Mi portátil murió estando de vacaciones y no pude avanzar. Lo cierto es que escribir este fic me relaja bastante, así que espero continuarlo todo cuanto pueda. Un besito de vaca para todos.
Poco a poco Kurotaku va dando guerra al pobre Hakutaku, el cual no es de piedra... ¿y quizás está ya demasiado cansado para ello?
Veamos...
Aunque Momotaro había estado antes en el Infierno, aquello era distinto. Los hierbajos que recogía de esas zonas tan oscuras le hacían añorar el Paraíso. Ahora estaba lejos de allí. Las ortigas y las zarzas, igualmente medicinales y potentes, le rasguñaban e irritaban las manos, pero eso no le importaba. Su cabeza estaba en otra cosa, y muy angustiado, se preguntaba por qué.
¿Por qué Hakutaku le habría despedido? ¿Por qué?
*flashback*
Aquel día era distinto. Momotaro lo intuía. Desde hacía tres días, desde la última visita de Hoozuki al Paraíso y la mala reacción de Hakutaku, el antiguo héroe se olía que algo iba mal. Hakutaku apenas salía de su cuarto. Apenas dormía. Y si salía a comer, era acompañado de ingentes cantidades de alcohol. Más de una vez lo dejó solo a cargo del negocio, mientras él estaba o bien encerrado en su cuarto, o bien en el lavabo, vomitando. Eso, ignorando que lo había visto preparar algunas medicinas muy fuertes, casi anestésicas, y que al poco probaba con nuevas.
Momotaro temía que la Gran Bestia Blanca hubiera enfermado realmente. Quería ayudarlo, aunque Hakutaku fuera tan infantil a veces, era un buen mentor, le había dado un hogar, un lugar, una razón de ser, y de repente, veía como se desmoronaba y no sabía por qué.
Quiso creer que con el tiempo todo pasaría, se decía a sí mismo que al día siguiente le ayudaría y le preguntaría, pero durante tres días se contuvo, quizás asustado por algo, y fue entonces cuando las palabras de Hakutaku le golpearon como un mazo helado.
-Momotaro-dijo entonces Hakutaku, al salir de su cuarto, con ojeras y una palidez enfermiza-. Cierro el negocio. Así que es mejor que te vayas.
Momotaro, que en esos momentos tenía en sus manos unos frascos con hierbas, ignoró el sonido de estos al caer al suelo.
-¿C-cómo dice, señor? ¿Ocurre algo?-preguntó-. ¿Acaso yo he….?
-No, Momotaro, no has hecho nada que te tenga que reprochar-se apresuró a decir Hakutaku, yendo a la cocina por un poco de hielo…y un trago-. Pero esto se acabó. Es hora….de que te marches. Lo siento.
Momotaro no se quedó callado. Le preguntó una y otra vez. Preguntó si era su culpa tres veces, tres veces que Hakutaku negó. Le preguntó si era realmente por alguna crisis del negocio dos veces, dos veces que Hakutaku también negó. Le preguntó si era por alguna idea de cambio de oficio, si era por alguna chica, incluso preguntó una y otra vez si era algo que le ocurría al Dios, pero éste lo negó todo.
Simplemente, cogió un papel, y en un silencio enfermizo, escribió varias líneas.
-Ten, es mi recomendación para los Infiernos. Hoozuki podría buscarte trabajo. Yo no voy a tener esto abierto ni un día más.
Momotaro se llenó de valor en esa ocasión.
-Señor, incluso si usted dice eso, no me iré de aquí, pues es lo que quiero.
Y fue en esos momentos, cuando Hakutaku volvía a su cuarto, que Momotaro vio por primera vez en los ojos del chino, un brillo muerto y apago que rezumaba una fuerza extraña de peligro.
-Créeme que pronto no querrás.
*Fin del flashback*
Y ahí había terminado la conversación con él.
