Hola de nuevo. ¡Mil disculpas! Por no haber actualizado, la verdad es que yo nunca escribo historias o capítulos con anticipación; las escribo cuando tengo inspiración y desde que publique el primer capítulo no había tenido ni la inspiración ni el tiempo para continuarlo. Gracias a los que dejaron sus comentarios, la verdad es que leerlos fue lo que me dio la motivación para de una vez escribirlo.
Acá les dejo el segundo capítulo, para entenderlo mejor les recomiendo re-leer el primer capítulo y de paso mi otra historia de "Young and Beautiful" porque este capítulo menciona un par de cosas de esa historia.
También como dato extra, me he inspirado escuchando la canción de "Dark Paradise" de Lana Del Rey. De alguna manera me hace creer que es el tipo de música que Caroline escuchaba cuando viajaba junto a Stefan con la esperanza de olvidar todo lo que paso con Niklaus.
Besos a todos y de antemano, gracias por leer.
–Lo siento, Caroline– Confiesa Stefan al dejar de contemplar el océano y mirarme a mí –Siento haberte dado esa inyección de verbena y siento haberlo llamado…–Hace una larga pausa y sus ojos miran hacia la arena. Puedo notar el arrepentimiento en su voz y algo dentro de mí, me indica cuan sincero es.
–Está bien, Stefan– Sonrió y busco su mirada al llevar mi mano derecha hacia su espalda y acariciarla en modo amistoso.
–Sé que no querías tener nada que ver con él y lo he estropeado ¿No? Años huyendo y a mí solo me tomo 5 minutos decidir llevarte a su puerta– Vuelve a mirarme y por el brillo en sus ojos deduzco que está conteniendo las lágrimas, no imagino cual debe ser mi expresión pues lo que dice a continuación me deja helada –Por mi culpa ahora jamás podrás tener una vida–.
El silencio invade nuestra reunión y no puedo evitar mirarlo una y otra vez, tratando de formular una respuesta que nunca llega. Pues él tiene razón, jamás podré volver a empezar, Klaus no me dejara. Mucho menos ahora que sabe que he sido atacada debido a sus acciones.
–Esto no es lo que quería– Exclama Klaus en voz alta y claramente enojado. Me quedo estática y por inercia miro a mi alrededor, él no está. No hay rastro de él y repentinamente tampoco de Stefan. Siento el miedo y la ansiedad nacer en la boca de mi estómago pero tan pronto estoy de pie, un hombre toma mi cuello y lo último que alcanzo a ver antes de que me lo rompa, es un brillo asesino del que estoy más que familiarizada: Klaus.
– ¡No! – Exclamo tan fuerte al incorporarme de la cama que mi grito hace eco en las paredes. Era un sueño, solo un sueño. Pero tan pronto he despertado comienzo a desear no haberlo hecho.
– ¿Sabes, Caroline?– Musita Klaus sentado en el baúl frente a la cama –Me decepciona un poco que pese a todo el tiempo que pasamos juntos, aun sea tan fácil invadir tu mente. Espero no te enfades por haber interrumpido esa cita tan personal que mantenías con Stefan– Rápidamente mi diestra toma una de las almohadas y la lanzo directo a su cara pero obviamente el la evade, estando recargado en el marco de la puerta en cuestión de micras de segundo –Sinceramente no me agrada que hayas pasado los últimos años con Stefan y mucho menos me agrada que sueñes con el cuándo he sido yo quien te salvo–.
– ¿Algún día dejaras de echármelo en cara? – Pregunto con un tono irritado. Despertar siendo víctima de sus juegos mentales no es la mejor forma de hacerlo.
–Sí, el mismo día que dejes de intentar escapar– Agrega y desaparece dejándome sola en esa habitación. Han pasado alrededor de dos semanas desde que Stefan me llevo ante el para que me salvara. Él no ha venido a verme y no ha intentado contactarme, admito que los primeros días he estado molesta por eso pero después he comprendido que quizás Klaus lo ha obligado a marcharse; me aferro a eso y no a que lo ha hecho olvidarme.
Hago un esfuerzo por mantenerme en la cama pero pasados diez minutos sé que he perdido esa batalla, incluso hago un esfuerzo por no asesinar a Bruno, uno de los vampiros falderos de Klaus que me topo de frente al bajar por los escalones, técnicamente ellos son los que habitaban esa mansión hasta el día que llegue yo. Ahora tan solo los veía durante el día y por la noche simplemente desaparecían. Bruno me sonríe y continua su camino, hace tiempo que he deducido que Klaus les tiene prohíbo acercarse a mi o siquiera hablarme, en lo que a mi concierne esa sonrisa de buenos días le hubiera costado su cuello roto o considerando el humor con el que deje a Klaus, su corazón.
Recorro el pasillo que lleva hasta la cocina con suma cautela, la verdad es que no me apetece encontrarme a Klaus, mucho menos después de la disputa que hemos tenido. ¿Quién diría que después de tantos años escondiéndome de el ahora no pueda ni salir de su casa?
