Disclaimer: Candy Candy y sus personajes pertenecen a sus respectivas autoras, la historia a continuación es de mi autoría, realizada con el propósito de entretener y no de lucrar.

...-…

Luego de la comida habían pasado al salón para la sobre mesa, Melina los acompaño un rato pero su fastidio era tanto que se disculpó alegando un dolor de cabeza y esperando que su hija la acompañara, pero ésta solo le deseo una pronta mejoría y las buenas noches, quedándose en el salón con los caballeros, a la mujer no le quedó otra que retirarse a sus aposentos.

Melina se encontraba dando vueltas en su habitación como león enjaulado, no podía creer que la estúpida de su hija se estuviese dejando engatusar por ese pelagatos, no, eso no podía ser, Emilia tenía que reaccionar, no había sacrificado tanto por las puras, si ella no había logrado ser la esposa de un Andley, su hija lo haría, pero ahora, parecía que Emilia y ella tenían una finalidad distinta para ese viaje, Melina soltó un suspiro, se acercó a la ventana y para sí misma dijo "y pensar que ahora estoy aquí, cuanto mucho tiempo lo desee, pero si todo esto no logro ser mío, será de mi hija, de eso me encargo yo"

Melina tenía un obscuro pasado, del cual Frederick se había encargado, lo había refundido en lo más profundo de las memorias de la sociedad americana, el señor McGregor se había enamorado perdidamente de ella desde la primera vez que la vio, a pesar de que el lugar donde la conoció no era recomendable para una dama, y claramente Melina no lo era.

Melina era una "dama de compañía" para caballeros, eso sí, una de las mejores y más caras de su rubro, era muy hermosa con su cabello ondulado, su piel blanca y sus ojos grises; su figura voluptuosa y muy bien distribuida, su fino y delgado talle llamaba la atención de los caballeros, y lo completaba con sus delicados y refinados modales, era coqueta y seductora pero no de una manera vulgar, sino de una forma tan natural que volvía loco a cualquiera que posara sus ojos en ella, menos a uno, William Andley (padre) a pesar de que visitó su lugar de trabajo un par de veces, nunca le prestó atención, por más que ella hiciera lo que fuere o vistiera de la manera más sensual y provocativa, él ni siquiera volteaba a verla, hasta aquella vez, en que llego con Raymond Leagan, se emborracho tanto, al parecer había tenido una pelea con su esposa, estaba desconsolado, la vio y se le acerco, eres tan bella le dijo, a lo que Melina se emocionó, por fin dijo ella para sus adentros, pero vasto con que William mirara a los ojos de Melina para que la soltara – no, tú no eres ella, sus ojos son verdes como dos esmeraldas, los tuyos son grises como un alma vacía – dijo William volviendo en sí, dejo su copa en la mesa, se levantó y se fue

Melina quedo hecha una fiera, la ira que tenía dentro la dominó, y a manera de desfogue busco a su siguiente cliente, bien sabia ella que esos días no debía "atender a nadie" por encontrarse en sus días riesgosos, pero quería sentir, deseaba sentirse deseada, idolatrada, querida, amada, aunque ella sabía bien que era solo un espejismo, que todo era simplemente lujuria y pasión, una pasión que esa noche le costaría caro

La dama miro todo el local cual león buscando a su presa, hasta que lo hayo, era un joven guapo, de cabellos rubios y contextura musculosa, igual que William, la única diferencia eran esos ojos verdes, si hubiesen sido azules hubiera sido perfecto, pero bastaría con no verse reflejada en esa mirada para alucinar al hombre que tanto deseaba

Se notaba que ese muchacho no tenía clase, pero no le importo, esa noche el seria el suplente de William, al menos podría hacerse a la idea de que lo tenía en su cama, entre sus sabanas, al ser este muchacho tan parecido a él; se acercó al joven con paso sensual, apoyo su cuerpo en la barra, mostrando sus voluptuosas curvas, le dedico una mirada apasionada, cargada de lujuria y deseo; el joven solo sonrió al verla – "me halaga ser el elegido de esta noche mi bella dama, pero creo que se ha confundido, yo no soy más que un simple sirviente" – dijo el muchacho con una dulce sonrisa; lo que conmovió a Melina por su sinceridad (no sean malas, la bruja tenía su corazoncito, muy pero muy en el fondo, pero lo tenía)

