Hola a todos, finalmente les traigo la última entrega de este fanfic, realmente estoy feliz y emotiva sobre el final de este hermoso viaje en el que ustedes me acompañaron. Tengo 3 fanfics próximos a salir así que pueden quedarse conmigo para eso.
Después de esta entrega no habrá otro capítulo; si buscan un Epílogo, me da mucho gusto informarles que viene dentro de este capítulo.
Sé que la muerte de Maléfica y Aurora nos afectó a todos, pero es el precio de la guerra, ambas fueron valientes y espero que este último capítulo "Un nuevo mundo" les de como lectores, un cierre apropiado.
Capítulo 40.
Un Mundo Nuevo.
Varias cosas sucedieron mientras estaban dentro del portal; el sonido chirriante de la urna tratando de escaparse de entre las manos de Emma y ella soltando a Regina para poder aferrarse con fuerza mientras esa sensación que le había quemado el cuerpo años antes volvía a su ser… sentía como sus venas empezaban a petrificarse y un dolor tan intenso que sentía que desfallecería al instante, su corazón apretado latía lentamente, como si algo lo oprimiera dentro de sí, empujándole.
Regina sintiendo cómo si fuera completamente de tela y como la luz le atravesaba cada parte de su cuerpo hasta dejarla destrozada, su corazón latiendo con fuerza como si se fuera a salir de su pecho y finalmente cómo todo volvía a su lugar.
Para ambas, de pronto todo volvía a su lugar.
Para los demás fue más sencillo, no tenían magia y si había algo en ellos sencillamente se estaba yendo.
La luz celeste se apagó en el claro de ese bosque húmedo y frío a penas Emma y Regina salieron del pozo.
David y Lucifer habían vuelto a su verdadero tamaño en algún punto al cruzar el portal y ambos tenían la misma mirada confundida en la penumbra, había bastantes cosas que debían explicarle.
-¿Funcionó, Emma? –Fue lo único que su madre preguntó
-Eso parece… –Inquirió colocando la urna en el suelo, observándola en la penumbra, completamente estática e inofensiva. –No se mueve, no está caliente… creo que funcionó.
Blancanieves suspiró aliviada, aproximándose a su esposo. –De igual manera hay que mantenerla cerca.
-Seguro, madre… ¿Qué es este lugar?
-Deja que tus ojos se acostumbren, es un bosque ordinario, la luz de la luna nos sacará de aquí.
-Hace mucho frío. –Anastasia se quejó con los brazos cruzados y Drizella también lo sentían aunque temía decir algo al respecto en un mundo desconocido en el que el aire era más ligero y los ruidos se alzaban entre los árboles… no recordaban haber vivido para ver una noche tan clara.
-No será problema, los llevaré a casa en seguida.
-¿Casa? –Regina se encontraba abrumada ante la sensación de mortalidad, todo el dolor que había sentido durante el viaje se había ido, ahora estaba sola dentro de su mente… no había Emma, no quedaban sus emociones luchando en su interior… no había nada más que un desesperado movimiento en su vientre que le lastimaba bajo las costillas.
-Aquí estoy. –Le hizo saber Emma ante el pánico que se adivinaba con su respiración forzada.
-No sé qué es lo que sientes. –Confesó, haciéndole ver a Emma lo asustada que estaba.
-Está bien, Regina, está bien, no tengo miedo, te voy a cuidar. –Susurró envolviéndola entre sus brazos, sintiendo a Lily contra su pecho y el bulto de su estómago contra su piel. –Los voy a cuidar. –Agregó. -¿A qué te refieres con "casa", mamá?
-Vivimos mucho tiempo aquí, es exactamente por dónde entramos aquella vez… el pozo, el sendero…ha pasado mucho tiempo pero no estamos desamparados en este mundo.
-Vamos hija, ayúdame a levantarme. –Pidió David, no era momento para dar explicaciones y Anastasia y Drizella se apresuraron a ayudarle mientras Emma tomaba a Regina del brazo; la pequeña Lily parecía demasiado asustada para hacer ruido alguno, calmada contra el pecho de su protectora, Emma pudo ver que su padre se encontraba extrañamente mejor.
