El mayor logro de Rey antes de salir de Jakku fue reparar una inutilizada nave que encontró en el desierto. Una Ghtroc 690, más grande que el Halcón Milenario. Había contado con la ayuda de una pareja de jóvenes chatarreros para terminar la reparación. Iban a dividir el pago en tres partes iguales, aunque Rey había hecho casi todo. El puesto de Niima se había detenido por completo aquella tarde, mientras Rey le enseñaba la nave, totalmente operativa, al usurero Unkar. Los chatarreros y comerciantes de todas las especies aparentaban cierta indiferencia, pero observaban en silencio: así reconocían el impresionante logro de Rey. Estaba a punto de cerrar el trato, cuando sus supuestos amigos simplemente robaron la nave y escaparon del planeta. Nunca los volvió a ver.

Se había quedado parada largo rato en la arena, mirando como su doloroso trabajo de meses, el que había defendido de los ladrones y bestias en las noches, se volvía un puntito en el cielo y luego desaparecía para siempre. Cuando bajó la vista, notó que el puesto de Niima había retomado silenciosamente la actividad. Esperaba que todos estuvieran revolcándose de risa. Pero nadie se rió, ni siquiera Unkar Plutt. Notó extrañada que algunos seres de aspecto cruel miraban hacia otra parte cuando ella pasaba a su lado; y un hombre de elevada estatura increíblemente le cedió su lugar en la fila del intercambio de chatarra. Y en vez de caer presa de un llanto desesperado, comprendió lo mucho que había ganado aquella tarde, y se sintió bien.

El viejo Skywalker había escuchado esta historia en silencio, en la casa de piedra, el día anterior. Luego había dicho «Tu ya no necesitas más confianza en ti misma. Necesitas distinguir cuándo actuar, y cuándo esperar»

Estaban en la cabina del Halcón Milenario; se había aseado y se había puesto uno de los trajes de padawan de Jaina. Esta última estaba a su lado frente al panel de control. Se estaban alejando de Arc'to, el planeta de la isla, aproximándose a un punto seguro con el fin de hacer el salto al hiperespacio y volver a la base de D'Qar, en el Borde Exterior, para luego seguir a la Resistencia a su nuevo escondite, lejos de la Primera Orden.

— Estás sonriendo — le dijo Jaina, sin dejar de mirar el tablero de control.

— Recuerdos. — Respondió Rey — Además, es tu nave. Era de tu padre, te corresponde manejarla.

Jaina Solo sonrió de forma un poco forzada y dijo:

— Mi madre quiere que tu y Chewie se la queden. A decir verdad no me importa. Me trae malos recuerdos.

Rey no respondió. Miró a Solo por unos instantes, detectando vagamente muchos conflictos y penas. Jaina pareció notarlo, porque la miró de reojo y dijo: « Nada de trucos jedis conmigo, por favor »

Rey levantó la mano en señal de disculpa. Después de un instante se atrevió a preguntarle:

— ¿Por qué dejaste el entrenamiento? La Fuerza es poderosa en ti —

— ¿Eso significa algo realmente? — respondió Jaina, que parecía algo molesta. Rey no le sostuvo la mirada para evitar una confrontación. Pero entonces Jaina pareció calmarse, y después de un silencio agregó:

— Cuando mi hermano se unió a los Caballeros de Ren y asesinó a algunos de mis compañeros más queridos, sentí que quería irme a algún rincón apartado de la galaxia y no regresar jamás ni saber nada de jedis. Me vine con Luke con la excusa de ser su ayudante, pero también me aislé de él todo lo que pude. Lo único que hago es cultivar e ir al pueblo a vender de contrabando. Pero ahora, con la muerte de mi padre a manos de mi hermano, me estaba volviendo loca de dolor, y sentí que a mi madre le pasaba lo mismo. Ya no podía seguir aquí, y Luke me recomendó que regresara contigo.

— Lamento mucho todo esto — repuso Rey, con sinceridad.

— No necesito que me compadezcan — respondió Jaina, sin violencia— Ya he llorado todo lo que era necesario. Ahora necesito estar ocupada para no pensar. No soy jedi pero sé defenderme. Haré lo mejor que pueda, y si no salgo viva...bueno, que pase lo que tenga que pasar.

— Tu madre estará feliz de volverte a ver — repuso Rey.

— La verdad creo que estará más feliz de verte a ti— respondió Solo.

— ¿Por qué dices eso?