No te preocupes, yo invito – ofreció la "dama" – pero eso sí, con una condición; trátame como si yo fuera la mujer más importante en tu vida, la única – pidió melina con suplica en la mirada

Lo que ella no sabía es que este joven muchacho, sirviente de una de las familias más importantes de chicago, estaba enamorado de ella, pero sabía bien cuál era su lugar, y que aparte de esa noche, nunca volvería a estar con la dama que le robaba el sueño

Melina paso una noche que jamás, en tantos años ha logrado olvidar, a pesar de que Frederick la ha amado profundamente, y todos esos años de casada siempre la trato como a un cristal, frágil y delicado; aquella noche, siempre vivía en su mente, ese joven la hizo suya no solo con pasión y deseo, sino como delicadeza, cariño, amor, tomándose su tiempo, como quien descubre una joya preciada, no solo lleno su cuerpo de besos y caricias, sino que también logro tocar su alma, y ella pudo hacer lo mismo con él, esa noche Melina se rindió no solo al deseo que sentía, sino también a algo más profundo, un sentimiento que no pudo explicar, pues nunca lo había sentido, era el primer hombre que se preocupaba por satisfacerla a ella, por hacerla sentir, y no que solo la utilizaba como escape a sus instintos; Melina pudo sentir en esa noche más de lo que había sentido en toda su vida; y odio al muchacho por eso, porque ella sabía que si quería lograr la posición que tanto deseaba, no sería con este hombre, por lo que terminada su entrega, se levantó de la cama dándole la espalda al joven y pidiéndole que se vistiera, que cuando ella saliera del baño, no lo quería ver más ahí.

Melina lloro en el baño, por primera vez se había sentido importante para alguien, atesoraría ese sentimiento y el recuerdo de ese encuentro en lo más profundo de su corazón, cuando salió del baño, el joven ya no se encontraba, pero había una nota en el tocador

"Te amé desde que te vi, y siempre recordare esta noche, no tengo grandezas que ofrecerte, pero si un apellido y una vida honrada; si así lo deseas te estaré esperando mañana en la fuente del parque a las cinco de la tarde, la decisión es tuya"

Melina no sabía qué hacer, había hecho de todo por alcanzar el estatus que siempre quiso, podría tener a cualquier hombre si ella lo deseaba, pera ella quería a William Andley, quería poder, la clase de poder que solo el dinero podía dar, no le importaba no llegar a ser la esposa, se conformaría con ser la amante, pero ahora, venia este muchacho y con sus caricias, besos y esta noche de amor recién vivida, quería cambiar sus planes… No! Se dijo Melina así misma, no se dejaría seducir por el espejismo que era el amor, claro que no; rompió la nota y decidió olvidarse de la misma, se acostó y durmió plácidamente

Faltaban quince minutos para las cinco, ella se encontraba sentada frente a su tocador, su mirada estaba perdida en su reflejo, ya había tomado la decisión de no ir, pero es que era tan difícil mantenerla, y los minutos pasaban con tanta lentitud, estuvo a punto de levantarse, pero algo llamo su atención, un pequeño relicario que reposaba sobre su tocador, estiro su mano para acariciarlo, y se recordó así misma que ningún hombre valía la pena, que lo único que valía era el poder y el dinero, como se lo había dicho aquel infeliz que había abusado de ella cuando aún era una adolescente, por eso decidió quedarse, nunca nadie más se aprovecharía de ella, ella seria quien sacaría provecho de cualquier situación

Pasaron las semanas y Melina comenzó a sentirse mal, a los dos meses le confirmaron que estaba en la "dulce espera", ella sabía muy bien quien era el padre, pero jamás lo buscaría, no era opción para ella ser la mujer de un criado, decidió marcharse, se tomaría unas "vacaciones" había ahorrado lo suficiente para hacerlo, decidió tener al bebe, luego de regalarlo volvería a sus planes y a su vida, lo decidió así de simple y sencillo como quien dice hoy me pondré este vestido.

