CIELO TRANSPARENTE

Capítulo III

Sakura estrechó a Naruto entre sus brazos, casi loca de la felicidad. ¡Era él! No podía estar más contenta, se sentía en las nubes. Nubes rosas de sabor dulce. Pero ¿cómo? Era la duda que le sembraba su razón. Es decir, si sus cálculos no estaban incorrectos, ése era el segundo año en la carrera para ambos y, aunque existiera la posibilidad de que no se encontraran nunca en el mar de gente que componía la comunidad universitaria, a ella se le antojó absurdo. Sakura pensaba cada día de su vida en Naruto. Buscándole en donde sabía no podía estar, imaginándose su rostro con ocho años más desde su despedida. Antaño se había llevado ya el chasco de confundirle con algún chico que paseaba por la calle, con un compañero de bachillerato. Con cualquier persona con su mismo nombre. Y ahora, sin siquiera pedirlo o desearlo, más bien por pura serendipia, se reencontró con él.

Para ser honestos, también, Sakura no veía a Naruto como el hombre más guapo o fuerte que se hubiera puesto en su camino, tampoco el más genial existente, pero sí el más entrañable. A lo largo de su vida no se topó con otra persona que le hiciera tan feliz como él. Por ello, Naruto era especial en su corazón y sus recuerdos; haberlo encontrado nuevamente era tan surrealista como encontrar la olla de oro al final del arcoíris.

Yo también te extrañé mucho, Naruto —dijo ella al borde de las lágrimas. ¿Qué más podía hacer sino expresar sus sentimientos más sinceros? Todo el dolor y las emociones acumuladas por años deseaban salir a flote en ese único instante.

—Lo siento. Todo ha sido mi culpa. Yo perdí tu dirección y deje de enviarte cartas. Es mi culpa. Perdóname.

—No importa eso. Ya ha pasado. Estamos juntos de nuevo y eso es lo que importa, ¿no?

Naruto asintió alegremente, apretándola más contra sí.

Hinata, por su parte, observaba la escena descorazonada. Allí, frente a ella, una chica que acababa de conocer hacía menos de cinco minutos le estaba robando al chico que amaba desde hacía dos. Primero se sintió molesta con la joven de pelo castaño. Si ella no se hubiera metido en donde no le llamaban, esa escena no estaría desarrollándose frente a sí en este mismo momento. Luego sintió vergüenza de sus propios pensamientos, por lo tonta, egoísta y patética que lucía y se sentía ahora, y, finalmente, deseó que el hueco que se había abierto en su corazón desapareciera. Se preguntó, también, que estaría pasando si ella le hubiese confesado sus sentimientos a Naruto mucho antes de todo eso. Tal vez él le amaría a ella ahora. Tal vez serían una pareja ahora y ese reencuentro sería entre amigos, no entre amantes separados. Inmediatamente, Hinata se sintió estúpida por pensar todo eso, es decir, Naruto estaba siendo feliz y, además, ella nunca lo había tenido. Si nunca lo tuvo, no lo estaba perdiendo ahora.

La lógica dolía de forma brutal.

—Vamos a sentarnos —dijo a media voz, tragándose su propio sufrimiento. Algunas personas les miraban entre extrañados y fascinados, y algunos otros cuchicheaban a su alrededor. Seguramente ya se estaban formando chismes de toda la situación—. La gente está mirando.

El prolongado abrazo entre amigos de la infancia se interrumpió gracias a las palabras de Hinata. Se separaron un tanto cohibidos después del repentino y efusivo contacto físico. El rubor se acentuaba en sus mejillas cada vez que se miraban de reojo. Caminaron hasta una mesa libre, se sentaron uno al lado del otro, buscando la manera de preguntar todas las dudas que se acumulaban en sus mentes y dar todas las explicaciones que necesitaban para justificarse ante el otro. Ambos se sentían igualmente culpables de la causa de su separación.

