Había conocido a personas tercas pero tu sobrepasaste los limites rosa con patas.
_Prefiero recuperarme en el santuario que en la isla Chronos, entiéndelo por favor Manigoldo.
Manigoldo quería que Albafika se quedara en el pueblo estación hasta que sus heridas curaran del todo, pero ella preparo sus cosas y se disponía a irse al día siguiente de la batalla ocurrida.
_Está bien, pero no hagas esfuerzos innecesarios – le dijo dando un respingo.
Ambos jóvenes iban en sus caballos alquilados, era risible o mejor dicho increíble pensar que estos nobles animales salieron ilesos de toda la masacre ocurrida.
_No soy una invalida, solo no me encuentro en condiciones óptimas, eso es todo.
Cuando llegaron al puerto de la isla se volvieron a dirigir al establo en donde habían alquilado los caballos, nuevamente se encontraron con el fornido rubio, esta vez su disposición era distinta.
_Jamás pensé que serian santos dorados, son muy jóvenes.
_Y tu como supiste eso?, solo ayer ocurrió la masacre.
_Las noticias vuelan, en todos lados hablan del mensajero de la muerte y del ángel dorado.
_No será mucho? – dijo Albafika con sorna, la gente era muy buena para ensalzar las cosas.
_A mi me parece excelente ese apodo – dijo Manigoldo con orgullo.
_Si, si, como quieras.
El barco estaba perfectamente refaccionado y listo para partir, ambos jóvenes estaban muy fatigados como para explicar con lujo de detalles lo acontecido, dijeron un leve "misión cumplida" y cada uno se fue a descansar a su recamara.
Cuando llegaron al santuario lo primero que tenían que hacer era informar de la misión al patriarca, este se encontraba encantado con el desempeño de sus santos.
_Felicidades, jamás pensé que lograrían cumplir la misión tan luego.
_No merecemos tales alabanzas su ilustrísima – recordó haber caído en el engaño del espectro, se sentía como una estúpida.
_Siempre tan modesta, Albafika, deberías aprender de ella Manigoldo.
_No quiero ser como ella, mas terca que una mula.
Ella lo fulminó con una mirada asesina a lo cual el cangrejo solo callo esperando las próximas ordenes.
_Ahora quiero que descansen, y en tu caso Albafika, mandare a una curandera para que se encargue de tus heridas.
_No es necesario gran papa, mi padre me dejo libros en donde se explica el modo de curar las heridas con hierbas y cosmos, yo puedo hacerlo sola.
_Está bien, pero cualquier cosa me lo haces saber – quizás el defecto más grande de la joven santo de piscis era su afán por no molestar al resto.
Al llegar a su templo se despojo de su armadura y sus ropas, se dio un baño de agua tibia, al comienzo esta se filtraba en sus heridas pero luego el dolor se fue aplacando tal cual bálsamo curativo, estaría bien, había pasado por cosas peores.
Dos años después…
Estaba en su templo ordenándolo, parecía ser como si este tuviera la habilidad de desordenarse solo, era el único santo dorado que no aceptaba que las vestales ordenaran sus cosas, ella decía que por su seguridad, los demás decían que porque a las mujeres le gustaba hacer las cosas a su modo.
De pronto sintió un cosmo ligero pero lleno de inocencia amor y calidez, esa aura solo lo podía irradiar…
_Señorita Athena, salga de su escondite por favor, las vestales deben andar locas buscándola – el pasatiempo favorito de la niña Sasha era jugar a las escondidas y como sabía que las vestales no entraban a la casa de piscis, era el escondite perfecto.
Y de allí salió la pequeña de cabello lavanda, sus despiertos ojos color esmeralda miraron a Albafika suplicante.
_No comprendo como siempre me encuentras Albafika – dijo resignadamente, miró hacia el suelo y comenzó a hacer leves pucheros, era normal, aun era muy joven.
_Su cosmo señorita – le contesto suavemente, obviando el hecho de que la pequeña fuera la reencarnación de su diosa le conmovía sus comportamientos, algunos actuares le recordaban a ella misma cuando tenía esa edad, parecía ser que su niñez estaba tan lejana…
_Y no puedo esconderlo? Ni siquiera si me pongo debajo de una gruesa frazada? –Albafika sonrió.
