Hoy he subido el capitulo realmente tarde pero en mi reloj aun es viernes!

Espero que el capítulo 32 les aclare las dudas sobre Cenicienta :) la idea de Cencienta me tiene emocionada desde los primeros capítulos y que al fin el capítulo 32 lo plasme con claridad es fabuloso.

Esta nota es rápida por que estoy a la mitad de una cita (No es con celeste whops) si se me olvida decir algo me avisan.


Capítulo 32:

Cenicienta.

-Por favor, pasen. –Las invitó con la voz más dulce que habían escuchado e incluso Blancanieves se sintió abrumada con tanta amabilidad.

-En realidad no sólo somos nosotras, tenemos una considerable cantidad de personas esperando en el camino así que empaca tus cosas, nos vamos. – Regina le explicó.

-Oh, no… no lo creo. –Respondió.

-Les dije, les dije que no iba a querer ir con nosotros, un placer verte, nos vamos. –Se despidió y Emma rio suavemente ante la mirada de genuino fastidio de Maléfica.

-No vas a irte de aquí tan fácil, Regina, creo que merezco una explicación de por qué decides visitarme después de veintiún años. –Pidió la mujer.

-Oh… todos merecemos una explicación. –Completó Emma tomándola de la mano, buscando su mirada y sonriéndole suavemente. Podía sentir la inseguridad de Regina en su pecho y le encantaba… Regina por otro lado odiaba que Emma estuviera disfrutando tanto de su sufrimiento, no le permitía sentirse completamente mortificada por la situación.

-Pasen por favor, estaba por preparar el almuerzo. –solicitó amablemente y apenas cruzaron la puerta la mujer llamó a su hija en el jardín trasero. – Alexandra… cielo, tenemos visitas.

-¿Los invitaste a pasar? Prepararé unas tartas así tal vez podemos convencerles de que nos dejen pagar hasta dentro de dos semanas, no te preocupes por la granja, madre. –Explicó la joven limpiando sus manos con el delantal y dejando sus botas en la entrada.

-No son ese tipo de visitas.

-¿Ah no? ¿Quién entonces? –Preguntó con curiosidad asomándose al comedor.

-Hola… soy Alexandra, mucho gusto. –Sonrió. -¿Tienen Hambre? Madre no les has ofrecido agua, ¿Quieren té?

-Mucho gusto. –Saludó encantada. –Soy Emma, ella es Regina, mi madre Blancanieves y Maléfica, no tendrás problemas con tú granja de nuevo. –Prometió.

-¿La… Princesa… Emma? –Preguntó tirando una taza y enseguida desviando la mirada a Regina. -¡Su majestad! –Saludó corriendo a sus brazos y abrazándola con fuerza, nuevamente dejando confundidas a las demás.

-Me alegra también ver que estás bien, Alexandra. –Tampoco respondió al abrazo y su tono de voz fue neutral pero Emma pudo sentir el alivio en su corazón… todos necesitaban una explicación.

-Cielo, Regina tiene personas esperando por ella en el camino, ve por ellos, deben tener hambre y sed.

-Claro madre, por supuesto que sí. –Celebró saliendo al instante.

-Me encantaría que no hiciera promesas de ese tipo a mi hija, su alteza. –Pidió a Emma una vez que Alexandra estuvo fuera de su vista y ponía agua para té al fuego. –Ustedes son personas sumamente poderosas, entiendo eso, pero nosotras vivimos del otro lado del muro y su palabra realmente no vale aquí.

-Si Emma dice que no tiene de que preocuparse es porque así es. –Defendió Regina. –Aunque eso signifique traernos a todos a vivir de este lado del muro. Deja de sonreír, Blanca.

-Lo siento, Regina, es que eres adorable. –Expresó y Maléfica no pudo evitar burlarse.

-Mamá…

-Lo siento.

-¿Qué sucede aquí? –Quiso saber Cenicienta al tiempo que sacaba unas piezas de pan del horno.

