DISCLAIMER: Tomo prestado los personajes sin fines de lucro, de la exitosa serie de Stephenie Meyer, todo lo que reconozcan es de ella y su magnífica mente. La historia si es mía.

/+/+/+/+/+/+/+/+/+/+/

Volverte a Ver

/+/+/+/+/+/+/+/+/+/+/

By: Nightmare Terror

/+/+/+/+/+/+/+/+/+/+/

Summary: Se encontraron, y ahora se van a volver a separar. Por si fuera poco, preocuparse de los Volturis no era su único problema, no, también había que sumarle que Edward encontró a su Tua Cantante, enviada como un "regalo" de parte de los Volturis. Los Volturis juraron tener a Bella y a Aaron en su guardia, hasta que por fin lo lograron, y ahora que la tienen, no la van a dejar ir, aún si eso significa destruir a todas y cada una de las personas que Bella y Aaron amaron alguna vez. Porque en el amor, y la guerra todo se vale.

/+/+/+/+/+/+/+/+/

Parte II

Enjoy

/+/+/+/+/+/+/+/+/

—Isabella Turner— Aro degustó mi nombre como si fuera un exquisito humano, con la sangre más exquisita del mundo. Me tragué las arcadas que eso me produjo, odiaba a este hombre más de lo que odiaba a la humana que me quitó a Edward, y eso era decir mucho.

—Aro Volturi— Dije con mofa, ni él ni nadie iba a intimidarme. Capté por el rabillo de mi ojo a Jane. Su cabello rubio pálido estaba amarrado fuertemente en una moña, dejando que su piel blanca como la cal y ojos rojos delineados con negro tomaran todo el protagonismo. Estaba tratando de usar su poder en mí, lo sabía, pero era imposible, nadie que conocía podía penetrar mi escudo mental, era un desperdicio de tiempo el intentarlo, pero no le dije nada, no quería que después pudiera usar eso en mi contra.

—Querida, que bueno que estás aquí— Se levantó de su "trono", el cual es totalmente innecesario puesto que él es el rey de nada, pero ¿quién soy yo para decir eso? Avanzó los pocos pasos de distancia y me apretujó en un abrazo nada cálido, dejé que mis manos colgaran a mis lados, negándome fuertemente al hecho de abrazarlo, el simple suceso de estar cerca de Aro Volturi hacía que mis instintos suicidas salieran a flote.

—Sí, bueno, no puedo decir que estoy feliz de estar aquí, no después de la forma en que lo hiciste— No puede evitar que mi voz saliera como ácido, Aro se apartó de mí viéndome extrañado, frunció el ceño y se encogió de hombros.

—En el amor y la guerra todo se vale, y nosotros somos los Volturis, por lo que siempre estamos en guerra con los demás, y no importan los medios que hayamos utilizado para tenerte en nuestra guardia, estamos felices de que estén aquí— Su discurso no tenía sentido, tal vez bebió sangre de un hombre borracho, eso podría explicar todo.

—Como dijo mi hermana, Aro, no estoy feliz de estar aquí, es más, odio cada segundo, cada momento de verte la cara— Dos guardias, que ligeramente reconocí como Dimitri y Félix se apresuraron donde Aaron y antes de que llegaran siguiera a tocarlos me interpuse entre ellos.

—¡Si quieren seguir viviendo, les aconsejo que nadie y que todos me escuchen, nadie, va a tocar a mí hermano! — Aro se vio levemente sorprendido, pero cambió rápidamente su cara cambió a la anterior, una sin emociones que solo mostraba nada, un lienzo en blanco en el que tenías que tomar medidas extremas para sorprender a uno de los más viejos vampiros que se conocían.

—Muy bien, Isabella, nadie tocará a tu hermano— Asintió con la cabeza hacia Félix y Dimitri y estos renuentemente volvieron a sus antiguos lugares manteniendo un ojo sobre Aaron.

