Hola a todos! Como están? Los vengo a saludar luego de no actualizar nada en tiempo, claro hasta hoy. Aquí les traigo el capitulo más largo que he escrito y al cual tuve que quitarle al final una escena ya que el tiempo no me alcanzo para ponerla. Sin más que decir les dejo para que lo lean, no sin antes agradecer a Eva-chan por su ayuda en algunas escenas. Aquí salen Evangelyne, Elizabeth y Meil, debido a que quise aclarar más la situación de estos personajes, ya en el siguiente veremos la reunión de Elena con sus nuevas ayudantes y… mejor me cayo, les dejo la aclaración:

-Sánguinum (creación mía): demonios que muestran un enorme atractivo en su forma humanoide, pero cuando lo desean pueden mostrar su otro "yo". En este caso su aspecto es aterrador y tan terrible que muchos quedan traumatizados en cuanto los ven. Los de esta especie se caracterizan por ser seres sedientos de sangre, no pueden evitar matar por propio placer, incluso cuando ven rastros de sangre su lado maligno surge a escena y se convierten en los terribles asesinos que secan a sus presas dejándola sin una gota de liquido vital. Suelen confundirlos con los reconocidos "vampiros".

-Se hacen mención de escenas sexuales… bueno al menos no es un lemmon jeje – risa nerviosa –

Sin más que decir, solo diré que Inazuma eleven no me pertenece sino a Level-5.

Ahora si les dejo el capitulo.


5

Conociendo un Secreto

Elizabeth Nowak camino por los corredores mientras buscaba el baño de aquella enorme mansión. ¿Cómo podía ser este lugar tan… tan grande y hermoso? Las bellas paredes de tonos terrosos volvían aquel lugar un precioso y acogedor escenario de una familia feliz. Por un momento ella recordó a su familia, a sus amados padres que la habían cuidado siempre. Cerró los ojos y sintió como el dolor volvía a su corazón, trayendo aquella sed de venganza que todavía seguía ahí atormentándola cada día que pasaba. ¿Por qué la justicia no había sido mejor? ¿Por qué no habían podido apresar a los asesinos que tomaron las vidas de sus padres? ¿Por qué? Porque los malditos asesinos habían sido hijo de personas poderosas. Hijos de ministros y senadores. Por favor, ¿Qué iba a hacer la policía cuando "papi" ordenaba que liberaran a sus supuestos santurrones hijos? Salieron en libertad dos días después de ser encerrados, y solo porque los padres pagaron las fianzas además de comprar la palabra de la policía para que esto no se difundiera. ¡MALDITA SEA! Los ojos lagrimearon pero ella detuvo sus ganas de querer llorar. Se vengaría. Ella lo juro junto a la tumba de sus padres, y buscaría que todos esos asesinos pagaran caro lo que hicieron. Tomo aire y luego lo expulso intentando calmar su propio enojo cuando recordó donde estaba. Mierda. Lo había olvidado. Esta no era una mansión con el típico millonario, los normalitos mayordomos y las sirvientas ancianas. Todo lo contrario e inimaginable. Era una casa llena de demonios, donde su líder era el duque del inframundo. ¡Que curioso! La imaginación de Elizabeth siempre la había trasladado a cuentas fantasiosos como estos, aunque obviamente solo había sido eso. Imaginación. Una locura. Hasta que termino metida en este lugar junto con una joven a la que había creído humana, al menos hasta que esta le confeso que era hibrida de un ángel y demonio. En definitiva si les contaba a sus colegas de esto no dudarían de encerrarla en un manicomio. Que genial. Tener que fingir que era la esclava de un hombre que era claramente peligroso – Beth pensaba incluso que estaba armado hasta los dientes – y tratar de proteger a Cristel y Skyler como prometió al ángel de cabellos rubios antes de que la encerraran por culpa del hibrido. Una risa nerviosa salió de sus labios. La hermosa mujer había estado tan sorprendida cuando "El destructor" dijo que ella era un regalo – por no decir una ofrenda de paz – para todos los demonios. Al instante la joven grito y casi se lanza a la garganta del moreno si es que no la hubieran cogido entre varios arrastrándola en dirección a las celdas. Luego de aquello el moreno solo les dijo que disfrutaran del lugar y se marcho con los demonios que estaban besando el suelo que el pisaba. Al parecer la idea de Skyler había sido todo un éxito.