—De verdad, de verdad te extrañé —repitió Naruto, su vocabulario reduciéndose a esas pocas palabras. Sakura, con devoción, tomo la mano de su amigo de la infancia y la apretó entre las suyas. Y la manera en que se miraron después de ese significativo gesto lo dijo todo: se amaban. Hinata no pudo aguantar más y, antes de que sus lágrimas se derramaran, se marchó del lugar dando una corta despedida.

Por su parte, Sakura y Naruto poco o nada notaron su ausencia; durante esos momentos vivían solos en su pequeño mundo rosa y nada aparte de ellos importaba en ese momento. Los profesores, las tareas, las clases, incluso el hambre y el dinero que llevaban en los bolsillos.

—Dime, Sakura, ¿qué has estado haciendo todo este tiempo? —comenzó Naruto, realmente interesado por los detalles.

—Simplemente estudiando, como tú.

—No, me refiero a antes de esto. ¿Cómo has vivido?

Haruno suspiró un poco. Recordar el pasado siempre le había puesto incómoda y la simple memoria de su padre le provocaba escalofríos que le recorrían toda la columna vertebral. En las noches, incluso, se despertaba asustada, rogando que parara, que sería una niña buena, que dejaría de hacerle enojar. Incluso ahora que se encontraba lejos de él, su padre seguía torturándole, a pesar de que todo había terminado desde hacía años.

Después de cumplir trece años, su padre se metió en una pelea con los hombres del bar. Estaban apostando y él no aceptó perder, era mucho el dinero que tenía en juego. Ambos llegaron a los golpes, sin embargo, el padre de Sakura sacó una navaja, la que siempre guardaba cerca de los riñones y con la que solía amenazar a Naruto para que se alejara de su hija. Se la clavó al otro hombre; hubo una herida, un grito, mucha sangre y, finalmente, llegó la policía. Arrestaron a su padre, investigaron a su familia. La descubrieron abandonada por su madre y calificaron a su padre como no apto para criarla. Enviaron a Sakura a un orfanato fuera del pueblo después de ello sin siquiera dejarla despedirse de sus compañeros de clase; al parecer, los niños huérfanos no tenían ni voz ni voto en las decisiones de los adultos.

El orfanato no era un lugar bonito, no era agradable ni mucho menos feliz, empero, contra la atmósfera que se respiraba día a día en su casa, la chica se había sentido como en un hogar por vez primera, con niños que compartían su suerte y que permanecían unidos en ese ambiente hostil lleno de adultos con sus propias ambiciones.

—Nunca me adoptaron —dijo simplemente—. Las familias siempre quieren niños pequeños para poder educarlos desde el inicio. Yo era demasiado vieja para ellos y jamás me dedicaron una segunda mirada.

—Yo… de veras lo siento.

—No tienes por qué sentirlo, no es tu culpa. Además, yo no quería ser adoptada. Sabes que me va mejor hacer las cosas por mí misma. Trabajé y estudié a partir de los quince años, obtuve una beca y, en cuanto pude, me marché del orfanato. De hecho, estoy aquí a partir de una beca, de otra manera no podría pagar las colegiaturas.

—Eres fuerte, Sakura. Siempre lo has sido.

—No más que tú, Naruto.

El rubio se sintió visiblemente incómodo por el cumplido. Sakura jamás le había dicho tales cosas antes y, ahora que recibía un halago de su parte, se sentía tontamente feliz que ni siquiera sabía cómo reaccionar. También se dio cuenta de lo mucho que había cambiado su amiga de la infancia: ya no era una niña huraña y gruñona, ahora era amable y su sonrisa era mucho menos difícil de conseguir, su tono de voz se había suavizado y sus ojos brillaban con vitalidad. A pesar de todas las heridas y cicatrices que poseía, ella seguía mirando hacia adelante, sin dejarse doblegar por nada ni nadie. Indomable, vivaz, inteligente, justa. Naruto estaba una lista de adjetivos para darle a ella y estaba seguro de que le faltarían palabras para describirla.