Blancanieves los guio hasta el final del sendero en un claro con suelo que Emma, Regina o cualquiera hubiera considerado piedra, pero era concreto, se trataba de un mirador con vista hacia un cañón completamente lleno de árboles, pero estaba muy oscuro para que pudieran apreciarlo y tal vez era mejor así, eran tal vez demasiadas emociones.
-Nuestro auto no está… realmente no esperaba que estuviera han pasado bastantes años pero hubiera sido una grata sorpresa. –Sonrió, tratando de romper el ambiente tenso y lleno de temor. –Sé que es difícil, créanme que lo sé, pero somos fuertes, todo va a estar bien.
-¿Cómo llegaremos, madre? –Solicitó con curiosidad, le costaba no dejarse llevar por el miedo Y Blancanieves podía notarlo, Regina, la reina malvada, la gobernadora absoluta del bosque encantado estaba muerta de miedo y su hija que había sido educada para ser completamente fuerte e independiente se encontraba en blanco ante la incertidumbre.
Fue así como ella, terminó al pie de la carretera con una sonrisa en el rostro y su pulgar levantado ante los autos que pasaban periódicamente cada par de minutos, no era sencillo encontrar a alguien que quisiera levantar a seis personas a la mitad de la noche pero eventualmente sucedió; una mujer entrada en edad que pidió ser llamada Kiki les abrió las puertas, tal vez únicamente por curiosidad… un grupo de personas en trajes medievales daba definitivamente algo que contar en el jueves de bingo.
Para Regina fue interesante la capacidad de David de mentir mientras subían al vehículo.
-Muchas gracias, nuestro auto se ha averiado en el mirador mientras honrábamos la memoria del abuelo. –Y la mujer sonreía, prestando particular atención en cada uno de los atuendos sin percatarse de la expresión sorprendida de Anastasia y Drizella ante los asientos de piel y las ventanas automáticas.
A Regina le parecía interesante pero no habló, la situación en si ya era humillante como para arriesgarse a decir algo fuera de lugar y Emma tampoco dijo nada pues no necesitaba el vínculo para sentir las Emociones de Regina… siempre había sido así, podía verla juntar sus labios en molestia, desviar la mirada y el sudor de las manos, Regina era fácil de leer, al menos para ella.
-Es un poco temprano para Halloween. –La mujer trató de romper el hielo e incluso el tono del comentario fue amable, genuinamente curioso sin acercarse a lo grosero.
Costaba creer que apenas unas horas atrás, la muerte de Maléfica y Aurora les hubiera golpeado de forma tan brutal, ¿Cómo podían estar tan tranquilos?
-Era parte del homenaje… somos una familia que disfruta de las tradiciones. –Continuó David en voz baja.
-¿Son familia?
-Lo somos, yo soy David, mi esposa Blanca y sus hermanas Ana y Drizella, mi hija Emma y su esposa Regina llevan a su pequeña Lily, sólo queremos llegar a casa.
-¿En Portland?
-Sí, Vivimos en Old River Road, a la orilla del Willamette, pero puede dejarnos dónde le sea más adecuado… -Y la mujer sonrió porque les creyó, porque tenía sentido y ella era amable.
El resto del viaje continuó lleno de mentiras; como Ana y Drizella estaban de visita para despedir al abuelo y como Emma y Regina se quedaban en casa porque necesitaban ayuda con el Bebé…
Regina podía haber utilizado más de una década de su vida a ser completamente malvada… pero nunca había sido mentirosa, nunca había necesitado mentir y le sorprendía en lo que se habían tenido que convertir en menos de un día… lo peor que le podía pasar a su orgullo era ver a David y a Blanca en control de la situación.
