Capítulo 7 "Lazos Carmesí"

Albafika se bañaba tranquilamente, estaba escondiendo su presencia como lo había aprendido hace poco, sabía que de ese modo nadie la importunaría.

Entro o no entro? Es lo que se cuestionaba cierto niño, estaba en la entrada del bosque, no había nada de malo con ello, lo haría de una maldita vez.

Lo mejor que podía hacer era esconder su cosmo, no quería levantar sospechas de nadie, pero había algo extraño, no sentía la presencia de Albafika, lo más probable es que Kardia se hubiera equivocado de persona y allí no hubiera nadie.

El calor le ponía de mal humor, lo mejor que podía hacer era ir a refrescarse a la cascada antes de comenzar a entrenar, o por ultimo se tumbaría en cualquier sitio a descansar, se lo había ganado.

De pronto comenzó a sentir el perfume de las rosas, él lo conocía perfectamente.

Albafika

Vio cerca de la orilla del lago que colindaba con la cascada los ropajes de la niña, le habría pasado algo malo? No, no podía ser, no tenían sangre ni nada por el estilo.

Tomo las vestiduras y se dirigió al lago, allí quedó de piedra.

Vio la silueta desnuda de la niña, afortunadamente o eso quería pensar el agua llegaba hasta su delgada cintura, su piel de blanco marfil estaba lleno de gotas de agua que danzaban graciosamente sobre ese perfecto cuerpo que no se desarrollaba aún.

Sabía que no debía mirar, pero no podía dejar de hacerlo, el cabello bastante más largo que la última vez que la vio estaba pegado a su nuca, esa espalda perfectamente tallada parecía hecha con el mayor de los cuidados, un espectáculo digno de ver, sus delicadas manos despejaron el exceso de agua en su rostro, definitivamente no se había dado cuenta aun de que alguien se encontraba admirando su figura.

Dio un paso hacia atrás, fue su perdición ya que piso una rama que se quebró haciendo un ruido que la niña notó al instante, se dio la vuelta cubriendo rápidamente su delantera con ambas manos, el rostro de ambos se horrorizó.

_Ahhhhhhhhhhhhhhhhh! _ gritó Albafika, su rostro se torno del color de sus rosas venenosas, sentía vergüenza como si su integridad se hubiera mal logrado, pero más que todo eso, ira – maldito bribón! Que haces espiándome?!
_Nadie te esta espiando rosa con patas! – le dijo en un grito nervioso, ahora la podía ver de frente, se veía mucho más madura que su último encuentro, su delgada cintura, el agua que viajaba traviesamente por su silueta… - maldición! Quien te manda a bañarte desnuda fuera de casa?

A esta afirmación la chica enmudeció, no sabía que responder, el cangrejo tenía razón, mucha parte de toda esta incómoda situación había sido su responsabilidad, ahora solo podía cuidar la poca dignidad que podía sentir.

_Ya lo que sea, pero deja de mirarme carajo! – vio que el muchacho llevaba su ropa en sus brazos – devuélveme mi ropa!
Manigoldo cerró los ojos con fuerza, pero al mismo tiempo apretó contra si mismo los ropajes de Albafika como si fueran el tesoro más preciado sobre la faz de la tierra, su aroma era suave pero se filtraba por sus fosas nasales, rosas, parecía ser que era el aroma natural de la chica. Debía negociar si no quería morir en el intento.

_Co… co… con una condición – tartamudeo como un verdadero idiota, ella abrió los ojos de par en par, realmente no se esperaba aquello.

_Cual… - dijo bajando la mirada tristemente, no podía hacer nada, esta desnuda a merced de aquel chico que lo más probable la superara en fuerza.

_Que no me harás nada, pero sobre todo… - ahora abrió los ojos lentamente, su mirada era sincera, ella no pudo evitar intentar cubrirse más pero sus delgadas manos no ayudaban mucho en ello – que no me guardarás rencor.

No sabía realmente por que le importaba tanto lo que Albafika pudiera pensar de él, normalmente le valía la opinión ajena, pero con ella era todo distinto.

Ella no sabía que pensar, desde cuando Manigoldo se comportaba de ese modo? , ambos sabían que él tenía más fuerza física que ella, rencor… si era cierto, estaba molesta pero no podía pensar en tenerle resentimiento a él a pesar de lo pervertido que fuera.

