Hola gente bonita :D. Esperó que les haya gustado el capi de El Príncipe y el Guerrero.
Tenia pensado subir ambos ayer pero me dije, "una a la vez" y pues igual me dio tiempo de darle una ultima ojeada viendo si no deje otro dedaso por ahí como es mi costumbre pfff.
Sin más disfruten de este capi y hasta la próxima :3
Por cierto, ¿quieren que ponga una fecha espesifica para cada fic o sigo subiendo aleatoriamente?
Espero sus opiniones XD
Capítulo 4
Armin era considerado el listo del grupo, el que sin importar lo que pasara, siempre tenía la solución a cualquier problema que pudiera presentarse. Para él lo más importante eran sus amigos, después de todo, ellos son lo único que le quedaba después de perder a sus padres y a su abuelo.
Nunca tenía que escoger entre apoyar a Eren o a Mikasa, porque está continuamente terminaba haciendo justo lo que el otro quería. Por eso le era fácil tratar con sus amigos, aunque claro, uno siempre podía contar con el carácter explosivo de Eren.
— De nuevo aquí. – susurró Eren con molestia al ver de nuevo en su mesa a Jean Kirschtein.
— Pensé que la mesa era libre para sentarse quien quisiera. – refutó el otro tan molesto como el castaño.
Armin solo puso soltar un suspiro frustrado ante la situación; era otro desayuno más con esos dos ahí matándose con la mirada.
Justo cuando creyó que las cosas al fin irían bien.
Eren estaba casi vomitando arcoíris de felicidad ante la noticia de que pronto seria padre y Armin estaba realmente contento también, cosa que no fue igual para Mikasa. Realmente le dolía ver la cara de sufrimiento de ella al ver a Eren siendo feliz con otra persona.
¿Pero que podía hacer más que estar al lado de ella y darle su apoyo? Él no podía ir y decirle a Eren que dejara a ese hombre y fuera e hiciera una vida con la pelinegra, aunque cabe destacar que una vez sí lo hizo aunque fue ese mismo que día los vio juntos por primera vez en un momento algo romántico y comprendió, al ver la mirada que le dedicaba el Cabo, que este realmente amaba a Eren aun si no se lo dijera jamás.
¿Y qué pasaba entonces en aquella mesa? Bueno, hace apenas una semana que Eren se ha dado cuenta – después de un mes – que Mikasa estaba saliendo con Jean.
Claro que era normal en el caso de Eren el que tardara tanto en notar los acercamientos que tenían esos dos, cosa que Armin notó enseguida dado que eran demasiado diferentes a lo usual, pero Jeager siempre fue otra historia. Y si no fuera porque su embarazado novio se lo dijo, nunca lo hubiera adivinado.
Fue tan épica la cara de Eren al escuchar como su amado Levi le decía: — Parece que Kirschtein no pierde el tiempo. Solo espero no tener a otra jodida mocosa embarazada en este lugar.
A veces de verdad no entendía como ese hombre tan pequeño podía hablar tanto y no pensar en los sentimientos de los demás al hacerlo. La cosa es que Eren no se lo tomó tan bien y cabe destacar que el pobre de Jean ese día termino con un ojo hinchado, al menos Eren no se fue limpio… aunque el que lo golpeo no fue Jean…
Pero volviendo a la incómoda situación en la mesa. Eren se encontraba a lado de Mikasa y frente a ellos se encontraba Armin y también Jean. Lo malo fue que no pudo evitar que Jean se sentara justo delante de este. Realmente tenía muchas pero muchas ganas de que el sargento apareciera de una vez por todas en el comedor antes de que de nuevo esos dos terminaran discutiendo y rodando en el suelo como unos niños berrinchudos.
— ¿Y cómo está el sargento Eren? – preguntó nervioso el joven rubio para calmar la tensión.
— Eres un idiota. – dijo Eren.
— No más que tu – refutó el otro.
— ¡No te soporto!
— ¡Yo menos!
— ¡Idiota sin cerebro!
— ¡Mandilón!
Tanto Armin como Mikasa solo se limitaron a quitar sus platos sobre la mesa para evitar otro accidente más.
Mikasa en realidad sonreía, al parecer ella disfrutaba ver a Eren preocuparse por ella a pesar de tener a un hombre embarazado de tres meses y con un genio de los 10mil demonios, pero ver que Jean peleaba con Eren de esa forma para estar con ella, le hacía sentir un sentimiento extraño.
— ¿De nuevo están peleando? – comentó animada Sasha mientras se sentaba junto a sus amigos y a su lado, Conni.
— Pensé que el sargento dijo que lo dejaría durmiendo en el patio si seguía con esas peleas con Jean. – dijo su compañero.