—Pero ¿qué pasó contigo? ¿Por qué perdiste la dirección del orfanato?

Fue el turno de Naruto para ponerse incómodo y melancólico. Su pasado, como el de Sakura, también tenía sus momentos de oscuridad.

—Mis padres murieron en un accidente, me llevaron a un hogar de acogida mientras un amigo de mi padre conseguía mi custodia; al igual que a ti, no me dejaron ir por mis cosas, una trabajadora social fue quien reunió mis pertenencias y me llevó a casa de mi 'tío'. Cuando al fin pude regresar, el lugar había sido violado: los pisos sucios, las ventanas rotas, las paredes pintadas con mensajes obscenos. Incluso el cajón con cerradura, donde guardaba nuestra correspondencia, había sido abierto. No sé qué hicieron con las cartas. Tal vez las usaron esos maleantes para limpiarse el culo. Lo siento; debí haberme aprendido la dirección pero… jamás creí que necesitaría saberla. Mamá era quien escribía las direcciones en los sobres, papá llevaba las cartas al correo.

—Lamento mucho que hayas perdido a tus padres. Ahora entiendo por qué mis cartas eran devueltas al orfanato.

—De veras lo siento.

—No es algo por lo que necesites disculparte, Naruto. Tú también lo sabes.

—Eres realmente amable ahora, Sakura.

La chica se sonrojó por el comentario y le dio un suave golpe en la cabeza a su amigo de la infancia para ocultar su vergüenza. Naruto rió en el acto y la conversación se desvió hacia temas menos delicados.

OoOoOoOoOoOoO

Hinata regresaba a la universidad acongojada por todo lo sucedido durante la mañana. Menos mal que se había cambiado de su blusa azul y su pantalón blanco. Andar por ahí en esas condiciones le hubieran humillado más.

Ingresó a sus clases con aparente calma. No debía mostrar sus emociones mientras se encontraba en la universidad; no quería que los otros averiguaran qué había pasado de malo porque, con toda probabilidad, se echaría a llorar en cuanto Naruto y Sakura fueran nombrados. Sin embargo, algunos chismes ya se habían regado y la totalidad de sus compañeros de clase ya se habían enterada de qué había sucedido en la cafetería. Como persona querida que era, sus compañeros trataron de subirle el ánimo, pues creían que la ligera depresión de Hinata se debía a Sasuke Uchiha.

Algunos chicos le hacían prometer que les llamaría la próxima vez que 'el bastardo' le pusiera una mano encima, otros le decían que, si ella quería, lo irían a golpear en ese mismo instante sin importar las consecuencias y otros más la invitaban a lanzarle huevos al auto del chico. Hinata se encontraba azorada por la cantidad de atención que estaba recibiendo y, también, querida. Sus compañeros le apreciaban lo suficiente para querer consolarla. ¿Por qué debería ella estar triste? Tal vez Naruto no sería ya suyo, pero nunca lo había sido y eso significaba que no tenía nada que lamentar tampoco. Ella estaría feliz y sonriente por sus compañeros que trataban de animarle, seguiría como antes, como siempre, ocultando sus sentimientos para con el rubio. Ya tenía experiencia en ello. Empero, a pesar de su resolución, Hinata se encontró a sí misma buscando al joven de ojos azules el resto de las clases a las que no entró por estar con Sakura Haruno.

Su corazón se resquebrajó un poco más.

OoOoOoOoOoOoO

Para Sasuke, su día como estudiante había terminado, fuera del incidente de la cafetería, no había nada qué lamentar. El problema sería llegar a casa, ver a su padre, ver a Itachi y sentir cómo la sangre hervía dentro de sus venas. Esquivar a su madre, encerrarse en su cuarto y odiarles a todos por tenerlo en segundo plano.