Cuando llegaron a las puertas de su casa, David y Blanca se despidieron de Kiki como si se tratara de una vieja amiga, intercambiaron datos y le agradecieron con entusiasmo mientras todos bajaban del vehículo, atravesaron el pequeño jardín delantero como si supieran exactamente a dónde iban, la casa lucía tal y como la habían dejado… tal vez un poco deteriorada pero trabajarían en eso y Blanca era consciente de que necesitaban descansar, el primer día del resto de sus vidas estaba literalmente a un amanecer de surgir.
Regina sentía nauseas, ella había sido una reina, acababa de librar una batalla, perdido a su mejor amiga y su magia… toda su magia se había ido… el tiempo corría nuevamente por su cuerpo, podía sentir el sueño, el cansancio que le consumía, el hambre, el dolor en su espalda baja y el sudor frío de su cuerpo reaccionando al medio ambiente…
Blanca movió una maceta entre unos arbustos y sacó la llave de la puerta principal, haciendo un sutil gesto para que todos entraran.
En el interior no había luz, por supuesto que no había luz, habían pasado años y Blanca decidió que era bueno pues el descubrimiento de la electricidad tal vez era demasiado para una noche.
David y Anastasia se dirigieron a la cocina, la mujer no terminaba de asombrarse ante ese mundo a pesar de que aún no había tenido la oportunidad de apreciarlo con la luz adecuada y decidió que no podía ser tan malo, Anastasia fue la primera en decidir eso a penas David abrió la llave del agua y la dejó correr por unos momentos mientras se limpiaba la tubería y servía un par de vasos con agua; de una de las gavetas sacaron las velas de emergencia que tenían para los apagones y de a una fueron encendiéndolas, dejando la casa bajo una tenue iluminación. –Pronto será de día. –Les hizo saber Blanca mientras quitaba las sábanas sobre los sencillos muebles de madera y ayudaba a Regina a sentarse; era evidente que todo estaba siendo más duro para ella que para los demás.
-La segunda en hacerse a la idea fue Drizella mientras tomaba al bebé de los brazos de la reina, con cuidado de no alterarla y la empezó a mecer en un vaivén suave mientras miraba los autos pasar frente a la casa y a las personas caminar, relajadas como si los problemas fueran un concepto ajeno a sus vidas.
-Preparamos la casa para no volver pero no nos deshicimos de todo por si no funcionaba lo cual nos deja con esto, pero no es permanente todo estará bien. Todo estará bien, Regina. –Le prometió hincándose ante ella y tomándola de ambas manos.
-Realmente eres molesta, Blanca. -Sus ojos sólo alcanzaron a encontrarse un instante antes de que se desmayara.
Regina odiaba soñar, sus años de mortalidad habían sido buenos en ese sentido: no más monstruos tomándola por la noche, haciéndola suya, aterrándola y volviéndola débil, odiaba soñar porque nunca podía sacar nada bueno de ello sin embargo, vivir a través de los sueños de Emma los últimos años le había dado una nueva perspectiva, Emma soñaba con intensidad, sueños felices.
Regina siempre sabía cuándo estaba soñando y este era definitivamente un sueño aunque no recordaba haberse quedado dormida, se encontraba en el claro dónde practicaba con Rocinante, de vuelta en el bosque encantado y aunque su magia no había vuelto, estaba segura de que no quería despertar de eso.
Se sentó sobre uno de los troncos y sonrió ante el viento helado; debía ser invierno; Respiró hondo antes de escuchar un suave llanto proviniendo de entre los arbustos; ¿Quién podía llorar cuando el día estaba tan hermoso?
Mientras caminaba hacia la fuente del sonido sólo pensaba en consolar esa angustia que no cesaba y apenas movió un par de ramas se encontró con una pequeña, tal vez tenía cuatro años y las manitas llenas de lodo por el llanto; su pelo castaño y lacio le caía bajo los hombros y sollozaba completamente angustiada.
-¿Qué sucede? –Le preguntó.
-Mamá, no encuentro a Henry. –Expresó con su mirada azul cielo fijamente clavada en la suya. Era como ver a Aurora de nuevo, era como tenerla viva frente a ella y quiso llorar pero los diminutos brazos le rodearon el cuello y se colgó de su cuerpo de una forma familiar.
