Rey pasó casi dos días de mucha concentración intelectual. Lo único que hizo fue leer el libro de Luke y trabajar en su proyecto del sable doble, tratando de adaptar el sable de Zana al de Skywalker, con piezas que Poe y Jaina le habían dado. Casi todo el tiempo estuvo sentada en la hierba del cementerio, enfundada en su capa de padawan con la capucha puesta, frente al monolito de Han, y rodeada por los memoriales de Shara y Kes. Tenía la sensación de estar acompañada en ese lugar. Además, la charla continua de la base no resultaba fácil de soportar para una persona socialmente aislada y criada en un lugar como Jakku. La pequeña y delgada pantalla con imágenes que Poe le había regalado colgaba ahora de su cuello, mostrando en primer lugar aquella en que salían los tres sonrientes: Shara Bey, Kes Daemeron y una pequeña Rey.

Había logrado adaptar el sable de Zana al de Skywalker para poder unirlos y separarlos en cualquier momento por la empuñadura. Se levantó sonriente, y se sacó la capa marrón. Comenzó a dar golpes al aire tal como antes lo hacía con su vara, y se sintió más a gusto que con el sable tradicional. Estaba en eso, acuchillando el aire como si de un juego se tratara con su sable azul por un extremo y rojo por el otro, cuando percibió algo. Era su maestro, Luke, que se aproximaba. Apagó el arma y corrió en la dirección que La Fuerza le hacía sentir.

El día era nuboso, y el cielo estaba gris. Pero había un espacio entre las nubes por el que el sol de la mañana entraba con un nostálgico tono plateado. Abajo, todo estaba cubierto de un pasto muy verde en que los pies se hundían, mecido por una leve pero helada brisa. Rey subió a una loma. Había pequeños cerros verdes hasta el horizonte, hasta los rayos del sol. Y a contraluz pudo ver, casi como una mancha, la silueta de Luke Skywalker, vestido tal como lo había encontrado la primera vez, sólo que ahora se aproximaba a ella como un peregrino. La joven sintió una puntada de felicidad, y corrió a su encuentro.

Pero al aproximarse tuvo un presentimiento, y fue aminorando la marcha. Había visto dureza en el rostro de Luke. Se detuvo a unos metros y esperó. El jedi prosiguió caminando casi como si no la viera, pero dijo:

— Me desobedeciste. Te dije que debías evitar toda pelea, y es lo primero que haces. Sí, lo sé todo. No perdiste una parte del cuerpo, pero casi pierdes el alma.

Rey empezó a caminar a su lado. Quería mostrar algo así como arrepentimiento. Pero la felicidad de verlo otra vez era muy grande para poder fingir algo negativo.

— Estaba muy preocupada por Finn, lo siento — repuso Rey— es que no puedo quedarme de brazos cruzados…

— ¡Ya sé que no puedes! — repuso Luke, volviéndose apenas hacia ella, y gesticulando con la mano metálica — ese es tu problema. Que no piensas lo suficiente antes de actuar. Que sientes que la justicia tiene que ser inmediata o no es justicia, y te sientes invulnerable por unos momentos. Fuiste afortunada con Ezra Bridger. Cuando sentí que estabas cerca de él, casi di todo por perdido. Ya no sé si seguir diciéndote que un jedi practica la defensa más que el ataque, porque sé que terminarás atacando sin pensar.

Rey tenía ganas de abrazarlo, pero no se atrevía al verlo caminar tan rápido sobre la mullida hierba. Leia también había sentido la presencia de su hermano, y venía a su encuentro, a lo lejos. Cuando estuvieron cerca, la General lo abrazó con cariño, sin decir nada más.

— No seas tan duro con ella — agregó cuando se separaron y prosiguieron el camino hacia la base.

— No la defiendas. Mi padawan tiene un talento especial para ponerse en peligro. No sabe lo importante que es.

— Recuerde cómo era usted cuando era joven, Maestro — repuso Leia con ironía, caminando a su lado, hacia la base — ni el Maestro Yoda creía que usted iba a ser obediente alguna vez. Estaban pensando en hacerme jedi a mí.