Sasuke se preguntaba cómo es que alguna vez quiso a su hermano, cómo era que le gustaba cuando le sonreía o le dedicaba alguna palabra de aliento o cariño. Él siempre obtenía todo: la atención, el cariño, el respeto, la empresa de su padre, la aprobación de su madre, y a él, a Sasuke, solamente le tocaban las sobras y la lástima de la gente de su alrededor.

Y es que no entendía, ¿por qué su padre, si solamente necesitaba a un hijo, al perfecto Itachi Uchiha, le había creado a él? ¿Por qué no abortarle o utilizar protección? A pesar de lo que parecía exteriormente por su apariencia segura y su ego elevado, Sasuke odiaba su vida, odiaba tenerlo todo a manos llenas y sentirse vacío, como un simple adorno. Por ello era como era, infravalorado en su casa, con una reputación de inalcanzable fuera de ella. Sin embargo, inconscientemente, él no se sentía inalcanzable, a quien sentía inalcanzable era a su hermano, al que, según propias palabras de su padre, no le llegaba ni al polvo de los zapatos.

Tal vez todo el odio que le tenía a su hermano mayor no venía más que de ese sentimiento de inferioridad causado por Fugaku y lo único que deseaba era la aprobación y reconocimiento de ambos, tal y como dirían los psicólogos, sin embargo, Sasuke no creía en las palabras de una pseudo ciencia y detestaba que le dijeran qué debía sentir, qué debía decir, qué debía hacer. Le molestaba aún más que las personas creyeran saber quién era él cuando no le conocían ni un poco. Cuando hablaba con ellos por puro compromiso. Porque, a estas alturas de su vida, lo único que Sasuke deseaba hacer era lastimar a su padre, a su hermano. A toda su familia. Hacerlos sufrir para que se arrepintieran de la horrible vida que le habían hecho llevar.

Desde hacía mucho tiempo que él había parado de intentar agradar a su padre. No era necesario porque nunca lo conseguiría, en lugar de eso, se proponía hacer exactamente todo lo contrario a sus deseos, haciéndole rabiar, molestándole por cada pequeña cosa en retribución a todas las palabras duras que había recibido cuando niño, cuando adolescente y aún ahora. Quería hacerle arrepentirse de la vida que había llevado y de la manera en que lo había hecho. No importaba quién o qué fuera arrastrado con él mientras obtuviera lo que quería: una venganza contra su propio padre.

OoOoOoOoOoOoO

Ino observaba a su hermano y a su sonrisa estúpida que permanecía a lo largo de la semana. Ella ya sabía qué la causaba, ya había escuchado la historia completa de parte de Naruto días antes. Lo que ella no comprendía es cómo era que él podía sonreír por una chica como tonta y si ella sonreía por Sasuke así, Naruto le regañaría. Claro, por supuesto, su hermano utilizaría el argumento de "Sasuke es malo, Sakura es buena", pero ella no conocía de nada a la tal Sakura y no podía aseverar que fuera buena y que, de hecho, a partir de los recuerdos de un puberto, se pudiera discernir que no cambiaría a lo largo de su vida.

Le había planteado esta posibilidad una y otra vez a lo largo de la semana a su hermano, pidiéndole que tuviera cuidado con ella y sus intenciones y él, neciamente, se había negado a escucharla. ¡Claro! ¿Por qué debía escuchar a su hermana por más de siete años? Era absurdo, mejor hacerle caso a la niña a la que le hablaste durante un corto periodo de tiempo en tu pre-adolescencia. Ella no confiaba en la aparente aura de bondad y perfección que rodeaba a Sakura ni un poquito, aunque, tal vez, sus sospechas fueran sembradas a causa de los celos. Porque, si debía decirlo, Ino estaba celosa de Sakura. Es decir, ¿quién, en su lugar, no lo estaría?

