Había llegado de su misión en la isla de los sanadores, todo ello la hizo meditar de sobremanera.

El pequeño Pefko le había prometido que encontraría una cura a su sangre envenenada, ella simplemente le había seguido el juego dentro de su inocencia de niño

Había tomado una decisión, sin cavilaciones protegería a los seres inocentes como Pefko y Agasha y si eso le hacia no poder tocar a nadie por el resto de su vida, asi seria.

Flashback

Una niña corría en dirección al santuario, se le había encomendado la misión de entregarle un arreglo florar al papa pero a este paso las flores se malograrían mucho.

De pronto sintió como era cubierta por un manto blanco, quien se lo había cedido?

Una joven de una belleza indescriptible, portaba indumentaria dorada, su cabello ahora mojado descansaba apaciblemente en su delicada espalda, era Albafika de Piscis.

_Muchas gracias, se acerco para agradecerle.

_No te me acerques! – le dijo duramente, sin esperar reacción alguna de la niña se fue del lugar

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_Aunque tan solo pensaba en agradecerle, ella contesto con esa horrible expresión – dijo algo molesta y decepcionada – a pesar de que la señorita Albafika es hermosa da la sensación de ser muy fría.

_Vamos no digas eso – le reprendió su padre – existe una razón por la cual ella se mantenga alejada de las demás personas pero debido a su elegante figura es fácil que se produzcan malos entendidos de su parte pero aquella joven piensa que podría dañar a los demás con su propio cuerpo.

_Y eso por que?

_Como consecuencia de su largo entrenamiento su sangre se inundo de veneno volviéndose inmune a este y pensando que su sangre envenenada pudiera hacerle daño al resto se excluye a si misma.

_Fue por eso – ahora lo entendía, era simple y llanamente preocupación por su seguridad.

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_Padre, iré al santuario a devolverle su capa a la señorita Albafika.

_Es muy posible que no puedas devolvérsela directamente.

_No importa, lo comprendo – dijo sonriendo – aunque fuera desde lejos me gustaría darle mis saludos y agradecimientos, aunque sea solo un poco.

Se dirigía al santuario cuando de pronto…

_Agasha…

La aludida se dio la vuelta viendo unos hermosos ojos turquesas bastante confundidos, era Albafika.

_Señorita Albafika… esto… me dirigía al santuario a devolverle la capa que me presto para resguardarme de la lluvia, me tome el atrevimiento de lavarlo.

Siempre guardando la distancia Albafika tomo la capa entre sus brazos, su mirada se ablando ante la mirada expectante de la niña.

_No era necesario que hicieras eso, pero igualmente… gracias – le dijo con una sincera sonrisa.

_No no! La que le debe decir gracias soy yo, además fui una tonta pensando que usted era una persona fría, yo sé que no lo es, solo quiere protegernos, pero sepa esto… no todos le tenemos miedo a su veneno.

_Es mejor que tomes distancia prudente… pequeña.

De ese modo la joven se fue en dirección a su templo.

Fin Flashback

Nunca más volvió a usar la capa que le fue devuelta por Agasha, ésta olía a lavanda y sabia que si la usaba la impregnaría nuevamente de su característico olor a rosas.

Después de la misión en la isla de los sanadores su modo de ver las cosas cambio, podía estimar a las personas a su alrededor siempre y cuando no propasaran el límite y quisieran tocarla, a pesar de que su personalidad fuera bastante apagada intento volverse más amable con el resto.

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_Vamos Minos no seas aburrido como Rada – le dijo un apuesto joven de cabellera negra, Aiacos de Garuda.

_No lo entiendes? Es peligroso ir al pueblo de Rodorio, podemos ser localizados por algún santo dorado.

_Desde cuando el miedo se apodera de ti Grifo? – le dijo desafiante.

_No tengo miedo, ambos sabemos que fácilmente puedo imponer mi voluntad sobre las marionetas del santuario – le dijo con una sonrisa retorcida, sus manos ardían por hacer bailar en posiciones cripticas a aquellos bastardos – pero aun no es el momento de atacar, el señor hades aun no despierta.

_Yo no te estoy invitando a combatir, te estoy invitando a cazar, es muy distinto- le dijo con mirada lasciva.

_Ya no me interesa demasiado aquello, no creo que las jovencitas de Rodorio estén a nuestro nivel – su fuego interno lo abrazaba contantemente sin embargo dudaba que fuera a ser saciado por alguna pueblerina cualquiera.