—Más te vale— Murmuré tratando de mantener la compostura, podía acabar con todos ellos en un segundo, ellos lo sabían, tenían miedo de mí, entonces, ¿por qué no los mataba y terminaba con esta agonía? Simple, los Volturis siempre tenían un plan B, podía matar a todos los presentes, pero siempre estaba el segundo Volturi al mando, Cayo, el cerebro de todo lo malo y los planes que se ejecutaban a la perfección.

Él no estaba presente, así que ese era su plan, bastante básico, pero muy eficaz. Mato a Aro, queda el Volturi más peligroso suelto que quiere mi cabeza, y no podría vivir en paz sabiendo que Cayo está detrás de mí, no podría vivir sabiendo que en cada paso que dé, en cada paso que tome, cada dirección, él va a estar ahí, acechando en la oscuridad, escondido entre las sombras, esperando el momento indicado para arrancar mi cabeza y finalmente tomar su venganza.

—¡Amo, ella acaba de…!— Jane no terminó la oración dado que Aro levantó la mano callándola —¡Pero amo, ella…!— Aro se volvió a ella enojado e impaciente, la mirada que dio podría ser descrita como fría y oscura, y podría hacer jurado que si las miradas hablasen esta diría "una palabra más y arrancaré tu cabeza".

—Jane— Le dijo con un tono suave, casi meloso, en contraste con su postura y su mirada— No molestes a nuestra invitada, ve y haz algo útil, tal vez Heidi te deje ayudarla en una caza o algo así— La despidió con un movimiento de mano como si fuera un animal, y luego la que recibió la mirada de odio fui yo, cortesía de Jane.

Se fue sin decir nada más, azotando la puerta detrás de ella, Aro exhaló un suspiro y se volvió a mí, sin embargo no le estaba prestando mucha atención, estaba vigilando a todos y cada uno de los guardias, pendiente de cada movimiento que hacían, de cada gesto, de cada respiro, e inmediatamente me di cuenta de que esa iba a ser mi vida de ahora en adelante, siempre cuidando mis espaldas y nunca de los nunca confiar en nadie Volturi.

—¿Qué diablos quieres de nosotros? — Preguntó Aaron cortante, le lancé una mirada para que se quedara callado, pero me ignoró.

Habíamos acordado que yo era la más "diplomática" por así decir, yo era la que tenía que hablar, Aro no se atrevía a cuestionarme, Aaron estaba estropeando todo el plan, necesitaba volver a ponerlo en su papel, sí, puede que tal vez fuera de aquí él podía ser el más sensato e inteligente, pero aquí estábamos en lo que yo era buena, la manipulación de personas, la utilización de los poderes para conseguir lo que queríamos, y si Aaron no podía quedarse en su papel, tal vez nunca saliéramos de acá.

—Como dijo mi hermano — Hablé con voz fuerte, tratando de que Aaron pasara desapercibido, no podía ponerse a pelear con los Volturis, sabía que estaba frustrado y enojado por estar aquí, pero no íbamos a poder salir de aquí con vida si él empezaba a pelear— ¿Qué quieres de nosotros? — Aro hizo una seña a una de las guardias, Renata, y ésta inmediatamente se paró detrás de nosotros.

—Querida Isabella, te pondré al tanto de todo en unos momentos, ahora mismo tengo que ir a cenar— Se pasó la lengua por los labios y me dieron ganas de vomitar, sí, los vampiros eran atractivos, pero Aro se saltó todo eso, era tan asqueroso como una rata muerta de hace días —Renata te va a llevar a tus aposentos — ¿Qué mierda? ¿aposentos? ¿desde cuándo se utiliza esa palabra? — Para que puedan ponerse cómodos— Aaron iba a replicar, pero le lancé una mirada para que se quedara callado, por suerte me hizo caso.

Caminamos detrás de Renata hasta lo que parecía una habitación hecha de lava, abrió la puerta y casi nos lanza dentro, caí en mis rodillas e inmediatamente me levanté para golpearla, pero Aaron me tomó del brazo haciéndome para atrás mientras Renata me daba una sonrisa llena de odio y cerraba la maldita puerta.