Regina se mantuvo inerte por un momento, tenía claro lo que quería decir, lo podía sentir pero de pronto su boca se sentía seca y los nervios le llenaron como si fuera sólo una joven frente a una enorme multitud… sin embargo no lo era… era fuerte y sabía lo que sentía.-Amo a Emma. –Declaró con mesura. -Y no caben en sí mismos cada que lo expreso. –Concluyó en una suave sonrisa, evitando la mirada de las demás mujeres y aclarando su garganta para liberar su mente; y pudo sentirla… Emma en su interior no cabía en sí misma, tal y como había expresado momentos antes y al buscarle pudo ver como ponía sus manos sobre la boca y cerraba los ojos con genuina emoción, Regina lo había dicho de forma natural, como debía de ser y se preguntaba si algún día se acostumbraría. -¿Tú también, Emma? –Inquirió con una sonrisa y le tomó la mano, besando su muñeca y volviendo el momento tan íntimo que el cuadro pareció demasiado chico para la multitud que lo formaba…

-¿Enamorada? … Cielos, Regina, ¡Eso es maravilloso! Realmente mereces toda la felicidad que exista en el mundo–Expresó rompiendo el momento y acomodando el pan en la mesa se sentó frente a ambas, observándolas con nostalgia.

-¿Disculpe…? –Interrumpió Maléfica.

-¡Oh! Soy tan Grosera, no he terminado de servir, deben estar muertos de hambre… - Continuó, poniéndose de pie y observando por la ventana. Alexandra ya viene, son… cinco, seis… siete y un gatito… ¿Es ese Lucifer? ¿Son esas mis hermanas?

-Cielos… has estado lejos mucho tiempo…

-Lucifer es mi gato. –Justificó Emma. -Anastasia y Drizella son mi familia, si las dejaba iban a correr peligro, disculpa realmente si eso causa problema, si no quieres que entren puedo salir y quedarme con ellas.

-Anastasia y Drizella van a entrar, cariño, si Cenicienta tiene algún problema con sus hermanas supongo que no es la persona que recuerdo que es.

-Y por supuesto soy la persona que recuerdas. –Respondió con una sonrisa al abrir la puerta y recibir a todos. –Tomen asiento por favor. –Alexandra, sirve un plato del estofado a cada uno, yo serviré el té.

-Tiene una hija adorable, su majestad. –Expresó la señora Potts hacia Cenicienta.

-Es realmente lo mejor que me ha pasado, pero no me llame "su majestad". –Su sonrisa era dulcemente abrumadora. – Por favor acomódense lo mejor que puedan a la mesa, casi nunca tenemos visitas.

-Les va a encantar el estofado de mi madre. –Avisó la joven y aunque pareciera imposible, su sonrisa, su voz, su mismísimo andar era incluso más hipnótico y dulce que el de su madre… iba sirviendo un plato a la vez, preguntando el nombre de cada uno, saludando con un abrazo al llegar a Anastasia y Drizella pues eran familia y su madre por supuesto nunca había dicho nada malo sobre ellas… haciendo sentir a los mismos héroes de la historia un poco sucios… un tanto viles y egoístas.

-¿Alguien puede decirme qué demonios está pasando? –Se atrevió a preguntar David y en el ambiente se pudo sentir el suspiro generalizado, como si fuera la pregunta que todos estaban deseando hacer. –Cenicienta, por supuesto que no quiero parecer grosero, estoy encantado con tu hospitalidad, hacía días que no me sentía tan tranquilo pero Regina te exilió del bosque encantado, has pasado dos décadas criando a tu hija sola… en este lugar.

Alexandra y Cenicienta se dedicaron una mirada confusa. -¿Ellos…? ¿No lo saben? –Le preguntó directamente a Regina.

-Soy la Reina Malvada... no sé cómo explicar eso… tú sabes bien.

-No eres malvada, Regina, nunca lo has sido, ha habido circunstancias terribles que te han orillado a cosas innombrables, todos debemos hacer cosas que no nos agradan para sobrevivir, la vida no es sencilla. –Confesó con dolor y tras cerciorarse de que todos tuvieran comida en su plato tomó asiento, con Alexandra a un lado. –Yo era tan joven cuando se presentó la oportunidad de ir al baile del reino… su reino, princesa Emma, estaba dividido en dos y una de esas partes le pertenecía a la familia de William. –Expresó y el sólo nombre logró hacerla sonreír y llorar al mismo tiempo… recordar y sufrir… y al mismo tiempo gozar pues había amado. -Todos estábamos invitados si podíamos conseguir un vestido de fiesta con el cual ir… mi sueño siempre había sido ir a un baile… un vestido la fiesta… todas las personas mirándote… ahora que lo pienso era joven y banal pero en su momento me hacía mucha ilusión… era mi más grande deseo.