Aun recordaba haber despertado en el suelo de su estudio horas después de que me diera su sangre, intente salir de ahí a toda prisa pero solo me lleve un duro golpe contra una pared invisible entre la puerta y "mi libertad". Parecía ser que en cuestión de horas el hibrido había mandado por una bruja para que me lanzara un hechizo, era algo muy simple: Yo no podía salir de esa casa. No importara cuanto empujara mi cuerpo por la puerta o cuanta velocidad usara al impulsarme por la ventana, en todas y cada una de las ocasiones que había intentado salir, mi cuerpo había sido expulsado varios metros hacia atrás. Al cuarto día deje de intentar escapar y me dedique a rondar por la casa, en ocasiones bajo la mirada cautelosa de Klaus o como en días como hoy, siendo víctima de sus reclamos y sus celos. Pero en ningún momento nos habíamos sentado amigablemente a hablar sobre lo que fue de nosotros y lo que éramos ahora; yo no me atrevía a preguntarle porque me mantenía en calidad de presa y de hacerlo estaba segura que me diría algo referente a mi protección, siempre fue así. Primero aceptar verdades superficiales antes de aceptar aquella que lo motivaba, de alguna manera sentía pánico de cuestionarle y en sus ojos no ver ese típico rastro de duda cuando me ocultaba una verdad mayor, temía que después de tantos años huyendo de él y el de mí al fin haya logrado pasar de página y dejar nuestra historia atrás. De algo estaba segura, yo no lo había hecho pero de ser necesario lo negaría.
No me percato en que momento he llegado a la cocina pero sin demorar mucho preparo un cereal con una taza de leche, tengo a mi disposición toda la sangre que quiera pero hoy me apetece sentirme más humana que monstruo inmortal. Escucho suaves pasos acercándose y ni siquiera me es necesario olfatear el lugar, sé que es Klaus. Solo él se acercaría de esa manera luego de haber jugado toda una mañana con mi mente, dejo el tazón sobre la barra que divide la cocina del comedor y me concentro exclusivamente en guiar la cuchara del cereal a mi boca y viceversa. No estoy de humor para el…Aunque creo que nunca lo he estado. Lo veo posarse junto a mí por el rabillo del ojo y me permito mirar sus manos, incluido el anillo de día en su mano izquierda, el que alguna vez me protegió y me perteneció; el recuerdo me hace temblar.
–Disculpa mi actitud esta mañana…–Comienza a decir en un suave susurro invadido de ese acento suyo tan humano pero a la vez tan…Obscuro.
–No quiero hablar de eso– Sentencio aun sin mirarlo y debido al suspiro que sale de mi opresor sé que ha dado esa conversación por terminada.
– ¿Quieres salir? – Pregunta después de unos minutos donde él no se había movido y yo no había hecho otra cosa más que ingerir mi desayuno
– ¿Me dejaras irme? – Respondo casi en automático levantando mis ojos hacia él y percatándome cuan cerca estábamos el uno del otro.
–No…–Inquiere con rapidez y aun siendo esclava de su mirada, desliza su mano por sobre la mía, entrelazando sus dedos con los míos en una perfecta sincronía. No puedo evitar mirar aquella acción y preguntas que tantas veces he tenido llegan a mí. ¿Cómo eso puede estar mal? ¿Cómo alguien no querría esto? ¿Cómo alguien no lo amaría a el?... ¿Cómo lo nuestro pudo haber terminado?
Un carraspeo de su garganta me devuelve a la realidad y noto un picor en mis ojos, señal de que en cualquier momento comenzare a llorar.
–Caroline– Comienza a decir pero ya he soltado su mano y apresurado mis pasos hacia los escalones, lo escucho gritar mi nombre como si eso fuera a detenerme seguido de un par de maldiciones, inclusive la frase "Tenemos que hablar" cruza el pasillo pero nada me detiene. No sé exactamente a donde me dirijo y sé que él no me sigue; algo bueno, sabe cuándo darme mi espacio, sin importar que ese "espacio" sea encerrarme en su estudio y mantener una posición donde mis manos abrazan mis piernas y mi espalda se hunde lo más que puede sobre la silla de cuero frente a su escritorio. Pero después de un par de horas donde mi cabeza ha dado vueltas y vueltas al asunto, sé que jamás tendré una respuesta clara, también sé que es tonto no querer hablar con el sobre todo porque desde que llegue aquí he querido hacerlo. Pero estoy asustada de la verdad, estoy terriblemente asustada de que lo que tenga por decir no me guste, estor aterrada de que él ya me haya convertido en un recuerdo y mi única función ahora es ser una buena esclava la cual encima está protegiendo para que de alguna forma yo no pague con mi vida los delitos que él ha cometido; y toda esa nube de pensamientos me hacen saber una cosa, algo que he ocultado desde que el había tomado la decisión de dejarme, algo que he callado desde esa mañana que desperté sola en la isla donde estábamos vacacionando, algo que Stefan sabe pero jamás se atrevió a preguntar, algo de lo que he estado huyendo con mucha más fiereza que de los recuerdos que pase con Klaus. La única verdad que posiblemente importa y esa es que yo lo amo. Le amo tanto y con una lealtad exagerada que me siento abrumada de pensar en ese sentimiento de nuevo. Lo amo a tal grado que no me importa en lo absoluto si me ha de mantener oculta de por vida, por lo menos tengo la seguridad de que estaré junto a él. Lo amo de una manera que me obligo a pensar que el siente lo mismo. Algo contrario a eso tiene el poder para destruirme.
Lagrimas salen de mis ojos sin control alguno y ni siquiera sé cómo he reprimido todos mis sollozos aunque de antemano es obvio que él ya me ha escuchado. Intento calmarme y comienzo a echar un vistazo a mí alrededor; hay un montón de cosas en ese lugar, todas cuidadosamente apiladas y perfectamente ordenadas. Pero solo una llama mi atención, algo muy pequeño y que sinceramente no creí que encontrar nunca más.
Sobre su escritorio, dentro de un bol cristalino que contiene lo que parecen ser llaves, se encuentra el primer regalo que le hice Klaus, se trata de un pequeño dije en forma de corazón, tan pequeño que el solía guardarlo en el bolsillo oculto de sus sacos o en su defecto lo enganchaba a uno de los collares que desde que lo conozco lleva alrededor de su cuello. Lo escucho proclamar mi nombre una vez más y es todo lo que mi cuerpo puede resistir.
