El estilo Grey
Como puedo y aun caliente me doy una ducha rápida y me paro frente a mi armario. ¿Qué será apropiado para un día como hoy? Ayer terminé corriendo descalza para salvarle la vida a mi novio. ¿Qué aventura me espera hoy? Pienso en eso y sonrío, un poco inconsciente de los peligros, pero cuando lo advierto, me recrimino. Vamos Ana, eres una mujer prudente. Suspiro y escojo unos pantalones negros, talle alto y una blusa semi transparente blanca, zapatos a juego, todo muy chic.
Salgo del vestidor y me dirijo a la cocina a tomar desayuno, Christian sonríe y me hace señas para que me siente a su lado. "¿Huevos con tocino Ana o lago más liviano?" inquiere la señora Jones. "Huevos está bien, señora Jones, gracias". No termino ni de hablar y ya está el desayuno servido; una tasa de café para Christian y té Twinings para mí. Christian toma su café y me pasa un papel.
Un papel, en realidad debería decir, un testamento. En él están los nombres de sus posibles enemigos, sus datos para contactarlos y las posibles razones. Los motivos van desde "ex amante insatisfecha" hasta "compré su negocio familiar y lo liquidé", pasando por "no le gusta que le gane en el golf". Este hombre sí que tiene enemigos.
Me mira muy serio, observando cada movimiento de mi rostro. "¿Qué?", inquiero. "¿Entonces es ahora cuando me dejas y sales corriendo?". Lo dice como tanteando el suelo donde pisa, tratando de saber si de verdad estoy espantada y huiré o me quedaré
"¿Cuánto más tendré que repetirte que no me iré a ningún lado? Christian, nos casaremos en unas semanas, no huiré, aunque es claro que tu lista es… intimidante". Intento sonar calmada, aunque de verdad estoy horrorizada. Sonrío y él me abraza: "No sabe mentir Señorita Steele, pero agradezco que intente disimular su impresión. En realidad no es tan malo cuando lees todos los nombres y sus motivos. Hay algunos muy antiguos o muy pequeños, pero los he puesto a todos, para que no se nos vaya a escapar nadie".
Observo la lista y leo cuidadosamente las razones, una a una… algo me falta, alguien me falta… pero aun no sé quién. Christian nota mi indecisión, me interroga con la mirada. De pronto descubro quién me falta y con orgullo de escolar que ha hecho la tarea le digo: "te falta el tercer esposo" y sonrío satisfecha.
-oOo-
Hoy no iré a la editorial. La prensa nos acosa y hemos quedado de reunirnos con la Policía. Por supuesto que con el estilo Grey, Christian logra que la policía venga al apartamento, en vez de ir nosotros a la estación. Ha enviado la lista y quedamos de reunirnos en una hora más. Se supone al ser la seguridad de un multimillonario la que está en riesgo, las cosas irán rápido. Mientras llega la hora de nuestro encuentro y seguimos con los trámites e investigaciones del ataque, me concentro en revisar un par de manuscritos que Hanna gentilmente me ha enviado para que me "entretenga".
Cerca del medio día, nuestro departamento se llena de trajes azules y la señora Jones se mueve ágil por la casa, ofreciendo café y galletas. La reunión se realiza en la sala esta vez, somos demasiados para el estudio. Lo primero es revisar las cámaras de seguridad de la consulta de Flynn.
Pregunto por la salud del chico que conducía mi coche. Gracias a Dios, está bien. Por supuesto que Christian está pagando el mejor hospital, los mejores médicos y terapias. El chico se pondrá bien y contará con una pensión 'Grey' de por vida.
Las cámaras de Flynn están limpias, no se ve nada sospechoso. Mientras revisamos las de Escala, la Policía nos explica que las bombas fueron activadas a través de un teléfono móvil, igual que las de los trenes en España, el 2004, que dejaron centenares de muertos y heridos. Gracias a Dios, la carga explosiva de esta bomba era menor. Probablemente buscaban asustarnos más que matarnos… o el autor es un aficionado.
En las cámaras de Escala vemos cómo se abre la puerta del garaje, mientras entra una camioneta de reparto. Antes de que se cierre la puerta se ve a un hombre deslizarse dentro del edificio. Espera que no haya nadie y se traslada hasta mi coche. Rápidamente abre la cajuela y mete en él un paquete pequeño. ¿Cómo abrió el coche sin que sonara la alarma? Todos me miran. Obvio, nunca pongo la alarma ni cierro mi coche, nunca. Christian me mira furioso, pero no dice nada, seguro me reprenderá después.
