Hola a todos! Espero que estén bien y pasando un buen fin de semana. Al fin traigo la continuación de este fic que me tomo como… ¿Dos días? bueno eso no importa ahora diré una cosa antes de iniciar, si alguien desea participar en "The seven guardians of the Sins" todavía acepto un oc femenino con tal que el pecado sea avaricia. Después de eso dejo aquí las aclaraciones del capi o más bien de algunos seres que se mencionaran en este capitulo y los cuales me invente mientras me aburría rumbo a la consulta del doctor:

-Los demonios sombra o Umbrian: son demonios capaces de ocultarse entre ellas como lo hacen los pájaros de las tinieblas, salvo que tienen la habilidad de ver la oscuridad de las personas junto a sus más oscuros secretos. Si el demonio lo desea puede extraer estos secretos del otro individuo para darle algo de paz, salvo que el umbrian haya pasado los cincuenta años y tenga experiencia.

-Cimice: demonios con aspecto de enormes ciempiés, son sumamente peligrosos y venenosos. Se cuenta que un huevo de cimice tarda más de cien años en abrirse por lo que son muy raros de ver.

-Cuatro reyes celestiales: son cuatro dragones encerrados en amuletos sagrados. Fueron creados por los tres arcángeles principales, Gabriel, Rafael y Miguel. Reciben el nombre de Sacro: sagrado, Divinum: divino, Caelestia: celestial, Spero: esperanza aunque este último fue cambiado a Mortem: muerte.

Ahora si los dejo con el capitulo y espero que les guste xD

Disclaimer: inazuma eleven no me pertenece sino a Level-5.

Sin más que decir les dejo el capitulo:


4

Mentiras Piadosas

Elena Doyle miro otra vez a la humana que estaba frente a ella. ¿Cómo era posible que esta mujer llevara en su cuello el amuleto sagrado? En su infancia había escuchado de la leyenda de los cuatro artefactos celestiales, gracias a su padre que le contaba infinidad de historias entre ellas de este objeto que a la vista parecía algo tan insignificante. Se cuenta que hace miles de años cuando los ángeles rebeldes cayeron a la tierra las guerras entre los dos bandos comenzaron a desatarse, ninguna terminaba más que en tragedia tras tragedia. Lo peor de todo sucedió cuando algunos demonios trataron de llegar hasta el reino de los cielos e intentar acabar con él, fue entonces cuando los tres primeros arcángeles conmocionados por esto decidieron entrar en acción rápidamente o atenerse a las consecuencias. Gabriel, Rafael y Miguel se juntaron para buscar una solución para esto, para acabar con las guerras. Fue cuando una idea llego a sus mentes, algo peligroso y demasiado riesgoso para ellos mismos incluso, pero tal vez la única solución para impedir que los demonios volvieran a ascender al cielo en busca de venganza. Uniendo sus almas junto a la ayuda del mismísimo Dios, crearon cuatro criaturas sagradas que protegerían las limitaciones celestiales para detener a todo aquel que osara profanar el reino celestial. De esta forma nacieron los dragones celestiales. Un humano normal podía escuchar esto para luego estallar en carcajadas diciendo "¿No podrían inventarse algo mejor? ¿Dragones? Tonterías" No obstante ellos eran unos ignorantes e ingenuos. Los dragones si existían y fueron creaciones divinas por la necesidad de proteger la paz del cielo. Los cuatro reyes celestiales. Sacro. Divinum. Caelestia. Spero. Juntos protegerían a los ángeles y a Dios de cualquier demonio que buscara la forma de acceder a ellos. Hermosos, elegantes, seres llenos de paz y amor pero feroces a la hora de proteger, ¿No era gracioso cuando los ángeles no se merecían ni esto? Por favor, estas criaturas no deberían ni siquiera querer un poco a esos desgraciados pero no importaba ya. ¿Inteligente opción la de los ángeles? Si al principio Elena había pensado que esto era una idea sensata como de seguro muchos lo habían pensado, por lo que todos estarían salvo… hasta que Lucifer encontró un modo de romper aquella perfección.

Según tenia entendido la joven arcángel el rey de los demonios fijo su vista en uno de los dragones, eligiendo a Spero el más bondadoso. El gran Satanás mando su oscuridad tentando a la inocente criatura. Al principio el dragón puso resistencia, negándose a escuchar las palabras venenosas del maligno, pero ¿todos no siempre nos sometemos a la tentación? ¿Hemos podido controlarnos muchas veces? No fue culpa de Spero o tal vez lo fue, quien sabe la respuesta, solo se cuenta que luego de un tiempo el alma del dragón fue contaminada convirtiéndolo en un siervo del demonio. Su nombre cambio cuando la esperanza murió en su corazón, nombrándose así mismo Mortem, debido a las muertes que ocasionaba en su estadía en el cielo. En cuanto Gabriel y los otros dos arcángeles sagrados se enteraron de esto con dolor tuvieron que hallar una manera de impedir que aquel dragón fuera la destrucción de todos y la única forma era sellándolo. Los tres dragones restantes prestaron su ayuda y juntos, los seis, encerraron en una piedra del tamaño de una moneda a la criatura maldita. Mortem chillaba enojado a través del amuleto pero se silencio cuando el letargo lo atrapo jurando que un día regresaría para provocar la destrucción. Ante aquello sus hermanos decidieron encerrarse para proteger desde el letargo la coexistencia de la tierra y el cielo. Fue así que se crearon los cuatro artefactos sagrados, o los amuletos, cada uno conteniendo un dragón dormido. Aún recordaba a su padre diciéndole lo siguiente mientras ella y Julia escuchaban maravilladas, "Se dice entre nuestra gente que cuando Mortem sea liberado las desgracias llegaran a la tierra, es entonces cuando sus hermanos llegaran para devolverlo a su sueño eterno antes que sea demasiado tarde". Imaginarse que en estos momentos estaba frente a una de las portadoras de esos collares le asustaba en lo más profundo, pero debía de admitir que también le maravillaba. ¿Cuál de los cuatro amuletos portaba esta humana elegida?

-¿Sabes algo? No es muy bonito que me mires tan fijamente, molesta – las palabras salieron de la boca de la castaña llamando la atención de Elena. Miro los ojos color granate que le miraban algo fastidiados a lo que suspiro enderezándose.

-¿Cómo es posible que tú seas una de las portadoras? Para serlo había que ser nombrada por…– intento decir pero las palabras no surgieron. Dirigió su vista hacia el pequeño colgante que pendía de una cadena. La brillante piedra era de un intenso color azul, podría decirse que parecía un lapislázuli en forma de ovalo. Tenia la idea de que tal vez el dragón que estaba encerrado ahí fuera Caelestia, sin embargo también podría ser Sacro. ¿Cuál de los dos seria?

-Gabriel, Rafael o Miguel – termino de decir anastasia con una sonrisa algo arrogante –. Mi madre fue una humana que de alguna forma se gano el aprecio de los tres, ella era alguien especial así que cuando murió nos traspasaron a mí y a mis hermanos los colgantes sagrados que ella siempre cuido. Por lo cual… somos geniales ¿No?

-¿Tus hermanos también tienen los demás colgantes? – pregunto Elena sorprendida. Esto debía de ser imposible, imaginarse que una familia era dueña de todos los artefactos sagrados era una pesadilla –. ¿Sabes lo que eso significa? Tu y tus hermanos serán perseguidos por miles de demonios mandados por Lucifer con tal de liberar a Mortem – seria la destrucción de todos si eso sucedida. Santa mierda. Murmurando algunas obscenidades miro algo enojada a la mujer quien solo sonrió con burla –. Te lo tomas como un juego, lo que me acabas de decir es demasiado peligroso. Tienes el destino del universo en tus manos, si Mortem despierta algún día ¿Sabes acaso lo que nos sucedería? Estaríamos perdidos humana. ¿A quien llevas en tu cuello? ¿Es Caelestia o Sacro? ¿Quién de tus hermanos lleva a Mortem?

Anastasia se levanto de manera rápida antes de que apoyara las manos en el escritorio algo enojada. Sus ojos color granate brillaban con un toque serio e iracundo, como si con eso respondiera a todas las preguntas que Elena había hecho. ¿Qué demonios pensaba? La vida de muchos estaba en manos de esta mujer y ¿pensaba si quiera que fuera momento para estúpidos dramitas? No. Era el momento de que esta humana contestara a todas sus preguntas sin quejarse o siquiera reclamar algún derecho. En estos momentos Elena no escucharía razones de nadie, solo buscaría el bien de todos… aunque no quisiera hacerlo por buena gana. Había hecho a Julia la promesa de que siempre protegería a los humanos, fueran la peor porquería lo haría. Promesa era promesa ¿No? A regañadientes debía de cumplirla entonces. Sin poder evitarlo más sus ojos se posaron otra vez en el colgante que llevaba Anastasia, ¿Quién diría que algo tan simple no podía ser letal? Si esta mocosa de actitud algo altanera terminaba en manos de algún demonio o del mismo Lucifer… no quería ni imaginarse como moriría. Es cierto que existían demonios de corazón noble, aunque muchos de los ángeles los pintaran como malignas criaturas que asesinaban sin piedad. ¿Con que derecho los ángeles juzgaban? Elena podía decir por propia boca que los seres celestiales no eran tan puritanos como se jactaban de ser, si lo fueran entonces ¿por qué varios cayeron por la tentación? Porque simplemente todos eran débiles, fáciles de manipular. Si existían ángeles malos, ¿por qué no pueden existir demonios buenos? Por la santa teología a la que todos estaban acostumbrados, y eso de alguna forma los volvía racistas.

Noto como la castaña soltaba una carcajada.

-Por favor ángel, en primera una pregunta a la vez. y se muy bien lo que significa llevar este colgante, es la principal razón por la que he venido aquí – miro con diversión a Elena quien solo apretó los dientes al entender. Quería que ella la protegiera, y eso estaba por discutirse aún –. Pero no es solo por eso, también he venido para avisarte de algo que podría ser de tu interés – ante aquello el ángel se pregunto que podría ser. ¿Qué podría saber Anastasia que fuera importante para ella? – Aunque claro contestare tus preguntas primero; si sé lo que sucedería si el gran dragón malo se despierta, estaríamos jodidamente perdidos y en su menú, por supuesto preferiría a los rellenitos y los que tengan buen sabor. ¡Yumi, yumi! Eso suena sabroso, lastima que no sea caníbal – Elena casi rogo al cielo porque esta joven se fuera de su vida. Tenía una pésima suerte y Anastasia le iba a agotar la puta paciencia –. Llevo a Caelestia, Sacro esta en posesión de mi medio hermano que tiene 15 años, su nombre es Flaine – el corazón casi se le para. ¿Un mocoso de 15 años llevaba a una de las bestias sagradas? Dios, esto estaba peor de lo imaginado –. Mortem esta en posesión de mi hermana Anya.

-¿Tiene ella 15 años? – no pudo evitar preguntar. Solo imploraba porque al menos Anya tuviera veinte.

-Anya es mi hermana melliza, y no tiene 15, tiene 26 – confirmo la joven tras lo cual Elena al menos pudo suspirar algo más aliviada. Así que el dragón que llevaba Anya era Caelestia. Impresionante. Sus ojos volvieron al pequeño colgante. Caelestia, el dragón celestial también conocido como el sabio. Fue el primero de los cuatro en nacer, y por lo que sabia estaba hecho por mayor parte de la esencia de Gabriel. Se cuenta que el gran Caelestia era enorme, con una piel escamosa brillante de un tono azul recordando al mismísimo zafiro e incluso capaz de opacar el brillo de este. De brillantes ojos como el cielo, representaba al norte o como muchos solían decir la sabiduría. Solo personas de inteligencia máxima podían ver a este ser, y si alguna vez ocurría, pues afortunado él que tenia el gozo de presenciar la belleza de Caelestia.

