Finn se ve en un gran salón abovedado de paredes marmóreas. Arcos ojivales parecen elevarse hasta el cielo como llamas, confiriendo solemnidad al ambiente. Hay una reunión, una multitud de criaturas de todas las especies que parecen esperar algo de él. Luego, de un momento a otro, ve a todos todos levantar sables de luz encendidos, de colores azules, amarillos y violeta, y los oye vitorear al unísono.
Después ya no ve a la multitud de jedis. Simplemente no ve nada en la negrura, excepto una mesa de cantina iluminada. Allí están Han Solo, Rey, Poe, Leia y hasta BB-8. Finn siente un deseo apremiante de huir, pero al tratar de correr sus piernas reaccionan lentamente. De un momento a otro los ojos de Maz Kanata le están observando de cerca con sus grandes anteojos, mientras murmura: "Veo los ojos de un hombre que huye". Finn quiere alejarse, y cree ver la mirada de Rey, diciéndole «quédate» en un ruego casi sin palabras. Deben huir. Siente que debe poner excusas, explicar que no es un héroe de la Resistencia, que es un desertor, un efectivo del más bajo rango especializado en el tratamiento de la basura y los baños en las bases de la Primera Orden, que es totalmente desechable, que sólo quiere vivir en paz, pero escucha la voz metálica de la comandante Phasma, diciendo "FN-2187,¿Donde está su casco?" .
Luego se siente transportado al bosque donde enfrentó a Kylo Ren que, sin su máscara, notoriamente malherido pero de pie, le apunta con el sable y dice: "Sentí tu traición en la aldea." Luego ve a Ren apuntarla a ella, que yace inconsciente en la nieve, y le escucha decir con voz entrecortada por el dolor: "Ella es lo mejor que te ha pasado en toda tu miserable existencia, pero por cobardía quisiste abandonarla. Y cuando al fin decides hacer algo, no la puedes salvar". Ve el sable color sangre descender sobre él, y entonces despierta de golpe con una sola palabra en los labios: «¡Rey!»
Se sienta en la cama, agitado, con la respiración atenazada y la insoportable sensación de haber perdido lo que más le importaba a manos de quien más odiaba. Escucha muchos ruidos. Al principio no sabe donde está, pero al ver la limpieza del lugar y los implementos médicos no le queda duda. Los ruidos son pitidos de las máquinas a las que está conectado, que parecen haberse vuelto locas. Entonces una mujer vestida de blanco entra apresuradamente en la habitación diciendo «¡Tranquilo, tranquilo!»
Estaba de regreso.
Ezra Bridger y su discípula Zana se habían mantenido ocultos muy cerca de la base de la Resistencia, entre unos cerros, sin salir por dos días de su nave cubierta de ramas y hojas, observándolo todo mediante potentes catalejos y cámaras de avanzada tecnología. Habían presenciado a la distancia casi toda la operación de escape de la Resistencia. No podían saber exactamente hacia dónde se dirigían las naves cuando entraban al hiperespacio, pero habían notado que ya se habían marchado casi todos. Solo quedaban atrás los heridos y parte del personal médico que los cuidaba, además de la general Organa, algunos oficiales y unos pocos soldados indispensables.
Zana era una adolescente de quince años, de piel muy blanca y cabello y ojos color azabache. Sus ojos eran rasgados y su aspecto, en general, no producía temor, sino al contrario. Sus dientes eran afilados, señal de que no era totalmente humana. Ezra, en cambio, era un Caballero de Ren de apariencia feroz. Era unos años menor que Luke, pero su rostro se había deteriorado por influencia del lado oscuro. Su cabello era negro, aunque parecía reflejar tonos azules. Usaba la ropa negra de los Caballeros de Ren, pero se negaba a usar máscara la mayor parte del tiempo. Ni mucho menos admitía que cambiaran su nombre.
— Creo que Leia se va ahora — murmuró Ezra, después de mirar por un potente catalejo hacia la base — cuando ella se vaya, nosotros actuaremos. Es muy sensible como para que no nos note. Sé que el traidor sigue en la base, porque aún no se recupera lo suficiente como para hacer el viaje.
— Pero la chica no ha regresado con Skywalker — repuso Zana, que se aburría enormemente con esa espera.
— No importa, ella vendrá a nosotros — respondió Ezra, con voz pausada — Por muchos años estuve con los jedi, y si algo sé de esos religiosos moralistas, es que no pueden evitar lanzarse a rescatar a sus amigos si están en problemas. Si Snoke y Ren tienen razón, podremos aprovechar eso.
— Confío en el Supremo Líder — repuso Zana, estirándose a más no poder — pero Kylo Ren es un pelmazo. Su única virtud es que tiene un sable increíble, yo quiero uno así.
Ezra hubiera sonreído si le hubiera quedado alguna sonrisa. Su discípula le recordaba a él mismo a aquella edad, cuando luchaba del lado de los rebeldes, causando problemas al Imperio, escapando de un lado a otro, rescatando a todo tipo de criaturas, buscando a los jedis que aún podían quedar con vida en la Galaxia.