_La fuerza vital no se puede esconder de ese modo, es algo que está dentro de nosotros, sin embargo en su caso es imposible ofuscarlo, los dioses tienen un poder tan grande que no pueden extinguir su cosmo.
_Entiendo – dijo tristemente – sabes? A veces odio mi destino!
_Son palabras muy fuertes señorita – le contesto en un susurro, tenía que mantener la compostura, a pesar de lo horrible que había dicho la niña ella sabía que no eran sus verdaderos sentimientos sino que un capricho producto de su tristeza e incomprensión – todos dependemos de usted, toda la humanidad.
_Lo sé, pero se me pide muchas cosas, fui separada de mis hermano Tenma y Alone, tengo que aprender cosas aburridas, quieren asesinarme…
_Eso no ocurrirá mientras nosotros velemos por usted señorita, nuestro deber es dar nuestra vida en pos de su seguridad.
_Deja de decirme señorita y dime simplemente Sasha.
_Aunque quisiera no podría, ya sabe, la fuerza de la costumbre – le dijo sonriéndole.
_Realmente me agradas, Albafika – le dijo ahora con una sonrisa aliviada – podría decirle al patriarca que me dejara vivir contigo y que tú me cuidaras…
_Ni en sueños señorita! – le dijo perdiendo ahora la calma.
_Dijiste que su deber era cuidarme… - la mirada vagaba confundida.
_Usted sabe que mi sangre es venenosa, de hecho ya es muy peligroso que este aquí, debo pedirle que por favor abandone mi templo.
_... me protegerías… quiero vivir contigo, Albafika! – ahora sus ojos se volvieron cristalinos, estaba a punto romper en llanto.
_Solo puedo procurar que nadie le haga daño… inclusive yo –le dio la espalda duramente pero su interior estaba hecho trizas.
_Debería dejar de molestar al santo de Piscis, Señorita athena.
Entro en el templo Sisifo de sagitario, definitivamente era el que más se preocupaba de las necesidades de la joven diosa.
_No esta molestándome – dijo tranquilamente, cargo unos libros demostrando falsa despreocupación.
_Vamos señorita Athena, es hora de su clase de idiomas – la cargó en brazos, la niña se aferro al cuello paternal de Sísifo y lloro silenciosamente – pido permiso para pasar por tu templo, Albafika de Piscis.
_Puedes pasar – respondió secamente.
Cuando se encontró sola no pudo evitar caer de rodillas, demostrar esa dureza en frente de la persona más importante en su vida, Athena quería vivir con ella, no… Sasha quería vivir con ella y lo único que podía brindarle era protección desde la lejanía.
En completa soledad…
Salinas lágrimas viajaron por el perfecto rostro de la joven, ella escondió sus sollozos entre sus manos, debía estar acostumbrada a esa soledad pero a veces era tan difícil.
-0-
Últimamente los espectros estaban a la orden del día, no eran unos idiotas para atacar el santuario siendo que su dios aun no estaba despierto pero sus ataques de menor escala a las islas cercanas de Grecia le exasperaban.
Los últimos informes decían que estaban atacando a las islas al norte de Grecia, debía hacer algo para por lo menos aplacar los ataques enemigos, aún no hallaban solución a la regeneración de los espectros de menor rango, eran como insectos eternos.
Tendría que disponer de un santo dorado nuevamente, no le gustaba sobrecargarlos pero si quería terminar luego con el problema era la mejor opción.
Optó por llamar a Albafika de Piscis, no le quitaba el cuerpo a misión alguna y era implacable, en estos años como santo jamás había fallado en misión alguna.
_Mando a llamarme? Su ilustrísima – le dijo la joven santo.
_Si, debo disponer de tus servicios nuevamente, los espectros están atacando las islas al norte de Grecia y necesito que los extermines o por lo menos ceses los constantes asesinatos y violaciones que están llevando a cabo.