Un momento… ¿Anastasia no había mencionado algo que le interesaría a ella? Miro a la castaña esperando a que esta tuviera la decencia de hablar. Si era tan "importante" que incluso a Elena le podía interesar debía de decirlo al momento.

-¿Qué es lo que según tú me interesara? – pregunto. Anastasia se enderezo cambiando su radiante sonrisa por una línea de seriedad. El brillo granate se tiño de un color oscuro y mortal, como si un enemigo estuviera cerca. Se trataba de algo malo.

-Mi hermano Lucas fue mordido hace unos dos años por un demonio Cimice.

Un cimice, joder, pobre hombre. Los demonios cimice eran considerados una de las especies bestiales más venenosas de toda la casta maligna. Enormes, con apariencia de ciempiés que paralizaban a sus presas con su veneno que destilaban de los dos únicos colmillos que tenían en su hocico. Tenían la asquerosa costumbre de devorar a sus victimas vivas, para esto el uso de su paralizante que si bien no terminaban de comer al infeliz su hermoso veneno lo hacia. ¿Cómo no si ese puto veneno era un acido que hacia efecto luego de tres horas? Los cimice comían rápido, por lo que su comida la terminaban en menos de una hora. Salvo que los obligaran a alejarse, si esto sucedía el veneno no tardaba en hacer acto de presencia. Primero todo era paz para la victima que creía estar a salvo al fin, cuando al pasar una hora sus órganos internos comenzaban a sufrir quemaduras de alto nivel por el acido en el torrente sanguíneo. El infectado tan solo gritaría retorciéndose por dos horas más hasta que todo su interior estuviera desecho totalmente, y al final terminaría muriendo mientras expulsaba por cada orificio del cuerpo la sangre negra, color que toma gracias al acido inyectado, y si otra persona tocaba esta nueva sustancia inmediatamente sufriría las consecuencias. Quemaduras y contagio que llevaría a otra muerte. Se le consideraba como una peste, no obstante, la diferencia erradicaba en que se debía tener contacto con la sustancia y no por el mismo aire. Tan solo el imaginar que un humano paso por eso las tripas de Elena se revolvían asqueadas con sus propios pensamientos. Ese hombre debió haber sufrido un tormento agónico que no tendría fin hasta que las tres horas se completaran. Elena no deseaba ni este tormaneto al su más grande enemigo, sin embargo, pensándoselo mejor no seria mala idea mandarle una de estas bestias a ese maldito ángel responsable de la muerte de Julia. Imaginarse el enorme sufrimiento que tendría ese maldito bastardo, seguro suplicando misericordia o llorando lágrimas de sangre por una muerte rápida. Música para sus oídos. Si, luego se conseguiría un cimice.

-Sobrevivió por la protección de nuestros amuletos, te lo debes suponer el tiene a Divinum en su poder, a pesar de todo, gracias a la mordida obtuvo algo interesante – la sonrisa arrogante regreso. Cierto todos los que llevaban esos collares estaban hechizados para no recibir daños, podría decirse que de algún modo era un salvaguardas que los mantendría vivos siempre, al menos hasta que pasaran el hechizo a alguien más –. Puede entender el idioma de cualquier demonio – sorprendente. Elena acepto que un don así seria bastante útil debido a que los hijos de Lucifer hablaban diferentes lenguas debido a sus especies. Si eran los humanoides no había problema ya que ellos hablaban tanto la lengua humana como la de sus razas, pero los demonios que eran completamente bestias si eran otro caso –. Y pues… escucho una pequeña conversación entre unos cuantos hace unas horas– ya sabía por donde iba la cosa. Seguramente ese tal Lucas había escuchado algo malo, y tratándose de demonios tal vez buscaban un modo de exterminar ángeles o en todo caso eliminar a los humanos –.Hablaban algo sobre un demonio llamado Dark, según tengo entendido es la mano derecha de Lucifer.

Dark, claro como poder olvidarlo. Ese maldito bastardo cobarde era de lo peor, siempre mandando a otros a pelear en lugar de él como guerrero enfrentar cara y luchar. Vil estúpido, aunque sus malditas estrategias eran un arma peligrosa. Como siempre solía decirse, Mente vs. Fuerza, siempre gana la mente con las ideas. ¿Qué tendría en mente ese inútil? Con deducir consideraría que el demonio hayo una forma de subir a los cielos, o tal vez otra manera de perjudicar a los ángeles. Claro, a Elena no le importaban ellos ya que hace mucho que no formaba parte de esos asquerosos seres, salvo que fuera para luchar. Una buena batalla jamás seria rechazada y con tal de ver caer la sangre de miles sintiendo a la vez la adrenalina de la guerra haría lo que fuera, incluso unirse al bando de los de su propia raza que odiaba con todo su corazón.

-¿Qué esta haciendo Dark? Porque de seguro es algo muy importante si tiene revueltos a todos los demonios – murmuro con fastidio.

Las pestañas de Anastasia revolotearon de forma seductora antes que cerrara los ojos. Soltó un suspiro y enderezándose tomo la "faceta seria".

-Lucas escucho sobre una profecía entre los demonios, algo que no todos la conocen salvo Dark y al parecer estos demonios que eran sus ayudantes – la castaña tomo aire. La arcángel miro sin saber que decir, ella no estaba enterada de ninguna profecía de los demonios. Apostaba lo que sea a que ni los ángeles la conocían –. Se cuenta esto; "Cuando un maldito y un puro creen un mestizo se desencadenaran las desgracias sobre todos nosotros. El primero en nacer será el único capaz de destruir a los reyes, a Satanás y Dios. Él no eligiera ningún bando y decidirá crear su propio camino, pero la victoria llegara para el bando oscuro. Un día un ángel y un demonio traerán al mundo a una hembra mestiza. Ese día la victoria estará asegurada. Ella alcanzara la madures a los cien años, cuando esto suceda podrá traer al mundo crías, y una de ellas será el as de Lucifer. Debe tenerla cuando cumpla los ciento ocho debido a que ese año será sumamente fértil, la única forma de que sea el cordero de la victoria radicara en el padre y que el nacido sea macho. El progenitor debe tener sangre maligna, y cuando la hembra sea fecundada Lucifer ganara. Solo hay un detalle sin más que jamás se deberá olvidar, si el niño es bendecido antes que la luna este completa en el séptimo mes su alma obtendrá la pureza necesaria para erradicar todo fin del bando oscuro, por lo tanto la victoria será obtenida por Dios." , mi hermano lo escucho hace tres días.

Por todos los demonios. Si eso era verdad explicaría muchas cosas, mejor dicho demasiadas que hasta el día de hoy no acababa de comprender. El primer mestizo era sin duda "El destructor", encajaba perfectamente. Él rechazo ambos bandos, aunque se le hubieran enviado presentes tratando de convencerlo había optado por alejarse y un día ascender como único rey. Sabia por algunos informantes que hace unos cien años o algo más una joven ángel había huido del reino celestial por seguir a un demonio, y si no estaba equivocada tal vez aquella pareja había tenido descendencia. Si hipotéticamente hubieran tenido una mujer, significaba que esta iba a ser fecundada por algún maldito demonio para procrear al as de Lucifer. Salvo que fuera bendecido en el séptimo mes… estaban a fines de Junio aún, por lo que el séptimo mes era julio y la luna completa era una noche de luna llena. Fijo su vista rápidamente en el calendario que marcaba Julio, y el día de luna llena seria el 26. Levantándose de golpe soltó maldiciones antes de que cogiera sus cosas. Debía de encontrar a la hibrida, si es que existía claro estaba, y lograr que su hijo no cayera en manos de los demonios. Quién lo diría, Elena seria niñera después de todo y para su desgracia de una mujer embarazada. Debía aguantarse a una jodida mujer con antojos, quejas, dolores de espalda, nauseas y demás cosas que les pasaran a las embarazadas, ¿la vida acaso le estaba cobrando su renuncia a su propia casta? Bastante probable, y a la mierda con todo. Si la mestiza le traía problemas no dudaría en matarla, al fin y al cabo seria otra forma de erradicar el problema de una. Salvo… ¿Matar a una mujer embarazada? Elena podía ser en si una asesina que jamás demostraba piedad a la hora de hacer su trabajo, pero matar a alguien que estaba a punto de traer una nueva vida al mundo. Un alma inocente que no tendría culpa alguna de la profecía que caía sobre si. No. No los mataría. Ambos eran inocentes, después de todo, los hijos no eran los culpables de los errores de los padres. Fue cuando recordó a Anastasia, le miro a lo que la humana sonrió negando con la cabeza. Levantándose se dirigió hacia la puerta bajo la mirada de advertencia de Elena, pero ni siquiera con eso la portadora de Caelestia se detuvo.

-No necesito tu protección por ahora, cuando en verdad la necesite volveré – murmuro la castaña. La arcángel le seguía mirando seria a lo que suspiro alzando las manos al cielo en signo de suplica –. Viviré además tengo a mis hermanos y un puto hechizo, por cierto la mujer si existe y se llama Angeline Swan, por lo que Lucas oyó mandaron a una demonio de nombre Yasmin a darle un afrodisiaco para que se dejara fecundar, así que a estas horas la chica ya debe estar en cinta.

Así que ya estaba embarazada. Debía darse prisa o sino los demonios le ganarían la jugada, y para mal suyo no podía permitirse el lujo de dejar que Lucifer se hiciera con la tierra y el cielo. Sino estarían bien fritos. Además Anastasia había sobrevivido años con esa cosa por lo tanto un mes más no mataría a nadie… bien si la mocosa caía en manos enemigas mataría a muchos pero eso lo dejaría para después. Una cosa por momento.

-¿Sabes donde vive? – pregunto Elena a lo que la joven negó con la cabeza. Tendría problemas entonces.

-Solo sé que vive en esta ciudad, aquí en Roma – pronuncio la joven. La sorpresa se dibujo el hermoso rostro de la de ojos dorados, ¿Cómo no se había enterado de esto antes? Si una hibrida vivía por estas calles italianas debía de haberla sentido, pero nunca lo hizo –. Otro detalle es que tuvieron algunos problemas con el padre del mocoso, al parecer no se decidían entre tantos demonios. Primero pensaron en algunos siervos, luego acordaron que no ya que el niño debía tener una sangre pura así que eligieron a un antiguo, a alguien de nombre Astarot.

En cuanto el nombre del padre fue pronunciado Elena casi tropieza. No escucho mal por su frágil oído que siempre oía incluso si una polilla estaba cerca. ¿Astarot? ¿Hablaba del duque de los infiernos? ¿El maldito demonio que fue el primero en comenzar a habitar el mundo humano? ¿ÉL que tenía tanto poder como para exterminar a una legión de ángeles? Por Dios, si él era el padre estarían en grandes problemas, especialmente cuando el demonio supiera de su hijo. ¿Qué haría en cuanto se enterara de la cría que tendría la hibrida? ¿Siquiera sabría algo de la profecía o la estupidez que había hecho? Antes siquiera de contestarse alguna pregunta salió como alma que lleva al diablo, escucho el llamado de Anastasia pero le ignoro. Ahora tenía problemas, y no le quedaba de otra más que solicitar ayuda para esto. Con suerte Elena había hecho aliados de su propia especie, más cuando estos arcángeles estaban en desacuerdo con la actitud de los ángeles y del mandato de Light.

