Harry se mantuvo inmóvil observando los cuerpos de Ron y Ginny ser usados como títeres. Era lo peor que pudo haber sucedido y sabía que era su culpa. Ninguno de ellos hubiera tenido un destino tan cruel si hubiera elegido excudarse en su linaje y se hubieran apartado de la guerra que podía permitirles hacerse a un lado. La protección que les confería pertenecer a una de las familias más antiguas del Mundo Mágico no se hubiera roto por completo si él no se hubiese interpuesto en su camino.
-Ataquen- ordeno Voldemort en un susurro con el que pudo transmitir también su regocijo. Harry vio el hechizo dirigirse hacia ellos pero no tuvo la fuerza para levantar la varita y siquiera intentar repelerlo.
La luz de la luna nuevamente entro un momento de tal manera que Harry pudo observar los ojos azules de su mejor amigo, tan llenos de vida como siempre y a la vez vacios. Las imágenes de aquellos inferís que había visto la noche de la muerte de Dumbledore llegaron a su memoria acompañadas por la voz de Percy Weasley escuchada solo unas horas antes:
-… -a "él" no le gusta derramar sangre pura…
-¡Protego!- grito Hermione en su lugar, poniéndose de un salto a su lado y convocando un hechizo lo suficientemente poderoso como para repeler el ataque de los dos hermanos Weasley- ¡Ellos no están muertos Harry! ¡No lo están! ¡Mira sus ojos!
Harry ya lo había entendido apenas un segundo antes pero agradeció que Hermione lo confirmara. Con un alivio mezclado con felicidad naciéndole en el pecho, observo un instante a su mejor amiga limpiarse el rastro de lágrimas con la mano que tenia libre mientras seguía lanzando hechizos de defensa contra los ataques de Ron. Ansioso, quiso observar los ojos de Ginny para comprobar que ella seguía con vida pero la luz de la luna había vuelto a opacarse y le fue imposible hacerlo. Su cabeza le gritaba que debía ayudar a Hermione y defenderse a sí mismo de los ataques pero seguía sin encontrar suficiente fuerza para hacerlo.
-Harry…
El sobresalto de escuchar su nombre de labios de Ginny lo hizo olvidarse de todo lo que sucedía a su alrededor. Toda la estancia se ilumino de pronto pero a Harry no le importo la razón ni el método por el que había sucedido. No le importo nada más que mirar a Ginny, ahora que ya podía hacerlo. La chica ya no los atacaba y lo miraba especialmente a él, con los ojos marrones casi tan brillantes como siempre. Harry se olvido de la situación en la que estaba y una oleada de felicidad lo invadió al comprobar que ella también estaba viva. Fue tanto su alivio que no pudo notar que sus ojos también tenían ese algo extraño que había visto en los de Ron unos segundos antes.
-Ginny…
Harry escucho el grito de Hermione previniéndolo pero no pudo detenerse. El monstruo de su pecho lo hizo dar un paso fuera de la protección de Hermione quien, teniendo que defenderse de distintas maneras de Ron, había sido incapaz de mantener el hechizo de protección activo.
Ginny siguió mirándolo con la misma mirada que confirmaba que no era un inferí y lo invitaba a salvarla, a ayudarla y a reunirse con ella. Pero al mismo tiempo Harry la vio levantar su varita y escucho como de sus labios salía una de las maldiciones imperdonables, dirigida a él sin duda.
Harry no pudo defenderse por la sorpresa y el dolor lo invadió. Un dolor mil veces peor de lo que había sentido antes, un dolor tan puro y crudo que sintió que iba a perder la razón en ese mismo momento. Se pregunto, al ser su cuerpo levantado por los aires y aterrizar dolorosamente con un ruido seco en el piso de mármol, si el dolor era de ese nivel por ser Ginny quien estuviera haciéndolo. A lo lejos, escucho a Voldemort reírse y estuvo seguro de que se había vuelto loco: ahí tenía la oportunidad de matarlo de una vez por todas y en lugar de eso se contentaba con verlo sufrir mientras permanecía sentado inútilmente en la silla que al parecer había decidido usar como trono. A lo lejos escucho un par de pisadas aproximarse, seguido del ruido provocado por la majestuosa puerta de la entrada al ser destruida.
