en camino. –Explicó Graham entrando de último y de inmediato comenzando a remar con fuerza. –Los planes no funcionan si no confías en todos los miembros del equipo y la reina Regina organizó todo de maravilla.
-Pero… ¿Por qué? –Blancanieves no podía concebir el hecho de que la boda fuera un intento para apoderarse del reino.
-Nunca me agradó. –Drizella le hizo saber envolviendo bien al ruidoso gato mientras Anastasia se mantenía en silencio tratando de cubrirse del frío cruzando los brazos, totalmente inconforme con la situación.
-Honestamente creo que fue inocente de nuestra parte no sospechar… no solo Emma estaba siendo rara al querer casarse, sin dudarlo aceptó al hijo del señor Oscuro… sabemos lo malvado que es… -David continuó.
-Además es un hombre. –Expresó Chip distraídamente lo que le sacó una carcajada suave a Graham y una mirada hostil a la reina.
-¿Emma sabía que ustedes iban a venir a salvarnos? –Blancanieves continuó como si no hubiera escuchado lo anterior.
-Nos hubiera dicho. –Les hizo saber Anastasia mirando hacia el cielo estrellado.
-Eso es cierto. –Reveló Graham. -Ha estado genuinamente sufriendo mientras nosotros planeábamos cómo sacarla del reino.
-Eso es cruel… mi hija es una persona muy sensible. –Defendió David y sólo la luz de la luna iluminaba su camino hacia el otro lado del enorme lago de agua dulce.
-Emma es tonta…
-Chip, son los padres de la princesa… si la reina Regina no tomó bien que la llamaras tonta, ¿Qué te hace pensar que ellos sí? –Inquirió Graham concentrado en su labor y tanto Blancanieves como David rieron suavemente.
-Es muy lista… pero si es un poco tonta, es decir, es noble y buena pero la mayor parte del tiempo nosotros sencillamente estamos viendo como ella hace lo que quiere pensando que lo hace a escondidas, es más clara que el agua con sus emociones hacia Regina. –Comentó David.
-Es sumamente hermosa, eso te distrae del hecho de que es un poco tonta… no te puedes casar con el hijo del señor oscuro únicamente porque Regina te abandona. –Explicó Blancanieves.
-Oh no, eso no es lo que sucedió. –Sonrió Chip y Graham asintió con la cabeza, incluso Anastasia y Drizella se unieron lo que sacudió la balsa mientras se movían por el lago de forma rápida gracias a su fuerza.
-¿No?
-No, la reina Regina nos salvó a mí y a mi madre del señor Oscuro hace unos quince años más o menos, nos tenía convertidos en piezas de porcelana, yo era una taza para ser exacto y mi madre una tetera y estuvimos atrapados años… pero Regina nos salvó, ella necesitaba ayuda para criar a Emma y el señor Oscuro nos ofreció como objetos de ayuda a cambio de un favor no específico.
La reina Regina estaba desesperada y aceptó, al hacerlo nos salvó de esa maldición y nunca nos trató como objetos, siempre nos dio nuestro lugar y jamás nos ha faltado nada, nuestra lealtad es con ella por eso…
El día de la fiesta de Emma, Rumpelstinskin hizo finalmente su aparición, amenazándola con que el favor que quería era que su hijo tuviera la mano de Emma en matrimonio y Regina tuvo que aceptar de lo contrario habría pasado a ser propiedad del señor oscuro y nunca la hubiéramos podido rescatar… No sólo ella aceptó, sino que Emma decidió que ayudaría, que se casaría con Baelfire para liberar a Regina de su deuda. –Chip contó y se dio cuenta de que su amiga ya formaba parte de las historias que estarían en los libros… Emma era un héroe anónimo, una mujer enamorada y noble… tal vez después de todo no era tonta…
Cuando dejó de hablar pudo notar que Blancanieves miraba al horizonte, perdida en un debraye como si la información que acababa de escuchar no fuera posible… David por otro lado sonreía… extrañamente orgulloso.
Al llegar a la otra orilla del lago empezaron a moverse en la penumbra por el bosque, guiados por las estrellas y sin tiempo de detenerse a hablar o a quejarse... Graham había empezado a llevar al Rey en su espalda, su respirar y sudor frío lo hacían parecer al borde de un colapso y no podían darse en lujo de detenerse por él, mucho menos de dejarlo.
Caminaron por lo que pudo haber sido una o cuatro horas en la que fue la noche más larga hasta que encontraron un sendero oculto entre flores blancas y ahí, Maléfica esperaba con su huevo en brazos.
-¿Cómo fue todo? –Preguntó Graham al verla y le recibió al bebé dragón.
