En mi reloj aún es martes :) He estado realmente REALMENTE ocupada y ha sido terrible porque no hay forma de que deje esta historia :), de eso no se preocupen ni un poco.

Bueno, de una u otra forma voy a sacar esto adelante pero debo decirles que en estos capítulos ya me han alcanzado entonces como estoy ocupada con el trabajo no tengo tiempo de transcribir y editar todo lo que debo hacer (La historia no es improvisada así que en sí ya tengo todo en mi cuaderno pero transcribirlo es bastante pesado), por lo cual es probable que las publicaciones pasen a ser únicamente una vez por semana (En viernes), lo cual ame facilitaría muchísimo las cosas.

Espero que de ser el caso ustedes tengan paciencia.

Este capítulo tiene bastantes detalles y es muy interesante porque ahora tenemos a Emma y a Regina juntas :) entonces su relación pasa de ser platónica y a distancia a ser tangible y tienen un pan en el horno así que espero que se queden a leer lo que sea que venga .


Capítulo 34:

No siempre se sabe lo que pasa.

Cuando Emma despertó, era consciente de que tal vez sólo había dormido un par de horas pero notar a Regina recostada en su pecho, con los ojos cerrados y la respiración tranquila la hizo sentir revitalizada al momento… el recuerdo su noche parecía un sueño demasiado bueno para ser real y el tenerla en sus brazos hizo que una fuerte emoción le recorriera el cuerpo, haciendo que Regina abriera los ojos de inmediato.

-¿Estás bien?

-Lo siento, no quise despertarte, es que eres hermosa.

Regina negó en un gesto breve, hundió el rostro en su cuello y volvió a abrazarla. –No me despertaste, son contadas las veces que duermo.

-Oh… ¿Es por… la inmortalidad?

Regina alzó los hombros, esta vez apenada. –Tampoco siento hambre.

-Oh… no le hagas eso a nuestro hijo, por favor. –Pidió en su oído y acariciando entre su cabello hizo que la mirara. Definitivamente la eternidad era un concepto muy vago porque cada que la miraba… cada que se perdía entre esos ojos verdes parecía que el tiempo paraba, nada más importaba y no podía ser cierto… ella nunca se había sentido así.

-No había pensado en eso, qué bien que surgió. –Admitió dudosa… volviendo en sí. -Realmente no tenía idea de cómo funcionaba la inmortalidad en esos casos. –Tenemos que vestirnos, hay cosas que hacer, no podemos ser tan irresponsables, eres… eres una mala influencia.

-Pero Gina… -Se quejó en un gruñido y la atrapó con brazos y piernas, dejándola nuevamente debajo de sí y sintiendo una vez más el ataque de sus labios recorrerle por todo el cuerpo y hacerle suya como si no pudiera concebir otra realidad… otra forma de iniciar el día...

Seguían en el palacio de Maléfica, no se había arriesgado a llevarla lejos, mucho menos cuando tenían todo un plan de acción que se debía efectuar de inmediato… plan que ahora era confuso y debía ser modificado… cosas que debían ser puestas a consideración del grupo porque sin realmente darse cuenta, ahora ella no era malvada y no impondría su voluntad sobre la de los demás, mucho menos cuando había tanto riesgo.

Aurora fue quien supo que algo pasaba cuando Regina tomó un bocado de la avena de Emma en el desayuno… principalmente porque era ella la única que había cometido el error de probarla en el pasado tal y como Emma la preparaba y en vez de quejarse por la cantidad de azúcar o miel en ella, Regina no se había inmutado ni parecía completamente horrorizada. Le parecía irónico que ella fuera la única que notara ese tipo de cosas cuando todos presumían de su vasto intelecto y superioridad hacia ella, la siguiente pista vino cuando Regina decidió beber té con su avena… cualquiera que le conociera un poco sabía que tenía un problema con el alcohol… eso todos lo notaban menos Emma, porque para Emma hasta esos aspectos de Regina eran perfectos.

-¿Estás bien? –Quiso saber.