Aun así, el video no muestra ni una figura ni un rostro que podamos reconocer. Seguimos a ciegas. Los siguientes pasos son revisar la lista que les ha enviado Christian y chequear los registros de tarjetas de crédito para destacar compras sospechosas, todo muy FBI. La siguiente reunión será al terminar la tarde. La policía se retira y yo espero resignada mi reto. Un largo e incómodo silencio se extiende entre nosotros. Me acerco a Christian, pero está frío y distante, vuelvo a mi lugar y espero la recriminación.
"¿Sabes lo que significa esto Ana? Con tu imprudencia nos has puesto en peligro a todos. ¡Mierda! Es un botón, solo un botón el que debías apretar. ¿Cómo puede ser tan difícil eso?".
"En donde yo vivía no eran necesarias esas cosas" le contesto.
"Pero estás en una gran ciudad y hay un psicópata que te ha enviado anónimos amenazándote. ¿No te parece suficiente?".
"Las costumbres no se cambian en un día, Christian".
"Pues llevamos más de un día en esto Ana, algo deberías haber aprendido sobre tu seguridad. ¿No crees? Hay un chico inocente herido y lo peor de todo es que podrías haber sido tú".
"O tú" bajo la mirada. Es cierto, nos he puesto en riesgo a todos, una vez más. Pero Christian no tiene intención de olvidar esto tan fácilmente.
"Lo siento Ana, pero tendremos que evaluar que te hagas cargo de tu coche. Por ahora, no conducirás".
"Pero…".
"No quiero discutir más, Ana".
"Bueno, pero no soy yo quien tiene más de un centenar de posibles enemigos. ¿No? ¡No es mi culpa!".
"No, no es tu culpa, pero no conducirás ni te harás cargo de un coche hasta que todo esto se resuelva". Furiosa, tomo mi bolso y me dirijo al ascensor.
"¿A dónde crees que vas?".
"A ver A Flynn" contesto mientras se cierra la puerta del elevador.
Espero cerca del coche a que llegue Prescott o Sawyer, a quien Christian mande. No tengo intenciones de generar más problemas. Sawyer aparece apresurado y me ve junto al coche. Inspecciona el auto y luego me abre la puerta para que entre. Hoy agradezco el gusto de Christian por los autos, porque el suyo está descompuesto y el mío destruido. Al menos no tengo que salir a cazar un taxi. Rápidamente salimos del edificio hacia la consulta de Flynn, esquivando a la prensa que está a la salida del Escala.
Cuando entro a la consulta de Flynn su secretaria salta y me abraza: "Oh señorita Steele, perdone mi atrevimiento, pero es que fue tan terrible lo que ocurrió ayer. El chico, el portero, él es mi sobrino, ¿sabe? Agradezco tanto lo que el señor Grey está haciendo por él. Sé que se repondrá y estará bien". ¡Dios! Lo que me faltaba para mi sentimiento de culpa diario, el portero es su sobrino. Le sonrío amablemente sin saber que decir. En seguida me abre la puerta y entro al ya familiar despacho de Flynn.
"Buenos días Ana, pensé que no vendrías hoy, con todo lo que ocurrió ayer…".
"Pues necesito un espacio para escapar de tanta locura y qué mejor que venir a hablar con mi loquero favorito, John". La frase está cargada de una melancolía desalentadora.
"Muy bien Ana, toma asiento. En nuestra última sesión hablamos de Kate, su amistad, su influencia y bueno, sobre tu visión crítica respecto de si eres suficiente para Christian. ¿Cómo estás hoy? Han pasado muchas cosas".
"Y honestamente ninguna alentadora, John. Fue mi culpa que pusieran esa bomba en el coche. Yo dejé el auto abierto, por eso pudieron instalarla sin levantar sospechas. Además, los anónimos están dirigidos a mí… esto ha sido agotador".
"Ana, dejar un auto abierto no es razón suficiente para considerarte culpable. Por lo demás, quien esté haciendo esto, buscará la forma, independiente de tus acciones".
"Imprudentes acciones, ciertamente. No me dejan más tranquila tus palabras. No entiendo cómo una persona, tan joven, ha sido capaz de crearse tantos enemigos, gente que quiera dañarlo. Sé que probablemente son más las personas que le quieren, pero… no sé. Es tan extraño. Yo creo que podría contar con una mano las personas con las que he hablado más de 15 minutos, con ambas manos podría decir quiénes son los que me recuerdan. Esto de que tanta gente esté pendiente de ti, de lo que haces o no, me parece perturbador, no sé cómo se vive así, en un estado de alerta, pendiente de todo y de todos. Aunque, claro, quizás Christian no lo hace y es por eso que se ha ganado más enemigos que personas que me recuerden".
Flynn me observa y toma nota. "¿Por qué has llegado a esa conclusión Ana", pregunta.
