Hola! Bueno aquí traigo el primer capitulo de este fic que inicie hace… ¿Tres días? para empezar diré que en este capi no aparecen todos los oc, porque en primera no tendría mucha coherencia. Salen los cuatro oc que más me gustaron de todo, ya en el siguiente saldrán algunos más. Otra cosa es que las fichas, por favor llénenla con coherencia, se que suena duro pero para este fic necesito una buena historia porque de eso depende el giro de los hechos. Aun acepto oc con gusto pero lo único que pido es coherencia, con respecto a las parejas todo depende de la historia. Solo daré unas aclaraciones:

-Los ángeles (jugadores de IE), serán llamados con nombres de ángeles: Uriel, Sariel… mientras que en la tierra recibieran su nombre europeo: Xavier, Shawn, etc.

-Algunos de los demonios (jugadores de IE) tienen nombres de los verdaderos como por ejemplo Astarot, pero en la tierra se ponen otros como Axel.

-La historia sucede alrededor de 1997 y 1998, por lo que hay algunas cosas que se mencionan de esa época.

-La historia contendrá algo de lemmon…no me pregunte respecto a esto.

-Algunas armas u ataques recibirán el nombre de las técnicas de los jugadores.

Agradezco a todos los que me enviaron su ficha y dejaron un review, los oc de Evangelyne, Elizabeth, Yasmin y Meil no me pertenecen, al igual que no me pertenecen los personajes de IE.

Y sin decir más les dejo con el capitulo:


1

El inicio de la guerra

Estiro su cuerpo como un gato al despertar, tenia cansancio y dolor en los músculos por el excesivo entrenamiento que había realizado el día anterior. El estrés estaba presente pero trataba de no de mostrarlo frente a sus hermanas, mucho menos frente a Skyler. No quería que la pequeña se llenara de pánico cuando recién estaba recuperándose del trauma que sufrió por culpa de los asquerosos humanos. Sintió la bilis subir a su garganta al recordar lo que esa niña había sufrido hace dos años, aunque el tiempo pasara las heridas seguirían abiertas, siempre atormentándola y susurrándole su desafortunada vida pasada. Las ganas de matar a todos esos infelices estaban llenándola de locura, deseaba poder ver la sangre correr entre sus manos, haciéndolos pagar por fin todo el daño que habían causado. Venganza. Quería hacerlo pagar. Quería que todos ellos murieran de la forma más dolorosa, que suplicaran la misericordia que jamás otorgaría. Apretando los puños se levanto metiéndose en el baño y desnudándose para darse un frio baño, la única manera para que su cabeza estuviera cuerda al final.

Los sangrientos pensamientos aún estaban atormentando su mente cuando estuvo en el interior de la ducha y el agua la azoto como un frio látigo. Relamió sus labios cuando los músculos agarrotados cedieron relajándose, no estaba en sus mejores días después del alerta que sus glifos le mandaron hace uno días. Casi ni había podido conciliar el sueño por estar atenta a cualquier ataque que quisieran realizar los ángeles. Sabia que estaban cerca, podía sentirlos alistando sus espadas para mutilarla sin compasión, como lo habían hecho hace años con sus padres. Ante aquel oscuro recuerdo lanzo un golpe contra la pared. No deseaba revivirlos. No quería volver a ver la sangre caer de los cuerpos mutilados y sin vida, con aquellas expresiones de horror y pánico. Un escalofrió le recorrió la espalda antes de que apoyara la cabeza en el mármol.

¿Por qué? Siempre se había preguntado aquellas simples palabras. ¿Por qué había sido tan ingenua para confiar en aquellos seres hermosos? Era su culpa. Ella estúpidamente les había dejado el paso libre para que aniquilaran a su familia, era la carga que estaba sobre su espalda siempre. Cada vez que veía el rostro de Cristel sentía el dolor, los pensamientos de haberla traicionado le dolían. Algunas veces no entendía porque su inocencia había sido tan estúpida. Su mente estaba agotada y necesitaba dormir, pero no podía ahora. No cuando todo estaba sucediendo tan rápido. Cerró el agua y tomando una toalla comenzó a secarse antes de que saliera lista para cambiarse.

"En verdad fui una idiota" Pensó dolida mientras recordaba la última vez que vio a sus padres con vida "Tal vez yo debí haber muerto en lugar de ellos"

Suspirando salió del baño y tomo su ropa del armario. Debía de hacer ese día un chequeo por el área para ver si había cerca algún enemigo, y temía más por sus pequeñas. Aunque Cristel ya fuera una mujer, tenía un instinto de sobreprotección en su alma. Su hermana era joven aún en mente, buena a diferencia de los ángeles por lo que era demasiado especial. Frágil. Dulce. Tierna. Un punto fácil al que podrían eliminar si tuvieran la oportunidad. Por lo tanto ella tenía la misión de protegerla, de velar por su seguridad como por la de Skyler. Esa era su misión mientras su hermano mayor estaba lejos por unos días más, investigando todo acerca de su pasado como por los poderes de Angeline. Ya había cumplido 108 años, y su cuerpo experimentaba extraños cambios que todavía no acababa de comprender, y aunque lo quisiera negar eso le asustaba un poco. No quería dañar a nadie, quería proteger y de paso matar a todos los que se metieran en su camino.

-Ojala todo fuera más sencillo – susurro mientras amarraba su cabello con una liga roja – si fuera así no tendría porque preocuparme tanto

Su estomago rugió, indicándole lo descuidado que estaba por culpa de sus excesivos entrenamientos. Renegando acerca de su poca resistencia salió dando un portazo para buscar algo con que alimentarse y aminorar la molestia, aunque no lo necesitara. Al ser lo que era ni ella ni sus hermanos necesitaban de alimentos humanos, salvo Skyler que era una humana y debía de alimentarse. Pero con el paso del tiempo, y con la adaptación al mundo humano comenzaron a obtener y copiar algunas acciones humanas. Como la alimentación. Quería comer algunas patatas fritas o una tajada de la pizza de la noche anterior, con tal de saciar su hambre comería lo que sea.

Dulzura. Se detuvo abruptamente cuando llego a sus oídos. Un bonito tarareo rodeo su mente haciéndola sonreír sin poder evitarlo. Una dulce voz, angelical de alguna forma. Mágica. Era Cristel. A esa niña le gustaba tararear letras de las canciones que Angeline componía, siempre maravillándola y fundiéndole su oscuro corazón. En verdad amaba a esa niña y sin ella jamás se hubiera mantenido tan cuerda durante todos estas décadas. Era una asesina. Angeline había saboreado a temprana edad el gusto por matar. La sensación de enterrar sus armas y despedazar para sobrevivir, lo disfrutaba. Aunque fuera de lo peor disfrutaba matando a los seres malignos, se había vuelto una obsesión que pronto podría traer consecuencias, y eso era lo que Lucian tenia que detener.

-¿Estas bien hermana? – la melodía de la voz le hizo regresar a la realidad

Volteo la mirada encontrándose con una adolescente. Su cabellera era de un color negro azabache, largo y totalmente lacio que le llegaba hasta la mitad de la espalda con un flequillo recto. La piel pálida como la nieve, un tanto distinta a la suya, con aquella belleza que hipnotizaba a todo el que le veía, aun más sus orbes. Sus enormes ojos eran de un precioso color oro, algo gatunos y brillantes mostrando los puros sentimientos de la joven, pero también había algo más. Oscuridad y dolor. Tuvo ganas de atraerla a sus brazos y llorar por ella, derramar las lágrimas que la ojidorada había botado. Ella era Skyler. La hermosa niña que había adoptado hace dos años junto a sus hermanos. La pequeña que había sufrido tanto y que ellos habían recuperado del sufrimiento.

La niña era una dulzura. Buena, amable y divertida, que no desaprovechaba alguna oportunidad para hacer una broma. Pero en el fondo ella aún no olvidaba su pasado, aquel que le había marcado con tanto dolor que la hacia vulnerable. Siempre cuidaba de la pequeña Skyler, protegiéndola y alejándola de todo hombre que se le acercara, procurando que no sufriera un ataque de ansiedad al recordar cosas amargas.

La pequeña frunció el ceño.

-No me haz contestado – se quejo – ¿Pasa algo?

-No – mintió ella, no quería decirle que había recordado parte de su pasado – solo pensaba en la nueva composición que estoy haciendo

Una bella sonrisa se dibujo en los labios de la joven antes de que un brillo opacara la oscuridad de su mirada. Angeline no pudo evitar soltar una risilla ante eso. Sky adoraba sentarse a un lado escuchando cada nueva melodía que era creada por la mayor, además de ver como Cris bailaba durante horas mostrando lo grácil y hermosa que era.