-¿Estaban jugando, corazón? –Quiso saber.
-Sí pero me dejó sola, no me gusta estar sola mamá.
-Aquí estoy yo, corazón, nunca vas a estar sola. –Le prometió apretándola y con ello logrando calmar su llanto.
-Gina. –Escuchó a sus espaldas y la voz de Emma era tan familiar que podía reconocer hasta su respirar… odiaba que la llamara así. –Encontré a Henry persiguiendo una ardilla, dile algo. –Pidió segura de que Regina tendría una respuesta, le daría una consecuencia…
Pero al girarse encontró al pequeño más perfecto que había visto jamás en brazos del amor de su vida y sencillamente su corazón dio un vuelco; cabello oscuro y esos enormes ojos verde olivo que sólo había encontrado en Emma, un rostro rollizo y únicamente un zapato en los pies mientras sonreía.
-¿Has atrapado a la ardilla, cariño? –Inquirió estirando su mano libre para recibirlo y pegándolo contra ella, dos pequeños en sus brazos y sentía como si finalmente se encontrara viviendo la vida que debía.
-Se subió a un árbol y no pude llegar, mamá.
-Estoy segura de que la próxima vez la alcanzarás, cariño.
-Regina, debías regañarlo. –Le recordó.
-Por supuesto que no. –Le hizo saber con una sonrisa y Emma tomó a la pequeña en sus brazos, se había quedado dormida y le besó las mejillas repetidamente haciéndola sonreír en sus sueños. ¿Cómo se había vuelto tan afortunada? Emma era sencillamente perfecta.
Se sentaron nuevamente a la mitad del claro, observando a Henry perseguir mariposas y con su bella durmiente envuelta entre brazos.
-Todo va a estar bien Regina, harás un gran trabajo, Escuchó a su lado y Emma ya no era quien estaba junto sino Maléfica deteniendo a su criatura y esta vez no pudo contener el llanto…
-Maléfica, lo siento tanto, yo desearía que estuvieran aquí-… Maléfica estaba muerta y no podría jamás abrazar a su dragón, verle crecer y enseguida Aurora le tomó el hombro.
-A diferencia de nosotros, tú si naciste para ser reina. –Sonrió hincándose a su lado y acariciando el cabello de la pequeña Lily, besando su frente. -Una reina busca lo mejor para su gente y tal vez dos pequeños no sean un pueblo pero son tu gente y tú sabes ver por los tuyos mejor que nadie.
-Me hubiera encantado estar ahí para verte, para verla. –Susurró Maléfica. –Pero todo va a estar bien, mi hija está completamente a salvo y eso significa que no habré muerto en vano, no habré muerto nunca porque ella está en pie.
-Confiamos en ti, Regina. –Le hicieron saber en una sonrisa antes de desaparecer… antes de que ella abriera de nuevo los ojos y se encontrara en un cuarto blanco… el blanco más intenso y limpio que había visto en su vida y supo que ya no soñaba.
-¡Regina! –La voz de Emma sonaba como un agudo llanto mientras le tomaba la mano y aparecía en su rango de visión. –Cariño, aquí estoy, no te preocupes.
-Tuve un sueño muy real. –Fue lo primero que dijo y de sus ojos escurrieron lágrimas. –Maléfica y Aurora… -Sólo tuvo que decir eso para que Emma entendiera y también rompiera en llanto.
-Lily está bien, Ana y Drizella la han cuidado los últimos días y lo están haciendo bastante bien.
-¿Los últimos días? ¿Cuánto he dormido?
-Seis días. –Le informó con cautela mientras presionaba en botón de la cama para ponerla sentada, seis días tenía de ventaja con la tecnología del mundo sin mágia. –Si tomamos en cuenta que no duermes desde hace unos dieciséis años tenías mucho que reponer. –Sonrió y sin poder esperar le robó un beso. –El bebé está bien, realmente no entiendo nada de lo que pasa en este mundo pero tienen una caja con la que pueden ver que pasa dentro de tu vientre… el bebé está bien, tal vez es un poco feo pero así lo vamos a querer.
