Miedo
La bendita broma que sus hermanos le habían gastado cuando era más pequeño, conservaba ciertas secuelas que hubiera deseado no tener. Aún así, supo que en esta ocasión, el temblor de su cuerpo, el grito mudo de su rostro, la desaparición de su voz y el gesto de terror de su cara, no tenían mucho que ver con su fobia infantil… sino con el hecho de que había arañas gigantes a punto de comérselos. Una voz en su interior grito de desesperación cuando se acercaron ¿Por qué había aceptado ir al bosque prohibido a mitad de la noche para perseguir arañas? Había sido un estúpido y ahora iba a morir; al menos en su conciencia quedaría que no había dejado que Harry fuera solo y había querido averiguar algo para que Hermione despertara. Sí, era un estúpido e iba a ser devorado por los hijos de una araña del tamaño de un elefante pero había sido eternamente leal, a sus amigos y a sí mismo siguiéndolos a donde fuera necesario.
Eso no quitaba sin embargo, que estaba muriéndose de miedo.
Los sueños se habían vuelto tan reales que su mente había empezado a fusionarse con la realidad. A veces, pensaba que y había despertado y asistía a clases normalmente, con clases extrañas pero relativamente parecidas a como recordaba. A veces comía con Ginny, la hermanita de Ron, y platicaban cosas de chicas, secretos a murmullos para que nadie más que ellas mismas escucharan. Sus padres aparecían ocasionalmente, visitándola en el colegio o sentados a la mesa de su inmaculada casa alejada del Mundo Mágico. Otras veces, las mejores, estaba con Harry y Ron, abrazándolos, riéndose, conviviendo con ellos, disfrutando que lo peor había pasado y los tres estaban a salvo y felices; era, sin embargo, en esas ocasiones cuando se daba cuenta de que seguía petrificada.
Porque no veía nunca el rostro de sus mejores amigos y eso la inquietaba a tal grado que pasaba a sentir miedo.
Vivos. Vivos por suerte y gracias al coche-salvaje-fugitivo de su padre. Pero vivos. Ron apenas pudo murmurar un par de cosas antes de vomitar y calmarse. El deseo de no mostrar su debilidad a Harry se hizo añicos pero su amigo no pareció notarlo. Se arrastro aun temblando ligeramente al castillo, dándose cuenta de que Harry parecía no estar tan asustado sino más bien… intrigado. Queriendo hacer caso omiso de la evidente alerta de nuevo peligro con su amigo y profundamente cansado, se quedo dormido solo para ser despertado de golpe por Harry que ya había descifrado lo que sea que hubiera querido descifrar.
Cuando Harry le informo la nueva fase de la aventura esta vez su sentimiento fue resignación pues sabia que mientras fuera amigo de Harry, estaría condenado a lo mismo.
Y los mejores amigos son para siempre… y solo tienen descanso cuando están petrificados en una cama de enfermería.