Siguió caminando cuando de repente choco contra alguien. Sin poder evitarlo casi cae de bruces por lo que Beth cerró los ojos esperando recibir el duro impacto. Nunca llego. Con algo de temor abrió poco a poco sus ojos encontrándose con el rostro de un hombre que la dejo sin aliento. Elizabeth había visto hombres hermosos, entre ellos Lucian Swan, pero este hombre la hizo suspirar en su interior. Tenía la piel morena cálida, como el chocolate con leche que ella solía decirle a Angeline que no tomara por su salud. Su cabello era algo largo y de un rosa chicle bastante sedoso para su vista. Sus rasgos faciales eran algo duros pero de alguna forma eran hermosos, con unos labios algo gruesos que sonreían divertidos. Y sus ojos… preciosos. De un color oscuro, opacos pero con un pequeño brillo burlón y sensual como también advertía un toque de peligro y maldad. Trago saliva cuando recordó que no estaba en el suelo, y se debía a que la joven no había notado que aquel hombre la estaba cargando como si se tratara de una pequeña princesa. La suave calidez de él la desarmaba mareándola con su deliciosa esencia masculina, tabaco y cuero pero si se esmeraba en oler mejor podía distinguir una nota de limón. Mordiéndose el labio inferior miro algo nerviosa al hombre quien la seguía teniendo entre sus brazos y aquello la ponía muy incomoda, mientras que para él parecía algo muy entretenido y divertido. ¿Quién era este hombre? ¿Por qué no la soltaba de una buena vez? Su corazón tomo un ritmo rápido obligando a Beth a oír su rápido bombeo. ¿Qué le estaba sucediendo? Abrió la boca para intentar hablar cuando ninguna palabra logro ser articulada. Elizabeth no podía hablar y no sabía la maldita razón. Sentía como si todo su interior estuviera paralizado cuando el demonio sonrió con seducción antes de que la bajara cuidadosamente dejándola en el suelo. En cuanto ella sintió sus pies sobre el piso retrocedió un paso algo asustada.

"Dios, en que me metí" se pregunto asustada la joven mientras capto un pequeño brillo maligno en aquellos ojos negros como la noche.

-Tú debes de ser una de las sirvientas del reconocido destructor – dijo con una sonrisa el pelirosa. Beth casi soltó un grito de sorpresa cuando pudo distinguir unos colmillos sobresalir de su boca. ¡Un vampiro! ¡Era un vampiro! Trago saliva y sonrió algo nerviosa. Debía de tener cuidado, mucho más cuando este demonio-vampiro estuviera frente suyo, si es que no quería terminar con una mordida en el cuello y ser una no muerta. Vio como el ojinegro fruncía el ceño antes de que riera divertido, como si le acabaran de contar un buen chiste –. Calma no soy un vampiro, muchos de los humanos nos confunden con esos "caminantes muertos". Y no beberé tu sangre, no soy mucho de la humana, así que no te asustes.