Primero ubicaría a la mujer y luego pediría ayuda. Si es que alguien en verdad deseaba ayudar a una mujer embarazada de un demonio. Y principalmente cuando la cría era del duque de los infiernos.

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Darkness finalmente descendió cuando estuvo cerca de una enorme mansión con paredes blancas y aspecto moderno. Las plumas negras brillaron bajo la luna llena de aquella noche destilando los reflejos azulados, el silencio reinaba hasta que un aleteo termino con él. El pájaro se poso con elegancia sobre el suelo demostrando su gran tamaño que se compararía con el de un gran danés, su pico color sangre se abrió mientras un sonido armonioso salía de el. No paso mucho tiempo para que se denotaran otras tres figuras aladas que llegaban al llamado del pájaro de las tinieblas. La primera, que era Cristel aterrizo con elegancia dejando a la vista sus hermosas alas blancas como la nieve. Algunas plumas se desprendieron cuando las alas se esfumaron, la pelimiel dejo con cuidado a Skyler en el suelo cuando a su lado aterrizaron Evangelyne y Meil. La rubia dejo delicadamente a la doctora humana sobre la acera, y en cuanto la mujer puso un pie las alas del arcángel desaparecieron. El destructor miro el lugar mientras sus propias alas se desvanecían, sus ojos marrones se quedaron fijos en la enorme mansión cuando de repente pudo sentir como sus tatuajes demoniacos comenzaban a arder indicándole que aquí había demonios. Odiaba esas marcas que aún lo ataban a una raza que detestaba, no obstante, debía admitir aunque sea a regañadientes que estas cosas eran bastante útiles. Esta había sido la mejor noche de toda su larga vida – sarcasmo puro – en la cual tuvo que aguantar estar acompañado – para su desgracia de mujeres, los estrógenos de seguro ya opacaban el ambiente al estar junto con cuatro hembras –, luego reencontrarse con un ave que lo detestaba con toda su alma – más le valía no meterse con Meil porque sino el hibrido haría un pájaro de las tinieblas a la parrilla – y como cereza para el pastel un ángel estaba a su lado – la bruja oxigenada con complejo de mandamás – pero ni siquiera podía matarlo porque le estaba siendo algo útil. Si un largo día, más le valía jamás volverlo a repetir. La única cosa buena es que al menos podía matar a unos cuantos demonios para desahogarse, aunque cuanto más ardían sus glifos eran mejores noticias. Había una cantidad de al menos cincuenta o más malignos. ¡Genial! Al fin algo de acción, ya extrañaba una buena batalla junto a unas cuantas muertes. Seguramente aquella casa estaba llena, un perfecto recinto demoniaco.

-Al fin podre matar unos cuantos demonio – murmuro cuando de repente el ángel se puso frente a él. Gruño una obscenidad antes de fulminar con sus ojos marrones a la bruja que ya le estaba sacando de quicio –. Muévete, entrare de una buena vez y matare a unos cuantos. Luego sacare a tu protegida.

Los orbes rosa le miraron como si fuera un estúpido, y eso no le gusto para nada. Si esta mujer no lo sabía se lo diría, él era uno de los seres más listos que cualquiera. Por años había leído miles o millones de libros que llegaban a sus manos, desde los más delgados hasta los más gruesos y que tardarían en ser leídos al menos en un año o dos, en cambio, él los leía en una hora o en cuarenta minutos. Por lo cual, más valía que esa rubiecita comenzara a mejorar ese mirar sino quería terminar sin ojos.

-Mejora esa mirada conmigo bruja, o sino te arrancare esos ojos de sapo que tienes – con solo eso Evangelyne estuvo a punto de arrancarle la cabeza sino fuera porque se controlo. Debía de aguantarlo por Angeline. Ella siempre había querido conocer a más como ella y sus hermanos. La pelinegra quería ser aceptada, y si este desgraciado con lengua afilada la haría feliz no le quedaba más que aguantarse las ganas de matarlo.

-No puedes matar a nadie, Angeline esta adentro si atacas intentaran llevársela, luego ¿Cómo la encontraremos? – los ojos marrones se dirigieron rumbo al enorme pájaro que estaba a un lado. En cuanto el ave le observo abrió el pico y soltó un gruñido rabioso, Meil se lo devolvió con más fuerza –. Darkness no confía en nosotros, en cualquier momento puede dejarnos y estaremos en problemas.

Los orbes marrones relampaguearon fastidiados. En verdad él quería pelear, pero de algún modo era cierto lo que decía la bruja. Ese pajarraco no era de fiar, y en el momento en el cual se aburriera escaparía. Localizarlo seria un jodido problema, contando que podía esconderse entre las sombras, y si le sumaban que el ave los odiaba a todos salvo a su propia dueña…estarían en un severo dilema. Maldiciendo por lo bajo no le quedo más que aceptar, ahora la duda recaería en; ¿Qué harían para entrar al lugar? Dirigió su vista a la rubia quien solo le miro molesta.

-Muy bien y según tú ¿Cómo rayos entraremos? – pregunto. La ojirosa se tenso un segundo antes que una mueca de desagrado se formara en sus labios. Una sonrisa curvo los labios de Meil al ver como la chica ángel no sabía que hacer tampoco –. Pero mira que bien sabes reclamar pero ni una idea se te ocurre, anda bruja. Danos una solución.

-Cierra el hocico, no sé que hace bien pero ya se me ocurrirá algo – se quejo Evangelyne enojada. Ya le estaba colmando la paciencia que este maldito hibrido le llamara a cada rato bruja, si perdía la paciencia al diablo con todo y no dudaría en romperle al menos la nariz de un puñetazo.

Skyler miro en silencio a aquel dúo de comedia. No estaba acostumbrada a estar cerca de otras personas que no fueran su familia y los niños con los cuales iba a clases. La razón era porque le asustaban. Le daban miedo los hombres, luego de los años a los que fue sometida a abusos y golpes no podía tolerar siquiera que algún miembro del sexo masculino le pusiera una mano en el hombro. Parecía patético, pero ella había ido adaptándose al hecho de que nunca podría tener una vida normal, aunque graciosamente ahora estaba frente a un hombre. ¿Por qué no le asustaba este gran varón que parecía tan letal? Con tan solo ver la ropa negra y roja junto con algunas cadenas de metal podías notar fácilmente que este joven era alguien de cuidado. Tipos como él le habían tocado a la tierna edad de siete años, manoseando lugares que luego lavaba refregando su pobre piel como si de tela se tratara. Tipos como él la golpearon y humillaron, obligándola a realizar actos asquerosos por un mísero trozo de pan, era por eso que ella les temía. Cuando veía a un hombre como este salía corriendo con lágrimas en los ojos entretanto su cerebro revivía los recuerdos de aquellas noches en donde tenia que cumplir con su trabajo forzado, por lo que debería de estar asustada. ¿Por qué no comenzaba a correr? ¿Por qué no lloraba como una cría desconsolada? Extrañamente su interior le decía que este tal "destructor" no la lastimaría. ¿Seria verdad? No lo quería averiguar pero confiaría por ahora. Miro en dirección a la mansión. ¿Cómo entrarían? Si estaba repleto de demonios eso significaban problemas, aunque… ¿Cristel había dicho que este hombre era relatado en historias de su infancia? Su hermana mayor tenía unos ciento seis años, por lo que si este ser era una leyenda debía superar esa edad. Mitos, leyendas… un hombre valorado por su fuerza. Una brillante idea llego a su mente, claro que primero debía de comprobar algo acerca del gran destructor. Los ojos color dorado se fijaron en el pelinegro que ya estaba discutiendo otra vez con la rubia, podría decirse que él se jactaba de ser mucho mejor y ella no estaba nada de acuerdo ante aquello. Debía de llamar la atención de ellos para hacer su pregunta y sugerir la idea que tenia. Dudo por un segundo mordiéndose el labio inferior antes de mirar de soslayo a Cristel. Esta solo miraba la mansión preocupada. Cierto. Angeline estaba ahí, seguramente en problemas. Su hermana siempre la había protegido en estos dos últimos años, ahora era el turno de Skyler de devolverle el favor. Armándose de valor camino hasta quedar frente a ambos seres bajo la horrorizada mirada de Elizabeth Nowak. La mujer estaba a punto de lanzarse sobre la niña y alejarla cuando la joven Skyler hablo sin temor alguno, sus ojos dorados brillaban seguros de si misma.

-Mi hermana Cristel menciono que tú eres parte de muchas leyendas que se cuentan entre los ángeles y los demonios ¿Es cierto? – su voz no tembló. Elizabeth miro a la niña preocupada cuando Cristel casi soltó un grito de horror al ver como la humana había hablado con una normalidad tan grande con un ser peligroso.

"El destructor" fijo su vista hacia la niña y arqueo una ceja al curioso. Normalmente ningún niño humano se le acercaba, claro que él no pasaba su tiempo en las ciudades debido a que no aguantaba estar cerca por mucho tiempo de individuos, y si lo hacían en cuanto Meil les dirigía una mirada rompían en llanto. ¿Por qué esta simple humana no estaba llorando ya? Observo por un momento aquellos orbes como el oro fundido, líquidos puros y brillantes pero a la vez podían ver sombras que opacaban ese mismo brillo. Solo con verlos podía decir que aquellos ojos ya habían visto demasiado de la vida a su corta edad, demostrando que esta niña ya había pasado por una vida llena de dolor y sufrimiento. Una niña admirable.

-Si, las leyendas son ciertas. Soy bastante conocido y temido – ante su respuesta los ojos de la joven brillaron haciéndolo sonreír de lado con arrogancia. Adoraba la admiración, además se la merecía ya que algún día seria el rey de todos.

-¿Cómo Mahatma Gandhi? – pregunto la niña tras lo cual se hizo un profundo silencio. ¿Él como quien? Si conocía al tipo del cual la mocosa hablaba pero… no podría decirse que él era algo así. Respetaba la justicia claro pero no era un Gandhi tampoco. Escucho una risa ahogada, y no tuvo que darse vuelta para saber que provenía de la oxigenada.

-¡Skyler! – le regaño Cristel aguantándose la sonrisa que demostraba su rostro. Mas cuando él le miro de inmediato la joven se mordió el labio inferior y brindándole una mirada de disculpas –. No digas eso.

-¿Dije algo malo? – pregunto algo sorprendida la niña mientras Evangelyne sin poder contenerse más exploto en risas. Meil le fulmino con la mirado enojado, esto no daba nada de gracia, todo lo contrario, era algo incomodo. ¿Cómo le explicas a una adolescente que no eres un ser inocente y caritativo sino un asesino que ha matado a miles de ángeles y demonios? Eso debía de pensárselo rápido –. ¿Qué es tan gracioso?

-Skyler yo no diría que él sea como Gandhi, en todo caso es un Adolfo Hitler – se burlo la rubia mientras los ojos dorados se abrían sorprendidos. Puta bruja. Se vengaría de esto después, y él no era un maldito tirano como ese nazista. Era un asesino si, pero solo mataba a los ángeles o demonios, además hacia un bien a todos. Ambas castas eran solo pura mierda, peleándose a cada momento por ver quien es el mejor y al final ni siquiera les importaban a los angelitos los humanos. Los demonios por lo menos tenían el valor de decir que eran asesinos, no como los mensajeros divinos que se enmascaraban tras el nombre de "almas justicieras". Por favor, esa ni un niño demonio se la creería.

