Al trasponer el umbral, Rey se encontró en una habitación aparentemente vacía. Había unas tenues luces en la entrada. Dio unos pasos y se descargó de sus pertenencias.

Luke entró tras ella, y murmuró «No es exactamente mi casa». En la cara del viejo jedi había una expresión seria y quizá, algo preocupada.

— Tengo tantas cosas que preguntarle — dijo Rey, volviendose hacia el.

— Sobre tus orígenes y sobre personas de tu pasado. Lo sé — la anticipó Skywalker

Rey pareció algo perpleja, pero sólo por un instante. Luego prosiguió con voz cargada de emoción.

— ¿Qué sabe de mí?

— Sé algunas cosas — repuso Luke — En realidad, te estaba esperando, ¿sabes?. El sable de un jedi es su vida. Yo me hice otro al perder este, pero siempre supe que mi primer sable regresaría a mí. Por eso puse a R2-D2 en hibernación con el resto del mapa, hasta que se cumpliera el tiempo. Y cuando sentí un despertar en La Fuerza, hace pocos días atrás, cuando un arma gigantesca comenzó a perturbarlo todo con violencia, destruyendo planetas enteros con toda su gente, con toda su vida, supe que ...bueno, que alguien como tu debía traérmelo.

— ¿Alguien como yo?

Luke sonrió, pero no agregó nada más. Rey, impaciente, se acercó a él, y le miraba suplicante y desafiante a la vez:

Necesito saber quién soy. Tengo algunos vagos recuerdos, pero hay lagunas que me impiden tener realmente un pasado.

— Y yo te diré lo que sé, pero a su tiempo.

— ¿No cree que es injusto que yo esté en la ignorancia respecto a mi propia vida?

— A su tiempo — repitió el jedi, mirándola fijamente. — Primero debo...más bien debemos tomar la difícil decisión de si te quedarás conmigo como padawan. Ya habrá tiempo para hablar del pasado; es en el futuro donde está lo que ahora es realmente importante para ti.

Rey quiso protestar nuevamente. Le parecía muy duro estar frente a una persona que quizás sabía más sobre ella que ella misma, y no poder preguntarle nada. Sentía que era injusto tener aquel horrible rompecabezas incompleto en su memoria. Pero tenía la sospecha de que Luke Skywalker estaba probando todas sus acciones, y de que si se mostraba muy impaciente no podría ganarse la confianza del jedi. Desvió la mirada y escrutó la habitación en forma de domo. En el extremo más alejado había una oscuridad total que le llamó inmediatamente la atención. Era una oscuridad fría...maligna.

— ¿Qué es eso? — preguntó. Luke la observaba quieto como una estatua, con las manos cruzadas por delante en actitud de espera. Después de unos instantes, respondió:

— Donde yo fui entrenado, en Dagobah, hay unas cavernas con una fuerte presencia de la Oscuridad. Cosas horribles se hicieron allí, y su energía impregnó todo el lugar. Yoda, mi maestro, me probó haciéndome entrar en ellas. Esto es más pequeño, pero cumple la misma función. Y ahora, tu debes avanzar hacia esa oscuridad.

— Es frío y oscuro, como la muerte — dijo Rey, comenzando a avanzar. No quería dejar traslucir ningún temor. Pero ni siquiera ante Kylo Ren había sentido con tal fuerza al Lado Oscuro.

Un vendaval de recuerdos llenaba la mente de Luke. Y preguntó, tal como se le había preguntado a él una vez:

— ¿Tienes miedo, Rey?

Rey volvió la vista hacia él con cierta brusquedad y repuso con expresión desafiante.

— No tengo miedo.

— Lo tendrás — repuso Luke, viéndola internarse en las tinieblas.

La joven percibía susurros musitando su nombre. Quiso mirar atrás, y ya no vio a Luke, ni la entrada. Se encontraba en un bosquecillo de árboles de tronco estrecho que ella recordaba bien. Parches de nieve se destacaban aquí y allá entre la maleza, y algunos copos caían suavemente. Un resplandor lunar confería al bosque un aspecto triste. Rey quiso avanzar más, pero se detuvo de golpe: ya lo sentía. Y ahora ella no tenía armas.

El sable triple de Kylo Ren apareció desde atrás de una roca, y luego la máscara. Sin armas era una locura enfrentarse a Ren, por lo que Rey quiso dar media vuelta y huir, pero se encontró paralizada, otra vez.

Vio que Ren se acercaba con el sable fulgurante a un costado. Estaba ya a un paso de distancia. El calor de la hoja escarlata era intenso, y el aire ondulaba. Entonces Rey le espetó : "Ya te vencí una vez, puedo hacerlo de nuevo". Ren acercó el sable a la cara de la muchacha, y murmuró con una voz más grave, más aterradora "El que tu venciste ha muerto. Lo he destruido. Era débil e insensato".

En ese momento, Rey superó la parálisis y logró correr. Pero entonces vio dos sables de luz azules que le cortaban el paso en medio de los troncos. Al principio solo vio resplandecer las dos hojas, pero luego notó que más atrás había una tercera e incluso una cuarta barra de luz azul, cuyos dueños, solo perceptibles como sombras en la bruma, parecían dispuestos a atacarla. Ella se detuvo, totalmente confundida.

"No lo intentes, Rey"- dijo la voz de Luke Skywalker en tono de ultimátum. Su voz sonó cavernosa y distante. La primera sombra, Luke, avanzó hacia ella.
- ¿Que no intente qué? - preguntó Rey, que muy a su pesar estaba comenzando a desesperarse por no comprender la situación.
Entonces la segunda sombra se destacó avanzando hacia ella. Era Finn, vestido como padawan. Pudo ver que el joven tenía lágrimas en los ojos, y temblaba de pies a cabeza, pero no dejaba de blandir un sable de luz firmemente frente a ella.