_Algún espectro en especial? – en estos últimos dos años no se había enfrentado a nadie realmente fuerte, ella no era competitiva, lo que le preocupaba es que el enemigo estaba guardando sus mejores cartas para la resurrección de hades.
_No, solo espectros de rango mínimo, enviare una escuadra de plata para que te cubran.
_No es necesario – le dijo seriamente, prefería trabajar sola.
_Segura? Puedo confiar en que no fallaras?
_Lo he hecho? – le dijo sonriéndole.
_Eres de confianza, está bien… encárgate de ellos sola.
_Si!
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El viaje tenía un transcurso de dos días, volvía a embarcarse en el "guardian de athenas" capitaneados por el vivaz capitán Digory.
Se hallaba apoyada en la zona de babor contemplando el paisaje marino, de pronto sintió pasos cerca de ella, Albafika dio un respingo cauteloso pensando que quizás era algún tripulante queriéndose pasar de listo pero se equivoco.
Era una mujer en la veintena de su vida, era realmente guapa, su cabello corto le llegaba a los hombros y su piel bronceada contrastaba con unos hermosos ojos color miel, era de menor estatura que Albafika.
_Puedo hacerte compañía? – le dijo amablemente, su acento era extraño, debía ser una extranjera ya que no la reconoció como un santo, a estas alturas toda la gente de Rodorio sabía de su existencia y peligrosidad.
_Por mí no hay problema, pero por favor guarda distancia, estoy enferma y no quiero contagiarte – pensó que la joven le reprocharía, pero le sonrió.
_Está bien, gracias por advertirme – había sido fácil y no era malo del todo tener una compañía por más falsa que fuera.
Ambas contemplaron un buen rato el paisaje en total silencio, sus respectivas bellezas en distinto rango era digno de verse, los demás pasajeros no podían dejar de ver aquel sublime espectáculo.
_Cómo te llamas? – rompió finalmente el silencio la joven extranjera.
_Albafika - no tenia por que mentir- tu?
_Roane.
_De dónde eres? Definitivamente no eres griega – tenía esa leve curiosidad.
_Irlanda del norte, y tu?.
_Yo soy oriunda de acá, vivo en Rodorio – no tenia ánimos de explicar que vivía en el santuario, no era necesario decirlo.
_Tampoco pareces griega, eres más bien como Emm… - la miro de pies a cabeza analizándola – sueca.
_Eso no lo sé, soy adoptada.
_Vives con tus padres adoptivos?
_Mi padre falleció hace dos años, ahora vivo sola.
_Yo también vivo sola… soy viuda.
_Tan joven?
_Mi marido era un soldado que murió protegiendo el pueblo en donde vivíamos de los espectros.
_Lo lamento.
_No te preocupes – le dijo con una cortes sonrisa – donde te diriges? Vas a visitar a tus parientes paternos?
_No sé dónde ir – la miró con sus increíble ojos aguamarinos—. no tengo familia, mi padre era la única persona en mi mundo.
_Oh, vamos Albafika - continuo la pelirroja - seguramente tendrás algún joven apuesto esperando por ti.
Albafika sacudió su cabeza negativamente y no pudo evitar sonreír.
_No, lamento decepcionarte.
_No me engañas! aún si pareces tan fría, te vi anoche como observas el cielo nocturno. Como si tu amor estuviera esperándote ahí fuera y te llamara.
El corazón de Albafika dio un vuelco.
Un llamado… por toda la eternidad.
Minos… no había vuelto a soñar con él, no sabía si sentirse feliz o llorar al pensarlo.
_Estas equivocada… Roane, nadie espera por mí.
_Es difícil pensar que careces de prometido siendo tan hermosa.
_No todo es el exterior, es solo el cascaron de nuestra alma – la miro con tristeza – mi alma está podrida.
_Tengo la convicción de que no es así, puedo asegurar que tengo un buen sentido y ese me dice que eres una buena persona, pero vives con miedo.
_Miedo? A que tendría que temerle? – pensó en su propia fortaleza, ella podía matar a quien quisiera, hace muchos años que el miedo se había esfumado de sus sensaciones.
_Miedo a amar y al ser amada, miedo a la dependencia emocional, me equivoco?
