Hola a todos! ¿Cómo están? Para iniciar perdón por la demora pero con las clases y todo eso no he podido escribir mucho… y me tarde si en subir pero también porque he estado viendo y releyendo todos los oc que tengo y… llegue a la conclusión que son demasiados además del romance... seria muy complicado hacer un romance entre 18 personajes y sumándole a las parejas... mucho. Por lo tanto he decidido que…¡Esperen! No eliminare ni nada si eso creen, participaran pero dividiré a los oc, este fic en primera constara de dos partes: en la primera saldrán los mejores oc que en verdad me gustaron bastante y en la segunda los demás, eso si los oc de la segunda parte harán apariciones en la primera parte pero en la segunda tendrá más participación. Espero que puedan entenderme porque es bastante difícil recordar a todos y no quiero que luego alguien tenga más escenas que otros o que el romance no sea bueno o la participación sea mala por lo cual decidí esto. Ahora vengo con las aclaraciones:
-La canción que se escucha en el cuarto de Angeline es My Heart will go on de Celine Dion.
-Los demonios están divididos también en especies como los ángeles en coros.
-En este capitulo sale otro oc pero con tiempo y paciencia saldrán los demás, para la aparición de cada oc debe haber coherencia y trama.
-Los únicos oc míos son Angeline, Cristel, Skyler y Anastasia, el resto pertenece a sus respectivos dueños.
Ahora con eso los dejo con el capitulo de hoy. Muchas gracias a Eva-chan por darme algo de ayuda y su opinión en algunas partes, también agradezco a Alessia Scarlet por lo de la canción que me recomendó xD. Ahora si disfruten:
2
Enlazando el destino
No podía despegar los ojos de él. Su vista estaba clavada aún en los oscuros ojos de color chocolate que relampagueaban furiosos contra los dos alados frente a ellos. Era alto, fuerte con sus abdominales notándose a través de la camisa blanca que usaba, pero lo que sin duda dejaría a cualquier mujer sin respiración seria su belleza. No en alguna forma femenina, todo lo contrario, su belleza era puramente masculina con una esencia de puro hombre. Pómulos marcados, unos labios seductores que obligarían a cualquier femenina a implorar por un simple beso. Transmitía un aura de peligro por cada ángulo que le vieras, incitando a Angeline a que se alejara de él pero también algo le decía que no podía hacerlo. Algo cálido. ¿Quién era él? ¿Cómo era posible tal belleza en un hombre? ¿Por qué despertaba en ella algo nuevo? ¿Qué era esa calidez y por qué se sentía algo cohibida? Se relamió los labios antes que apretara fuertemente sus dos espadas. Esto era imposible aún peor, no entendía como un humano podía ocasionar semejante cambio en su interior. Su cuerpo tembló y los nervios le invadieron. Algo acerca de él le cambiaba su interior y eso no le gustaba para nada.
Entonces lo sintió. Como un fuerte latigazo le azoto haciéndola sorprenderse al comienzo pero luego entender lo que sucedía. Su brazo izquierdo ardió intensamente haciéndole cerrar los ojos por el fuerte dolor, pero lo increíble era que superaba lo que antes sentía cuando sus glifos demoniacos quemaban. El largo tatuaje negro brillo intensamente haciéndola gruñir una maldición, cruzándose como dos serpientes los glifos le mostraron la realidad de las cosas. Solo tuvo que confirmar el reclamo de sus tatuajes en cuanto vio los rostros de terror en ambos ángeles que estaban frente a ellos. Puro horror. Asco. Miedo. Era lo que más odiaba en el mundo como a aquellos mensajeros de Dios. La peor desgracia de todas. Un asqueroso demonio. ¡No! ¿Por qué su suerte tenia que ser tan desgraciada? Miro enojada a aquel rubio quien le arqueo una ceja curiosa. Desgraciada vida. Sus glifos demoniacos JAMÁS fallaban, porque con su sangre demoniaca se le fueron concedidos por nacimiento a estos "halladores" de otros de su misma especie. Con ellos había podido detectar a muchos de los demonios que había asesinado por lo que esta vez no era la excepción. ¿Por qué no lo noto antes? Era tan obvio luego de que lanzara aquella llamarada de fuego de su mano, ¿Por qué pensó que era un humano entonces? Porque estúpidamente no sintió a los tatuajes y olvido todo por completo gracias a la belleza de este tipo, la distracción de toda mujer. Maldita sea.
"Maldita estúpida en la que me estoy volviendo" Gruño enojada mientras apretaba más fuerte los mangos de sus dos espadas sagradas "Todo por un maldito bastardo".
-Ángeles – dijo el demonio sin alguna emoción – Creo que están buscando a su presa equivocada, esta niña es mía ahora será mejor que se larguen o aténganse a las consecuencias.
Los ojos verdes del ángel herido por el fuego ardieron de indignación cuando su compañero le puso una mano en el hombro callando su maldición. Los ojos dorados de este último relampagueaban de furia pero la estaba controlando con mucha paciencia, raro en un ser asesino.
-No te desharás tan fácilmente de nosotros Astarot, pero por ahora nos marchamos ya que no queremos morir como idiotas en tus manos – murmuro el de ojos dorados cuando apretó los dientes – Nos la pagaras, aún más por herir a uno de nosotros bastardo.
El demonio sonrió de lado antes de que caminara un poco poniéndose delante de ella. Angeline iba a quejarse cuando de repente y para sorpresa de ella los dos ángeles se irguieron con muecas de enojo en sus rostros. ¿Qué diablos…? Antes de que pudiera hablar los dos seres brillaran unos segundos y después solo sus cuerpos desaparecieran en el aire dejando solo la soledad. Habían huido. Como si hubieran visto al mismo Lucifer acaban de huir como unos asquerosos cobardes. Jamás había ocurrido en alguna de sus luchas antiguas, es más solía tardarse en pelear contra cada ángel que llegaba por ella y ninguno de ellos había tenido si quiera el pensamiento de huir, pero estos solo escaparon.
-¿Por qué diablos huyeron? – murmuro sorprendida cuando escucho un bufido.
-Porque me vieron a mi – contesto él con aquella sensual voz grave que le mando escalofríos a su cuerpo – Me tienen miedo así que huyen de mí, no creo que les hubiera gustado morir de forma dolorosa así que fue mejor una retirada que terminar muerto como estúpido.
Los labios de ella se abrieron. La furia corría por sus venas al estar cerca de un demonio. Los detestaba y su sola presencia le enfermaba.
-Entonces se inteligente como ellos y lárgate bastardo que me enfermas – gruño ella – Detesto a los demonios.
La sonrisa de él no se hizo esperar.
-Que gracioso, tú a mi no me agradas tampoco pero mira nuestra suerte – la mofa estaba presente – Estoy encadenado a cuidar de ti así que no te queda más que cooperar ¿Entendido "ángel"?
Alzo una de sus espadas y apunto al cuello del demonio. Este solo le miro esperando. La espada que tenia contra el cuello del pelicrema era un arma de las profundidades del infierno, con un metal oscuro y mortal. "La espada de las tinieblas". Con ella podía destruir los tejidos de cualquier ser vivo que recibiera un rose siquiera del arma, como si fuera el acido quemaba a los seres vivos deformando o matando rápidamente, aunque esa no era su única utilidad y si la llamaban la espada de las tinieblas era porque podía también provocar que la oscuridad atrapara a la victima tragándosela en lo profundo de la oscuridad. ¿Cómo? Sencillo, si enterraba el arma en el corazón no mataba rápidamente, al contrario, la espada trasmitía energía oscura poderosa que devoraba el alma del agredido hasta que solo quedaba un cuerpo vacio. Un cascaron. ¿Y a donde se iba la vida? Solo desaparecía, había oído que eran enviadas al infierno pero lo dudaba. "La oscuridad de la vida" eso es lo que estaba gravado con unas letras rojas en latín en la afilada hoja, brillando de un intenso carmesí en cuanto los deseos asesinos de Angeline salían a relucir. En este momento con un solo movimiento podía matarlo de un corte, pero algo le indicaba que no podía hacerlo. No podía matarlo y eso le hacia sentirse enojada. Siendo ella una asesina no podía matar a un maldito demonio que se estaba burlando de ella. Lo odiaba.
-Eres un maldito bastardo – gruño ella aún con la espada contra el cuello de él – Debería matarte.
-Pero no lo harás – una media sonrisa que le dio escalofríos la hizo temblar – Así que quita la espada de mi cuello y entra a la casa "ángel".
Angeline quiso matarlo enserio pero solo se quedo callada antes de que apretando fuertemente sus armas entrara de mala gana a su apartamento. Si no hubiera usado su espada de las tinieblas pudo haber usado la otra. "La espada sagrada". Esta era un arma hecha totalmente de plata, y con la grandiosa habilidad de congelarse cuando algún extraño la tocara salvo ella y su primer dueño. No le pertenecía a la pelinegra por supuesto, es más ella la había hurtado hace décadas cuando se encontró con uno de los asesinos de sus padres. Luego de una intensa lucha, Angeline no logro matarlo pero si pudo robarle esta arma tan sagrada y especial para él. Una mínima victoria comparada con lo que ella en verdad quería haberle hecho al maldito ángel. Al principio no podía tocarla, la razón era sencilla, cuando la tocaba sus manos se congelaban impidiéndole moverlas por lo cual tuvo que crear un hechizo que su madre le dejo en su diario, gracias a este consiguió al menos manipular el arma. "El alma congelada" eso era lo que estaba gravado en la hoja plateada del arma. La única capaz de congelar los cuerpos de quien recibe un tajo con ella, además de haber sido creada en el reino de los cielos. Era lo único que siempre agradecería al bastardo de Sariel.
-Pues para ser una humana debo admitir que tu casa se ve decente – ante aquella voz se volteo enojada. Fulmino con sus ojos color plata al demonio que estaba sonriéndole apoyado en la pared – Bonita casa ángel.
-Deja de decirme ángel – gruño ella antes de que dejara cuidadosamente las espadas al lado de la pared. No podía dejar que el bastardo supiera algo más de ellas – Lárgate ya.
El demonio elevo una ceja ante aquello.