-No lográbamos crear un líquido suficientemente poderoso… Regina empezó a enloquecer, podía sentir a Emma asustada… nos ha dejado sin recipientes de cristal para el cuarto de alquimias en un ataque de furia y hay que agradecer que los calderos de peltre son fuertes… sin embargo lo logramos, la poción al fin adquirió el tono amarillo que necesitábamos y lo he convertido en una aguja de rueca… Ya sabes, algunas cosas no cambian, además era más fácil picarlo que darle a comer una manzana envenenada… -Maléfica sonrió hacia Blancanieves quien lucía desconfiada, tanto de Maléfica como de su bebé… sin poder acostumbrarse a pertenecer a un lado imparcial, lejos del bien y el mal. –Debía entrar, sacarla y volver, pero ha pasado una hora y mi palacio sigue completamente solo.
-Estarán bien. –Expresó Chip con confianza ciega… - Ustedes no crecieron escuchando las mil y un maravillas que conlleva la fuerza e inteligencia de Regina… pero yo sí y sé que están bien.
-No hay otra opción, todos hemos actuado según el plan. –Sonrió Maléfica. –Aurora debe ir en camino al palacio en este momento, ¿Alguien la vio salir?
-La vimos sacar a Emma del salón lo que significa que todo iba bien.
-Perfecto, vámonos de aquí. –Expresó y con ambas manos invocando su nube malva de magia, les hizo aparecer en su palacio.
Chip tomó el huevo y lo llevó hasta el nido que le tenían en la sala y Maléfica volvió a desaparecer, iría en búsqueda de Aurora.
-¿Ese es un dragón? –Examinó Blancanieves escandalizada.
-Es el bebé de la familia, hemos tenido que turnarnos para cuidarle si queríamos que Regina y Maléfica tuvieran tiempo de planear todo.
-Es un monstruo. –Se quejó como si pudiera ver a través del cascarón y notar lo que nadie había si quiera pensado de la pequeña criatura que ahí residía.
-Es un bebé. –Exclamó Chip sumamente molesto, defendiendo el huevo y Blancanieves alzó las manos en son de paz… no estaba en posición de juzgar.
-La reina Regina les tiene una habitación preparada. –Les hizo saber Graham mientras los guiaba por la puerta. –háganos a todos un favor y aléjense del bebé…
Cuando el amanecer llegó y Maléfica y Aurora volvieron, la ausencia de Emma y Regina no sólo se hizo evidente sino preocupante pero el plan debía seguir en marcha… extrañamente con o sin elas el reino ahora se encontraba sin heredero y la realidad había quedado manifestada por Regina: Si ella tardaba más de un día en aparecer, la heredera a quien buscarían sería a la hija de Cenicienta, la única persona de la que sabían, tenía sangre real que no tenía reino… si ellas tardaban, no habría tiempo de buscar a nadie más.
No fue sino hasta la mañana siguiente, que Emma y Regina aparecieron en la sala y sin saludar a nadie ni encomiar su llegada, la reina llamó a Maléfica y las tres se perdieron en el cuarto de alquimias.
-¿Por qué les tomó tanto volver? –Fue lo primero que quiso saber y la sonrisa de Emma fue tan evidente que Maléfica no preguntó más… al menos no frente a la joven, ya encontraría a la reina sola y obtendría los detalles. –Muy bien… entonces qué sucede. ¿Por qué han llegado de forma tan misteriosa?
-Emma lo sabe… adquirió el vínculo por mortalidad transferida. –Explicó sin soltarla de la mano.
-¡Ya era hora! Sabía que sólo debías entregarte en cuerpo y alma. –Le hizo saber con una sonrisa pícara y Emma acompañó el gesto en una carcajada suave. -¿Cuál es el problema? ¿Te sientes mal, Emma? –Inquirió sentándola, cómo hacía diez años en la mesa de piedra y revisando sus ojos y respiración, analizando el color de su piel y la forma de responder de su mente.
-Estoy perfectamente bien, estoy encantada… Es muy extraño y me parece horrible que haya renunciado a su vida por mí, yo ni siquiera pude pasar una noche con Baelfire.
-Oh, corazón, no es una competencia, ninguno de nosotros teníamos permitido pensar que llegarías a pasar una noche con ese salvaje. –Le hizo saber mientras revisaba dentro de sus oídos y la fuerza de su cabello. –Tal vez te cueste trabajo concentrarte, al inicio le sucedía a Regina… no podía hacer nada los días que te sentías demasiado feliz, le abrumabas los sentidos, igualmente cuando te asustas ella siente el miedo de forma tan genuina que aparece al instante. –Explicó lo último en un chasquido de dedos y Regina se sonrojó, completamente mortificada.
-¡Con que esa es la razón!... –Comprendió finalmente y le besó la mano a la reina. –No me siento mal… pero sería bueno que Regina pudiera ir por la vida sin verse afectada por mis emociones… queremos volver a trabajar en la búsqueda para algo que haga funcionar mi corazón por sí solo.