En ese momento los pensamientos de Albafika cayeron a un abismo, podía asegurar que el único ser amado que tenía en estos momentos era la joven Sasha, era un amor devoto y puro pero paradójicamente ella no aceptaba que la joven diosa la quisiera, no podía ocurrir aquello.
_Yo estoy sola en el mundo… no necesito el amor de un hombre, si eso es a lo que te refieres.
_Estoy segura que cuando te enamores, lo harás con todo el corazón, aun eres muy joven para pensar en la soledad de ese modo.
Albafika aparentó un falso dolor de cabeza, no quería charlar mas con ella, solo quería estar sola, definitivamente había sido una mala decisión aceptar la compañía de la irlandesa.
_Discúlpame pero estoy mareada, ya sabes… mi enfermedad, iré a mi recamara a descansar.
_Nos volveremos a ver algún dia?
_Puede ser – ella sabía perfectamente que no.
-0-
Nuevamente los lirios blancos contrastantes con el cielo nocturno salpicado de brillantes estrellas.
Allí lo vio nuevamente, se le veía apreciando el fresco aire nocturno, Albafika intuitivamente fue hacia él, a pesar de las brillantes estrellas Minos brillaba para ella aún más fuerte.
Su figura imponente se destacaba fácilmente ante el cielo nocturno, un ángel oscuro, suavemente la brisa jugó con la plateada cabellera, una visión surrealista.
La suave voz profunda le recordó a Albafika que era meramente una ilusión desesperada de sus sueños.
_Nos volvemos a ver después de dos años, te has convertido en un ángel besado por el sol… Albafika de Piscis – su mirada amatista recorrió ávido todo el cuerpo de mujer ahora desarrollado en su totalidad – dime… que te ha hecho llamarme?
_No lo sé... – replicó confundida - esta vez puedo aceptar mi debilidad por ti sin reproches – suspiró con pesar - no era el deseo que me conducía, sino simplemente mi vulnerabilidad ante ti.
Una encantadora y maliciosa sonrisa resaltó en el rostro de Minos
_Vulnerabilidad ehh? - rió suavemente - sí, eso encaja mejor...
_¿Por qué encajaría?
_Compañía, corresponde a la naturaleza humana.
Los ojos de Albafika miraron con escepticismo a Minos.
_No me crees? déjame explicar o decir algo.
La joven se acercó más a él, este con parsimoniosa voz agregó.
_Los seres humanos son seres ávidos de compañía, puede ser de muchos tipos como la amistad la devoción y la pasión.
_Hablas como si no fueras humano…
_Realmente lo soy? – le dijo mirándola profundamente, codificando cada uno de sus pensamientos en los de su receptora.
_Te lo repito, la misma pregunta que hace cinco años… que quieres de mi?
_Bueno, qué te puedo decir? - rió con suavidad- yo te encanté desde el primer momento como tu futuro, nosotros somos seres más parecidos de lo que piensas, quiero que vivas y permanezcas en eternidad conmigo, eres mía y lo serás por siempre.
Albafika fue tocada por los sentimientos, la explicación de Minos tenía coherencia, tanto si le gustaba como si no.
Ambos podían sentir y amar?.
_Te irás nuevamente? o permanecerás a mi lado?
No sonó como pregunta, más como petición.
Ella se inclinó más cerca, sintiendo los labios suaves, posarse en la piel de su cuello, pero antes de poder besarle Albafika se apartó suavemente.
_Y un ser tan egoísta me dejaría partir? - preguntó con calma, mirando sus ojos.
Minos frunció levemente el ceño, el resplandor violeta se reflejaba en un mar turquesa.
_Qué harías? , robar mi cuerpo y alma? - continuó Albafika, mezclando sus delgados dedos en la cabellera plata y lo acercó de un tirón, suaves labios cálidos rozaron la mejilla del santo.
_Te quiero… -susurró Minos, cerró sus ojos percibiendo el aroma a rosas en la piel de su amante- no como mi prisionera...