— Porque tú eres todo lo que yo nunca seré para ella. Eres padawan del tío Luke, eres brillante, eres valiente, eres fuerte, eres hermosa; eres la esperanza de la Resistencia, quizá, de la Galaxia. Mi madre esperaba que yo fuera jedi, o algo importante como ella. Pero salí a mi padre, y Han Solo siempre fue un desastre. Y ya ves, solo he podido ser agricultora, y un poco contrabandista.

Rey comprendió que la relación entre Leia y Jaina era tensa, y prefirió no seguir hablando. Además, la frase "eres la esperanza de la Resistencia" había caído sobre sus hombros como una carga de acero mandaloriano. Una cosa era cuidarse a sí misma, bastarse a sí misma; otra muy distinta era ser responsable de la suerte de otros. Jaina pareció notar la preocupación en el rostro de Rey, porque agregó:

— No me hagas caso. Luke nunca te dejará sola. Nunca le había visto arrojar al barro a un padawan de esa manera. Está más decidido que nunca.

— Espero sobrevivir al entrenamiento — repuso Rey, sonriendo. Jaina la miró con seriedad y respondió:

— Tu no puedes morir. No antes de que hayas hecho todo lo posible por traer de regreso a Ben, o hayas acabado con Kylo Ren.

La aprendiz de jedi se halló sin palabras para responder. Estaba con una mujer cuyo padre y amigos habían muerto a manos de su hermano, y que ahora estaba hablando de ayudarle a ella, justo la que tenía la misión de acabar con su hermano. ¿Traerlo de regreso? Era algo muy incierto.

— Estamos listos para saltar al hiperespacio — dijo Jaina por el intercomunicador, para advertir a Chewie y R2-D2. Antes de mover la palanca, miró a Rey, y le dijo, sonriendo:

— Ese traje te queda perfecto.

Apenas divisaron la base desde la altura, supieron que algo andaba mal. No había radares, y la radio estaba muerta.

Cuando Rey, Jaina y Chewbacca descendieron del Halcón, se vieron sumidos en un silencio de muerte. No se divisaba a nadie. Al llegar a las instalaciones, encontraron los cuerpos desmembrados de dos guardias. Todas las puertas estaban abiertas.

— Mira — dijo Jaina apuntando a las heridas — esto fue hecho por sables láser. Hay que entrar con precaución…— pero Rey ya no estaba a su lado. Había corrido de inmediato hacia adentro, por el pasillo que llevaba al hospital — chiquilla estúpida, ¡vamos Chewie!

En su carrera, Rey vio por lo menos media decena de cadáveres mutilados y quemados, pero no había nada de sangre: la carne había sido cauterizada. Llegó a la habitación de Finn. Allí todo estaba en desorden, y en el muro alguien había quemado tres palabras en letras gigantescas: Cerro Octar. Sola.

En ese momento llegaron Jaina y Chewie, y comprendieron rápidamente lo que había pasado.

— Rey — la llamó Jaina, apuntando a algo sobre la cama. Rey miró, y vio algo largo, pequeño y oscuro sobre la almohada, justo en el centro, como si alguien se hubiera preocupado de presentarlo bien. Se acercó, pero luego retrocedió rápidamente: — Es de Finn — dijo de inmediato — es un dedo de Finn. — salió rápidamente de la habitación. Jaina se quedó perpleja por un instante. Luego dijo a Chewie: — Guarda ese dedo y congélalo. Pueden reimplantárselo...¡Pero no lo chupes!— agregó al ver que el wookie lo olfateaba y se lo llevaba a la boca — Luego salió corriendo tras Rey. Esta había llegado a lo que era la sala de comando y control, donde aún quedaban algunos aparatos viejos, y manipulaba los controles mirando la pantalla.

— El Cerro Octus no está muy lejos de aquí — dijo Rey, observando el mapa — no hay posibilidad de comunicación por radio, la han interferido. Creo que están engañando a la Resistencia para que crean que todo va bien y que se han retrasado por cualquier motivo — agregó después.

— No pensarás ir. Obviamente es una trampa —

— No tengo alternativa ¿Crees que quede algún vehículo? — repuso Rey. Y se dirigió afuera rápidamente.

— Iremos todos— propuso Jaina, sabiendo que no podría disuadirla — Vi un speeder ahí adelante.

Salieron, y Rey se montó en el speeder en el acto. Jaina iba a subir tras ella, pero Rey aceleró de golpe y desapareció en dirección al cerro, y sólo alcanzó a gritarle: "¡No eres jedi todavía!" Chewie llegó tras Jaina y gruñó algo.

— ¡Claro que iremos! — respondió la hija de Han Solo — Está cayendo en la trampa. Si le pasa algo, mi madre y mi tío no me lo perdonarán.