-¿Eres sorda? – su tono era de fastidio. Ella le odio en aquellos momentos – Debo protegerte. Si no te haz dado cuenta hace unos momentos dos ángeles estuvieron a punto de matarte.
-Yo los hubiera matado – se quejo indignada.
No lo entendía. Por más que viera una y otra vez a esa mujer no comprendía porque no estaba aterrada cuando había visto a dos monstruos dispuestos a matarla. ¿Es que acaso estaba loca? Una excelente suposición contando que la pelinegra estaba bastante enojada y le había llamado demonio. La otra posibilidad es que ella no fuera humana, cosa que ya estaba pensando, y por lo tanto estuviera siendo perseguida por los ángeles por ser una hembra demonio. Una hembra. Ante aquel pensamiento no pudo evitar sonreír burlón mientras recorría con su mirada la estrecha cintura de la joven, para luego subir hasta sus enormes pechos, de los cuales podría cogerlos o amasarlos, y detenerse en su delicado cuello, del cual podría alimentarse por horas mientras la follaba. Era hermosa, sus facciones demasiado femeninas, volviéndolo loco por querer probar esos labios rojizos y bastante carnosos, los cuales devoraría. Sonaba bien para él, salvo que no contaría con el consentimiento de esta mujer, por lo tanto debía aguantarse las ganas. Ella le ignoro por completo antes que tomara asiento y continuara bebiendo una especie de infusión o… ¿Chocolate? Si, debía de ser chocolate caliente. Por el tiempo que vago en el mundo humano aprendió que ellos bebían cosas diferentes a lo que los demonios consumían, aunque claro esta que Axel prefería siempre los licores. No necesitaba alimentos, por ser lo que era simplemente necesitaba algo de sangre dada por algún donante colaborador (alguna mujer excitada).
-¿Qué eres exactamente? – pregunto mientras ella alejaba la taza de sus labios. La coloco en la mesa que estaba frente a ella – No eres humana, lo sé ¿Qué eres?
No necesito respuesta alguna cuando sintió como un fuerte ardor lo atrapaba. Como si hubieran prendido lenguas de fuego alrededor de todo su brazo izquierdo hasta llegar a su espalda. Los glifos. Si le ardían eso significaba que esta mujer en verdad era una hembra demonio, por lo tanto Dark lo había mandado para cuidar de una de sus mujeres de seguro. Maldiciendo para sus adentros se enderezo y cruzo la habitación hasta que estuvo frente a la mujer, ella arqueo una ceja sin entender que diablos pasaba. Él tampoco lo comprendía y no estaba de muy buen humor después de todo esto.
-¿Qué quieres? No soy muy paciente por lo que hablas de una buena vez o te corro a patadas de mi casa. Tu decides – su tono fue de molestia.
-Eres una hembra de mi especie – murmuro él antes de que examinara mejor esos extraños ojos que ella poseía. Un mercurio totalmente liquido. – Ahora dime ¿Por qué eres tan especial?
Ella le miro unos instantes antes de que una sonrisa burlona surcara sus labios. Sensual y atractiva, esta mujer era todo un peligro para cualquier hombre que pusiera sus ojos sobre ella.
-No te contestare eso demonio – sentencio ella. Levanto un poco sus manos y lo empujo hacia atrás antes de que se levantara con elegancia y sensualidad – Te recomiendo solo que te alejes de mí – con aquellas palabras se dirigió hacia un cuarto antes de que le lanzara una mirada cargada de furia – Más vale que cuando regrese te hallas largado por donde viniste Hellboy– luego de aquellas palabras ella solo se fue, metiéndose en una de las recamaras. Dejándolo fastidiado ante aquel apodo.
Era una hembra demonio en todo caso, podría defenderse, además él estaba con ganas de ir a divertirse un rato como cualquier otro demonio. Mejor era largarse. Y se hubiera alejado de no ser porque en unos segundos pudo sentir un extraño olor venir por parte de la habitación por donde la pelinegra se había ido. Delicado, aromático y extrañamente diferente a cualquiera que hubiera olido antes. Rosas. Parecía un campo floral que lo estaba llamando a seguirle como si fuera un león hambriento a quien le pasaba un jugoso trozo de carne. La mujer olía demasiado bien, como una especie de afrodisiaco. Extraño. Giro rápidamente y detecto otro aroma, pero este era muy fácil de reconocer. Picante. Y venia de la taza de donde ella había estado bebiendo su chocolate caliente. La cogió entre sus manos y miro el contenido dándose cuenta que habían restos de un extraño color rojizo, y el aroma picante provenía de eso.
"¿Qué diablos es esto?" Murmuro en su mente sin entender cuando metió un dedo en la taza y lo mojo un poco. Llevo el dedo a su boca para luego chupar.
En cuanto el sabor impregno sus papilas gustativas sintió la diferencia entre el chocolate y la sustancia que esta contenía. "Incensae Libidini". Un maldito afrodisiaco. Susurro una sarta de maldiciones antes de que colocara en su lugar otra vez la taza y pensara como demonios había llegado esta sustancia a una demonio que habitaba en la superficie y era buscada por miles de ángeles dispuestos a decapitarla. Ella no podía tener acceso a aquel afrodisiaco porque este solo se creaba en las profundidades del infierno por algunos de los íncubos y súcubos esclavizados por Lucifer. Entonces, ¿Cómo lo obtuvo ella? O tal vez la razón sea porque la mujer no sabe lo que acaba de consumir. Demonios, la acababan de drogar y era muy probable que dentro de unos momentos ella comenzara a sentir los efectos de la droga y conociendo parte de los síntomas… ella no estaría para nada feliz. Se daba una sana idea de lo que ella haría, en cuanto se sintiera acorralada y excitada se lanzaría a la garganta de cualquiera para matarlo.
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Siguió tecleando las palabras mientras su mente programaba todo lo que estaba sucediendo, y de alguna forma eso le molesto. Se quito los lentes de montura que usaba para trabajar con la computadora cuando sintió como alguien se acercaba a ella. Su asistente. Caroline era nueva en todo esto del asesorarla, pero como muchos le habían dicho en cuanto recibió el puesto: "Ten cuidado cuando este cerca de la dueña", aún podía recordar como aquel día la joven había estado hecha un manojo de nervios que casi ni podía hablar bien. Su lengua muchas veces se había trabado y las palabras le salían a tropezones mientras ella la juzgaba verificando si el puesto le iba o no. Al final termino contratándola y aquí la tenían, a una joven que debía de tener al menos unos veinticinco años sin saber que estaba cerca del mismísimo peligro y terror de la humanidad. No se justificaba diciendo que era una buena mujer y nada por el estilo, ya que su realidad era otra. Era una asesina que usaba una apariencia humana para pasar inadvertida entre la sociedad. ¿Qué le quedaba después de todo? Su raza le había traicionado de la peor manera obligándola a volverse algo que ella misma odiaba, ¿Pero a ellos les importaba enserio? Por supuesto que no. Ellos solo eran seres que deseaban poder gobernar y ser los mejores, cuando en verdad eran una porquería de lo peor. Unos bastardos sin sentimientos que no levantaron ni un dedo cuando Julia había muerto sacrificándose por un maldito ángel.
Su mejor amiga. Su Julia. Con ella había pasado toda su infancia, cuidándose como hermanas que no eran mas ellas siempre se habían tratado como tal. Dos hermanas aunque no existieran lazos sanguíneos que les unieran. Juntas en las buenas y en las malas. Ambas habían compartido sus sueños, contándose como algún día serian las mejores guerreras e incluso serian madres y cuidarían a sus niños, los cuales se querrían como hermanos o primos. Susurrándose secretos y burlándose de todo joven arcángel o querubín que pasaba al lado de ellas y avergonzados se sonrojaban. Tan jóvenes habían sido que jamás se habían dado cuenta de la verdadera cara de los de su propia especie. Ni ella ni Julia entendieron que para los ángeles, quienes tantas veces se hacían llamar los perfectos, lo más importante siempre serian sus asquerosas vidas que otra cosa en especial. La rabia y el dolor se fusionaron en un intenso calor mientras apretaba los puños y golpeaba algo fuerte la mesa. Con solo recordar el pasado le daban ganas de matar a alguien y en este caso bien podría matar a algún insecto que se atravesara en su camino. Tomo aire y guardo la calma, no le convenía perder los estribos y muchos menos cuando había un humano en el mismo lugar que ella.
-Señorita Doyle ¿Necesita algo más? – pregunto la tímida voz de Caroline trayéndole a la realidad. Volteo la mira a su secretaria quien estaba algo tensa.
Le brindo una cálida sonrisa y negó.
-No por ahora Caroline, aunque ya son las seis ¿No quieres irte ya? – pregunto la mujer con ternura a lo que la joven le miro con dudas en los ojos.
Caroline era una chica de estatura media, no muy alta ni muy baja, con una piel un poco morena. Su larga cabellera era de color rubia dorada, bastante rizada llegando hasta media espalda, aunque casi nunca la llevaba suelta por lo que siempre veía a la joven con una cola de caballo y algunos rebeldes mechones cayéndole por el rostro y cubriendo parte de sus orbes color azules brillantes como el océano. Aunque estimaba mucho a la joven, esta seguía siendo bastante tímida y algo callada, incluso algunas veces llegaba a tartamudear por los nervios que le atrapaban. Lo único que sabia de esta joven era que su familia era inglesa y que ella tenía una prima a la que adoraba mucho. Lo ultimo que Caroline le había comentado era que su prima estaba realizando su carrera de bailarina donde había obtenido bastantes éxitos pero por ahora se había tomado un tiempo para pensar, esto preocupo bastante a su amiga quien solo quería saber si su prima pronto estaría bien.
"Cosas de humanos" Pensó la mujer cuando su asistente le sonrió y despidiéndose se retiro para ir camino a su casa.