Entonces no lo comprendía, lo que él quería decir, todo habría sido una mentira?. Una mentira podría ser dicha muy fácilmente. Pero estaba cansada de aquello, durante casi dos años se mintió a sí misma constantemente mientras estuvo lejos de Minos aunque no estuviera en su realidad.
Allí estaba la verdad y el refugio que buscaba, quería sentir la felicidad perdida recorrer su joven cuerpo, no podía aceptarlo, iba en contra de sus creencias, pero esta vez quiso ceder y reconocer algo de verdad… se quedaría, daría amparo y bálsamo a su corazón magullado, la paz que su alma sentía en ese momento, la saborearía.
Por un tiempo…
_Yo... - titubeo Albafika, quizá por primera vez en su vida haría con plena conciencia lo que quería, algo que no fue dictado por su conciencia o sentido del deber, era como si por su felicidad debía sufrir las consecuencias… caer en el abismo - me quedaré.
Como un cálido abrigo el cuerpo de Minos se cerró contra el suyo. Sus labios se apretaron contra los suyos, no podía saber si había tomado la decisión correcta sin embargo en ese momento se sentía una tonta, por haber alejado la felicidad tanto tiempo de sí misma.
Reprimió todo a sabiendas de que era la muerte quien le atrapaba y apresaba… por la eternidad.
Sus sentidos se desvanecían, suavemente impulsados por un aura de seguridad, le saludó un cálido aliento, sólo para perderse en el fuego de su boca, su cuerpo estaba disfrutando la posesión de Minos impulsando la sangre en sus venas.
Apasionadamente Albafika devolvió el trato, sorprendiendo al platinado quien podía sentir su aliento caliente sobre su piel, embriagado por las caricias, sus labios se hinchaban ante los besos agresivos, demandantes y pasionales, que fueron devueltos con igual devoción.
_Serás mía – en un gruñido a una mínima distancia el platinado le habló – por siempre…
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Despertó perlada en sudor, era cada vez más extraño, sus tabús se veían inhibidos en esos extraños sueños, tan reales…
Lloró amargamente, no sabía realmente el motivo, sería su estúpida decisión? O saber que le esperaba la inminente realidad.
Minos no existe, es tu amante imaginario…
Le costaba creerlo, se veía tan real y natural, no podía ser que semejante avidez, semejante pasión no fueran reales.
Que podía hacer? Nada realmente, su destino era ser un santo y unos sueños húmedos no la distraerían en su verdadero objetivo.
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(Contenido sexual)
La muchacha cayo exhausta sobre los almohadones, pero Minos quería mas, siempre quería más era como si la llama de su pasión no fuera apagada con nada ni con, deposito fogosos besos sobre los senos de la joven dejando notorias marcas.
Liberó un gruñido ronco como su pasión viajando directamente al éxtasis. Minos podría sentir el espasmo y el chorro en olas cálidas en el cuerpo de su amante y continuó sus empujes más rápidos y profundos antes de que la libertad lo reclamara también. Tensó sus dientes y gruñó, sintiendo la tensión dejar su cuerpo como su semilla era liberada.
Ella respiraba con fuerza y se estremecía ligeramente como su clímax y esencia describía el de placer de su cuerpo cansado, se hallaba enrojecido, en rosa encendido, su cuerpo desfalleció poco elegante bañado por la luz de las velas, el platinado salió de su cielo apretado, dejándola reponerse a la intensidad de su pasión.
Toco suavemente el cuello de la joven, hizo un pequeño movimiento y esta se vio desnucada al instante, no tenía intenciones de jugar más con su presa.
Ya nada era suficiente, ninguna amante apagaba ese abrasivo fuego en su interior, en los últimos años sus relaciones carnales se habían vuelto monótonas… aburridas y predecibles.
Sin embargo desde hacía unos cinco años le ocurría algo extraño, era invadido por lagunas mientras fornicaba, su amante fuera quien fuera se transformaba en la joven más hermosa que Minos había visto en su vida, su piel de marfil brillante ante la cálida luz de las velas, ese angelical rostro de mirada cerúlea extasiado, ese cabello aguamarino que grácilmente rodeaba sus dedos.