Rey los observaba a ambos. Trataba de mantenerse seria, y cuando la miraban, intentaba bajar la vista, no sostenerla como estaba acostumbrada. Pero esa conversación le causaba placer. Era como si sus padres estuvieran discutiendo por ella. Luke y Leia ya eran lo más similar que ella tenía en ese momento a unas figuras paternas. Ya no era una niña, pero le quedaban algunos sentimientos de niña, de la infinita soledad de las tardes en Jakku que había contemplado casi a diario por quince años, sin tener a nadie que sirviera de guía. Sentía que no podría resistir un nuevo abandono.

Esa tarde, Luke y Rey construyeron un altar de piedra y ramas, y cremaron el cuerpo de Zana, que habían mantenido refrigerado, con una ceremonia jedi en toda regla. Toda la Resistencia, exceptuando los que no se hallaban en la base, participó de la ceremonia, el primer funeral jedi en años. Durante ella, algo que dijo Luke se quedó grabado en la mente de Rey para siempre:

"Ella ya es una con La Fuerza, como nuestros amigos que han muerto. Muchos de los que hoy están aquí, mañana habrán muerto, y tendremos que levantar muchos monolitos con sus nombres más todavía. Ellos no verán el fruto de su esfuerzo. Si no ven el sentido de luchar por un futuro que ustedes no verán, intenten concentrarse en ayudar a otros a tener una vida mejor. A otros que viven hoy, o a los que vivirán en quinientos años. Y ayudando a otros quizá descubramos la paz y el sentido de nuestras propias vidas. Salvando a otros nos salvamos a nosotros mismos. Este es el camino del jedi."

Aquella misma noche Luke, Rey, Poe, Jaina, Chewbacca y BB-8 partieron hacia Jakku en el Halcón Milenario, a buscar el archivo imperial que, según Luke, contenía un secreto para entrar en Kórriban de modo incógnito, y que se suponía estaba en el destructor estelar varado en la arena que Rey había estado desmantelando para vender la chatarra.


Casi todos los pisos interiores de la inmensa nave habían desaparecido: sólo quedaban los de arriba. Así que el destructor parecía un enorme galpón vacío lleno de arena. Luke y Rey, mediante sogas, subieron a lo más alto y se desplazaban cuidadosamente entre los restos de vigas y pasillos, golpeando las paredes para detectar algún vacío. No fue fácil de encontrar, pero finalmente dieron con una habitación bastante oculta cerca de la torre de control.

Efectivamente, adentro había un computador todavía operativo, con una parte del Archivo del templo jedi de Coruscant, tal como había dicho Anakin en la visión de Luke. De inmediato Maestro y Padawan se dedicaron a investigar todo lo relacionado con Kórriban, mientras los demás montaban guardia afuera del destructor, puesto que una banda de Teedos y otros carroñeros se habían acercado a husmear. Un par de horas después, Luke encontró algo.

— Aquí dice que la energía de Kórriban es tan intensa, que un cristal kaiburr, obtenido de un sable que haya sido impregnado por el Lado Oscuro, puede usarse cerca de su superficie para crear algunas ilusiones breves y para enmascarar la presencia de jedis en el planeta. Esto lo puede hacer sólo un Maestro Jedi que haya llegado al nivel más alto entregando energía al cristal y meditando. Rey, nosotros tenemos un cristal kaiburr, en el sable de Zana.

Rey, que miraba la pantalla a su lado, hizo un gesto de descontento.

— Me costó mucho unir los dos sables, y me gusta que sea doble, porque se parece a mi vara. Pero si no hay más remedio…

Luke sonrió. Luego miró a su aprendiz fijamente y dijo.

— Rey, ya deberías haberlo sentido — ¿De dónde podríamos sacar un buen cristal para que tu sable siga siendo doble, aquí, en Jakku?

— No lo sé — repuso Rey, encogiéndose de hombros. — Nunca he visto uno de esos cristales.

— Lo puedes saber — repuso Skywalker — lo que pasa es que no estás poniendo suficiente atención, y dejas vagar tu mente de un lado a otro. Concéntrate, yo te ayudaré.

Rey comprendió que se le estaba pidiendo que usara su sensibilidad de jedi. Cerró los ojos, tratando de percibir alguna cosa. Se imaginó un cristal, y trató de sentir su forma y textura. Luego, trató de ubicar esa forma y textura cerca de ella.