Siguió trabajando en su trabajo cuando escucho algunos ruidos fuera de su oficina. Frunciendo el ceño se levanto con delicadeza y se dirigió rumbo a la salida mientras el ruido se hacia cada vez más fuerte. En cuanto la puerta se abrió observo como el personal de la compañía estaban asombrados viendo fijamente la televisión que se instalo hace poco tiempo. Extrañada y sin entender cual era tal espectáculo observo la televisión antes de que sus labios se abrieran ante la sorpresa de ver lo que llamaba tanto la atención. No podía estar sucediendo ni en sus peores sueños pero era verdad. Los hechos hablaban por si mismos mientras la sorpresa de cada uno de los trabajadores se hacia más resaltante a medida que las noticias pasaban y la reportera intentaban en vano seguir explicando lo que sucedía en aquel hospital. En silencio se acerco un poco más hasta quedar frente al aparato electrodoméstico, donde las voces resonaban mientras los fuertes ruidos como si de un huracán se tratara.
-¡Esto es horroroso! En el hospital Santa Croce esta sufriendo una especie de ataque terrorista – el horror se dibujaba en el rostro de la reportera – según las enfermeras que estuvieron cerca tres hombres ingresaron además de que hace unos momentos ingreso un hombre y una mujer ¡Parece que están armados!
Que estúpidos. Miro con fijeza como miles de vidrios reventaban de una de las habitaciones mientras la cámara enfocaba mejor. De seguro al ser tan escépticos todos creían que esto era un ataque terrorista cuando la realidad era otra. Lo que en aquellos momentos estaba sucediendo era una batalla, y si no se equivocaba (y sabia que no lo hacia), estaba casi segura que era una batalla entre ángeles y demonios. Maldita fuera su suerte. Con cuidado se alejo un poco retrocediendo a paso lento cuando observo con sus ojos inmortales como unas llamaradas salían por la ventana y una especie de luz le acompañaba. Un ataque. Miro hacia sus empleados, estos solo murmuraban que ni siquiera Italia estaba a salvo de los terroristas y que las calles ya no eran seguras. En realidad nada nunca había sido seguro ¿Cómo nunca se habían dado cuenta antes? Incendios, muertes, explosiones, tsunamis… todo era ocasionado por ellos. Por los ángeles y demonios que siempre se debatían quien debería reinar sin importarles quien podría salir herido. Como su amiga, como la inocente Julia que solo había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. No. Ella no necesitaba volver a pensar en aquellas épocas, después de todo ya habían pasado siglos desde lo ocurrido por lo cual no debía volver a pensar en su antigua "familia". Ella tenía ya una vida, no necesitaba más que su vida para seguir.
Se dio media vuelta y entro a su oficina antes de que tomara asiento otra vez. Miro el monitor, y comenzó a teclear otra vez la carta que estaba a punto de enviar a uno de sus socios que en aquellos momentos se encontraba en Nueva York. Cuando termino de escribir la ultima palabra suspiro aliviada y se centro en el ataque al hospital, ¿Qué estaba sucediendo ahora? No se habían presentado batallas desde hace tiempo, y las pocas que habían dado lugar no eran tan "famosas". Masajeo su frente agotada y se susurro lo cansada que estaba, hace mucho tiempo que no tenía ni un momento para ella. Desde que fundo hace diez años la empresa de anuncios publicitarios, donde ella era la responsable de diseño grafico y al mismo tiempo la dueña. Supuestamente era una simple humana que ya debía de tener al menos unos treinta y cinco años cuando aparentaba mucho menos. Muchos habían llegado a decir que ella parecía una jovencilla de veintidós o veintitrés cuando superaba los dos siglos de existencia, ¿Sorprendente? En verdad no. Ella era una ángel, un ser supuestamente hermoso y milagroso, pero que se había vuelto una asesina luego de todo lo que había pasado. Luego de años de odiar a un maldito ángel que no le importo sacrificar la vida de Julia con tal de seguir adelante con sus propios planes. Eso era lo que le había dolido hasta el alma y lo que nunca podría olvidar aunque le tomara el resto de la eternidad. Los recuerdos de ver a su amiga tirada en el suelo mientras de una enorme herida de su pecho manaba una gran cantidad de sangre, cuando la joven soltó su último suspiro y su cuerpo fue olvidado. Sus manos temblaron ante el simple recuerdo y no pudo evitar golpear fuertemente la mesa por segunda vez en el día. Julia. Aún ahora la lloraba en silencio.
-Señorita Doyle me alegra que aún no se haya retirado de su oficina – murmuro una voz delicada y femenina. No podía ser Caroline porque vio cuando su asistente se iba – Necesito hablar con usted
Despego el rostro de la pantalla y observo a la mujer que estaba frente a ella. Hermosa y elegante eran las dos palabras más adecuadas para describirla, porque si no supiera por sus glifos que aquella chica era una humana hubiera creído que se trataba de un ángel. Tenia una cabellera castaña rojiza, bastante lacea y llegándole hasta media espalda sin ninguna onda o algo por el estilo. Sus ojos eran enormes, de un color rojo bastante oscuro que debía de considerarse granate, oscuro y misterioso denotando un aura de peligro pero a la vez existía algo de bondad. La piel era blanca pero no pálida o nívea, un blanco algo bronceado dándole un toque de piel dorada, suave a la vista. No era demasiado alta por lo cual debía medir 1,58 o 1,56 siendo baja de estatura pero eso era reemplazado con sus curvas bien formadas y las largas piernas bien torneadas. ¿Cómo era posible que una humana fuera tan hermosa? Existía la belleza humana, de eso no había duda pero había una gran diferencia entre la humana y la "angelical" o "demoniaca". Aunque por su forma de vestir consideraba que debía de ser sierva de los demonios, ya que con aquella ropa daba mucho que hablar. Un corsé rojo apretado con toques negros acompañado de unos pantalones de cuero que se adherían a su figura, además de que llevaba unos enormes tacones rojos que le daban más altura. Toda una cazadora de hombres.
"No me sorprendería que fuera la perra de algún demonio" Pensó seria mientras miraba otra vez a la mujer.
Una sonrisa curvo los rojos labios de la castaña antes de que se acercara a paso seguro sin agachar la cabeza o sentir temor. Cosa extraña ya que con tan solo siempre verla cualquiera huía de aquí.
-Contestando a tu duda señorita Doyle o mejor conocida como "la doncella escarlata" – ante aquello su cuerpo se tenso. Nadie sabia ese apodo salvo los de su raza – Es un placer conocerte Elena.
-¿Quién diablos eres? – gruño enojada la mujer a lo que la ojiroja sonrió.
-Podría decirse que tu aliada o mejor dicho… la mujer que necesita de tu protección y ayuda –contesto.
Pudo ver la sorpresa que se dibujo en el rostro de "la doncella escarlata" cuando le pidió esto ultimo. Sinceramente no le gustaba tener que pedir ayuda, mucho menos tratándose de algo relacionado con los ángeles, pero si quería seguir viviendo y de paso ayudar a la hibrida esa que acababa de declararse como el nuevo trofeo debía de tener ayuda. Elena era la mejor opción, porque era un ángel renegado que se fue por voluntad propia del paraíso por lo tanto ella no poseía algún castigo. Según oyó por las bocas de varios demonios en el bar donde uno dirigía (extraño pero cierto) aquella mujer era temida entre muchos por sus instintos asesinos. Cuando Elena se enojaba se decía que era capaz de eliminar a miles con rapidez, era una mujer de temer y bastante peligrosa. Elena era castaña, con su largo cabello llegándole un poco más abajo de la cintura empezando a ondularse desde la mandíbula hasta el final, tenía un flequillo parejo a excepción de unos pequeños mechones más largos a cada lado de su rostro. Sus ojos eran dorados, los cuales transmitían muchas confianza y seguridad. Su blanca piel era como las nubes del cielo, totalmente suave y firme al tacto, y su figura era curvilínea. Sus piernas bien torneadas y esbeltas, y su estatura debía de ser al menos de 1,60. Hermosa, todo un ángel en cualquier sentido. Aunque al final lo era, Elena era un ángel de sangre totalmente pura. Una guerrera. Una asesina. Y la que deseaba la caída de todos los de su raza.
Elena la doncella escarlata. La renegada de todos los ángeles. Pero a pesar de eso seguía siendo un ángel mientras ella siempre seria una humana. Una con mucha suerte, se podría decir que incluso era la favorita de ellos gracias al regalo que le habían dado. Un precioso regalo que a la vez seria su perdición. Y eso lo comprobó con el paso del tiempo. Todo por proteger algo tan pequeño pero a la vez algo demasiado grande. Apretó con disimulo su colgante ante la curiosa mirada de Elena.
-Me llaman Reborn – contesto ella burlona antes de que Elena arqueara una ceja sin entender el apodo. Rodo los ojos, algunas veces los ángeles eran algo serios – Mi nombre es Anastasia, y he venido aquí para hablar contigo doncella escarlata.
Elena le miro con cautela.
-¿Para que me necesitas? – pregunto con seriedad – No te conozco y no se en que puedo serte útil
-Me eres más útil de lo que crees – contesto Anastasia en un suspiro cansino. Había tenido que viajar desde Milán hasta Roma – Se avecina el fin de los tiempos, la última guerra entre ángeles y demonios.
La sorpresa centello en los ojos dorados del ángel. Se levanto con rapidez antes de mirar hacia el exterior de la oficina. Regreso su vista a Anastasia cuando se dio cuenta que nadie había oído las últimas palabras de la ojiroja.
-¿Cómo demonios sabes que son los ángeles y demonios? – ante el bufido que soltó la humana Elena gruño – ¿Quién diablos eres?
-Creo que tu lo sabes muy bien – dijo la joven antes de que cogiera entre sus dedos una especie de gema que llevaba como colgante.
Los ojos dorados se abrieron horrorizados en cuanto reconoció lo que la humana estaba portando en su cuello. Tuvo que retroceder mientras el miedo le invadía, no podía estar pasando esto en verdad. Tal vez estaba soñando pero era imposible, después de todo, los ángeles no soñaban. Volvió la vista hacia el collar y sintió como el poder emanaba de él con tan solo mirarlo. Mordió su labio inferior y reconoció que estaba metida en un maldito lio peor de lo que pasaba. Anastasia llevaba un collar que pasaría desapercibido sino colgara de un maldito amuleto. Uno de los cuatro amuletos sagrados que venían del cielo.