_No lo haré – le dijo ya más calmada – ahora, por favor te lo imploro, pásame mi ropa.

Él la dejo a la orilla del rió con un parco "dejaré que te vistas tranquila" y se fue de allí, ya no escondía su presencia, para que? Parecía ser que eso solo le conllevaba problemas al pobre niño.

Albafika se vistió rápidamente, por fortuna parecía ser que Manigoldo no había visto más que su espalda, le daba gracias a Athena que el agua del lago hubiera tapado su virginidad, cuando estuvo ya lista se cuestiono, iría a hablar con él o saldría arrancando al santuario? Quizás la mejor opción era ponerse de acuerdo en cómo quedarían los términos en un futuro, por nada del mundo quería que esa situación se repitiera.

Allí lo encontró, estaba recostado debajo de un árbol que no dejaba que rayo alguno de sol se filtrara, ella hizo notar su presencia a lo cual el chico dio un respingo, se sentó a una distancia prudente de él.

_Manigoldo – le dijo con la mirada baja, sentía una vergüenza inhibidora hablar con él luego de lo sucedido.

_Dime – le dijo intentando esconder su vergüenza también, no tenía ojos para volver a mirarla de nuevo, era un descarado.

_Como tú me pediste un favor, ahora me toca a mí pedírtelo, más que un favor es una petición.

_No tienes por qué hacerlo – sabía perfectamente lo que le pediría – nadie sabrá lo ocurrido, no tendría cara para divulgarlo.

_Gracias, me voy, nos vemos – le dijo tristemente.

_Sigues molesta?

_No te puedo mentir, estoy furiosa, pero más que contigo conmigo misma, por ser tan ingenua – le dijo mientras le daba la espalda, de ese modo se fue del bosque tal cual ninfa.

Nunca supo como tenía esa habilidad para correr tan rápido, el punto es que llego al templo de piscis en un abrir y cerrar de ojos, afortunadamente Lugonis no se encontraba, había ido al pueblo de Rodorio, no quería darle explicaciones.

Se sentía alicaída, era como una violación a su intimidad, lo peor de todo es que ella misma había hecho esa violación, era una estúpida.

Se lanzó a su cama, las lágrimas no tardaron en salir, lloro silenciosamente hasta que se quedo dormida producto del cansancio emocional.

Habían pasado los meses, Albafika avanzaba a pasos agigantados en su entrenamiento, había decidido enfocarse solamente en aquello para evitar deprimirse, cada vez que se encontraba con Manigoldo bajaba la mirada y decía un leve saludo.

Le había gustado en demasía las Piranha Rose ya que sentía que era un ataque más ofensivo que las Royal Demon Rose, el defecto que tenían es que eran mucho más pesadas y toscas que estas últimas, lanzarlas tenía un trabajo extra que consistía en lanzarlas desfasadas ya que su peso hacia que cayeran mucho más rápido.

_Recuerda Albafika, las Piranha Rose son netamente ofensivas, usalas cuando quieras hacerle un daño físico a tu objetivo.

Pero había quedado realmente sorprendida al conocer las Bloddy Rose, tan blancas y hermosas como su piel pero letales. Éstas al incrustarse en el corazón del objetivo drenaban su sangre hasta que se volvía totalmente roja, en ese momento el enemigo perecía por hemorragia interna, y en algunos casos el corazón simplemente reventaba.

_Las Bloddy Rose todo lo contrario que las Piranha Rose son muy livianas, esto hace que sea rápidas de lanzar pero es fácil fallar, hay que tener una concentración realmente infalible para no fallar, nunca debes equivocarte Albafika.

Las personas ven las flores como en regalo bonito y delicado para seres queridos, realmente pueden tener muchos significados dependiendo de la intención, en mi caso son mis armas para defenderme a mí y a los otros, en cierto modo también son un regalo, un regalo mortal.

Un día después de cenar, Albafika se fue a su habitación a descansar como lo hacía habitualmente, su entrenamiento era duro, a pesar de que de a poco iba dominando el poder de las rosas terminaba exhausta.

