Luke Skywalker llevaba casi dos días meditando. En ese tiempo no había probado bocado, y apenas había tomado el agua indispensable para no desfallecer. A su alrededor, el Lado Oscuro provocaba visiones de muerte, pérdida y traición. Imágenes que no podían dejar de verse cerrando los ojos.
Estaba en lo profundo de la Cueva, en Dagobah. Se sentía preocupado por haber dejado sola a Rey esos pocos días, pero lo necesitaba. Necesitaba confrontar sus temores una vez más.
Vio a una mujer que había amado, asesinada. Edificios arrasados. Escuchó alaridos. Vio a decenas de padawans pasar por delante de sus ojos con cuerpos quemados y ensangrentados: la mayoría había muerto, otros habían desaparecido, y algunos habían levantado sus armas en contra de él mismo, entregándose al Lado Oscuro.
Estaba sentado en una roca. Frente a él había un pequeño pantano. En la otra orilla, las raíces de un gigantesco árbol se enredaban dejando una pequeña abertura en tinieblas que la pequeña linterna del jedi no podía disipar.
Cuando el agotamiento Skywalker avanzaba, sintió la respiración ruidosa y vio a Darh Vader salir de ahí. Le parecía que su padre avanzaba hacia el en sus vestiduras negras, imponente y siniestro. « ¿Cuál es tu mayor temor, Luke?» preguntó Vader con voz profunda. Entonces se apartó y una figura de menor estatura apareció tras él . Era Rey.
Su padawan vestía simbólicamente de negro, y traía en su mano un sable de hoja doble encendido. Era de color rojo. Luke se fijó en el rostro de Rey, y le impresionó el cambio que el Lado Oscuro puede operar en una persona. La mirada de la joven, antes dulce, ahora era dura, resentida, astuta. La expresión de su boca era de profunda ira, y se notaba cada músculo de su rostro en tensión. Tenía el pelo suelto, casi provocativo. Detrás de ella, apareció la figura deforme de Snoke. Las palabras de este último resonaron dentro de su mente: "Ella ha elegido a su maestro".
Luke sabía que se trataba de una visión, pero no podía evitar sentir dolor ante ella. Entonces una luz empezó a disipar las tinieblas, y Obi-Wan Kenobi, resplandeciente, se interpuso flotando sobre el pantano.
— Luke — dijo Obi-Wan Kenobi — has venido a confrontar tus miedos. Pero no puedes evitar que las personas decidan por sí mismas de qué lado están. Eso no está en tus manos.
— Ben — respondió Luke — es bueno verte al fin.
— Te dije que siempre estaría contigo.
— Temo haber sido un pésimo maestro. He entrenado a decenas de jóvenes, pero ahora no hay ninguno del lado correcto.
— Su propio equilibrio La Fuerza buscará — respondió otra voz conocida. La figura radiante del maestro Yoda se unió a la de Ben.
— He sentido que las dos personas que elegí están en problemas — repuso Luke — pero no podía salir de aquí hasta recibir su consejo y dejar de sentir este miedo que confunde la mente.
— Listo pronto estarás, maestro Skywalker — repuso Yoda
— Quizá pronto llegará el tiempo en que les ayudarás de la forma en que nosotros te ayudamos a ti. — prosiguió Obi-Wan.
Luke reflexionó en estas palabras por un momento.
— ¿Estoy listo para trascender a la muerte y poder presentarme a ellos como ustedes se presentan ante mí? ¿Soy ya uno con La Fuerza?
— Cuando llegue el tiempo, lo sabrás — contestó la figura de Yoda.
— Pronto podrás descansar. Te necesitan por un poco de tiempo. — agregó Obi-Wan — Necesitan tu presencia y tu calidez en forma humana todavía.
— Necesito rescatar al amigo de mi padawan — prosiguió Luke — . También él tiene potencial para convertirse en jedi, y además, será imposible que ella se concentre si no lo hago. Seré estricto con ella, pero no puedo exagerar y dejar que la tristeza la consuma. He percibido que Finn está en un lugar de gran oscuridad.