- Rey, no puedes hacerme esto – dijo Finn mirándola a los ojos, en tono de súplica.

- ¿Hacerte qué? - gritó ella.

- Entrega el sable. Por favor. - volvió a rogar Finn, acercándose mucho más. Skywalker se mantenía quieto unos metros más atrás, pero en guardia.

«¿Pero qué sable?» - quiso preguntar ella, y miró su mano. Tenía un sable láser firmemente cogido por la empuñadura, y su mano estaba enfundada en un guante negro. Lo encendió y una hoja de luz escarlata cortó el aire. Se miró la ropa, y era totalmente negra. Finn estaba a su alcance, y por algún motivo el joven ya no estaba en guardia. Había bajado su sable, y le corrían lágrimas por las mejillas. La voz de Skywalker se sintió perentoria «¡Finn, aléjate de ella! ¡Ya no es Rey!» Pero en un movimiento veloz, Rey se vio a si misma atravesando el cuerpo del desertor de la Primera Orden por el vientre, de parte a parte. El rostro del joven se contorsionó de dolor, sus ojos se abrieron inmensos por un momento, e inmediatamente su mirada se tornó pequeña y vidriosa, y se sintió el golpe sordo de un sable láser al caer inerte sobre las piedras mientras Rey se escuchaba a sí misma diciendo con voz descompuesta: «Ninguno de ustedes confió en mí. Todos me abandonan». Pudo percibir que tres sables azules se lanzaban contra ella. El primero era el de Luke, y los otros eran de dos jóvenes padawans, niños en realidad, que ella nunca había visto. Pero Rey tenía la mirada puesta en el rostro de Finn, que se alejaba del suyo con expresión triste, sin rencor ni dolor, pero de forma inexorable; la abandonaba, la dejaba sola tal como ella había visto alejarse a aquella nave que, en su niñez, la había dejado en Jakku. Entonces se escuchó a sí misma gritando «¡No me abandonen! Quédate. Yo sólo quería hacer lo mejor»

Entonces se disipó de un golpe la oscuridad, y Rey se vio de nuevo en la habitación, pero se encontraba de rodillas y lloraba ía murmuraba «No me abandonen otra vez»

—¿Qué ha sido eso? —Preguntó al fin, secándose la cara.

Luke se había arrodillado frente a ella sobre los tapetes, y la observaba con expresión neutral. Pero no respondió. Esperaba pacientemente que se recuperara.

— Yo JAMAS dañaría a un amigo. —prosiguió Rey, con voz trémula por la emoción — Eso NO puede ser lo que pasará. NO me diga que acabo de ver el futuro, porque no lo creeré.

— No tiene que pasar – repuso el maestro después de un instante, poniéndose lentamente de pie — el futuro no es estable, sino que depende de nuestras decisiones, y no se puede anticipar con exactitud. Pero creo que La Fuerza te ha mostrado algunas de tus debilidades, y algunos de los peligros a los que estarás sometida de hacerte jedi. Debes meditar profundamente sobre lo que el Lado Oscuro te mostró aquí, y si lo haces bien, te harás un poco más fuerte.

— Creo que fallé. Escapé. Y luego me vi donde no debía estar — dijo la joven, aceptando la mano que el jedi le ofrecía para ponerse de pie. Había pensado en no decir nada, pero su sinceridad natural pudo más.

— Puede ser — repuso el jedi — Pero salgamos de aquí. Por cada instante que pasamos en este lugar envejecemos de forma acelerada por la influencia del Lado Oscuro. Toma tus cosas.

Salieron y se pararon uno al lado del otro, de espaldas a la puerta. Ya era de noche, y hacía frío. Apenas se veían los bultos negros de las altas peñas. Rey contempló las pocas estrellas que había, mientras la brisa le hacía doler las mejillas y alborotaba sus cabellos. Entonces rompió el silencio:

— Volveré con la General Organa. Quizás pueda ser útil a la Resistencia allí. Puedo ser piloto o reparar maquinaria. Y si no puedo quedarme allí, regresaré a Jakku a recolectar chatarra hasta que me muera.

— ¿Qué, ya te estás dando por vencida? — repuso Luke, después de una breve pausa.

— Pensé que...

— Fallaste, si, pero en realidad, creo que lo hiciste mejor que yo la primera vez que estuve en la Cueva. A ti el lado oscuro se te mostró. Yo, en cambio, le dejé fluir en forma de ira.

— Yo no tenía sable. Y tuve miedo — dijo Rey, que no podía dejar de ser directa. Pero la esperanza latía dentro de ella otra vez.

— Creo que más que miedo tuviste temor. Hay una sutil diferencia entre el miedo y el temor. Todos tememos. Es natural. Yo también tengo temores, Obi-wan Kenobi los tuvo, el Maestro Yoda también. Tener temores razonables no es lo que nos hace fallar, sino dejarnos dominar por ellos.

Hizo una pausa y casi se rió al ver que el rostro de la joven era radiante otra vez. Luego dijo.

— Comunícate con Chewie y con R2-D2, y diles que no regresarás al Halcón Milenario hasta mañana. Y recuerda: aún lo estoy pensando.

Rey sonrió y se dispuso a seguir a Luke, que había vuelto a encender su linterna y encaminaba sus pasos otra vez por el sendero de piedra.