Cuando logró enfocarse lo suficiente, creyó sentir una extraña vibración, en su bolso. Allí tenía el trozo central de su vara, el que le había regalado originalmente Ben Solo, hacía unos quince años. Le había quitado las partes adicionales para poder llevarlo sin tanta dificultad. Al pasar sus manos sobre él, sintió como si estuviera cargado de energía estática.

— Está aquí adentro — dijo Rey, mirando a Luke con sorpresa — hay un cristal nuevo aquí adentro. Y es mío, porque está impregnado con mi energía.

— Mi hermano lo debió poner ahí para ti, antes de que lo atacara la locura— interrumpió Jaina Solo, que había aparecido en la puerta de la sala, silenciosamente, y había estado observando en silencio.

— ¿Y qué significa esto? ¿que dentro de Kylo Ren, en alguna parte entre toda la amargura, está el Ben Solo que me consideraba como su hermana pequeña, hace tanto tiempo que yo no lo recordaba? — preguntó Rey, dirigiéndose a todos. Pero no recibió respuesta.

Bajaron hasta la arena, usando sogas. Todos se sentaron en corro a observar lo que Rey hacía, bajo la sombra del gigantesco cascarón del destructor estelar. La joven usó un pequeño cuchillo de plasma para abrir la barra por la mitad, practicando un corte longitudinal. Y efectivamente, un resplandeciente cristal azul cayó desde adentro.

— Tenemos todo lo que necesitamos — dijo Luke. Luego, dirigiéndose a Rey, que observaba fascinada el cristal entre sus manos, le dijo: — Ahora estás lista para saberlo: Ben Solo te salvó la vida aquella noche. Cuando estuviste en peligro, entre las ruinas de la Nueva Academia en Yavín 4, él te defendió. Apuñaló con su sable al hombre que te iba a golpear en la cabeza. También te dijo lo que debías hacer: caminar y caminar por el bosque, de día y de noche, sin nunca parar, hasta que alguien te encontrara. Por eso, creo que tu deber es intentar que regrese. Eres su único nexo con la luz, Rey, sin considerar a Leia. Kylo Ren no es un sith. No te confíes, pero tenlo presente.


— ¡Malditos niños! ¡Me robaron un bláster! — gritaba Jaina Solo, persiguiendo a duras penas por las dunas a un par de mocosos y harapientos Twy'lek, un niño y una niña, que escapaban de ella. El niño se detuvo por un momento, e hizo ademán de dispararle a Jaina. Pero nada pasó.

— ¡Ja! Mocoso estúpido — gritó Jaina — tienes que sacarle el seguro para poder disparar.

Pero apenas tuvo tiempo para decir esto, y tuvo que echar cuerpo a tierra, porque el niño le había quitado el seguro al arma y le disparó de verdad. El rayo levantó arena unos metros por detrás de la contrabandista. Pero en ese momento, los dos pequeños Twy'lek se elevaron en el aire, paralizados, moviendo apenas un poco los pies descalzos. Luke y Rey aparecieron por detrás.

— Poe y Chewbacca solo se están riendo, y no me ayudan. Y este pequeño monstruo me disparó— reclamaba Jaina, llegando al lado de los niños suspendidos en el aire por Luke, y quitándoles el bláster.— Dame eso, pequeño ladrón.

— Luke — dijo Rey en voz baja a su maestro — a estos niños...ya los conozco. Son los niños que vi en la Oscuridad, la primera vez que nos encontramos. Son los niños de mi visión. Los vi como padawans y luchaban contra mí cuando yo me había vuelto al Lado Oscuro.

Luke los observaba en silencio. A todas luces eran niños esclavizados, como solía sucederle a los Twy'lek, muy codiciados por su belleza física, a pesar de su piel verdosa y sus grandes protuberancias, más parecidas a tentáculos, sobre su cabeza. Los dejó caer sobre la arena, pero no les permitió levantarse, sino que los mantuvo paralizados en posición de rodillas.

— ¿Eres un jedi? — Preguntó la niña, mirando a Luke con los ojos bien abiertos.

— No seas tonta — repuso el otro niño, aparentemente su mellizo — todos los jedis murieron. Ahora tenemos que preocuparnos de aguantar el castigo por no llevar ninguna mercancía a nuestro amo.