Yamanaka Ino había sido quien estuvo al lado de Naruto por los últimos años, haciéndole sonreír, peleando con él, bromeando con él; ayudándole cuando necesitaba y apoyándole cuando se equivocaba. Habían desarrollado un estrecho lazo a lo largo de los años y ahora, de buenas a primeras, una chica desconocida venida de sabrá Dios donde, llegaba para romper el status quo de su universo y llevarse la atención de su hermano, pues, aunque Naruto hubiera tenido algunas novias anteriormente, su preocupación final siempre se había volcado en Ino y no en esas chicas pasajeras.

Sin embargo, ahora todo era diferente. Naruto ya no se preocupaba por Ino como antes pues el único pensamiento que tenía en su cabeza era Sakura. La dejaba de lado, no le prestaba atención y había parado de discutir con ella a causa de Sasuke, en su lugar le decía "cuídate" y se marchaba de la escena. Ése no era su Naruto y ella lo quería de vuelta. Quería que Sakura se lo devolviera.

Por ello, varios días después en una noche de viernes cuando Sakura se presentó en su casa (Naruto ya le había llevado allí en ocasiones anteriores), Ino le miró con desconfianza. ¿Qué hacía ella allí a esa hora y qué quería?

—Buenas noches, Ino. ¿Se encuentra Naruto?

Como una buena mujer hostil, Ino se cruzó de brazos y se recargó en el marco de la puerta mirando a Sakura de arriba hacia abajo.

—Se está bañando.

—Oh. Lamento molestar, pero de verdad necesito verlo. ¿Crees que tardará mucho?

—Acaba de entrar a ducharse.

—¿Qué pasa, Ino? ¿Quién es? —Kairi de Yamanaka, madre de Ino, preguntó desde la cocina con un fuerte grito.

—Nadie, mamá. No te preocupes.

Sakura se restregó las manos con evidente incomodidad. Ella ya sabía que no le agradaba a Ino y ni siquiera sabía por qué. Desde que la había conocido no había hecho ni una sola cosa para desagradarle y, sin embargo, ella siempre había recibido frialdad y malos modales de su parte. A pesar de ello, Sakura no le había dicho ni reclamado nada como era su costumbre, simplemente había aceptado sus malos comentarios con una cara seria y sin responder. No quería que Naruto tuviera problemas con su hermana adoptiva por su culpa o tenerlos ella con Ino. Apenas se habían reencontrado, no quería ser la causante de una nueva separación. No lo soportaría porque, como antaño, Naruto era su faro en el puerto. Con él reía de verdad, sonreía de verdad, se sentía bien, sin culpa, sin remordimientos y sin recordar su trágico pasado.

—¿Entonces por qué sigues allí? —volvió a preguntar Kairi.

Sintiéndose un poco acorralada, pues Sakura no entendía que debía marcharse en el acto, Ino dejó pasar a la amiga de su hermano. A su madre le agradaba y a su padre también. Tan pronto como descubrieran que la tenía esperando en la puerta o que intentaba deshacerse de ella se molestarían y la castigarían 'sin derecho a fianza' sin salir durante una semana y ella, por favor, tenía que salvaguardar su vida social. Era lo más importante que tenía, pues creí que, en un golpe de suerte, podría encontrarse con un cazatalentos que la llevara al estrellato.

—Pasa —dijo la jovencita rubia sin mucha convicción. Cómo le odiaba.

—Gracias.

Ambas chicas se sentaron juntas en la sala, una en frente de la otra y el prolongado e incómodo silencio no fue roto sino por la madre de la chica que llegó con una bandeja con leche y galletas.

—Mamá. No somos niños. ¿Por qué traes galletas?

—Siempre te las comes, no veo por qué te quejas ahora. Pero dime, Sakura, ¿qué te trae por aquí?

La chica sonrió un poco, con cierto aire de resignación. El motivo por el que necesitaba ver a Naruto involucraba a los demás miembros de su familia, de nada servía demorar las cosas.

—De hecho, señora, necesito un favor de todos ustedes.