_Ni siquiera como carne de cañón? – Minos lo miró de soslayo sin mucho interés – hagamos una cosa, nadie te obliga a apropiarte de una mujer, pero por lo menos acompáñame, es aburridísimo beber solo.

_Podemos beber acá – le dijo irónicamente a lo cual Aiacos hizo una mueca de asco, no le gustaba beber con Radamanthys exactamente, el rubio tenía un aguante que sobrepasaba los limites, siempre terminaban compitiendo por quien bebía mas tal cual juego adolescente– está bien tu ganas.

Ambos jueces perpetuos se despojaron de sus sapuris y se vistieron como personas normales, mejor dicho… como seres vivos.

El atardecer teñía el pueblo de Rodorio de tonos anaranjados y canelas, Aiacos se veía como un niño que sale de excursión, por su parte Minos mas compuesto denotaba infinita elegancia con su largo abrigo negro.

Entraron a una "cantina" que en las altas horas de la noche funcionaba como hostal y burdel, era un secreto a voces.

Se sentaron en una mesa bastante apartada del resto, allí fueron atendidos por una guapa y exuberante joven peliroja.

_Que se van a servir los señores?

_Whisky preciosa – le dijo Aiacos, ella se sonrojo ante la mirada galante y posesiva del moreno.

_Vodka puro – dijo parcamente Minos, la joven lo miro con interés, hacía mucho tiempo que no veía a un hombre tan apuesto como el platinado.

La mujer dio la media vuelta y se dirigió al mesón principal contorneando sus caderas tentadoramente.

_Que tal?

_Vulgar…

_Di lo que quieras Grifo, a mi me gustan así.

_Bien por ti – despejo un mechón de su fleco plata- siento que estoy perdiendo mi tiempo acá.

_Dime qué cosa tan valiosa puedes hacer en el inframundo… leer? Fastidiar a los más débiles?

_Sabes que ese es mi deporte favorito – le dijo sonriendo con avaricia.

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Se sentía extraña, nunca se había puesto un vestido, lo acepto de mala gana de parte de Agasha ya que lo había hecho ella misma.

Era de un azul marino intenso, le llegaba hasta arriba de las rodillas, sus mangas eran acampanadas y el cuello estaba cortado en v mostrando su formado busco, se ceñía perfectamente en su delgada cintura.

_Parece una princesa de un cuento de hadas señorita Albafika– le dijo Agasha soñadoramente.

_Agasha, esto no va conmigo, yo soy un santo, no una damisela.

_Prométame que se lo pondrá cuando venga al pueblo de Rodorio.

_Ustedes las mujeres tienen que llevar puesta siempre esta ropa incomoda? – le parecía algo espantoso.

_Habla como si no fuera una mujer, debe florecer su lado femenino, ahora prométame que se pondrá el vestido por lo menos cuando venga al pueblo.

_Está bien – quien le mandaba a hacer tales promesas?

_Entonces le hare muchos vestidos – le dijo dando saltitos de alegría.

_Espera, no soy tu muñeca tamaño adulto Agasha…

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Las primeras ocasiones la gente la miraba extraño en la calle, eso era porque estaban acostumbrados a verla o con ropa de entrenamiento o portando su cloth.

Pero honestamente ver a Albafika de Piscis con vestidos era algo digno de admirar.

Se le había hecho tarde, quizás demasiado, se había quedado pegada en la biblioteca del pueblo leyendo un libro sobre vampiros, allí hablaban de que la sangre se podía dominar, no pudo evitar sonreír, era lo mismo que había aprendido en su entrenamiento.

_Si vuelvo al santuario despertare a todos mis camaradas al pasar por sus casas – pensó preocupada, no quería toparse con un Manigoldo o Kardia de sueños interrumpidos – lo que mejor puedo hacer es pasar la noche en una hostal.

Todas las hostales estaban cerradas, tan tarde era? Solo le quedaba una opción, aquella posada-cantina-burdel, lo peor de todo es que estando con vestido era reconocida como santo por el mínimo de personas y era víctima de miradas en una cantidad abrumantemente mayor que cuando estaba vestida normalmente.

Un escalofrió recorrió su espina dorsal, no era por su seguridad sino que por su orgullo.

Vamos, es eso o que duermas en el bosque, o peor aun que Manigoldo te mande a Yomotsu.

Tenía la personalidad suficiente como para enfrentarse a hordas de espectros y no podía entrar a una simple posada?, tanto importaba su dignidad como guerrero? inspiro aire como buscando confianza y se dispuso a entrar como una persona normal.