-Puta bruja – murmuro por lo bajo antes de mirar a la humana. La joven le devolvió la vista antes de que temblara un poco –. ¿A qué viene tú pregunta de todos modos?

Los ojos dorados brillaron cuando una pequeña sonrisa asomo sus labios.

-Es que se me ocurrió una idea y tal vez podamos entrar sin causar problema alguno – dijo la niña a lo que todos le miraron. Sus mejillas adquirieron un tono carmín cuando bajo la vista al suelo y tomo aire dándose valor. Alzando los ojos volvió a observar a Meil –. Todo depende de que tan famoso sea el destructor.

Los cuatro pares de ojos femeninos se posaron sobre el moreno quien solo tenia una cejar arqueada al ser observado de esa forma. ¿Qué idea tendría esta mocosa y para qué era necesario él? Tan solo tendría que esperar unos momentos para obtener la respuesta que le traería unos cuantos privilegios después.

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Quiso golpear a alguien por esto. Encolerizada pateo fuertemente la pared como una niña haciendo un berrinche, el cual ni siquiera obtenía ningún resultado. ¿Cómo se atrevía? Lo mataría, luego de esto mataría a ese puto demonio. Angeline podía ser una mujer difícil de hacer explotar pero cuando lo conseguía la tierra temblaba. Luego de que ella casi se había lanzado a la yugular del demonio que hace unos momentos la había besado sacando su esencia sucubus, había sido encerrada para protección del rubio. ¿Protección? Pues que bien que se preocuparan por él porque Angeline quería degollarlo y no conforme con eso enterrarle sus espadas varias veces en el corazón. Se había atrevido a besarla, a besarla… ¡Frente a una de sus malditas siervas! Si no fuera porque su parte racional regreso luego de un viaje a quien sabe donde habría terminado desnuda y siendo follada contra una pared. Que lista era, esto le costaría caro en especial ahora que ese imbécil seguro pensaba que ella seria su "nuevo" juguete sexual. Ni de coña lo seria. Primero muerta que ser esclavizada de por vida por un asqueroso demonio que se creía el señor del universo. Cabreada por culpa de Hellboy miro a su alrededor para al menos saber en donde se encontraba. Su boca se abrió de la sorpresa al ver el enorme cuarto en donde le encerraron. No de disgusto, todo lo contrario, estaba fascinada. Las paredes rojas tenían un estampado acogedor combinado con toques negros que en lugar de arruinar se acoplaban a la perfección creando un contraste aristocrático. El piso de madera sentaba bien al diseño espacioso, en especial cuando pudo denotar como había un enorme espejo en una de las paredes que reflejaba el enorme camastro. Las sabanas rojas estaban hechas de seda, con almohadas en forros negros que parecían tener un aspecto perfecto para una siesta. El resto de los muebles solo encajaban, en verdad Hellboy tenia un gusto exquisito para sus cosas. Esta bien, al ser un demonio era obvio que iba a ser un vanidoso. Claro que un vanidoso con estilo. Sumida en sus propios pensamientos tomo asiento delicadamente en el sillón blanco que estaba ubicado frente a la enorme cama matrimonial. No pudo dejar de mirarla en cuanto miro la seda y las almohadas. ¿Cuántas mujeres habría traído este demonio a esa cama? Solo imaginarlo enredado con otra le hizo gruñir bajo y con esa acción sus ojos se abrieron sorprendidos. ¿Por qué le enojaba que Hellboy llevara a otra mujer ahí? Número uno solo había pasado algo pasajero entre ellos. ¿Pasajero? ¡Vamos! Solo habían tenido un revolcón del cual ella solo recordaba… la última parte. Que adorable, salió amnésica. Número dos ella no podía estar celosa porque lo odiaba. Número tres ella era diferente, demasiado, ni siquiera eran de la misma especie.

Mejor dejar de pensar en eso. Noto recién que al menos habían tenido la decencia de dejar sus cosas en la habitación. Poniéndose en pie fue a ver la caja donde estaban todos sus cuadernos de dibujo y la abrió. No había nada de malo en revisar un rato los dibujos ¿Verdad? Con esa idea saco el primer a la mano que estaba entre sus cosas y abriéndolo delicadamente se topo con la primera imagen del cuaderno. Sus raros ojos color plata se toparon con el rostro de un hombre. Moreno y con un atractivo rostro que llamaría la atención de cualquier mujer. Sus facciones estaban talladas con una gracia que recordaba a un Dios, pero lo que sin duda le dejo atraída fueron esos bonitos ojos marrones. En ellos podía ver una fuerza sin igual, valentía y orgullo combinada con un dolor que estaba escondido en lo más recóndito de su alma. ¿Quién era él? Ya ni recordaba este dibujo luego de tantos años. Solo sabia que este fue su segundo cuaderno en el cual continuo con sus visiones, debido a que el otro lo termino. ¿Raro? Si, lo termino en un año y este fue tres años después. El último cuaderno que le regalo su madre antes de que fuera asesinada junto a su padre por aquellos infelices. Cerró los ojos y aguanto el dolor que regreso como siempre, jamás pudo superarlo y no lo haría. Seguiría ahí como toda su vida lo había hecho recordándole la culpa que ella tuvo y de paso la maldad con la que fue engañada. ¿Qué hubiera sucedido si ella no hubiera caído con las palabras de aquel pelirrojo de brillantes ojos verdes que le hipnotizaron? ¿Sus padres seguirían vivos? ¿Los ángeles hubieran encontrado otra forma de asesinarlos? La necesidad de saber aquella respuesta le calaba todo el tiempo. Las incógnitas no respondidas junto con las dudas que se creaban cada día que pasaba y que al igual que las primera no serian contestadas. Mordiéndose el labio inferior con nerviosismo volvió a mirar su dibujo, prefería esto que seguir planteándose todo ese drama en su cabeza. Busco en la parte de atrás de la pintura alguna información, ya que en verdad le interesaba saber que escribió acerca de esta visión. Fue el número 24 de todas las que tuvo.

Vigésima cuarta visión. Edad: 7 años. "Él rey de las castas"

Sus ojos no quitaban la vista de encima de ese hombre que estaba frente a ella. Sus brillantes ojos marrones le veían con audacia y triunfo además de… ¿Alegría? Trataba de ocultarlo pero en el interior de aquellos orbes podía ver como un pequeño brillo estaba instalado, aquel brillo que se hallaba en un corazón de infante cuando inocentemente hallaba a su compañero de juego y gritaba un: ¡TE ENCONTRE! ¡BUSCAME TÚ AHORA!

-Al fin te encontré ¿Sabes todo lo qué tuve que hacer para hallarte? – pregunto la voz de una manera burlona a lo que ella se sorprendió.

-¿Quién eres tú? – pregunto con un tono de voz algo bajo y curioso.

-Soy el destructor, Meil y él que ha venido por ti y tu familia Angeline – contesto él cuando un ruido llamo su atención.

Noto como los ojos marrones comenzaron a teñirse un tono rojo, demostrando la ira que tenía guardada en su interior. Sin embargo no solo había eso, en su interior veía el miedo también. ¿Estaba asustado? Por su apariencia no lo parecía, pero en el interior de su alma, en lo más profundo lo estaba. Aquel ser era el más peligroso de todos, lamentablemente estaba solo siempre, desde el comienzo lo estuvo. Ya estaba cansado, y ahora… dejaría de estarlo.

¿Qué había sido eso? Esa imagen jamás la considero por el hecho de que el destructor era una leyenda que su padre le contaba en las noches. Cuando soñó con él había creído que era por su propio deseo de encontrarlo y ya no sentirse más sola. La soledad. Todavía recordaba como había estado siempre alejada de otros niños, no pudiendo ir con los humanos porque estos sospechaba que era diferente como sus propios padres lo eran. Lo intuían con tan solo verla, en especial los ancianos que temían por sus vidas. Angeline se acercaba a jugar con un infante que estuviera cerca, ellos le gritaban, "¡Hay viene! ¡Es la niña maldita de la que habla el abuelo! ¡No te acerques, no queremos jugar con la criatura maligna!" tan solo recordarlo dolía como una estaca recién clavada en su corazón. Había llorado tantas veces en soledad cuando sus hermanos solo tenían que resignarse a esto. ¿Por qué a Lucian o Cristel no les dolió tanto? Lucian puede que no mostrara sus emociones fácilmente, en cambio durante su niñez no lo vio llorar, hasta la muerte de sus padres. Cristel era otro caso, ella de niña se había aferrado más a su hermano y los juguetes, casi nunca salía a menos que lo hiciera con su madre o su padre y para ella el asesinato de ellos fue un golpe demasiado duro. Angeline no se sintió aceptada ni entre sus hermanos, y su razón se debía a que en ellos podía ver las diferencias a ella. Lucian se parecía demasiado a su padre mientras que Cristel a su madre. Lucian había heredado el carácter de su padre, duro y luchador; Cristel el de su madre, dulce y tierna. Lucian obtuvo más genes demoniacos de su padre, volviéndolo casi un demonio con la diferencia de que tenia los dones de su madre; Cristel obtuvo los genes angelicales, pero conservando sus dones demoniacos. Ella no era igual a ellos ¿Qué era An entonces? No se parecía ni a su madre ni a su padre, había heredado algo de cada uno naciendo como un intermedio. No era tan tierna, tampoco tan luchadora, su personalidad era diferente y una mezcla también. Sus propios poderes incluso eran una maldita mezcla y sus genes también. "¿Qué soy en verdad?" se preguntaba siempre en silencio. ¿Qué eran en verdad? Y cuando la pregunta venia tenia miedo de contestarla. Era por eso que cuando su padre le conto la historia del destructor, ella se había sentido maravillada, porque de alguna forma ya no se sentía más sola. Había sido un refugio para su alma, y con el paso del tiempo perdió sus propias esperanzas de hallar su verdadero yo.

-Hubiera sido bueno que en verdad existieras – murmuro viendo el retrato del joven. Suspiro cerrando su cuaderno mientras se levantaba sintiéndose algo extraña.

Su interior se sentía algo diferente, no precisamente sus órganos o algún daño físico, sino su alma. El lazo que unía a sus hermanos, estaba ahí como siempre uniéndola a Cris y a Lucian como unas cuerda gruesas que le indicaban la presencia de ellos y a la vez los sentimientos que estaban sintiendo en aquel preciso momento. Cristel estaba algo preocupada por Angeline y a la vez divertida con algo, Lucian en cambio estaba agotado y enojado. Solo que algo era diferente. Había un tercer sentimiento, una tercera sensación entre todos. Felicidad. La sentía con una fuerza tan grande junto a unas ansias de vida que opacaban a los hermanos de la joven. ¿Quién era esta presencia? ¿De quien eran estos sentimientos? Sorprendida noto que ya no había dos cuerdas como existieron durante toda su vida en representación de sus hermanos, sino había una tercera. Luminosa y brillante que opacaba a cualquiera, tan pura que haría jadear a los que no aguantaran tan emoción. ¿Qué demonios significaba aquello? ¿Quién era ese tercer sentimiento?

Su respuesta estaba a punto de ser contestada.