-Estoy bien, Aurora, gracias por preguntar, no fui atacada y todos llegaron a salvo a casa, si hubieras esperado en el vestíbulo te hubieras percatado de que sólo estuve acaso cuarenta minutos detrás de ustedes, fue sólo una charla con amenazas.

-No… me refiero a… ¿Estás bien?

-Claro que estoy bien.

-Estás comiendo. –Señaló. –Estás comiendo eso. ¿Por qué?

Al instante Maléfica alzó la vista, más que nada por él tono que Aurora había utilizado y pudo notar el pánico en los ojos de su amiga que se aferraba a la cuchara mientras los demás aún no percibían nada extraño en el hecho de Regina tomando desayuno y continuaban en lo suyo… pudo darse cuenta de cómo Emma dejaba de comer y cruzaba sus brazos a la expectativa y supo que algo no andaba bien… algo que evidentemente debía de haber notado la noche anterior pero Regina no lo había permitido.

-Es necesaria una reunión… urgente. –Interrumpió. –Veamos… Chip, ¿Conoces el protocolo de iniciación para la toma de poder en la mesa de reyes?

-Lo conozco.

-Muy bien, practícalo con Alexandra. Blancanieves y David, Cenicienta es suya, Aurora, Regina y Emma, al cuarto de alquimias, ahora… los demás… hagan algo… cielos, hay demasiadas personas aquí.

Regina aún llevaba el plato de avena en las manos cuando la puerta de la habitación se cerró a sus espaldas y era consciente de que estaba comiendo por nerviosismo -parecía muy pronto para manifestar algún tipo de síntoma-, pero circunstancialmente había sido descubierta y el que Emma sonriera tiernamente hacia ella no ayudaba en la situación.

-¿Qué sucedió ayer, Regina? –Maléfica sonaba molesta y ella realmente no se sentía de ánimos para ser regañada.

-Alexandra aceptó, pagamos su deuda, perdoné a Cenicienta, cruzamos la frontera, me enfrenté verbalmente al señor oscuro y volví.

-No seas absurda, ¿Qué te sucede? Pareces una niña asustada, aprensiva y caprichosa.

-Creo que estás haciendo un juicio muy duro en base a un plato de avena y una respuesta irónica.

-Creo que deberías decirles. –Emma estaba sentada sobre la mesa de piedra, ahora era tan alta que las puntas de sus pies tocaban el suelo pero recordaba a la perfección todo el dolor que había sufrido en ese lugar y Regina no sintió apatía ni fastidio por sus palabras… sólo aceptó.

-Estoy… embarazada, cielos, suena tan absurdo.

-Oh… -Fue lo único que pudo decir Maléfica.

-¿Y eso cómo nos afecta? –Aurora ciertamente tuvo menos tacto.

-¡Hey! Un poco más de emoción, por favor. –Solicitó Emma con molestia y Regina tomó asiento a su lado con una sonrisa irónica.

-Nos afecta bastante, cambia todo. –Explicó. –Yo no quería esto y no estoy muy segura de cómo sucedió pero lo hemos hablado y vamos a lidiar con lo que su llegada nos pueda traer… personalmente entiendo si no quieren seguir luchando a nuestro lado.

-Yo no lo entendería. –Completó Emma.

-Claro que estamos de su lado, ¿Recuerdan? Tenemos un pequeño dragón en un huevo, entendemos que puedan sentir incertidumbre…. Pero nuestro dragón no es tan importante como su bebé… yo no soy inmortal y Aurora no tiene magia… El señor oscuro no está tras nosotras y es probable, Regina, que nuestra labor ahora no solo sea darle una nueva reina al bosque encantado sino encontrar un modo de eliminar a Rumpelstinskin de forma definitiva.

-Es un hecho… ha amenazado con volver mi vida eterna un martirio… y realmente ya lo consideraba un martirio, no quiero vivir para verlos morir, para ver a mi hijo morir…

-Emma y Chip pueden trabajar en eso, ahora ella está personalmente implicada.

