Tarjetas de Cumpleaños

Ron estaba tan apenado por los problemas que seguramente le había traído a Harry su fracasada llamada telefónica que dudo en escribirle pensando que no quería causarle más problemas. No lo comento con nadie más que con su padre, quien lo miro comprensivamente y le dijo que su error bien pudo haber sido el alto volumen en el que había hablado. Profundamente avergonzado por su torpeza, se quedo un par de noches pensando que decirle a su mejor amigo, rogando en su interior que su salvaje tío hubiera decidido no desquitarse con Harry por su culpa.

Su familia y él se fueron a Egipto antes de que lograra completar una de las tantas cartas con las que planeaba pedir disculpas.

Hermione recibió relativamente con gusto la noticia de no tener que llamarle a Harry. El gusto, no obstante, se fue por el desagüe cuando releyó la carta de Ron y se dio cuenta de que seguramente Harry estaría metido en un buen lío por culpa del pelirrojo. Su primer impulso fue contestarle a Ron, regañarlo o mínimo reprocharle su tonta idea de no pedirle consejos acerca de cómo usar el teléfono.

Su idea de un vociferador sin embargo, también se hizo añicos cuando releyó por tercera vez la carta de Ron y pudo notar sin problemas lo avergonzado que estaba el chico por lo que había hecho.

Ron se convenció en el camino rumbo a Egipto que su llamada a casa de Harry no había sido tan desastrosa después de todo. Siguió sintiéndose avergonzado y un poco preocupado pero su emoción por las primeras vacaciones de su familia fuera de país hizo que se olvidara un rato de su mejor amigo y su pobre desempeño en aparatos muggles.

Al final, se decidió por disfrutar las pirámides y todo lo que Bill se afanaba en mostrarles mientras una vocecita en su interior le susurraba la idea de que la próxima vez llevara a Harry.

Hermione decidió que no iba a arruinar sus vacaciones en Francia con sus padres ni a hacer que Ron se sintiera más culpable de lo que claramente ya se sentía. Su preocupación por Harry no disminuyo, pero se obligo a sí misma a pensar que estaba bien y decidió disfrutar su viaje rogando que esa creencia fuera cierta.

Estuvo varias veces a punto de escribir pero no lo hizo y al contrario se obligo a pensar en una buena manera de averiguar si estaba bien y animarlo sin parecer asustada.

Setecientos galeones era una buena suma de dinero pero aún así la Sra. Weasley aclaro a toda la familia que no podían permitirse demasiados lujos y todos entendieron como siempre. Ron, que había fantaseado con una escoba, se consoló ante la promesa de una varita nueva y ya lo había aceptado totalmente cuando su padre les dio la sorpresa de darles a cada uno un par de monedas para que compraran el recuerdo que quisieran.

Ron se sintió feliz pero la misma vocecita que no lo dejaba en paz desde hace días lo convenció enseguida de no gastar ese dinero en un recuerdo para él.

Hermione encontró dos veces la respuesta a su problema de cómo averiguar si Harry estaba bien y animarlo al mismo tiempo. Ambas provinieron del Profeta, la primera cuando gracias a la fecha del Diario se dio cuenta de que ya se acercaba el cumpleaños del chico y la segunda cuando encontró un regalo que le encantaría en un anuncio pequeño, cuadrado y con facilidad de envío vía lechuza. Lo siguiente fue convencer a sus padres de adelantarle su regalo de cumpleaños y que ese regalo fuera dinero para gastarlo en lo que quisiera pero al final pudo lograrlo.

Cuando la lechuza del día siguiente le llevo el Profeta la siguiente mañana, se las arreglo para encargar de paso el regalo perfecto para Harry, sonriendo de oreja a oreja y orgullosa de sus habilidades para convencer padres propios y lechuzas ajenas.

Ron envolvió el regalo para Harry en papel dorado sin poner demasiada atención a las distintas miradas que su familia le dirigía. Le pego la tarjeta de cumpleaños más sincera que había escrito y envolvió todo en papel marrón, mientras Bill lo miraba divertido y empezaba a distraer a todos para que él pudiera tomar a Errol sin que su madre o Percy se lo impidieran.

Cuando finalmente la lechuza de la familia partió, Ron la observo deseando que el paquete llegara a manos de Harry y Errol regresara con ellos suficiente sana para no sentirse culpable por mandarla de un país a otro con tantas cosas.

Hermione recibió su compra tal y como lo había planeado, sin ningún problema. Estaba tan feliz y orgullosa al pensar que ya había logrado su propósito, que cuando la lechuza de la mañana siguiente se negó a dejarse convencer y se fue sin que ella pudiera impedírselo, se sintió genuinamente sorprendida. La cabeza incluso le dolió toda la mañana, mientras ella pensaba la manera de enviarle su regalo a Harry y no encontraba salida.

Ya casi se había resignado a darle el regalo cuando volvieran a Hogwarts o mínimo cuando ella regresara a Inglaterra, cuando Hedwig apareció como la heroína de la historia.

Harry recibió las primeros dos tarjetas de cumpleaños de su vida, con sus correspondientes regalos y cartas sin poder creerse muy bien que realmente existieran personas que desearan festejar con él su nacimiento. Abrió ambos paquetes con los dedos temblorosos por la emoción y la sonrisa grabada en el rostro gracias a sus dos mejores amigos mientras a varias millas de distancia Ron y Hermione descansaban desconociendo la importancia de lo que habían hecho.

La sonrisa le hubiera durado más si el regalo de Hagrid no lo hubiera mordido segundos después de abrirlo.

Cuando la Sra. Weasley se dio cuenta de la misteriosa desaparición de Errol tuvo el impulso de buscar al culpable a sabiendas de que su hijo menor era el más probable. Bill se dio cuenta y se encargo de impedírselo, por lo que la madre de Ron prometió hacerlo de regreso en Inglaterra cuando su hijo mayor no estuviera para interceder por el más chico. A un par de países de distancia, la Sra. Granger también noto que su hija no gastaba el dinero que tanto les había pedido y recordó con sospecha a la lechuza blanca que volaba en mitad de una tarde con un gran paquete que parecía un libro.