-¿Puedo ir hoy? – Pregunto Sky sonriente, la emoción de escuchar aquella nueva melodía le daba una alegría que no sabría como describir – prometo no hacer ruido mientras tocas por favor

Angeline suspiro antes de que se lo pensara y sonriera. Sus canciones eran bastante reconocidas entre muchos compositores y pianistas famosos que solían pedirle que les escribiera una o realizara un dueto junto a ellos, todos siempre decían que era una prodigio aunque no sabían que tenia más años de lo que aparentaba. ¿Prodigio? La verdad es que cuando compuso su primera canción hace unos años fue cuando estaba inundada de un sentimiento de amor hacia sus padres fallecidos, obteniendo su más grande éxito. Luego surgieron más y más, hasta que el éxito llego a ella. Ahora solo tenía un problema, y era que no tenía mucha inspiración para su última canción, en la cual estaba trabada.

-Me falta poco para acabar la pieza, pero creo que me gustaría más que la escucharas completa y no a la mitad – la triste mirada de la ojidorada les hizo sentirse mal – mañana te llevare Skyler pero hoy quiero que termines tu tarea, recuerda que tienes escuela el Lunes y aún no la acabas – sabia que en parte estaba mintiendo pero no quería decepcionar a la pequeña aún más cuando estaba a la mitad de algo importante, sonrió un poquito animando a la más pequeña – te lo prometo, mañana te llevare

-¿Lo prometes?

Sonrió ante eso.

Skyler gustaba de hacerla dudar muchas veces, y con el tiempo había aprendido a adorar ese rasgo característico de la joven. No era sencillo ser como una madre para la niña, no había un manual para indicarle paso a paso lo que debía de hacer, y no ayudaba mucho que hubiera perdido a su madre a la tierna edad de siete años. Pero para sobrevivir debió cuidarse de si misma, aunque tuviera a su hermano mayor tuvo que aprender a vivir, a defenderse, a saber diferenciar las mentiras de las verdades. Y criar de Cristel con Lucian. Como si ambos fueran sus padres.

No sabia como criar a una adolescente humana, pero haría su mayor esfuerzo para cuidar de Sky y así lo habían estado haciendo por dos años y en todo ese tiempo las cosas habían ido muy bien.

"A pesar de las pesadillas que aún tiene" Pensó viendo a Skyler preocupada, deseaba mucho poder ayudarla pero no podía. Solo la misma chica podría curar sus propias heridas "Espero que lo logre"

-Sabes que si es una promesa Sky, ahora ve a desayunar que seguro Cris ya hizo algo – se quejo cuando su estomago rugió – diablos

La risilla de la ojidorada le inundo divirtiéndola y avergonzándola a la vez.

-Ya termine de desayunar, así que me voy a hacer mi tarea – su sonrisa se ensancho – solo me falta química y lenguaje, y sabes que soy muy buena en eso

Acto seguido la niña se dio media vuelta y corrió hacia su habitación dejándola sola en el pasillo. Esa muchacha era todo un caso.

Dándose cuenta que el tarareo de su hermana había terminado decidió que seria mejor ingresar de una buena vez a la cocina encontrándose con una Cristel sentada mientras comía unos huevos revueltos con zumo de naranja, algunas tostadas estaban a un lado y panqueques en otro plato, un gran desayuno que volvería loco a cualquiera. La boca se le hizo agua mientras su estomago rugió fuertemente indicándole el hambre que sentía en aquellos momentos, aunque la magia se rompió cuando escucho la carcajada que lanzo su acompañante.

Fulmino con la mirada a la hermosa joven que estaba sentada comiendo los huevos. Su larga melena era de un color rubio miel, totalmente lacea llegándole hasta la cintura, tenía un bonito flequillo recto que cubría algo sus ojos extraños. Plata mercurioso. Los mismos que Angeline poseía, enormes y brillantes llenos de pureza y dulzura, sin alguna pizca de maldad u odio. Su piel era delicada como la porcelana, haciéndola parecer una muñeca frágil que podría romperse con tan solo lanzar un soplido del viento. Era hermosa. La única palabra que podría describirla. Sus delicadas facciones parecían talladas por un dios, sin alguna imperfección que remarcara una humanidad que no existía. Cristel era como ella. Diferente a todos. Incluso a ella.

-¿Te da gracia? Yo detesto tener que sentir hambre – se quejo – No entiendo aún porque debemos de sentir hambre, no somos humanos somos otra cosa

-Supéralo An, es solo comer y eso no ha matado a nadie además los huevos me quedaron deliciosos al igual que los panqueques – se halago la de cabellos rubios con diversión, Cristel era un excelente cocinera y eso nadie se lo negaría nunca – me llevare a Skyler hoy para la visita con el doctor

La sorpresa se dibujo en su rostro.

-¿Visita al doctor? Yo no sabía nada – gruño – ¿Por qué diablos no me lo dijiste? – se suponía que debían de informarle todo acerca de Skyler, y ahora le salían con algo que no sabia. ¿Qué se suponía que pensaba Cristel?

La mirada de su hermana le expreso enojo. Pocas veces veía a la menor con aquellos ojos enojados, pero cuando alguien la hacia sentir incomoda u ofendida la pelimiel podía sacar sus garras y atacar como un animal salvaje. En especial si era para protegerse entre ellos. Eran hermanos, y por mucho tiempo se habían cuidado las espaldas esperando que un día alguien intentara matarlos o separarlos. Y solo una vez Cristel había luchado contra un demonio. Todo porque aquel bastardo habían intentado eliminar a un niño que quedo atrapado en la persecución. No habiendo de otra, su hermana tuvo que matar. Luego de aquella experiencia la joven se había odiado, ya que había experimentado lo que Lucian y ella sentían. Ansias de más muerte.

-Te lo dije – comento con calma Cristel – así que no me vengas con tonterías, te avise ayer cuando entrenabas pero no me oíste

Claro que no. No le escucho porque estaba más concentrada en su entrenamiento que en las palabras de su hermana. Había callado el tema de las presencias que sintió hace poco ya que no quería preocupar a Cris ni tampoco a Sky, en especial porque esta última aún trataba de comprender todo acerca de las otras dos castas. Era un tema complicado y bastante delicado, contando la guerra que estaba segura se aproximaría. Se había mantenido por años al margen, por lo que cuando sentía que una batalla se aproximaba, sus hermanos y ella se alejaban para buscar protección mientras ellos los perseguían. Ella era el objetivo. Sus hermanos no lo eran tanto porque eran diferentes a An, más de los que podrían entender. Por lo que Angeline pensaba que su naturaleza era única. Un defecto de sus genes. Haciéndola peligrosa para cualquiera si perdía el control, así que no tenia otra alternativa más que seguir con aquella vida. Seguir escondiéndose hasta que llegara el momento donde la localizarían y exterminarían por mano de los ángeles, o seria absorbida por los demonios que deseaban solo más poder.

Salvo que ellos cometían siempre un error. Eso es lo que había aprendido a lo largo de su vida. La arrogancia de ambas especies junto a su excesiva confianza los llevaba a no reconocer la fuerza de sus enemigos, por lo cual siempre terminaban en empate. Pero Angeline tenía otra teoría al igual que Lucian. Tal vez los continuos empates se debían a que el bien y el mal jamás podrían desaparecer. Debía de existir un equilibrio entre todos, donde siempre hubiera personas buenas y malas. En el caso de los humanos ellos eran eso. Bien y mal. Luz y oscuridad. Dos caminos que solo ellos podían seguir, teniendo emociones puras pero confundiéndolas con el mal, o poseyendo emociones malas y cometiendo el bien sin querer. Eran un equilibrio que debían respetar. Mientras que los ángeles y demonios eran diferentes, o al menos ellos pensaban eso. Los ángeles lo bueno y los demonios lo malo, ¿Pero era esto en verdad cierto? Había conocido en esta existencia ángeles oscuros y demonios bondadosos. ¿Por qué entonces los humanos se negaban a ver la verdad? Porque ellos confiaban en su religión y jamás la cambiarían. Que estúpidos eran. Aquel dicho se adecuaba a esta situación, "No hay peor ciego que el que no quiere ver" Y eso eran los seres sin poder.

"Estúpidos sin razón" Pensó enojada.

-¿La llevaras donde siempre? – pregunto al fin luego de un largo silencio que ninguna quiso romper. Skyler tenia una doctora fija que le atendía desde hace dos años, y la niña estaba ya acostumbrada a ella.

Una sonrisa ilumino el hermoso rostro de Cristel, haciéndola ver como una jovenzuela de unos dieciocho años cuando aparentaba más y tenia décadas de vida.