Regina rio por primera vez en una semana y con ambas manos tomó a Emma del rostro, buscando sus labios y llorando aliviada. –Te prometo que va a ser hermoso…
Emma la besó nuevamente, confundida, tomando con ambas manos su vientre y bajando para besarlo con ganas. –Lo voy a amar aunque sea feo, lo prometo.
Regina sólo pudo poner los ojos en blanco y darle un pequeño golpe en la cabeza.- ¿Qué es este lugar, Emma? ¿Por qué estoy vestida con un cubre almohada?
-Es un hospital, aquí curan a las personas, no es magia, es medicina, es ciencia… realmente no tengo idea pero hace tres días arreglaron el corazón de papá y ha estado caminando por todo el lugar… Regina, le abrieron el pecho, le sacaron el corazón, le hicieron algo y lo metieron de nuevo y está vivo, está caminando, es como magia, pero no lo es.
-¿De qué hablas, Emma? Eso no es posible.
-El que no tengan magia los hizo creativos o algo. –Sonrió… Emma no había tenido ni siquiera la oportunidad de interactuar con su magia como debía; ella no la extrañaba, nunca la extrañaría pero para ella había un largo camino, acostumbrarse a buscar la respuesta a las cosas y no materializarla, acostumbrarse a sentir su cuerpo como algo que no funciona completamente bien… Regina había perdido uno de sus sentidos y era algo que sólo Maléfica hubiera entendido, le hubiera parecido estúpido que tras haber librado una batalla y vencido al peor ser en la tierra, lo que le importara era ya no poder hacer aparecer un cambio decente de ropa.
-¿Podemos salir de aquí? Quiero ver a Lily. –Fue lo único que pudo decir y efectivamente, el vínculo no estaba ahí pero Emma podía leerla… tomó sus manos y las besó suavemente.
-Hay muchas más cosas que estas manos pueden hacer, Gina; vas a conquistar este mundo, hay tantas cosas dentro de ti, eres tan sabia… sólo necesitas tiempo. –Regina asintió con la mirada cristalina, no necesitaba sentirla en su pecho para saber que no mentía… realmente conocía bien a Emma, incluso antes del vínculo.
El médico llegó sólo minutos después y le dio el alta porque ciertamente no había nada mal en ella, sugiriéndoles que volvieran ante cualquier malestar pero Regina solo podía estar completamente horrorizada por la mujer de blanco que le sacaba del brazo lo que parecía ser un alfiler del 5 centímetros como si fuera lo más natural del mundo y Emma trataba de no reír… Definitivamente este mundo era aterrador y se sentía personalmente ofendida por ser la única en notarlo.
No recordaba haber usado jamás pantalones tan cómodos. "Es un pantalón deportivo" Le había explicado Blanca mientras ella jalaba los elásticos como si se tratara de algo demasiado extraño para ser cierto. La ropa de todos parecía ir demasiado pegada a la piel y ciertamente no le molestaba para nada el pantalón de mezclilla en Emma, no le molestaba para nada su blusa blanca y mucho menos la chaqueta de piel roja que contrastaba con sus rizos dorados y esa sonrisa tan familiar que la hacía sentir amada.
-No vamos a volver jamás, ¿Cierto, cariño? –Inquirió mientras la llevaba en la silla de ruedas, con su pequeño pateando suavemente dentro de ella y la luz del sol iluminando la puerta de salida.
-No Regina, pero vamos a estar bien. –Prometió, y como siempre que Emma prometía algo, confió ciegamente en ella y suspiró haciendo el rostro hacia atrás para encontrar su mirada.
Estarían bien.
PRÓLOGO.
*7 años después.*
Regina se encontraba guardando el brazalete de Lily en el joyero de su tocador; no siempre lo guardaba ella pero cuando lo hacía no podía evitar pensar en cómo habían llegado ahí, en todos los que se habían perdido en el camino y el dolor en su pecho volvía fugazmente como un recordatorio de que el precio de su paz había sido demasiado alto.