Momotaro intentaba olvidar lo ocurrido. Al fin y al cabo, ahora él estaba muerto y tenía tiempo de sobra, y mucho trabajo por hacer…o eso quería creer. Por desgracia, no tenía tanto trabajo como deseaba. Hoozuki se había mostrado bastante extrañado por ese despido tan inusual…acompañado por el resto de los becarios, los conejitos. Momotaro no quería pensar que a Hoozuki le había dolido más el despido de esos animalitos esponjosos que el suyo, pero no había dicho nada. Como había podido, había rebuscado entre los huecos del infierno para encontrarle un trabajo, y se había tenido que conformar con pedirle que buscara hierbas medicinales y otras menos benévolas en el infierno. No era ni de lejos el trabajo que tenía en el Paraíso, pero era lo más parecido, y Momotaro se había tenido que conformar.
Cuando llegó al despacho del Gran Rey Enma, vacío como solía ocurrir por la tarde de 6 a 9, Hoozuki estaba sentado ante la gran mesa, terminando de revisar los documentos. Cuando vio llegar al antiguo héroe, dejó los papeles en la mesa, y Momotaro sabía que de alguna manera, como eso no entraba dentro de los planes de Hoozuki, no estaba demasiado cómodo.
-¿Qué tal te está yendo por el Infierno, Momotaro?
-…Traje las hierbas que me pidió, señor-repuso él sin más, dejando el cesto lleno de hierbas y plantas venenosas. Qué distintas eran a las plantas medicinales.
Hoozuki se dio cuenta de que no le había respondido directamente, y se aclaró la voz.
-Muchas gracias por traerlas-agradeció-. Espero que no esté siendo un trabajo muy duro.
-Mentiría si dijese que no añoro el otro-reconoció Momotaro-. Pero la situación es así…Je, quién iba a decir que la crisis podría afectar tanto a Hakutaku, ¿no es cierto? Tal vez esté en bancarrota por ir a locales demasiado caros…-intentó bromear.
Hoozuki no dijo nada, sumido en sus pensamientos, lo que desencadenó a un incómodo silencio.
-Es raro que sea por eso, normalmente Hakutaku siempre encuentra alguna manera de salirse con la suya. Dudo que el dinero sea un problema. Es odioso, pero es un hombre inteligente-dijo el demonio.
Momotaro no dijo nada, únicamente asintió con la cabeza.
-¿Cree usted entonces que pueda ser algo de más gravedad?
Hoozuki lo pensó unos segundos.
-Espero que no. Seguramente en unos días vuelva todo a la normalidad, y tú puedas recuperar tu trabajo como siempre.
Como siempre.
Hakutaku ya apenas podía resistirse al sonido de la voz. La casa había sido consumida por la oscuridad de las ventanas cerradas y las puertas selladas. Ya no había aire circulando, no estaba el ajetreo de la vitalidad. No se percibía el aroma a hierbas frescas; solo el del polvo, las plantas secas, algo salado y fuerte y el olor a incertidumbre.
No se había levantado de la cama en esos días. Desde que despidió a Momotaro y a sus becarios, se había encerrado en su casa. Alguna que otra vez, los primeros días, algunos clientes habían llamado a la puerta, pero él había ignorado esto, acurrucado en la cama, abrazado a la almohada, a las sábanas, intentando no pensar en nada. Al cuarto día, la gente dejó de llamar, y dejó de oír las voces de los clientes, y la suya propia. Llevaba ya diez días encerrado allí, y no había tenido contacto con nadie.
Menos con él.
¿Sabes, Hakutaku? Estoy muy orgulloso de ti.
-…
Sé que no te ha sido fácil. Al fin y al cabo, estoy contigo, sé que te ronda por la cabeza. No, no me mires así, no me malinterpretes, solo quiero decir que entiendo lo duro que es esto para ti. Por eso, estoy tan orgulloso de ti.
Cuanto más tiempo pasaba, más débil estaba Hakutaku para resistirse. Cada vez oía mejor esa voz. Cada vez tenía menos fuerzas para responderles.