-Si, la llevare con Beth – dijo – sabes que ella adora a Sky y cuando la adoptamos nos rogo que por favor la trajéramos cada vez que tuviera problemas o para sus revisiones

Elizabeth Nowak, más conocida como Beth. Era la doctora que había atendido a Skyler hace dos años cuando llego al hospital grave. La mujer se había horrorizado ante el estado de la niña y la había atendido urgentemente mientras regañaba y juraba que metería presos a los tres hermanos Swan si la niña moría. Cuando logro salvarla y estabilizarla Lucian explico a la doctora que ellos no eran familia, sino que habían encontrado a la niña tirada en pleno callejón y por instinto habían decidido traerla al hospital. Alarmada y asustada por lo que había sucedido Elizabeth les dio todo su apoyo cuando decidieron adoptar a Skyler, y de alguna forma la niña le agarro un fuerte cariño a la mujer. Al igual que Angeline. En estos dos años la doctora Nowak se había vuelto alguien importante en su vida, ya que al igual que sus hermanos y ella había perdido a sus padres por unos asesinos, tal vez por eso An le guardaba respeto, por su fortaleza y las ansias de venganza que en el fondo de su alma existía.

Le entendía a la perfección, porque ella se sentía igual.

-Elizabeth es una buena mujer y le debemos aún por lo de Skyler – susurro Angeline seria – esta bajo nuestra protección

-Siempre – corroboro la pelimiel – bueno yo ya termine de comer –recogiendo sus platos se levanto mientras la pelinegra se sentaba lista para comer – me iré a arreglar y me llevare a Sky en una hora de compras para luego ir con Beth

Algo normal entre su hermana. Adoraba comprar cosas en especial cuando se trataba de vestir a la más joven de todos, tratando algunas veces a Skyler como una pequeña muñeca a la cual debía de vestir y peinar. Si en verdad quería algo así debería de tener una hija propia, eso haría feliz a todos.

-Si quieres una muñeca deberías tener hijas – dijo divertida imaginándose a una niña pequeña con el cabello color miel y brillantes ojos color plata – así dejarías en paz a la pobre Skyler quien parece tu muñeca

Cristel le miro ofendida antes de que levantara la cabeza mientras dejaba los platos sucios remojando en el agua. Su hermana no era muy buena aceptando bromas, pero a la hora de hacerlas ella misma era toda una maestra en aquel arte, incluso mejor que los comediantes.

-Prefiero que tú o Lucian me traigan una sobrina para molestar – iba a quejarse respecto a eso pero prefirió callar – y a Skyler le gusta que la vista, sabes que tengo un buen sentido de la moda – sin decir nada más salió de la cocina quejándose – no aprecian mis gustos

Angeline suspiro mientras comenzaba a comer unos panqueques, dando una ojeada por donde se había ido Cristel. No le había gustado para nada la mención de que ella tuviera descendencia y a decir verdad no se plateaba aquella opción, nunca se lo había planteado para ser más exactos. ¿Ella como madre? Aún no acababa de comprender a la adolescente con la que vivía y mucho menos comprendería a un niño recién nacido, además la ojiplata no estaba interesada en los hombres. No es que fuera virgen o algo por el estilo, porque sinceramente ella no lo era. Tres décadas atrás había conocido a un apuesto mancebo que era perseguido por todas las féminas de un pueblo. Interesada por la reproducción humana decidió que aquel joven seria perfecto para una primera y única vez. Luego de su encuentro nunca más lo volvió a ver, porque ella se lo advirtió, solo seria una vez y cada quien por su lado después. Y así había sido. Él había hecho su vida con una mujer de la cual se enamoro profundamente, mientras que ella seguía siendo una asesina.

No creía en el amor. ¿Para que creer en algo que luego moriría? Sus padres se habían amado ¿Y cuál había sido el resultado? La muerte de ambos a manos de tres miserables ángeles que la habían engañado a ella. Ahora solo tenía un deseo que ardía profundamente en su alma y ese era vengarse. Matar a cada uno de esos tres, hacerlos sufrir hasta que clamen su muerte de manera rápida, pero ella no aceptaría. Se vengaría y al final podría descansar en paz. No le importaría morir con tal de cumplir su meta aceptaría con los brazos abiertos la eterna oscuridad, pero antes debía de lograr su sueño. Matar. Eliminar a los ángeles. Raziel. Sariel. Uriel. Así los había llamado su madre, y esos tres nombres estaban grabados en su mente para recordar a los asesinos. Los que morirían en sus manos pronto. Y ella no tendría piedad.

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Muerte. Eso era lo que pensaba su mente cuando caminaba por la profundidad del infierno. Ella odiaba tener que salir de su encierro en aquella celda a la que llamaba habitación, pero la habían obligado por un llamado de Dark, la mano derecha de Lucifer, y aun no entendía la razón, a menos que fuera para que asesinara a alguien. Siempre era así, si la necesitaban era solo para eso, para matar a alguien. Yasmin detestaba tener que cumplir las órdenes de sus superiores, porque sinceramente a ella no le importaba lo que ellos querían, ni siquiera sentía respeto por ellos. El único sentimiento que estaba guardado en su alma era el de la repulsión. Asco. Muchas veces se preguntaba porque no se largaba de una buena vez del lugar, pero su respuesta era la más fácil de contestar. Porque ella era un monstruo. Un ser al que todos temían, incluso los mismos demonios temblaban cada vez que le observaban. Consideraban que algún día ella podía traicionarlos, o matarlos por propio placer para satisfacer la locura que poseía. Lo consideraba posible. Ella no sentía piedad por nadie, es más muchas veces se pregunto: ¿Qué es la piedad? ¿Qué es la misericordia? ¿Qué es el perdón? Tres preguntas que su mente formulaba cuando empuñaba su oz maldita. Pero jamás contestadas. Tal vez porque nadie había tenido una respuesta adecuada.

Siempre se lo preguntaba a sus victimas, quienes caían en sus manos para perecer de la forma más dolorosa empapando sus manos con la roja sangre, y siempre obtenía las mismas respuestas: "Mi señora no sé como explicárselo a un ser que no siente", luego de eso los mataba. ¿Era verdad? ¿Ella no sentía? Nunca había visto ese detalle desde aquel punto de vista. Era una guerrera. Destinada a matar a todo aquel que se metiera en el camino de su señor y sus aliados, pero con los siglos su vida se había vuelto… ¿Monótona? Si, era la palabra adecuada. Muerte y más muerte. Los susurros de terror que muchos decían a sus espaldas, alejándose de ella como si fuera una peste. No le importaba. Siempre había estado sola. Sin nadie. Así que daba igual más soledad por la eternidad. ¿Acaso importaba? Todos eran aliados que cuando fuera conveniente se atacarían por la espalda con tal de salir bien librados de los problemas.

Sus labios formaron una mueca de desagrado.

Había llegado a su destino. La puerta de los infiernos, o al menos la entrada donde estaba Dark supuestamente atendiendo los líos que "sus" súbditos ocasionaban. Era una víbora. Al igual que su némesis Light, él demonio era desagradable y manipulador, hasta Yasmin llego a pensar que si fuera necesario le daría la espalda a Lucifer. Como el insecto cobarde y sin honor que era. Nadie lo soportaba, por lo que siempre evitaban acercarse a este lugar o simplemente como Astarot se largaban a la tierra humana en busca de una vida diferente, lo que ocasionaba que perdieran muchos guerreros que valían la pena. Incluso ella había considerado irse. Pero aceptando la realidad ¿Qué haría cuando estuviera en la superficie? ¿Jugar con los humanos? Por favor ella no era como ellos. Era algo mucho mejor. Un demonio. Ante eso su asco fue más grande. Parecía que ella fuera la oveja negra de aquel rebaño del rey infernal, porque Yasmin detestaba ser un demonio, detestaba llevar esa sangre contaminada por los siglos que había vivido. Se avergonzaba de ser lo que era, pero eso no significaba que fuera mejor ser un ángel o un humano. Todos eran seres rastreros y malvados. Ninguno era su hogar. Ninguno era su especie. Y ella estaba perdida.

-¿Por qué me llamaste? – exigió saber en el momento que empujo las puertas ingresando a la habitación enojada, Dark solo le miro con una ceja arqueada molesto ante su actitud grosera. Eso le importaba mucho como si un humano muriera, mejor dicho una mierda. – Habla de una buena vez bastardo ¿Qué quieres?

El fuerte golpe que el demonio dio en la mesa le hizo reconsiderar ser un poco más suave pero descarto la idea de inmediato. No le tenía miedo. Ni ahora ni nunca y si la mataba se lo agradecería en verdad. Cualquiera podría decir que Yasmin estaba demente, e incluso ella lo había considerado, pero estaba cansada de estos juegos tontos así que prefería la muerte que seguir viviendo infeliz por el resto de su eternidad.

"Anda, enójate más" Sus pensamientos giraban en torno a solo un hecho, que Dark se levantara y la estampara contra el suelo antes de enterrar su espada en su corazón con la ira que llevaba dentro "Mátame bastardo"

Pudo ver como el hombre tomo aire antes de que lo expulsara e intentara relajarse para hablar.