-Lo haremos… pero tenemos que salir ya.
-¿Salir? –Emma estaba completamente confundida. –Pero acabamos de llegar.
-Es cuestión de tiempo antes de que Rumpelstinskin decida acabarnos a todos… es necesario salir del reino.
-¿A dónde iremos?
-Ustedes dos saldrán del reino en una dirección, haré aparecer a Graham, Chip y tus padres en la frontera para que sólo tengan que cruzar, Aurora, el bebé y yo saldremos en otra dirección… tenemos un punto de encuentro para encontrar al nuevo heredero.
-¿Anastasia y Drizella? ¿Qué pasará con Lucifer? ¿Y la señora Potts?
-Somos demasiados, Regina y yo no los podemos proteger a todos.
-Bueno, tienen que pensar en una solución, no voy a dejarlos… si me disculpan… voy a conocer a ese bebé. – Les hizo saber dando media vuelta, dejándolas en el cuarto de alquimias.
-¿Eso me hiciste rescatar? –Inquirió Maléfica. -¿De eso estás enamorada?
-Oh, vamos… te encanta que se porte cínica y prepotente.
-Creo que confundes lo que a mí me encanta con lo que a ti te encanta. –Sonrió. -¿Te divertiste?
-Me divertí. –Respondió. –Íbamos a volver de inmediato pero aparecimos en casa.
-Qué conveniente… te dije que tenía magia.
-¡Oh por todos los dioses… Por todos los Reyes… Por todos los cielos! –Exclamó Emma.
-¡Vaya! ¿Realmente era tan difícil para todos ustedes reaccionar así al ver a mi bebé? –Preguntó Aurora molesta hacia las demás personas.
-¡Oh Dioses! ¡Es como una joya! ¡Es la joya más grande que he visto! ¿Puedo tocarlo?
-¡Claro! –Respondió contagiada por la ilusión de Emma.
-¡Woah! Es como una piedra… es…
-Un dragón. –Completó Maléfica.
-¡Que emoción! –Exclamó haciendo sonreír a ambas madres. -¿Puede llamarse Emma? ¡No! ¡Regina! ¡Aurora Regina!
Chip y Graham estallaron en risas mientras la reina los fulminaba con la mirada y Emma les ignoraba por completo.
-No va a llevar mi nombre… Ustedes dos, preparen todo, vamos a reacomodar las cosas, Anastasia, Drizella, la señora Potts y Lucifer vienen con nosotros.
-Yo no quiero ir. – Se quejó Drizella desde el fondo del vestíbulo con el gato en las manos.
-Oh Driz… -Emma se aproximó a ella. –Lamento obligarte a esto pero lo que hice… ya sabes, abandonar mi noche de bodas y romper mi palabra cuando mi responsabilidad era pagar una deuda fue algo realmente grave… si salimos de aquí el podrá venir y tomarte presa y yo me entregaría de nuevo con tal de liberarte, lo cual retrasaría las cosas. –Explicó ante la mirada atónita de los demás.
-Bien. –Respondió la mujer un tanto intimidada; era realmente una lástima que justo cuando era imposible que fuera reina, empezara a hablar como una.
-Drizella, Lucifer, Chip, Emma y yo somos el primer grupo. –Explicó Regina. –Graham, Blancanieves, y David son el segundo grupo. –Continuó. –Anastasia, La señora Potts, Aurora, el Huevo y Maléfica son el último grupo. –Finalizó mientras le entregaba a cada uno un brazalete color celeste.
-Háganos las cosas más sencillas por favor y no se quiten el listón de la muñeca. –Pidió Maléfica en un gesto agotado e hizo aparecer un mapa contra la pared de marfil del vestíbulo. – Regina, tu sales por el oeste. Graham, los haré aparecer en la frontera, su camino será de veinte minutos al norte. Aurora, nosotros aparecemos en la frontera de forma paralela y nuestra caminata deberá ser de treinta minutos. Si todo sale según lo planeado, estaremos todos juntos nuevamente en aproximadamente una hora.
-¿Por qué no podemos ir juntos? –Quiso saber David.
-Porque no estamos listos para pelear, en lo que al señor Oscuro respecta Emma es la heredera y quiere recuperarla para realizar su maldición, necesitamos nuestra nueva heredera.
-Realmente no puedo creer que nos quitaras el reino a nuestras espaldas y de forma pasiva, Regina. –Se quejó Blancanieves.
-Yo no puedo creer que no estés molesta.
-Oh, estoy muy molesta.
-No estás molesta, nunca le he creído a Emma que no quiera ser reina y ella jura que es verdad, incluso me ha dado las gracias, pero puedo ver que tú te sientes tranquila.
-Entiendo que lo hiciste por Emma, por eso estoy tranquila. –Dijo con una sonrisa.