Pasaron los meses uno tras otro, Melina ya se encontraba instalada en una casita de campo a las afueras de Lakewood, cerca de un pequeño y pintoresco pueblo, había tenido tiempo para pensar y decidir acerca de su futuro, pero nada había cambiado, para ella este tiempo eran unas merecidas vacaciones, tenía que agradecer a su embarazo el hecho de que sus pechos se hubieran agrandado y sus caderas ensanchado, algo bueno tenía que salir de todo aquello, ya había averiguado acerca de un hospicio para niños que se encontraba al otro extremo del pueblo, pasando por los ranchos y una colina, ahí dejaría al ser que crecía dentro de ella, solo le había comprado algo de ropa para el trayecto y una manta para el frio, total, si dios había querido que viniera al mundo, pues que sea dios quien la proteja, no ella

El momento de dar a luz llego, la partera del pueblo la asistió en su casa, el alumbramiento había sido rápido y sin dolor (hasta con eso salía premiada la bruja), había nacido una niña, la partera miro a la criatura embelesada por la belleza de la misma, era de piel blanca y cabello rubio, con algunas manchitas sobre la nariz, la pequeña abrió sus ojitos y la partera pudo observar unas hermosas y enormes esmeraldas, se la acerco a la madre que se encontraba recostada en la cama, pero ella volteo la mirada – no la quiero – dijo, - te pagare muy bien para que la lleves al hospicio que esta fuera del pueblo, pasando la colina – hablo la madre sin cargo de conciencia alguno; la partera miro a la criatura y acepto, pues cualquier destino que le esperara a ese angelito era mejor que el que seguramente tendría al lado de la bruja que le había tocado por madre, arropo bien a la bebe y la metió en una cesta, tomo el dinero que le fue entregado y se marchó.

Melina miraba por la ventana la nieve caer y se preguntaba si ya habría cumplido la partera con lo encomendado, cuando tocaron a la puerta, se levantó despacio y se dirigió a abrir, afuera se encontraba la partera para indicarle que ya había dejado a la niña fuera del hospicio, al pie de un árbol, una lagrima rodo por su mejilla, pues le hubiera gustado quedársela, pero ya tenía tres niños por los cuales ver, y su esposo no se lo había permitido; Melina tomo algo más de dinero y se lo entregó a la mujer; después de esa noche Melina enrumbo a New York donde al pasar de unos meses conocería a Frederick y se casaría con él, a los dos años de matrimonio, los esposos daban la bienvenida a un nuevo integrante en la familia, Emilia llego a este mundo haciendo sufrir a su madre, lo que la otra bebe no, y dejándola incapacitada para volver a tener hijos, hecho que entristeció a Frederick, pero que a ella le alegro, pues internamente se había jurado que nunca más pasaría por ese calvario.

Melina escucho pasos fuera de su habitación, imagino que era su hija que se dirigía a su cuarto, por lo que salió inmediatamente; pero se había equivocado, era una de las mucamas que salía del cuarto de Emilia, tan metida en sus recuerdos había estado que no se había dado cuenta de que su hija ya había entrado en su habitación y hasta la mucama también, en fin ya mañana hablaría con Emilia

...-…

Hola a todas

Hola chicas bellas, las dejo con este nuevo capítulo, espero que sea de su agrado, espero sus comentarios porfis siiii, me encanta leerlo y paro al pendiente de si recibo alguno jejejeje es la mejor recompensa que se puede tener, y mil disculpas por la demora, pero esta semana he estado full en el trabajo, tratare de actualizar prontito, nos leemos, buen fin de semana