-No me hables en ese tono – su voz se había agravado bajando una octava y sonando peligrosa – que seas una de mis mejores armas no significa que siempre te daré privilegios Yasmin

-Jamás te pedí privilegios – argumento enojada – por mi hubiera estado bien que me mataras hace años maldito demonio de cuarta

La mano del peligris temblaba queriendo tomar su espada para hacer realidad los ruegos de Yasmin, pero para mala suerte de esta él se contuvo. No la mataría y ella lo sabía muy bien. Dark podía enojarse e intentar matarla, pero sabía las consecuencias si cometía aquel grave error, en lugar de ganar perdería. No podía matar a una de sus mejores guerreras que era su "as" bajo la manga, la única capaz de asesinar sin aquel remordimiento o esa luz que muchos de sus soldados comenzó a presentar en su interior. Podría ser que ya no tuvieran almas, pero en el fondo de sus negros corazones existía aun algo que los hacia imperfectos. Sensaciones. Para su mala suerte el trato sellado con Luzbel no había sido un total éxito, al contrario, resulto ser una desgracia. Cuando les quitaron sus almas los volvieron vulnerables a sentir mucho mejor que cualquiera, a desear cosas que no podrían ser para ellos. Comenzaron a ver en los humanos un anhelo que los destruiría tarde o temprano. Familia. Empezaron a anhelar amar. Tener una descendencia larga y prospera. Sentir como humanos. Tener sueños que nunca se volverían verdad. Habían sido malditos. Habían perdido el alma pero les dejaron lo que Dios les concedió. Una luz pura, de esta venían las sensaciones que detestaban. ¿Cómo el rey cometió un error tan grave? ¿Por qué los condeno a esto? A un existir de sentimientos. A desear amar profundamente y arrullar a sus crías, a protegerlos como animales en celo. Estaban malditos. Odiaba a Luzbel por esto.

-No me tientes Yasmin y si te llame es porque quiero que me hagas una misión – su tono era de obligación – quiero que vigiles de cerca a una mujer

Si él le hubiera dicho que le concedería el descanso eterno no se hubiera sorprendido más de lo que ahora estaba. Dark le estaba encargando algo que nadie pensaría ni siquiera hacer aunque fuera la única opción. Ella era una asesina y este demonio le pedía ahora que cuidara de una mortal como su niñera. ¿Podría ser que Dark perdió el juicio? Era lo más razonable hasta el momento.

-¿Qué broma es esta? Haz enloquecido Dark – dijo asqueada – soy una asesina no una niñera a tiempo completo, búscate a otra que te haga el recado que no seré yo

-Te daré tu alma a cambio de esto – negocio él haciéndola reír audiblemente – bien, esa fue una estupidez de mi parte cuando conozco tu respuesta

No. A diferencia de sus hermanos ella no deseaba su alma. Ella no quería lo que ellos deseaban, solo buscaba su muerte y él no le daría eso ni en sueños. Estaba en aprietos con aquella hembra y no sabía que hacer, hasta que recordó algo que Yasmin no rechazaría. La conocía a la perfección y tenía conocimiento de su único punto débil. Cierto arcángel que ella misma deseaba retorcer el pescuezo.

-Negocias bien mocosa, ¿Qué te parece encontrarte con Sariel? – Pregunto él cuando vio los miembros de la mujer tensarse, una sonrisa ladina se formo en sus labios ante aquello – suena mejor ¿No?

El hermoso rostro de ella se arruino por una mueca de enojo, de una rabia insana que gobernaba su mente en aquel momento. Él no negaría que la mujer no fuera hermosa, porque sinceramente Yasmin era la fantasía de cualquier demonio, incluso cuando fue más que un soldado también la de él. Su piel era de un tono rosa pálido, suave y delicada capaz de tentar a las caricias de un amante. Sus curvas eran notables, perfectas desde cada ángulo en el que alguien la observara, solo opacadas por su rostro, en sus rasgos faciales se podía apreciar la elegancia y la belleza pura, contrastando con su largo cabello castaño oscuro lleno de rizos bien definidos. Pero sus ojos eran lo que sin duda la hacían perfecta. Esmeraldas. Parecían aquella valiosas joyas, pero lamentablemente opacados por la oscuridad que residía en su alma. Sin duda ella detestaba vivir.

-¿Haz dicho Sariel? – Exigió saber – dime más ¿Dónde diablos ha estado todo este tiempo? ¡Dímelo Dark! ¿Dónde lo escondió la perra de Light?

En verdad odiaba a ese arcángel. No entendía cual era el problema que tenía contra él, ya de por si se odiaban por ser enemigos, pero algo hacia que ella despreciara aún más que cualquiera a ese portador de alas. ¿Acaso se debía a la anterior batalla que tuvieron? No le importaba en realidad, pero su curiosidad sobrepasaba los límites y siendo él quien regia a los demonios, debía saber porque tanto odio contra esa mosca alada.

Pero primero debía de lograr que Yasmin conociera a la hibrida, ella debía lograr lo que su mente había planeado. Debía lograr su cometido, y para eso necesitaba a Astarot también.

-No lo sé pero Light ha enviado a todos sus arcángeles para matar a esta mocosa ¿Permitirás que Sariel obtenga sus alas doradas? ¿Permitirás que lo nombren un ángel?

La vio dudar por unos segundos antes de que en su rostro se grabara una mueca de enojo. La tenía.

-Tu ganas Dark iré y cuidare a la mujer, pero de paso buscare a ese maldito bastardo alado y lo matare – su voz sonó dura – ahora dime quien es mi protegida

-Angeline Swan – contesto simplemente él haciéndola arquear una ceja – tal vez oíste algo de ella cuando te mandaba a la superficie

Yasmin intento recordar algo cuando a su mente llego un anuncio sobre una pianista que llegaba a Paris hace unos meses atrás donde fue su última misión. Ese era su nombre, Angeline Swan, la joven que era un prodigio en el piano y ya había compuesto al menos quince canciones en los últimos dos años, entre ellas cinco que fueron usadas por otros famosos. ¿Por qué una pianista estaría enredada con ellos? Era muy extraño todo esto aún más el interés de Dark por ella.

"¿Qué diablos tramas Dark?"Pensó ella frunciendo el ceño presintiendo que aquel demonio tramaba algo sucio.

-Astarot ya ha ido a la superficie quiero que lo vigiles también y hagas lo necesario para que se aparee con la mujer – ante aquello ella salto para atrás sorprendida – lo digo enserio, quiero que Astarot se enrede con Angeline

Enloqueció enserio.

-¿Hablas de Astarot? ¿El primero en dejarnos hace cincuenta años? – Pregunto ella a lo que él asintió – estas loco, el jamás se acostaría con una humana aún peor si la necesitamos

-Se ha revolcado con muchas humanas en los últimos tiempos así que no será problema, ella es hermosa y bastante deseable así que será más sencillo para ti – se encogió de hombros – como sé que las cosas se te harán difíciles usa esto

Atrapo entre sus manos un pequeño frasco con una tapa en forma de corazón negro, su contenido era un líquido rojizo que le dio escalofríos. Se dio cuenta que era la sustancia. "Incensae libidini" o llamado también el incienso de la lujuria. Con solo una gota de esta cosa el que la bebiera sentiría una pasión tan grande que nada la detendría hasta que fuera apagada con sexo. Dark había perdido ahora si los cabales ¿Por qué diablos quería que Astarot estuviera con esa mujer? ¿Qué beneficio le traería? Olvidándose de sus propias preguntas decidió mejor guardar esa cosa en un buen lugar, y cual mejor que en su propia blusa. La escondió bien entre sus pechos y miro al demonio quien solo sonreía.

-Haz que beban un poco de esto hoy, con solo una gota la magia surgirá, usa tu invisibilidad y neutraliza tu esencia para que no te sientan ¿Entendido?

Asintió de mala gana.

- Como tú quieras pero no sé como sales ganando con eso – se quejo ella – ¿Dónde están?

-Roma – contesto antes de que la mujer desapareciera de su vista

Sonrió divertido antes que se sentara en la única silla que existía ahí, había salido a la perfección. ¿Quién diría que seria tan sencillo todo? Ahora como en su mente había estado planeado, Astarot se revolcaría con la hibrida y si no se equivocaba en las fechas de ovulación de la mujer, esta estaba fértil y capaz de quedar embarazada. Hubiera deseado que el que fuera el padre hubiera sido ese hibrido que surgió del cuarto bando de hace siglo, los "sin señor". Pensándolo bien hibrido más hibrido daría algo especial, algo nuevo y único, pero lamentablemente Meil no estaba cerca y hasta que fuera otro periodo fértil de la hibrida podría ser en siglos. Su otra opción era Astarot, el era un demonio de sangre pura muy fuerte, uno de los primero traidores y con el espíritu de batalla que necesitaba, mientras ella era una hibrida hija de un ángel y demonio. Juntos lograrían creer un nuevo demonio, uno con genes de ángel a la vez y capaz de ser indestructible ante estos. ¡Excelente! Todo estaba saliendo a la perfección, solo faltaba que Yasmin les diera la pócima y las cosas sucedieran. Nada podía salir mal, nada.

