Gracias al cristal kaiburr, que vibraba al unísono con todo aquél planeta, Luke consiguió no solamente enmascarar la presencia del Halcón Milenario y aterrizar en Kórriban sin problemas, sino también la presencia de siete cazas X-Wings que tendrían la misión de bombardear el principal templo sith del planeta, donde suponían que se hallaba Finn.

También había provocado una ilusión que había permitido burlar a los destructores estelares que rodeaban el planeta. Un cristal kaiburr, cargado con la energía de una aprendiz del Lado Oscuro, cerca de Kórriban, podía usarse para producir una ilusión de desfase temporal. Luke logró que el tiempo pasara normalmente para ellos, pero más rápido para los defensores. Durante un pequeño instante, todos los radares de la primera orden dieron una señal de alarma, pero duró tan poco que se convencieron de que debía tratarse de algún residuo espacial que había pasado velozmente a estrellarse contra el planeta.

El Halcón milenario y los X-Wings se posaron sobre el planeta. Se encontraban a unos treinta kilómetros de su objetivo, y para eso habían llevado varios speeders.

— Sincronicen los relojes. Poe bombardeará el templo, tenga o no tenga comunicación con nosotros, en tres horas — dijo Luke. — BB-8 estará en el Halcón Milenario, listo para hacerlo partir. Rey, Jaina y Chubacca irán por Finn.
— ¿No vas a venir con nosotros? — le preguntó Rey, que ya estaba montada en el speeder.

Luke la miró y repuso:

—Es posible que esta sea la única oportunidad que tenga de enfrentarme con Snoke. Debo buscarlo y si es posible, sorprenderlo.

Rey sintió que se le caía el alma al piso por un instante. Pero comprendía la importancia de tratar de eliminar a Snoke.


Finn abrió los ojos, percibiendo algo cerca de él, en la misma celda.

Un día entero había pasado en meditación. Lo hubiera dejado mucho antes, si no hubiera notado que extrañas cosas empezaban a suceder, y que estaba sintiendo cosas nuevas. Estaba cambiando.

Notaba que los soldados que le traían la comida miraban extrañados en derredor de ellos, como si escucharan algo. Y en un momento había estado seguro de que varios objetos que estaban a su alrededor se habían despegado de sus apoyos y habían flotado unos centímetros. Fue menos de un segundo, pero ocurrió.

Ahora había una presencia fría en el cuarto. Había poco ruido. Finn sabía que tenía miedo, pero había entendido que no podía dejarse llevar por el horror, o perdería todo lo que tanto le había costado avanzar.

Desde un rincón oscuro en la cabecera de su cama, una voz profunda y lúgubre como proveniente del interior de una tumba le dijo:

— Eres un hombre sin pasado ni historia. Nunca serás tan talentoso ni valiente como ella. Siempre estarás a su sombra.

— No me importa — respondió Finn.

— Te menosprecia. Todos te menosprecian. Si tan sólo conocieras el poder del Lado Oscuro — prosiguió la voz — él te agregaría las habilidades que te faltan rápidamente.

Finn no reaccionó. Se mantenía lo más tranquilo posible. Después de resistir unos segundos, la oscuridad se disipó y la voz cambió. Ahora era la voz de un anciano,que decía «¡padawan!»

— No soy padawan — responde Finn — soy solo un desertor analfabeto y cobarde. Y ahora manco.

— Sólo el designio de la Fuerza es importante, no tu autocompasión. Eres un guerrero, y serás un maestro jedi si te mantienes en el camino.— respondió la voz — Tu la frenarás cuando ella se precipite, y ella te ayudará a avanzar cuando tu te frenes.

— Eso será si logro escapar de aquí con vida — repuso Finn — Me alegro de que no hayan venido a rescatarme, es lo más sensato. Ojalá no vengan.

— De hecho, ya han desembarcado, joven padawan. Pronto serán descubiertos, de modo que debes apresurarte. Snoke está distraído momentáneamente porque presiente una traición de sus propios súbditos. Cuando entre el próximo guardia, míralo fijamente. Imagina su cerebro. Piensa que el pasado y el futuro no existen: sólo existe el momento presente. Cuando logres ese punto de concentración, dale las órdenes.