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En definitiva esta fue la mejor idea que alguna vez se le haya ocurrido tener en toda su larga vida, o bueno a mejor que se le haya ocurrido a una niña. Miro como en frente suyo ponían más bebidas llenas de alcohol junto con otros manjares que se veían tan suculentos, dignos de un rey como él. Alrededor suyo al menos unos treinta demonios estaban reunidos mirándolo con asombro y sorpresa, pero a la vez de manera soñadora. Quien lo diría, al parecer tenia admiradores en el mundo demoniaco, y pensar que hasta hace unos momentos tuvo la intención de eliminar aquella fortaleza. La idea estaba hay aún en definitiva, pero primero debía de rescatar a Angeline y largarse con las otras tres mujeres. Pero… disfrutar un poco no mataría a nadie. Se lo merecía de todos modos ¿No es cierto? Puede que odiara a los demonios con toda su alma, mas no significaba que aprovecharse un poquito de ellos no fuera de utilidad, salvo que se acercaran demasiado, en ese caso si los mataría y no importaba si todos se lanzaban sobre él. Olvido sus pensamientos cuando le sirvieron un generoso plato de carne con papas y como acompañante un vino. Si, esto era vida. En cuanto un trozo del tierno bistec toco su paladar se sintió en el cielo. ¿Por qué no había hecho esto antes al menos unas cuantas veces? Comida gratis y atenciones gratuitas, lo que siempre había merecido. Luego tal vez agradecería con alguna pequeñez a esa niña humana que le dio esta idea. Despego la mirada del plato cuando iba a tomar un sorbo del vino, hasta que sintió otra vez las fijas miradas sobre él. Sus ojos se posaron en los demonios que miraban cada movimiento que hacia. Un demonio de cabellos rojos con unos brillantes ojos dorados le miro divertido, de alguna forma no le gusto, aunque bueno, Meil no soportaba a algún demonio tampoco.

-Así que tú eres el famoso destructor – murmuro el pelirrojo mirando con precaución. Meil sonrió burlón asintiendo a lo que el demonio se enderezo –. Soy Claude, parte de este lugar y cuidador de todos, ¿Por qué estas aquí maravilloso Dios? – esto último había sido puro sarcasmo. El moreno sonrió más, no le dejaría siquiera molestarlo, menos cuando estaba disfrutando de todo.

-Pues querido Claude he venido aquí a unirme a ustedes – obviamente esto era mentira, primero muerto que unirse a los demonios. La idea era engatusarlos y después atacar, llevarse a la chica y todo listo –. No estaba muy seguro pero los ángeles ya me hartaron y con los años pues opte por este bando.

Los ojos dorados le miraron suspicaces cuando una sonrisa curvo los labios del demonio. Algo se estaba planeando en su cabeza pero Meil era mucho más listo así que no caería en sus redes malignas.

-Entonces bienvenido a nuestra morada destructor. Nuestro líder esta algo ocupado en estos momentos con su nuevo juguete así que se demorara un rato en venir – ese nuevo juguete debía de ser Angeline. Demonios, ¿Qué le estaría haciendo el líder ahora? Un mal presentimiento atravesó su interior. Tratando de pensar claramente le sonrió a Claude mientras cogía su copa de vino con la mano izquierda, jugo unos momentos con ella antes de beber un sorbo y dejarla en la mesa otra vez. Sus ojos marrones brillaban con superioridad indicando a cualquiera que él no jugaba y si lo hacían enfadar lo pagarían caro.

-¿Quién es su líder? – ordeno saber. Claude frunció el ceño antes de que mirara a todos los presentes –. ¿No vas a contestarme? He preguntado – su voz afilada y ronca indico que no se andaba para juegos, sin embargo no estaba con cualquiera y eso no intimido ni un poco al pelirrojo que bufo algo indignado ante su demanda.

-No debería decirte mucho de nosotros, aún no confió en ti – contesto simplemente Claude mientras le servían un vaso de vino. A diferencia de todos el también estaba sentado a la mesa y con un plato de comida frente a él. Que curioso, parecía como si fuera alguien importante en este lugar. No dudaba que sea el vigilante de la casa, pero ¿Por qué tenerle tanta consideración? – Pero como igual lo vas a conocer da igual, nuestro líder es Astarot, el duque infernal.

Así que el demonio y líder era Astarot. No se lo hubiera imaginado ni en sus más locos pensamientos. Meil recorrió el mundo a lo largo de su vida, encontrándose con centenares de demonios a los que extermino, pero nunca con un miembro de la jerarquía demoniaca. Lucifer obviamente le había mandado un pequeño presente – un soborno – para que se uniera a sus tropas y de este modo vencieran a los ángeles, salvo que el rey de los demonios no lo hizo en persona así que no pudo verlo a la cara. Oyó de Belcebú y Astarot, dos demonios que seguían a Lucifer en la jerarquía, luego estaban los otros seis: Lucifago, Satanachia, Agaliarept, Fleuretty, Sargatanas y Nebirus. No conocía a ninguno de ellos tampoco. Seria divertido hacerlo y darles una solemne muerte, de ese modo Satanás se llevaría una linda sorpresita. Astarot. Interesante. ¿Cómo seria este demonio? ¿Fuerte o débil? Lo averiguaría en un momento, porque planeaba tener una buena batalla en recompensa por no poder exterminar a nadie por culpa de la bruja oxigenada. Al recordarla casi soltó una risa, daba igual, ella ya estaba pagando su falta de respeto hacia él.

-¿Mis humanas están siendo tratadas bien? – pregunto. Skyler y la doctora se estaban haciendo pasar por siervas, mientras que Cristel por una demonio suya. No había sido difícil que le creyeran, en especial con "el premio" que él les ofreció como tratado de paz.

-Sanas y salvas, están junto a uno de nuestros demonios hablando junto a tu mujer –menciono Claude. Cristel no había estado de acuerdo pero accedió el hacerse pasar por su concubina por ahora, luego ya la sacaría de todo este lio. Solo quedaba preguntar por alguien más.

-¿Qué hay del angelillo que les traje? ¿Se esta portando bien o les esta trayendo problemitas? – pregunto burlón. Oh si, disfrutaría con toda su alma ver encerrada a esa oxigenada en venganza por lo de Hitler. Nadie se burlaba del destructor, mucho menos cuando él estaba presente. Ojala que la torturaran por un buen rato. En la boca de Claude se dibujo una mueca de fastidio antes de que gruñera.

-Jodiendonos los tímpanos. No para de gritar que cuando se escape nos matara a todos en especial a ti – las palabras fueron de puro fastidio. Así que se vengaría, pues que lo intentara que él no le tenia ni un poco de miedo –. Que se pudra Austin que es el guardia del momento, pero yo no vuelvo a bajar y más con lo rabiosita que se ha puesto. La próxima que elijas tus regalitos procura que sea alguien menos ruidosa.

-Claro como tú digas – dijo sarcásticamente mientras se encogía de hombros. Tomo la copa de vino y bebió algo más. Pronto se iría a investigar el interior del lugar y sacaría a Angeline de aquí.

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Axel suspiro otra vez mientras llevaba su mano a la sien comenzando a masajearla. Había tenido problemas con la morena luego de aquel flamante beso que se habían dado, y aunque lo quisiera negar estaba frustrado. ¿Por qué aquella mujer tenía que será tan… agresiva? Al tener en su sangre la seducción de un demonio sexual debió de haberse sumisado para él, salvo que sucedió todo lo contrario. Angeline había querido arrancarle la cabeza en cuanto tuvo la oportunidad, y si no fuera porque Laura la atrapo deteniéndola por un corto tiempo tal vez en estos momentos le faltaría un ojo. En estos momentos quería, no, su cuerpo le exigía otro momento de apareamiento, porque su maldito demonio en lugar de haberse puesto a la defensiva ante aquel ataque se había puesto deseoso de una batalla buena, solo que esta se diera en la cama. ¿Qué mierda le pasaba? Él era el duque de los infiernos, y lo que siempre le había caracterizado era su excelente control. ¡¿Por qué ahora no podía hacerlo?! Luego de haberla probado solo una maldita vez la necesitaba como un drogadicto a la cocaína. Debía de detenerse, principalmente porque él no estaba acostumbrado a una relación. ¿Cuántas amantes había tenido en su vida? Entre humanas y demonios… demasiadas, incluso cavia la posibilidad de miles. Estaba acostumbrado a algo nuevo en todo momento, y no aguantaba una relación con la misma mujer por más de dos días. Con mayor razón no dejaría que una sucubus llegara a su vida – supuestamente para protegerla – y que se la pusiera patas arriba. No. No ocurriría esto. Él se encargaría de que su vida siguiera siendo como le gustaba. Alcohol. Mujeres. Muerte. Soledad. Con aquella última palabra sintió como en su interior, en lo más profundo, dolía. El orgullo era su perdición, y no quería admitirlo – jamás lo haría hasta ahora – pero algunas veces deseaba poder vivir como un hombre humano. Una familia… hijos… una esposa. ¡Ja! ¿Qué estaba pensando? ¡Por favor! ¡Era Astarot! Era el duque infernal al que todos temían y repastaban. No necesitaba una familia… porque igualmente jamás la tendría.

-¿Enserio estas bien Axel? – pregunto Laura viéndolo en silencio. Estaba ahora en la sala de bares de la mansión. Luego de que Angeline fuera encerrada decidió que seria bueno venirse a beber unas copas y después… ¿Qué haría? La mujer lo odiaba más con lo que hizo hace un momento, peor cuando noto la presencia de la otra súcuba que solo había estado en silencio con una pequeña sonrisa en los labios. Oh si, lo odiaba con ganas por ser un cabrón e imbécil. Al estar enojado por no ser informado de lo que la pelinegra era, fue cegado por la ira y sino fuera porque ella despertó del trance cuando se estaban besando de seguro hubieran terminado realizando una escena pornográfica frente a Laura.

-Ya te dije que estoy bien – se quejo. Cogió su vaso lleno de alcohol para tomárselo de un trago. Si mal no recordaba ya iba por el noveno, para un humano esto habría sido demasiado. ¿Pero qué más daba en él? De todas formas los demonios no se emborrachaban tan fácilmente por sus sistemas avanzados en comparación con los humanos, sumándole a que eran longevos o inmortales de acuerdo con su especie. En su caso inmortal.

-Por cierto tu ángel esta en tu habitación, sabias ¿No? – pregunto la súcuba a lo que él solo atino a asentir. Los ojos rojos de ella brillaron cuando una sonrisa burlona se extendió por su rostro –. Es extraño jamás traes a tus amantes a casa, ¿Esta chica es especial?

¿Especial? Eso mismo se preguntaba él. La acababa de conocer hace tres horas y ya tenía un instinto posesivo sobre ella. Había estado con muchas antes, pero solo con esta mujer orgullosa las cosas cambiaban. Debía impedirlo. Se la entregaría a Dark mañana y fin del asunto. No volvería a verla durante el resto de la eternidad, además su alma le seria entregada obteniendo la libertad que tanto ansiaba. ¿Todos felices no? Entonces… ¿por qué el hecho de dejarla le molestaba? Estaba perdiendo la cabeza de eso ya no había duda. Maldita sea. Miro algo frustrado a la demonio de cabellos color miel antes que suspirara. No mentiría a su amiga. Ella merecía saber la verdad.

-Me la encargo Dark, si la llevo sana y salva a él me devolverá mi alma – contesto. Los ojos rojos se abrieron de la sorpresa antes de que la joven se enderezara en su asiento. Se formaba en su mente una idea de lo que le preguntaría ella.