O eso era lo que Dark pensaba.

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Meil miro alrededor de las calles mientras los humanos transitaban como si nada, hablando entre ellos sobre las cosas estúpidas que ellos consideraban "importantes". No lo entendía. Por más años que los había visto o incluso estudiado no acababa de comprender como esta raza era tan estúpida para no ver la realidad de las cosas, tan solo preocupándose por cosas que no tenían sentido. Las palabras de todos se arremolinaban en sus oídos sensibles sin darle descanso: "¿Haz oído lo ultimo? Estrenaran la nueva película de Leonardo Di Caprio, ¡Titanic!", "Maldito jefe que tengo, apuesto a que él nunca ha sido tan exitoso como yo lo soy", "¡Se me rompió una uña!", "¿Por qué la mira a ella y no a mi?", "Mi mujer me es infiel"; si continuaba escuchando más de esas estupideces tal vez mataría a alguno por fastidio. Podía tener un alto sentido de la justicia, pero detestaba escuchar tonterías. Los humanos solo desperdiciaban su valiosa existencia preocupándose si mañana saldría algo nuevo que comprar o envidiar. Rutina. Esa era la palabra adecuada, ellos habían construido una rutina monótona que al final los llevaba al aburrimiento y sus propias quejas por no ser felices.

Era por eso mismo que los encontraba desagradables y los evitaba en toda oportunidad que tenía. ¿De que serbia estar cerca de una humano cuando solo te hablaría de su vida admirable que según él poseía? De nada. Eso pensaba Meil, además en aquellos momentos estaba ocupado y no tenía cabeza para nada más. Gracias a una buena fuente (por no decir un ángel muriendo en sus manos) se había enterado de que Light o "la perra alada", como solía decirle, había hecho una declaración frente a todos sus siervos. Entregaría el puesto de ángel a cualquier arcángel que pusiera fin con la vida de cierta mujer que representaba un peligro para su comunidad. No le hubiera interesado para nada esto, hasta que escucho el resto de parte del insecto que había muerto entre sus manos, "Ella es como tú, un monstruo que merece la muerte, mi señora quiere su cabeza y la obtendrá aunque no sea por mí". Con aquellas palabras el ser angelical murió. No le habría importado para nada aquellas palabras, solo que con cuatro de ellas resonaban en su mente fuertemente.

"Ella es como tú" Susurro su mente. Solo había alguien que era igual que él, aquella mujer que había visto dos años atrás y aun rondaba por su cabeza. Era a ella a quien buscaban y querían matar. "Mierda" No hubo dudas cuando recogió la foto que llevaba el cadáver, era la misma pelinegra de brillantes ojos color plata. "Eres tú otra vez"

No conocía el nombre, tampoco sabia el apellido que había tomado haciéndose pasar como humana y no sabia cuantos años tenia siquiera. Lo único que sabía es que ella vivía en esta ciudad. Roma. Una de las ciudades más pobladas de toda Europa. Irónico. Un solitario como él tenía que buscar a otros de su especie en la ciudad con más gente que podía existir. Por ahora su suerte no era muy buena, pero al menos pudo matar a unos cuantos alados. Ahora debía concentrarse, ¿Dónde estaría esa chica? La ciudad era grande, con edificios y muchas personas que podrían hacerlo confundir, y lo único que sabía es que estaba con otra mujer y un hombre, sus hermanos. Al macho ya lo conocía de vista, alto y fuerte, parecido de algún modo a él mismo pero con la diferencia de ser menor en edad. Un niño podría decirse. Mientras que a la otra hembra no tuvo oportunidad de verla, pero debía de parecerse a la hermana. Entonces algo le invadió. Desconfianza. Miro en todas direcciones hasta que encontró una extraña tranquilidad. Demasiada. Los humanos eran escandalosos, cada uno de ellos por igual, pero habían tres que estaban caminando demasiado tranquilos y pensativos. Extraño. Y caminaban hacia un punto fijo. Una mujer.

Tenía una larga melena de color rubia, parecida a la miel de las abejas dándole un aspecto hermoso y delicado, con cada uno de los cabellos totalmente laceo y un flequillo recto. Con una pálida piel que parecía que en cualquier momento podría romperse, caminaba con gracia y elegancia entre toda la gente demostrando su antigüedad y belleza. No podía ver sus ojos porque los llevaba cubiertos por unas gafas negras debido al intenso sol, pero podría jurar que la razón era otra. Junto a ella iba una niña, joven de cabellera negra azabache y vivaces ojos color dorado. Frágil. Esa palabra le venia a la perfección. Dos mujeres solas. Con tres seres llevando su paso. Entonces lo sintió, sus glifos ardieron intensamente confirmándole lo que ya intuía. Esos tres eran ángeles e iban tras sus presas, y si no se equivocaba la mujer tenia sangre de demonio.

-Debe ser la hermana – susurro viéndola fijamente cuando se concentro en la niña frunciendo el ceño – ¿Pero esa mocosa de donde salió? cuando yo la vi no tenía una niña y no creo que sea su hija

Pero en este momento no tenía tiempo para ponerse a plantear quien era la niña, ahora debía de ponerlas a salvo y matar a esos tres ángeles. Murmurando una maldición comenzó a seguirlos en silencio, tratando de que no lo localizaran aunque para él esto era algo sencillo. Llevaba más de un siglo experimentando las ansias de batalla, las de un cazador acorralando a sus presas y eliminándolas sin que estas le dieran muchos problemas. Para ser un cazador se debía aprender a acechar. Y el era un experto en cazar. Los pasos de la gente opacaban los suyos propios, al igual que su esencia ante los tres "benditos" era opacada por la de la mujer. Si ella era una hibrida también eso significaba que todos los que llevaran los glifos dorados sentirían su presencia, al igual que él la sentía.

Era lo único bueno que apreciaba. Poder sentir las presencias y que al ser parte de las dos castas tener la habilidad de mezclarse entre todos siendo difícil de localizar y definir que era. Mitad y mitad. Ángel y demonio. Un hibrido. Entonces algo más llego a su vista. Abrió los ojos sorprendido cuando por su lado paso corriendo un cuerpo que nadie hubiera visto, si es que no fuera un inmortal. Tenía unas alas y una larga melena rubia clara. Un ángel. Maldita sea, se notaba que ese día todos querían eliminar a la hermana y a la mocosa. Que pésima suerte tenia Meil ese día. Había ido en busca de la hibrida de cabellos negros como las alas de un cuervo, pero en su lugar tenía "el deber" de proteger de otras dos mujeres. Y solo lo haría porque una era hibrida, solo por eso, por ser de su misma especie.

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Debía de seguirlas, estaban en graves problemas y lo presentía. Su deber siempre había sido el de cuidar de esos tres hermanos, y hasta el momento no había fallado. Cuando se entero por sus compañeros arcángeles el horror que había pedido Light, se había lanzado sin dar más tiempo al mundo humano, solo para ir en busca de sus protegidos. Por el camino se había encontrado con tres arcángeles más, antiguos amigos suyos, que estaban en plena caza de la menor de los tres hermanos Swan. Cristel. No podía permitir que la mataran, porque sabía muy bien que Angeline ni Lucian lo soportarían, su hermana era todo para ellos además de la nueva protegida que habían obtenido hace dos años atrás. La humana Skyler. Una niña que había pasado por muchos sufrimientos mientras vivía con su padrastro que la golpeaba muy a menudo o la vendía.

La bilis subió a su garganta cuando recordó como había estado al lado de Angeline mientras esta cuidaba de la pequeña, susurrándole palabras de alivio y diciéndole la nueva vida que tendría a su lado. Su corazón se había enternecido. Al ver como esa mujer que se mostraba cruel ante todos derramaba algunas lagrimas al ver el cuerpo magullado y golpeado de una niña inocente que había conocido el sufrimiento y dolor. ¿Cómo alguien podía haber sido tan cruel? ¿Cómo un padre entregaría a su hija a enfermos que solo la maltrataban? Unas lágrimas se acumularon en sus ojos, sintiendo como querían salir delatando la tristeza y asco que sentía por la humanidad, que cada vez iba de peor en peor. Humillando a los de su misma sangre.