Alrededor de una hora más tarde, Finn caminaba apresuradamente por los pasillos del Templo, completamente disfrazado de stormtrooper. Había manipulado a uno de los guardias para que le dejara su armadura, se fingiera dormido en su litera en su lugar, le facilitara los códigos de seguridad y dejara abiertas las puertas. Cuando el soldado se metió bajo las mantas, le dio un fuerte golpe en la cabeza para que se quedara ahí un buen rato. Le costó un poco fijar el guante para esconder su falta de una mano, pero finalmente lo había logrado.

Le parecía una buena idea tratar de robar una nave. Aunque no sabía manejarla, sentía cierta confianza en al menos lograr que se elevara lo suficiente para sobrepasar la seguridad y salir. Pero su búsqueda por la diversas estancias resultó infructuosa.

De pronto, sintió un gran ajetreo a su alrededor, y los soldados empezaron a correr. Una voz en los altavoces dijo "¡Intrusos en la bahía de aprovisionamiento! ¡Hay disparos!" . Finn no sabía dónde se encontraba ese lugar, así que se concentró en seguir a los que corrían. Guiado por una corazonada, abrió una pequeña puerta de servicio, atravesó unas cuantas mamparas hasta que escuchó disparos, gritos y explosiones.

Una puerta se abrió, y Finn se encontró en un gran galpón que daba hacia el exterior, pero en un corredor de mantenimiento que estaba casi pegado al techo, a unos veinte metros sobre el piso. Al mirar abajo, vio que el aire estaba lleno de humo, y los disparos de blásters se entrecruzaban. En medio del humo, vio dos hojas azules resplandecientes que rechazaban tiros y avanzaban. Una parte de él supo que era Rey, y a otra le costaba creer que ella ya pudiera derrotar a un pelotón de stormtroopers sola. Pero había varios soldados en el piso tras ella.

Estaba muy alto para saltar desde allí, y de todos modos, si lo hacía, quedaría en el fuego cruzado vestido de soldado de asalto, y podía recibir fuego amigo. Finn decidió buscar la manera de bajar. Vio una escala, y en vez de bajar peldaño a peldaño, intentó deslizarse por ella, pero olvidó por completo que no tenía mano derecha. Cayó sobre algo blando que dio un grito con una voz conocida, y sintió un golpe de felicidad.

— ¡Rey! — exclamó Finn, mirando a la persona de ropa clara q le servía de colchón. La joven lo miró confusa, pero Finn se sacó el casco con una mano, al tiempo que decía — ¡Que alegría volver a verte!

— Quitate de encima — murmuró Rey, que no podía respirar, tratando de empujarlo. Finn rodó hacia el lado y se levantó justo a tiempo para recibir un abrazo de la joven. Él iba a agregar algo más, pero Rey lo tomó de la mano izquierda y lo tiró de inmediato por el pasillo que llevaba al galpón. La alegría de Finn era tan inmensa que por un momento olvidó el peligro en que se hallaban.

— ¡Deja de tomar mi mano! — exclamó, sin dejar de correr. Rey lo miró con seriedad, y él agregó sonriendo— es broma.

La padawan intentó desandar el camino que la había llevado hasta allí, pero notó que ya no había paso: el pasillo ante ellos estaba repleto de soldados, y además, las puertas se estaban cerrando. Jaina y Chewbacca tendrían que haber huido ya, o estaban muertos. Giraron para buscar otro camino, pero estaban confundiendo los pasillos. De pronto, ambos sintieron una presencia muy fuerte cerca de ellos. Parecía rodearles. Entraron con precaución en una sala que parecía dar al exterior, cuya puerta se abrió automáticamente para dejarles paso. Pero cuando la puerta se cerró tras ellos, lo hizo con un chisporroteo.

— ¿Qué ganan con formar una nueva Orden Jedi?¿Defender una democracia corrupta? Serán traicionados por ella. — se escuchó una voz delante de ellos. Miraron en todas direcciones, pero no veían a nadie. De pronto, Ezra Bridger saltó desde el techo frente a ellos, suave y elegantemente, con un delgado sable en la mano.