Generalmente su sueño era bastante pesado, pero extrañamente esa noche no podía conciliar el sueño, decidió salir al jardín interno de la casa de piscis para tomar el aire nocturno. Vio una silueta familiar, era su maestro, que hacia despierto a esas horas? Se habría desvelado también?

_Padre? Que pasa? Es muy tarde – se le nota diferente, pensó Albafika.

_Albafika, tu cuerpo tiene una resistencia natural al veneno y hasta ahora te entrene como guerrera.

_Si? – era algo que ya sabía, no comprendía por qué su maestro se lo volvía a recalcar.

_Es hora de pasar el próximo nivel de tu entrenamiento, pero antes quiero que tomes una decisión.

La miro con sus profundos ojos, esa mirada tan serena se hallaba extrañamente confundida, era como si le costara mucho proseguir.

_Aun estas a tiempo de poder convivir con los demás, puedes marcharte de este jardín y relacionarte con otras personas – extendió su mano, en ella había una Royal Demon Rose _ o puedes seguir el camino de Piscis y formar un vínculo escarlata conmigo.

_Vínculo escarlata? De que esta hablando?

_Un ritual de sangre, es un proceso en el cual vamos a intercambiar la sangre que brota de una herida, este método dura varios años hasta que al fin intercambiamos toda nuestra sangre. Cabe decir que es una técnica muy arriesgada en la que el receptor puede morir a causa del veneno – la miró con verdadero dolor en sus ojos, no quería decir esto pero no podía decidir por ella – Aunque puedas resistir el ritual de sangre, debes saber que te espera una vida de soledad como la mía.

Siempre pensó que ella era venenosa por convivir diariamente con las rosas, jamás se imagino que se podía pasar un límite de peligrosidad.

Sangre envenenada, dentro de mi cuerpo.

Lugonis enterró la punta de la rosa que tenía en sus manos en su dedo, de este broto sangre de un rojo inimaginable.

_Este veneno va a teñir tu existencia de rojo, ahora es el momento de decidir, el camino de la humanidad o el camino de piscis.

Mi existencia… siempre le tuve terror a la soledad y añore el contacto con las demás personas, esto era cubierto por el cuidado y las atenciones de mi padre hacia mí, ahora… que es lo que realmente quiero? Mi felicidad o la seguridad del resto? Como mi vida podría ser de ayuda para la humanidad? Viviendo como una persona normal, dependiendo del resto o pasar a ser una protectora mas de las vidas inocentes?

Lugonis suspiro, era normal que la niña tuviera miedo, solo tenía 12 años y a pesar de que tuviera un talento excepcional, eso no quitaba que su propuesta no tenía nada esperanzador para ella.

_Es normal que tengas miedo, eres libre de marcharte cuando quieras – de ese modo le dio la espalda disponiéndose a volver al templo.

_No, no tengo miedo – Lugonis se dio la vuelta sorprendido – al ser una niña abandonada, usted y este jardín son todo mi mundo, voy a quedarme aquí – tomó una de las tantas rosas de ese inmenso jardín – si me voy, eso significa que usted va a quedarse solo.

_Albafika? – la miro incrédulo de sus palabras.

_Estoy feliz de unirme a usted, vamos a lograr el vinculo escarlata de Piscis – enterró la punta de la rosa en su dedo lo unió al de su maestro.

Voy a ser como usted, y voy a poder acompañarlo en este jardín escarlata.

Había pasado ya un tiempo desde que comencé mi pacto de sangre con mi maestro Lugonis, todos los días ambos nos hacíamos una herida e intercambiábamos gota por gota nuestra sangre, no era sencillo…

Tres niños de aproximadamente 13 años se dirigían al templo de Piscis, uno tenía el cabello verde denotaba frialdad y elegancia, otro tenía el cabello rubio con destellos verdosos dos curiosas marcas en su frente y por ultimo un delicado niño rubio que siempre mantenía los ojos cerrados ya que era ciego.

Entraron al templo de piscis, no había nadie.

_Mi maestro Hakurei dijo que estarían en la habitación de Albafika – dijo Shion.

La puerta estaba entreabierta, el joven carnero se asomo y pregunto suavemente.

_Se puede?
_Por supuesto, pasen pero a una distancia prudente.

Allí se encontraba Lugonis y en la cama una debilitada Albafika, su rostro estaba como la cera a pesar de que ardía en fiebre, remojó un trapo en agua cristalina a lo cual Degel dijo.