Mi madre había muerto cuando yo era pequeña y mi padre se había vuelto a casar con Lady Tremanie así que en casa vivíamos Anastasia, Drizella, mi hermano Daniel y yo… Con la muerte de mi padre perdí los privilegios a la alta costura pero mi hermano no iba a permitir que me perdiera el baile así que consiguió un empleo en la caballeriza de la familia Mills que eran… bueno ya saben, la hacienda del hijo más joven del rey Xavier… los padres de Regina… Poco antes del baile Daniel murió, para quienes no saben la historia, Lady Cora sacó su corazón porque amaba a Regina y ella estaba segura de que su hija merecía mucho más y de cierta forma estaba en lo correcto porque tenía a Regina comprometida con el Rey Leopold y mi hermano era un obstáculo… pero nadie merece ese tipo de muerte.

Me quedé completamente sola y vi las luces hacia el palacio mientras yo lloraba sobre la tumba de mi hermano… Cuando Rumpelstinskin apareció me causó un gran susto, pero fue sumamente amable, me ofreció de beber, me dio una manta y escuchó mis penas durante un largo rato mientras yo no podía hacer nada más que lamentarme… con una sonrisa que pareció sincera ofreció llevarme al baile, dijo que Daniel hubiera querido que fuera, que él hubiera deseado que yo disfrutara al menos una noche…. Que el príncipe no se fijaría en mí pero que al menos yo tendría mi momento e hizo crecer una llama en mi interior que me hizo desear eso con desesperación.

Me hizo un vestido… me llevó a las puertas del palacio, me prometió una velada inolvidable… me dijo que lo hiciera por mi hermano y dijo que el a cambio sólo quería, que si yo me casaba con el príncipe, le otorgara mi primogénito y nada más…

La sola idea me pareció absurda… yo era una chica de campo… acababa de ver a mi hermano morir por ser una persona común que sentía cosas por alguien de la realeza… yo no tenía ninguna oportunidad con el príncipe y no quería tenerla… sólo quería mi momento, olvidar por un instante que mi hermano no estaría… y acepté… y realmente él sabía algo que yo ignoraba porque al llegar al baile me enamoré de William y él de mí… y poco después nos casamos.

Me volví reina tan rápido que olvidé cómo lo había logrado y antes de darme cuenta, ya tenía una pequeña bebé en mis brazos a la que amaba más que a mi propia vida… su llegada me recordó el trato y tuve que confesarle todo a William… él dio su vida por Alexandra, para que pudiéramos permanecer juntas… murió por mi banalidad y yo temía y temía que en cualquier momento Rumpelstinskin pudiera aparecer y se llevara a mi bebé ahora que William no estaba… ahora que los sirvientes en el palacio parecían no responderme a mí, como si su partida les hubiera recordado que yo sólo era una simple niña de campo y no me quisieran proteger en lo absoluto… sólo éramos Alexandra y yo contra el mundo.

Ahí es donde apareció Regina… Leopold acababa de morir y ella estaba ampliando su reino, solucionando varias cosas y… siendo malvada, pero acudió a mí para salvarme, me dio oro, nos hizo aparecer en la frontera y nos desterró… Corrió el rumor de que yo le había hecho algo terrible que no merecía perdón jamás y una vida de miseria para mí y para mi hija le pareció suficiente a Rumpelstinskin para no buscarnos más, sin mencionar que los seres desterrados no le son de mucha utilidad al ser oscuro, nos volvemos como infestados para los demás…

Regina me permitió llevar una vida normal, a mí y a mi hija, nos salvó no solo de ese malvado ser, sino de todo un reino que nos culpaba de la muerte de su monarca, como si hubieran olvidado todo lo que había sucedido antes y durante…