-¿Es una de las mujeres de Dark? Si es así te jodiste Axel. Ya sabes como es ese bastardo con lo que es suyo, si la tocaste declárate maldito – la voz de ella tembló ante lo último –. Fíjate en lo que le paso a Austin por meterse con una de sus favoritas – lo recordaba a la perfección. Austin había sido demasiado joven, demasiado ingenuo y un tonto al considerar que Dark nunca se daría cuenta de la verdad. El demonio sombra había sido castigado por lo que hizo y la maldición a la que fue encadenado fue la peor de todas, y una que dolía en el alma. No acababa de comprender como Austin no enloqueció con lo que tuve que ver por estar maldito, porque si Axel hubiera sido el maldito, hace tiempo hubiera descuartizado a Dark con sus propias manos.

-No es una de ellas, estoy seguro de eso y no me pasara lo mismo que a Austin – se quejo. Mataría antes a Dark –. Sabes que primero yo descuartizaría a ese bastardo que preferir ver como mi maldición termina con los inocentes.

-Lo sé muy bien Axel – dijo Laura en un suspiro cuando recordó algo –. Hace unos momentos oí decir a algunos de los siervos que había venido un aliado nuevo en son de paz, nos ha traído un ángel en obsequio. ¿Iras a recibirlo?

-Dentro de un rato, ahora solo quiero beber – murmuro. ¿Aliado? Sonaba demasiado extraño, ya luego vería quien era el infeliz que puso un pie en su casa, y si se atrevía a mentirle u osaba provocar algún daño a su hogar… lo mataría.

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Hijo de perra. Estaba enojada, no, estaba ardiendo de rabia e indignación. ¿Cómo se había osado a hacerle eso? ¡¿Cómo mierda siquiera lo hizo?! ¡Era un bastardo infernal! Ojala que si un día se volvía rey su pueblo se viniera contra él. No mejor aún, ella lo mataría antes que ascendiera. Si, esa seria su misión nueva. Arrancaría lentamente cada extremidad de ese hibrido hijo de puta y luego lo torturaría por años, incluso siglos. Pero aunque eso ocurriera nada repararía esta humillación que le estaba haciendo pasar. ¡Nada! Apretó sus puños antes que golpeara fuertemente la pared y considerara destruir todo el lugar con el único fin de vengarse de ese desgraciado infeliz. Podía aceptar que al principio todo fue parte del plan para acceder al recinto de los demonios, mas ese maldito bastardo se vengo de la puya que ella le lanzo afuera. Era un vengativo de lo peor. Ella en vez había tenido que aguantarse lo de bruja y oxigenada, en vez él con solo ser comparado con Hitler y ya le hizo una escena de berrinche infantil. Parecía un mocoso engreído que no toleraba ni una pequeña bromita, pero hacerle esto era el colmo de los colmos. Miro en dirección al demonio que estaba custodiándola para que no intentara "huir", como si fuera tan fácil cuando estaba encerrada en una celda y esta bañada en magia que incapacitaba sus trucos. Gruño a su guardián que arqueo una ceja en su dirección. Era alto, no como otros demonios pero mucho más que ella, con un cuerpo bastante atlético y de aspecto fuerte. Su cabellera era morena y algo parada, mientras su piel tenia un color vainilla cálido quedando perfecto con aquel seductor rostro. Facciones puramente masculinas, esculpidas a la perfección recordándole a un Dios, seguramente muchas humanas caían ante esa belleza pero ella no. Lo que si llamo su atención fueron sus ojos. Sorprendida no los había apreciado bien porque estuvo más concentrada pataleando y gritando maldiciones en contra del destructor que en mirarlo. Que error había cometido. Grandes y de un intenso color verdes oscurecido por unas cuantas sombras que estaban muy en el fondo. ¿Cómo era posible eso? No tenía ni la más mínima idea pero de algún modo eran hermosos. ¡Un momento! ¿No debería de estar gritando su libertad en lugar de mirar los ojos de un maldito demonio? Correcto. Ella no era una prisionera, mucho menos seria la maldita prisionera de un hibrido con complejo de Dios. Antes se cortaría la lengua.

-¡DECIDLE A ESA MALDITA SABANDIJA QUE VENGA AHORA MISMO! – grito enojada antes que pateara las rejas de la celda. Sus ojos rosas brillaban furibundos queriendo ver al desgraciado que la metió en esto –. ¡NO SEAS UN COBARDE DESTRUCTOR! ¡VEN AQUÍ Y ENFRENTAME SI TIENES ORGULLO IMBECIL!

-¡Cállate ya! – grito el demonio enojado. Su rostro demostraba pura irritación, sus ojos verdes se habían oscurecido mostrando un brillo peligroso. ¡A la mierda con él! Mataría a alguien sino salía de este encierro y recuperaba su dignidad.

-Solo tráelo y dile que venga ya – gruño Evangelyne queriendo matar a Meil por esto. Era una vergüenza que la creyeran prisionera. El demonio rodo los ojos como si ella hubiera dicho algo estúpido. ¿Encima la creía una ignorante? Esto era lo poco que podía seguir aguantando. Odiaba a los demonios por naturaleza pero este tipo ya la estaba sacando de quicio y ni siquiera sabía su nombre –. ¿Por qué no vas por él?

-La sabandija como tu lo llamas nos informo que era una niña complicada y bastante engañosa, además de que si eres su prisionera – comento él –. Otro detalle es que esta ocupado cenando con Claude.

¿Cenando? ¿El desgraciado estaba comiendo mientras ella estaba aquí encerrada? ¡Bastardo infernal! En todos sus años de vida Evangelyne había sido una mujer tranquila y que nunca se dejaba dominar por la ira, solo que en este caso eso ya no le importaba más. Muy bien, si el destructor no iba a venir, entonces ella iría a él. ¡Oh si! Iría ahí arriba, buscaría al descarado ese y le diría sus verdades a la cara. Pero debía de salir de aquella cárcel antes. Miro en todas direcciones buscando algún modo de escapar, aunque todo fue en vano. Los demonios si se tomaban bastante enserio lo de tener prisioneros a los ángeles, cosa bastante delicada ya que los mensajeros de Dios tenían la magia de su lado y podían hacer con ella lo que quisiera. En cambio los hijos de Lucifer eran puramente mentales, seres que tenían poderes psíquicos o bien malignos. ¿Bastantes diferencias? ¿No? Correcto. Si no podía escapar tendría que intentar con el plan "B". ¿Y el plan "A"? Ya estaba fallado. Su primer plan consistía en que Meil bajara y la sacara de aquí para rescatar a Angeline, como sabia que el puto hibrido no vendría tan fácilmente, decidió gritar su nombre y maldecirlo para llamar su atención. No funciono. Por lo cual, usaría la segunda opción, que consistía en lograr que este demonio la soltara por las buenas o en todo caso por las malas. Lo engañaría y este ingenuamente la soltaría, luego ella le daría una paliza a la sabandija que estaba siendo tratado como rey – tal y como dijo Skyler que lo tratarían por ser una leyenda – y disfrutando de los manjares que le servían. Observo por el rabillo del ojo como su guardián estaba apoyado en la pared frente a la celda y le lanzaba de vez en cuando miradas de vigilancia. Seria algo complicado de engañar sumándole que Meil había dicho que ella era una mentirosa. ¡Bastardo, bastardo, bastardo y más bastardo! Lo encadenaría y luego lo destriparía. ¿No quiso decir también que ella era un ángel protector de una hibrida y su familia? ¿O tal vez le falto decir que ella se teñía el cabello o que era mitad bruja? ¡Ja! De seguro se los había dicho ya. El destructor era en verdad un vengativo de lo peor, y solo porque… ¡Le dijo una bromita! ¡Vamos! ¿Acaso no se parecía en algo a Hitler? Ok no era un nazista pero ella se refería a que era un asesino no en otro sentido, sumándole sus extraños modos de justicia. Muy bien, basta de todo, era momento de salir de aquí. Se acerco a las rejas antes de apretar dos con sus manos, miro fijamente al ojiverde quien solo espero a que ella dijera algo. Que empiece la actuación.

-¡Tienes que dejarme salir de aquí! – exclamo asustada y con los nervios fingidos. El ojiverde le miro curioso, mas en el fondo de aquellos oscuros ojos pudo ver la diversión surgiendo –. ¡ES MUY IMPORTANTE!

-¿Por qué tendría que hace eso? – dijo en tono burlón. Sus orbes brillaron por unos instantes antes de que Evangelyne supiera que seria más complicado de lo que pensó –. Eres una prisionera y un ángel, por lo tanto ni un favor debería de hacerte, ¿Qué es según tú tan importante?

-Pues… esto – intento decir mientras pensaba rápidamente. ¿Cuál era la razón importante? Matar a la sabandija pero no podía decirle eso, la tacharía de estúpida y desperdiciaría la oportunidad de su vida. Una idea llego rápidamente a su mente haciéndola sonreír en su interior. Miro asustada al demonio –. ¡TENGO CLAUSTROFOBIA!

Los ojos de Austin se abrieron sorprendidos antes que casi soltara una carcajada. ¿Hablaba en serio? Por favor, que pésima mentirosa era esta angelucha, aunque sea debía pensar en algo mejor. El demonio ya había tenido a muchos prisioneros de la misma forma en la que tenia a esta rubia, y para ser sinceros ya debería haber empezado las torturas emocionales. Sino lo hacia era porque Axel no llegaba todavía a darle pase libre para su tarea, en cuanto el líder estuviera aquí y confirmara que podía empezar el ángel deseara no haber nacido. No obstante… podía divertirse un rato con ella. Hacia demasiado que no molestaba a alguien o hacia una buena broma, principalmente por razones de trabajo – tortura para los prisioneros – y porque miles de veces la culpa regresaba a él. Cuando el recuerdo llego otra vez deseo que este jamás hubiera regresado. Cerró los ojos obligándose a tomar mejor postura. No era el momento indicado para esto, estaba frente a un prisionero y no convenía que esta lo viera débil cuando el pasado regresaba de su alma al exterior de su vida. Fijo su mirar en la rubia quien esperaba seguro que le creyera su patética mentira, y por supuesto que eso no sucedería ni aunque estuviera borracho o muriéndose.

-¿Claustrofobia? ¿Me crees idiota o que? – pregunto con cierto tono de diversión combinado con seducción. Un ángel siempre mantenía al margen sus deseos sexuales, y lo que le habían contado muchos demonios era que estos seres incluso consideraban buscar un método menos "sucio" de reproducirse. ¡Por favor! ¿Usarían acaso la fertilización in vitro? En verdad que esos tontos ya estaban perdiendo la poca dignidad que les quedaba. Miro a los ojos a la chica y vio en su interior, en lo más hondo de su alma, desnudándola hasta el grado que supo todas las sombras y pesares que la atormentaba. Como habilidad de su especie podía sentir cuando una persona mentía o trataba de ocultar sus más oscuros secretos, no podía saber sus verdades pero sabía que algo los atormentaba. Y su sensor de "nadie me engaña" se activo. La rubia le estaba mintiendo y en grande –. No eres nada claustrofóbica, y te lo digo porque nadie nunca puede engañarme.

-¡Pero si lo soy! – se quejo la rubia mordiéndose el labio inferior algo nerviosa al sentir como aquellos intensos ojos verle tan intensamente. Por extraño que pareciera sentía como si algo se calentara en su interior, ¿Qué le estaba sucediendo?