-¡Ginny! ¿Qué estás haciendo?-grito una voz muy familiar- ¡Detente! ¡ ¡ ¡Protego!
Harry cayo una vez más sobre el mármol con un golpe doloroso. Sintió su pierna y su brazo reclamarle el dolor sin atreverse a mirar la sangre que sentía perder. Mas pisadas se escucharon entonces seguidas de exclamaciones de alivio que enseguida se transformaron en exclamaciones de horror. Una especie de grito asemejado al llanto cruzo todo el salón y no tuvo ninguna duda entonces de que los Weasley habían llegado y sido destrozados al encontrar a los dos menores de la familia de esa manera.
-¡Harry! ¡Harry! – Escucho a la misma voz que convocara la protección y se dio cuenta de que su salvador había sido Fred, quien se había arrodillado a su lado para ayudarlo mientras George repelía los ataques de su hermana.- ¿Estás bien?
Harry asintió aun con dolor pero decidido a ponerse de pie. Al hacerlo se dio cuenta de que Hermione también se levantaba, ayudada por Tonks mientras Lupin, con el rostro desencajado, bloqueaba los ataques de Ron intentando no hacerle daño al chico.
Todo el salón se había llenado de pronto de personas de todo tipo. Mortifagos y miembros de la Orden seguían luchando por todos lados mientras centauros, elfos domésticos y magos y brujas comunes se ponían de parte de los segundos. Afuera se escuchaba mucho menos ruido que cuando la batalla había iniciado aunque la tierra temblaba de vez en cuando anunciando que una batalla entre gigantes seguía afuera. Harry podía intuir que el fin estaba cerca y ellos estaban ganando: la mayoría numérica inclinaba la balanza a su favor y con Nagini muerta Voldemort ya no tendría manera de regresar de nuevo. Hubieran sido buenas noticias en otro momento pero en ese instante a Harry no le importaban.
-¡Ron! ¡Ginny! ¡¿Qué les pasa a nuestros hijos Arthur? ¡¿Qué están haciendo?
La Sra. Weasley había tenido que ser sujetada por su esposo para no correr a detener a sus hijos y Harry lo supo con certeza. A su lado, Bill y Charlie bloqueaban el par de ataques que aun un par de mortifagos dirigían contra sus padres mientras el Sr. Weasley decía palabras que era imposible escuchar por el ruido del ambiente. Harry observo que Ron y Ginny seguían atacando a los suyos y quiso ayudar pero al levantar su varita descubrió que ahora era el dolor el que se lo impedía. Fred, al darse cuenta, llamo a Percy y después de unos segundos de explicar la situación, el chico lanzo un hechizo contra el brazo que había sido afectado más por el golpe.
-¡Todo ha terminado Voldemort!-grito entonces Kinsgley- todo ha terminado. Entrégate de una vez. Ya no te queda nadie para luchar, estás solo, estás muerto.
Harry levanto la mirada de su pierna recién curada y sintiéndose con más fuerza intento abrirse paso para ayudar a Hermione, que seguía siendo blanco de los ataques de Ron para horror de Lupin y Tonks. Junto a ella, George seguía repeliendo con miedo en el rostro los ataques de Ginny haciendo lo imposible para que ningún hechizo rebotara y no lastimarla; Bill quien había podido separarse de sus padres ante la caída de casi todos los mortifagos, se le había unido a George e intentaba acercarse cada vez más a Ginny.
-Este asunto no tiene nada que ver contigo sangre sucia- dijo Voldemort defendiéndose del ataque de Kinsgley fácilmente- con ninguno de ustedes.