Encendió la pequeña lámpara con la caricatura de la princesa Aurora antes de apagar a luz… no era si quiera parecida a la verdadera reina de los páramos del sur, pero no contaban con fotografías para que la recordara y a la pequeña Lily le encantaba todo lo relacionado con "La Bella durmiente", mucho más cuando Regina contaba la verdadera historia.
Se dio media vuelta hacia su pequeña y sintió cómo sus malestares se esfumaban, era perfecta, era suya.
-¿Gina? –Inquirió la niña de pelo castaño antes de meterse a las cobijas.
-No me llames Gina, corazón. –Pidió con calma. -¿Te has cepillado los dientes?
-Sí y el cabello también.
-Eres tan lista, Emma tenía tres veces tu edad antes de aprender a ver por si misma. –Sonrió.
-¿En realidad era una princesa? No me parece que tenga lo que se necesita para ser una.
-Una muy mala princesa. –Interrumpió Drizella con una amplia sonrisa mientras sacaba del armario un abrigo largo. -Pudo haber sido reina pero ella quería ser un guardia ¿Puedes creerlo? ¡Absurdo!, siempre fue su sueño, todos pensamos que por eso trabaja en el departamento de policía.
-¡Su trabajo es asombroso! Me gusta que mis amigos me vean llegar a la escuela en el auto de policía… Mi mamá tampoco quería ser reina ¿crees que hubiera estado con Emma también?
-¿Qué es lo que te dice tu mente? –Inquirió Regina con suavidad.
-Sí, mi mamá hubiera trabajado con Emma y habrían salvado al mundo juntas.
Drizella sonrió con una nostalgia que únicamente los que hubieran pasado tiempo con Aurora podían sentir y con un beso suave se despidió de la niña por el día; después de todo su casa se encontraba a sólo unas cuantas calles.
-Me parece una magnífica idea. –Respondió Regina tras sentir un afectivo abrazo por parte de quien alguna vez en otra vida había sido la encargada de mantener en pie todo su palacio y la observaba cruzar la puerta. -Las dos lo eran, eran fuertes, valientes y nos salvaron la vida. –Confirmó mientras se metía a la cama con ella y esta se recargaba sobre su pecho mientras le acariciaba el cabello.
-Yo no quiero ser reina, quiero ser doctor… pero me hubiera gustado conocer a las hadas… ¿En realidad soy un dragón?
-Claro que lo eres, lamento mucho que vivamos en un mundo sin magia y que no lo puedas usar… tu destino era volar por los aires.
-No me importa vivir aquí… lo hicimos para salvar al Bosque Encantado, somos héroes.
Regina no pudo evitar reír y asentir con un cálido abrazo. Había bastado cruzar el portal para que su vida en el Bosque encantado se sintiera lejana e irreal pero había sucedido, quedaban las cicatrices en su alma para comprobarlo… realmente habían vivido muchas vidas.
-¿Por qué Emma no murió cuando tu dejaste de ser inmortal? –Parecía que la niña había estado pensando bastante en eso y se sentía avergonzada por preguntar.
-Porque aquí no hay magia. –Sonrió. –Fue como si el corazón de Emma jamás hubiera sido envenenado y como si yo nunca hubiera sido inmortal… sencillamente salió todo lo que aluna vez había sido mágico en nosotros.
-Entiendo… A mí me gustaría que fueras inmortal así podrías estar toda la vida conmigo.
-Voy a estar toda la vida contigo, Lily, vas a hartarte de mí. –Prometió con una sonrisa. Acariciándole la nuca suavemente.
-¿Qué pasó con Chip y Alexandra?
-No sé.
-Imagínalo entonces.
-¿Imaginar qué? –Inquirió Emma, entrando en la habitación con Henry envuelto en una toalla.
-¡Yo quiero escuchar la historia! ¿Es la de la tía Ana y como escribió el libro de recetas del Bosque Encantado? –Inquirió. –Oh no, no ¿Es la de como la reina Alexandra le dio a la abuela Blanca sus joyas en una bolsa?–Exclamó el niño desde su cama, mientras su mamá le secaba el cabello y le alcanzaba el pijama de gatitos sobre la almohada.