-¿A qué se refieren? ¿Tenemos un nuevo plan? –Emma realmente quería formar parte de esto.

-Necesitamos más personas. –Afirmó Aurora.

-Emma, haz una carta para Midas y convoca una reunión urgente, Alexandra, Cenicienta, Chip, tu madre y tú van a salir hacia su palacio de inmediato, vamos a comenzar con eso. Posteriormente la coronación de Alexandra, tu madre pasará la corona y debe ser antes del invierno, irán a Caballo se detendrán en todos los pueblos, la presentarás, sabes que todos te quieren y respetan, además Alexandra te hará la tarea bastante sencilla.

Graham deberá hablar con los lobos, él va a tener que ser discreto mientras busca el arma perfecta para derrotar a Rumpelstinskin, la cual es un mito pero él también es un mito y nos está causando bastantes problemas.

La señora Potts puede quedarse en el palacio a cuidar a tu padre aunque tengo una mejor idea...

-¿Y tú y Regina? –Quiso saber Emma.

-Nosotros vamos a luchar contra él, realmente sería sospechoso que no diéramos guerra.

-No creo que sea conveniente… Regina está…

-Sólo está embarazada, no está enferma, no está muriendo.

-Realmente no quiero estar lejos de Emma. –Argumentó finalizando el plato de avena, lo dijo con calma y soltura, como si no fuera la gran cosa y Aurora no daba crédito a lo que escuchaba, ¿Esa era la mujer que durante tantos años la había hecho sentir inútil en las reuniones de la realeza? ¿La que había asesinado y aterrorizado al reino por décadas?

-Regina, corazón. –Maléfica se aproximó a ella y la tomó de las manos con una sonrisa. –Apégate al plan, el bebé quiere estar con su madre y te utiliza a ti como vehículo para sus deseos… son tus deseos también y es muy dulce, estamos encantados con lo rápido que se manifiesta pero no seas idiota. –Concluyó soltándola.

Ya era suficientemente incómodo poder sentir todo lo que Emma pero ser afectada por una criatura que crecía en su interior era sencillamente demasiado… no tenía más de una semana y ya tenía la capacidad de influir en sus emociones… era completamente absurdo… se negaba totalmente a renunciar a su autonomía, se negaba a ser víctima de sus emociones y en un arrebato de furia empujó a Emma hacia un lado y salió del cuarto de alquimias sin esperar respuesta.

-¿Ahora que hice? –Quiso saber la joven completamente desconcertada.

-Tendrás unos meses complicados, corazón. –Sonrió.

Su Majestad, Rey Midas.

Escribo para solicitar una audiencia urgente con los integrantes de la realeza pertenecientes a la mesa redonda.

Los temas a tratar tienen que ver con mi futuro como reina del bosque encantado a partir de mi matrimonio mágico con el joven Baelfire y cómo esto puede afectar a los habitantes.

Informo que la antes reina Regina, ha otorgado el perdón a Cenicienta y a su hija Alexandra lo cual ha quitado la maldición que yacía sobre ellas y que las mantenía desterradas de los límites de los reinos; acudirán conmigo a dicha reunión.

Mediante esta carta informo que utilizaremos el camino Real que va desde el Sur a su palacio a la brevedad, solicitamos paso libre y seguro.

Princesa Emma del Bosque Encantado.

-¿Realmente no te molesta no poder firmar de nuevo como "Princesa Emma del Bosque Encantado"? –Chip estaba a su lado, escribiendo cartas para los demás miembros de la realeza y Alexandra que estudiaba el protocolo de iniciación a su lado sólo alzó la vista mientras Emma sellaba el sobre y lo ataba a la pata de su cuervo.

"Rey Midas" susurró. -¿Por qué tiene que ir el título en la firma? "Emma, Jefa de la Guardia Real.", "Emma, Asistente de Chip en los establos" "Emma, debió haber dormido más horas".