— De gran peligro es — repuso Yoda
— Y el desenlace es incierto — agregó Obi-Wan.
— Luke — agregó otra voz cercana. Era Anakin Skywalker, su padre, en traje de jedi, con un rostro saludable que representaba unos cuarenta años — hay formas de entrar en Kórriban sin ser detectado, al menos por un lapso de tiempo. Lo sé porque vi material sobre eso mientras reunía todos los datos del Archivo del Templo Jedi, en Coruscant, para construir el Archivo Imperial.
— ¿Cómo puedo encontrar esa información, padre? — preguntó Luke.
— Ve a Jakku. Allí encontrarás un destructor estelar varado en la arena, en que tu padawan ha trabajado por años. En uno de sus compartimientos más secretos encontrarás lo que necesitas.
— También, maestro Luke, debes saber que el despertar de La Fuerza que ha ocurrido nos ha permitido vislumbrar más cosas. — prosiguió Obi-Wan — Quedan dos maestros jedi más en la Galaxia. Llámalos con todas tus fuerzas ahora que La Luz está actuando, y ellos escucharán y les buscarán a ustedes. La Orden Jedi debe levantarse otra vez.
— Y dos posibles discípulos más en Jakku verás. Atento debes estar. — terminó Yoda.
— ¿Hay algo más que deba tener presente? — preguntó Luke.
— Si, maestro Luke — repuso Obi-Wan. — Rey es fuerte. inteligente y la vida le ha dado madurez. Pero eso no debe hacerte olvidar que hace muy poco tiempo era una niña solitaria. Y le quedan sentimientos de niña solitaria. Debes equilibrar la rigidez del maestro jedi con la comprensión del padre
Finn se hallaba bastante confuso. Poe le había relatado lo sucedido después de que él había perdido la consciencia luchando con Kylo Ren, y le había informado sobre el paredero de Rey, lo que lo había tranquilizado mucho. Se había alegrado al saber que pronto la podría ver, y había podido relajarse a pesar del dolor de sus heridas. Estaba durmiendo en su habitación del hospital, cuando había escuchado gritos y disparos. Luego, la puerta se había abierto con brusquedad, y un hombre vestido de negro, portando un sable láser, había irrumpido en la habitación. Hizo un gesto con la mano, y Finn ya no recordó nada más.
Ahora se hallaba en una oscura y pequeña celda. Era como la celda de cualquier cárcel: había una litera, un retrete y un lavabo. Pero en vez de barrotes, un gran cristal irrompible le permitía ver la amplia habitación de afuera, cuyas altísimas paredes parecían ser de roca rojiza.
Notó todo esto antes de extender las manos hacia el cristal, y dio un grito. En vez de mano derecha, tenía una protección metálica. Pasó mucho tiempo tratando de examinarla. Se convenció de que le habían amputado la mano con algún siniestro propósito, y de que debía estar en poder de la Primera Orden.
Una puerta se abrió automáticamente, y vio a dos stormtroopers entrar seguidos por Kylo Ren. Los soldados depositaron una bandeja con comida en un conducto especial, y esta entró por una rendija en la celda de Finn. Luego, los soldados se retiraron.
Kylo Ren, enmascarado, se aproximó a Finn, que lo miraba fijamente, tratando de no dejar entrever miedo.
— Todavía me duele la estocada que me diste con el sable de Skywalker — dijo Ren, con una voz extrañamente neutral, pero profunda.
— Asegúrate de matarme — repuso Finn, desafiante — porque volveré a intentarlo tarde o temprano. Y si yo no puedo, ella lo hará.
Ren sonrió y repuso con un tono despreocupado:
— Un traidor insignificante como tú no tiene ningún valor para mí. No eres un soldado imperial. Fuiste criado con otros cientos de miles solo para defender las ideas de personas mejores que tú. Ni siquiera eres de buena calidad, por eso estabas en sanitización. Dos años de entrenamiento de mínimo nivel, el resto del tiempo trabajando, armadura de pésima calidad. Tenemos tantos de ustedes que mandarlos en masa a la muerte no significa nada para nosotros. Ni siquiera aprendiste a leer.