Nadie había sido capaz de decir una sola palabra mientras Cenicienta hablaba… estaban demasiado sorprendidos, intrigados y pasmados, era como si por fin conocieran a la verdadera Regina… a esa Regina que Emma estuvo tratando de hacerles ver todo el tiempo pero nadie había creído y en ese momento incluso Emma se sentía un poco abrumada… su corazón estaba comprimido ante el recuerdo de Daniel, conflictuado por sentirse vulnerable ante todos y molesta por cómo le estaban mirando… se daba cuenta de que no era ella quien se sentía así sino Regina y no sabía cómo consolarla, quería decirle que todo estaba bien… que entendía pero sólo tomó su mano y entrelazó sus dedos lo cual pareció funcionar porque la mujer soltó sus hombros y acomodo un codo sobre la mesa antes de cubrir su rostro con la mano libre.

-Yo no te salvé, me apoderé de tu reino y te exilié del bosque encantado, eso fue lo que hice.

-Al pensarlo más me di cuenta de que las personas a mi servicio estaban bajo un hechizo para odiarnos… para que yo acudiera a Rumpelstinskin en búsqueda de otro favor y pudiera tomar lo que él estaba seguro que le pertenecía… recuerdo bien cuando llegaste… teníamos días sin comer y yo estaba hecha un mar de lágrimas con Alexandra demasiado asustada para si quiera llorar y nos sacaste de ahí… al quitarme el reino dejé de tener poder y dejé de ser importante para él… te volviste el centro de todo.

-Bueno saber dónde se originan nuestros problemas actuales. – Interrumpió Maléfica con una sonrisa suave y todos supieron por su tono que no era una represalia.

-Sólo quería tu reino.

-Querías protegernos y lo hiciste de maravilla, estamos bien, Regina. Muchas gracias. –Susurró lo último con claridad y le sonrió con ternura.

-Bueno, espero que todos ustedes morbosos estén satisfechos… volvemos a casa, buscaremos a alguien más, no hay forma de que las regresemos…

-Tiene que ser Alexandra, no tenemos tiempo. –Se apresuró Maléfica.

-¿Han venido a quitarme a mi hija?

-Por supuesto que no. –Se apresuró Emma y entre todos trataron, de la mejor forma posible de contar la historia de lo que había sucedido… Emma sola en el bosque encantado siendo encontrada por Regina, Blancanieves y Encantador en otro mundo, Regina salvando a la señora Potts y a Chip quedando en deuda con el señor oscuro, el regreso del rey y la reina, sus años separadas, su amor imposible… su amor posible y como la deuda la había hecho terminar casada con Baelfire y el hecho de que el reino se encontraba sin heredero legitimo… ese pequeño asunto de que Alexandra era la siguiente en la lista si ella no estaba…

-¿Alguna vez consideró ser reina, su alteza? –Le preguntó Chip al agacharse para cortar un diente de león y soplar a contra viento haciendo sonreír a la joven.

-Puedes llamarme Alexandra, nunca nadie me había dicho "su alteza"… y no, nunca pensé en ser reina, lo único que había pensado era en construir una casa en este árbol. –Admitió al sentarse en el columpio de madera que sostenía una de las ramas y apuntando hacia el denso follaje…

Ambos se habían escapado de la acalorada discusión en el comedor… si guardaban silencio aún podían escucharles…

"-Alexandra no es una niña, es la heredera. – Expresaba Aurora.

-Si bueno, ¡Eso es hipócrita de tu parte, querida!–Regina gritaba. –Eres la heredera de los páramos del sur y Emma era la legítima heredera a todo lo que brillaba bajo el sol."

Anastasia y Drizella también se habían logrado fugar y estaban del otro lado de la granja, tumbadas en el pasto, mirando las nubes como si fuera su primer día libre en mucho tiempo… probablemente lo era. Y hasta lucifer disfrutaba, echado en una posición extremadamente compleja y en un espacio reducido de la cerca, guardando el equilibrio como sólo los gatos pueden hacerlo.

-Es un buen árbol, realmente tiene buen ojo su alteza. –Le hizo saber. –Podría poner la escalera por aquí y la base por esa rama. –Sonrió.