-Eso fue muy útil para iniciar en el nuevo mundo. –Explicó Emma aun secando el cabello de Henry. –Alexandra pensó en algo que no se nos había ocurrido.
-Esa historia no. –Lily se quejó en una sonrisa.
-¿Qué historia? –Emma aún no entendía.
-Gina va a imaginar qué fue lo que sucedió con Alexandra y Chip, y cómo está el Bosque Encantado ahora.
-¿De verdad, Gina? Cuéntanos, por favor. –Solicitó en un tono infantil mientras abrazaba a su hijo.
Regina sólo puso los ojos en blanco y le regaló una sonrisa suave mientras pensaba.
Cuando había decidido que se especializaría en literatura, nadie se sorprendió ni un poco; mucho menos cuando la facultad de psicología de la universidad de Boston la requirió para un curso avanzado sobre "El psicoanálisis y los cuentos de hadas" y tampoco se sorprendieron cuando la clase fue un éxito tan grande que pasó a ser un seminario de tres días cada semestre en los que Regina explicaba a la sociedad actual y su comportamiento a través de los cuentos… Nadie se sorprendió porque sencillamente así era Regina, imparable. Cientos de alumnos la encontraban fuera de este mundo con su forma de pensar y el hecho de que siempre parecía sorprendida ante las cosas más simples les parecía único, como si viera el mundo a través de los ojos de un niño.
Mhh, muy bien. –Comenzó con la mirada fija en algún punto en el horizonte. -Cuando salimos del bosque encantado, Elsa volvió a su reino, con Mérida; Chip y Graham fueron al sur, a hacerse cargo del reino de tu madre, El reino de las hadas y Alexandra Volvió a mi palacio, estoy segura de que eventualmente recuperó el palacio de Verano también.
Alexandra es muy buena, es tan buena que no hubiera podido vivir en este mundo, pero es perfecta para el bosque encantado, estoy segura de que reconstruyó las aldeas y restauró el comercio, tanto en nuestra tierra como en las tierras más allá del mar.
También estoy segura de que tanto Alexandra como Chip, dejaron pasar un tiempo después de que nosotros cruzáramos a este mundo, ambos necesitaban espacio, tenían cosas que hacer y sinceramente todos quedamos muy tristes… devastados cuando tus madres murieron. –Continuó contando sin soltarla; al fin con el pijama puesto, el pequeño Henry abrazó a su madre y esta lo llevó a la cama Lily, sentándose a los pies para escuchar la historia.
Tal vez pasaron un par de años, no creo que haya sido fácil después de todo lo que vivimos pero estoy segura de que Chip salió de los páramos del sur para encontrarla…
-Yo creo que ambos salieron al mismo tiempo y se encontraron a la mitad del camino. –Interrumpió Emma.
-Sí, esa es una mejor versión… suena más a algo que harían ellos… Bien, entonces después de que se encontraron a la mitad del camino se miraron apenados, porque era muy tonto que después de tantos años ambos hubieran pensado igual… y más que nada, el significado detrás de su encuentro.
-¿He? –Inquirió Henry.
-¿Qué cosa? ¿El significado detrás de su encuentro? –Quiso saber Regina para ponerlo al día.
-Ajá.
-¡Pues que estaban enamorados! –Gritó Lily como si fuera demasiado obvio y en seguida cubrió su suave risa con ambas manos.
-Exactamente Henry, Chip y Alexandra estaban enamorados.
-¡Asco!. –Expresó y Emma se palmeó la frente antes de girar los ojos mientras Regina reía.
-Hijo, no es asqueroso, es amor, por favor ten un poco más de clase.-Pidió la rubia con una sonrisa mientras lo abrazaba y lo llenaba de besos, haciendo que riera sin control.
-Sin duda es su hijo, señorita "Me gusta pelear con espadas y llegar al desayuno con graves heridas"
-Estás siendo injusta. –Se quejó. –Es totalmente diferente.