— Lo hizo – respondió Armin – pero el sargento aún no se presenta a desayunar. Si los ve, de seguro ambos pagaran su mal humor matinal.
— Ese enano siempre está de mal humor – susurró Mikasa.
— Aunque últimamente parece evitar hacer tantos corajes, ¿no crees? – cuestionó Sasha.
— Debe hacerlo sino quiere lastimar al bebe – contestó Mikasa con una mirada mortal y es que definitivamente se estaba tomando muy a pecho su papel de tía.
— Mikasa… Jejeje – sonrío nervioso Armin – creo que el sargento está haciendo un buen trabajo en eso.
— ¡Es verdad! – Gritó Sasha – Él no ha limpiado el castillo en todos estos meses, ¡ni si quiera ha tomado una sola escoba!
— Es por que Eren no le deja. – Mikasa podía aceptar que tendría un sobrino, a quien no podía aceptar era a la "madre".
— Jejeje… Oh, es el sargento. – todos detuvieron lo que estaban haciendo, incluso los dos que seguían revolcándose en el suelo, que como arte de magia estaba sentados cada uno en su lugar y comportándose como los mejores amigos.
Y bueno, Eren miraba cada paso que este daba con suma ilusión. Lo único que pasaba por su mente al ver como este se acercaba hacia ellos con su cara de perro apaleado era que: "Se ve tan lindo esta mañana". Aunque claro, para Eren, este siempre se veía así.
— ¡Buenos días sargento! – saludaron todos mientras le saludaban con la mano en el corazón como era costumbre. Claro que no todos lo hacían con mucho gusto…
— ¿Peleando de nuevo con Kirschtein, Eren? – dijo al momento de ocupar el lugar a su lado.
Eren lo amaba, pero eso no significaba que no le tuviera miedo, es más, embarazado parecería que su mal genio había aumentado al 200%.
— Yo… - empezó a tartamudear nervioso.
Levi chasqueo la lengua. Sin decir nada, se levantó de donde estaba y salió rápidamente del lugar.
— ¿Qué le paso? – preguntó Conni.
— Nauseas – le contestó Eren al pararse igual – Nos vemos después.
Armin junto con los otros solo observaron a Eren partir detrás de su pareja, al rubio le parecía realmente interesante aquello. Miró a su lado, donde estaba Jean, el cual de nuevo se encontraba absorto mirando a Mikasa, y lo demás en el mundo parecía valerle poco. De verdad estaba feliz por sus amigos, y sobre todo, que ambos pudieran tener al fin una familia propia.
— ¿Saben que al sargento le dan más comida de lo usual porque esta embarazado? – comentó ilusionada Sasha.
Jean solo la miro incrédulo, esa mujer de verdad estaba loca. — No pensaras en…
— ¡Muy bien Conni! – Hablo decidida - ¡Esta noche definitivamente lo haremos!
El pobre chico estuvo a punto de morir ahogado con el pedazo de pan que en ese momento se encontraba comiendo. Bien se lo decían sus amigos, no te acerques a Sasha, pero no, ahí va él – pobre infeliz – a tener una relación con semejante mujer.
— De verdad que siento lastima por ti amigo – comentó sonriente Jean.
— Oh… gracias… supongo.
Eren se encontraba junto a la puerta del baño esperando que Levi saliera, cosa que le molestaba porque él quería estar ahí a su lado, pero no podía hacerlo enojar y aguantándose su preocupación, permaneció justo en ese lugar.
— ¿Quieres que te traiga algo? – preguntó con preocupación y es que ya llevaba un buen rato ahí dentro.
— No – contestó con su voz algo rasposa por los constantes vómitos – solo… tráeme un poco de agua Eren.
— Levi, por favor sal. No me gusta que te quedes ahí dentro solo, si algo pasa…
— ¡Deja de joder Eren! Por enésima vez, ¡No soy un puto lisiado! Puedo encargarme perfectamente de esto. Ve por la jodida agua, ¡ahora!
— De acuerdo – suspiró cansado, pero antes de partir, llamo a uno de los soldados que se encontraban pasando por el lugar. – Vigila al sargento por mí – su voz sonaba dura y fría, cosa que asustó al otro.
— ¡Si, señor!
Se sentía como si estuviera hecho mierda y apenas iba por el tercer mes. No quería ni imaginar cómo serían los otros seis, ni pensar en el momento del nacimiento… ¡Definitivamente iba a castrar a ese niñato! La ventaja de todo esto era que todos cumplirían hasta con el mas mínimo capricho que pasara por su mente, en especial Eren, aunque este siempre lo había hecho.
Se miró por última vez en el espejo después de lavarse nuevamente la cara y las manos; se veía aún más ojeroso y cansado que de costumbre. Soltó un suspiro al aire, de verdad que necesitaba salir, pero a como estaba Eren de sobreprotector, posiblemente pusiera una barricada con todos los soldados alrededor para evitar que pusiera un solo pie fuera del castillo.
