— ¿Ezra Bridger? — no pudo evitar interrogar Rey. — ¿El legendario Ezra Bridger, hijo de los héroes de la Rebelión de Lothal? ¿El discípulo de Kanan Jarrus, que volvía loco al Imperio en la nave "Espíritu"? — y luego agregó—….¿Me conociste?
Ezra sonrió. Estaba concentrado en un solo propósito:
— Eres un engendro creado por el Lado Oscuro, Rey, por si Luke no te lo ha contado.
Las palabras de Ezra eran mortíferas, eficaces. Pero ella estaba pensando en la arena de Jakku por la tarde, cuando los soles se ponían y todo era silencio.
Estaba enfocando su mente en sus tiempos de soledad, de pobreza, y de cómo se había sobrepuesto a todo eso sin guardar resentimientos ni deseo de venganza. Ni siquiera cuando le robaron el mayor logro de su vida. Su truco mental funcionaba. Ezra había pensado que le estaba dando tiempo para considerar lo que él le estaba diciendo. Pero pronto se dio cuenta de que los largos minutos que habían pasado habían sido usados por Rey en una forma inesperada. Había tranquilizado su mente a través de la meditación. La había subestimado.
— Defiendes tu mente con esos pensamientos de arena. Eres fuerte. Muy fuerte. — dijo el hombre, empezando a acercarse.— Pero te faltan algunos años de práctica para poder ganar este duelo. Si no quieres unirte a nosotros, tendrás que morir aquí y ahora...
En ese punto Ezra se interrumpió y puso atención, presintiendo algo. Un segundo después el Halcón Milenario apareció, con los motores en silencio,usando sólo la inercia del impulso inicial, emergiendo inmenso desde el barranco, y Chewbacca abrió fuego con el gran cañón sobre el guerrero. Este desvió la energía hábilmente con su sable, pero la potencia del cañón era tan grande que envió lejos al Caballero de Ren. Chewbacca siguió disparando en su dirección hasta que el aire se llenó de polvo, árboles y rocas desprendidas. Entonces Jaina encendió los motores, justo cuando el Halcón empezaba a caer, y se acercó suavemente a la cornisa del cerro, bajando la plataforma de carga de la nave. Rey apagó los sables, e iba a empezar a correr hacia el Halcón, pero se detuvo. Recordó a la aprendiz tendida en el suelo. Sentía que aún vivía. Corrió hacia ella, y con un esfuerzo logró cargarla en su espalda y correr hacia el Halcón Milenario en medio del polvo que la nave elevaba.
— ¡Apresúrate, ya viene! — gritó Jaina, que había llegado a la plataforma, mirando algo en la lejanía. Chewbacca volvió a abrir fuego, desgranando la montaña sobre Ezra. Pero un instante después ya se elevaban, lejos de ahí.
Rey llevó a Zana hasta la pequeña habitación del Halcón que a veces usaban como enfermería, y junto con Jaina la conectaron a los equipos de soporte vital lo mejor que pudieron, mientras Chewbacca llevaba la nave hasta un punto adecuado de la órbita para saltar. Jaina ya había programado las coordenadas de la nueva ubicación de la base. Estaba sucia y tenía la ropa rota y la piel bastante rasmillada, pero ni un quejido escapaba de sus labios.
— ¿Crees que se recuperará? — Preguntó la padawan a Solo, mirando a Zana tendida sobre la camilla. La quemadura de su rostro había tomado un color negruzco similar al del costado.
— Lo dudo — repuso la interpelada. Rey se inclinó sobre la joven y le puso una mano sobre la frente, que estaba fría. Cerró los ojos. — ¿Qué haces?.
— Leí en el libro que me dio Luke que a veces los jedis pueden usar La Fuerza para ayudar a la reparación del cuerpo de los seres vivientes. No sé cómo se hace, pero…
— Eso te debilita a ti, y es una habilidad avanzada...— empezó a objetar Jaina. Pero entonces sintió como Rey empezaba a traspasar un poco de energía a la muchacha herida. No era mucha, pero en esa situación podía representar la diferencia entre la vida y la muerte.
— Ayúdame, Jaina — suplicó Rey, tomando la mano de su amiga.
— Yo no tengo nada que entregar — protestó Jaina. Pero al ver los ojos tristes de Rey, dejó que la tomara de la mano y respiró hondo, tratando de concentrarse. Sintió la fuerza vital, que une a todas las criaturas, uniéndolas a ellas tres en ese momento, como si fueran un solo ser.
Zana se estremeció y se movió en la camilla, levemente. Rey y Jaina abrieron los ojos, y se miraron sorprendidas. Por un rato la joven herida pareció tratar de asimilar dónde se encontraba. Miró a Jaina, luego a Rey, con ojos opacos por el dolor. Pasaron largos segundos, y luego dijo, con voz queda pero comprensible:
— No vayan a su nueva base de inmediato. Pusimos un rastreador en esta nave, afuera, a la izquierda de la tobera central. Sólo uno, pero es potente. La Primera Orden los encontrará —
Pasó un segundo, y Jaina se levantó de un salto y se dirigió a la cabina gritando — ¡Chewie! ¡No hagas el salto todavía!