Finn no respondió nada, pero miraba fijamente las siniestras cavidades de la máscara, sin vacilar. Pensó en preguntar por su mano cercenada, pero se contuvo. Ren prosiguió:
— Nos servirás sólo para atraerla a ella, y quizás hasta a su maestro.
— Si le haces daño Ren, yo te juro que todo lo que me quede de vida, cada minuto y cada gota de energía que tenga, las dedicaré a destruirte. — repuso Finn.
Kylo Ren guardó silencio. Estudiaba la expresión decidida y amenazante del rostro de Finn.
¿Qué pasaba bajo esa oscura máscara? Finn no podía saberlo. El Caballero de Ren extendió su mano hacia el prisionero, que quiso retroceder dentro de su celda, pero se sintió totalmente paralizado.
Kylo Ren leyó su mente todo lo que pudo. Finn sentía cómo todos sus recuerdos afloraban a su conciencia, desde que era un niño con sus padres desaparecidos, hasta que había decidido dejar la Primera Orden, en aquella aldea arrasada, frente a los pobladores masacrados. Al llegar a este punto, sucedió algo.
Empezó a sentir que Kylo Ren susurraba dentro de su mente. Al principio era una pequeña sensación, un leve escozor. Luego, la voz fue perceptible en su cabeza. Pero no era una voz malvada. No era Kylo Ren, sino Ben Solo. Y no estaba tratando de forzarlo a nada. Solamente le decía: "Concéntrate en el momento de tu despertar".
— La amas — afirmó Ren cuando el trance desapareció — ¿Qué te hace pensar que ella se interesaría en un desperdicio analfabeto como tu? Incluso entre la basura de la Resistencia se puede encontrar mejores hombres sin ningún esfuerzo. ¿Crees que porque fuiste a rescatarla te ganaste su amor? Ella pudo salvarse sola. En realidad ella te salvó a ti al enfrentarse a mí. Y ahora tendrá que rescatarte otra vez. Ninguna mujer ama a un hombre que debe cuidar como a un niño. No una como ella.
Finn guardaba silencio. Lo miraba con extrañeza, mezclada con el dolor en la cabeza que la intervención de Ren le había dejado. Éste dio media vuelta y se encaminó a la salida. En ese momento, la puerta se abrió y Hux apareció con su rostro cetrino y duro, seguido por la comandaste Phasma. Se paró por un instante delante de Kylo, orgulloso en su impecable uniforme gris. Observó a Finn, y luego dijo, en voz baja.
— ¿Qué hacías hablando a solas con el prisionero, Ren? Esta conducta es contraria a toda norma.
— Estaba trabajando su mente — respondió Ren, con parsimonia — en maneras en que un militar limitado como tu jamás podría comprender.
— Cuidado, Ren — repuso Hux, dejando pasar unos segundos. — Tenga por seguro de que el Líder Supremo Snoke y los otros Caballeros de Ren serán informados de esto. Recuerde que la chica estaba bajo su custodia cuando escapó. Y luego, extrañamente, la chatarrera se burló nuevamente de nosotros venciéndole a usted, según nos cuenta. Dos errores en un día. A mí me parece bastante coincidencia.
Kylo Ren hizo ademán de avanzar, y Hux le abrió paso. Cuando las puertas se volvieron a cerrar, el General se quedó reflexionando un momento. Volvió la mirada hacia Finn, que trataba de descifrar qué podía significar aquella especie de confrontación, lo que le era casi imposible por no haber oído la charla. Hux acercó al cristal, y preguntó:
— ¿Valía la pena la traición, FN-2187?
— Ahora lo perderás todo — agregó Phasma detrás de su cromado casco.
Finn les miró fijamente y repuso:
— Ya no soy FN-2187. Me llamo Finn. Y aunque ustedes no lo crean, lo he ganado todo.