-No es nada diferente. –Respondió con una sonrisa suave y juguetona.
-La historia, Gina. –Lily la trajo de regreso.
-Sí madre, ¿Se casaron? –Quiso saber Henry
-Primero, al encontrarse a la mitad del camino, Alexandra se bajó de Dragón y Chip de Rocinante, corrieron el uno hacia el otro y se unieron en un beso de amor verdadero.
-¡Asco! –Se quejaron ambos niños al unísono lo que hizo que sus madres acompañaran en una risa.
-Después de eso volvieron al palacio, Chip tenía años sin ver a su madre, no se había despedido de ella así que la abrazó y abrazó a cenicienta y a todos los que se dejaron abrazar, porque estaba feliz, Alexandra lo amaba y el a ella.
Se casaron sólo unos meses después, al inicio de la primavera, estoy segura y también estoy segura que hubieran deseado nuestra presencia ahí porque éramos familia y estoy segura de que aunque no pueden estar al corriente con lo que estamos haciendo, ellos saben que estamos bien, que pensamos en ellos cada día y que estamos orgullosos de su trabajo.
Y así fue como finalmente, la Reina se pudo casar con el chico del establo y nadie estuvo para detenerlo ni oponerse, porque era lo correcto, porque se amaban. –Sonrió.
Ahora por favor, los dos a dormir, mañana hay escuela.
-Ay nooo, no quiero. –Se quejó la pequeña.
-Lilith Swan, mañana es su primer día del segundo grado, ¿A caso no quieren seguir aprendiendo cosas de este mundo para que puedan enseñarme? El otro día en el supermercado estuve 20 minutos tratando de entender por qué las personas necesitan velas aromáticas.
-Vamos, Lily, hay que dormir, madre tiene mucho que aprender. –Afirmó el pequeño tras girar los ojos por el comentario.
-Tienes razón Henry, no queremos que se repita lo del cepillo para el baño. –Dijo en una suave risa.
-¿Puedes creerlo, Emma? Mis propios hijos burlándose de mí.
-Vamos Gina, lo del cepillo del baño fue gracioso, no seas sensible. –La consoló sacándola de la cama de la pequeña para que llevara en brazos a Henry a la suya y ella pudiera besar y abrazar a Lily. –Y ustedes dos… exijo respeto para su madre o cancelaremos el campamento junto al pozo de dónde salimos.
-¡No mamá! –Ambos se quejaron con sentimiento y Emma sonrió, le gustaba ser madre y amaba a sus hijos con intensidad. -Descansen, niños. –Susurró a la entrada de la habitación.
A penas se cerró la puerta tras de ellas, Regina le plantó un suave beso en los labios y rodeándola del cuello, Emma la levantó del suelo y ambas sonrieron. –No soy una princesa, Emma, no es digno que me cargues de ese modo.
-Eres mi reina, Regina y ni siquiera un mundo sin magia me va a convencer de lo contrario. –Afirmó con suavidad mientras la llevaba a la habitación.
-¿Qué piensas, Emma? –Inquirió suavemente cerca de su oído… claro que ya ninguna podía conocer los pensamientos de la otra pero bastaba con preguntarlo y era algo a lo que se habían acostumbrado con facilidad.
-En que me gustaría llevarte al baño y demostrarte lo bonitas que se ven las 23 velas de manzana que compraste en el supermercado alrededor de la tina. –Se burló con ternura y le mordió la barbilla sin soltarla, ignorando el gesto avergonzado del amor de su vida y llevándola hasta la habitación.
Sobre la chimenea yacía la urna, estática, incapaz de hacer daño pero como un recordatorio de que su destino ahí era el correcto, ahora eran libres y el destino era claro.
Emma y Regina finalmente estaban juntas, lo habían estado por los últimos siete años, sin villanos ni visitantes inesperados, sin inseguridades y sin miedo, sólo confianza, respeto, un increíble pasado en sus espaldas pero sobre todo amor verdadero.
Todo estaba bien.
Fin.