—Mierda— Masculló Aaron, sin soltarme el brazo— Lo hicieron— Miré todas las paredes de la habitación, y eran rojizas, como si estuvieran ardiendo. Me solté del agarré de Aaron y puse mi mano en una pared, y ¡Oh, Dios! Grité con todas mis fuerzas pegando mi mano al cuerpo, con la otra mano la sostenía.

Asustada, dirigí mi mirada a Aaron, si hubiera sido humana, estuviera en el suelo llorando. Mi mano ardía como si hubiera tocado el sol y entonces me di cuenta. Los Volturis encontraron la manera de retener a los vampiros, ya que prácticamente éramos indestructibles, salvo que si tocábamos fuego, nos quemábamos. Si querías matar a un vampiro tenías dos opciones, arrancarle la cabeza y quemarlo, o quemarlo. Como ven, en ambas opciones es necesario el fuego.

—Nos van a tener aquí— Le susurré a Aaron, empecé a temblar incontrolablemente, tanto que él me abrazó susurrándome que me calmara— Ellos lo van a hacer— Aaron asintió, sabía que era lo decía, tantas historias de los Volturis que había escuchado en mi vida, pero nunca pensé que ellos de verdad lo hacían.

—¿Puedes transportarte? — Lo intenté, lo juro que lo intenté, pero cada vez que trataba era como si me estuvieran arrancando una parte de mí, como si metieran brazas ardiendo en mi cuerpo, como si me separaran de mí misma. Abrí los ojos y negué con la cabeza— ¿Puedes usar alguno de tus poderes? — La voz de Aaron sonaba carente de emoción, yo negué con la cabeza.

—No puedo hacer nada, me siento muy débil— Como si necesitara resaltar ese punto las rodillas se me doblaron y si no hubiera sido el fuerte agarre de Aaron estuviera en el suelo.

—Nos van a tener aquí hasta que roguemos por comida— Ahora su voz sonaba rabiosa, y sé que estaba culpando a Edward, Tanya y a sus humanos, estuvimos tan deprimidos que no queríamos hacer nada, ni siquiera comer, y ahora estábamos pagando las consecuencias.

—No puedo hacerlo, Aaron— Le dije, él me acarició la mejilla y me dio una sonrisa débil sentándonos en el duro suelo— No puedo beber sangre de un humano, prefiero morir antes que hacer eso— Sus ojos estaban tristes, él estaba pensando lo mismo, pero era una de las dos cosas, beber sangre de humanos o morir torturados.

—Recuérdame una vez más porqué estamos aquí— Dijo, pero yo no podía sacarme de la cabeza la única vez que miré una tortura marca Volturi.

A la chica la tenían sin brazos y piernas, Félix se reía cuando la chica soltaba un llanto agónico, dejaba que sus extremidades se volvieran a unir antes de separarlas otra vez, perdí la cuenta de cuantas veces hizo eso, después, aparentemente, se aburrió y comenzó a arrancarle la piel, despacio, muy despacio, deleitándose con los gritos, sintiendo cada piel desprendida como si fuera un lindo pastel quitándole el baño, y luego siguió con los dedos de las manos, los pies, y cuando pensé que la iba a matar, la tomó de la cabeza y la violó, una y otra vez, y luego una vez más, rompiendo a la chica física, emocional y psicológicamente, para luego torcerle el cuello como si fuera una gallina viniéndose sobre ella.

—Lo hicimos para que no destruyeran a nuestra familia o a los Cullen— Le dije, miré mi mano quemada, no estaba tan mal y ya no dolía como infiernos, aparte de lo rojo y el olor a carne quemada, me sentía bien.

—Y yo digo porqué hicimos semejante cosa si ellos nos van a olvidar al cabo de un rato, se van a divertir tanto con sus nuevos juguetes humanos que nosotros no vamos a importar— Y algo de mí se rompió, en ese instante no me di cuenta, pero sentí como algo se desprendía y algo nuevo tomaba lugar, algo oscuro y retorcido.

—Prométeme algo, Aaron— Le dije sentándome derecha, Aaron asintió— No importa lo que nos hagan, no vamos a tomar sangre humana— Le dije con urgencia, él asintió.