Elizabeth tuvo que abrir la boca antes de cerrarla fuertemente cuando escucho las palabras de este demonio. ¿Acababa de leerle la mente? ¡Dios! este ser le había leído los pensamientos con tanta facilidad que parecía algo demasiado común entre ellos. ¿Qué clase de demonio era? ¿Un vampiro o algún tipo de demonio que se alineaba a ellos? en definitiva no quería saberlo, en estos momentos necesitaba ir al baño y sea como sea alejarse de este tipo extraño y peligroso que era encima lector de mentes. La peliceleste retrocedió unos pasos, el hombre le miro divertido y avanzo hacia ella. Maldición. Ella estuvo dispuesta a echarse a correr en dirección hacia donde estaban Cristel y Skyler cuando sin saberlo estuvo estampada contra la pared. Paralizada, sorprendida y asustada eran algunas emociones que sentía en aquellos instantes la doctora Nowak. Ella tembló en cuanto el demonio hundió su cuerpo inferior sobre ella, atrapándola con sus muslos y sus caderas. Se quedo rígida contra él, pero a pesar de aquello pudo sentir la dureza de los músculos bien formados del "vampiro". La mano masculina fue directo hacia su garganta atrapándola en un agarre que le quito la respiración, no era muy fuerte pero sabría que con un solo movimiento él podía romperle el cuello. Joder. Debía de escapar y huir de este ser, pero estaba atrapada. ¿Dónde estaban las ideas cuando uno más las necesitaba? Al parecer habían decidido irse de viaje a nunca jamás dejándola a Beth a su suerte, y en este caso a la suerte de si este demonio de hermoso aspecto no la mataba en cualquier segundo. Obligo a su cuerpo a tranquilizarse y dejar de temblar, sus curvas fueron presionadas contra el duro pecho y casi gimió por aquel contacto. La esencia a tabaco inundo sus sentidos y le mareo un poco.

-Muy bien doctora Nowak ¿Verdad? – pregunto el demonio con un toque de seducción en su voz que la dejo algo incomoda. Su voz era grave y gruesa, puramente masculina y con un deje de antigüedad –. Espero que tu maestro no este intentando dañar a nadie de nuestro cuartel, o mucho menos quiera intentar eliminar a nuestro líder porque si fuera así… juro que todos ustedes lo pagaran muy caro – la amenaza era clara. Si el destructor dañaba a alguien no solo lo pagaría Elizabeth, sino también Cristel y la joven Skyler –. Dime que es lo que tu señor busca de nosotros. ¡Habla!

Ella no respondió de manera rápida, sino que se quedo algo atontada por el fuerte agarre y la adrenalina que recorría su cuerpo. Tenía tanto miedo pero a la vez quería mandar al diablo a este grandísimo idiota y asestarle un buen golpe en su ojo. La presión en su garganta aumento y no tuvo más remedio que hablar.

-Soy Elizabeth, y he venido aquí con "mi señor" – a duras penas pudo pronunciar aquellas palabras. Ella no pertenecía a nadie, pero debía aparentar al menos ser una sierva de aquel enorme hombre, si es que quería seguir con vida –. Hemos venido en paz, mi líder solo quiere… quiere ayudarlos.

Cerró los ojos con fuerza esperando a que el demonio la siguiera interrogando o para su mala suerte la intentara matar. Mas la sorpresa fue otra. Beth abrió sus ojos completamente cuando noto como el fuerte agarre en su cuello había sido cambiado por una suave caricia, el pulgar del pelirosa le tocaba cuidadosamente la piel cerca de sus cuerdas vocales. ¿Qué sucedía ahora? Tal vez había cometido un error, pero si lo hubiera hecho ya estaría muerta no siendo acariciada con delicadeza. El hombre bajo la cabeza hasta enterrarla entre los sedosos cabellos de la joven mujer, esta se congelo otra vez. La fría nariz acaricio su yugular y sintió de repente un par de colmillos raspándole la piel. ¡Le iba a morder! Casi soltó un grito pero sus labios fueron acallados por los de él. La beso. Fiero y dominante, obligándola a acompañar aquella danza a la fuerza mientras su sabor se calaba en ella. Vodka. Sabía a aquella bebida y a la vez podía sentir un dejo de sangre en su interior, aquel líquido metálico que en lugar de horrorizarla le hizo sentir… ¿excitada? ¡¿Qué demonios estaba pensando?! Intento separarse del demonio pero este se lo impidió, la sujeto más fuerte y siguió asaltando su boca como un animal salvaje, poseyéndola, marcándola hasta el alma. Ella grito en la boca de él cuando el macho la presiono contra algo duro que apuntaba sobre su abdomen. ¿Él estaba… excitado? ¡Oh no! ¡Esto debía de ser el colmo! Pataleo e intento golpearlo pero todos sus intentos al final fueron solo eso. Intentos sin resultados.