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Minos y Aiacos conversaban mientras bebían sus respectivos licores.

_Alguna presa que te interese?

_No – boto un suspiro decepcionado – nada.

_Ya llegara - le dijo dándole una palmadita.

_A esta hora no lo creo, las de mi gusto no frecuentan sitios como este, amo poseer la carne joven e ilustre.

Sonó la campanita de la puerta principal, y allí la vio, una joven de cuerpo menudo y rostro de ángel, su piel blanca como la porcelana contrastaba con el color oscuro de su vestido en una perfecta armonía a los ojos del juez, su cabello aguamarino caía como una cascada hasta su delgada cintura, sus ojos turquesa de profundas pestañas viajaban indagadores, como buscando algo en especial hasta que sus miradas se encontraron.

_Minos… Minos! – le dijo preocupado Aiacos, él se encontraba de espaldas a la puerta lo cual no había visto el objeto del embelesamiento de su camarada.

El rostro de Minos se ensombreció y en su rostro se formo una torcida sonrisa.

_Creo que fue la mejor idea que has tenido en mucho tiempo, querido Aiacos – le dijo sin apartar su mirada de la recién llegada.

_De que estás hablando? – Habían pasado meses desde que Minos no tenía esa expresión, se dio la vuelta viendo a la joven que acababa de entrar… ahora lo entendía todo, definitivamente ese era el tipo de Minos, y porque no, de la mayoría de los hombres ya que ninguno apartaba la mirada de la joven peliceleste.

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Quedó de piedra, sus piernas temblaron y su corazón latió rápidamente como si quisiera salir de su boca.

Era él, el mensajero de su futuro existía, habían pasado mucho tiempo, años convenciéndose que era un juego traicionero de sus sueños, de sus anhelos, que haría ahora?

Una parte de ella le dijo que corriera tal cual liebre arrancando de su captor hambriento, pero ella no era así, quizás era simplemente un joven parecido a él.

Esa mirada…

Guardo la compostura, se dirigió elegantemente hasta el mesón principal, allí se encontraba el dueño del local un hombre de mediana edad y cabeza cana.

_No es usual ver jovencitas como usted en mi local – le dijo sinceramente – se le perdió alguien?

Ya lo creo, perdió su refugio, sus convicciones temblaron, primero una supuesta cura a su soledad y luego el personaje que literalmente le quitaba el sueño en la vida real, o era este un sueño también?

_Tiene una habitación que ofrecerme?

_Creo que me queda una pero eso no le saldrá barato- dijo ambiciosamente, la damisela tenía aspecto de ser de buena familia, le sacaría buen dinero.

_Cuanto quiere? – le dijo cortantemente.

_20 monedas de oro – Albafika abrió los ojos como platos, no es que no tuviera dinero pero lo había gastado en el transcurso del día.

_Que me puede dar por 7 monedas de oro?

_Solo licor, no alcanza para habitaciones – la miró de pies a cabeza, era realmente hermosa, mucho más que cualquiera de las chicas que tuviera trabajando con él – pero podríamos hacer un trato.

_Cual sería? – si era una propuesta indecente se iría inmediatamente.

_Que trabajes esta noche para mí por una habitación – le dijo con voz interesada.

_No me acostare con sus clientes si eso es lo que piensa – le dijo con falsa tranquilidad, era ridículo, le tocaban una hebra de cabello y ella los ensartaba en sus rosas.

_Se que las jovencitas como tú no están interesadas en esa "atención" , yo me refiero a que trabajes como camarera, que te parece?

Albafika lo pensó, estaba realmente interesada en saber quién era el joven platinado, sentía que la mirada de él no se apartaba de su espalda como puñales.

El santuario no tiene por que saber que trabaje como camarera, se supone que es un trabajo digno… no?

_Está bien, trabajaré para usted.

El dueño del local le pasó un delantal blanco con encajes, todas las camareras lo usaban, era más ornamental que práctico pensó Albafika.

_Atiende esa mesa, esos extranjeros llevan buen dinero – si sus cálculos no se equivocaban aquella jovencita terminaría con cualquiera de aquellos dos jóvenes.

Albafika cerró los ojos y dándose valor se dirigió a aquella mesa.

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_Tu presa viene voluntariamente hacia acá – dijo Aiacos con sumo interés – tiene una belleza sublime.

Minos lo asesinó con la mirada, no permitiría que Aiacos interfiriera en su caza, iba a ser exclusivamente de él

Su modo de caminar, elegante y grácil, como un cuadro ilustrado, su cabello se movía graciosamente al ritmo de su andar.