— Oh no. Esto era lo que estaba sintiendo — dijo Rey. Finn se había vuelto y trataba de manipular los controles de la puerta — no lo intentes, Finn — prosiguió ella — él la ha saboteado.

Rey procedió a desmontar su sable doble para entregarle uno a Finn, mientras Ezra los esperaba.

— Yo no entiendo nada de política — dijo inmediatamente Rey con voz fuerte, sin dejar de avanzar lentamente.

— Ni yo — añadió Finn — pero me han dicho que el fin no justifica los medios.

— Finn, no le escuches — prosiguió Rey, preparándose para el ataque. Pero por el rabillo del ojo alcanzó a ver que su amigo parecía dudar. Y no era miedo. Si, ella también lo sentía. No todo era oscuridad en ese Caballero de Ren. Pero no se lo creía, o prefería no creerlo.

— Quiero proponerles algo — prosiguió el hombre del sable carmesí.

— Rey, espera un momento...—empezó a decir el joven a su amiga, extendiendo una mano hacia ella como para contenerla.

— No le escuches, ellos siempre mienten — dijo Rey en su susurros— además, tenemos poco tiempo.

Entonces se lanzó al ataque, sin escuchar nada más. Finn no tuvo más remedio que secundarla. Vieron que Ezra levantaba el arma, pero en vez de ponerse en guardia, disparó contra Rey. Esta, que ya tenía bastante desarrollados los reflejos, alcanzó a ver que el sable no era el que ella ya había visto en D'Qar: este era también pistola, y usó el suyo para desviar la energía. Pero también percibió que algo pequeño y agudo entraba en su cercanía, y con los dedos pulgar e índice de la mano izquierda hizo el gesto de atrapar una mosca en el aire.

— Impresionante, pero inconveniente para ti, niña. Quería sedarte. — dijo Ezra, genuinamente asombrado. La aprendiz dejó caer el pequeño dardo tóxico, casi como una aguja, que había atrapado en el aire. Finn se había detenido sorprendido, recién dándose cuenta de lo que había pasado. Pero ella prosiguió su ataque.

Ezra empezó a bloquear los sables de sus oponentes con una irritante facilidad, mientras se desplazaba en círculos por toda la sala. Finn, menos hábil que su compañera, y además en dificultades para mover el arma con la mano izquierda, intentó tomar al enemigo por atrás, pero fue lanzado lejos, sin contacto, casi hasta la puerta. Rey quedó luchando a solas con Ezra. Todo pasó tan rápido que el joven no tuvo tiempo de volver al lado de su amiga.

Ella recibió un empujón y se golpeó de espalda contra la pared con fuerza. Finn vio como por un instante el sable de Rey no estaba en posición, pues el golpe la había aturdido. Entonces Ezra , con un movimiento lento, calculado, casi como si quisiera marcarla, atravesó el cuerpo de Rey con su sable, sosteniéndolo con ambas manos. La hoja carmesí salió por la espalda, quemó la pared detrás de ella, y el guerrero la retiró de inmediato con cierta lentitud. Rey abrió los ojos desorbitadamente, y el arma escapó de su mano. Emitió apenas un gemido, como si perdiera el aire, y se desplomó boca abajo, quieta como una muñeca de trapo.

Finn vio la escena en espantosa cámara lenta. Cayó de rodillas, y una náusea insoportable lo llenó por dentro. Sintió que el mundo, todo su mundo, se venía abajo. Tuvo el impulso de gritar, pero la angustia que sentía le atenazaba el pecho y sólo salió una especie de gemido asmático. No podía levantarse, sus piernas parecían de lana. Dejó caer el sable, y su vista se volvió lacrimosa.

Ezra apagó su arma, y recogiendo también la de Rey, se colgó ambas al cinto con parsimonia. Miró a Finn. Había una expresión extraña en el rostro de Bridger. Como si haberla vencido no le significara un triunfo. Se agachó al lado de la chica y con un pequeño esfuerzo la puso boca arriba. Entonces Finn pudo ver que el pecho de Rey todavía subía y bajaba levemente, y una pequeña esperanza entró en él.