El maldito amuleto que podría destruir al propio universo.
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Elevo el arco hecho de plata encantada a una altura considerable mientras podía sentir el asombro de los dos celestiales al reconocerla. No quería matarlos pero no tenía otra opción, debía de eliminarlos para evitar que siguieran persiguiendo a estos inocentes por orden de Light, a su lado sintió como "el destructor" apretaba el mango de su espada ocasionando que las llamas a su alrededor aumentaran. Debía de luchar. Aunque fuera doloroso eliminar a las personas que alguna vez había considerado su familia, los que habían estado con ella desde su nacimiento y formaron parte de su vida. ¿Cómo se debe sentir uno cuando tienen que decidir? Cuando debe entender que su propia familia a cometido delitos tan graves que son incapaz de ser borrados aunque el tiempo pasara. Ella había admirado a esos asesinos que mataban y luego continuaban sus vidas como si nada hubiera ocurrido, ¿Es que ellos no sentían remordimiento? ¡Habían matado! Ellos quitaron la vida a otra persona que ya no podrá volver a sentir. No podrá volver a abrazar a sus seres queridos, jamás tendría descendencia o formaría una propia familia, o si la tuvo no vería a sus hijos crecer o que lo llamaran cuando más lo necesitaran. ¿Cómo eran capaces de no arrepentirse de sus actos por lo que les quedaba de existencia? Ella deseo aprenderlo, pero aunque lo quisiera su corazón nunca se lo permitiría. Había bondad. A diferencia de muchos de su raza ella no perdió esa pequeña luz que le quedaba. Aun era buena. Gracioso. Ella había tratado durante tanto tiempo que nadie descubriera su verdadera personalidad, escondiéndola por siete años en donde temía que la vieran como un ser débil, hasta que su hermano cometió el error de matar por una orden de Light. ¿Por qué lo hizo? ¿Es que acaso no recordaba el daño que ellos sufrieron cuando quedaron huérfanos? ¿No le carcomía la culpa cuando vio a esa niña asustada y sola en aquella masacre que él hizo con sus aliados? Su hermano ya no era más ese niño bueno que alguna vez fue. Ahora era un ser malvado.
"Uriel" Pensó triste mientras las emociones bombardeaban su alma hasta lograr que por un momento olvidara que estaba en una batalla hasta que sintió como el hibrido a su lado se lanzo contra uno de los ángeles "Diablos"
-¡Muévete bruja! – Ordeno el moreno antes que mirara al ser alado que tenia frente a él, su espada choco contra la del enemigo mientras una sonrisa curvaba sus labios – Espero que no creas que me vencerás mosca alada.
Evangelyne regreso a la realidad cuando oyó el grito de Elizabeth debido a que el otro ángel herido golpeaba con fuerza la barrera invisible que creo Cristel. Negó con la cabeza y relajo su mente mientras se obligaba a concentrarse en la pelea. Ella no era una niña que por primera vez peleaba, era una guerrera que se entreno desde la muerte de sus padres para ser la mejor. Para ser una asesina que no sintiera remordimiento al realizar sus misiones. Y aunque estuviera a punto de traicionar a su gente lo haría por el simple hecho de la promesa que se hizo hace años. Ella prometió proteger a esos niños cuando quedaron huérfanos de padres por culpa de su hermano mayor, quien por solo querer la admiración por parte de Light y los otros cometió un terrible asesinato. Algo tan monstruoso que con solo recordarlo ella temblaba de miedo y terror. Ahora para ella todos los ángeles habían sido revelados tal y como eran, como seres malignos que les importaba más reinar por el poder que si sus hermanos morían en el proceso. ¿Cómo alguien podía ser tan cruel? Dios los creo con el fin de proteger a todos los humanos y ayudarlos a entender cual era el bien y cual era el mal. Pero a pesar de esto lo único que consiguieron era crear dolor y desprecio.
Invoco con su magia sus flechas mágicas, con tan solo unos pocos segundos una luz de color celeste apareció en el arco formando una especie de flecha. Tenso su arma y cerro los ojos mientras los gritos de la humana resonaban. Debía proteger. Sin dar tiempo soltó la flecha y esta salió disparada hacia el ángel herido, clavándose exactamente en su pecho y provocando que parte de su cuerpo se congelara impidiéndole moverse. Las maldiciones obscenas que soltó el alado le hicieron reconsiderar si en verdad este ángel había sido su amigo de la infancia pero luego rechazo la idea. Evangelyne miro desafiante al rubio quien le mando una mirada fulminante antes de que apareciera en su mano una especie de espada dorada de donde unas escrituras brillaban fuertemente. Antes de que la rubia pudiera notarlo el ángel movió la espada y miles de llamaradas surgieron antes de ir como un torbellino en dirección a ella, rápidamente esquivo cayendo sobre sus pies con delicadeza antes de que volviera a tensar el arco e invocara otra flecha mientras su enemigo rehuía intenta esquivar. Sus ojos se fijaron muy bien en cada movimiento, debía siempre de saber primero donde atacar y estar alerta antes que nada. Una regla que no planeaba romper. En cuanto el ángel reapareció a dos metros de ella, la rubia soltó la flecha de color roja que fue directo al brazo derecho, incrustándose y carbonizando parte de la piel. El chillido de dolor no se hizo esperar mientras que la joven sonrió un poco, al menos la puntería siempre había sido su especialidad. En cuanto noto que "su antiguo amigo" salió del aturdimiento por el dolor elevo otra vez la espada dispuesto a degollarla.
Esquivar eso era lo que estaba haciendo Meil justo cuando la espada del "moscón" pasó cerca de su cuello. Muy bien podría matarlo rápidamente, pero eso lo haría aburrido. A él le gustaba sentir la adrenalina de un buen duelo (aunque contra los ángeles y demonios no eran tan buenos), saborear el gusto de ver la superioridad de sus contrincantes hasta que al final ellos notaban la diferencias de fuerzas y terminaban asustados y suplicando por sus miserables vidas. La espada volvió a chocar fuertemente contra la del enemigo cuando Meil elevo la pierna antes de dar una patada en el vientre del moscón, este siseo e intento cortarle la garganta pero con un ligero movimiento le esquivo. Se alejo unos centímetros y elevando su propia espada corto parte del pecho del ángel, este gruño aún más cuando pudo sentir las llamaradas que expulsaban la espada de fuego. Por eso aquel instrumento era peligroso, porque no solo podía cortar sino que también podía quemar cualquier cosa. Buen beneficio. Salto para atrás y se movió rápidamente mientras el ángel lo perseguía fuera de la habitación, las alas del ser creaban un torbellino a su paso, arruinando los pasadizos y ocasionando que muchas camillas o instrumentos salieran volando. En cuanto el ojimarrón vio las escaleras no dudo en lanzarse y saltar cayendo al suelo de pie como un gato lo haría, apretó más fuerte la espada y levanto la mano llamando al moscón, este solo le maldijo y se lanzo extendiendo más sus alas hasta que con un movimiento de su espada provoco un desplazamiento del aire, originando una especie de "cuchilla". Esquivo ágilmente y salto sobre algunos asientos siendo seguido aún. Calculo una forma de terminar esto ya que el aburrimiento le estaba atrapando y una divertida idea cruzo su mente. Había frente a él un ascensor. Y la trampa perfecta.
-¡Te matare! – grito el ángel siguiéndole a lo que él sonrió.
-Eso ya lo veremos – fue simplemente su respuesta. No era tan fácil de matar ni ahora ni nunca, dado su origen y pasado se había vuelto un maldito bastardo que siempre salía ganando. Y no iba a morir, mucho menos a manos de un asqueroso adefesio de la vida como era ese ángel anhelante de muerte.
Las puertas estaban cerradas mientras el elevador se movía, algo nuevo. Cuando estuvo frente a las puertas dio una fuerte patada reventándolas y abriendo el túnel oscuro. El ángel estuvo en unos segundos frente a él, Meil sin dar más tiempo le dio una arrogante sonrisa antes de que se lanzara al vacio. Él ser místico aulló enojado y lo siguió con sus enormes alas mientras el hibrido se dejaba caer. Levanto la espada rápidamente y con un movimiento las flamas se extendieron iluminando la oscuridad del lugar, cuando de repente el ser alado comprendió lo que haría y grito una maldición. Meil no le dio tiempo a más cuando un remolino de fuego fue creado por su arma y de inmediato mando el ataque contra el ser envolviéndolo en un fuego enorme. Los gritos agonizantes fueron escuchados por el joven hasta que cayó sobre el techo del elevador y observo como el ángel era quemado vivo por su ataque. El fuego ilumino más la oscuridad, el cuerpo en llamas se retorcía en el aire mientras las alas comenzaban a desaparecer junto a la forma humana que usaba el ser. El tiempo se detuvo mientras "el destructor" observaba en silencio como su enemigo se extinguía, no solo en cuerpo sino en vida, hasta que unas pocas cenizas cayeron a su lado. El duro golpe que se escucho después fue el resultado de la caída del arma del ángel, su antigua espada. Cogiendo el arma observo como esta estaba fabricada en oro puro, categorizando a la victima del hibrido como un ángel de alto nivel. Debió haber sido un arcángel que hace poco se había recibido. Claro hasta que murió hace unos pocos momentos.
-Por algo seré el rey un día – murmuro mientras el elevador se detenía. Debía de volverse pronto el rey de ambas razas, el que gobernaría con un puño de hierro impartiendo la verdadera justicia que todos habían olvidado con el paso del tiempo. Meil seria un Dios, por lo cual él ganaría en esta guerra de bandos – Serán mi pueblo lo quieran por las buenas o por las malas.
Podía oler el asqueroso aroma a quemado que desprendía el aire después de que el cuerpo del ángel ardió en llamas. Por unos segundos deseo que su sentido del olfato no fuera tan jodidamente sensible. La próxima vez consideraría la opción de no quemar a sus enemigos cuando el estuviera justo a unos pocos metros de él.
"La próxima vez considerare matarlos en lugares no cerrados" Pensó algo molesto el hibrido.