_Se servirán algo más? – dijo intentando sonar amable, no miro en ningún momento al joven de cabellos plata pero aun así sabia que este no despegaba la mirada de su persona.

_Yo si - dijo Aiacos mientras se levantaba de su asiento para sorpresa de Albafika, se dirigió hacia donde estaba la camarera pelirroja y sin permiso alguno la cargo y subió las escaleras.

El joven platinado sonrió lascivamente, era la misma sonrisa que su protagonista onírico.

_Usted se servirá algo caballero? – se sonrojo ante la mirada posesiva sobre su cuerpo – algo para beber.

_Tráeme un vodka puro y uno con jugo de naranja.

_Puede pedirlo separados así se lo damos recién servido.

_No lo entiendes? Te lo explicare – uno es para mí, y otro para ti.

_Lo siento, estoy de turno – controlador, posesivo, hasta el momento era idéntico, debía seguir analizándolo.

_Eso se arregla fácilmente – se levanto de su asiento, sus largos y garbosos pasos cubrieron la estancia, todas las demás camareras se encontraron apreciando a tal apuesto hombre.

Volvió con ambos vasos servidos, los puso sobre la mesa con cuidado y se sentó, con su mirada amatista señalo una silla al lado de él para que la joven tomara asiento también.

_Que hizo? – dijo finalmente Albafika.

_Elemental, tu no trabajas aquí, fui y hable con el dueño, le pague una habitación para que pasaras la noche.

_Disculpe pero no estoy a la venta – le dijo enojada.

_No me trates de usted que me siento viejo – aunque en realidad lo era.

_No nos conocemos, es normal que te trate así.

_Realmente no nos conocemos? dime tu nombre – no era una pregunta sino una orden.

_Albafika – algo le decía que no debían esconder su verdadero nomnbre – me podrías decir el tuyo también?

_Minos – le dijo dándole un sorbo a su bebida.

La joven se congelo ante tales palabras, era como un tétrico dejavu.

Es él, no cabe duda son idénticos, los mismos modos, la misma posesión, la misma maldad, el mismo atractivo.

_Eres extranjero… cierto? – dijo confundida, eran preguntas de distracción, realmente no le importaban, estaba con su captor, le pediría que la llevara con él?

_Noruego – dijo con sorna – pero ambos sabemos que eso es lo de menos, cierto querida?

Maldición! Sabe todo con antelación es un digno mensajero del futuro, ahora estaba en su presente carnal y no onírico, debía tener mucho cuidado si no quería caer en el abismo.

Minos sonrió con presteza, la joven de sus sueños era un reto, hace cuanto que no tenía uno?, se transformaría en su nuevo juguete favorito, seria suya.

_Dime Albafika, de que familia vienes?, eres oriunda de acá cierto? – quizás fuera descendiente de alguna amante de antaño de él aunque lo dudaba, no veía belleza tan sublime de hace mas de mil años.

_¡Ese no es tu asunto! - la respuesta era como el rugido de un animal furioso, Minos optó por ser paciente con la joven – no puedo saberlo, soy adoptada – dio un hondo sorbo a su bebida, nunca había bebido licor, este paso como fuego contenido por su garganta dándole coraje.

_Entonces vives con tus padres adoptivos… - sentía curiosidad.

_Están muertos – dijo mecánicamente volviendo a mantener la compostura, recordó a su padre, que pensaría al verla en esta situación?

_Estas sola… - una persona normal hubiera dicho "lo siento" pero Albafika sabía perfectamente que Minos no era un sujeto normal.

_Podemos retirarnos? -dijo fríamente, no quería estar en esta maloliente cantina.

Minos observó sorprendido a Albafika pero se compuso de inmediato, la chica estaba jugando con fuego, le demostraría lo abrasivo que podía ser.

_No llorarás? – era anormal que no lo hiciera.

_Eso no los traerán de nuevo a la vida? – bajo la mirada orgullosamente y agrego – será mejor irnos de aquí.

_Donde quieres ir?

_A la alcoba que arrendaste.

_Es tuya…

_Me niego a aceptarla – dijo hoscamente.

_La noche está muy avanzada para mí, soy nocturno pero no tanto, con mi amigo tenemos una finca al norte del bosque, eres libre de hacerme compañía, o seguir tu propio camino.

Era cierto había una finca en el bosque, solo algunos criados vivían allí, tanto dinero tenia Minos?

_Por qué tanta generosidad? -lanzó Albafika hacia él con rencor.