"Ni que nosotros fuéramos mejor" Pensó en su mente cuando los tres ángeles quedaron a pocos metros de las dos mujeres. "Somos unos asesinos, sin escrúpulos que matan sin el menor remordimiento, comprándonos con ellos y los demonios, estamos iguales"

Supo en aquel momento a donde iban las dos jóvenes. El hospital. Lo había olvidado. Por todo lo sucedido se olvido que Skyler iría ese día al doctor, y eso que lo había escuchado ayer en la noche cuando Cristel se lo decía a Angeline, según recordaba ese día la pequeña iría a ver a una ginecóloga pero de paso visitaría a la doctora Nowak porque debía de ser recetada con un medicamento para su resfriado que aún no pasaba. Frunció el ceño, agradecida de estar usando su manto de invisibilidad para que otros no la vieran, y siguió a las dos jóvenes en silencio procurando que los otros tres rastreadores se alejaran de ellas. Oía el ritmo cardiaco de sus dos protegidas mientras estas caminaban en silencio sin conocer el peligro que estaban llevando tras sus espaldas. Algunas veces se preguntaba que hubiera pasado si su hermano jamás hubiera cometido aquel crimen en el que ella sentía tanta vergüenza y culpa. ¿Cómo reaccionaria Angeline cuando supiera de ella? ¿Le mataría junto a su hermano? Era lo más probable.

-¿Angeline esta bien? – ambas se sorprendieron ante la voz de la ojidorada

-Claro que esta bien Sky ¿Por qué preguntas eso? – susurro la hibrida con una sonrisa – ya sabes como es An, terca y orgullosa

Evangelyne lo sabía muy bien. Una sonrisa se dibujo en sus labios antes de que riera bajito y tratando de que nadie la escuchara, aunque era bastante precavida no siempre debía de confiarse. Cristel tenía mucha razón, Angeline era alguien especial y diferente a cualquiera que había conocido durante su existencia. Fría, distante ante los que no conoce, y una loba protegiendo a sus cachorros (sus hermanos y Skyler), cuidándose de que nada les pasara, pero debajo de toda esa mascara agresiva existía una joven noble, amable y con un corazón tan bondadoso capaz de proteger a quienes no tienen oportunidad. Eso era lo que admiraba de ella, además de sentirse algo aliviada de que su corazón no estuviera tan ennegrecido luego de la horrible muerte de sus padres.

Quiso acariciar la cabeza de la pelinegra y decirle que su hermana estaba bien, solo que se sentía tensa porque intuía que le perseguían. No podía hablarles. Nadie podía saber que ella estaba con ellas o sino su castigo seria peor, no es que le importara en realidad porque sinceramente a Evangelyne le valía muy poco si la mataban por traición a su raza, o si la torturaban. Aún con todo eso jamás le pagaría a Angeline todo lo que había sufrido, todo por culpa de Uriel. El remordimiento era algo que siempre se cargaba en especial cuando la mente de alguien no podía olvidar la culpa, ¿Por qué tenia que existir ese sentimiento? ¿Acaso a la gente le gustaba sufrir? La respuesta era obvia. No había vida sin sufrimientos. No había existencias fáciles y color de rosa, para encontrar la felicidad había que romperse el alma y luchar con uñas y dientes para obtenerla. Sin importar que muchas veces alguien saliera herido en el camino. Y en este caso habían sido tres niños que quedaron huérfanos por culpa de su hermano Uriel ¿Cómo el podía seguir así? Llevaba un cargo de conciencia tan cruel que opacaría el sufrimiento de cualquiera. Pero ¿Eso que importaba ahora? Necesitaba proteger a esos niños y de paso evitar que la pelinegra supiera de su existencia. Porque cuando Angeline supiera quien era y quien era su hermano, de seguro no dudaría en matarla.

Vio a Skyler fruncir el ceño.

-Ha actuado rara desde hace días – comento – pensé que tal vez estaba preocupada ¿Ha pasado algo con "los chicos malos"?

Ella se refería a los ángeles y demonios. Eva escucho atentamente el día en que An, Cris y Lucian habían confesado a la joven todo acerca de su mundo, temerosos de que la ojidorada se asustara o gritara asqueada su actitud había sido diferente. Skyler se había sorprendido antes de que en sus ojos naciera un brillo curioso, de vida que había perdido al despertar de ese sueño en el que se había consumido por culpa de la inconsciencia. En lugar de sentir terror se había maravillado y preguntado muchas veces si este era solo un sueño ocasionando la risa de los hermanos, la alegría de que ella los aceptara, y según solía decir la niña, "Yo pienso que ser hibrido es lo más genial, ustedes son mi especie favorita", luego solo habían reído fuertemente. Esa pequeña era un milagro, una esperanza para esas tres personas que habían perdido la luz de sus caminos. Ella era una razón para vivir. Y eso era lo que Evangelyne agradecía a Skyler, por darles una nueva oportunidad de vivir.

-No Sky, todo anda bien – dijo sonriendo Cristel, ya que en el fondo intuía que algo estaba sucediendo y su hermana mayor no se lo quería decir –An ya nos hubiera avisado, ahora relájate que daremos una visita pequeña a Beth

Antes de que se diera cuenta la guardiana, habían llegado frente a la puerta del consultorio donde la puerta abierta mostraba a una mujer sentada en una silla. Su cabello era de un extraño color celeste algo sedoso y laceo, atado en una cola baja, cayendo sobre su bata blanca. Sus ojos eran un brillante color azul zafiro que expresaba amabilidad y fuerza, una vitalidad que muchas mujeres deseaban tener, mientras que su piel como la porcelana se veía bien cuidada como si se tratara de una adolescente. En todo sentido la doctora Elizabeth Nowak era una hermosa mujer que tenía detrás suyo a muchos doctores mayores y residentes que desearan que la peliazul se fijara por un momento en alguno de ellos. Eva la consideraba como una mujer buena, bastante amable y con un duro pasado, pero que supo atravesarlo con la cabeza en alto. Siempre que la veía cuando Angeline estaba por el hospital, encontraba a la doctora ayudando a personas necesitadas, en especial si eran gente de bajos recursos económicos, o niños huérfanos que necesitaban cuidados. Era un pan de Dios. Una mujer que valía la pena proteger.

-Hola, Skyler, Cristel – saludo la peliazul con una dulce sonrisa en su rostro – ¿A qué debo esta bella visita?

-Sky esta un poco resfriada y te trajimos algo por ser su doctora favorita – contesto la pelimiel

Cristel alzo una bolsa de compras azul. Habían pasado toda la mañana de tienda en tienda, haciendo compras para el guardarropa de Skyler, esta última quejándose de que no necesitaba nada más pero la mayor ignoro sus palabras e igual compro, y de paso compraron algo para Beth. Los ojos azules de la doctora se abrieron sorprendidos antes de que riera negando con la cabeza.

-No era necesario Cris – dijo sonriendo Beth – saben que me encanta ver a Skyler y les agradezco que me la traigan cuantas veces puedan

-A mi me encanta verte Beth – dijo sonriente la ojidorada aunque una tristeza inundaba sus ojos – pero hubiera deseado que Angeline viniera

Beth frunció el ceño

-¿Ella esta bien? – la preocupación era notoria

-Si solo que algo cansada y con estrés, ya sabes que esta escribiendo una canción – comento la mayor de las Swan en aquel momento – es bastante meticulosa y trata de que esta letra salga a la perfección, ella es…

-Es Angeline – termino Beth divertida

Eva sonrió más antes de que saliera en silencio alejándose de las tres mujeres, ahora tenía otra misión y esa era alejar a los arcángeles que estuvieran cerca de allí. Cuando de repente sintió una leve presencia, por extraño que pareciera su cuerpo se tenso. Una alarma surgió en su cabeza, sintiendo que alguien la estaba observando aunque eso fuera imposible gracias a su invisibilidad. ¿Qué estaba ocurriendo? Camino un poco más hasta un pasillo solitario donde nadie estaba presente al parecer. Sus ojos buscaron a aquella persona que la miraba pero no había nadie. ¿Esta ya loca? Considero aquello cuando un pequeño ruido llamo su atención sorprendiéndola. Dispuesta a darse media vuelta algo se lo impidió. Una mano fuerte le agarro por el cuello con fuerza dejándole anonadada y asustada por primera vez en décadas. Miedo. Podía sentir la fuerza de aquel ser con solo su presencia, aquella mano con un solo movimiento era capaz de romperle el cuello. Se removió, pataleando e intentando golpear a su agresor con el fin de liberarse de él.

-Quieta – ordeno una voz masculina que le erizo los cabellos, grave y profunda, bastante masculina con un dejo de peligro – te sigues moviendo y no dudare en romperte el cuello monstruo alado

Él sabía que Evangelyne era un ángel, y por el apelativo que había usado con ella solo significaba una cosa. Debía de ser un demonio. Tomo aire relajando su cuerpo de guerrera para que no hiciera alguna estupidez enojándolo, aquel ser no bromeaba en lo que decía y era capaz de matarla con solo apretar un poco más su agarre.

Gruño enojada, sus pensamientos solo giraban en torno a algo"¿Cuando demonios me volví tan descuidada?" esa era una pregunta que se hacia desde hace bastante tiempo.

