La maldición imperdonable cruzo todo el salón para dirigirse certeramente a Voldemort. Harry giro por la sorpresa, para encontrarse con que Charlie, Fred y la Sra. Weasley sostenían sus respectivas varitas. No supo quien había convocado el hechizo y por un momento creyó que habían sido los tres y, al estar unidos de varias maneras, se había conjuntado todos en un solo ataque. No tuvo dudas de que la maldición lo mataría porque estaba llena de toda la intención pura de tres personas que habían concentrado toda su magia en ella. Miro a Voldemort permanecer imperturbable, sonriendo aun con demencia con la mirada clavada en él.

-¡No!-gritaron varias voces a la vez y Harry puso entonces atención a la razón por la que Voldemort no se inmutaba por el ataque.

En lo que pareció una fracción de segundo, Ron y Ginny se deshicieron con relativa facilidad de sus respectivos duelistas y se pusieron frente a Voldemort para servirle de escudo humano. Harry se sintió tan conmocionado que ningún sonido pudo salir de su garganta; Hermione, olvidando su mente racional, quiso correr hacia ellos pero Bill Weasley la sujeto apenas de la cintura.

Y entonces sucedió algo sorprendente.

Voldemort volvió a reír con locura mientras todos los demás espectadores gritaban con sorpresa, alivio y terror, aún empujados hacia las paredes por la especie de burbuja que Voldemort había conjurado sobre ellos para impedirles el paso. La Sra. Weasley dejo escapar un grito de angustia al que su esposo y sus hijos se unieron. Harry observo como Bill soltaba a Hermione y su amiga se acerco a él, observando cómo hipnotizada lo que había sucedido.

La maldición no llego a ser bloqueada por el hechizo de los dos hermanos, era imposible. Sin embargo, Harry vio atónito como el haz de luz verde se deshacía en el aire antes de llegar a su destino, justo antes de impactar a Ron en el pecho. Una vez más, para desesperación de Harry, Voldemort soltó una carcajada.

-¿Qué ha sucedido?-murmuro él feliz porque la maldición se deshiciera pero sin entenderlo.

-Tienes que desearlo-contesto Hermione en el mismo murmuro aún observando sin pestañar a Ron mientras un par de lágrimas se escapaban de sus ojos- Tienes que desearlo.

Harry comprendió todo. La maldición había sido dicha por uno o los tres Weasley que al ver que se dirigía a uno de los suyos, habían deseado con todas sus fuerzas que no matara. Y como tal, con la infinita magia blanca que su madre había puesto en su salvación ahora del lado de Voldemort como magia oscura, la maldición se había detenido.

-Yo no puedo matarte Potter- se burlo Voldemort, con la cara descompuesta aun mas por el placer oscuro que sentía en esos momentos- y es cierto que pusiste sobre los que amas una protección para que yo no pueda hacerles daño pero estoy seguro de que sí pueden matarte aquellos a quienes amas. ¿Y a que personas amas más que a tu mejor amigo y a tu novia?

Harry observo incrédulo a Ron y a Ginny deseando que se ambos despertaran como si solo fuera un truco barato que Voldemort usaba contra él. Los dos, sin embargo, siguieron mirándole inexpresivos pero listos para atacarle.

-Tú jamás podrás tocarme sin matarlos- continúo Voldemort- Ni tu ni tu adorada Orden del Fenix. ¿Se atreverá algún miembro de ese ridículo grupo a matar a dos "niños" que son hijos de sus más queridos miembros? ¿Te atreverás tú o tu amiga sangre sucia acaso siendo cada uno lo que es para ustedes?

Harry sintió la mano de Hermione sobre su brazo y la escucho sollozar un poco. La Sra. Weasley su cubrió la boca con las manos e intento sin éxito contener su llanto. El resto de los espectadores permaneció en silencio.

Por supuesto, la respuesta era no y Harry lo tenía muy claro. Ahí estaban Ron y Ginny, al parecer vivos y el no iba a ponerlos en peligro aunque eso significara que estaba siendo egoísta. No le importaba. Si el triunfo en la guerra tenia por precio la vida de su mejor amigo y de su ex - novia pues simplemente no iba a comprarlo. Podía ofrendar su propia vida pero jamás la de otros y mucho menos la de dos de las pocas personas que eran un pilar en su propia vida. No podía, no era lo suficientemente fuerte, no era tan valiente para hacerlo como quizás los demás lo creerían.

- Quizás – dijo Voldemort después de unos minutos – alguno de tus leales admiradores quiera atreverse a atacarme. Esta es la mejor oportunidad que tendrán para eso; no creo que ninguna otra maldición se desvanezca en el aire.- Harry vio como miraba al resto de los presentes con el mismo placer con el que había explicado todo y hacia un gesto con la mano hacia la barrera que el mismo había convocado- ¿Hay algún voluntario?

Todo sucedió muy rápido. La burbuja que contenía al resto de las personas desapareció al momento y el ruido de la gente cayendo al suelo se mezclo con suspiros de terror y de alivio. Harry escucho también el sonido inconfundible de varias varitas listas para la batalla pero no volteó para comprobarlo y mantuvo, intentando pensar, la mirada fija en Voldemort hasta que una persona pasó corriendo a su lado.