— El sable de Kylo Ren es una porquería — respondió con expresión despreciativa — no funciona bien, y esas dos hojas adicionales que tiene le sirven para estabilizar los cristales. Además, a Ren le gusta porque le protege mejor la muñeca. Tu sabes que la lesión más frecuente con el sable de luz es la amputación de las manos. Pero con habilidad eso ya no tendría por qué suceder.
— Voy a dejar sin manos a esa chica. O mejor aún, sin cabeza. O la partiré por la cintura — dijo Zana, haciendo el gesto de blandir un sable — y usted se encargará de Skywalker.
— No te confíes. Aún no he comprobado qué tan fuertes son. Lo intentaremos con cuidado y astucia — repuso Ezra. Y después de una corta pausa, agregó — y si es necesario, haremos lo mismo con Kylo Ren.
Rey ya se sentía fuertemente unida a Luke, y aunque este prometió ausentarse apenas tres días — no le dijo para qué — e inmediatamente reunirse con ellos en la nueva base, sentía como si le faltara una parte, o como si la hubieran expulsado de casa. Pero procuró que no se notara.
Luke le había entregado una caja. En ella había un sable láser de práctica, de los que dan un choque eléctrico pero no cortan, un libro y un cubo muy extraño. El libro era el Código Jedi con otras escrituras. Se veía que era antiquísimo, le faltaban algunas páginas y estaba lleno de anotaciones de estudiantes. El cubo era un holocrón jedi, cuyo contenido ella debía ver cada noche, una clase a la vez, según las instrucciones del Maestro.
Chewbacca y R2-D2 llegaron cargados de comida marina capturada por el wookie, que no soportaba estar mucho tiempo sin algo fresco, justo cuando irrumpió la tormenta. Saludaron emocionadamente a Luke, y recordaron a Han Solo.
Cuando ya caía la noche, y la tormenta arreciaba, una figura encapuchada se paró frente a la entrada de la nave. Rey se encontraba haciendo los últimos preparativos para el viaje de regreso, cuando vio al desconocido en el visor de la cabina. Llamó a Luke a gritos, temiendo lo peor. Luke exclamó:
— No te preocupes, es de los nuestros. Abre la puerta —
El viajero empapado se plantó frente a ellos en el salón del Halcón Milenario. Se quitó la capucha, y pudieron ver el rostro de una mujer joven, un poco mayor y más alta que Rey, de rostro agradable, cabello negro y ojos claros. La recién llegada los miró a todos, y lo primero que hizo fue avanzar para abrazar a Chewie, quien correspondió de inmediato.
— La he llamado para que te ayude, y ayude a la Resistencia — dijo Luke a Rey— me ha costado mucho convencerla de regresar.
Rey miraba a la recién llegada con algo de extrañeza. Sentía una pequeña puntada de celos en su interior. La mujer empapada avanzó hacia ella, mirándola de pies a cabeza, y le tendió un gran paquete que sacó de debajo de su capa. La joven padawan estiró las manos instintivamente para recibirlo.
— Veo que eres de la misma talla que yo en aquel tiempo, tal como dijo Luke — Dijo la mujer — Te he traído mis ropas de padawan. Espero que tu sepas hacer un mejor uso de ellas que el que hice yo, y te conviertas en jedi. No como yo, que lo dejé a mitad de camino.
Rey sintió La Fuerza en la mujer de cabello oscuro, y se relajó un poco.
— Gracias — dijo — y luego agregó sonriendo con franqueza— me llamo Rey.
— Yo me llamo Jaina. Jaina Solo. Por si te lo preguntas, sí: soy hija de Han Solo y Leia Organa, y soy hermana de Ben Solo, el que ahora se hace llamar Kylo Ren. Al que tu debes destruir.
Las dos se miraban. Rey con una expresión de curiosidad. Y Jaina con una expresión que parecía decir: "No eres tan impresionante". Chewie murmuró algo al oído de Luke.
— Por eso necesito que las ayudes a llevarse bien. Las dos tienen su carácter. — repuso Luke, en la voz más baja que pudo.
Poco antes de que el Halcón Milenario despegara, Luke se acercó a Rey, y le dijo: "toma el sable de práctica, y acompáñame"
Subieron ambos a un pequeño risco que había cerca de la nave. Luke encendió su sable, el de verdad, y Rey, comprendiendo de qué se trataba, hizo lo mismo con el sable de práctica. Jaina, Chewie y R2-D2 observaban desde la nave.
— Atácame — gritó Luke, sujetando con ambas manos el sable — Sin miedo a herirme, con todo lo que tienes.
Rey se sintió algo insegura, pero como siempre, sus labios se volvieron una línea recta y su expresión se volvió dura y decidida. Se concentró para crear su esfera de protección, tal como se le había enseñado.
La tormenta arreciaba sobre la isla. En la cima del risco puede verse el resplandor de dos sables láser, uno verde y otro azul. Rey y Luke apenas alcanzan a percibirse como sombras, aunque se distinguen claramente cuando los relámpagos iluminan la escena.