-Quita tu invisibilidad bruja y más vale que no intentes ningún truco – la orden estaba dictada – obedece

De mala gana cumplió con lo que él le ordenaba desasiendo su campo de invisibilidad y exponiéndola frente a todos los que estuvieran cerca. Le oyó bufar, como si estuviera extrañado de algo.

-Interesante, usualmente los asquerosos bichos de tu especie suelen siempre mostrar sus alas como si fuera signos de triunfo ¿Por qué tu no?

-No lo encuentro necesario – contesto ella fastidiada – suéltame ya

-No – la burla estaba en su voz antes de que un gruñido surgiera desde el fondo de su garganta, este ser no era humano y de demonio tenia poco, era algo más pero ¿Qué? – ¿Por qué sigues a esa mujer y a la niña?

Iba tras Cristel y Skyler. Eso no le contestaría. Jamás traicionaría a sus protegidas y mucho menos le daría esa información a este ser que seguro buscaba eliminar a las dos mujeres. Debía de haber otra forma de eludirlo eliminarlo, pero tenía que ser cuidadosa, si se equivocaba pondría en peligro a las demás y las dejaría como blanco fácil frente a este ser. Su mente divagaba planes rápidos, pero mientras él la sostuviera de la garganta estaría en serios aprietos. A menos que… una idea llego. Antes de que su agresor lo notara invoco un poco de electricidad en sus dedos, rápidamente coloco sus manos sobre la mano del atacante y mando una fuerte corriente de electricidad a su cuerpo. Lo consiguió. La soltó por unos milisegundos y ella escapo rápidamente alejándose de él y poniéndose en posición de ataque. En lucha jamás perdería, era una guerrera antes que todo y había decidido proteger a los que les debía mucho. Y no fallaría.

Miro entonces por primera vez a su enemigo y sus ojos se desorbitaron al saber quien era.

Era un joven de estatura media aunque más alto que ella, su complexión era fuerte demostrando el guerrero que era. Su cabellera era corta y en punta, en forma de pinchos desordenados de color moreno. Los grandes ojos eran de un esplendido color marrón que llamaba la atención a todo los que lo veían, algo cálidos pero a la vez fríos, como si no hubiera una decisión entre ellos, pero sin duda su rostro era lo especial. Sus rasgos faciales eran bellos en consideración con todo humano que había visto, incluso más que los de los ángeles, con una piel de tono de un tono que existía en las zonas mediterráneas. Unos labios bonitos y un mentón orgulloso, en otras palabras ese ser era perfecto a la vista de cualquiera. Pero lo que le asusto de alguna forma era saber quien era esa persona. Meil Mo. Con esas dos palabras su cuerpo sintió el apretón del terror y respeto. No podía creer que lo tenía frente a ella, a aquel hibrido tan conocido en su mundo. Y del que todos se cuidaban.

"Es él" Pensó intentando relajarse aunque no podía "Él único capaz de destruir a las dos razas, el destructor"

-Lo acepto, ante eso te concedo puntos a favor, no sabia que los de tu especie podían mandar descargas eléctricas, eso es nuevo – en su voz no había sorpresa ni siquiera algún rastro de emoción – ahora contesta a mi pregunta bruja ¿Qué planeas hacerles?

No le gusto su tono. Detestaba obedecer órdenes y mucho menos de alguien como él. No sentía repulsión de sus mezclas de razas sino por lo que era. Un asesino sin escrúpulos.

-No tengo porque contestarte, él que me debe respuestas eres tú – ordeno ella haciéndole apretar los dientes – ¿Qué quieres de esas niñas? Habla ahora

No le respondería. Número uno Meil jamás recibía órdenes y mucho menos las acataba, él era un ser superior y tenía todo el derecho a demandar lo que le viniera en gana. Número dos, ella era un ángel lo que la confirmaba como él enemigo. Y número tres, era pésimo tratando a las mujeres y su paciencia con ellas era nula. Como ángel, la mujer era un ser hermoso y destacable entre todas las humanas. Una larga cabellera de color rubia, lacea que le llegaba hasta las caderas de aspecto bien cuidado y con un delicado flequillo recto que de alguna forma la hacia ver… ¿Tierna? Si, podría decirse que esa palabra no existía en su vocabulario pero la usaría con ella. Su piel era nívea y suave a la vista, parecía algo frágil como el de la hibrida que conoció años atrás, solo que el de la anterior era más clara. Un rostro precioso sin duda, con facciones finas y trazadas delicadamente, resaltando unos grandes y poco comunes ojos color rosa que transmitían paz. Y su cuerpo… lo admitirá era bastante deseable y con curvas donde toda mujer debía de tener, pero eso no significara que él la ansiara. Él no creía en el placer, ¿Qué era eso? ¿Qué era deseo carnal? No lo sabía.

El único deseo que había sentido junto al placer era el de matar. Saborear el hecho de que su espada se enterrara profundamente el cuerpo de su victima, ver la roja sangre derramarse mientras la vida se iba en unos segundos. Muchos lo consideraban una bestia. Un animal sediento de muerto, poco le importaba. Él era único. Capaz de vencerlos a todos, él que algún día gobernaría a las tres razas. Un rey. Un señor que seria adorado y temido entre todos. Alguna vez había llegado a envidiar a los ángeles, demonios e incluso humanos. ¿Por qué? Porque había sentido enojo de ser diferente, rabia porque no existieran más como él. Hasta que supo de la existencia de esos otros tres híbridos, desde aquel momento algo se había llenado en su frio corazón. No sabía como llamarle, algunos lo nombraban como ¿Gratitud? Si, esa era la palabra o al menos eso pensaba, pero ¿Gratitud con quien? ¿Con Dios? ¿Con Lucifer? Con ninguno. Había sido su destino encontrar a seres como él, porque era su destino gobernar y tener más como él, tener una propia casta. Ángel y demonio. Un hibrido y rey.

Sonrió sin humor.

-Creo que no entablamos bien las reglas de esto, tu eres una bruja alada, yo soy un ser especial – ante eso escucho el siseo de la rubia pero lo ignoro – he venido para llevarme a mi gente de ustedes, por lo que no dejare que mates lo que tanto he buscado

La sorpresa inundo la mente de Evangelyne, no creía lo que estaba oyendo.

-¿Quieres proteger a Angeline y su familia? – Su voz suave resalto la sorpresa – ¿Haz venido por ellos?

"Angeline" Resonó su mente aquel nombre. Así que ese era el nombre de una de su especie, le parecía aún increíble su hallazgo. "Con que así te llamaron"

-No te debo explicaciones ahora muévete – la orden volvió cuando de repente ella le miro afiladamente – no te temo mocosa, he matado a muchas niñas como tú en mi vida así que si no deseas morir desaparecer, mira que estoy siendo misericordioso

-No me moveré, yo he protegido por toda su vida a Angeline y sus hermanos – Meil solo le miro fijamente no pudiendo creer eso – y no dejare que tu ni nadie los lastime

Él iba a decir algo cuando unos gritos femeninos retumbaron por los pasillos. Ambos quedaron paralizados segundos cuando las marcas doradas ardieron alertándolos de la presencia de ángeles cerca. Los tres que habían rondado a las dos niñas. Sin dar tiempo a sus pensamientos, ambos se dirigieron en dirección a donde los gritos venían, sabiendo que tendrían que eliminar a unos cuantos alados en el camino. Invoco su arma mientras corría superando en velocidad a la rubia, el fuego surgió de su mano brillando de un intenso carmesí antes de que tomara la forma de una espada, peligrosa y un perfecto regalo de Dios. La inscripción tallada en ella ardió en rojo vivo mientras que el arma era envuelta en miles de llamas. Tal vez de algo sirviera aquel "regalo" que le fue otorgado.

"De algo sirvió la espada" Pensó cuando estuvo frente a la puerta de donde provenían los gritos, los glifos dorados ardieron más confirmándole la existencia de tres ángeles tras la puerta "Un poco de entretenimiento, justo lo que necesito"

Pateo la puerta sin esperar más y esta se rompió en pedazo mostrándole una escena que asustaría a cualquier humano. Tres seres alados gruñían y maldecían empuñando sus espadas intentando romper una barrera invisible que protegía a dos humanas y una muchacha de cabellos color miel que tenia sus manos frente a ella, como si sostuviera una pared invisible. Campo de fuerza. Buena elección de protección, ya que al parecer esa hibrida no era una guerrera pero al menos sabía defenderse a ella y sus aliados. Los ángeles podían ser tan estúpidos al pelear, usando su fuerza y tratando de igualar a los demonios cuando no podían hacerlo. Las brillantes espadas de plata impactaban contra la barrera tratando de destruirla, mientras la mujer cerraba los ojos concentrando su poder evitando que esta cayera. Las alas blancas mandaban ráfagas de viento haciendo un tornado en la habitación, mientras las luces brillaban y se apagaban no decidiéndose si seguir o morir. Apretó el agarre de su arma antes de que sonriera con burla, seria divertido eliminarlos y probarles cuan temible podía ser un hibrido guerrero. Su futuro rey. Soltó un silbido que detuvo por unos instantes a aquellos ángeles.

