Finn seguía preguntándose qué clase de locura era esa. No creía que Ren pudiera tener emociones como esa. Usando una sola mano, Kylo Ren se despojó de su casco y lo arrojó por el precipicio. El rostro de Ben Solo , cruzado por una horrible cicatriz, apareció frente a ellos. Sus ojos decían: «Esto es lo que ustedes me hicieron»

Después de un silencio, Ren esbozó una sonrisa forzada, y dijo:

— ¿Realmente piensas que no lo haré? ¿Realmente crees que me tragaré ese chantaje emocional?

— Ahora recuerdo más — repuso Rey, manteniendo la vara ante sí — tu me llevabas en tu espalda, y yo solía tomarte de tu pelo. ¿Lo recuerdas? Yo te hacía la trenza de padawan, una como esta — dijo mostrando la suya — y me quedaba mejor que a ti. Yo sé que lo recuerdas, porque sientes que lo único bueno que haz hecho hasta el momento, fue salvarme de ese hombre que quería matarme. Ahora lo veo claro. Esa noche de tormenta, en las ruinas de la Academia de Yavín 4, en medio de los escombros y los cadáveres. Él me iba a golpear con su garrote cuando yo estaba en el suelo,y tu lo mataste con tu sable, atravesándolo por la espalda. Cuando tus amigos quisieron perseguirme por el bosque, tu los convenciste de que no era importante. Y fuiste tu el que me dijo que no parara de caminar jamás.

Ren seguía sonriendo, tratando de parecer irónico. Pero su sonrisa no era sincera. Estaba en tensión. Rey seguía sosteniendo la pequeña parte de su báculo en alto, facilitando que Kylo lo golpeara si así lo decidía.

— Rey, te lo advierto. Guarda eso y saca tu arma. Tenemos cuentas pendientes.— dijo Ben Solo.

— Siempre estás con esas cosas. ¿Cuándo vas a madurar? — gritó Finn desde atrás de Rey.

Ella no hizo caso y prosiguió en la misma actitud:

— Cuando me encontraste en Takodana, y me llevaste a la base, no permitiste que me torturaran como habían hecho con Poe. Y luego dejaste información útil en mi mente.

— No fue porque yo lo quisiera — trató de interrumpir Ben Solo.

— Y cuando estábamos luchando la primera vez, y me arrinconaste contra el borde de aquél precipicio, sé que pudiste usar La Fuerza para arrojarme, o para hacerme perder la conciencia como lo hiciste en Takodana, y llevarme con Snoke. Pero no lo hiciste.

— Estaba desconcentrado.

Finn veía como se había operado un increíble cambio en Kylo Ren . El rostro le temblaba un poco y parecía estar cerca de llorar. Agachaba la cabeza. Rey dejó pasar unos instantes. Luego bajó un poco la vara que sostenía, y agregó.

— Eres mi hermano, y me gustaría que estuvieras conmigo de nuevo. Soy tu nexo con el bien, y tu nexo con Leia. Ven con nosotros, Ben Solo. Ven a casa. Ella lo desea, y Jaina también te espera.

— ¡No puedo!— Gritó repentinamente Ben, alzando la cabeza hacia ella — ¿No te das cuenta? ¡Soy un criminal de guerra! Para que no me mataran tendría que exiliarme en algún lugar del borde exterior, y vivir como ermitaño. Miles de personas me quieren muerto en casi toda la Galaxia. Y si se forma una nueva República, no tendrán más alternativa que juzgarme por genocidio. Y me buscarán, aunque no sea más que por venganza. ¡Tu sabes que es verdad! Si dejo que la Primera Orden se derrumbe, yo me derrumbaré con ella, aunque haya vuelto a la luz.

— Tal vez sea mejor eso que vivir con angustia siempre. buscando más poder, esperando el momento de asesinar a Snoke, si es que no lo hace él primero — repuso Rey, en un esfuerzo supremo por convencerlo — Yo te ayudaré. Sé que me sigues viendo como una hermana pequeña, pero ya no soy niña.


