Resiliencia
"Hay algo que no entiendo, cariño", dice Christian. Yo no contesto. Solo miro a mi hombre, sumida en la belleza de su cuerpo desnudo en la oscuridad. Él continúa: "¿Por qué nunca me has hablado de esto hasta hoy?". Su voz suena como a un reproche, pero me abraza con fuerza.
Insiste: "Ana, te estoy hablando… ¿Por qué has escondido esto, es que no confías en mí?"
Oh, acá vamos de nuevo. Debo parar esto antes de que se cierre como una ostra y retrocedamos todo lo que hemos avanzado en estos días. Aunque tengo pocas ganas de hablar… "No es lo que dices, Christian por Dios. No te parece que juntos hemos superado varios... ¿Mmmm problemas? ¡Dios! ¡Hemos cambiado tanto nuestras vidas desde que nos conocimos y eso que sólo han sido par de semanas! Uno no anda por ahí diciendo, 'miren a los 15 años un psicópata hizo que me comiera a mi mascota'. ¿No crees? Además, al lado de todo lo que otros han sufrido…"
Me detengo y escruto sus ojos, sus movimientos se han vuelto algo incómodos. Respiro profundo y continúo lentamente: "Amor, al lado de tus propios problemas y recuerdos, los míos son tan pequeños. Yo no era una niña de apenas 4 años como tú, y tuve a una madre firme que me defendió. Probablemente mi mayor daño es que por muchos, demasiados años, no pudo evitar que yo tuviera la peor de las imágenes de mí misma. Intenté ser invisible, ya te lo he dicho... Y lo habría conseguido, si Kate no se hubiera enfermado y me hubiese enviado a tu oficina". Le sonrío, pero sus ojos siguen oscuros y su labio está apretado, como conteniendo sus palabras. Lo miro, directamente a los ojos, para que sepa que todo lo que digo es sincero, pero no afloja.
El tiempo transcurre lento, él no contesta. Se ha acercado al borde de la cama y está sentado con los pies apoyados en la alfombra del cuarto. Me acomodo y me acerco a él abrazándolo por la espalda, pero él se levanta, se pone un chándal gris y sale de la habitación. ¿Dios, qué hago? ¿Lo sigo? ¿Lo espero? Quizás necesite un poco más de tiempo. No, no es eso, él se vengará de ese desgraciado mañana por la mañana. Aquí hay algo más. Me pongo una de sus camisetas y le sigo.
Christian está sentado frente al piano, en penumbras, pero la tapa está cerrada. Solo apoya su cabeza entre sus manos y jala suavemente de su cabello. Se ve abatido y mi corazón se parte en dos. Me acerco y me apoyo contra su cuerpo sentado. Respiramos en silencio, veo sus cicatrices y cierro los ojos. No quiero esto ahora. De pronto él se gira y me toma por la cintura, obligándome a sentarme a horcajadas sobre sus piernas, entre él y el piano. Ahora su mirada es tan triste, intento abrazarlo, pero me detiene y evita mi mirada… oh oh.
"Mira Anastasia, has cambiado mi vida, es verdad, supongo que yo también he cambiado la tuya. Has sido la primera relación normal que he tenido, mi primera vez en casi todo y adoro que así sea. Mi vida, mi infancia fue terrible, lo sé, pero luego aparecieron los Grey y me protegieron y cuidaron hasta hoy, ¿verdad?". Silencio tenso. "Te prohíbo que vuelvas a sentir lástima por mí. Yo no siento lástima por lo que pasó, probablemente me lo mereciera, no sé." Intento hablar pero él me detiene y clava su mirada en la mía: "Te prohíbo también que pienses, sientas o sospeches que tus problemas son menos relevantes que los míos. Tú eres lo más importante en mi vida. Casi me muero cuando me dejaste, te lo he dicho cientos de veces, ¡mierda! Y eso es porque no hay nada en este mundo que me importe más que tú. Quiero saber todo de ti, quiero protegerte de todo y de todos. Nadie te hará daño, ni siquiera yo. Cuando te aburras de mí y me dejes, te dejaré ir, libre".
Siento cómo mis ojos se llenan de lágrimas y corren tibias por mi rostro. Su mirada se ha suavizado y me toma el rostro con sus manos firmes. "No llores", me dice y besa mis lágrimas. Este hombre, loco del control, me tiene absolutamente dominada. No haría nada que le hiriera, nunca. Lo miro y con un hilo de voz le digo: "Nunca te dejaré" y él me abraza.
-oOo-
-"¿Aló, John?"
-"Sí, Ana"
-"Excelente Flynn. ¿Sabes lo que conseguí con contarle a Christian lo del tercer esposo?"
Incluso por el teléfono siento cómo Flynn se sonríe y me contesta:
- "Me lo puedo imaginar, pero prefiero que me lo cuentes tú personalmente"
- "Sí, sí, creo que esto ameritará una copa de vino, John. Voy para allá"
El viaje a la consulta de Flynn fue veloz. Le dije a Christian que tenía una sesión extra, por lo del matrimonio y que necesitaba hablar con John. Es suficiente tener que lidiar con mis propias culpas, y además tener que sumarle nuevas culpas relacionadas con mi psiquiatra y mi novio obseso del control, por Dios.
"El doctor está con un paciente, tendrá que esperar un momento, Señorita Steel", me anuncia sonriente la secretaria de Flynn. Yo respondo cortésmente: "No hay problema, lo espero".
