El mal sueño
De repente las palabras del doctor Flynn me resuenan en la cabeza "¿por qué no te gustas Anastassia?"
Christian está de pie junto a mí y me besa apasionadamente. De pronto se aleja, me mira y se ríe, se ríe muy fuerte, es por algo que hay en mí. Me miro, pero no hay nada extraño, solo estoy desnuda, como siempre. El sonido de sus carcajadas se vuelve cada vez más potente. Me angustio, trato de tocarlo, pero no puedo, se aleja de mí. No logro detener su risa. Empiezo a llorar y mi nombre se repite en mi cabeza: Ana, Ana.
Me despierto con Christian llamándome. "Ana, Ana, cariño, despierta, Ana, soy yo, estás en casa". Lo miro angustiada y me cuelgo de su cuello. No puedo evitar llorar. "Ana, solo ha sido un mal sueño, tranquila nena".
Pero no, no ha sido solo un sueño. Las palabras de Flynn han resucitado mis peores fantasmas. Mañana lo veré de nuevo.
Camino a su consulta, repaso mentalmente nuestra última reunión. Mi confusión y su seguridad, finalmente el punto que Flynn quiere aclarar: por qué no me gusto. He aceptado tener un par de sesiones con él. Quizás sea bueno terminar con todo esto de una buena vez.
Recuerdo la cara de sorpresa de Christian cuando me interrogó sobre mi reunión con Flynn. "Le he prometido volver a unas sesiones", le explico. Sus hermosos ojos grises me miran confundidos y veo la inseguridad asomarse en ellos. Oh, él cree que nos reuniremos a hablar de su vida. Me apresuro a disipar esa sombra de sus ojos: "Es que Flynn cree que puede ayudarme con unos antiguos temas" – callo- "de mi infancia", termino. Sus ojos se abren aún más. Intentando dominar su sorpresa, esboza una sonrisa y me dice: "¿por qué? ¿También eres una niña perdida que fue adoptada?" Le sonrío y no respondo. Menos mal, Christian por una vez no insiste.
- "Buenas tardes, doctor Flynn"
- "Buenas tardes, Ana, toma asiento por favor. ¿Todo ha estado bien?" Me pregunta sonriendo.
Un poco resignada a nuestro encuentro, le devuelvo una sonrisa y le contesto indecisa, "Sí, todo bien". Pero él nota mi duda en la voz. "¿Qué ha pasado Ana?" Me suelta. Dios, cómo este hombre puede advertir que algo no anda bien. Guardo silencio. Flynn no me quita los ojos de encima, no suelta mi mirada ni un segundo. No sé cuánto tiempo estamos así, en silencio. Me muevo en mi silla, me miro las manos, los dedos entrelazados. Él espera que yo hable. Cansada del silencio finalmente me decido y le suelto:
"Mire doctor, desde nuestra reunión la semana pasada no he dejado de repetirme la pregunta que usted me ha hecho y ¿sabe? Es extremadamente desagradable estar pensando en ello todo el día. Buscando explicaciones que quizás no existan, porque quizás basta con mirarme en el espejo y ver quién soy!" Mis mejillas están rojas y mi voz suena agitada. El doctor Flynn en cambio no se mueve, parece que todo lo que le he dicho le ha resbalado. Luego me contesta: "¿Bien Ana y qué has descubierto?"
Lo miro desconcertada y él repite: "¿Qué has descubierto en esta semana en la que has pensado en mi pregunta?" No contesto, me tomo el pelo- hoy sí lo llevo suelto- lo acaricio y le miro. Me calmo. Dudo. Hablo:
"He descubierto que hay algo de razón en lo que usted me ha dicho, yo no me gusto" y al decirlo me siento más relajada, como si hubiese contado un gran secreto que me pesaba en el corazón. Sin embargo a Flynn no parece impresionarle y me dice: "Vamos Ana, esperaba que hubieras descubierto un poco más". Le miro sorprendida, con todo lo que me ha costado decir esto.
Mi subconsciente me mira de reojo, como queriendo decirme algo, pero se calla y vuelve a su lectura. Flynn vuelve al ataque: "Está bien Ana, veo por tu cara que ha significado un gran esfuerzo asumir que no estás a gusto contigo misma. Vamos a cambiar un poco la estrategia si te parece bien". Me mira esperando mi aprobación, yo asiento sin decir nada. "Ana ¿has tenido algún comportamiento anormal esta semana? ¿Algo que te preocupe? ¿Algún sueño?" Palidezco ¿Christian le habrá dicho algo? Por supuesto que sí, grita mi subconsciente. Bueno, si ya estoy aquí, quizás sea mejor hablar. Asiento con la cabeza y siento cómo las imágenes vuelven a mí más nítidas que en el sueño de anoche.
Le cuento lentamente mi sueño, con todos los detalles, la risa, la sensación de que algo no anda bien, mi desnudez, la distancia con Christian, mi angustia.
"¿Qué crees que significa ese sueño Anastassia?" suspiro y respondo, "creo que significa que Christian se burla de mí por algo que no puedo controlar y me abandona". Nada más termino de pronunciar estas palabras, la garganta se me cierra, la angustia vuelve a mí.
- "¿Por qué crees que él te va a dejar, Ana?"
- "Porque no soy digna" respondo sin pensar. "No soy digna de su amor" no lo aguanto más y rompo a llorar.
El doctor Flynn me acerca una caja de pañuelos desechables y me observa pacientemente. Cuando ya estoy mejor, me dice: "Ana, ¿por qué crees que no eres digna de su amor? Sabes todos los problemas que ha tenido Christian en su vida, tú lo sabes mejor que nadie. Has conocido sus inclinaciones sexuales, has lidiado con eso. Tú lo dejaste Ana y gracias a eso él descubrió que te necesitaba". Flynn se calla.
Suena como Christian, son casi sus mismas palabras. Quizás es un discurso que aprendió de Flynn. La verdad es que sé que haberlo abandonado esa tarde nos salvó a ambos. También es cierto que aún temo que nuestra relación vainilla no sea suficiente para él. Pero no es por eso que temo que me deje. La respuesta a mis miedos está justo frente a mí, cada vez que me miro al espejo. En el fondo de mi ser, en lo más profundo de mí, sé que él es casi un dios griego, con una belleza sobrenatural y yo soy solo Anastassia, el feo pajarraco de patas flacas al que todos molestan.
Lo he dicho bajito, es una confesión que duele muy profundo. Anastassia, nunca besada; Anastassia nunca follada; Anastassia, nunca amada… hasta que llegó Christian.
Flynn me sonríe: "Muy bien Ana, creo que hoy hemos hecho un gran progreso. Lo que haremos en las siguientes sesiones será trabajar en las causas de esa baja autoestima que tienes. Estoy seguro de que no te estás mirando en el mismo espejo que todos te vemos y tenemos que descubrir por qué, te lo mereces Ana".
Me sueno fuerte y le extiendo la mano. Flynn me sorprende con un abrazo y me rasca la cabeza, como si fuera una niña. Mi cuerpo reacciona con tensión al principio, luego se relaja. Respiro profundo, Christian ha quedado de venir por mí y no le gustará esta cara que llevo, querrá respuesta y no sé si quiero hablar.
"Adiós doctor Flynn", susurro
"Adiós Ana" y cierro la puerta.