— Veo el objetivo — dijo Poe — limiten su velocidad para que las bombas puedan dar en el blanco.
Un pitido indicó a los siete pilotos que los radares de proximidad los habían detectado. Unos segundos después, el aire se llenó de disparos por todas partes, que salían del templo y sus alrededores hacia ellos.

— ¡Mantengan la formación a toda costa, concentrados en el objetivo! — gritó Poe — son sólo dos minutos para llegar. No tienen tiempo de poner cazas en el aire.

— Tenías razón, Poe — dijo una piloto — No se lo esperaban.


Las tres personas que estaban en la cornisa del templo escucharon las alarmas. Un segundo después, escucharon el sonido de decenas de cañones láser, y vieron que todo el fuego se concentraba en un punto lejano hacia las montañas. Aún no veían a qué le disparaban , pero no era difícil darse cuenta de que había que alejarse pronto del Templo. Ren apagó el sable y gritó:

— Completaré el trabajo que Darth Vader inició, y para eso, necesito mantener convencido a Snoke de que me he entregado por completo a la Oscuridad. Pero no me refiero a construir un imperio, sino a destruir al sith. Vader lo arrojó en un reactor en el momento preciso, y yo espero hacer lo mismo.

Dio la espalda a Rey, y empezó a caminar hacia su nave.

— ¡Esas son solamente excusas, y lo sabes! ¡Eres adicto al lado oscuro! — le gritó Rey. Pero Finn ya la estaba tomando del brazo para que siguieran su camino. Ren subió a la nave, y desde la compuerta dijo — Dile a tu maestro que me perdone. Y dile a mi madre que no la olvido.

— ¡Ben! — volvió a gritar ella, en un último esfuerzo.

— ¡Tu tienes mucho de Vader, Rey! — volvió a gritar Kylo Ren, — ¡Vader también sentía el abandono, la soledad de estar sin su madre, y fue eso lo que lo destruyó! ¡Ten cuidado!

— Mira, Rey — le dijo Finn, apuntando hacia las montañas, hacia donde se concentraban los rayos. A lo lejos ya eran visibles varios X-Wings, extendidos sobre el horizonte como puntos brillantes, en medio de una nube de lásers. Entonces la puerta de Ren se empezó a cerrar y la nave se empezó a separar de la cornisa. Lo último que vieron fue el rostro de Kylo con su gran cicatriz, mientras les decía «La próxima vez que nos encontremos, será como enemigos, y no tendré misericordia»

Rey sintió el dolor del abandono y del fracaso. Pero también logró responder frente al peligro inminente. Finn la arrastraba hacia el interior, para proseguir la bajada por la escalera de caracol. Pero ella notó que ese camino era demasiado lento. Vio que un poco más abajo la roca tenía salientes.

— Por ahí no alcanzaremos, Finn. Tenemos que saltar por esas salientes rocosas.

— ¿Tu puedes? Entonces hazlo y déjame aquí.

— No, escucha — le dijo Rey, tirando de él hacia sí, y tomando su cara con ambas manos, hablando cerca de su rostro — yo sé que tu también puedes.

— Claro que no. Es sobrehumano siquiera llegar a la primera saliente. Estamos a mucha altura, está muy lejos y es muy pequeña. Ve tu.

— Me dijiste que usara La Fuerza para dar el mensaje radial, ¿verdad? — dijo Rey — pues bien, ahora usaremos La Fuerza para saltar. Sé que podemos. Sólo pasame tu brazo y salta cuando yo lo diga. Serena tu mente, y concéntrate en aquella roca a la que tenemos que llegar.


Esos fueron sin duda los dos minutos más largos de la vida de Poe. A unos treinta metros sobre el suelo, los rayos de energía que llenaban el aire alrededor de los X-Wings parecían haber cambiado por completo el color del cielo. Todo era verde, rojo y azul. Las naves temblaban como si se fueran a desarmar en cualquier momento. Poe vio apenas que el X-Wing que iba a su lado se convertía en una bola de fuego y caía. Otro explotó más a la izquierda. Pero no podía desconcentrarse del objetivo. Sentía que reventaría en cualquier momento. Unas luces en el panel de control le indicaban que su aeronave había sido alcanzada varias veces, mientras BB-8 se esforzaba por apagar el fuego que amenazaba extenderse.