"Bueno, la Policía nos ha pedido que hagamos una lista con los nombres de quienes creemos que puedan querer dañarnos. En mi lista tengo solo dos nombres, Jack Hyde y el tercer esposo, y ninguno es realmente por causa mía. ¿Ves? Yo no despedí a Hyde ni destruí la vida del tercer esposo. En ambos casos fui la víctima de sus perversiones. Pero Christian no pudo dejar que las cosas pasaran, dejarlas ahí. Lo del tercer esposo pasó hace tantos años, pero él, en su afán justiciero lo busca y le hace daño, limpiamente, pero le daña. Esas cosas de Christian me confunden. Sus métodos tan poco ortodoxos".
"¿Por qué crees que Christian hace esas cosas, Ana? ¿Crees que es una mala persona?"
"¡Por supuesto que no Flynn, por Dios! Christian no es una mala persona. Eso es lo que no logro entender, por qué actúa así. Es un ser cambiante, inseguro para algunas cosas y lapidario para otras. A veces me confunde, nunca sé cómo va a reaccionar, pero una mala persona no es. Nadie que quiera erradicar el hambre del mundo puede serlo".
Me miro las manos, blancas y frías. Quizás tenga que ver con su infancia, con el ansia de vengar las injusticias de las que fue víctima en su niñez. Su complejo de súper héroe que lo expone constantemente a las miradas críticas de todos.
"Mira John, creo que tiene que ver con la necesidad de ser un gran superhéroe que vengue las injusticias. Es claro que esto está relacionado con las atrocidades que vivió en su infancia. Es un vengador de causas justas, supongo, pero también es un frío empresario que compra y liquida empresas. Sé que es ético y que no deja a nadie que no lo merezca desempleado. También rescata talentos, ¿no? Es el 'modo Grey' de hacer las cosas".
"¿El modo Grey?".
"Oh, sí, así le he puesto. ¿Quieres el decálogo? Mmmm…
Yo lo controlo todo
Yo tengo la solución de todo
Todos vienen a mí y me obedecen
Sin sentimientos no hay problemas
Si me sirve me lo quedo, si no, lo desecho
Si no es justo yo me encargo de que lo sea
Si es malo, yo lo arreglo
Si es seguro es bueno, si no lo es, contrato más guardias
Ayudo al que me ha servido bien
La familia antes que todo
¿Te gusta?"
"Muy ingenioso, Ana, aunque no creo que a Christian le gusten algunos de tus mandamientos".
"Pero es así como yo lo veo, John. Si no controla todo, se vuelve un ser inestable, hasta insoportable. Entiendo que es por su pasado, pero a veces se excede".
El sonido del teléfono de su escritorio nos sobresalta. Flynn contesta de prisa, esto es inusual. Le escucho monosílabos como "mmm, sí, mmm comprendo, ¿cómo? Ah, sí", pero no distingo con quién habla. Finalmente corta.
"Ana, sabes lo que son las 'marcas del FBI'". Niego con la cabeza, ni idea de lo que está hablando. "Bueno, cuando un sujeto hace consultas extrañas en internet o compras sospechosas, se van activando marcas en los archivos del FBI. Este sistema lo utilizan para detectar posibles asociaciones terroristas e intentos de atentados explosivos. Pues bien, cruzaron las marcas del FBI y los registros de las tarjetas de créditos de la lista que entregó Christian y ya saben quién puso la bomba en el auto. Christian viene para acá".
Lo miro boquiabierta. "¿Quién es, John?", pregunto. "Christian me ha pedido que te quedes conmigo y no salgas. No me ha dicho quién es".
¿Y ahora de qué hablamos? ¿En qué íbamos? ¿En el obseso del control que soluciona todo a su manera? ¿Así que no debo moverme? Eso implica que el asesino me conoce mejor a mí que a él… ¿O es solo el espíritu sobreprotector de Christian? Ay Dios, qué forma de interrumpir mi sesión.
Miro a Flynn: "No le dirás nada del Decálogo Grey, verdad?". "Por supuesto que no", me guiña un ojo John. "Eso es entre tú y yo, aunque creo que sería divertido que se lo dijeras a Christian, no hoy, por cierto".
Estoy que me hago un nudo en las manos cuando se abre la puerta. La dureza de su mirada se ha ido, pero no logro descifrar qué hay ahí. No es temor, pero su mirada es gris y oscura. Se acerca a mí y me abraza, escondiendo su cabeza en mi pelo. "Oh, nena, lo siento tanto, de verdad, por favor perdóname, no es tu culpa".
"Dime quién es, Christian". Él toma mi rostro entre sus manos cálidas y me besa en la frente: "Es… el tercer esposo".