Lamentablemente aquella chica era obra de los anhelos por tener una amante que satisficiere todos sus deseos, sabía perfectamente que no existía.
Se levantó de su lecho y se vistió rápidamente, estaba aburrido, lo más probable es que esperaría un tiempo antes de buscar a su nueva presa.
-0-
La misión había sido demasiado fácil, solo eran espectros de bajo rango que podían morir con el soplido de un bebe. Albafika se encontraba conforme ya que había terminado rápido, realmente no tenía ganas de luchar, solo quería sumergirse en el olvido, refugiarse en sus rosas las cuales eran las únicas que la iban a amar incondicionalmente.
Cuando se dirigía camino al puerto para devolverse al santuario, escucho a un niño gritar aterrado.
_Vuelve aquí mocoso imbécil! Te crees capaz de escapar de esta isla?! Algunos espectros alcanzaron al pecoso niño, su mirada estaba desfigurada por el terror.
_Es suficiente escoria! –la voz femenina provenía una esbelta silueta cubierta por una capucha blanca, parecía ser que no había exterminado a todos los espectros.
_Como!? Idiota!
_No soporto ver a cucarachas como ustedes atacando a un niño.
Quien es realmente? Pensó el niño.
_Se quedaron mudos? Vamos! Albafika de Piscis va a exterminarlos.
Aunque estaba a punto de morir, ahora solo puedo contemplarla, es increíble que exista una persona tan hermosa.
_No nos gustaría desfigurar tan lindo rostro, pero te lo buscaste maldita bastarda! – dijo uno de los espectros.
_Te debe gustar ser tan bella – dijo otro irónicamente.
_Y si nos entretenemos con ella en vez del mocoso? – dijo uno con mirada lujuriosa – ella no reacciono ante tales palabras – me estas escuchando!?
_Lo siento pero no vale la pena hacerlo, no se debe oír a las cucarachas.
_Que seas hermosa no te da el derecho a insultarnos!
Todos se lanzaron con intenciones de matar a la forastera, esta apretó la rosa que llevaba en su boca.
_Royal Demon Rose! - Todos cayeron como moscas haciendo un sonido sordo con el suelo mojado por las constantes lluvias – Demon Rose, estas rosas están impregnadas de un veneno que les ira quitando los cinco sentidos lentamente hasta hundirlos en el abismo, este veneno es suficiente para acabar con escorias como ustedes.
_No… no puede… ser, es un… cloth dorado.
_Ya veo… eres la tipa del veneno, el…santo de Piscis.
De ese modo los restantes espectros perecieron.
_Te encuentras bien? – dijo Albafika preocupada.
_Ahh… si! – el chico seguía mirando embelesado a la joven – muchísimas gracias!, me llamo Pefko, me perdí en el camino y esos espectros comenzaron a perseguirme.
_Debes tener más cuidado para la próxima, por poco y te matan.
_Lo siento, pero no puedo evitar estar feliz! Es la primera vez que veo a un santo de oro, los santos de athena avatares de las constelaciones del cielo que se preocupan de resguardar la paz en la tierra. Y entre ellos los doce más poderosos son los que representan las constelaciones del zodiaco, los santos de oro, las más fuertes que existen! – sus inocentes ojos brillaban admirados.
_Veo que te gusta hablar – le dijo, se sentía algo atropellada por todas las alabanzas del niño.
_Aun estoy sorprendido, usted es muy fuerte! Sin contar su belleza, no puedo creerlo – ante esas palabras Albafika se sintió incomoda, no le gustaba que la juzgaran por su belleza.
_Como sea! Si te gusta hablar tanto es porque estás bien, mejor me voy… - de ese modo le dio la espalda al niño y se encamino al puerto.
_Ehhh?! – salió a su siga – acaso dije algo que le molesto? Ahh! Siempre me pasa lo mismo, disculpe pero espéreme Señorita Albafika!
Se acercó peligrosamente…
_No me toques! – le dijo entre enojada y aterrada, a lo cual el niño solo la miro sorprendido ante tal reacción – Tu también debes irte, podría volver a pasarte algo malo, este camino es peligroso.
