Fue cuestión de pocos minutos en el veloz speeder. Al llegar al pie del cerro Octus, tuvo que dejarlo y proseguir la marcha trepando y gateando, subiendo penosamente. El día era gris y el bosque sombrío, fresco y oloroso, pero había suficiente luminosidad para avanzar entre los matorrales, las piedras y los troncos. Al llegar a un terreno horizontal, Rey sintió la presencia del Lado Oscuro; le pareció que toda la montaña retumbaba y gemía con alaridos de dolor, como si estuviera llena de gente que estaba siendo torturada, y de pronto hizo más frío. Descolgó el sable de Skywalker del cinturón, y lo encendió: los enemigos pronto se mostrarían. Al mirar en derredor, tuvo una vista privilegiada de la abandonada base de la Resistencia, con sus hangares y cuarteles que ya sólo cobijaban soledad, en la distancia. Vio en la losa de aterrizaje al Halcón Milenario brillar como un punto, como una estrella solitaria.

Zana apareció frente a ella, por detrás de unos troncos muertos. Rey vio a una jovencita de baja estatura vestida de negro que empuñaba un sable rojo: sus ojos rasgados eran penetrantes, y su sonrisa se torcía en una mueca desagradable, dejando sus afilados colmillos al descubierto. Avanzó hasta quedar a unos pocos metros. Rey la estudiaba con el sable por delante, inmóvil. No supo distinguir a qué especie pertenecía: era casi humana.

— ¿Cómo te llamas? — preguntó Zana, con los ojos clavados en los de la padawan.

— Soy Rey — respondió ella después de un instante.

— Rey — repitió Zana, asintiendo — me han hablado tanto de ti que tenía deseos de conocerte...me gusta tu ropa de padawan, y... tu trenza.

La tarde estaba perdiendo luminosidad; si Rey hubiera estado en una disposición de ánimo normal, le hubiera sorprendido que ningún ave o animal hiciera ruido. La chica de negro la miraba como si estuviera a punto de iniciar un juego divertido y curioso con una contrincante odiada de la escuela que deseaba ardientemente vencer. La discípula de Luke apuntó con su sable en dirección a la base abandonada y preguntó:

— ¿Tu hiciste eso? ¿Tu asesinaste a todas esas personas?—

Zana sonrió.

— Supongo que yo contribuí con algunas muertes —

La padawan se sentía furiosa, pero también algo perpleja. No tenía ante sí a un guerrero amenazante: era más bien una adolescente. Deseaba que ella iniciara los ataques, así que dio un paso hacia atrás, se puso en guardia con ambas manos sobre la empuñadura y esperó.

— Ah, si — prosiguió Zana, con un tono irónico — y también estaba pensando hacerme un collar...con estos — y entonces levantó algo que hasta el momento había mantenido oculto detrás de sí: era una mano. Una mano de piel oscura.

Entonces Rey no soportó más. Se lanzó contra la chica con el sable por encima de la cabeza. Zana dejó caer lo que parecía ser la mano de Finn, algo sorprendida, para defenderse. Los sables se cruzaron con un chasquido. Rey, con los dientes apretados, sentía la fuerza de su adversaria, y supo que podía vencerla. Se sintió repentinamente poderosa.

La muchacha de negro retrocedió dando estocadas, pero Rey avanzó decididamente, siempre al ataque, golpeando con furia. Percibía que el miedo de su oponente aumentaba.

— Tenían razón sobre ti — dijo Zana cuando logró alejarse un poco, jadeando — quizá eres la elegida, la que viene a cumplir la Profecía del Equilibrio de la Fuerza.

Rey se lanzó sobre ella nuevamente. La joven aprendiz del Lado Oscuro trató de alejarla de sí con un empujón a distancia, pero fue un error: la padawan de Skywalker ya sabía superar eso. Atravesó la energía de su adversaria y le dio un rodillazo en la boca del estómago. Zana se dobló y cayó con una rodilla en tierra. Trató de levantarse, pero quedó por un instante de espaldas a su rival; Rey le dio una estocada de arriba a abajo en el hombro, y el brazo de la joven, con buena parte del hombro e incluso algo de la espalda, cayó cercenado con la mano aún sosteniendo el sable apagado. Zana dio un alarido espantoso y y cayó gimiendo. La herida era terrible, y de inmediato Rey empezó a sentir como la vida se debilitaba en aquel pequeño cuerpo.

