El esposo número tres

Vemos cómo Flynn se aleja y sale de la biblioteca, afuera Taylor lo lleva hasta el ascensor. Christian no deja de abrazarme, pero no dice nada. Quizás este terrible episodio haya servido para entendernos aún más. Es curioso que ambos siempre pensemos que el otro nos va a abandonar. Quizás tengamos más cosas en común de las que hemos pensado.

Me abraza, me toma en brazos y me lleva hasta nuestra pieza. Usualmente detesto que me cargue, pero estoy tan abatida que el calor de su cuerpo me reconforta y relaja.

Se sienta en la cama, aun conmigo en los brazos y no me suelta, Dios, qué bien se está aquí. Su calor comienza a despertarme, no se mueve, pero yo tengo una necesidad increíble de besarle. Mis manos cobran vida y comienzo a acariciar sus brazos, fuertes, firmes, esa zona permitida que es un deleite por sí misma. Apenas lo rozo con las yemas de mis dedos, pero siento como su cuerpo se tensa detrás de mí.

Me sujeta fuerte, pero yo quiero zafarme, necesito hacerlo, suavemente, me voy soltando y giro para quedar frente a él. Siento su erección contra mi cuerpo y sé que no necesito más.

"¿Estás segura?" Me dice Chrsitian, lo interrumpo y le sorprendo con un beso apasionado, y meto mi lengua por entre sus labios abiertos, aun hablando.

Mis manos se enredan en su pelo y jalan de él, sus manos, hábiles me desnudan en un segundo, sin dejar de besarme. Baja desde mi boca, besando mi cuello, mi clavícula, sigue bajando, lentamente hasta que llegar a mis pechos. Muerde un pezón y lo chupa con su lengua suave y tibia. Mi cuerpo se estremece, mis manos bajan y se posan en sus nalgas, las presiono hacia mí. Mientras, él ha cambiado de pecho y lo tortura suavemente. Sus manos han bajado hasta mi sexo y sus dedos rozan mi clítoris a punto de hacerme estallar.

Yo jadeo y digo su nombre: "Christian, por favor". Él no responde y se vuelca con su boca hasta mi clítoris, no lo resisto y apenas sentir su contacto, estallo en mil pedazos, sacudiéndome. Entonces él se incorpora y me besa suavemente, siento cómo su pene encuentra el camino y me penetra con dulzura. Nuestros cuerpos se mecen, se agitan y aumentan su velocidad. Jadeo y contengo la respiración, siento cómo los músculos de mi cuerpo se tensan, anticipando mi gran estallido al tiempo que grito su nombre. Siento cómo él llega al clímax y grita "Ana" antes de caer sobre mí. Nos abrazamos un rato. Encajamos perfectamente y quisiera quedarme ahí inmóvil, pero Christian ya ha salido de mí y me mira sonriendo.

"Qué buen polvo vainilla. ¿No Ana?" sonrío y le respondo: "Muy apropiado".

"¿Hay algo que quieras decirme?" Silencio. "Ya sabes que puedes hablarme de lo que tú quieras".

Finalmente me decido y con los ojos inundados en lágrimas le contesto: "Gracias".

"Oh nena, no hay nada que tengas que agradecerme. Soy yo el que tiene que darte las gracias a ti, por dejarme ser parte de tu maravilloso mundo. Sabes que no podías evitar la muerte de tu padre, él no te abandonó, él te amaba… Como yo"

No soy capaz de contener las lágrimas que corren silenciosas por mis mejillas. "No me dejes" alcanzo a balbucear. "Nunca" me responde y nuestros labios se funden en un nuevo beso.

-oOo-

El maravilloso armario que Christian compró para mí, hoy carece de interés. Escojo un par de prendas que ya me he puesto antes. Sé que combinan, así que no tengo que pensar en eso. Christian me observa con la mirada confusa, no quiero hablar, así que me vuelvo de espaldas a él para comenzar con el ritual.

"Ana, cariño, estás bien". Miento: "Sí, Christian" contesto, hay un silencio y lo siento moverse detrás de mí: "Está hermosa Señorita Steel… Sabes que no tienes que ir a trabajar Ana". Y me abraza por atrás, cierro los ojos y le contesto: "No resucitemos viejas discusiones, ya sabes que tengo que ir a trabajar, me gusta lo que hago y hay un par de chismosos a los que tengo que callar, desde que se supo lo de la compra de SIP todo ha sido más difícil para mí".

"Ana, no tienes que demostrarle nada a nadie. Cuántas veces tengo que decírtelo", tiene esa mirada oscura, al borde del enojo.

"Pero yo quiero hacerlo y fin de este asunto. Recuerda que hoy tengo sesión con Flynn. ¿Vendrás a buscarme o me conformo con Prescott?" Le sonrío. Su mirada cambia, como comprendiendo todo.