La lluvia empapa al maestro y a la aprendiz, y los truenos hacen retumbar la tierra. Rey se lanza sobre Skywalker con todas sus fuerzas. Los sables se cruzan una, dos, tres veces. Al cuarto golpe, Rey golpea el aire, y tropieza con algo. Cae de bruces bajo la fuerza de su propio ataque, y siente el sabor del lodo en la boca. Luke le ha puesto una zancadilla. Pero se levanta en el acto.
Skywalker sonríe al ver la expresión determinada y molesta de Rey. Ella se le viene encima otra vez. El jedi siente la fuerza de la joven, intensa, pero con poco control. Se escabulle ágilmente por debajo del sable de práctica, y la padawan cae otra vez bajo su propio impulso. « Eso no te puede pasar. ¡Control!» le grita Skywalker, tratando de hacerse oír sobre el viento y los truenos. Pero la joven, cubierta de lodo, viene sobre él otra vez, con los dientes apretados. Los sables sacan chispas tres veces. Al cuarto golpe, quedan empujándose el uno al otro con las hojas cruzadas y los rostros cercanos. Luke aprovecha esa cercanía para decirle:
— Tu todavía no has conocido el dolor que produce una quemadura de estos sables. Las heridas se cauterizan de inmediato, pero casi nunca de forma perfecta. El dolor lo deja a uno en shock. Debes respetar estas armas.
Entonces empuja a Rey con cierta facilidad hacia atrás, y la joven cae varios metros más allá, de espaldas en un charco lodoso. Quiere pararse de inmediato, pero su cuerpo le falla: el golpe en la espalda la ha dejado sin respiración, y tiene la boca y los ojos llenos de barro. Entonces ve que Luke está de pie frente a ella, y le apunta el sable al cuello, impidiéndole todo movimiento.
— No he hecho esto para humillarte — le dijo Luke, al ver la mirada dura de Rey — sino para darte una orden muy importante. Eres fuerte, pero todavía no eres jedi. Te prohíbo terminantemente que te enfrentes a Kylo Ren, o a cualquiera que use sable láser, hasta que yo lo autorice. Recuerda lo que me pasó a mí por apresurarme contra la orden de mi maestro — y levantó su mano robótica en señal de advertencia — Si eres atacada, lo que harás será defenderte lo mejor que puedas, sólo defenderte, y huir. Pelearás protegiéndote y retrocediendo. Si te dicen algo, no les escuches, tratarán de confundirte así que no les creas nada. Vete de ahí lo antes posible, aunque sientas que debes ayudar a alguien, sea quien sea ¿has entendido?.
Rey tardó unos momentos en contestar. Pero luego asintió.
El jedi apagó su sable y le tendió una mano a Rey. Ella no la aceptó y se levantó de un salto, todavía escupiendo tierra y limpiándose el rostro. Luke siguió hablándole de cerca.
— Tu misión durante estos tres días será meditar, practicar, leer el código, ver el holocrón, enseñar a Finn, y ayudar a Leia en todo, especialmente con las máquinas y los cazas. Pídele a Poe Daemeron que te ayude a pilotear uno. Leia te necesita mucho: está pasando momentos difíciles, el Lado Oscuro está trabajando en ella mediante la tristeza. Debes tener paciencia por estos días, y evitar en lo posible toda pelea, aunque creas que es necesario, aunque creas que se está cometiendo una injusticia. Es el momento de probar tu paciencia. ¿Está claro?
Rey caminaba a su lado, bajando el risco. Parecía distraída. Luke se detuvo y la miró seriamente.
— ¿Está claro? — repitió, mirándola a los ojos.
Rey reaccionó con un "Si, maestro" muy firme. Pero en realidad, no lo tenía tan claro. Estaba pensando en la pelea, preguntándose por sus fallas.
Entonces Luke le tendió su sable.
— Quédate con él — le dijo — cuando tus habilidades estén completas, lo modificarás a tu gusto. Sé que prefieres que sea doble como tu vara. Ahora no puedes, porque aunque ya sé que entiendes cómo funciona, te falta un cristal más. En realidad ese cristal está al alcance de tu mano, pero La Fuerza te permitirá verlo sólo cuando sea el tiempo.
Rey estaba distraída. Subió a la nave, y Luke se quedó abajo. Antes de que la puerta se cerrara, el jedi la llamó y ella se volvió para mirarlo:
— Que La Fuerza esté contigo — le dijo Luke desde abajo. Rey sonrió cálidamente y se despidió con la mano.
Al entrar en el salón del Halcón Milenario, Jaina Solo estaba sentada cerca del tablero de ajedrez, y la miraba con expresión divertida.
— ¡Vaya paliza que te han dado! — le dijo, sonriente — Estás tan sucia que parece que hubieras nadado en el lodo.
Rey la miró en silencio por un instante, con los labios entreabiertos, como si estuviera perpleja por haber escuchado algo muy fuera de lugar. Luego dijo, con un leve toque burlón:
— Pues sí. Soy una chatarrera. Nunca he tenido temor a ensuciarme.