No le fue muy difícil llegar otra vez hacia la superficie y salir del hueco en donde se había lanzado hace unos momentos, fue muy sencillo. Corrió hasta llegar a donde había dejado a la hibrida junto a las dos humanas y la "bruja" esa. Solo que no esperaba ver aquella escena que le dejo sorprendido y a la vez fastidiado. El ángel esa tenia al enemigo en el suelo desangrándose mientras le apuntaba dudosa una de sus extrañas flechas mágicas. Al parecer le había atrapado el remordimiento porque la joven no movía un solo musculo mientras observaba como el moscón estaba quieto también. En los ojos de aquel ser podía ver el enojo combinado con el asco y el desprecio, aunque por lo visto la furia superaba a ambos. A él le daba igual los sentimientos, en aquel momento la rubia debía de matar para sobrevivir no comenzar a dudar y sentir lastima o cariño. A paso firme termino al lado de la mocosa quien solo le miro suplicante. Sabia lo que le estaba pidiendo y la respuesta era no. No permitiría que esa cosa siguiera viva molestándolos por más tiempo, no mientras él estuviera aquí dispuesto a eliminarlo. Además ¿Por qué dejar vivo a un ser que hace poco había tenido toda la intensión de matarlos? La respuesta era tan obvia que solo un imbécil nunca la comprendería. Si esa ángel había creído que todo era bondad y salvación estaba terriblemente equivocada. Alzo su espada y la coloco contra el cuello del pelirrojo quien solo respiraba agitadamente mientras un hilo se sangre chorreaba por su boca hasta su cuello. El ángel tosió expulsando más sangre mientras a su lado la rubia se tensaba algo preocupada por él. Que maldita suerte la suya, ahora debía ver como esta bruja se pasaba llorando por haber herido a su amigo y luego escucharía los lamentos por sus acciones. Estupideces.
-Eres un maldita traidora Evangelyne – gruño enojado el ángel mientras volvía a toser expulsando más sangre de su boca. La rubia le miro con disculpas en los ojos mientras Meil rodaba los ojos – Traicionaste a tu raza.
-No he hecho eso Agniel – dijo ella mientras una lágrima rodaba por su mejilla – Solo ayude a una familia que no merece la muerte. Entiéndelo por favor.
El moscón le escupió enojado y volvió a toser mientras sus ojos refulgían de ira.
-¡Perra traidora! ¡Ojala que te maten y te quemen en los infiernos! – ladro el ángel cuando Meil movió la espada y lo degolló de un corte.
Los ojos de Evangelyne se abrieron horrorizados mientras las lágrimas inundaban sus ojos al ver como su amigo acababa de morir. Ella no había querido esto, solo había deseado que ellos entendieran lo que estaban haciendo, pero Agniel había estado cegado sin querer oír sus palabras que solo eran la pura verdad. ¿Por qué? Su alma lloraba en silencio mientras observaba la sangre color azul que caía formando un charco donde su reflejo le devolvía la mirada. Estaba cansada de tantas muertes, de que todos estuvieran tan ciegos para no ver la realidad de las cosas cuando las respuestas estaban tan claras. Arrodillándose como lo demandaba su casta miro el cuerpo inerte de su compañero de juegos antes de que surgieran sus enormes alas blancas. Evangelyne se arranco una y dejo que esta fuera mojada en el líquido azulino hasta que el cuerpo se prendió en llamas azules, enormes y hermosas de una extraña forma luego… solo quedaron las cenizas. Una lagrima cayo al suelo y murmuro una oración para que el alma de Agniel alcanzara la paz algún día, sin nada más que poder hacer miro al destructor que solo le devolvía la mirada con fastidio. No había ninguna luz en aquellos ojos marrones tan solo sombras de ira y ansias de batalla. Un alma cargada de violencia. Aquel ser jamás sentiría piedad y por lo que acababa de ver hace unos momentos nunca la sentiría por nada y mucho menos por nadie.
Por eso le apodaron "el destructor", nacido mucho antes de que Evangelyne y Uriel existieran. Se contaba entre su gente como este ser había terminado con miles de vidas e incluso había podido acabar con las dos razas. Él único ser al que todos consideraban una rareza demasiado grande, una abominación en muchos casos. Un hibrido. Un ser mitad ángel y mitad demonio. Nacido para eliminarlos. ¿Cómo se esperaba que algo así pudiera siquiera sentir algo más que sed de sangre? Nadie se lo esperaba porque era imposible. O eso pensó Evangelyne hasta que conoció a Angeline y sus hermanos, pero eso era diferente. Si ella y sus hermanos habían matado era para sobrevivir no por placer o eso deseaba al menos creer aún.
-¿Qué pensabas "brujas"? ¿Acaso creías que esa cosa te entendería? – pregunto con un tono tan frio como el hielo. Sus ojos solo expresaban el desprecio combinado con el asco – Ellos quieren matar no razonar. Grávatelo de una buena vez en la cabeza.
Sintió la ofensa ante aquello. No recibiría ordenes jamás y mucho menos las de él.
-Tu no eres nadie para decirme lo que debo hacer y si no lo mate fue porque… – su voz tembló al recordar la amistad que la había unido a Agniel. Cerro los ojos y suspiro – No lo entenderías.
-¿Entender qué? No me digas – la sonrisa malvada que se extendió por el rostro del hombre le mando escalofríos – Que ese insecto era tu amigo ¿Verdad? Era alguien a quien conocías por lo que no podías matarlo por recordar que era parte de ti – ella retrocedió pero Meil avanzo hasta quedar a pocos centímetros de su rostro. El miedo le atrapo cuando los ojos marrones se tiñeron de un color rojo oscuro recordándole a la sangre – Ellos te traicionaran cuando les convenga, no les importa quien muera en el camino con tal de conseguir lo que quieren. ¿Niégame qué los ángeles no ansían más? ¡Vamos! Dame solo unas cuantas razones y niega que ustedes no son malditos depravados y asesinos que incluso matan a los inocentes– puntualizo resaltando la última palabra mientras Evangelyne sentía una puñalada en el corazón – ¿No puedes verdad? ¿Por qué? Porque sabes que todo lo que digo es cierto. Los ángeles han perdido sus propias emociones y aunque lo quieran negar – su sonrisa se ensancho – Ya son unos malditos bastardos pecadores. No te vengas a hacer la puritana conmigo bruja que muy bien sé que si proteges a estos híbridos es por algo y lo averiguare, pero por ahora debo ver a la más joven de mi especie.
Evangelyne vio como el moreno se alejo de ella y encamino sus pasos dirigiéndose hacia la barrera invisible que aún estaba protegiendo a la hibrida y la las humanas. Debía de ir a protegerlas, aunque el fondo sabía que él no las lastimaría, pero las palabras del destructor aún resonaban en su mente. "Malditos depravados y asesinos que incluso matan a los inocentes", había acertado ante aquello. Si era necesario los ángeles podían matar a cualquiera con tal de cumplir con sus misiones, no importaba si en su camino hubieran niños, animales, bebes o incluso mujeres embarazadas. Si se cumplía con la misión de manera exitosa y alguien moría eso no importaba a nadie, ni siquiera si un hermano era asesinado o sacrificado. ¿"El destructor" mentía? Error. ÉL solo decía la pura verdad, eran aquellos seres a los que tanto habían repudiado y contra los cuales blasfemaron. Que ironía de la vida. Levanto la mirada y noto como Meil estaba frente a la barrera observando a la pelimiel que estaba detrás de ella. Los ojos como el mercurio de Cristel le miraron por unos segundos antes de que unas palabras surgieran de sus labios. La rubia no las entendió pero supo que al hibrido no le agradaron por su ceño fruncido. ¿En verdad podía confiar en él? ¿Qué tal si todo era una trampa y este ser quería matar a sus protegidos? No le sorprendería luego del precio que se había puesto a la cabeza de Angeline entre los de su raza. Con paso decidido se acerco hasta la barrera mientras la joven no apartaba los ojos de los del hibrido, indicándole que no le tenía miedo y que era capaz de pelear con tal de defender a esas humanas. Eso alegro a Eva, después de todo el corazón de Cristel era noble y ella era una buena mujer o hibrida. Y por un momento entendió lo que la joven haría pero no podía ser posible.
-¿Quiénes son? – susurro la voz frágil de la pelimiel mientras miraba a Meil para luego ver a la rubia. Cautela brillaba en sus orbes junto a algo más… algo misterioso como si tramara algo – Lo vuelvo a preguntar ¿Quiénes son? Sé que ella es un ángel pero tú eres un demonio. ¿Qué quieren de nosotras?
Meil le miro fijamente unos momentos para luego sonreír de manera seductora. Evangelyne entendió que él plan del hibrido seria llevarse a la joven, si no era por las buenas que en este caso seria la seducción lo haría por las malas o mejor dicho el modo agresivo.
-Soy como tú – contesto el hibrido. Los ojos como la plata se abrieron algo sorprendidos antes de que la barrera cayera. La rubia sintió miedo, tal vez esto no era buena idea – Debes venir conmigo, tú y tus hermanos. Vendrán conmigo y estarán a mi lado de ahora en adelante – la orden se denotaba en sus palabras. Evangelyne se tenso entonces. No iba a permitir que ese ser obligara la joven y su familia a irse con él.
Cuando el moreno iba a tomar del brazo a la ojiplata algo extraño sucedió. Todo se detuvo por unos instantes antes de que un fuerte dolor le invadiera. Evangelyne soltó un grito de dolor obligándose a llevar ambas manos a su cabeza. Era horroroso como si le hubieran dado un fuerte golpe solo que este no era físico, era psíquico. La dolencia era enorme llegando al grado de obligarle a olvidar todo en su mente, tan solo estaba concentrada en sufrir más y más. ¿Cómo era posible algo así? Mareada se alejo de los las humanas y de su protegida mientras intentaba entender que mierda le pasaba. Otro azote de dolor le invadió haciéndola esta vez caer de rodillas y chillar, golpe tras golpe. Sus ojos se abrieron en el momento justo cuando vio como Cristel se levantaba algo agitada para luego salir corriendo en compañía de Skyler y Elizabeth. Respiro hondo antes de que el dolor desapareciera dejando paso a un mareo como consecuencia. Miro a un lado y se encontró con "el destructor" quien se sostenía la cabeza con una mueca en sus labios. También él lo había sentido.