-¡Maldita sea! ¡Harley déjala ir! – grito una voz masculina que alivio en el fondo a la peliceleste. Beth respiro aliviada cuando el demonio dejo sus labios en paz, sentía como sus mejillas ardían y como para su propia vergüenza estaba… húmeda. ¡Joder! La había logrado excitar de verdad. La humana dirigió su mirada al recién llegado que era un hombre bastante guapo y atractivo. Tenía unos enormes ojos de color verde oscuro, algo opacos y resaltantes, mientras que su piel era un tono morena cálida y su cabello totalmente negro. Bastante alto y Beth diría que seria el hombre de los sueños de cualquier mujer. Incluso él de ella. Un gruñido resonó en la garganta del hombre que la mantenía cautiva contra su cuerpo, sorprendiéndola.

-Más te vale muñeca que esos pensamientos hacia Austin desaparezcan, no me gustaría hacerle daño a mi amigo – susurro el pelirosa dejándola fría. ¿Dañarlo? ¿Por qué lo haría? Después de todo Beth solo estaba pensando que el moreno era atractivo pero eso no significaba que fuera su hombre perfecto… y al final ¿Eso que le importaba a este demonio? Pataleo enojada cuando escucho una maldición.

-¡Harley! ¡Suéltala ya hombre! ¿No ves que es humana? La estas asustando – dijo el de ojos verdes mientras negaba con la cabeza. Recién en aquel momento la joven mujer pudo darse cuenta que el guapo moreno llevaba en su mano un vaso de agua.

-Joder, en verdad eres bastante inoportuno ¿No? – gruño Harley fastidiado. No se movió ni un centímetro por lo que Beth aún seguía prisionera entre la pared y el enorme cuerpo del atractivo demonio ataviado de ropa de cuero. La doctora estuvo dispuesta a decirle que la soltara cuando escucho la grave risa proveniente del que la mantenía cautiva. No entendía nada de demonios, eso era lo obvio.

-¡Hey! ¿Qué hay de ese vaso de agua? ¿Es que te entro sed mientras estabas de guardia o qué? – pregunto burlón el pelirosa, aunque en verdad lo había hecho por molestar. En su interior estaba verdaderamente enojado por haber sido interrumpido con esta humana. Podría ser que a él no le gustaran los mortales, pero en cuanto vio a esta mujercita caminando por estos pasillos un instinto de cazador le atrapo, y no era para nada su sed de sangre, sino un instinto de lujuria. Puramente carnal y todo por esta humana de hermosa voz que le había encantado con tan solo decir unas cuantas palabritas. Austin gruño enojado, haciéndolo sonreír.

-¿Qué te importa a ti? Si, me dio sed, por lo cual tengo derecho a beber algo al menos. Después de todo me dejaron con la gritona esa – claro olvido que el demonio sombra estaba cuidando de ese "regalo de paz" que les dio el destructor. O más bien debería decir el "regalo de la discordia", porque ese ángel no había parado de gritar desde que fue encerrada y eso ya le estaba destruyendo los tímpanos a Harley. Si la mujer no se callaba más, él mismo iría y la dejaría inconsciente. Escucho un carraspeo. Cierto Austin aún estaba aquí –. Ahora suelta a la humana, hombre. Si no la dejas terminaras dañándola además te están llamando en la cocina. ¡Vete rápido!