_Yo puedo ayudar con esto – puso ambas manos en el cuenco y automáticamente el agua se volvió fría.

_Gracias Degel – le dijo Lugonis cortésmente, él sabía que los niños estaban realmente preocupados por su hija.

_He orado todos estos días a buda por el bienestar de ella – dijo Asmita, que no había hablado en todo ese rato – él me ha hablado y me dijo que no morirá.

_Esa es una gran noticia – dijo con alivio, Asmita nunca se equivocaba.

_Cuantos días lleva así? – dijo preocupado Shion, Albafika respiraba con dificultad pero acompasadamente, entreabrió sus azules ojos miro a todos los presentes, sonrió y los volvió a cerrar serenamente, parecía ser que estaba soñando.

_Cinco días – era la séptima vez que se debilitaba al punto de danzar con la muerte, no podía evitar sentirse culpable por el estado de su hija y aprendiz, como podía ser que al ser que más amaba en este mundo le diera tal sufrimiento?

Se encontraba en un jardín de lirios, era extraño ya que ella siempre convivía solamente con rosas, ellas eran su mundo.

A lo lejos vio una silueta alta sin embargo no era su padre ni nadie que conociera realmente, era oscura pero extrañamente atractiva para ella, sin dudarlo se fue acercando al desconocido, le estaba dando la espalda, llevaba un abrigo negro largo hasta sus tobillos, su cabellera de un plateado místico llegaba hasta su cintura cubriendo toda su ancha espalda.

_Disculpe señor? – le dijo tímidamente, tomo cierta distancia, no fuera a ser que le hiciera daño con su veneno.

_Por fin llegaste, Albafika.

_Como sabe mi nombre? – no entendía, no lo conocía de nada.

Él se dio la vuelta dejando ver su rostro, era pálido al igual que ella, sus rasgos eran perfectamente perfilados, como una estatua hecha por el mejor de los escultores pero lo que más llamo la atención de ella fueron sus ojos de un color amatista increíble, no eran como los de Shion que tenían esa suavidad y honestidad, sino que eran elegantes y posesivos, la estaba mirando como a una presa.

_Lo sé todo de ti querida, tus miedos, ambiciones, sueños y anhelos – acortó la distancia con ella, extrañamente ella no intento escapar, le resultaba terriblemente tentador aquel apuesto joven – no quieres dejar solo a tu padre pero a veces dudas si tomaste la decisión correcta ya que le tienes terror a la soledad que conlleva ser piscis, tu objetivo es proteger a los inocentes con la fuerza que cada día vas forjando.

_Como sabe todo aquello? – abrió los ojos de par en par, efectivamente él había dado en el clavo.

_Soy tú futuro… es normal que sepa tu presente.

_Mi… mi futuro, entonces puedes decirme que ocurrirá?
_Podría pero no quiero hacerlo, es mejor ir viviéndolo en el momento, no te parece?
_Como te llamas?
Él le sonrió perversamente, se acerco aun mas a ella al punto de que podían tocarse, la estatura de ambos era bastante dispar ya que ella era una niña y el ya era un joven adulto.

Como pudo entrelazo sus brazos en su frágil cintura, nunca nadie había hecho eso, menos un hombre, a pesar de sentirse extraña cedió de inmediato a aquella posesión, ambas miradas una turquesa y otra amatista se intercambiaron como si ellas hablaran en vez de utilizar sus lenguas.

La levanto levemente para que pudiera estar más cerca de su rostro, allí lo vio con mas detención, era realmente hermoso, su mirada era atrapante, le sonrió, ella nerviosamente cerró los ojos, no soportaba la carga de aquella mirada.

_Abre los ojos, Albafika – le dijo tomando su mentón con cuidado pero haciendo ver que tenía el total control.

Su mirada se volvió cristalina, indescifrable, fue acercando su rostro al de ella, que pretendía hacer realmente? Entonces ahí ocurrió, le dio un beso en los labios, no era pasional sino que casto, ella no opuso resistencia, era como caer en un abismo.

_Minos, ese es mi nombre – le dijo finalmente presionado sus labios contra los suyos.

_Que quiere de mi? – le dijo con voz cansada, era como si él hubiera drenado toda su energía con aquel beso.