Tú no te preocupes mucho por mí. Tú descansa. Eso de ser inmortal es un arma de doble filo, ¿no crees? Dioses, te noto agotadísimo. No, no lo niegues. Si no fuera así yo no estaría aquí, rio esa voz. Sonaba melosa y cariñosa. Hakutaku intentaba ignorar el hecho de que lo notaba extremadamente cerca de su oreja. Venga, tranquilo. Que no muerdo.
Hakutaku estaba tranquilo, de hecho. Pero tal vez no motu propio. Era consciente, lo era, maldita sea si lo era, él era antiguo, era sabio. Lo sabía.
No tenía fuerzas en esos momentos para discutir con él. Se había fijado que cuanto menos se oponía a Kurotaku, menos difícil era, fluía mejor. Sentía su cuerpo pesado y ligero, sobre la cama. Tenía calor y tenía frío, estaba tranquilo y a la vez alterado. Tenía la almohada húmeda. Intentaba calmarse. Sabía que de ponerse a llorar, no sería lo mejor. Odiaba esa sensación, esa textura, ese olor.
La sangre, tanta sangre…. Kurotaku, ¿por qué?
Lo siento, qué le vamos a hacer. Tengo que salir de ti, sé que no es agradable. Pero lo estás haciendo bien. ¿Lo notas? Sé que lo notas.
Hakutaku podía sentir el aliento en la piel de su cuello….
Por lo pronto ya no duele, ¿cierto? Tranquilo. Cuando opongas menos resistencia, más fácil será para todos, y entonces estaré contigo, y te acunaré hasta que te duermas.
Hakutaku podía sentir como el colchón de la cama se hundía ante más peso…
-Y entonces podrás descansar y dejarás que todo fluya. Como el Dao. ¿No es así? Somos de la vieja escuela.
Hakutaku podía sentir unos brazos abrazarle por la espalda.
No, no, no. Hakutaku lo sabía. Si todo era tan fácil en esos momentos era porque él lo permitía. Si no le daba guerra era porque él había bajado las defensas. Se estaba rindiendo, lo sabía, maldita sea, lo sabía.
-No…No quiero.
Se hizo un silencio sepulcral.
Y entonces el abrazo se hizo más fuerte. Hakutaku notó que se le escapaba un jadeo y que el aire se escapaba de sus pulmones. Quería pelear, pero su cuerpo no respondía y no tenía fuerzas. Y a la par, sentía que no podía….no podía luchar contra sí mismo.
-…Sabes que ya es tarde para echarte atrás, Kurotaku-dijo él.
El abrazo presionó tan fuerte que Hakutaku sentía que su cuerpo se partía en dos. De sus labios escapó un ligero hálito de vida, y notó que algo pesado entraba dentro de él.
Y entonces, cerró los ojos…
…
…
…
Cuando los abrió, ya no estaba débil. Ya no estaba cansado. Ya no estaba alterado. Podía respirar hondo.
Se sentó en el borde de la cama y se limpió las mejillas manchadas de sangre. Volvió a respirar hondo, llenando los pulmones de aire. La cama estaba vacía, como si nadie hubiera estado nunca. Se estiró y se levantó, notó crujir sus huesos como si fueran nuevos. Por primera vez en días abrió la puerta de su cuarto y la del baño. Encendió la luz y se lavó la cara en el lavabo, esbozando una sonrisa por el agua fresca que empapaba su piel.
Y cuando se miró en el espejo, sonrió con satisfacción.
Esos cabellos, esos ojos, esa sonrisa….
Claro que Hakutaku no estaba ni débil, ni cansado, ni alterado.
Porque ya no era Hakutaku quien ocupaba el lugar.
-Por fin.
Continuará.
No hay anotaciones en este cap.
Kurotaku está en la casa! Qué pasará ahora? *intento ridículo de causar tensión*
Pronto más!
