Teléfono
Si bien el tema de lo sucedido en el curso anterior tenía un veto para hacer bromas gracias a lo sucedido con Ginny, Ron no pudo escaparse del par de ocasionales comentarios de los gemelos acerca de su gran ayuda quitando rocas.
-Valiente Ron-había dicho Fred, mirándolo con los ojos llenos de brillante malicia.
-Muy muy valiente-completaba George, con una mirada tan parecida que provocaba escalofríos.
Ron se ponía rojo de las orejas y alcanzaba a murmurar, sin que su madre lo oyera:
-Oh váyanse al…
La alegría por ende, de que Ginny estuviera viva, Hermione recuperada, haber ganado la Copa de las Casas y ser merecedor de un Premio de Servicios Especiales al Colegio paso a segundo plano y Ron se pregunto si realmente había valido de tan poco su ayuda. Cabizbajo e inseguro por lo tanto, sus recuerdos gloriosos empezaron a ser cubiertos por una capa de inseguridad. ¿Por eso Hermione no había dicho nada? ¿La mirada de orgullo no significaba eso? ¿Por eso Dumbledore le había pedido que lo dejara a solas con Harry? La vergüenza de imaginarse que eso podía ser verdad hizo que se tardara un par de días en buscar a Harry pero finalmente desecho esas tonterías cuando volvió a ver el pergamino con los números que debía marcar en ese aparato muggle para hablar con él.
Ahora el problema era: ¿Dónde demonios conseguía un felétono?
Hermione regreso a su casa alegre y feliz de poder hacerlo. La idea de omitir detalles a sus padres fue desechada en cuanto se imagino que seguramente Dumbledore los había informado ya sobre lo que había sucedido. Efectivamente, sus padres lo sabían y estaban tan felices de que estuviera sana y salva que habían planeado vacaciones en familia. Hermione no pudo decirles que no cuando un par de lagrimas de felicidad se asomaron a sus ojos recordando que había estado en peligro y partió a Francia con el pedazo de pergamino que Harry el había dado en el bolsillo.
En Francia había muchos teléfonos, ya podría llamarlo desde allá.
El viaje a Egipto acabo haciendo que Ron expresara más antes de lo planeado de su necesidad de un felétono para comunicarse con Harry. Ningún miembro de su familia entendió de que demonios estaba hablando más que su padre; los gemelos se destornillaron de risa, Ginny lo miro como si estuviera loco, su madre sugirió el buen uso de una lechuza y Percy tuvo que fingir que sabía de que hablaba aunque no pudo dar ningún dato.
Lo consiguieron apenas un par de días antes de cuando debían partir y Ron tuvo la presión de llamar en cuanto fuera posible.
Hermione paso sus primeros días en Francia bastante relajada y olvidándose un poco de sus amigos. Los extrañaba, sí, pero Ron le había escrito, en la misma carta donde pedía ayuda para el teléfono, que iría a Egipto y Harry simplemente no podía ser contactado vía lechuza. Mientras investigaba datos extras de la brujería en ese país y visitaba lugares históricos con sus padres, el pergamino con el número de Harry se asentaba en su bolsillo de manera demasiado cómoda para querer salir.
Cuando finalmente quiso llamar, tuvo dos problemas: uno no se sabia la clave de larga distancia y dos, la letra de Harry era casi tan mala como la de Ron así que había unos 10 números distintos en uno solo.
Ron marco los números del pergamino, ligeramente nervioso y cuidando de presionar suficiente cada tecla. Aún podía escuchar a su madre fuera de la habitación tratando de contener a los gemelos y a su padre repitiendo una y otra vez que sí necesitaba ayuda él estaría afuera. El extraño aparatito empezó a hacer un sonido extraño y un par de minutos después, una voz le contesto de manera bastante gruñona. Su primer pensamiento fue que ese no era Harry pero imaginándose que tal vez podían comunicarle, empezó a decir que quería hablar con Harry Potter; por si acaso grito, consciente de que más valía que lo escucharan de más a que no lo escucharan.
Supo que había hecho algo que no debía de hacer cuando la voz gruñona le grito que no había ningún Harry Potter ahí y dejo de escucharse enseguida.
Hermione estaba decidida a usar el bendito número que Harry le había dado. Consiguió rápidamente la clave de larga distancia pero la combinación exacta la estaba volviendo loca. Había hecho, para descubrirla al menos unas 32 combinaciones intercambiando varios números que parecían otros y le había dedicado suficientemente tiempo como para pasar a considerarlo un reto personal.
Pedirle ayuda a Ron era imposible porque con su letra acabaría resultando lo mismo o peor porque la confundiría aún más.
Ron tuvo que confesar el fiasco que había resultado todo a su atribulado padre, su preocupada madre y sus burlones hermanos. Hasta Ginny encontró graciosa la situación y Percy escondió una sonrisa que se veía venir.
Escribió a Hermione para que no hiciera lo mismo, para que no llamara siquiera, aún con las orejas rojas y la burla retumbándole en los oídos.
Cuando Hermione recibió la carta, una parte de ella lamento no poder comunicarse con Harry. La otra se alegro de no tener que marcar las 22 combinaciones que faltaban.