Alexandra soltó una carcajada y decidió que la princesa Emma podía ser, tal vez una de sus personas favoritas, tan inteligente, perspicaz, sabía exactamente qué era lo que quería y defendía sus ideas… ella deseaba llegado su momento poder reinar tan bien como lo hacía ella y estaba feliz de que los siguientes meses los pudieran pasar juntas.

-Bien, asumiré que no te molesta en lo absoluto.

-Asumes bien, ¿Has encontrado algo?

-Estoy escribiendo cartas, "Emma, Asistente de Chip en los establos." No he tenido precisamente tiempo de buscar en las últimas dos horas, desde que comenzamos con esto…

-¡Emma Swan! –Gritó Blancanieves desde el vestíbulo y pasaron unos cuánto segundos antes de que apareciera en el marco de la puerta, parecía furiosa y ella no estaba segura si podía con tantas mujeres enojadas en un día.

-¿Qué sucede… mamá? ¿Cómo me llamaste?

-¿Por qué me entero por Anastasia, que Drizella le dijo que escuchó a Aurora decir que había visto a Regina molesta porque habías sido mala con ella porque está embarazada? –Dijo ágilmente como un rezo haciendo un énfasis especial en la última palabra.

-Oh… eso. Así no es cómo sucedieron las cosas, madre, verás, en un punto entre Drizella y Anastasia siempre se pierde la información importante.

-¿Entonces no es verdad?

-¿Qué cosa?

-Qué Regina esté embarazada.

-Oh… no, esa parte si es cierta. –Sonrió con orgullo y su madre tomó un libro de la mesa y le dio un certero golpe en el brazo. -¡Auch!

-¿No crees que es algo que deberías decirme? Este palacio no es tan grande, ¡Debes comunicarte conmigo! ¡Maléfica tuvo que contarme el nuevo plan!

-Lo… ¿Lo siento?

-¡Más vale que lo sienta, señorita! -Gritó y dejó la biblioteca enseguida.

-¿Qué demonios está sucediendo, Chip?

-Estás teniendo la vida en familia que tanto exigías en tus cartas, ¿No te das cuenta? No más palacio, es lo que pasa cuando las personas conviven, no hay sirvientes… personas que te vistan… Anastasia y Drizella no se han hecho cargo de ti en días, tal vez te cueste un poco acostumbrarte pero le encontrarás el gusto.

-Podría vivir sin los gritos injustificados hacia mi persona.

-¡Oh no! –Chip y Alexandra dijeron al mismo tiempo y luego rieron.

-Los gritos siempre suceden. –Completó la joven y a pesar de que sólo tenía dos días con todos ellos ya podía decir que nunca había pasado mejor el tiempo.

-Sus caballos están listos, princesa Emma, joven Chip, princesa Alexandra. –Graham les hizo saber y les lanzó un bolso a cada uno.

-Gracias. –Emma aún estaba incómoda por su madre gritando y por Regina odiándola justo antes de que tuviera que salir del palacio en una travesía larga, empezaba a sentirse sofocada y ansiosa, hasta distraída.

-Yo le dije que no era una dama. –Comentó el cazador con una sonrisa burlona.

-¿Cómo dices? –Inquirió volviendo en sí.

-Las damas no van por ahí embarazando reinas.

-No le has dicho lo mismo a Aurora. –Respondió invocando la poca paciencia que su falta de sueño y ánimos le permitían.

-Maléfica es un Dragón… las reglas no aplican igual y usted no es una dama.

-Usted es un idiota. –Confirmó entrecerrando los ojos y lanzándole su bolso a Chip. –Guarda mis papeles, buscaré a Regina.

-Oh… ¿La princesa va a quejarse de mí? -Graham se burló. –Realmente empezaba a disfrutar tener a Emma de regreso.

-No soy una niña, nunca me he quejado y a diferencia de usted, tengo la capacidad de dejar embarazada a la reina. – Expresó con furia y realmente no supo por qué lo dijo pero pudo percibir el momento exacto en que Graham decidió que sacaría su espada y fue tal vez una milésima de segundo pero le dio tiempo de tomar la espada que yacía en el cintillo de la armadura de plata contra la pared y contraatacarlo en el acto.