Cogió el sable de su adversaria, desprendiéndolo de los dedos fláccidos, y se lo colgó en el cinturón. Luego tomó a Zana por los cabellos, y la volvió hacia si, poniéndole la hoja de su sable en la cara:

— ¿¡Donde está Finn¡? ¿¡Donde está mi amigo!? — le gritó, y empezó a acercar su arma candente a la mejilla de Zana. La chiquilla parecía tratar de decir algo, pero el dolor de la herida, cauterizada, pero no con la totalidad de los nervios quemados, se lo impedía. Entonces la hoja tocó apenas la piel de la mejilla y empezó a quemarla con un siseo. Se desprendió un claro olor a carne lentamente chamuscada. Rey, sin cuidarse de los gritos de su víctima, y sin soltarla de la cabellera, le gritó otra vez, con una voz que no era suya —¿¡Donde está mi amigo!?.

— ¡Rey! — la voz de Jaina Solo sonó a sus espaldas como un trueno. Rey se volvió por un instante hacia ella, sin soltar nunca la cabeza de su prisionera. Jaina la miraba con los ojos muy abiertos. Se había detenido a bastante distancia, como si temiera acercarse más, con un bláster en la mano. Detrás de ella llegó Chewbacca con su ballesta, mirando con precaución hacia todas direcciones.

— ¡Ella lo hizo! — gritó Rey, como justificándose — ¡Ella sabe donde está Finn, pero no lo quiere decir! ¡Le quemaré los ojos si es necesario!

Hubo un silencio, en que solo se escuchaba el zumbido del sable láser cerca de la piel, y los gemidos asmáticos de Zana, que empezaba a temblar por el shock. Una horrible sensación de frío, oscuridad y poder sin límites había invadido a Rey con esa victoria. Pero el grito de Solo la había hecho consciente de que algo sucedía, algo maligno. Instintivamente soltó los cabellos de su adversaria y retiró un poco su sable, confusa por la confrontación interior. La chica malherida cayó pesadamente hacia atrás como un bulto.

Los alaridos que había oído en la subida se habían intensificado dentro de su cabeza. Había mucho sufrimiento en aquella tierra, y ella acababa de añadir más. Miró el rostro descompuesto de la niña que tenía tendida ante sí. La frente llena de sudor, las mejillas temblorosas, la respiración trabajosa, los labios como si luchara por decir algo, pero los ojos fijos en Rey.

«Mátame»: eso era lo que estaba diciendo.

Rey sentía el deseo de vengar a todas las víctimas de la Galaxia en esa asesina. Podía hacer justicia con un movimiento. Pero también le parecía que la voz de Luke Skywalker luchaba en su mente, produciendo algo nuevo en ella: remordimiento. Consciencia de que aquello era una justicia amargada, vengativa. Pasaron largos segundos...hasta que la luz triunfó. El frío disminuyó, y las voces oscuras callaron.

— Oh, no, ...¿qué he hecho? — preguntó entonces a Jaina y la chica a la vez, como si despertara de un sueño ,y apagó el sable. Su rostro había vuelto a ser dulce y vulnerable al dolor de otros.

Jaina Solo se aproximó rápidamente, colgándose el arma al hombro. Examinó las heridas de Zana; luego miró a Rey con cierta consternación, y agregó — Ella sabe donde está tu amigo. Tal vez si Chewie la lleva al Halcón Milenario de inmediato y la conecta al equipo de soporte vital tenga una opción de salvarse y podamos interrogarla ¡Chewie!

Chewbacca, que se mantenía alerta a las amenazas de alrededor, se acercó corriendo. Pero en ese momento Rey volvió a sentir la presencia de la oscuridad, y exclamó "¡Cuidado!, un instante antes de que Solo y el wookie salieran disparados hacia la ladera empinada del cerro y rodaran colina abajo desprendiendo piedras a su paso.

Un hombre de elevada estatura, vestido de negro, apareció de entre los arbustos, con un sable rojo fulgurando en la mano. Rey no lo vio de inmediato: había corrido al borde del barranco para ver qué había sucedido con Jaina y Chewbacca. Los vio muy abajo, cerca de donde ella había dejado el speeder, pero notó que ambos se movían. Afortunadamente la pendiente no era tan empinada aunque la caída era larga. Pero tardarían mucho tiempo en regresar a donde se encontraba ella escalando la ladera. Volvió la vista hacia el Caballero de Ren que tenía enfrente, y encendió su sable. La escena era muy similar a aquella en que por primera vez se había encontrado con Kylo Ren, sólo que este enemigo no ocultaba su rostro y era mucho mayor, casi un anciano.