-Así que ella también posee esos dones – susurro burlón Meil a lo que ella frunció el ceño sin entender. Ya no le dolía la cabeza pero aún estaba mareada – Tiene buenos dones la mocosa.
-¿De qué estas hablando? – murmuro enojada. No estaba en un buen momento para ser comprensible y la paciencia nunca había sido su fuerte – ¿Qué demonios nos paso?
Una de las cejas de él se arqueo antes de que la burla destellara en sus orbes ahora marrones.
-No me creo que hayas podido lanzar una maldición bruja – la burla incremento a lo que ella gruño – Lo que acabamos de sentir es el don de Cristel – contesto encogiéndose de hombros. Cuando noto que ella no comprendió susurro una maldición – Nosotros los híbridos nacemos con dones diferentes a ustedes los ángeles o como los demonios, ustedes son el bien y ellos el mal. Nosotros somos algo neutral.
Ahora acababa de comprender. Los ángeles tenían dones relacionados con la vida o la naturaleza, como por ejemplo el de entender a los animales o el de regenerar, mientras que el de los demonios estaba relacionado con los elementos o el extremo psíquico. La teletransportación era un buen ejemplo o el de manipular las mentes, pero de eso no pasaban porque sino las desgracias podrían renacer.
-¿Son como un intermedio entonces? – pregunto.
-Si se puede decir que sí aunque nuestros dones son algo más fuerte. O al menos los míos pero viendo los de Cristel no me cabe duda que los híbridos siempre hemos sido especiales.
No iba a negar eso. Pero ahora no era el momento para eso. Enderezándose hizo aparecer otra vez sus alas antes de que tomara impulso y saliera volando por los pasillos tratando de captar la esencia de la pelimiel y las humanas. Cuando la hallo las ubico fuera del hospital lo cual era sorprendente después de todo debieron de haber tardado más en salir. Una fuerte aura estuvo a su lado obligándola a enfocar su vista en su lado derecho. Meil estaba a su lado pero en lugar de volar corría tan rápido sobrepasando las escalas humanas, cosa que aterrorizaría a cualquiera sino fuera porque no había ningún humano en el lugar. Todos pensaron que lo que sucedió se debía a un ataque terrorista. Algo útil. El hibrido le miro antes de que volviera la vista al camino mientras ambos avanzaba más rápido hasta llegar a superarla.
No soportaba a aquel ser. Pero mientras se tratara de salvar a sus protegidas haría lo que sea y eso incluía trabajar por ahora con este tipo. Aunque muy bien sabia que ni el mismo quería ayuda.
Que Dios le ayudara porque los problemas se avecinaba y ella esperaba estar lista para ellos.
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Toco por quinta vez la puerta esperando a que ella le abriera, pero nada ocurrió. Rodo los ojos ante la actitud infantil que estaba tomando esta mujer o hembra demonio. Hace más de quince minutos que esperaba una respuesta y aún no le habían contestado por lo cual su paciencia se estaba yendo a la jodida mierda. No era la niñera de nadie, y detestaba ese empleo a menos que fuera por su hermana menor pero eso era otro caso. Apretó el puño y volvió a dar otro golpe pero nada sucedió. Su paciencia exploto entonces. Aporreo otra vez la puerta y al obtener el mismo resultado la pateo abriéndola al fin. No le importaba lo que ella estuviera haciendo pero Dark le había ordenado proteger y si su alma era el pago tenía que cumplir su orden. Sus oídos fueron inundados con la letra de una canción que últimamente estaba siendo escuchada por muchas mujeres, y por lo que sabia era bastante romántica. Olvidándose de eso dirigió su vista hacia la cama donde la mujer descansaba y el intenso olor a rosas llegaba abofeteándolo e indicándole la droga que había bebido. Murmurando una maldición miro a la hembra y sus ojos no pudieron apartarse ya. Su respiración se volvió pesada y un gruñido salió de entre sus labios sonando ahogado. La imagen que tenia frente a él enloquecería a todo macho que estuviera en su lugar y Axel no era la excepción a esto mucho menos cuando la seducción estaba gravada en el aire.
Recostada en las sabanas blancas se encontraba la hermosa pelinegra enredada usando solo un camisón de seda blanco que se le pegaba a la perfección al cuerpo llegándole hasta los muslos. El escote en V dejaba ver el inicio de los enormes senos que rogaban por ser acariciados, e incluso podía ver los erectos pezones que se denotaban por la ligera tela. La cascada de cabellos negros caía sobre la almohada mientras sus labios se entreabrían haciéndolo ansiar devorarlos. Un ángel. En este caso en verdad parecía uno de aquellos malditos pero hermosos seres. La excitación le atrapo sintiendo como "su amigo" le ordenaba lo que sus instintos deseaban. Su cuerpo estaba tenso y listo para el apareamiento. Si esto fuera como con los de su especie, la hembra estaría lista y él solo debería acercarse luego habría algo de pelea y finalmente la unión. Ambos podrían alimentarse del otro al final del coito y más tarde cada quien se iría por su lado. No era común que un demonio se uniera a otro por la eternidad, había sucedido si pero por descuidos, cuando ambos se alimentaban con sangre de más pero para estar seguros esto siempre había que tenerlo con cuidado. Sus ojos recorrieron cada centímetro del cuerpo femenino hasta quedar detenido en su cuello. Blanco y pálido, estilizado y provocativo tentándolo a clavar sus diente en él. Se relamió los labios cuando sus colmillos surgieron pidiendo la esencia de la vida. Debía detenerse. No podía tener sexo con ella o obligarla a someterse a él, y mucho menos beber de ella. Camino unos cuantos pasos hasta quedar cerca de la cama. Era demasiado llamativa que incluso cualquiera la encontraría fascinante y sensual. Demasiado sensual. La mujer se removió entre sueños y emitió un gemido de sus rojos labios mandándole una corriente eléctrica por todo su cuerpo. Maldita su suerte. Fue peor cuando el aroma a rosas creció hasta inundar profundamente su interior.
Olía endemoniadamente bien. Su olor natural combinado con el afrodisiaco le daba un olor picante y sumamente atrayente.
Era obvio que las feromonas de la droga que había bebido ella le estaban provocando esto, pero incluso aunque esa no fuera la razón no dudaría en tomar a esa mujer si ella se lo pidiera. ¿Cómo alguien en su sana juicio la rechazaría? Solo un demente lo haría. Los glifos negros no tardaron en aparecer en su brazo izquierdo formando aquella encrucijada que la caracterizaba como parte de su especie, al igual que los suyos propios aparecieron confirmándole otra vez que ella era una hembra demonio. Una demasiado sexy. La joven se removió otra vez ocasionando que la tela subiera dejando más de sus muslos a la vista. La suave piel le llamaba y sin poder resistirse por más tiempo estiro su mano y acaricio suavemente cometiendo el error más grave de su vida. Era demasiado suave, muy frágil y tan delicada que tenia miedo de lastimarla. Otro suave roce y provoco que la pelinegra soltara otro gemido mientras abría lentamente sus ojos mostrándole aquellos orbes de color plata. Adormilada y sensual. Una tentación demasiado grande. Intento quitar su mano preparándose para escuchar un grito de enojo o un intento de golpe como hace rato pero en lugar de eso la mano de ella se posiciono sobre la suya y se lo impidió. Le miro algo sorprendido cuando una seductora sonrisa curvo los labios de la hembra. Y con eso sintió su erección chocar dolosamente contra sus vaqueros.
-Mmm ¿Qué se supone que haces aquí Hellboy? – pregunto con una melodiosa voz. No sabia si preguntar por el extraño apodo o solo decir porque demonios esa nueva actitud con él – ¿Viniste a ver a tu cría o qué?
-Se supone que debo protegerte – se quejo Axel frunciendo el ceño cuando ella rio y se removió un poco – ¿Ya no quieres matarme?
La sonrisa que ella le dio le dejo algo pasmado.
-¿Matarte? Buena pregunta pero no quiero por ahora – se burlo ella. La hembra estiro su mano y acaricio con su suave mano la mejilla de él haciéndolo estremecerse – Mmm suave pero a la vez fuerte. Interesante para ti Hellboy.
Noto como los pechos de ella se levantaban en cuanto la mujer se sentó en su cama sin molestarse siquiera en cubrir sus deliciosos muslos. Maldita tentación. Retrocedió pero ella rio divertida apoyándose en sus rodillas, los pechos se balancearon y su "amigo" volvió a tirar. Por los mil demonios. ¡Era la droga! Cuando se suministraba más de lo debido ocasionaba que el consumidor cambiara su actitud volviéndose como una especie de borracho sin razón que solo buscaba algo. Ella querría sexo. Los labios de ella se abrieron otra vez antes que estirara su mano llamándolo pero él le ignoro. Debía de alejarse de ella lo más pronto posible o sino terminara enredado entre las sabanas. Angeline comenzó a gatear por la cama indicándole lo que quería y lo que él ansiaba. Y vaya que lo ansiaba. Otra ola de hormonas asalto sus fosas nasales y su pobre control comenzó a caer llevándolo hasta la locura. Solo una vez no mataría a nadie. Aunque si lo hacia tal vez Dark cambiaria de opinión y le negaría su alma. Jodido cabrón.
-Mira ángel estas drogada por lo cual debes de descansar y no estar… – callo cuando casi dijo "ofreciéndote" – Debes descansar.
Angeline hizo un puchero antes que se cruzara de brazos.
-Solo será una vez ¿O tienes miedo de mí Hellboy? – sus ojos brillaron cuando él gruño ofendido ante eso. Jamás temería a ninguna mujer – Al parecer me tienes miedo Axel. Tienes miedo de que yo sea demasiada hembra para ti.