Minos le miró penetrante, no estaba realmente de humor para confrontaciones, así que se abstuvo de dar respuesta.

En silencio salieron de la cantina y caminaron en silencio hacia el bosque al norte de Rodorio.

La finca resultó ser una pequeña villa que estaba sola en el bosque, mientras Albafika entraba en la estancia, sus ojos vagaron con nostalgia sobre la imagen, el amplio porche estaba cubierto de hiedras salvajes.

_No te agradaría permanecer conmigo hasta que despunte el día? -preguntó Minos con ansiedad- ahora corres un riesgo muy grande, estado sola en el bosque.

Albafika estuvo a punto de romper en risas, había ido a la boca del lobo y este le decía que el bosque era peligroso… el mundo se burlaba de ella.

Cuando sintió la mano de Minos en su hombro, no pudo reprimir un sollozo.

_Él era como mi padre – no había llorado a Lugonis desde el día de su fallecimiento en sus brazos, que tenia aquel desconocido que la hacía abrirse por completo?

Minos se estremeció ante las palabras que salieron suavemente en los labios de la joven, una vez dijo qué era para Albafika fue como si previera las actuaciones en su corazón.

Lugonis, su padre había muerto por su causa y ella no pudo hacer nada para salvarle de ese destino cruel, su cuerpo impotente tenía que concederse a la realidad.

El peso de la tristeza era demasiado, perdió el equilibrio y cayó a tierra, su corazón se sentía aplastado, inyectado en sangre.

Sus gritos resonaron en la noche estrellada, dolor rompiendo el silencio contenido en los años, jamás se lo perdonaría había prometido no llorar, pero gota a gota las lágrimas humedecían la tierra, buscando consuelo, sus dedos se clavaron en la maleza, el dolor en su interior parecía devorarla poco a poco

Estaba sola.

Finalmente.

_No debes llorar sola- la voz de Minos era amable.

Fuertes brazos envolvieron su frágil cuerpo tembloroso e intentaron brindar consuelo, la seguridad en los brazos de Minos era tal cual lo había soñado, no, era aun mejor, real y tangible, este apaciguaba en algo el dolor de Albafika, el frío helado en su interior dio lugar al calor que le rodeaba.

Suavemente la levantó y ayudó a entrar en la casa, el cuidado que emanaba ese gesto podía, finalmente silenciar sus temores.

Extrañamente no se oponía el contacto directo con Minos, era como si este fuera inmune al veneno, no era que no le importara su vida pero era algo que daba por hecho desde que lo conoció cuando era niña, ellos ya se conocían.

Con la certeza de obtener un control, y entregarse a su pesar. Esa fue su cruel condena, un santo que siempre se defendió solo encontrando consuelo en un hombre, su orgullo malogrado.

Los intentos por escapar del abrazo fueron ignorados por Minos, al igual que los insultos contenidos durante tantos años, indulgentemente toleró su rebelión y dio sólo ternura de respuesta.

La joven cedió exhausta después de algún tiempo, sólo cuando se calmó por completo, sin más lágrimas humedeciendo sus ojos, fue liberada de las garras.

Como si ellos mismo abrieran las palabras en Albafika, tenía que hablar con claridad:

_Yo viví toda la vida con mi padre, el me crio con amor y atenciones, cuando cumplí los 10 años contraje una enfermedad mortal muy contagiosa, estuve danzando con la muerte más de una vez. Él estuvo conmigo sin importar lo que dijeran los demás, termine acostumbrándome a la enfermedad pero él no resistió y murió.

No mentía, solo contaba la historia para que su captor no supiera que era un santo, aun no sabía porque era tan importante esconderlo.

Ambos estaban destinados a conocerse desde hace años pero Albafika aun batallaba en contra de sus miedos.

_No puedes tocarme, morirías a causa de mi enfermedad…

_Lo entiendo pero, comprendes que también necesito seguridad? después de tantos meses buscándote... aún espero, Albafika, y quiero saber qué tan lejos puede llegar mi esperanza.

Albafika quería impulsar el tema a otro lado, ya su vida se había revolucionado lo suficiente por saber que era tangible. Quería elegir las palabras con cuidado, pero estaba demasiado colgada en las emociones.

_La idea de perderte también era insoportable para mí en ese momento -dijo en un susurro- sentía que mi alma moriría si me desprendía de la última parte de amor en mi vida, no sin razones evito el contacto físico, dar mi corazón a un hombre es como pisotear mi orgullo y tu seguridad.

Tiene el corazón en la mano, y sólo yo, tengo acceso...