Harley bufo rodando los ojos. Este demonio sombra se había vuelto un amargado desde que lo habían maldecido hace unos trescientos años, pero bueno cualquiera estaría así con lo que el moreno debía de cargar en silencio. La verdad era que el pelirosa agradecía que el no haya sido el desafortunado que dejara la furia del desgraciado de Dark libre. Aunque aquel estúpido fuera un ser con poder, muchas veces había demostrado ser un verdadero cobarde que no le llegaba ni a los talones a muchos. ¿Por qué Lucifer lo había elegido a él como su mano derecha? ¡Por favor! Había tenido diferentes candidatos que en verdad valían la pena, pero en vez de elegir a alguno de ellos prefirió elegir a Dark. Mala elección enserio, principalmente porque ese demonio lo único que hacia era buscar sus propios beneficios, en especial usaba su alto cargo para atraer mujeres a él. Estúpido, tan fácil que era el arte del coqueteo.

-Aguafiestas – bufo Harley mientras delicadamente liberaba a la humana. Beth tembló ya que no sentía muy bien las piernas y si el pelirosa no la cogía del brazo seguro que se llevaba un duro golpe. Harley sonrió burlón y ella se alejo rápidamente –. Te haz vuelto todo un gruñón Austin, le quitas la diversión a todo – el pelirosa se encogió de hombros antes que de que le diera una mirada al demonio sombra –. Antes no eras así.

-No me salgas con esas estupideces, no soy un amargado o aguafiestas Harley – se quejo el moreno negando con la cabeza. Algunas veces este hombre podía ser un cabeza hueca, y eso al demonio sombra le cansaba –. Soy realista, esta humana es frágil y si no lo recuerdas le pertenece al destructor – señalo a la doctora antes que suspirara. No entendía porque Harley había estado tan empeñado en revolcarse con una humana cuando este idiota solo estaba con hembras de su especie –. Aléjate de ella o puedes salir lastimado, y usted doctora váyase de aquí – seria mucho mejor que la mujer se fuera. Harley podía ser una persona algo divertida y burlesca, pero si su lado maligno salía a la luz… pobre de quien estuviera cerca suyo. Austin ya había sido testigo de la furia del pelirosa, y para ser sincero, la presa había terminado bien muerta y enterrada. No quería ni pensar que le pasaría a la doctora si este idiota se salía de control… o mejor dicho como se vengaría el destructor si una de sus siervas terminaba totalmente drenada o mutilada. Se hacia una idea… alguien perdería la cabeza y Austin apostaría lo que fuera a que ese alguien terminaría siendo él por intentar salvar a su "amigo".

-Gra…gracias – susurro Beth temerosa. Se había sentido como una gacela acorralada por un enorme león que en cualquier momento podría devorarla. Cuando salieran de este lugar en definitiva le gritaría a Angeline que nunca más le hablara sobre los ángeles o los demonios, porque si la peliceleste oía pronunciar una palabra más de esto, estallaría. Un escalofrió le recorrió la espalda, sentía como unos ojos estaban fijos en ella. Aturdida giro su cabeza en dirección a donde provenía aquella ardiente mirada y casi grito. El mismo demonio que respondía al nombre de Harley no dejaba de verla, lo peor de todo era más bien decir como la estaba viendo. Lujuria. Pura sensacional carnal y deseo no saciado. Un león viendo a su cena. Por instinto de supervivencia la joven se puso al lado del moreno quien le miro sin entender, Beth no confiaba en este chico pero se veía más "normal" que el otro. Con vergüenza bajo la cabeza y suspiro –. Yo iba hacia el baño, pero me perdí y luego apareció él – no hacia falta decir que ese "él" había sido Harley. El demonio sombra miro con reproche al ojinegro antes que gruñera. Este en verdad no estaba siendo su día.