— Deberías matarla — dijo Ezra a Rey, apuntando a Zana con la hoja escarlata— si sobrevive, más adelante será mucho más peligrosa para ustedes.

Rey consideraba sus opciones. Ya sabía que tenía en frente a un contrincante superior a Kylo Ren. Consideró dar media vuelta y huír, pero sintió que en ese terreno irregular sería alcanzada. Debía darle la cara, no la espalda. Además, huyendo no podría averiguar nada del paradero de Finn. Sentía que esa era una batalla que no podía ganar, pero tal vez pudiera evitar ser asesinada. Descolgó de su cinturón el sable de Zana, y lo encendió en la mano izquierda. Dos sables para bloquear.

— Tú — dijo al hombre, tratando de que la joven caída también escuchara — planeaste todo esto, ¿verdad? La enviaste a ella sabiendo que no estaba preparada.

— Y por poco funciona — repuso el hombre, sonriendo — el Lado Oscuro es fuerte en ti, padawan. Estás destinada a estar con nosotros. ¿Sentiste el poder? Yo lo sentí. Ningún jedi puede llegar a tener ese poder, que desafía a la misma muerte. Si quieres que haya justicia y orden en esta galaxia, lo que necesitas es poder. Someterlos a todos a una sola mente evita el caos democrático que nos ha mantenido en interminables guerras por décadas. Los jedis siempre han sido demasiado blandos, igual que la democracia: mi maestro fue muy blando conmigo, y no supo despertar todo mi potencial. Temía al lado oscuro, pero el Lado Oscuro no es el mal, sino el complemento de la luz, y completaría las habilidades de un jedi. Pero Kanan, mi maestro, nunca me dejó progresar. Lo mismo te sucederá con Skywalker. Será lento, demasiado lento tu progreso para que alcances a salvar a los que amas.

— Sólo quiero recuperar a mi amigo — repuso Rey, dando unos pasos atrás.

— Oh, él vive, y lo sabes. Puedes sentirlo. Pero ya no está en este planetoide. Fue una imprudencia imperdonable dejar a ese pequeño grupo atrás antes de ir a su nueva base. Creo que Leia está perdiendo claridad. Ahora tu amigo ya debe estar en Kórriban, en un antiguo Templo Sith. Lo enviamos en una cápsula automática a través del hiperespacio. Si lo quieres recuperar, tendrás que ir allá lo antes posible. Podrías venir conmigo ahora, si así lo deseas.

El corazón de Rey latía a toda prisa, pero el temor había hecho que se calmara un poco su ansia de soluciones rápidas. Sentía que su muerte estaba en ese sable color sangre, tan próxima y real como casi nunca la había sentido. Recordó lo que le había dicho su maestro.«No les escuches. Tratarán de confundirte. No ataques, sólo defiéndete y huye» Ezra dejó pasar bastante tiempo, como queriendo darle espacio para considerar sus palabras y sentir el miedo en toda su magnitud. Luego giró con destreza el sable en la mano, y prosiguió lentamente, con rostro serio:

— Una jedi no se puede comportar así, con ese deseo desenfrenado de...venganza. Y, veamos... le quemaste la cara cuando ya estaba vencida. ¡La torturaste! Es una vergüenza. Tendrás vergüenza por el resto de tu vida. No creo que tu maestro te lo perdone cuando lo sepa. Creo que tu origen te está llamando, Rey, hija de nadie.

Ella se mantenía en silencio, concentrada en usar La Fuerza para la protección de su cuerpo. También buscaba el modo de proteger su mente, de no escuchar, pero flaqueaba. El hombre prosiguió:

— Pero no me he presentado . Me llamo Ezra Bridger, y solía ser un jedi, como tu maestro. Ah, y si te preguntas por qué sé tu nombre, es porque yo te tuve en mis brazos cuando eras una niña de tres o cuatro años. Cuando te preguntaban como te llamabas, tú decías algo como "Rey". Así que te quedaste con ese nombre. Seguramente Luke te dijo que tus padres eran los buenos de Shara Bey y Kes Daemeron. Pero ellos fueron solo tus padres adoptivos. Rey, hija de nadie, carroñera de la chatarra de Jakku, ¿Te gustaría conocer tu origen verdadero?.