Con sensibilidad sus largos dedos recorrieron la mejilla de la joven, sus labios descansaron en su frente brevemente - quédate conmigo, puedo ofrecerte todo. Llenar ese vacío en tu corazón, deja que te muestre un nuevo mundo...

Sonaba tan atractivo…

Seductor como la dulce miel pero arriesgado.

Los ojos de Albafika estaban vidriosos de nuevo, tomando fuerza de voluntad se apartó de su toque.

_Es por eso que temo estar tan cerca... no sé si te das cuenta de lo mucho que ya he sacrificado. No me pidas también mi última gota de amor propio, no puedo dar mis sentimientos y seguirte.

Una sonrisa seductora tocó los nobles rasgos de Minos. Las dulces palabras de la joven que quería esconder a como de lugar que brindaba sus servicios a Athena.

Minos no era ingenuo y adivino al instante que aquella hermosa presa era el santo dominante del veneno.

_Entonces... déjame estar aquí para ti esta noche… Piscis
(alto contenido sexual)

Ella sonrió resignadamente, su vano intento por esconder su identidad habían sido destrozados por la astucia de su captor.

La oscura voz del hombre le llamaba al abismo.

Dulce como un bálsamo para su corazón, desgarradora pasa su alma.

Quería seguirlo, quería irse con él.

Para romperse en pedazos.

Por el amor, por el odio hacia su persona.

Los labios seductores robaron la última resistencia en Albafika cuando se presionaron a los suyos, reteniéndola en su abrazo. El santo caía y esperaba sobrevivir al impacto, sintiendo sus labios en su cuello dejando marcas ardientes.

Parecía estar desgastada por el sufrimiento, directamente rendida, como Minos había querido todos este tiempo.

Conocía el dolor demasiado bien, el que el santo ahora experimentaba.

Minos sintió dolor en su pecho cuando miró los ojos azules que siempre fueron tan desafiantes y orgullosos, ahora llenos de dolor más una vulnerabilidad inocente y trisada.

Era pesar.

Lo abrazo protectoramente y no posesivamente como lo hacía normalmente.

La besó no por conquista, sino que por amor…

De dónde aparecieron estos sentimientos?

Por qué esta necesidad?

Besos apacibles intentaban calmar el dolor, eran la clase de besos que Minos no acostumbraba a otorgar, él nunca era dulce y apacible, nunca era dulce y apacible con cualquiera de sus amantes, y no tenía que serlo con un santo de athena... pero contra su gran debate interno, nada importaba ya.

La terminó de llevar hasta la habitación principal, allí la depositó suavemente en la cama.

Profundizo el beso, sus lenguas batallaban fogosamente, sintió el sabor de las lágrimas filtrándose en sus labios

La besó abriendo su boca casi inmediatamente para dejar entrar su lengua ardiente, rodeando la suya, Minos pasó sus dedos por el cabello aguamarino llegando a su cuello besándolo con pasión contenida sintiendo el calor a través de sus ropas, manteniéndolo tan cerca que podía sentir también el aumento ligero en su pantalón perfectamente.

Su lengua se movió más sensual contra la suya, más demandante y por su piel también, a medida que las ropas caían en el suelo frío, apoyándole lentamente en la cama. Deshizo el resto de sus ropas entre caricias y la necesidad urgente de sentir esa piel perlada contra la suya, de la entrega y ferviente posesión, quedando ambos desnudos, y enfocó sus ojos en la mujer bajo él, ver su cuerpo mejor ahora le hizo arder aún más en la lujuria, asombrado que aún con la tristeza destellara tanta belleza.

Bajó sus dedos por su cuello acariciando sus pechos de pezones rosados mientras sus labios volvían a encontrarse nuevamente, consiguiendo un escalofrío de la joven, sabiendo que Albafika era virgen, le besó otra vez, lamiendo sus labios castos, dejando un rastro mojado sobre la piel suave cubriendo a Albafika de profundo éxtasis continuando un camino con sus dedos sobre el estomago del santo hasta encontrarse con su húmedo sexo.

Comenzó a acariciar suavemente el clítoris de su amante, acariciándolo nuevamente con movimientos largos y lentos en la medida que continuaban los besos. Albafika gimió más fuerte, y Minos fue descendiendo, sin vacilar al propósito, sus labios se situaron en medio de toda su zona genital, la joven se cubrió el rostro avergonzada.