"Espérame, iré por ti" me abraza y me besa en la frente.

Cojo mi bolso y paso por mi almuerzo. La señora Jones me espera con una bolsa de papel. Amo los almuerzos de Gail y lo recuerdo de nuevo cuando abro mi bolsa para comer y saboreo cada sorpresa que esta mujer me envía cada día. Sin duda es una bendición.

El día pasa de prisa, entre manuscritos y reuniones, apenas he visto el correo. Antes de salir siento la vibración de mi Blackberry. Es un mail de Christian.

Para: Anastasia Steele

De: Christian Grey

Asunto: Tuyo por siempre

Anastasia,

No he dejado de pensar en tus ojos tristes de esta mañana. Este es un compromiso que quiero hacer contigo, porque necesito que tengas certeza de lo que siento por ti.

Antes de que entraras en mi vida yo solo conocía un tipo de relación. Una relación vacía que se basaba solo en mi propia satisfacción, pero desde el día en que te tropezaste en mi oficina, mi vida cambió. Mis ojos y mi corazón son solo tuyos. Nunca te dejaré, estaré contigo, mientras tú quieras que así sea. Sé cómo se siente vivir sin ti y no quiero volver a sentirme así. Estamos juntos en esto?

Tuyo por siempre,

Christian

Christian Grey

CEO, Grey Enterprise Holdings, INC.

Oh, Christian, mi niño perdido, mi cincuenta sombras, mi hombre, mío por siempre. Suspiro y tomo mis cosas.

-oOo-

Al salir de SIP, enlentezco los pasos, no quiero llegar a la consulta de Flynn. Ha pasado una semana desde mi hipnosis y sé que hay preguntas que debo responder y no estoy segura de querer seguir escarbando en mi pasado. Tengo a Christian, por siempre, qué más necesito?

"Buenas tardes Ana", me saluda Flynn

"Buenas tardes John", respondo forzando una sonrisa.

"Antes de que me pregunte nada John, hay algo de lo que quiero hablarle. Desde la semana pasada no he parado de darle vueltas a todo lo que pasó cuando yo era niña. Creo que nosotros sabemos que los actos de nuestros padres nos marcan en la vida, pero jamás creí que pudieran condicionar tanto un comportamiento. Sé que yo no tuve la culpa del accidente de mi padre. Sé que no lo podía evitar si quiera. Por esos raros designios, su hora ya había llegado, así como no era la hora de Christian cuando… cuando su madre murió o cuando fue el mmm… accidente de Charly tango. Yo crecí sin mi padre biológico, no recuerdo nada de él, ni sus brazos ni su voz. Lo de la semana pasada solo explica parte de mi miedo al abandono.

Cuando yo tenía uno años me enfermé. Nada muy especial, lo que siempre tienen los niños, fiebre, vómitos. En aquella época, mamá estaba casada con Ray. El buen Ray, creo que nunca había visto a una niña enferma. No lo recuerdo, pero supongo que me ofreció una taza de té, jaja. Mamá en cambio, ella no se movió de mi lado. Me cuidó día y noche, mientras yo deliraba en fiebre. Eso es amor incondicional y mi familia estaba completa entonces.

Pero, por más que yo lo quisiera, Ray no era el hombre perfecto para mamá y más temprano que tarde todo se terminó. Como sabes John, yo considero a Ray como mi padre, supongo que por todos los años que pasamos juntos y por su amor, incondicional también hacia mí. Mamá no nació para estar sola y al poco tiempo ya tenía un nuevo novio, un nuevo esposo. El esposo número 3. Ni a mamá ni a mí nos gusta hablar de él, supongo, porque él cambió la relación que nosotras teníamos.

Siempre me sentí un estorbo en la vida de ese hombre. El día que me conoció le dijo a mamá: "Anastassia, qué bello nombre para tan horrendo pajarraco" y aunque mamá se rió pensando que era una broma, yo sabía que era cierto. Él era muy guapo, con unos bellos ojos verdes y brazos fuertes. Su juicio, "horrendo pajarraco", fue como una puñalada para mí. Estaba en la edad en que deseaba que los hombres me miraran, pero él destrozó con ese comentario toda mi ilusión. Mamá siempre ha sido más atractiva que yo, pero yo era más joven, eso me daba ventaja no? No es que quiseira competir con mi mamá… quizás sí, no sé. Lo que tengo claro es que no necesitaba un rechazo así.

Un día me enfermé, como cuando era niña, con fiebre y delirios. Cuando él llegó a casa, yo estaba arropada en el sillón, frente al televisor. Me miró, pero no me vio… invisible, así era yo para él y supongo que eso me tranquilizaba. Pero de pronto se enfureció y caminó hasta donde yo estaba…"

No puedo seguir, tengo un nudo en la garganta que no me deja respirar. John se ha sentado junto a mí y me toma la mano, animándome: "Se acercó a donde tú estabas y ¿qué pasó Ana?"