-¡Woah! –Exclamó Chip y Alexandra se hizo un ovillo en la silla.

Emma pudo ver el gesto de sorpresa en los ojos del cazador pero no se atrevió a cantar victoria; definitivamente en todos sus años de entrenamiento, Graham había estado siendo suave porque la fuerza que sentía llegar contra la espada le lastimaba desde las muñecas hasta los hombros y tuvo que impulsarse con sus rodillas para hacerlo volverse e iniciar con la verdadera batalla por el pasillo…

Graham hizo retroceder a Emma al menos veinte pasos antes de que se pudiera recuperar y con la travesía varios jarrones de porcelana cayeron inminentemente y la mirada furiosa del cazador sólo la hacía sentir culpable por sus palabras, después de todo ya habían pasado tantos años…

Y aún así él la había provocado, se había metido en su vida, había hecho que en su infancia se hubiera sembrado la semilla del odio… el deseo de venganza... y con renovadas fuerzas dio un paso hacia adelante, pudo escuchar la aparición mágica de Regina a su espalda, cómo esta le pedía que se detuviera y ella desobedecía.

Graham se impuso y bajando la espada trató de atacarla por los pies, Emma de un salto respondió golpeándolo con el mango por la espalda, haciéndolo caer de rodillas únicamente por un segundo porque se incorporó y las espadas chocaron ruidosamente.

-Emma, detente. –Pidió nuevamente y fue ignorada mientras los seguía, esta vez por el vestíbulo.

Graham la hizo girar sobre sí misma en un intercambio de espadazos frenético y sus cuerpos chocaron con fuerza haciendo que perdiera su respiración por varios segundos pero como un animal salvaje en búsqueda de supervivencia y con agilidad lo atrapó en un zigzagueo que lo hizo caer de rodillas y no fue hasta que tuvo la espada contra la garganta del cazador que la voz de Regina volvió a llegar a sus oídos.

-Eres mejor que esto, Emma. –Y hasta ese momento la voz de Regina pudo penetrar hasta lo más profundo de su ser y la espada calló al suelo al instante… ¿Qué le había sucedido? Ella no iba a matar a Graham. Ella no era así. Ella era buena.

-Yo… yo lo siento… yo lo siento mucho… lo siento muchísimo. –Expresó completamente mortificada hacia el cazador, enseguida hacia Regina y se perdió por los pasillos, corriendo mientras el resto de los habitantes del palacio observaban curiosos al cazador aún en el suelo totalmente humillado pero extrañamente satisfecho.

-Vamos Emma, tienes muchas cosas qué hacer, no podemos permitirnos esto.

-Creí que estabas molesta conmigo por razones que no puedo comprender. –Se defendió y Regina pudo escuchar que lloraba, más que nada podía sentirlo aunque hubiera una puerta entre ellas.

-Eso era hace un rato, ahora estoy preocupada.

-¿Tienes miedo de mí?

-Claro que no, no seas ridícula. Te amo.

-Creo que lo iba a matar.

-Así es, ibas a hacerlo, cariño. ¿Puedo pasar?

-Yo no soy así, Regina, lo juro. –Respondió y al abrir la puerta se hundió en los brazos de la reina como si fuera una niña indefensa en búsqueda de respuestas y por suerte, esta vez Regina las tenía.

-Te dije que el por qué tú sientes las cosas es algo que no me queda muy claro y tu odio hacia Graham es una de esas cosas que no entiendo, odio genuino y conforme empezaste a entrenar con él se pasó porque aprendiste mucho de él y lo entendí todo aún menos… Pero creo que lo que acabas de experimentar ahora es similar a lo que me sucedió a mi cuando empecé a sentir tú corazón y vas a tener que controlarlo Emma.

-¿A qué te refieres?