— Estúpido mocoso – refunfuñó. De verdad que Eren se estaba tomando su papel de esposo devoto demasiado bien. – Deberíamos mandarlo a dormir con los caballos, ¿no crees? – sí, podía ponerse algo cursi y hablar con su hijo, pero solo en la privacidad que le daba aquel baño. Ni muerto lo haría delante de alguien o de Eren. – Cierto… quien iría por nuestra comida a media noche. – sonrió con malicia.
Salió del cuarto de baño para toparse con uno de los soldados del regimiento, chasqueo la lengua ante ello, de seguro Eren se lo había ordenado.
— ¡S…señor!
— Dile a ese idiota que estaré en mi habitación y que no me moleste.
— ¡Si, sargento!
Y sin decir más, se dirigió directo a ella, pero en el camino se topó con Erwin, nada raro a no ser que este traiga esa cara cansada como si llevara la carga del mundo en sus hombros.
— Rivaille. – Le llamó el hombre. – Necesitamos hablar.
Eren se dirigía con una sonrisa —como siempre— hacia donde se encontraba su Levi, pero solo vio al mismo soldado demasiado nervioso parado junto a la puerta ya abierta.
— ¿Dónde está?- preguntó con dureza.
— El sargento… me ordeno decirle que iría a descansar a su habitación.
— Bien… – pero antes de partir, el soldado le detuvo.
— Se…señor sé que no es de mi incumbencia pero… el sargento no está en su habitación. – expresó con miedo.
— ¿Y entonces? – cuestionó de nuevo Eren.
— Se encontró con el capitán antes y… bueno, creo que deben de estar en su despacho.
— Ok. Gracias, ya puedes retirarte.
—Sí Señor.
No se podía catalogar como celoso, aunque si algo había que molestara era que Levi pasara tiempo a solas con Erwin. No es que no estuviera seguro de su relación con el Cabo pero… realmente le hastiaba la confianza que le tenía al capitán. Suspiró frutado por sus pensamientos. De verdad necesitaba dejar de ponerse celoso por cada persona que se acerque a su amante.
— Lo siento Rivaille. – el rubio se veía de verdad al punto del derrumbe. Levi no pudo evitar mirar a un punto imaginario en la pared.
— No es tu culpa. Debí suponer que algo así pasaría. Gracias por tu preocupación. – Contestó al momento de levantarse de su asiento y antes de salir, le dijo – Erwin, como tu amigo, esperó que esto no llegue a oídos de Eren.
— ¿Y cómo pretendes que…? – con su sola mirada le cayó.
— Habrá una misión de exploración y yo por obvias razones no podré ir. – Miró por la ventana de aquel lugar y explicó – Lleva a Eren y a sus amigos. Sé que por él son capaces de cualquier cosa, incluso detenerme.
— ¿Estas consiente de lo que pasara? – le miró fijamente el rubio.
— Si – expresó enseguida – por eso lo haré. – sin decir una sola palabra más y tratando de contener cualquier rastro de emoción, salió de aquel lugar con el corazón en la mano.
Iba sumergido en sus asuntos y no fue hasta que vio la cara seria de Eren frente a él, fue que pudo despertar de su letargo. No dijo nada, el mejor que nadie sabía de los celos de Eren respecto a Erwin y por más que este le dijera que dejara de comportarse como imbécil este no entendía razones, pero eso no significaba que realmente le molestara esa faceta de su amante.
— ¡Levi! – corrió enseguida hacia él para envolverlo en un abrazo.
Chasqueo la lengua como de costumbre. — Eren, ¿de nuevo andas espiándome?
— ¿¡Que!? – Contestó apenado en chico – ¡Solo quería ver si estabas bien! – Levi le jalo uno de sus cachetes con fuerza – ¡Auch! Du…duele sargento…
— Entonces no mientas. Tú y tus estúpidos celos. – giró rumbo a su habitación.
— Lo siento – lo seguía arrepentido Eren – es solo que… no me gusta que dependas de alguien más que no sea de mí. Después de todo… –sonrojado – eres mi pareja.
Levi no detuvo sus pasos hasta llegar a la habitación, cosa que hacía pensar al menor que realmente estaba molesto.
— Entra – ordenó y el otro obedeció sin chistar.
— Yo… –pero no le dejo contestar porque Levi le estaba besando con dulzura y eso sí que le sorprendió. – ¿Sargento? – Pronunció en cuanto este se alejó. No sabía qué hacer, su Levi se estaba recargando contra su pecho, como si tratara de hundirse en él.
— Hazme el amor Eren… –susurró.
¡Mi primer intento de Lemon en el próximo capitulo!
Byee¡