El moreno se enderezo alejándose de la pared. Una sonrisa surco sus seductores labios antes que brillara un instante y luego desapareciera. ¿Qué diantres…? Con los ojos sorprendida Evangelyne se alejo de las rejas buscando a donde se había transportado el ojiverde cuando apareció dentro de la celda, frente a la rubia quien no salía de su asombro. El demonio la empujo contra la pared, acorralándola con sus dos brazos que terminaron a los costados de la chica para evitar su escape. La rubia no pudo evitar sonrojarse, estaba demasiado cerca. Sus rostros estaban próximos uno del otro que hasta podía sentir la respiración del otro, notando como sus alientos se combinaban en uno solo. El demonio le sonrió al notar como las mejillas de ellas habían adquirido un tono sonrosado. Que fácil era poner a un ángel entre la espada y la pared, si en todo caso hubiera sido una demonio la que estuviera en lugar de la rubia le hubiera sonreído para después besarlo. Esa era la diferencia entre ángeles y demonios, estos últimos al menos aceptaban su lado animal y puramente carnal, en cambio los puritanos se negaban a admitir que no deseaban y ansiaban el sexo. Estúpidos. Negarse a ellos mismos eran negar su propia naturaleza y un signo de debilidad. El moreno abrió un poco los labios antes de que soplara al rostro de la joven quien solo tembló ante aquella acción. Tan fácil de asustar como un gato lo hacia con un ratoncillo escurridizo. El era un gato malo que quería devorar a su presa, pero antes como todo felino le gustaba jugar con su comida, en esta ocasión con esta joven que era la ratona.

-Bueno, como se supone que eres claustrofóbica – Evangelyne solo escucho fijamente mientras su corazón se aceleraba cada vez más –. ¿Qué se siente al estar en un espacio tan cerrado ahora?

-Se siente… se siente aterrador – murmuro la joven rubia mientras sentía el aliento de él sobre su rostro. Con un toque burlón el ojiverde bajo los labios y soplo contra el cuello blanquecino mandándole un escalofrió por su espalda. Trago saliva y controlo su nerviosismo antes que mirara al macho que tenia frente a ella, era demasiado diferente de los que estaba acostumbrada a eliminar –. Hazte a un lado.

-Se supone que tienes claustrofobia y por lo tanto yo estoy viendo si dices la verdad pequeña mentirosa – murmuro mientras la cogía suavemente del mentón. Evangelyne aguanto la sensación sintiéndose tensa, cerrando los ojos en el proceso. Ningún hombre jamás la había tocado de esa forma, es más el único que alguna vez la había abrazada o acariciado las mejillas había sido su hermano mayor Uriel –. Abre los ojos y mírame, no trates de esconderte.

-Yo… – fue lo único que pudo responder la chica mientras notaba como se le erizaban los cabellos. ¿Qué era esa sensación? ¿Miedo? Si, seguro que era eso. O por lo menos era de lo que intentaba convencerse la rubia. Oyó como el demonio se carcajeaba burlón. ¿Qué demonios le pasaba? Ahora mismo podría haberle golpeado tan fuerte hasta dejarlo tirado en el suelo. Podría defenderse y escapar, pero… ¿Por qué demonios no lo hacia?

-Ya déjame irme demonio – susurro enojada a lo que el joven de cabellos negros le miro con curiosidad y burla.

-¿Me crees tonto? – dijo él alejándose. En cuanto hizo esto ella pudo relajarse un poco, pero la sensación aún estaba allí con ella –. Te quedaras aquí pequeña y es mi última decisión.

La chica solo gruño enojada, se dejo llevar por la furia al saber que había estado acorralada por un demonio arrogante y no había hecho nada. No había nada por defenderse, y todo por esta estúpida sensación que ni siquiera sabia lo que era. Eso la enojaba, la enojaba bastante. Ella sabia controlarse muy bien, sobretodo sus sentimientos y sensaciones, pero esta vez no lo había hecho. Las emociones corrían como una montaña rusa en su estomago. No sabia lo que era y eso ¡MALDITA SEA! La enfurecía por segundos. Fue entones cuando sintió una corriente eléctrica por el cuerpo. El cerebro le había dado una orden y no tuvo más opción que obedecerla. De inmediato golpeo la pared, proporcionando un limpio puñetazo que causo un pequeño agujero seguido de unas cuantas grietas. Al darse cuenta de lo que había hecho, solo se miro las manos confusa, ella nunca había sido tan agresiva. ¿Por qué lo estaba siendo justo ahora? ¡Oh claro! Por culpa de un maldito demonio que estaba a su lado en estos momentos y también por el desgraciado hibrido de arriba. No se la dejaría tan fácil a ninguno de los dos. Dándose vuelta se encontró con los ojos verdes que le miraba las manos para luego mirar la grieta en la pared, los labios del demonio soltaran un silbido seguido de una carcajada de pura diversión.

-Te parece muy gracioso, pues yo no lo creo. ¡Ahora sácame de aquí! – grito la rubia enojada.

-No lo hare y ya cállate que me esta arruinando los tímpanos con tus gritos – gruño él perdiendo la paciencia. ¡No se callaría! Nadie la callaba y mucho menos acataría las órdenes de un demonio. Sin darse cuenta comenzó a quejarse de los pésimos carceleros que eran los demonios, seguido de insultos contra el destructor que brotaban de su boca sin esperar hasta que Austin no resistió más –. ¿No tienes un maldito botón de apagado? Ya me estas cansando con toda tu charla individual.

-Es que estoy tan sola aquí en este lugar que necesito a alguien con quien hablar – murmuro dramáticamente. Austin resistió el impulso de soltar una risa ante aquello, la mujer en verdad era una caja de sorpresas. Y él acababa de enloquecer, ¿Hablaba enserio de un ángel?

-¿Y el desafortunado tengo que ser yo? Solo cállate Barbie que enserio no quiero hablar – dijo el demonio con un suspiro. Haría lo que fuera porque en estos momentos alguien llegara en su reemplazo, como Jude o el idiota de Caleb también serviría. Pero no, nadie estaría en su ayuda porque la rubia era demasiado escandalosa y él era el único que tenia algo más de "paciencia" que sus demás compañeros de trabajo.

-¿Barbie? ¡Tengo nombre! ¡Y como me vuelvas a llamar Barbie te juro que…! – genial. Ahora tenia que aguantar el enojo de ella. Si le había dicho por ese apodo es porque de algún modo aquella angelucha se parecía bastante a la muñeca de aquel nombre, e incluso sus ojos eran el color que caracterizaba a esa muñequita.

-Te digo Barbie porque pareces una muñeca de catalogo pero bien como quieras. Además ni que voy a seguir desperdiciando saliva contigo – los ojos color rosa se abrieron llenos de indignación. ¿Qué? No había dicho nada malo.

-¿Desperdiciando saliva? Menudo caballero, ya no quedan hombres con educación. Yo que pensé que un demonio podría ser amable, pero veo que me equivoque – dijo ella con un toque burlón en su voz. El moreno se dio cuenta de que la joven acababa de lanzarle una puya, sonrió ante eso.

-Disculpa los demonios podemos ser amables cuando queremos, en cambio ustedes ángeles son unos hipócritas que solo dan la cara "supuestamente" justa cuando en verdad son unos desalmados – su tono fue el mismo que había usado la rubia hace unos momentos atrás.

-¡Eso es mentira! No todos los ángeles somos así, hay algunos que aún conservamos el sentido de la justicia.

-¿Enserio? No me digas ¿Eres unos de los afortunados? – ante eso sonrió burlón acercándose y cogiendo un mecho de cabello de ella –. No te creo rubia, todos son iguales en especial cuando es la hora de matar.

Evangelyne le miraba mientras el demonio jugueteaba cómico con su cabello. Ya harta, le arrebato el mecho y se acerco al rostro de él con una mirada retadora. No se dejaría pisotear por nadie, y aunque mucho de los ángeles fueran tal y como el ojiverde había descrito ella no lo dejaría hablar mal de su raza o mucho menos de ella.

-Créeme si quisiera haberte matado ya lo habría hecho – pronuncio ella seriamente con un ápice de seducción que ni ella misma se había dado cuenta que había puesto –. Eso demuestra que me queda algo de sentido de la justicia ¿No crees?

-Umm – el sonrió sarcástico antes de que acercara su rostro y con sus labios acariciara el labio inferior de la rubia tensándola. ¿Encero creyó que tentar a un demonio no traía consecuencias? Ingenua –. ¿No sabes que jugar con un demonio es peligroso? Nosotros somos demasiado peligrosos para las niñas, en especial para las puritanas.

-Y jugar con los ángeles es más peligroso aún – le respondió ella amenazante. Con ese "roce" se había puesto demasiado nerviosa, pero no dejaría que su orgullo cayera en picado y mucho menos ante un demonio arrogante. Así que aguanto su posición frente a él, mirándole mientras un leve sonrojo aparecía en sus mejillas. Pudo observar por lo bajo como una llave negra colgaba del bolsillo del pantalón de él. Su salvación. Cuando el la volvió a tomar del mentón tuvo que resistir las ganas de golpearlo por estar jugando con ella, debía de ser paciente y en un momento robaría la llave.

-Si jugar entre nosotros es peligroso - contesto él cuando ella disimuladamente jaló sin que él lo notara la pequeña llave que estaba colgando del bolsillo de su pantalón. Rápidamente la lanzo a un lado y él se alejo para teletransportarse fuera de la celda. Que bueno seria si ella pudiera hacer eso.

Por los menos ahora si podría respirar tranquila, el demonio estaba lejos de ella y eso en cierto modo la relajaba. No sabia porque pero la presencia de él le hacia sentirse nerviosa y eso la incomodaba bastante. Ni que hablar cuando sus labios rozaron los de él, en ese momento algo extraño había ocurrid en el interior de su cuerpo, fue como una especie de… ¿Corriente eléctrica? Si, con solo recordarlo sentía como una sensación extraña la invadía junto con el calor que ahora mismo sentía en sus mejillas. ¿Por qué se sonrojaba? Tal vez porque ningún hombre antes se le había acercado de esa forma. Si, exacto, solo eso. No era por la presencia de aquel demonio específicamente, o al menos era de lo que ella intentaba mentalizarse. La realidad era que su cuerpo había reaccionado por si solo, como si algo en su interior se hubiera activado cuando él jugo con ella. ¿Qué fue eso? Ella no entendía que su mismo cuerpo había respondido a la llamada masculina, podía ser que ella quisiera creer que los ángeles no sentían nada por la sexualidad, mas eso era pura mentira. Ellos sentían, por algo podían caer en la tentación. Y con los demonios un juego de dos podía volverse una guerra en donde al final los seres angelicales podían terminar heridos con gravedad. Aunque ella misma ignoraba esta gran lección.

-Maldito demonio – susurro a lo que el sonrió. Observo rápidamente el lugar por donde cayo la llave que acababa de obtener, una sonrisa curvo sus labios. Al menos consiguió lo que quería. Ahora lo importante. Patearle el trasero a ese maldito Hitler que la abandono a su suerte y salvar a Angeline. Momento de inventar la excusa perfecta para que este tipo la dejara sola y ella al final pudiera huir. Y tenía la orden correcta –. ¿Oye podrías hacerme un favor? – pidió de manera dulce sorprendiéndolo. El demonio aún no salía de su asombro, ¿en serio ella le había hablado con amabilidad? Incluso con… ¿Dulzura? Valla, es si que no se lo esperaba.

-¿Y que favor es ese Barbie? – Evangelyne solo se mordió la lengua ante lo dicho mientras esbozaba una sonrisa forzada.