"Me tomó por los brazos y acercó su cara a la mía. En sus ojos había furia. Yo temblaba entre el miedo y la fiebre. Él acercó su boca a la mía… recuerdo que el verde de sus ojos era tan… intenso. Cuando pensé que iba a besarme, me arrojó contra la puerta de mi habitación. Yo me hice un corte en la cabeza y comencé a sangrar, pero él no se movió. Me miró con una sonrisa extraña en sus labios. Tuve la sensación de que se burlaba de mí. Me levanté como pude y me fui a mi habitación.

Cuando mamá me llegó él la saludó como si nada hubiese ocurrido. Cuando ella le preguntó por mí, le dijo que estaba en mi cuarto y que no había salido en toda la tarde. Eso era verdad, no quería volver a encontrarme con ese monstruo de ojos verdes. Yo estaba en mi cama, con la frente rota por el golpe y con mucha fiebre. Mamá supo que algo no andaba bien, me preguntó por mi golpe, por él, pero yo mentí, le dije que me había tropezado en el baño a causa de la fiebre.

Nunca he mentido muy bien, por eso creo que ella sospechó y se sintió muy dolida conmigo por haberle mentido. Salió de mi habitación y no volvió a entrar… nunca supe si fue porque estaba enojada conmigo o porque el tercer esposo no la dejó."

"Ana ¿Cuál crees que era la intención de ese hombre cuando te tomó en el sillón?" preguntó el doctor Flynn interesado.

"¿Su intención? No sé. Hay días que pienso que lo que quiso fue besarme y otros, demostrarme cuanto me despreciaba. Me gustaría saber su opinión John."

El buen Flynn tuvo que pensarlo un poco y luego me contestó. "Creo que era un hombre atormentado por sus instintos, que probablemente amaba a tu madre, pero que tú le gustabas, aunque eras casi una niña. Creo que estuvo a punto de caer esa tarde cuando te vio sola y frágil, pero que se dominó lo mejor que pudo, aunque eso te dañó. ¿Qué piensas ahora Ana?".

"O que usted está loco o que tiene razón, aun no logro decidirme, John." Le dije seriamente.

"Bueno, tienes esta semana para pensarlo y me cuentas, Ana. ¿Qué pasó con el tercer esposo luego?" Me preguntó, pero mi cuerpo se tensó, buscando alguna excusa para salir, creo que ya había sido suficiente por hoy.

"Ya es hora Flynn y Christian me espera", suspiré.

"Bueno, no hagamos esperar al Señor Grey, entonces. Adiós Anastasia".

"Hasta la próxima John".

Christian estaba como había prometido, esperándome en el recibidor de la consulta. Tenía puesto un elegante traje negro, qué hombre más guapo, por Dios. Hoy sí parecía un importante ejecutivo. Pero su mirada estaba fría. Mierda, qué hice esta vez. Repasé mentalmente mi rutina, no había salido sola, Prescott me acompañaba a todas partes, muy a mi pesar, hice lo que dije, salí de la oficina y me vine donde Flynn, Dios, porqué tiene esa cara! ¿Qué hice mal?

Christian saludó a Flynn con un apretón de manos y leyó en mis ojos mi confusión. Me abrazó por la cintura y me acercó a su cuerpo. Abajo Taylor nos esperaba en la Sub. Christian no había abierto la boca. Me abrió la puerta para que me subiera y luego se deslizó junto a mí por el otro lado.

Tomé aire y le solté "¿pasa algo Christian?" Él me miró en silencio un rato. Sus ojos seguían fríos y distantes: "¿Por qué lo preguntas? ¿Debería pasar algo?" Su voz era casi tan fría como sus ojos. "¡Pues no lo sé, podrías decirme! ¿Por qué me estás tratando como si no me conocieras? ¿He hecho algo? ¡Porque te juro que esta vez no se me ocurre qué pudo haber sido!". Silencio. "Bueno, si no has hecho nada, entonces es que nada ha pasado". Exploté. "¡Basta Christian! ¿Puedes decirme qué hice mal ahora? Así terminamos de una buena vez con las indirectas". "Bueno" comenzó "en realidad es algo que no hiciste…" De nuevo mi mente repasó a mil por hora todo ese día sin encontrar fallas o faltas de compromiso hasta que, oh, oh, su email. Lo volví a mirar y sus ojos ya no estabn fríos, si no tristes, desilusionados. Claro, no contesté su mail, qué mal, qué torpe, herí los sentimientos del hombre que amo.

"Oh, ya veo, no contesté tu mail. ¿Es por eso?" Christian no contestó. Por supuesto que eso era. Me desabroché el cinturón y me subí a su regazo para mirarle a los ojos. Tomé su barbilla y lo forcé a mirarme. "Te amo" le dije y, con los ojos bien abiertos, lo besé.