Antes de que pudiera detenerse se había lanzado sobre ella poniéndola contra la cama, ella soltó un gritito de sorpresa y sonrió divertida mientras sus ojos brillaban hambrientos. Cuando la mujer iba a decir algo el la callo con un furioso beso que le hizo casi gemir de gusto. Chocolate caliente con algo de picante. La obligo a abrir la boca e ingreso su lengua enredándola contra la de ella, y haciéndola jadear. Sabía muy bien, diferente al sabor de cualquier otra mujer como si fuera una fruta prohibida. La pelinegra gimió contra sus labios antes de que llevara sus brazos tras la cabeza de él enredando sus dedos entre los cabellos y dando tirones con cada gemido que soltaba. Se separo unos segundos y no le dio tiempo para un respiro ya que volvió a colocar sus labios contra los de la hembra. Las caricias no tardaron en llegar junto a los jadeos. Hambre. Estaba demasiado hambriento como jamás lo había sentido. Obligo a la lengua de ella a jugar con la suya hasta que tuvo que separarse por la falta de aire. Angeline le miro con sus ardientes ojos antes de que sonriera provocándole. Esta mujer era demasiado sensual. Pero dos podían jugar al mismo juego.
-Sabes muy bien – murmuro el rubio antes de que lamiera el lóbulo de la oreja de la joven haciéndola arquearse y gemir. Una suave caricia en la cintura la hizo sollozar – Estas jugando con fuego ángel y eso que te acabo de conocer.
-Seria interesante aprender a no quemarme – susurro ella antes de que otro salvaje beso los silenciara.
"Sabe demasiado bien. Como un chocolate con fresas" Pensó burlón cuando lamio el labio inferior de la joven. Esta solo tembló ante su acción.
Axel no sabía que estaba haciendo. Tan solo sabia que no podía dejar de besar cada parte de piel que descubría ni tampoco podía dejar de lamer como si fuera un gato. El calor y la excitación inundaban su cuerpo cuando una corriente eléctrica volvía a surcar en su interior. Cada caricia le hacia ansiar más. Su camisa fue destrozada cuando ella tiro fuertemente antes de que se siguieran besando intensamente. Alzo parte del camisón y acaricio los muslos, un chillido de sorpresa salió de la boca de la mujer. Se ubico mejor sobre ella mientras aún degustaban la boca del otro, la ferocidad de ambos sorprenderían si él no supiera que sus instintos de demonios les obligaban a hacer esto. Aparearse era algo común, aún más entre los demonios contando que ellos eran seres que estaban arraigados a la lujuria, un pecado bastante resaltante entre muchos, la que los volvía locos de pasión o en algunos casos animales en celo. Las manos de la pelinegra acariciaron sus hombros antes que sus uñas causaran leves arañazos de ánimos, en cambio las de él se demoraban rozando y pellizcando. En cuanto los labios de Angeline estuvieron libres él descendió por el blanco cuello besando y lamiendo hasta que con sus colmillos raspo levemente sacándole otro gemido. Las piernas de la ojiplata se enredaron a su cadera mientras él solo se frotaba contra ella indicándole la excitación que sentía. Otro gemido y Axel estuvo perdido mordisqueando levemente y chupando. Las sabanas rosaban sus cuerpos cuando rodaron y la hembra quedo sobre él, los besos de ambos los dejaban sin aliento y sin pensamientos coherentes tan solo sus instintos les acompañaban. La música resonó un poco más fuerte y Axel recordó algo entonces. Esta mujer era su protegida a la cual debía de cuidar de los ángeles que la querían muerta.
Tal vez Dark lo mataría por esto. Pero ya no le importaba. Ahora lo que más deseaba era follar a esta mujer ya luego vendrían las consecuencias. Aunque lo que el demonio no sabía era que estas serian demasiado grandes incluso para él.
Axel no supo más del mundo cuando la dejo desnuda dejándole admirar la belleza femenina de Angeline. Lo último que escucho fue la letra de la canción resonando en la habitación. Una extraña letra en aquella situación que le divirtió en el fondo.
You're here, there's nothing I fear,
And I know that my heart will go on
We'll stay forever this way
You are safe in my heart
And my heart will go on and on
Si, su corazón seguiría latiendo si Dark no lo mataba después de esto pero enterró sus pensamientos cuando la letra termino. Aquello fue lo último que supo diferenciar antes de que sus instintos lo atraparan y tomara a la mujer como la deseaba. Sin dar rienda a la dulzura sino a la pasión. E incluso seria tarde para notar que Angeline estaba ovulando en aquellos momentos. Pero ¿Quién escucha razones cuando su lado salvaje esta suelto? Nadie lo hace y no se le podría juzgar por aquello.
Un futuro estaba formándose…junto a un nuevo ser.
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El cuarto se ilumino por unos instantes antes de que siete figuras se formaran antes de que estas se convirtieran en cuerpos. Hombres o al menos eso aparentaban ya que estaban encapuchados con túnicas de color blancas. Cada uno sostenía una espada mientras en el suelo se había creado un enorme círculo luminoso con extraños escritos que parecían denotar la lengua sagrada del latín. El azul de la luz se extinguió y las letras desaparecieron mientras los siete hombres bajaban sus capuchas mostrando sus rostros. Bellos y masculinos, perfectamente cincelados y esculpidos por obra de Dios, cada uno de aquellos seres era perfecto. Altos y fuertes con aspecto de guerreros que estaban dispuestos a dar todo con tal de obtener la victoria, a pesar que podrían salir muertos en el camino. No les importaba en lo más mínimo contando que su misión era en aquellos momentos destruir a un ser maldito, una abominación que Light les suplico eliminar con tal de exterminarlo, llegando al grado de prometerles sus alas doradas. Un paso para ser ángeles. Normalmente para ser debían de pasar unos setecientos años, en donde cada joven guerrero recibía misiones dependiendo de lo que se necesitara. Matar, salvar o cuidar. Las tres palabras que cada uno debía de aprender a realizar. Al inicio la primera era matar, siendo jóvenes aún debían de eliminar al menos unos cuatrocientos demonios en sus primeros siglos de vida lo cual luego les ascendería. Salvar era la segunda palabra y esta se debía a que debían de haber logrado que cincuenta humanos dejaran el pecado y se dieran cuenta de la gracia divina. Por ultimo estaba cuida, aunque muchos no la entendían los arcángeles tenían asignados a un protegido al que debían lograr cuidar y hacerlo feliz, cuando esta ultima misión era realizada las alas doradas les pertenecían, por lo cual cuando faltaba poco para los setecientos años o en extraños casos los doscientos se decía el nombre de su protegido y el arcángel debía de lograr que este fuera feliz en un año. Si cumplía esta última misión recibiría sus alas doradas pero si fallaba debía de repetir los tres trabajos otra vez hasta que lo consiguiera.
A nadie le gustaría fallar, pero con el trabajo que asigno ahora Light era la oportunidad perfecta para lograr lo que tanto ansiaban. Tan solo debían de conseguir la cabeza de la maligna y serian ángeles. No sonaba tan difícil, hasta que les informaron que el demonio Dark había mandado a uno de sus siervos a protegerla. Y no cualquiera, entre todos eligió a uno de los peores. Astarot, el duque de los infiernos. Muchos habían pensando que el seria la mano derecha de Lucifer cuando todos los ángeles traidores cayeron ya que el rubio había demostrado una frialdad tan grande al matar junto a su avaricia por tener más. Perfecto para el puesto pero en lugar de ser él eligieron a Dark. Lo último que supieron de Astarot fue que el demonio había decidido dejar los infiernos y vivir en el mundo humano, de eso hace unos cincuenta años. Tendrían problemas.
-¿Qué haremos? – pregunto un joven de largos cabellos color rojizos como la sangre que le rosaban los hombros. Sus intensos ojos verdes denotaban una calma sepulcral pero en el fondo existía preocupación. Su pálida piel parecía traslucida pero aún se denotaban sus hermosos rasgos, alto pero no tanto como dos de sus compañeros. Uriel, el más joven de los siete – Astarot debe de estar en estos momentos con la mujer ¿Algún plan?
Miro a todos quienes solo tenían las cabezas gachas antes de que las levantaran.
-Opino que eliminemos al demonio – fue el turno de hablar de un joven de largos cabellos gris platino que le llegaban hasta media espalda. Sus enormes ojos eran grises azulinos, brillantes y serios que expulsaban tranquilidad pero a la vez bastante poder. No era muy alto por lo cual era uno de los tres más bajos, pero eso no quitaba su fuerza y grandeza. Sariel, también joven pero a diferencia de Uriel ya tenia setecientos años – Seria lo mejor para todos de paso eliminaríamos a un ser despreciable.
-Apoyo a Sariel – los largos cabellos de blancos rozaban los hombros. Los ojos de este arcángel eran de color azul zafiro, opacos por la rabia escondida pero manteniendo aún aquella calma mortífera. Uno de los más bajos también, pero como Sariel era bastante fuerte y rápido a la hora de crear estrategias perfectas. El cuarto antiguo, Selaphiel – Debemos eliminar a Astarot, luego de eso la mujer quedara indefensa y podremos acabar con ella – ante aquellos el ojigris sonrió al recibir apoyo. Selaphiel se encogió de hombros – ¿Alguna alternativa?
Uriel miro a todos esperando otra propuesta. No podían matar a Astarot aunque lo quisieran, porque había dos detalles. El primero era la fuerza del demonio y su astucia para destruir a miles de ángeles fácilmente combinado con sus poderes de fuego, lo que lo volvía un ser casi indestructible además de que Lucifer los mataría si eliminaran a uno de sus mejores vasallos. El otro detalle eran los aliados que tenía el demonio. Con el paso del tiempo Astarot había logrado obtener varios demonios a su disposición y con la muerte del duque estarían acabados por el resto. No tenían opciones. Y el tiempo se estaba acabando.
-Seria un error destruirlos – comento Uriel serio – Astarot tiene aliados y si muere estos intentaran destruir el reino celestial.
-Comparto la opinión de Uriel – las palabras las dijo un castaño de cabellos largos hasta la espalda. Sus ojos azules como el océano miraban serios a todos mientras su piel algo bronceada relucía su juventud, a costa de que era uno de los antiguos. Fuerte y hermoso como los demás, uno de los más bajos también pero su valor y misericordia eran enormes. Raziel el antiguo – Estaremos en manos de los demonios si todos se unen. Pensemos con sensatez primero ¿Estas conmigo Remiel?