Rey entonces le tomó la mano izquierda a Zana, sin poder contener las lágrimas. Quería decirle tantas cosas. Las palabras se le apelotonaban en la boca:
— No sé como te llamas, no sé quién eres, pero quiero pedirte que me perdones, yo... no sé qué me pasó, estaba muy mal por lo que había sucedido, por no poder encontrar a Finn, y solo quería...perdóname…
— Me llamo Zana — dijo la adolescente, haciendo un gran esfuerzo. Los músculos de su mejilla derecha, la de la quemadura, habían dejado de funcionar, por lo que susurraba con los labios torcidos.
— Zana — repitió Rey — perdóname.
— Mi sable — repuso la chica, con voz cada vez más trabajosa — te lo heredo.
Sintió que Zana le apretaba la mano, y pudo percibir calidez por un breve instante. Luego la mano de la moribunda se relajó y su mirada quedó fija. Rey supo que todo había terminado, y casi por instinto le cerró los párpados suavemente.
Se quedó largo rato con el rostro apoyado sobre el cuerpo inerte, llorando en silencio, sin soltar su mano. La habitación se había oscurecido al apagarse automáticamente las pantallas del sistema de soporte vital. Jaina volvió en ese momento, con un aparato medio desarmado en la mano, diciendo:«R2-D2 ya desactivó el rastreador» Pero se interrumpió al comprender lo que había pasado. Rey alzó el rostro anegado en lágrimas hacia ella y dijo:
— No pude salvarla.
Solo contempló el cuerpo inerte de la joven sobre la camilla, fijándose en su rostro sereno y luego miró a Rey.
— Oh, yo creo que sí lo hiciste, joven padawan — repuso con su soltura característica, similar a la de Han Solo. Y siguió su camino sin más.
La aprendiz se quedó algo perpleja por un instante. Entonces vio ante sí una figura radiante, que iluminó débilmente aquél oscuro cuarto. Era Zana, rodeada de luz. Su cuerpo estaba completo, saludable, y no tenía ninguna marca en el rostro. No había en su cara ni dolor, ni enojo, ni recriminación. Incluso parecía sonreír. La visión duró solo unos segundos y la chica desapareció, fundiéndose en energía resplandeciente. Todo volvió a quedar en penumbra y silencio.
« No hay muerte. Sólo existe La Fuerza», decía el Código.
Rey se levantó, y se secó el rostro, componiéndose lo mejor que pudo. Tenía una sensación parecida a la que sintiera aquella vez en que se había demostrado su propia valía reparando aquella gigantesca nave en Jakku. Después de esto también era un poco más fuerte. Un poco mejor.
Se dirigió a la cabina. Al abrirse la puerta, vio que Jaina, Chewbacca y R2-D2 se volvían hacia ella. Rey los miró, y dijo:
— Esa maniobra de elevar la nave justo hasta donde yo estaba casi sin usar los motores fue impresionante. No pensé que algo así se pudiera hacer con un cacharro como este, y el enemigo tampoco lo esperaba. Y los disparos de Chewie fueron precisos. Si no hubiera sido por ustedes, creo que no me habría salvado. Y gracias a Zana y R2-D2, ahora no nos seguirán. Ninguno más hubiera podido deshabilitar el rastreador desde afuera.
Los tres la seguían mirando fijamente. Entonces Rey agregó, con voz más firme:
— Cometí un error. Hasta aquí había sido yo contra todo el resto del mundo. Pero esto es diferente. No puedo rescatar a Finn sola. Esperaré que regrese mi maestro, en la base. Me preocupa que le estén haciendo daño a Finn, pero sé que no lo matarán, porque les urge que vayamos a ese lugar. Tengo fe en que él resistirá.
— Podemos despedir a la chica con una ceremonia jedi, la primera en mucho tiempo. Quemaremos su cuerpo en un altar y enterraremos sus cenizas con sus cosas. Estoy segura de que Luke querrá hacerlo. — respondió Jaina.
— No será necesario enterrar su arma — repuso Rey, descolgándola de su cinturón — me la ha dado.
Rey se sentó al lado de su amiga, mirando el sable en sus manos. Era más pequeño y liviano que el de Luke, y tenía el nombre de Zana grabado a un costado con caracteres cuidadosos, casi infantiles.
— Listos para saltar. Vamos a casa. —anunció Jaina, mirándolos a todos. Fijó la vista en Rey antes de mover la palanca, interrogándola con los ojos.
— Estoy bien — le respondió la padawan, con su sonrisa habitual — Estoy bien.