-Dios, que molesta eres… Graham, deberían salir ustedes primero. –Pidió y cuando estuvieron los tres juntos Maléfica los hizo desaparecer en la nube malva.
Regina tenía la firme sensación de que era la peor idea que habían tenido, solían regirse bajo la certeza de que las cosas funcionarían sin embargo ahí estaban, realizando un viaje casi a ciegas hacia una frontera a la que no había acudido en unos veintiún años sólo porque las cosas para ella no habían surgido como esperaba… realmente últimamente las cosas no le salían como esperaba… exactamente desde que Emma había llegado a su vida y no tenía por qué someterse a eso, abrir esas situaciones de su pasado le parecían absurdas, ya habían pasado y no quería volver a ellas.
Y aun así, Lucifer corría entre los prados de la frontera oeste del bosque encantado, persiguiendo ratones de campo mientras ellas caminaban entre las la lavandas silvestres tomadas de las manos y Chip trataba de ubicarse con el sol en base a lo que había aprendido en los libros, no era necesario porque Regina sabía exactamente donde estaban pero le gustaba que el joven practicara sus habilidades; Drizella recogía flores aromáticas y las metía en una pequeña bolsa de tul "Si esto se deja secar suelta un aroma delicioso" explicaba… y si no hubieran estado en una misión realmente habría parecido un paseo otoñal.
-Es aquí. –Les hizo saber al llegar a una barda de piedra de no más de un metro de altura. -Las criaturas desterradas yacen del otro lado del muro y no pueden volver a menos que se les otorgue el perdón.
-La reina está lista para perdonar a Cenicienta. –Sonrió Chip al trepar la barda y cruzar al otro lado antes de ofrecer su mano a Drizella.
-Yo no he dicho absolutamente nada, ustedes… sólo han hablado por mí.
-Todo irá bien, Cenicienta entenderá que ahora eres buena, además no vas sola. –Susurró Emma cerca de su oído antes de besar su mejilla y tomarla de la cintura para hacerla cruzar.
Realmente eso no le preocupaba y Emma podía sentirlo pero aún era incapaz de descifrar de qué se trataba así que sólo la tomó de la mano y continuaron caminando tan sólo unos minutos hasta que el prado se convirtió en un camino de piedra y el camino los guio hacia una granja.
Para encontrarse tan solo a una breve caminata de la frontera con el bosque encantado las cosas lucían bastante diferentes, más austeras y menos mágicas, pero las compensaba la enorme cantidad de flores que rodeaban la granja.
Los demás les esperaban a un lado del camino.
-Empezabamos a pensar que Regina se escaparía para no darle el perdón a Cenicienta. – Declaró Aurora.
-¡Ni siquiera saben si quiere mi perdón! –Se defendió molesta y caminó hacia la granja con decisión.
Emma, Maléfica y Blancanieves la siguieron mientras los demás esperaban, conscientes de que eran demasiadas personas.
-¿Qué haces, Regina? –Maléfica exclamaba de cerca.
-Quieren que hable con ella… quieren entender por qué hice lo que hice y yo no tengo idea de cómo explicarlo, necesitan hablar con ella.
-¿De qué hablas, Regina? – Blancanieves también la seguía de cerca y Emma que caminaba a su lado podía sentir la incertidumbre en su interior creciendo de tal forma que ni siquiera podía hablar.
-Cenicienta. –Llamó ante la puerta. –Soy Regina. –Continuó, cruzando sus brazos y desviando la mirada como si sus ojos estuvieran a punto de aguarse. –¡Cenicienta! –Llamó nuevamente y la puerta se abrió lentamente antes de que una mujer ilusionada saliera de la casa hacia sus brazos y le abrazara con fuerza.
-¡Regina!
-Dioses… creí que estabas muerta, ¿Por qué no abrías? –Le preguntó sin responder al abrazo y ante la mirada impresionada de las tres mujeres.
-Eres tan impaciente, yo ya no soy una niña. –La mujer debía tener la edad de Blancanieves, su pelo rubio se confundía con canas blancas y su mirada azul celeste aún brillaba como si fuera una joven a pesar de las pequeñas arrugas en el contorno de sus ojos… lucía elegante y fuerte aún y lo más impresionante de todo, la mujer estaba feliz de ver a Regina.
-Definitivamente no eres una niña.
-Bueno, cielo, algunos tenemos que trabajar para vivir, eso desgasta, tú sí luces como una niña. –Respondió en un suave tono de burla; ese era el tipo de personas que le agradaban a Emma: los que no le temían a Regina, pero ¿Qué estaba sucediendo?
-Yo trabajo. –Se defendió. -Ahora suéltame por favor, estás avergonzándome.
-Cierto, cierto. Mucho gusto, mi nombre es Cenicienta, ¿Qué puedo hacer por ustedes?