Cinco, diez, quince minutos... Flynn tendrá que cobrarle extra a este paciente. Me pongo de pie y me acerco para reclamarle a la secretaria por la tardanza del doctor cuando se abre la puerta:
-"¿Christian?" Digo sorprendida. Él sonríe, como si acabara de cometer una travesura.
-"Señorita Steele, lamento haber retrasado al doctor Flynn, era un asunto de suma urgencia".
De pronto pienso que quizás está acá por Leyla, pero no se encontraría tan sonriente si así fuera. De todos modos le pregunto:
-"Leyla?"
- "Oh, no, una mujer mucho más interesante y que me tiene loco" me guiña un ojo y se va.
John me recibe en su consulta. Qué habilidad tiene ese hombre para hacer como si nada hubiese pasado. "John" le recrimino. Él me hace señas para que me siente y me dice: "Y qué querías que hiciera. Christian es mi paciente hace mucho tiempo y venía francamente preocupado, pero no diré más. Secreto profesional".
Tomo aire, me siento y le respondo: "Asumo que el secreto profesional corre para ambos lados, ¿no? ¿Te ha contado lo que hizo?". John niega con la cabeza y dice, "puedes contármelo tú, Ana, creo que por eso has adelantado nuestra sesión, ¿no?"
"En parte, John", le respondo secamente. "Es que estoy angustiada por ese hombre. Christian lo rastreó y en menos de dos días lo encontró. No lo podía creer, en serio Flynn. ¿Cómo hace para que todos le obedezcan y tan rápido? Estábamos sentados en la cocina y me dice: 'Lo encontré' y sonreía como un niño que acaba de hacer una maldad de la que se siente muy orgulloso. Reconozco que mi estómago se revolvió al instante y palidecí. Christian, no ocultaba su orgullo y me dijo: 'sí, lo encontré en un pueblo de Misisipi, llamado Summer. Era un lugar demasiado pequeño para un psicópata como él. Tenía una pequeña tienda de comestibles'. Bueno, supongo que sabes cuál es la forma 'Grey' de hacer las cosas. Compró la tienda, lo despidió y luego cerró el lugar. Descubrió que tenía una hipoteca en un banco impaga, la pagó y lo lanzó de su casa. En un pueblo tan pequeño, cayó en desgracia y se fue. Christian pretende arruinarlo una y otra vez… hasta que el hombre se canse".
"Sabes, John? Creo que de algún modo me siento vengada, como en los libros antiguos, pero es demasiado. Ok, ya lo hizo, pero no quiero que siga. Me doy por pagada o por vengada, como él quiera".
"Mira John, yo no seguí pensando en él. Lo había olvidado o bloqueado, como prefieras, hasta el día de la hipnosis, cuando preguntaste por mi cumpleaños número 15".
Cambio el tono de la voz, me calmo y vuelvo al recuerdo:
"Después de ese día, vino el juicio, las órdenes de alejamiento. Deshacernos de sus cosas y aunque mamá quiso mantenerme alejada de todo eso, yo necesitaba borrar con mis manos los rastros de ese hombre en nuestras vidas. Así que no solo limpiamos sus cosas, yo decidí que había que pintar la casa y durante semanas la fui pintando, cuarto por cuarto, por dentro y por fuera, hasta que me sentí limpia".
"No era una chica de muchos amigos, nunca lo fui. Me acompañaba de mis libros, los clásicos, ya sabes, Shakespeare, Keats, Marlowe y al lado de sus historias, lo que yo había pasado tenía un final feliz. Había tanto por qué sufrir en la vida, que aquello no me parecía suficiente".
"No tuve depresión, no hubo cambios en mi personalidad, no me rebelé, nada… La especialista del servicio de salud le dijo a mamá que yo tenía una asombrosa capacidad de reponerme a los sucesos traumáticos que había vivido. Ella lo llamó 'resiliencia' y sí, creo que era capaz de sobreponerme a todo. Creo también que era así, porque nada me importaba lo suficiente en la vida como para no querer seguir en ella, era un simple pasar, en el que me sentía cómoda".
"La única vez que pensé que no me recuperaría fue cuando dejé a Christian. Dejé de comer, de dormir. Era un zombie yendo a trabajar. Ni siquiera fui capaz de percibir que Hyde me acosaba. Creo que ese espiral de destrucción habría seguido hasta morirme o hasta que Kate llegara… si sobrevivía hasta ese punto".
Flynn me interrumpe con una pregunta: "Ana, crees que Christian te quitó tu capacidad de resiliencia?"
Contesto, tranquila: "Lo amo, lo amo tanto John. Creo que podría sobreponerme a cualquier cosa, menos a perderlo. Pero no. Christian no me ha quitado nada, solo me ha dado una razón por la cual vivir de verdad".
John me sonríe: "Creo que debes decírselo… Te contaré algo, está nervioso como un niño, porque teme que no le perdones por lo que le hizo al tercer esposo, aunque está feliz de haberlo hecho".
Al salir de la oficina y para mi sorpresa, Christian me está esperando con una hermosa orquídea morada en sus manos, me lanzo a sus brazos y él me recibe, seguro como siempre. "Vamos a hacer un trato", le digo, "yo recibo esa hermosa flor y no reclamo por tus regalos, ninguno". "¿Ninguno?" pregunta asombrado. "Ninguno" insisto. "Pero tú dejarás en paz a ese hombre. Ya tuvo suficiente y yo me siento vengada, como en los libros. ¿Está bien?". Sé que Christian odia este tipo de promesas, nada que lo limite, pero asiente con seriedad, "hecho, señorita Steele".
"Ahora vámonos de aquí que, por una vez, Flynn te ha devuelto con una cara apta para salir a cenar".