— Jaina — dijo Luke — dale cincuenta créditos a estos niños. Volveré por ellos después.

— ¡Cincuenta créditos! — repuso la hija de Han Solo — ¿Te has vuelto loco? Eso es la mitad de lo que tenemos para nuestras necesidades.— Pero BB-8 ya había pasado por el lado de ella a toda velocidad, y había entregado cinco placas doradas al niño. Entonces Luke los dejó levantarse.

— Cuando yo sea grande, seré una jedi como ella — dijo la niña, apuntando a Rey. La joven padawan tuvo una extraña sensación al ser señalada. Era algo así como orgullo mezclado con temor.

— Tu solamente vas a ser fea, y cada vez más fea — respondió el niño. La niña lo persiguió, y ambos twy'lek se alejaron corriendo y jugando por las dunas.

— ¡Al menos den las gracias! — les gritó Jaina, que sentía el dolor de aquél dinero malgastado más que todos los que estaban allí. Y finalmente agregó, echando a andar hacia la nave — Por eso yo nunca tendré hijos.

Luke y Rey vieron a los niños desaparecer entre los cerros de arena, bañados por el sol crepuscular. Luego el jedi reanudó la marcha, con pasos entorpecidos por la arena amarillenta, y dijo a su discípula:

— Rey, quizá ellos sean tus futuros padawans.

Ella se paró en seco. El temor que había sentido ante la insinuación de la niña se transformó repentinamente en pánico. Pero ahora no tenía que ver con la responsabilidad. Era la sensación de abandono, la sensación más terrible para ella junto con la de huir por un bosque en medio de una tormenta. Era ver la nave de sus padres elevándose otra vez, dejándola en Jakku.

— Luke, tu no puedes abandonarnos. No eres tan viejo — contestó Rey, alcanzándolo con un suave trote. Ya no lo trataba con tanta formalidad siempre — Te necesito. Todos te necesitan. ¿Y quién va a entrenar a Finn, si logramos….? No, no puedes abandonarnos.

— Quizá la maestra Rey Daemeron tenga que terminar de entrenar a Finn en unos años más, si con su imprudencia no hace que la maten antes. Aunque a mí no me gusta tanto esa idea, porque sospecho que la maestra y el padawan perderán el tiempo en otras cosas. Cosas que en los tiempos de la República no se permitían en la Orden Jedi.

Rey pasó por alto instantáneamente la insinuación de Luke, para evitar sonrojarse, y prosiguió:

— ¿Unos años más? La Resistencia no tiene unos años más. Además, yo nunca podría entrenarlo como me has entrenado tú. Él se merece un buen maestro.

—También le dije algo parecido a Obi-Wan Kenobi una vez. Y a Yoda. — respondió Luke, mirándola con aire de misterio —pero a veces sucede que a un jedi la muerte le hace aún más fuerte.

Ella pensó por unos instantes en esas palabras enigmáticas. No eran precisamente alentadoras.

— «Defender la libertad y la justicia hasta la muerte y más allá de la muerte» murmuró Rey, citando de memoria el libro de Luke.

— Has estudiado — concluyó el jedi, sonriendo — Recuerda, mi joven padawan: pase lo que pase, en esta misión o en cualquiera, yo siempre estaré contigo. La Fuerza, que te ha guiado desde que eras una niña, nunca te abandonará si tu no la abandonas.

— Pero yo no quiero perderte, Luke. Ni a ti, ni a Leia, ni a Finn, ni a ...a nadie en realidad. No sé si pueda...soportarlo de nuevo, ¿me entiendes?

— Pero sucederá Rey. O tu nos perderás, o nosotros te perderemos, pero tarde o temprano sucederá. Pero, si deseas que la muerte no sea el fin, hay una sola manera. No debes unirte a personas particulares, sino a toda la vida en general, haciéndote una con La Fuerza. Y debes ayudar a que otros lo hagan también.

Se acercaban lentamente al Halcón Milenario, donde Jaina ya había encendido los motores. Poe les hacía señas para que se apresuraran desde la compuerta.

Había llegado el momento de la verdad: partían a Kórriban a rescatar a Finn. Y Rey tenía malos presentimientos.