—Oh, habla, querida. Si podemos hacer algo por ti, ten por seguro que lo haremos.

—Yo podría, si no es mucha molestia, ¿pasar unas cuantas noches aquí? Verá, están remodelando el edificio donde vivo y no tengo un lugar a donde ir mientras tanto —mintió.

—¿No tienes amigas que te hospeden? —interrumpió Ino visiblemente molesta. ¿Compartir la casa con ella? ¡Jamás!

—Las tengo, pero no tienen espacio para mí —volvió a mentir.

—Por supuesto que puedes quedarte, por mí no hay problema y estoy segura de que, en cuanto llegue mi esposo, estará de acuerdo con ello.

—Muchas gracias, señora.

—¡Mamá!

—Ino, prepara lugar en tu habitación. Sakura se quedará contigo.

—¿Qué? —gesticuló la jovencita rubia—. ¿Mi cuarto? ¡No!

—No seas caprichosa y haz lo que te digo —dijo su madre con mirada molesta y tono de advertencia.

Ino se levantó del sofá enfurruñada y se marchó a su habitación farfullando cosas acerca de que Naruto le debía una grande y que, más le valía a Sakura mantenerse alejada de su cama porque de ninguna manera la iba a compartir también.

OoOoOoOoOoOoO

Matsuri temblaba visiblemente. Su cabello revuelto, la cara llena de mure y polvo, el maquillaje corrido y los ojos rojos de tanto llorar. Estaba asustada hasta la muerte y se abrazaba a sí misma para tratar de menguar el temor sin éxito. La voz dura del policía junto con sus gritos y amenazas no ayudaban en mucho tampoco.

En ese cuarto de interrogatorios y tras cuatro horas de tortura psicológica por parte de la autoridad, Matsuri se arrepintió de haber sido temeraria y querer cambiar el mundo. Ella tenía dinero, vivía bien y sin ningún problema, ser activista no era lo suyo ni quedaba con su estatus socioeconómico.

¿Por qué, entonces, había insistido en ir a esa manifestación que, más tarde, se tornó violenta y por la que había acabado detenida sin derecho a fianza? Era una tonta. Debió haberle hecho caso a su madre cuando le dijo que no se hiciera amiga de ese tipo de gente. Ella no había nacido para ser anarquista, solamente se había metido en ello por sentirse rebelde, por parecer que estaba ayudando en una causa y, ¿por qué no decirlo? Por diversión. Qué ilusa. Eso no era divertido en ningún nivel.

—¿Vas a decirme el nombre del líder de tu grupo sí o no? —preguntó el policía y Matsuri volvió a temblar. Ella estaba siendo interrogada, esencialmente, porque 'el líder' se había escapado y necesitaban parar a quien había iniciado todo aquel embrollo en contra del gobierno para que el resto de los militantes de su grupo se amedrentaran y dejaran sus marchas y manifestaciones. Pero Matsuri, quien aún en esa situación sentía lealtad, había permanecido callada a costa de su propio sufrimiento—. ¿Eso es un no? Mira que si me lo dices puedo ayudarte con tu condena —persuadió.

La resolución de Matsuri tembló.

—Miente.

—No estoy mintiendo y, si lo estuviera haciendo, podrías demandarme tú. Ahora mismo estamos siendo grabados. Que puedo ayudarte si cooperas no es ningún secreto. También puedo darte un trato preferencial. ¿Tienes hambre, cierto? Este cuarto está bastante oscuro también. ¿Te apetecería un café caliente y una manta?

Un par de lágrimas escaparon de los ojos de la chica. El hambre, el frío, el miedo al policía y lo incierto de su futuro estaban haciendo mella en su interior.

—Su nombre es Sakura Haruno. Es mi compañera en la universidad.

El policía sonrió ante la información. Atraparían pronto a esa zorra, él se encargaría de que así fuera.


¡La actualización estará lista (PROMESA) antes del 22!

¡Besos embarrados de Nutella para todos!