-Jugando con mujeres, creo que eso no es justo aún más si dos son humanas – murmuro – creo que deben jugar con alguien de su tamaño o alguien mucho mejor – en sus ojos marrones se formo un torbellino de fusión, rojo y marrón compitiendo por dominar, hasta que el último color desapareció dando paso a un fuerte rojo entre granate y carmesí lleno de malicia y superioridad que hizo temblar a dos de los monstruos alados. La espada ardió aún más, mientras las llamas se volvían más poderosas haciendo gritar a una mujer que protegía a la joven niña. Sus facciones estaban horrorizadas ante todo –que empiece el juego

Uno de los ángeles se lanzo contra él, Meil solo espero unos momentos antes de que saltara esquivando fácilmente el ataque, y con su mano libre lo cogió de ala lanzándolo contra la pared con una fuerza tan grande que la desquebrajo pos el impacto. El chillido del ser resonó entre las paredes mientras sus ojos miraban furiosos a su atacante, y sin dar tiempo a más se lanzo otra vez elevando su espada y dirigiéndola a la yugular del guerrero, este solo sonrió sin emoción antes de que elevara la espada y ambas impactaran mandando destellos de luz por parte del ángel mientras las llamas se alzaban del arma de Meil. El moreno pateo al monstruo en su abdomen mandándolo hacia atrás antes de que elevara el arma y cortara limpiamente el cuello del alado quien aulló. Adolorido y atontado movió su arma casi rozando la mejilla del portador de ojos marrones, pero este la movió impidiendo daños. Fácil. Los gritos de las enfermeras que pasaron por ahí no se hicieron esperar, estas salieron corriendo asustadas de ambos seres mientras estos seguían en su lucha, no importándoles quienes les veían mientras batallaban. La espada de fuego volvió a chocar contra la espada de plata, un rápido movimiento y logro que fácilmente la otra espada se rompiera sorprendiendo al rival. Las llamas bailaron en una danza victoriosa cuando el arma se enterró profundamente en el cuerpo del ángel, este se quejo de dolor antes de que la herida bañara de sangre la túnica blanca que usaba el ser. Solo un parpadeo después y el mensajero de Dios ardió en llamas maldiciendo al guerrero, siendo solo consumido hasta que solo cenizas quedaron de él.

Su espada no dejo de estar envuelta en llamas cuando miro a los otros dos ángeles que lo miraban con una cólera incapaz de apagar.

-Uno menos, faltan dos – murmuro cuando una flecha paso por su lado rasgando un poco su mejilla, la rapidez era fascinante cuando de repente impacto contra el ala de uno de los alados, y de inmediato las llamas surgieron quemando la extremidad. El espíritu celeste chillo de dolor mientras la flecha desaparecía consumiendo el ala y haciéndola caer al suelo de rodillas – buen tiro bruja, así que eres arquera

Ella se puso a su lado con una mirada de enojo. Eso le confirmaba que si estaba de su lado por ahora, por lo que en verdad había protegido a esos tres híbridos. No la mataría por ahora, pero eso no significaba que no lo haría en un tiempo no muy lejano.

-Te ayudare, déjame al que herí – susurro ella estirando otra flecha desde su arco creado de plata – no soy débil si eso crees, soy una guerrea y he venido a proteger a esas personas

Miro al otro ángel que solo gruño indignado, Meil sonrió.

-Todo tuyo bruja, pero no te metas en mis batallas, es mi única regla – murmuro

Beth no sabia que pensar. Todo había sido normal hasta que de un momento a otros tres hombres ingresaron de una manera violenta a su consultorio, ella intento hacer que se retiraran cuando uno había sacado una espada de la nada e intento matarla. Cristel había creado una especie de luz en sus manos y alejo a las criaturas de ella, le ordeno que protegiera a Skyler y luego de eso observo con terror como los "ángeles", porque sus alas surgieron segundos después, intentaban romper la barrera que las protegía. ¿Qué era esto? ¿Qué demonios sucedía? Solo había estado desconcentrada unos momentos cuando de repente todo había sucedido. Tenía miedo. Luego de años de no haber experimentado esa sensación ahora la sentía. Remojo sus labios con su lengua cuando volvió a observar a esos dos seres que acababan de llegar, el hombre ya había matado a uno de los alados y la chica destruyo el ala de otro ser. ¿Qué eran? Miro a Cristel por unos segundos y a la vez estrechaba a una asustada Skyler entre sus brazos.

"¿Qué es todo esto?" Pensó asustada Beth. "¿En qué me metí?"

-Cristel, ¿Qué esta sucediendo? – Pregunto asustada Elizabeth – ¿Quiénes son ellos?

La joven le brindo una triste mirada, en ella había suplica y dolor.

-Perdóname Elizabeth, no quería meterte en esto – la tristeza se reflejo en su voz – lo siento Beth, te hemos metido en la destrucción

Por primera vez Beth sintió que las palabras de Cristel eran una puñalada en el estomago, profundamente y lastimándole.

Ahora estaba en un lio y tenia la sensación de que no saldría fácilmente.

Nunca.

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Lo sintió. Como un fuerte tirón en su cuerpo que la obligo a levantarse de golpe del mueble en donde había estado bebiendo un chocolate caliente. Cristel. Algo malo le estaba pasando a su hermana, y podría asegurar que se trataban de los ángeles. Mierda. Dejo la taza en su mesa antes de que saltara sobre el sofá dirigiéndose hacia la puerta cuando algo le detuvo. Un ruido bajo. Frunciendo el ceño se dio vuelta encontrándose con su taza movida unos milímetros. ¿Cómo…? Juraba que la había dejado más a la derecha. Se acerco lentamente sintiendo el aire algo pesado, pero negó con la cabeza. Eran imaginaciones suyas de seguro. Se dio vuelta y cogió sus espadas antes de que saliera de la casa cuando de la nada aparecieron dos ángeles con sonrisas de triunfo en sus rostros. Recién se dio cuenta de la verdad.

Le habían tendido una trampa. Y ella había caído.

-Al fin te encontramos – murmuro uno con una sonrisa – cuando llevemos tu cabeza con Light ella nos darán nuestras alas doradas

La pelinegra rodo los ojos aburrida.

-Quiero ver que lo intenten – dijo ella con melodía en la voz – les reto a que me maten

Uno de ellos sonrió sardónico antes de que elevara la espada listo para atacar cuando una bola de fuego impacto contra su abdomen. Sus ojos se abrieron sorprendidos antes de que girara la vista hacia donde había venido el ataque. Un hombre. Si alguien le hubiera dicho que un día un hombre la defendería se habría reído hasta no poder más. Su cabellera era de un color crema llegándole hasta más debajo de los hombros con algunos mechones color azul, su piel era morena haciendo un contraste excelente con su físico fuerte. Alto y guapo, con la barbilla orgullosa y unos ojos de color castaño chocolate. Sin saberlo un suspiro surgió de sus labios, junto a la sorpresa de ver una enorme belleza en un ser. Nunca había visto a alguien tan guapo, tan… ¿Varonil? A excepción de su hermano. Un extraño calor se apodero de su cuerpo, y por alguna extraña manía se relamió los labios.

El hombre sonrió sin emoción.

-Al fin te encontré – dijo

-¿Quién eres? – murmuro olvidando por completo a los enemigos que estaba frente a ella buscando obtener su vida

-Astarot aunque muchos me llaman Axel – contesto él – tu protector

Y con aquellas palabras supo que su destino estaba sellado. Con solo verlo, con solo sentir su presencia sabía que su vida cambiaria. Un hilo los unía. Atándolos de una manera espiritual o tal vez por obra del destino.

Lo que no sabía es que aquel hombre sería no solo su protector. Sino su amante y también… el padre de su hijo.


Bueno eso fue todo. ¿Qué les pareció? La verdad es que me inspire bastante en este capitulo y creí que no lo terminaría hoy pero al final lo logre. Me demorare un poco en subir los demás capis, pero como ya dije aún acepto oc. Ahora unas cuantas preguntas:

-¿Qué les pareció? ¿Corto o largo?

-¿Qué opinan de demonios y ángeles? ¿Qué opinan de Dark?

-¿Elizabeth tendrá razón? ¿Jamás saldrá de este nuevo mundo?

-¿Meil y Evangelyne protegerán a las tres mujeres?

-¿Yasmin cumplirá el mandato de Dark?

-¿Qué sucederá ahora? ¿Alguna idea?

Ahora sin más que decirles me despido, byeee y espero les haya gustado, espero sus opiniones de este primer capitulo aunque lo digo para hacer esa pequeña batalla me tuve que leer algunas de libros… si tengo que mejorar en eso xD ahora si byeee, hasta pronto y espero los oc de quienes desean participar.