-Eso mismo pensé. –Afirmó tímidamente. –Pero supongo que el palacio debe tener buenos árboles si mi madre pierde esa discusión.

-Nadie la va a obligar a ser reina, Emma no quería serlo y el destino de cierta forma se lo concedió...

-Para mí… ser reina sería un sueño. –Rio con suavidad. –Algo tan ridículo e increíble que me parece absurdo que lo estén siquiera discutiendo, ¿Cómo decir que no a todo eso? Qué bueno que tengo a mi madre para ver por mí, ella sabe lo que es mejor.

-La historia del reinado de su madre es increíble, ¿La conoce? –La pregunta surgió con dulzura mientras le miraba a los ojos y la joven negaba apaciblemente. –Su madre apareció la noche del baile cuando este ya había comenzado y su alma era tan bella y transparente que todos pudieron ver su bondad… inclusive el príncipe… sobre todo el príncipe…

Al inicio ella no tenía idea de lo que estaba haciendo pero… ¿Realmente alguien tiene idea de lo que hace? Todos vamos aprendiendo en la marcha y ella lo hizo bien porque tenía buenas bases, bases firmes y no permitía las injusticias, veía por el pueblo y generalmente la realeza la odió… los impuestos nunca fueron tan bajos. –Rio. –Pero durante ese corto tiempo hubo paz y prosperidad porque había alguien de buen corazón en el trono… y yo no la conozco, su alteza, pero puedo ver a través de usted ese buen corazón.

Alexandra pareció pensarlo durante unos momentos… realmente Chip no ganaba nada con su reinado, el sólo era el chico de los establos… un buen amigo de Emma... pero no ganaba nada… -¿Por qué haces esto? ¿Te han enviado a convencerme? –Quiso saber con desconfianza y plantó los pies sobre el suelo, fijando su mirada celeste en el muchacho.

-Disculpe si me ha considerado atrevido… yo crecí con la reina Regina y con Emma… fui un sirviente pero más que nada fui como un hermano para Emma y me educaron como ella: Para decir lo que pienso. Nunca lastimaría, ni siquiera con mis intenciones a una dama. –Expresó dolido y se dio media vuelta hacia la casa.

-Yo… ¡Lo siento! –Su disculpa surgió en un sobresalto mientras se levantaba del columpio e iba tras él. –Chip… Lo siento… Es la primera vez en la vida que escucho algo tan lindo sobre mi madre… sobre mí… Discúlpame. –Pidió y al girarse de nuevo el joven notó un par de ojos empapados en lágrimas… ¿Qué era eso? ¿La había roto?

-No… no… no llore, discúlpeme usted a mi…, discúlpeme princesa Alexandra… -La verdad era que Chip había pasado su vida entera con su madre, Emma, Regina… Anastasia, Drizella… posteriormente Maléfica y Aurora… ellas ocultaban sus sentimientos, golpeaban, lanzaban cosas y si lloraban era porque algo realmente grave había ocurrido, bueno Aurora lloraba pero eran más bien caprichos… y ahí estaba Alexandra… con sus sentimientos a flor de piel… ¿Qué había hecho? –No lo haré de nuevo… no llore. –Pidió confundido y se hincó suavemente tomando sus manos y alzando la vista, haciéndola reír suavecito…

-¿Qué haces?

-Un tonto de mí mismo, al parecer. –Se rio también y sacó un pañuelo de su bolsillo, ofreciéndoselo al momento. –Por favor, no llore.

-Lo intentaré… -Le dijo limpiando sus lágrimas con gracia. -¿Crees que pueda ser reina?

-Por supuesto… literalmente me tiene a sus rodillas. –Admitió apenado y se puso de pie; Alexandra no pudo evitar estallar en risas y volver al columpio

El otoño estaba haciendo de las suyas con la brisa dejando el suelo lleno de hojas naranjas y las flores de otoño en su último esplendor decorando todo a su paso en la vasta explanada de la granja y aun así, Chip era consciente de que no había nada más hermoso que la chica en el columpio… aquella a la que acababa de conocer y ya sabía de corazón que de ser el caso, lucharía para recuperarle el reino.

-Creo que quiero ser Reina, Chip. -Afirmó