_Llevarte conmigo, que seas mía por toda la eternidad…

Despertó de súbito, se encontraba en su habitación bañada en sudor, apestaba a rosas, cuantos días había estado inconsciente?

Intentó levantarse pero su cuerpo ardía del dolor, era el veneno de su padre que viajaba por todo su torrente sanguíneo, había sobrevivido nuevamente.

Recordó su sueño, ella no soñaba muy a menudo, jamás en la vida había tenido esa mezcla de sensaciones, quien era Minos realmente?, lo más probable que un delirio causado por la fiebre.

_Llévame contigo… - murmuro mientras posaba sus dedos sobre sus labios, aun quedaba el recuerdo de aquel contacto.

Sintió pasos, sería su padre? Se abrió la puerta lentamente haciendo el mínimo ruido, era Shion que llevaba un cuenco de agua y unos trapos, a su siga venia Dohko el aprendiz de libra y su mejor amigo, no había hablado mucho con él pero era muy vivaz y amable, ambos niños al verla despierta y sentada en la cama se sorprendieron y sonrieron encantados.

_Por fin despertaste, Albafika – le dijo Shion con una sonrisa sincera, sus ojos amatistas se ablandaron, eso le hizo recordar otros ojos de un color parecido pero mucho más hermosos, debía olvidarse de aquel sueño.

_Nos tenias preocupados – le dijo Dohko posando su brazo por los hombros de Shion.

_Disculpen, cuánto tiempo estuve inconsciente? – a lo cual ambos niños se miraron, finalmente Shion dijo.

_Una semana y media, solo te despertábamos para darte algo de comer, aunque has adelgazado demasiado, necesitas nutrirte – de ese modo salió rápidamente, lo más probable que para buscar comida.

_Quiero ver a mi padre – dijo en un jadeo ya que le costaba hablar sin que le doliera todo su interior.

_Está en una misión, pero si no me equivoco, vuelve mañana – le dijo Dohko.

Después de haber comido, tercamente quería levantarse a lo cual Shion y Dohko se lo impidieron, aun estaba débil y debía descansar.

No pudo evitar volver a quedarse dómida pensando en aquel apuesto y onírico joven.

Acaba de hacer el ritual de sangre nuevamente con su padre, cada vez caía con menos frecuencia en cama, parecía ser que su cuerpo se estaba acostumbrando al veneno.

_Es todo por hoy – dijo Lugonis conforme mientras separaba su dedo del de su aprendiz.

_Auch! – se quejó de pronto Albafika.

_Que pasó?
_Parece ser que me enterré una espina en la herida – era casi imposible, nunca le había pasado eso.

_Déjame ver – la niña le extendió su dedo y él lo revisó, efectivamente había una espina pero era de color rojo, lo tomó con cuidado y esta se deshizo en sus dedos, era una espina de sangre.

_Que era? – dijo la niña curiosa.
_Una espina de sangre – le dijo mientras cerraba su herida con su cosmo – creo que ya me estas superando.

_Por que lo dice, maestro? – no entendía, podía haber espinas de sangre?
_Tu sangre tiene vida y creo no equivocarme al decirte que estas comenzando a dominar tu taumaturgia.

_Taumaturgia?

_Si entrenas lo suficiente, podrás dominar tu sangre a tu antojo, pero no es fácil, no puedes despilfarrarla porque corres el riesgo de perder tu vida.

_Ahora me enseñara eso? – estaba esperanzada, sentía que cada día tenía algo que aprender de ese hombre.

_No puedo aunque quiera, es una tradición que todo piscis debe aprender la taumaturgia por sus propios medios, cada uno lo utiliza de maneras distintas.

_Entiendo – se puso a pensar, como entrenaría sin el alero de su padre?, se le hacía imposible pero no perdía nada con intentarlo – entrenare duro, lo prometo.

Tres años después…

Seguí haciendo el ritual carmesí con mi padre, cada día me debilitaba menos hasta el punto que mi cuerpo se acostumbro al veneno, este poseía vida propia y tuve que domarlo para poder controlarlo a mi antojo, podía hacer lo que quería con mi sangre ahora tóxica.