-Cuando yo empecé a sentirte no podía creer que fueras tan buena, empecé a reaccionar ante las cosas de la forma que tú lo harías porque había demasiada bondad en mí y me costó trabajo volver a ser yo misma… tienes que luchar contra mi oscuridad en tu interior… si yo odio a alguien mi primer instinto es matarle y realmente me disculpo por eso… -Regina bajó la mirada, ahora ella lucía mortificada como si temiera porque Emma al fin podía ver a la reina malvada sin ninguna tela de por medio. –A eso me refería cuando trataba de decirte que yo no era buena.

Emma se mantuvo en silencio por unos minutos sin saber qué decir, casi había matado a Graham en un ataque de furia y no habría logrado detenerse a sí misma sin ayuda… y Regina… Regina tenía años controlando sola sus impulsos… eso dejaba realmente algo para pensar… algo para considerar… -Eres realmente fuerte. –Dijo al fin, la abrazó con ansias y genuina necesidad… -No pelearé más. –declaró en un susurró apenas audible. –Me dedicaré con Chip a buscar una solución a todo esto, estaremos bien. –Prometió en una sonrisa pero Regina pudo darse cuenta de que a Emma no le agradaba sentirse así… ¿Podía culparla? Emma la amaba pero no quería sentir la maldad en su interior y eso estaba bien.

-Seguro. –Sonrió acurrucándose en sus brazos. –Tienes que prepararte, tenemos un reino que salvar. –Dijo y era increíble cómo hasta su lenguaje había cambiado por completo… ¿Salvar al reino? No sonaba para nada a ella… pero era lo correcto.

Emma, Chip, Alexandra, Cenicienta y Blancanieves salieron del palacio de Maléfica sólo un poco después del sol de mediodía, era la primera vez que Emma lideraba una caravana y se iniciaba con personas importantes totalmente a cargo de su seguridad lo cual no le preocupaba en lo absoluto, estaba preparada para eso pero iba dispersa ante el recuerdo de Graham sometido bajo la espada y la sensación completamente placentera ante el deseo de venganza… Esa era Regina.

Y así como Regina no le creía cuando decía que no quería ser reina, ella no lo había hecho cuando decía ser malvada… pero ahí estaba, podía sentirlo en su interior, no podía entender las razones así como Regina no podía comprender los sentimientos de Emma pero lo sentía como una característica más y le parecía increíble y aterrador simultáneamente.

Les tomó dos días por el camino real llegar al palacio del Rey Midas haciendo paradas breves en las aldeas, las personas estaban felices de ver que Emma se encontraba bien después de más de una semana desaparecida justo después de su boda y genuinamente maravillados con su nueva amiga, los mayores recordaban a Cenicienta, la que había sido reina por un corto periodo y recibían con ilusión y familiaridad a su hija, y aunque el reinado de Alexandra era inminente, no les pareció necesario anunciarlo en el camino, no aún porque atraería rumores que no estaban listos para manejar pero era bueno que la vieran y era alentador que no la rechazaran como persona. Alexandra estaba maravillada con el mundo que se abría ante sus ojos y Emma sólo podía sentirse más y más convencida de la decisión.

El palacio dorado las recibió a puertas abiertas, Maléfica (Retomando por primera vez en más de dos décadas su puesto) y Aurora se encontraban ahí, cada una en su respectiva silla cómo si no vinieran del mismo sitio, ellas sencillamente habiendo tenido que realizar un viaje mágico de un segundo, todo parte del plan…

-Nos estás diciendo. –Comenzó Megara con una sonrisa completa en el rostro. –Que Regina le quitó el reino a tu madre, desterró a Cenicienta, quitándole su reino también y formó el reino más poderoso que haya habido jamás. –Continuó. –Te lo otorgó cuando fue el momento y tú… ¿Lo quieres dar?

-Oh créelo, Regina casi muere del disgusto. –Declaró Maléfica casualmente y Blancanieves no pudo evitar reír con ganas.

-¿Y ustedes están de acuerdo? –Se dirigió a la madre de la princesa, atraída por su arrebato de jovialidad.

-¡Por supuesto! No queremos que Baelfire sea rey, es peligroso para el reino, no lo vimos antes y es nuestra única opción, Alexandra es nuestra única opción.