-El baño esta en otra dirección, retrocede por el pasillo por donde venias y voltea a la derecha – indico el moreno a lo que Beth asintió agradecida. Cuando ella estaba dispuesta a irse escucho el carraspeo de ojiverde, sin entender que sucedía lo miro –. Doctora, por su propio bien le recomiendo que no vuelva a pasar sola por aquí – musito el joven con seriedad mientras veía al pelirosa quien solo gruño fastidiado como un niño pequeño –. Y tenga cuidado con este demonio.

Elizabeth no espero mucho más tiempo, en cuanto tuvo la oportunidad salió corriendo apurada mientras su corazón latía rápidamente. ¿Qué es lo que había sido todo esto? ¿Por qué ese demonio la había besado? ¿Por qué en estos momentos ella sentía que sus piernas le fallarían y terminaría cayendo al suelo? No quería ni saberlo, tan solo deseaba estar lo más alejada posible de aquel "ser", fuera lo que fuera, y no volver a saber nada de él. Ni siquiera quería saber porque no había querido – muy en el fondo de su alma – que aquel beso no hubiera tenido que terminar. Mientras tanto Harley no estaba muy feliz con el resultado. Enojado miraba con sus brazos cruzados al ojiverde, y con una especie de… podría decirse que puchero. Se podía denotar lo enojado que estaba, pero de cierto modo eso le hizo gracia a Austin.

-¿Desde cuando soy tan peligroso como para que adviertas a la gente que tenga cuidado conmigo? – el sarcasmo se denotaba en la pregunta del pelirosa –. Además ¿por qué haz tenido que intervenir? ¿No estabas vigilando, torturando…o lo que se supone que hagas con esa escandalosa prisionera que tenemos? – pronuncio con rapidez y cansancio lo último. Fue entonces cuando una sonrisa burlona apareció en los labios de Harley –. ¡Oh ya se! ¿Acaso la nenita te hizo daño? Jaja se nota que estas perdiendo fuerza Austin.

La mandíbula del moreno se abrió completamente ante aquellas palabras que el maldito demonio había pronunciado. ¿Daño? ¿Había dicho que esa chica le hizo daño? ¡Por favor! ¡Él era un maldito demonio sombra entrenado para matar y destruir todo a su paso! Así que una maldita ángel en definitiva no vendría a arruinarle nada, ni siquiera su perfecta reputación de asesino y torturador, antes le rompería unos cuantos huesos a Harley si volvía a insinuar algo como esto –. ¡¿Daño?! – exclamo ofendido antes de que gruñera enojado aún por aquella maldita palabra. Este en verdad no era su día, y la verdad todo le estaba saliendo bastante mal, ¿acaso estaba con mala suerte? No quería ni imaginarlo. De mala gana paso a un lado del ojinegro no sin antes fulminarlo con la mirada –. Si le advierto a esa humana sobre ti Harley, es porque eres peligroso para cualquier mujer, y no creo que sea buena idea que pongas los ojos en esa humana. Ahora si me disculpas, me marcho a ver a esa escandalosa ángel, y espero no volver a verte cerca de esa mujer o sino tendremos problemas muy serios – ya estaba dispuesto a irse cuando recordó algo –. ¡Ah! Y se me olvidaba – susurro mientras iba a alejándose del pelirosa –. Te vuelvo a repetir que te esperan en la cocina, yo que tu no tardaría mucho en ir.