Su lengua lamió su clítoris con suavidad, ocultando por completo su rostro en el regazo de la joven y se abrió camino apaciblemente, Albafika tenía dificultades para mantener la conciencia a este punto, una infinidad de sensaciones intensas corrían a través de su inexperto cuerpo. Minos oyó los fuertes jadeos e intensificó el toque húmedo ingresando un travieso dedo por la suave cavidad de la joven mientras succionaba suavemente.

Las manos del santo se hundieron con fuerza en la cabellera plata, tirándola con frenesí, sintió como introdujo el segundo dedo en su cavidad, este entro con dificultad y le causo dolor, un dolor placentero mientras la lengua cálida apasionadamente lamia los alrededores, explorando más... Minos podía sentir que la diminuta abertura comenzaba a dilatarse, sus labios vagaban alrededor y disfrutaban el contacto de la piel delicada.

Albafika gimió y abrió las piernas, para que Minos pudiera ir aún más profundo, sí, tenía que sentir, quería fusionarse con él, sentir más de los dedos, de la lengua que acariciaba su zona y suavemente lo lamia haciendo que este se dilatara.

No podía soportarlo más, echó hacia atrás la cabeza, frunció sus caderas para penetrar más profundamente en la boca de Minos, y luego simplemente se dejó ir en un abismo.

El platinado no se inmutó ante el liquido viscoso y succionó, escuchando los suaves gemidos de la joven, sintiendo el cuerpo tensarse y la sostuvo por las caderas hasta que Albafika con un último gemido débil terminó de liberarse.

Cuando Albafika abrió los ojos, apreció a Minos aún con la cara enterrada en su regazo, lamiendo su feminidad todavía dilatada.

Albafika estaba perlada en sudor de un fuerte olor a rosas, estaba ruborizada totalmente. Su mente aún buscaba las palabras para describir las sensaciones, Minos se elevó hasta que sus rostros estaban casi a la misma altura, lamió el liquido blanco que escurría sus labios y tragó, a continuación, sin contenerse, cerró en un beso apasionado al santo, quien tímidamente lo regresó, saboreando la estela agridulce que había quedado en su boca. Tras romper el beso Minos deposito los dedos que en su anterioridad había jugado con el sexo de su amante en los labios de esta misma, al comienzo Albafika fue renuente pero luego acepto y los succiono con avidez.

La volvió a besar.

Sus labios no se marcharon de los suyos y Minos volvió a besarle más hambriento, profundo y posesivo tal cual animal salvaje, a medida que sus dedos recorrían su piel, y ambos caían en la cama uno encima del otro, rápidamente separó sus labios con su lengua, sintiendo el contacto desnudo de sus pieles. Albafika repasó sus frágiles dedos por la cabellera plata atrayéndolo más cerca, intentando mantener el paso intenso que Minos imponía, sucumbiendo al contacto ardiente de sus pieles y de sus caricias abrasivas.

Minos no podía dejar de pensar que era ella era sólo su anhelo, la sombra de su propio pasado, debido a la vulnerabilidad de Piscis.

Incluso intentó despejarse dentro de lo que pudo… su odio al santuario era demasiado profundo, su deseo de venganza era demasiado grande, para que sus sentimientos pudieran cambiar tanto, no lo podía aceptar... pero no podía dejar de sentir pesar.

No lo aceptaría... debía aprovechar la situación, y ganar finalmente a Albafika como un trofeo planeado.

Sólo para atarla para siempre a su persona.

Pronto… Voluntariamente y con plena conciencia.

Intentó convencerse que los sentimientos que abrigaba por el santo, eran simple y llanamente carnal. Pasarían tan pronto obtuviera placer como ocurría siempre.

Lo dejó pasar e hizo su deseo por satisfacerle y autosatisfacerse. Él conquistaría ese cuerpo indefenso por completo, saquearía todos los secretos, tiraría de sus hilos y la quemaría con su pasión, disfrutaría cada momento profundo y la absorbería en sí mismo.

Satisfacer el fuego de su pasión

Mañana, Minos, tendría presente de nuevo la dirección de sus acciones, y recordaría su promesa de venganza.

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Su mente le advertía que no debía ceder, apoyándose con pavor a toda razón de sus acciones, pero su corazón no quería obedecer, y su alma estaba perdida en la oscuridad de la noche.

Albafika se aferraba implorante a la roca llamada Minos, buscó refugio y protección en su fuerza masculina, su paz interior y deseada libertad de hacer lo que quería, sin importar las consecuencias, temblando dejó que su cuerpo flotara en las olas del deseo, olvidándose de los límites que siempre se impuso, haciendo caso omiso de toda razón.