Pasaron unos minutos. Ya casi estaban en rango para lanzar las bombas. Ya casi...apenas la pantalla de Poe pasó del color rojo al color verde, indicando que estaba en rango, Poe presionó el botón de disparo y las bombas se descolgaron, guidas por el puro impulso de las naves, y luego aceleraron por sí mismas dejando una estela. En ese momento tiró hacia atrás del bastón de mando para ganar altitud y no estrellarse contra la antena de comunicaciones. Siguió soltando todos los explosivos que tenía hasta que se agotaron.

Cuando pasó a toda velocidad por sobre el el Templo, vio que gigantescas llamaradas se levantaban de la estructura y de sus alrededores, proyectando restos de muros y torres hacia el cielo. Los explosivos habían dado en el blanco, y hubo armamento suficiente para sembrar el caos entre las instalaciones que estaban detrás, que saltaban por el aire como inmensas tronaduras de minería hechas añicos. Hongos de fuego se elevaban hacia el cielo consumiendo todo a su paso. Se sintieron gritos de júbilo en todos los intercomunicadores.


En ese momento, un estruendo estremeció toda la estructura, y una enorme llamarada se elevó por los aires. Y luego otra, y otra. Todo se derrumbaba.

— ¡Ahora! Gritó Rey, y ambos saltaron a la vez, justo cuando la cornisa en que estaban se precipitaba al vacío. Otra explosión destruyó todo muy cerca de donde ellos estaban. Pero Rey y Finn lograron caer en el borde de la roca.

— ¡Es un milagro! — exclamó Finn mirando el pedacito de roca en que se hallaban.

— De nuevo. ¡ahora! — gritó Rey, y saltaron nuevamente a una roca de menor altitud. Todo se desmoronaba a su alrededor. Finn miró hacia arriba, y vio que varias rocas se les venían encima. Dio un grito y quiso cubrirse la cara, pero Rey las sostuvo en el aire por un instante y las dejó caer hacia un lado.

— ¡Tu también puedes! — le gritó Rey a su amigo, viendo que nuevas rocas venían desde arriba, y que no podía sostenerlas. — ¡Ayúdame!

Finn se concentró, y entre ambos lograron desviar un poco las peñas. Pero había que saltar varias veces más antes de llegar a tierra firme, y las cosas seguían explotando estruendosamente.

— ¡El templo se colapsará hacia nosotros! ¡nos aplastará! — gritó Finn, viendo que el muro que tenían en frente empezaba a ceder. Ambos intentaron sostenerlo, pero era demasiado pesado. Se daban por perdidos, cuando de pronto, todas las cosas que caían se suspendieron a su alrededor, incluido el gigantesco muro, como si la realidad se hubiera congelado en una fotografía.

Luke Skywalker estaba abajo, con las manos alzadas, sosteniendo todo lo que caía. Rey y Finn tenían que dar aún algunos saltos para llegar al suelo. Dos antes de llegar al suelo, Finn cayó en el centro de la saliente, pero Rey se desestabilizó y cayó fuera. Era una caída mortal. La joven alcanzó a agarrarse del borde de la roca, y Finn la asió de la mano con su izquierda, consiguiendo levantarla. En dos saltos más, llegaron al suelo, y corrieron para ponerse a salvo de los escombros, que habían reanudado su caída.

Se detuvieron sin aliento, y se volvieron para observar por un instante la destrucción. Entonces Finn se dio cuenta de que todavía tenía tomada a Rey de la mano, y la soltó apresuradamente:

— Recuerdo que no te gusta — dijo, apartando la mirada.

Rey lo miró sorprendida, y luego sonrió. Le tomó la mano izquierda con su diestra y se la apretó fuerte.

— No quiero que nunca más sueltes mi mano — dijo. Y esbozó su radiante sonrisa habitual. Y así, de la mano, se dirigieron hacia Skywalker.