El vinculo entre mi maestro y yo era incluso más cercano que el de padre e hija, o por lo menos eso es lo que tan inocentemente yo me puse a creer…

El viento soplaba con fuerza haciendo volar los pétalos de rosa las cuales brillaban a la luz de la luna.

_Vamos Albafika, tu dedo.

_Si maestro – lo notaba extraño, estaba serio y pálido como un muñeco de cera.

Algo no anda bien, me está escondiendo el hecho de que tose sangre.

_Albafika…

_Si?

_Nuestro jardín es realmente… hermoso.

_Maestro?

Los días que compartimos… se terminaron al mismo tiempo en el cual compartíamos nuestra sangre.

Lugonis cayó al suelo como una marioneta a al cual se le corta sus cuerdas.

_Maestro! – Albafika lo sostuvo socorriéndolo, estaba desesperada, necesitaba ayuda – resista maestro!

_Ahhh – su rostro demostraba intenso dolor pero lo aguantaba – Albafika felicidades, al fin conseguiste un veneno más poderoso que el mío… uno capaz de matarme.

_Matarlo?! De que está hablando?! Que significa todo esto?! – ahora lo sostenía fuertemente como si su agarre lo fuera a aferrar al mundo de los vivos.

_Tal es el destino de piscis… durante el ritual en donde intercambiamos sangre – le costaba hablar ya que el líquido carmín brotaba de su boca – solo quien tenga el mejor veneno y resistencia sobrevive… para luego tener el deber de combatir… uno termina matando al otro…

_No! – las lágrimas brotaban de sus ojos como si no tuviera un fin, estaba desesperada, no podía dejarlo morir, no asi – ni hablar! No quiero perderlo! Es injusto, usted no me dijo nada de esto! Nosotros somos lo único que tenemos en el mundo!

_No llores… Albafika, vas a convertirte en un santo de Piscis más poderoso que yo, no podía ignorar ese talento innato a resistir el veneno… Te encontré hace 16 años viva y llorando en el jardín de rosas… estas Royal Demon Rose van a amarte por siempre… Para mi, eres una hija que los dioses me regalaron amablemente para pasar mis últimos días sin ser condenado por la soledad – intento secar la lagrimas de los ojos de la joven las cuales no cesaban, comenzó a toser más sangre manchando su armadura y la ropa de Albafika.

_Maestro! Padre! No! No me deje! Yo pensaba que siempre íbamos a vivir juntos! No! Se lo suplico!

_Espero… que algún día sepas perdonarme Albafika… hiciste este ritual solo para no abandonarme enfrentando tus miedos más grandes, eres tan gentil como un ángel… y aun así yo – casi no podía hablar – siempre dude al respecto pero por lo menos siempre recuerda esto… Siempre voy a estar a tu lado cuidándote y amándote, en este jardín escarlata…

De ese modo dejo de respirar producto de la hemorragia, sus ojos quedaron abiertos y seremos como una estatua. Albafika lo zamarreo desesperada.

_Maestro?! – no había respuesta, sus lagrimas seguían vagando por ese dolorido rostro – mi sangre envenenada lo mato! Mi propia sangre! No!

Lloraba amargamente producto de la perdida, no podía dejar el cuerpo así, estaba sola en el mundo y no pediría ayuda a nadie.

Cerró con la palma de su mano los ojos de su fallecido maestro y le quito pieza por pieza su armadura, esta no se opuso al toque de Albafika, incluso era como si le hiciera caso en todo dándole permiso para proseguir.

Dejó de llorar, ahora su rostro estaba desprovisto de toda emoción, cargo el cuerpo de su padre al templo de piscis, lo aseo para quitar el exceso de sangre y cavo una tumba en el jardín escarlata, no volvió a derramar lágrima alguna.

Tenía que informar la baja al patriarca, fue al salón de baño se deshizo de las ropas ensangrentadas y se dio un baño de agua tibia. Era muy tarde para molestarlo así que decidió ir a primera hora el día siguiente.

Extrañamente ya no podía llorar, se recostó en su cama y automáticamente se quedó dormida.

Volvía a encontrarse en el jardín de lirios, vio a la misma silueta de antaño, era todo igual que siempre exceptuando ella misma, había pasado el tiempo y ya no era una niña.

_Minos, eres tú?

Él se dio la vuelta, la miró y le sonrió elegantemente.