-Pues… ¿Podrías traerme agua? – el chico abrió los ojos a más no poder, esto ya era un chiste de mal gusto –. ¿Qué? Tengo sed y encima aquí dentro hace un calor infernal. ¿Ni siquiera me harías ese favor? Prometo que si me traes un vaso de agua me callare y no molestare más – el plan de Eva era simple, mantener alejado por unos minutos a aquel demonio para poder escapar de esa horrible celda con la llave obtenida. Si esto salía bien, tal vez podía devolvérsela a Meil.

-¿Qué te hace pensar que iré? – pregunto Austin mirándola retadoramente. Algo se traía entre manos esta ángel y apostaría lo que sea que eso lo perjudicaría enormemente.

-¡Vamos! Solo un vaso con agua, ¿Es que aquí matan a sus prisioneros de sed? – pregunto ella con inocencia a lo que él suspiro cansado. Ya estaba agotado de esa larga noche, en especial porque extrañamente aquel día había habido un numero extraño de demonios que casi querían comerse a todo humano que estuviera cerca. Tal vez Lucifer estaba de pésimo hjumor estos días.

-Bien tú ganas, iré por tu vaso con agua. Pero solo por esta vez así que no te acostumbres, porque la próxima te aguantas – murmuro a regañadientes y con fastidio.

-Gracias – dijo alegremente con una gran sonrisa en el rostro, Austin aún no salía de su asombro, esa chica era bastante… peculiar. De inmediato se dio vuelta y desapareció con su teletransportación con un solo pensamiento en su mente: "Menos mal que luego de esto prometió que se callaría"

En cuanto el demonio desapareció Evangelyne se agacho a recoger la llave que estaba en el suelo y con en pocos momentos estuvo libre. ¡Si! Ahora debía de largarse de aquí, vengarse y rescatar a sus protegidas. De repente por alguna extraña razón recordó los ojos de aquel demonio que había estado hace unos momentos con ella. Sus ojos… habían sido hermosos pero lamentablemente estaban opacados por miles de sombras, como si fueran pesares de su larga vida. ¡Un momento! ¿Qué le importaba a ella eso de todos modos? Ese hombre era un demonio y si tenía pesares debía ser por su propia conciencia, por las estupideces que debió de haber cometido. Pensando aquello negó con la cabeza y salió corriendo en dirección a la puerta donde le esperaba su liberta, aunque en el fondo no había podido quitarse de su mente aquellos ojos. Unos orbes tan tristes, melancólicos y culpables, llenos de tanto dolor que ni ella misma entendería aún hasta que supiera el pasado detrás de ese ser.

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Los ojos de color rojo brillaban en la oscuridad cuando vieron el cadáver que estaba bajo sus pies. El demonio no había tenido tanta suerte como sus compañeros que lograron escapar aquella noche, pero eso no significaba que seria tan misericordiosa la próxima vez. La luna llena ilumino más la esbelta figura mostrando la belleza de aquella guerrera de largos cabellos como la misma nieve. Su preciosa piel brillaba con la luz lunar, reflejando lo saludable que se veía junto a su aparente suavidad. Su cuerpo estaba diseñado con delicadeza, con la belleza de una diosa que acababa de bajar de los cielos en busca de saciar su sed de sangre. La enorme ballesta que sostenía entre sus manos fue bajada y finalmente aquella mujer exhalo un poco agotada. Tenia un dolor de cabeza que le estaba molestando desde hace un buen rato y no había ayudado en nada que estos demonios se hubieran metido en su camino. Como lo había demostrado no tendría piedad ante nadie, ni siquiera si los humanos decidían molestar en su búsqueda de la perfección. Fue entonces cuando diviso como una hembra demonio corría entre las sombras de la noche. Perfecto. Necesitaba cazar algo y en este caso seria aquel ser despreciable. Alessandra había dejado el cielo hace años pero eso no significaba que su trabajo se viera afectado. Ella seguiría siendo siempre un ángel. Un ser justo que debía de erradicar a los "defectos" que creo el maligno y los que osaron cambiar su honor por el pecado. Con aquella mentalidad se lanzo en persecución a la hembra demonio que estaba alejándose rápidamente de ella.

-No escaparas de mi demonio – murmuro la albina saltando antes de que sus alas aparecieran. Enormes y de un blanco perfecto convertía a aquella mujer en un ser que debía de ser puro aunque el alma la estaba perdiendo desde hace mucho tiempo.

Yasmin acelero el paso cuando se dio cuenta que estaba siendo seguida por un ángel. ¡Maldita sea! Hace un momento acababa de terminar el plan de Dark. Había mezclado el chocolate caliente de Angeline con la droga creada por los sucubus e incubus, no fue necesario que se quedara más tiempo ya que solo diviso como el Axel al final había terminado besándose con la hibrida y cayendo en el hechizo de pasión. Se hacia una idea de lo que sucedería luego, pero no acababa de comprender cual era la razón para aquella unión. En verdad Dark había enloquecido. De repente una flecha salió volando incrustándose en su hombro derecho. La hembra demonio lanzo un chillido de dolor antes de detener su paso. Fulmino con su mirar al ángel que se elevaba en los cielos llevando una ballesta en manos. Su cuerpo se adormeció un poco seguramente debido a algún estúpido hechizo que tenían las flechas.

-¡Puta! – ladro enojada la demonio a lo que la albina le sonrió con arrogancia. La mataría por esto sin duda.

-Mira quien habla demonio, tú y las mujeres de su raza son las que se abren de piernas ante cualquier cosa con vida para que las follen – Yasmin siseo indignada y sintiendo las ansias de matar a esa maldita bastarda. NADIE se burlaba de ella, mucho menos un patético ángel –. La puta eres tú.

La sonrisa que le dedico a la albina fue de pura arrogancia. En definitiva esta estúpida había cavado su propia tumba. Estiro su mano antes que una enorme oz apareciera desde los mismos infiernos. La enorme arma fue maniobrada fácilmente antes que Yasmin sonriera más. La mataría y luego de eso buscaría al verdadero ángel que le interesaba. Ya casi podía sentir la sangre de Sariel entre sus manos, y en poco tiempo aquel sueño se haría realidad.

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Aunque lo hubiera intentado detener no habría servido de nada. Angeline sintió como de repente todo se volvía blanco mientras su mente era transportada a otro lugar, exactamente en una visión. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo una como cerca de unos diez años, por lo que había creído que su habilidad había muerto, pero para su propio pesar había fallado. Concentrándose en las imágenes tuvo que aceptar que si no se dejaba llevar seria mucho peor, y eso la podía dejar vulnerable por un buen rato, cosa que no le convenía si es que venia algún demonio por aquí. A regañadientes acepto la imagen encontrándose con un paisaje diferente a los que antes había visto. Se trataba del patio de la mansión de Axel solo que estaba algo destruido, a su alrededor varios demonios peleaban con sus armas contra una legión de ángeles que chocaban sus espadas contras los oscuros. ¿Qué estaba sucediendo? Miro por todos lados cuando escucho un fuerte golpe, giro en dirección a donde había venido el ruido encontrándose con ella misma tirada en el suelo y con un enorme corte que provenía de su mejilla, sobre ella se encontraba una enorme espada que un ángel que dudaba si clavársela en el corazón. Fue cuando se dio cuenta de quien era su futuro asesino. Los cabellos rojos inconfundibles, aquellos ojos verdes tan oscuros y llenos de frialdad, el hermoso arcángel que había llegado a su puerta cuando tenía siete años y el quince al parecer. El asesino de su madre. Uriel.

-Es mi deber matarte Angeline Swan. Debo exterminarte para que mi señora este tranquila – musito él. En sus ojos podía ver en el fondo un pesar tan grande, como si sintiera culpa por esto. ¿Se iba a creer eso en verdad? Jamás, no con un asesino.

-Entonces mátame. ¡Hazlo! ¡Clávame la espada en el corazón como cuando lo hiciste con Gethel! – grito ella con los ojos ardiendo en rabia. El arcángel se paralizo antes de que la mirara fijamente no creyéndose lo que acababa de oír. Él la analizo en silencio dándose cuenta de una verdad que siempre estuvo frente a él y se negó a aceptar. No podía ser cierto. No. ¡No! ¡Era mentira! ¡Ella no era esa niña! ¡No lo era!

-¿Cómo demonios sabes de Gethel? – ordeno saber. En su interior suplicaba porque fuera mentira, que se estuviera equivocando aunque la verdad estaba demasiado clara. Ella tenía los mismos ojos que el ángel que él asesino hace más de cien años.

-Tú lo sabes mejor que yo Uriel, o espera debería decir… ¿Xavier? – pregunto con veneno en la voz. El pelirrojo no lo resistió. La espada en su mano tembló antes que la alzara dispuesta a clavarla en el corazón de la morena cuando un grito femenino lo detuvo impidiendo su objetivo.

-¡No lo hagas! – Se escucho la voz femenina llena de horror – ¡No puedes matarla porque sino jamás te lo perdonare! ¡No te lo perdonare hermano!

Cuando estuvo dispuesta a ver quien era la dueña de la voz la visión se detuvo devolviéndola a la enorme habitación donde solo estaba ella. Sus preciosos ojos de color plata se cerraron antes que se volvieran a abrir llenos de incertidumbre y seriedad. Así que volvería a ver a Uriel dentro de pronto. Una sonrisa sin humor curvo sus labios para luego soltar una carcajada totalmente infeliz. Volvería a ver a ese bastardo que le hizo sentir completa cuando estaba a su lado, aquel bastardo que por unos pocos días se hizo pasar por alguien que la comprendía. Alguien que la aceptaba, cuando en realidad había estado planeando llevarse a sus padres a su muerte. Si se concentraba bien recordaba a la perfección como aquel pelirrojo clavaba profundamente la espada en el corazón de su madre que ni siquiera grito. Solo murió. Se dejo morir porque el hombre al que tanto había amado estaba a un lado, tirado en su propio charco de sangre. Llego la hora de vengarse, y si aquel arcángel vendría a por ella lo esperaría con sus brazos abiertos, y sus espadas esperando enterrarse en su corazón para matarlo como él lo había hecho con su madre hace más de cien años.

Ya no tenia nada. Sus hermanos era su fuerza, pero lo único que la había mantenido con verdadera vida… siempre fue la venganza. Y estaba a un paso de obtenerla o… tal vez no.


Al fin! Eso fue todo, ¿Qué les pareció? Debo decir que me salió algo larguito al final xD y eso que tuve que acortar porque mi idea era hacerlo más largo. Ahora las preguntas:

-¿Anastasia se mantendrá a salvo por mientras o algún demonio la hallara a ella y a sus hermanos? ¿Elena podrá encontrar a Angeline antes de que la profecía se cumpla?

-¿Meil hallara a Angeline o los demonios se darán cuenta del engaño? ¿Evangelyne se vengara por la "pequeña" broma?

-¿Qué le sucede a Axel con su adicción por la morena? ¿Le traerá problemas más adelante?

-¿Yasmin ganara la batalla o lo hará Alessandra? ¿An sabrá que sus visiones se están haciendo realidad?

-¿Qué hará Austin cuando sepa que fue engañado por Eva? ¿Angeline obtendrá su venganza o la visión que tuvo se cumplirá?

-¿Qué parte les gusto más? ¿Qué les hizo reír? (si es que se rieron claro esta xD)

Bueno, ya debo despedirme, espero que les haya gustado y sin más que decir… bye. Espero escribir la conty pronto aunque estare también concentrada en "The Seven Guardians of the Sins" y "The Light of the Darkness", aunque creo que el capitulo cinco lo subiré en esta semana… si me da tiempo claro esta. Ahora si bye.