Harry observo entonces como Voldemort se ponía de pie, giraba su varita furioso y un intenso remolino se formaba en el centro del salón provocando que al instante todos los presentes fueran empujados por una fuerza invisible hacia las paredes. Los pocos duelos restantes cesaron enseguida siendo los únicos que se mantenían aquellos en el que Ginny luchaba con George y Ron con Bill, al reemplazar este rápidamente a Lupin una vez que él y Tonks fueron hechos a un lado por la fuerza del remolino.
El silencio, solo roto por el sonido de los hermanos luchando entre sí fue la seña inequívoca para que Harry se diera cuenta de que Voldemort había planeado esa situación a detalle. Hermione, cerca de Bill y aun intentando ponerse fuera del alcance de Ron, compartió una mirada con el que le dio a entender que había llegado a la misma conclusión y que, al igual que él, estaba aterrada.
-¡Todos tus seguidores están muertos!-grito una vez mas Kinsgley y la multitud, ajena a la situación lo vitoreo con alegría.
-El cadáver de Bellatrix Black está afuera- dijo Lupin con un tono tan desafiante que Harry se pregunto si él la había matado- Lestrange, Avery, todos están…
-¡SILENCIO!-ordeno Voldemor y su voz retumbo en las paredes al mismo tiempo que convocaba un hechizo para acabar los vítores.
El silencio se hizo al instante exceptuando nuevamente al par de batallas que se seguían llevando a cabo.
-Tu arruinaste todo Potter-dijo Voldemort dirigiéndose especialmente a él, clavando sus ojos de serpiente en los suyos de una manera tal que resultaba casi dolorosa- tu lo arruinaste y te lo hare pagar ahora, antes de que todo termine. Si he de morir, si no puedo matarte, el precio que pagaras por vivir será el de vivir de manera miserable.
Harry observo a Ron y a Ginny y se sintió destrozado. Al final todo había sido en vano. Siempre creyó que mientras Voldemort se empeñara en vivir, a costa de lo que fuere, el tendría una ventaja sobre el porqué, después de todo, oficialmente el ya había estado muerto y había podido regresar. Si todo hubiera salido acorde al plan, si todo hubiera podido terminar esa noche en Hogwarts, muchas más vidas hubieran podido salvarse. Cuando Snape había decidido evitar la batalla para salvar a Hogwarts y le había compartido aquella memoria en la que su sacrificio ponía fin a todo, Harry había aceptado con gusto aun sabiendo que no viviría pero gustoso de saber que la guerra llegaría a su fin de esa manera. Mientras Ron y Hermione destruían la copa y después de haber destruido juntos la diadema, Harry había salido a escondidas, sin que nadie supiera lo que hacía más que Snape y buscado a Voldemort para permitirle que lo asesinara. El problema había sido cuando Narcisa Malfoy se había apartado de su cuerpo con un grito de horror, anunciando que estaba vivo y Voldemort había perdido la cabeza de tal manera que había ordenado la retirada. Hablando después con Ron y Hermione habían incluso llegado a pensar que destruir tres de los fragmentos de su alma en un periodo de tiempo tan corto de horas (la copa, la diadema y el oculto en el mismo) había supuesto la destrucción de una parte de la mente de su dueño. Voldemort había huido durante días, se había escondido para no ser encontrado y solo había dado muestras de vida para atacar Hogwarts, apenas un par de semanas después, queriendo obligar a los jóvenes Slytherins a unirse a su ejército. El esfuerzo de Harry por mantener incluso a Hogwarts a salvo había también sido en vano: aquella batalla en la que muchos mortifagos como Bellatrix habían podido dar rienda suelta a sus instintos sádicos había acabado con muchas vidas de sus compañeros y de profesores como McGonagall y Flitwick que habían luchado hasta lo imposible para defender a todos sus estudiantes y evitar el reclutamiento forzado de inocentes. Neville aun seguía en San Mungo y los últimos reportes le auguraban un destino tan fatal como el de sus padres.