Albafika no le temía, se acercó a él desafiantemente, le tenía rabia, él sabía lo que pasaría y no le había dicho nada.

_Nos volvemos a encontrar, ya eres toda una mujer.

_Por qué no me dijiste que mi padre moriría a causa mía?!

_Te dije que los momentos se viven y no se piensan – le dijo con sorna.

_Eres un maldito bastardo! – levanto su mano con intenciones de golpearlo pero este sostuvo su brazo con bastante facilidad y con su mano libre rodeo su cintura como hace tres años.

_No pensé que fueras tan salvaje querida – su mirada era posesiva.

_No me conoces, no puedes saber cómo soy – le dijo ácidamente, no podía mover su cuerpo, la supremacía física de Minos era inminente e implacable.

_Ni tú misma te conoces, o te imaginabas siendo el verdugo de tu propio padre?

Albafika mordió levemente su mejilla interior, Minos lo había dicho, era un verdugo.

_Era el camino de piscis, lo ignoraba…

_Tus ojos denotan miedo, estás aterrada porque sabes que quedaste sola en el mundo, pero sabes que yo puedo cambiar eso.

_Entonces… llévame contigo – le dijo en un susurro.

Minos rodeo su aun delgada cintura, en esta ocasión la estatura no era tan dispar pero igualmente él era más alto que ella, enterró su rostro en el cuello de la joven y le dio un delicado beso, era como si estuviera analizando a su presa, ella se aferro a su espalda, ya no era una niña y jamás había abrazado a un hombre que no fuera su padre.

Ambos se miraron, fueron acercando sus bocas, sus respiraciones se fueron mezclando, hasta que la distancia quedo rota, primero un beso casto como el de antaño pero ahora las cosas eran diferentes y Albafika abrió su boca con desesperación, quería mas, quería ser el verdugo de aquel futuro incierto que la tenia poseída, enajenada.

Minos profundizo el beso, cuando le sintió gemir contra su boca se aferró mas a ella luchando sus lenguas fogosamente sintiendo el sabor de la sangre filtrándose en sus labios.

Cuando se separaron, era Albafika la que sonreía desquiciadamente.

_Tu dijiste que ni yo me conocía, así es, ahora soy una asesina y te llevare conmigo, vas a morir lentamente con mi sangre envenenada.

_Aún piensas que tu veneno hace efecto en mi? – alejo un mechón turquesa de ella que tenía una expresión de sorpresa – ya te lo dije, soy tu futuro, cada vez mas cerca…

Despertó de súbito, porque tenía que haber soñado nuevamente con él? No, no era el tiempo de pensar en tales cosas, debía informarle al patriarca del descenso del santo de piscis.

Fue hasta el templo principal que quedaba al lado de su casa y allí se encontraba Sage leyendo un libro como hace 16 años atrás.

_Su ilustrísima, vengo a informar que Lugonis de Piscis… ha muerto.

_Sentí que se apago el fuego de su vida anoche, una baja lamentable – cerró su libro y miro a la joven Albafika, su rostro era inexpresivo, era como si no sintiera nada, como si hubiera desconectado todos sus sentimientos, era su método de bloquear la pérdida de su padre – sabes lo que tienes que hacer, cierto?

_Se supone que ahora yo debo defender el signo de Piscis – tenía entendido que muchos de sus compañeros ya habían conseguido sus cloths como por ejemplo, Shion, Manigoldo, Degel, Asmita entre otros – pero hay un problema.

_Tu armadura – le dijo tranquilamente.

_La cloth de Piscis está diseñada para ser portada por un hombre, yo soy muy menuda y me quedara grande.

_Nada que un buen artesano no pueda arreglar, sabes que las armaduras son seres vivientes, que paso cuando tocaste la armadura?
_Brillo y me hizo total caso.

_Eso significa que te acepto como portadora, ahora lo que tenemos que hacer es llamar a Hakurei para que la arregle a tu medida, yo me encargare de eso, ahora te ordeno que vallas a descansar a tu templo, Albafika de Piscis.

_Pero…

_Que descanses, ya veré que misión te voy a dar por el momento descansa, te lo mereces.

Ella no sentía que fuera así, no merecía ni llevar la armadura pero era el deseo de su fallecido padre y no lo rechazaría.