El contacto del pequeño Pefko, tan inocente…
No…
Asi va a ser mejor…
-0-
El viaje de retorno al santuario fue en total tranquilidad, Albafika agradecía eso, sabía que se avecinaba la próxima guerra santa, allí no tendría tregua, quizás iba a ser mejor ya que no tendría tiempo para pensar en estupideces.
Debía informarle al patriarca el cumplimiento de su misión, llegó a las 12 casas, debía pasar por cada una, no tendría problemas en ello, más que mal vivía en la última, siempre debía pedir permiso para pasar.
Escucho sonidos metálicos en la casa de aries, ese debía ser Shion reparando las armaduras.
_Albafika! – le dijo alegremente el lemuriano al verla, siempre se alegraba al hacerlo, a pesar de lo arisca que era su compañera – recién dejo de llover y pareces venir de una misión.
_Si – le dijo cortantemente, no tenía ganas de hablar con nadie, ahora no – Debo ir al recinto del patriarca a dar mi informe, voy a pasar… Shion.
Todo iba normal hasta que Shion se dio cuenta de la herida que se había hecho en el brazo derecho, había sido un estúpido descuido.
_Espera Albafika! – esta se dio la vuelta algo molesta – te hirieron en la misión? Tu hemorragia no se detuvo, hay que curar esa herida.
_A un lado Shion! – le dijo ácidamente – cuantas veces tengo que repetírtelo? No me toques! – le dio la espalda encaminándose al siguiente templo.
_Sabes Albafika? yo no le temo a tu sangre envenenada.
La joven abrió sus preciosos ojos de par en par, afortunadamente nadie vio aquello, luego su mirada volvió a tornarse triste.
-0-
Abrió las puertas de la cámara del patriarca.
_Ah, Albafika, es raro verte tan tarde – le dijo sonriéndole – al final pudiste cumplir con tu misión y te encargaste de esos espectros en el norte, te felicito.
_Si papa, no merezco tales alabanzas – le dijo con tristeza, realmente no quería estar allí.
_Pero no luces bien, acaso te paso algo malo? - Le dijo evidentemente preocupado.
_No se preocupe su ilustrísima.
_Ya veo, no quiero ser exigente pero tengo que encomendarte otra misión.
_Cual es? – sí, eso sería lo mejor de ese modo se olvidaría de sus fantasmas.
_Supongo que conoces la isla de los sanadores.
_Es una isla cercana al santuario, allí se encuentran los curanderos y medicinas capaces de sanar cualquier herida o veneno existente.
_Es cierto, muchas hierbas medicinales florecen allí, el santuario y Rodorio hacen uso de esas medicinas.
_Entonces cual sería el problema? – no lo comprendía, parecía ser que no había rastro de espectros en ese lugar.
_Un hombre llamado Luco cultiva una hierba que ningún veneno o herida pueden resistir, pareciera que ese hombre tiene un don divino.
_Una hierba capaz de curarlo todo… realmente existe eso? – se encontraba confundida, significaba que había solución… No, ella seguiría con la senda de piscis hasta su muerte.
_Sin embargo Albafika, la señal del desastre comenzó a cernirse en aquella isla.
_Se refiere a los espectros!
_Debes partir mañana inmediatamente, si llega a haber una tragedia en esa isla no solo el santuario sino que toda la zona colindante se va a sumir en un profundo caos, debes ir de inmediato, entendido Albafika?
_Si!
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Era de noche, Albafika se encontraba en el jardín de la casa de piscis.
Este jardín nunca cambia, como siempre no hay más que mis rosas envenenadas, nadie ni siquiera las aves, ni insectos ni otras plantas ninguna clase de vida puede florecer aquí, solo un perfume tóxico que inunda esta lugar.
Tomo una rosa…
Igual que el veneno que fluye por mis venas, sin embargo este es el único lugar que puedo considerar mi hogar.
La rosa dio limpiamente en un viejo blanco…
_Aunque debo partir para una misión – le decía a la tumba de su padre – mi maestro, Lugonis. Nunca voy a olvidar la soledad y las técnicas que usted me enseño a costa de su vida, porque son el orgullo de piscis!