-Emma se ha casado con el hijo de Rumpelstinskin, él tiene derecho sobre la corona, el hecho de que sea una esposa fugitiva no le da permiso de renunciar al trono sin su autorización. –Bella intervino con ambos brazos cruzados.

-Emma no es más la heredera. –Aurora alzó la voz con una sonrisa completa y el resto de la habitación pudo confirmar por completo los rumores sobre de qué lado estaba ahora. Sacó un pergamino de su bolso de cuero y se lo entregó a Abigail con sumo cuidado.

"El bosque encantado, velado por la heredera corre gran riesgo ante la magia oscura que emboscarle quiere. A la deriva debe quedar hasta que alguien su lugar pueda tomar."

-Sabíamos que Baelfire no era bueno, se realizó un hechizo para volverla ilegítima antes de la boda… el que se nos otorgara esta profecía sólo confirmó el miedo que tenían las hadas en el sur ante esta unión; Emma está casada pero no puede tomar el trono y no lo hará, lo hará Alexandra.

La joven se removía incómoda, entre Chip y Emma, todas esas personas… Reyes y Reinas hablaban de ella, discutían por ella y sentía el estómago revuelto y el rostro entumecido, como si no fuera cierto, ¿En qué se había metido?

Chip tomó su mano y le sonrió con tranquilidad, Emma ni siquiera se percataba de su molestia, parecía tan tranquila y acostumbrada, nada la podía turbar… Emma era asombrosa.

-No dejes que te engañe. –Susurró el joven.

-¿Cómo dices?

-Emma, puedo ver cómo la miras. –Sonrió. –Parece que está concentrada en lo que dicen y entendiendo todo lo que sucede, pero no está en la habitación.

-¿Dónde está?

-Tal vez está estudiando algún libro en su mente. –Le hizo saber manteniendo el tono de voz bajo.

-Es asombrosa.

-Es una tonta. –Declaró con seguridad.

-¿Usted acostumbra hablar mal de sus amigos, Joven Chip? –Quiso saber dándole un pequeño golpe en el brazo y obsequiándole una sonrisa tímida.

-Emma es mi única amiga, ella está al tanto.

-¿De que usted habla mal de ella?

-De que es una tonta. –Concluyó y Alexandra no pudo evitar soltar una risita suave que hizo que todos en la habitación se giraran hacia ellos y los miraran extrañados.

-Su nueva reina ni siquiera finge poner atención. –Bella había tomado el papel de Aurora como antipática del grupo y lo llevaba de maravilla.

-Lo siento mucho, no fue mi intención faltar al respeto…

-Vamos. –Interrumpió Emma. –Ni siquiera yo estaba poniendo atención, ¿Podemos hacer esto ya?, no hay opción y realmente estaremos cerca para mantener orden mientras Alexandra nos necesite, lo han dicho, soy la esposa de Baelfire me he escapado y es algo que debo afrontar con él y el señor oscuro, me conocen, no voy a abandonar a la nueva reina con todo eso, los hemos reunido por protocolo no por consideración, esto se va a hacer. –Impuso con severidad y todos se quedaron suspensos ante sus palabras.

-Creo que la princesa Emma ha hablado. –Megara Accedió y Abigail asintió rápidamente mientras comenzaban el ceremonial que sólo unos años antes le había quitado su derecho sobre la mesa a Regina y se lo había dado a Blancanieves, sólo que esta vez se lo otorgaba a Alexandra quien ante la mirada vidriosa de su madre recibía su primer cargo Real.

-No me siento diferente. –Admitió en voz baja, aterrada sólo para Chip mientras salían del palacio de Midas, esta vez en dirección al palacio que hacía un tiempo había dejado la Regina y donde Anastasia, Drizella, la señora Potts y su padre les esperaban.

Mientras tanto en el Sur, Regina se mantenía impaciente esperando el regreso de Maléfica y Aurora cuidando el palacio y al huevo. Y Graham en un barco, acompañado por Roja se dirigían más allá del mar.