-Estoy contigo Raziel – Remiel, otro de los antiguos. A diferencia de los arcángeles que comúnmente siempre llevaban el cabello largo, Remiel lo tenía corto por alguna extraña razón o costumbre. Sus ojos brillantes eran azules pero pareciendo más al cielo con un toque grisáceo casi imposible de notar pero que transmitían dolor. Era más alto que Raziel pero su corazón muy en el fondo era bondadoso, cargando una culpa que siempre le carcomería por dentro condenándolo a una vida sin descanso – Debemos de lograr que Astarot deje por unos momentos a la mujer y luego la matamos.
-No estoy de acuerdo – la voz profunda de Ariel sorprendió en el fondo a Raziel y Remiel. Los largos cabellos del pelirrojo brillaban mientras sus ojos verdes denotaban furia en el interior, no era tan alto como Uriel pero si había bastante diferencia en sus rostros y personalidades. Usualmente Ariel era calmado pero en estos momentos se denotaba su enojo. Él odiaba a los demonios y los quería a todos muertos – Matémoslo es lo mejor para el mundo. Lo mejor para los de nuestra raza.
-Ariel – la voz de Remiel era un regaño pero a la vez la lastima – Eso no cambiaria nada…
El pelirrojo se negó a mirar a sus compañeros de batalla cuando el dolor le atrapo. Uriel sabía porque el ojiverde era de esta forma cuando se trataba de los demonios, y no lo culpaba porque él no era el mejor para juzgar pero el odio siempre los llevaba a la destrucción. Ariel se había enamorado hace más de cien años de una mujer, de un ángel pero esta jamás le pudo corresponder porque ella amaba a otro. Amaba a un demonio. El estomago de Uriel se revolvió ante aquel pensamiento y de solo imaginárselo se asqueo. Si eso le pasaba a él que no había sido nada de aquella mujer no podía imaginarse como había sido aquel doloroso golpe para su compañero guerrero. Su corazón debió haberse roto en pedazos y aunque el tiempo había pasado las heridas del ojiverde no habían sanado, dejando gravada una profunda y ardiente cicatriz que no quería cerrar. Al igual que Uriel tenia sus propios demonios tras él.
Hizo una mueca y observo al único que no había hablado.
-Tu decides Gabriel – musito el pelirrojo mientras todas las miradas se situaban en el único arcángel que esperaba. Su larga cabellera le llegaba hasta la cintura de un tono rubio dorado que recordaba a la belleza de aquel mineral. Sus ojos eran extrañamente rojos como la sangre que transmitían autoridad y elegancia pero como los demás ocultaba un secreto que le marcaba el alma con fuego. Su piel era pálida aunque no tanto como la de Uriel, pero si parecía tersa. Alto y fuerte, elegante como un rey que estaba dispuesto a deliberar ante su pueblo. La última palabra la tenia él y si Gabriel decidía la muerte del demonio como elección nadie discutiría – Tu nos dirás que hacer.
Los ojos rojos miraron a todos antes que asintiera dando un paso al centro. Suspiro y como si fuera magia creo con su mano derecha una especie de luz dorada que obligo a todos a no despegar los ojos de ella. Un espejo reflejando algo. Se podían ver a miles de personas transitando una calle cuando un hospital destrozado fue enfocado. La imagen tomo otra forma y mostro las cenizas de un cuerpo, cenizas azules. Un ángel acababa de morir.
-Agniel murió hoy día junto a otro compañero guerrero. Estoy seguro que fue un demonio pero pensemos ¿Qué ocurriría si desatamos una guerra en estos momentos? – se miraron entre si y asintieron. Destrucción. Esa era la respuesta –Así que piensen ¿Vale la pena destruirnos y perjudicar a más de nuestros hermanos? Por supuesto que no. No mataremos a Astarot, pero si él se mete en nuestra cacería pagara las consecuencias al igual que cualquier otro demonio ¿Esta comprendido todo?
Los seis arcángeles asintieron.
-Es hora de marcharnos entonces. Debemos de buscar a la mujer y matarla – hablo Gabriel antes de que mirara a Uriel con seriedad pero un brillo de comprensión se ilumino en sus orbes rojos. El pelirrojo se hacia una idea de lo que el rubio le preguntaría pero prefería mantenerse en silencio hasta que no le pidieran hablar, mucho menos de este tema – ¿Haz sabido algo de Eva?
Sabía que le preguntaría eso. A pesar de todo sintió un puñetazo en el alma, tan doloroso que por un segundo creyó que caería al suelo pero esto no sucedería no mientras el fuera un guerrero que ya había experimentado peores dolores antes. O al menos eso quería creer. Uriel no había sabido nada de su hermana en dos años, tiempo el cual pensó que quizás ella regresaría pero no había sido así. La joven rubia era todo lo que quedaba en su familia, desde que sus padres fallecieron en una de las guerras entre ambos bandos ellos quedaron huérfanos, solo teniéndose el uno para el otro, un dúo que siempre se protegía. Hasta que hace un siglo exactamente que sentía a Evangelyne diferente con él. De lo cariñosa que siempre era había cambiado volviéndose distante, fría e incluso pudo notar un atisbo de miedo en sus orbes rosas. Miedo de él. Miedo de su hermano mayor y no entendía porque. ¿Qué había hecho Uriel? ¿Acaso la había asustado de alguna forma y no se dio cuenta? Era lo que menos quería pero aún no lo comprendía. Siempre había sido cuidadoso con ella, procurando jamás asustarla mucho menos cuando regresaba de sus batallas, limpiándose siempre la sangre que había derramado al matar a demonios. Pero ahora todo cambio. Ya nadie le esperaba, nadie le saludaba cuando regresaba a su hogar. Solo lo recibía el silencio y la soledad. Ya no tenía a su hermana y no sabia cual era la razón para su perdida. Eso era lo que más le dolía.
Sus compañeros esperaban su respuesta, algunos la sabían. Tomo aire y negó con la cabeza antes de que se pasara su mano por sus rojos cabellos.
-No he sabido nada de ella en estos dos años. No sé donde podía estar – la voz le tembló pero mantuvo su postura. No podía dejar que sintieran lastima por él. Eso jamás – Será mejor irnos ya. Debemos cazar a la mujer.
Gabriel asintió junto a los demás antes que comenzaran a desparecer sus cuerpos listos para ir al exterior y buscar a su presa. A la que los llevaría a la gloria.
-Te entiendo a la perfección Uriel pero al menos tu hermana sigue viva – musito Remiel. El dolor se distinguió en su voz junto al pesar y la culpa atrapo al pelirrojo.
Sabia que su hermana seguía viva porque en ambas razas, sean ángeles o demonios, había una conexión entre los hermanos de la misma sangre. Aquel lazo permitía saber el estado del otro, desde la tristeza o las heridas e incluso saber si uno había muerto. Por lo tanto Eva seguía con vida, lo sentía, en este momento ella estaba preocupada pero con vida en cambio la hermana de Remiel ya no lo estaba. Y parte de aquello era culpa de Uriel, Raziel y Sariel. Los tres habían sido los verdugos de aquella hermosa mujer, habían sido los que la sentenciaron a muerte junto a su esposo. Aún recordaba como los hermosos ojos de color plata le habían mirado con dolor cuando el clavo su espada en el corazón. Las lágrimas habían caído por los ojos de aquella mujer cuando murmuro unas cuantas palabras entre jadeos, "Lucian, Angeline, Cristel siempre los amare", luego de eso la mujer había muerto. Y lo que más le dolía es que ella no lo había culpado, no lo había maldecido ni nada, tan solo había esperado la muerte cuando su esposo había muerto por la mano de Sariel.
La culpa era un sentimiento eterno y en este siglo que había pasado aún no lograba afrontar haber asesinado a aquella pareja. Estaba bien que nadie aprobara el amor que la joven había sentido por el demonio pero ¿Matarlos? Eso había sido algo terrible e imperdonable, y aunque Remiel siempre decía que no los odiaba, sabia que aún existía un rencor pero siempre el arcángel trataba de disminuirlo echándose la culpa por no haber sido más atento con su hermana. Se odiaba por no haber impedido aquella mortífera unión. Una unión maldita por las dos especies.
-Gracias Remiel – murmuro Uriel a lo que el nombrado solo asintió.
Uriel nunca se lo perdonaría. Mucho menos cuando pudo ver como la niña que habían usado para llegar hasta la pareja les miraba aterrada y con su corazón destrozado. Maldita fuera la conciencia. No había querido usar a la niña, pero tuvo que enamorarla y encantarla con su belleza para que ella cayera en sus redes. En cuanto ella estuvo en sus manos le obligaron a llevarlos con su familia donde mataron a los padres y dejaron huérfana a la niña. Debió haber sido humana, por la simple razón que no existían híbridos a excepción de "El destructor", solo él era un hibrido pero nadie más. Daba igual. La humana ya debió haber muerto hace años al ser un mortal por lo que no importaba si lo había odiado. Entonces ¿Por qué Uriel seguía sintiéndose culpable?
Porque el remordimiento era el peor sentimiento de todos. Podían pasar siglos, milenios o toda la eternidad, pero su conciencia siempre estaría sucia. Era un bastardo manipulador… y eso nadie lo cambiaria ni siquiera su propia hermana.
Eso es todo por ahora. ¿Qué les pareció? Lo hice un poco más largo o eso pienso al menos jeje pero espero que el próximo lo sea más. Aquí dejo las preguntitas del capitulo:
-¿Qué tal el capi? ¿Qué les pareció?
-¿Alguna opinión respecto a los siete arcángeles?
-¿Quién será en verdad Anastasia? ¿Su colgante en verdad será la destrucción del universo?
-¿Qué tal los dones que menciono Meil? ¿Lograra él que Cristel no huya con las humanas? ¿Eva protegerá a las chicas?
-¿Opinión acerca de la droga que consumió Angeline? ¿Qué consecuencias traerá esto?
Bueno eso es todo lo que preguntare, ahora iré preparando el próximo capitulo : ) sin más que decirles me despido y si quieren dar ideas para el próximo capitulo las acepto con mucho gusto. Hasta luego, byeeee