—Te lo prometo— Dijo, sin embargo, unos días después rompimos nuestra promesa.

Pasamos encerrados en la habitación con las paredes de fuego consumiendo cada uno de nuestros pensamientos, cada una de nuestras voluntades y al final consumió nuestra promesa.

Renata abrió la puerta y yo inmediatamente salte hacia adelante, saliendo al pasillo y en todos mis años de vida nunca me sentí más feliz, estaba fuera de esa habitación. Miré hacia atrás y Aaron tenía la misma expresión que debía tener yo. Renata nos hizo señas que la siguiéramos y nosotros muy obedientes lo hicimos, nos llevó hacia una habitación donde estaba Aro junto con unos pocos guardias y unos humanos que olían exquisitamente.

Un gran espejo estaba frente a mí, no resistí en echarme un ojo. Mi ropa estaba descolocada, arrugada y sucia, mi pelo enmarañado y falto de su brillo característico, no parecía un cabello sedoso, ojeras bajo mis ojos del mismo color de ellos, mi piel opaca y sin vida. Miré hacia Aaron y él hacía lo mismo que yo, examinándose en el espejo.

Aro dijo algo, pero lo borré de mi mente en el mismo instante que pasaba una filosa uña bajo el cuello de una chica y sangre brillante, roja, espesa y de olor a flores empezaba a gotear. Todo lo demás desapareció, solo éramos la chica y yo. No supe que estaba haciendo Aaron, o lo que decía Aro, nada, no supe nada que no fuera mirar la sangre que corría por el cuello de la chica.

Traté de aguantar, pero era como si pusieran un hierro en mi garganta, dejé de respirar, pero podía escuchar su corazón golpeando fuertemente, el sonido de su pulso, la sangre cayendo en el piso y su respiración rápida, una imagen pasó por mis párpados, yo saciando mi sed con la sangre de esa chica, y lo perdí, abrí los ojos y los clavé en los de esa chica, traté de aguantarlo, pero simplemente no pude, salté hacia delante tomando a la chica de los brazos de Aro y cerré los ojos ante la dulzura de su sangre, era mucho mejor que la sangre de animales, mucho mejor que el sabor del león, mucho mejor de cualquier cosa que hubiera probado, era simplemente… algo extraordinario.

Ahora entendía cuando los vampiros decían que no podían dejar de beber sangre humana, y en ese momento yo me pregunté por qué demonios perdía mi tiempo bebiendo sangre animal, teniendo este elixir tan divino al alcance de mi mano.

Tragué toda su sangre, pero yo quería más, mucho más. La dejé caer al suelo con un golpe hueco y levanté mi vista al espejo, Aaron tenía sus ojos clavados en los míos en el espejo, y ahogué un grito, tenía la camisa llena de sangre, sus ojos eran rojos y la expresión de su cara era animal, nunca lo había visto así, sin embargo, nunca se miró mejor, su piel tenía un tinte rosado y sus labios eran rojos.

Me fijé en mí, no era nada opuesto a Aaron, salvo que yo respiraba pesadamente, mi cabello volvió brillar y me arriesgaba a decir que brillaba como nunca antes, ojos rojos, expresión animal, piel rosada, ¡dios!

Volví a encontrar mis ojos con los de Aaron, y el entendimiento pasó entre nosotros, Aro aplaudió y los guardias nos miraron estupefactos, pero yo no despegué mi vista de la de Aaron, no podía creer lo que acabábamos de hacer, rompimos nuestra promesa.

¡Mierda!

Él y yo éramos uno solo en pensamiento, nos entendíamos en cualquier momento, y lo que él no me dijo su boca, me lo dijo sus ojos.

Éramos unos asesinos.

No había vuelta atrás.

No teníamos ningún remordimiento.

Y lo peor… lo disfrutamos.


Me encantó escribir este capítulo, no sé porque. Bueno, espero que les haya gustado, ya saben, opiniones, reacciones, tomatazos, todo se acepta con un RR, aunque sea con un "Te leo" me conformo.