-Hazte a un lado Harry-dijo Kinsgley empujándolo hacia atrás. Había amabilidad y comprensión en su voz pero al mismo una determinación inconfundible de hacer todo para terminar. Hermione le dirigió una mirada asustada y él le devolvió una parecida al mismo tiempo que se lanzaba hacia el frente para intentar detener al auror.

-¡Protego!-gritó antes incluso de detenerse enfrente de Kinsgley para bloquear el ataque que este apenas terminada de convocar.

-¡Harry! ¿Pero qué estás haciendo? ¡Quítate de en medio!

-¡No! –Respondió sintiendo los latidos acelerados en su pecho por el terror de lo que sabía que venía a continuación- ¡No puede atacarlo, no cuando Ron y Ginny…

-Ellos estarán bien-argumento Kinsgley sorprendido pero dejando ver que en realidad no creía lo que estaba diciendo- podemos…

-¡No! – Repitió Harry decidido- No vamos a atacarlos hasta que sepa cómo sacarlos de esto.

- ¿Y cuándo será eso Harry?-estalló el auror- ¿En cuantas semanas? ¿En cuántos años? ¡No podemos esperar! ¡Este es el momento por el que hemos venido luchando! ¡Este es el momento en el que tenemos que decidir salvar miles de vidas aún a cambio de dos inocentes!

-¡No, a costa de las de ellos no!- gritó Harry - ¡ He visto a muchos de los que quise morir por la causa; mis padres, Sirius, el profesor Dumbledore, la profesora McGonagall y he aprendido a aceptarlo pero no Ron y Ginny!

Kinsgley se quedo mudo un momento y bajo la varita. Giro a ver a la multitud entre la que aún se distinguían un par de miembros antiguos y muchos más recientes de la Orden del Fenix. Una resolución cruzo su rostro cansado antes de decirla en voz alta.

-Lo siento Harry pero tú solo no podrás detenernos.

El salón se lleno de gritos al mismo tiempo que Harry sintió que un hechizo de desarme dicho por tres personas lo hacía caer al suelo. Muchas personas gritaron su nombre y la risa demencial de Voldemort acompañó como música de fondo todo el cuadro.

-Él no lo hará solo- escucho que Hermione decía al mismo tiempo que se ponía delante de Kinsgley y este lanzaba un hechizo que ella esquivaba hábilmente, quedándose solo con un rasguño sangrante en la mejilla derecha.

Harry se puso de pie lo más rápido que sus fuerzas se lo permitieron. Por el hueco resultante de la batalla de su mejor amiga y el jefe de aurores observo y escucho gritar a los padres de Ron y Ginny mientras Bill, Charlie, Percy y los gemelos parecían disculparse y corrían hacia donde estaba Hermione. Le quedo claro lo que sucedía cuando vio a lo que quedaba de la Orden del Fenix original junto con sus nuevos reclutas atacar a Hermione para derribarla y los hermanos de Ron se unieron a ella para defenderla e impedir el paso también a la vez. A lo lejos, el Sr. Y la Sra. Weasley hicieron el intento de unirse a sus hijos pero Harry observo atónito como Lupin y Tonks se ponían frente a ambos, junto con otras personas, para evitárselos y alejarlos de la batalla.

-¡Harry!- lo llamó Hermione cuando vio a otras personas acercarse a ella.

Harry corrió para ponerse a su lado haciendo caso de su llamado. Empezó enseguida a luchar con todas sus fuerzas, como jamás hubiera creído que lucharía a voluntad contra uno de los suyos.

-¡Suficiente!-gritó después de unos minutos interminables Voldemort y con un nuevo movimiento de su mano, la burbuja protectora volvió a empujar a casi todos los presentes a las paredes- ¡Maravilloso, ha sido maravilloso! Supongo que ha quedado claro. De hoy en adelante, quien se enfrente a mí se enfrenta a mis dos más leales vasallos y con ellos-Harry lo escuchó ponerse de pie pero no tuvo el valor de girarse completamente- a mis más leales defensores; los que ustedes llamaban sus héroes- dijo, dirigiéndose sin duda a los Weasley y Hermione y acercándose más a él- y sobre todo, a mi más valiente defensor: Harry Potter, el mismo chico que claman como su más grandioso héroe, el elegido para detenerme, su única oportunidad contra mí.

La burbuja volvió a deshacerse pero esta vez nadie se acerco para luchar. Harry sintió entonces una mano en su hombro y miro los ojos rojos de Voldemort llenos de locura y de triunfo mientras detrás de él, Ron y Ginny volvían a estar arrodillados y Hermione y los demás hermanos Weasley permanecían quietos y derrotados.

La cicatriz empezó a dolerle entonces y todo se volvió negro. Sintió como las pienas le fallaban, el golpe en las rodillas al caerse y supo que se estaba desmayando por el dolor. A lo lejos escuchó la voz de Ginny rogándole que despertara y deseo que fuera verdad.