Quería sentir que aún estaba viva, su corazón no estaba muerto.

Su cuerpo ardía de pasión que devoraba pieza por pieza en su corazón, estaba temblando de éxtasis, ya que su piel estaba cubierta totalmente por las caricias de Minos, sus ojos se cruzaron, a medida que el platinado se empujaba lenta y profundamente contra ella en un profundo gruñido, ella dejó escapar un gemido profundo, seguido de un gran estremecimiento a la presión más completa y dolorosa en su cuerpo, su cavidad estiraba a la contracción.

Conmovedor como un cuadro lemuriano, abrasador como el fuego mismo, era el cielo en el infierno de la lujuria, se encontraba queriendo más del platinado, quien se calmó por un momento antes de continuar, sus ojos se ocultaban por sus flecos, pero podía sentir la mirada amatista intensa sobre la suya, lento y dulce, guardando el empujar rítmico en el canal virginal, uniéndose en una danza erótica y sensual, siendo más y más profundo, saliendo casi del todo, allí el santo se dio cuenta que el miembro viril de su amante estaba cubierto por sangre, su sangre, abrió los ojos aterrada a lo cual Minos la miro confortablemente y dándole un bálsamo tranquilizador, volvió a presionar su enorme virilidad lentamente ante el estrecho canal, acariciando los lugares exactos, brindándole placer increíble al santo, sus dedos jugueteaban con el largo cabello aguamarino, Albafika sentía como le embargaba un fuego interior, llevándole a la dicha, el cuerpo de su amante y el suyo propio se movían, su paso era perfecto.

Quería más… aun más?

Disfrutar más de la libertad negada, sólo sentirse realizada, extinguir el dolor con el fuego del deseo.

Su anhelo triste y silencioso.

Minos no quiso nada más que rasgar en ella, empujar más y más profundo, pero se refrenó porque quiso que fuera lento, íntimo y personal, las lentas embestidas, los movimientos completos, llegaron a ser eventualmente más rápidos y más frenéticos mientras llegaba al clímax, ambos sentían el fuego abrazador cubrirles desde dentro, uniendo sus almas y cuerpos en una comunión.

Albafika sudaba enormemente al esfuerzo y la nuevas sensaciones, finalmente Minos oyó lo que él quiso, con las uñas hundiéndose en su piel al fuerte gemido, su amante se vino, bañando su miembro de su esencia, para tiempo después él hacerlo también, culminando enormemente de forma ardiente, por su canal desvirgado y escurriendo también.

Su cuerpo bombeó por el último descenso de su semilla. Finalmente, se derrumbó, y sintió un brazo alrededor suyo, amando la forma que sus pieles se rozaban y como respiraban al unísono.

Lo abrazó con añoranza mientras sentía el fuerte agarre del platinado aún, acariciando sus cabellos. Su dura virilidad estaba aun dentro de ella, implacable, pero suave y a la vez vibrante.

Sus ojos se fijaron en otros amatistas sobre ella, su respiración se calmó lentamente y con la misma lentitud, los colores y sonidos de su conciencia retornaron en la mente de Albafika, comprendiendo alguna manera, y en cierto modo nuevo, lo que acababa de suceder.

Minos besó su frente y el aliento cálido cosquilleó al santo, acarició sus cabellos celestes húmedos de sudor y su mano se deslizó hasta estar en su trasero, acariciando la piel sedosa y firme.

Finalmente se retiró muy cuidadosamente del cuerpo ceñido. Respiró profundo y la atrajo confortablemente, permaneciendo cerca de Albafika porque quiso abrigarla.

El silencio reinó hasta reponerse de nuevo, sus dedos se deslizaban suavemente por la longitud de la espalda definida de la joven.

Saciada y tranquila después de mucho tiempo, el toque de Minos fue un sedante para la tristeza, Albafika sentía una calidez pacifica abrigarle, sus caricias fascinantes le calmaban para dormir, pero sus ojos permanecían enfocados en él.

Los primeros rayos del sol se hacían presentes detrás de las gruesas cortinas.

Ojos amatistas eran pesados y somnolientos también debido al amanecer, pero aún enfocaron a su presa con gran intensidad.

Minos se inclinó hacia ella, y presionó los labios a su frente sellando otro beso, suavemente sereno, en sus labios, y luego en su cuello, reasumiendo su caricia rítmica, y susurró suavemente…

—No estás sola.

Mañana Albafika se permitiría morir de vergüenza y remordimientos a sus principios, tomando conciencia de nuevo de su cruel realidad.