-Lo que sea que quieras de mí, tómalo y deja ir a los demás- reto Harry a Voldemort haciendo a un lado el apoyo que Fred aun le ofrecía-deja que terminemos esto de una vez, solo tú y yo. Ahora.
Voldemort volvió a reírse con aquella risa demencial. Se sentó nuevamente en aquel sillón que al parecer creía que era su trono y miro a su alrededor como si se tratara de un espectáculo que lo entretuviera apenas lo suficiente y no le gustara mucho.
-Quiero tu vida Potter pero no puedo tenerla-explico con su cara de serpiente contorsionada por un gesto de furia- finalmente he logrado aceptar que no puedo matarte pero me he dado cuenta de que puedo destrozarte vivo y eso, después de todo lo que has hecho, me es más que suficiente.
-Tú no entiendes Riddle- contesto Harry queriendo desesperadamente encontrar la manera en la que dejara ir a Ron y a Ginny y aceptara enfrentarse solo con el- tienes una última oportunidad de arrepentirte, si lo haces ahora…
-¡No me arrepiento de nada!-grito Voldemort fuera de sí sosteniendo su varita para apuntar a Harry con ella- ¡Mas que de no haber podido matarte y como te he dicho, he encontrado algo mejor que prepararte!
-No puedes herirme-mintió Harry- ¿No te has dado cuenta de que esa varita no te pertenece? –Aprovechó para explicarle la verdad como había querido hacerlo antes- ¿No has captado que al sacrificarme, al dejar que me mataras aquella noche sin defenderme puse sobre todos ellos el mismo tipo de protección que mi madre puso sobre mi? Y esa varita sé lo que crees que es pero…
-Sé lo que es Potter-contesto Voldemort calmándose nuevamente- y sé que no me pertenece. Sé que tú encontraste la manera de arruinarlo todo. Mande a buscar a Draco para matarlo cuando supe que él había vencido a Dumbledore pero ya era tarde: el idiota del chico había omitido decirme que tú lo habías desarmado cuando habías huido un par de semanas antes. – sus ojos de serpiente centellaron con furia- De todas maneras no importa, esta varita me permitió hacer magia extraordinaria y, después de que te matara aquella vez en el bosque y tu volvieras a la vida, decidí justamente seguir el ejemplo de tu inmunda madre. Existe también magia oscura que no puedes imaginarte- sus ojos se dirigieron con burla a donde Ron y Ginny- o quizás ya estés empezando a darte una idea. ¿No es así?
-¡¡No!-estallo Harry sin ya poder contenerse- ¡Sea lo que sea que les hiciste te juro que si no lo reviertes te matare!
-Eso es justo lo que quieres ¿no Potter?- respondió Voldemort con una sonrisa- hazlo de una vez. Mátame. No voy a decirte como salvar a tus amigos pero déjame darte una pista.
Harry vio a Voldemort ponerse majestuosamente de pie y sostener la varita de Sauco con sus dos manos, arriba de su cabeza.
-Dado que eres el legítimo dueño de esto, con un hechizo bien conjurado realizado con la Varita de Sauco podrías resolver todo. Lamentablemente, es una varita normal en otros aspectos y-sus dos manos presionaron hacia abajo cada lado de la varita hasta lograr quebrarla-… está rota.
Harry vio los dos pedazos de la varita de Sauco caer frente a los pies de Voldemort y quiso gritar. La furia y la desesperación debieron reflejarse en su rostro pues Voldemort sonrió con demencia antes de volver a sentarse y levantar los brazos para demostrar que estaba ya desarmado.
-¿Qué vas a hacer ahora Potter?
Harry miro una vez más a Ron y a Ginny. Hermione lo miro un instante y aunque había una advertencia en sus ojos, él no supo entender lo que quería decirle.
-¡Avada Kedavra!