Harley vio como de mala gana el moreno se alejo. Se quedo unos instantes mirando en dirección a donde se marcho su amigo antes que suspirara, ya debía de suponerse aquella actitud. Austin era un demonio sombra, un bastardo que tenía cierto complejo antisocial y en parte unas habilidades que dejarían idiotizado a muchos psíquicos del mundo humano, un buen ejemplo es que nunca podías esconder un secreto de él. ¿Secretos? Si, el los conocía. El demonio sombra podía ver la más profunda oscuridad en el alma de todo ser vivo, desde sus secretos más o menos decentes pero malignos, hasta sus secretos mayormente nocivos y graves que podrían destruir a muchos. Austin conocía los de él mismo – para propia vergüenza del mismo Harley – y los de todos los que habitaban esa casa. Bueno ahí tenía la respuesta, tal vez con el tiempo tanta oscuridad y vida opaca había hecho que su buen amigo terminara volviéndose un amargado, o la consecuencia se debía también a ser el carcelero de una gritona que parecía tener unos excelentes pulmones. Si, eso era. El pobre bastardo estaba estresado por culpa de la destrozadora de tímpanos. Sonrió triunfante ante eso, menos mal que no le había tocado ser a él el carcelero. Se carcajeo en silencio la mala suerte del moreno mientras caminaba rumbo a la cocina. Un poco de lastima llego a su interior, salvo que le duro solo unos pocos segundos hasta que recordó a la sensual doctora que había tenido entre sus manos antes que el inoportuno ese hubiera llegado. Aún podía recordar su dulce sabor que le hizo relamerse los labios de anticipación. Esa humana había sido exquisita, y estaba completamente seguro que su sangre hubiera sido igual de deliciosa, mas no pudo ni averiguarlo. Bueno, bueno para todo ahí solución ¿No? Claro que la había, y esta recaía en que la próxima vez que la viera la perfecta humana no se escaparía con tanta suerte. Y respecto a Austin…

"Que se pudra" pensó Harley. Ese demonio sombra le había estropeado su momento con aquella hermosa humana y eso no se lo perdonaría. "Mejor que se quede con su ángel y a mi no me moleste más", porque sin duda aunque la doctora fuera pertenencia del destructor eso no significaría nada para Harley. El quería a la humana y de alguna u otra forma la obtendría así tuviera que usar sus trucos más sucios.

00000000000000000000000000000000000000000000000000 00000000000000

Estaban reunidos esperando al último de todos. En el momento en el cual Raziel pisara el suelo del rascacielos de inmediato sabrían si el arcángel había tenido algo de suerte en su búsqueda. Noto la impaciencia de Ariel, en verdad el ojiverde ansiaba poder dar caza ya pero sus planes no salían como él deseaba. Desde que Uriel tenía conocimiento su" amigo" había sido un gran cazador de demonios, destruyéndolos siempre sin piedad alguna hasta que… la mujer que el amaba se enamoro perdidamente de un demonio. Golpe duro para la vida de él, pero lo peor había sido saber quien era ese "bastardo indigno" de tan hermoso cariño que la joven Gethel había profesado. No todos lo sabían, ya que aquella información fue guardada de todo el mundo angelical, principalmente para el bien de todos, aunque ¿cuál fue el resultado al final? La muerte de aquella mujer inocente. Trago saliva al recordar el lecho de muerte de su antigua superiora. Concentrarse, debía de estar concentrado para esta cacería, cosa que no estaba haciendo. ¿Desde cuando los remordimientos volvían a la vida? Ya había pasado cien años desde lo ocurrido así que ¿por qué seguir torturándose o sacando aquellos sentimientos? Gethel estaba muerta y fue por su propia culpa, por haber roto las leyes y unirse con "aquel" engendro. La fresca brisa de la noche soplo sus largos cabellos antes que se escuchara el aleteo de unas alas. Los seis pares de ojos se elevaron al cielo observando como un esplendoroso ángel de preciosas alas blancas con algunos toques dorados aterrizaba agraciadamente a un lado. Las blancas ropas dejaban opacas a la misma nieve por su extrema blancura, tan finamente tejidas con hilos de plata que superarían la belleza de la ropa de los mismísimos reyes. Era normal tremenda grandeza, pero la realidad era que a ellos les gustaba ser así o al menos casi todo el tiempo. Los humanos consideraron siempre a los ángeles como seres puros y de extrema belleza, cosa cierta pero ellos también tenían cierto gusto por lo "valioso", y lo demostraban al vestir o caminar e incluso volar. El carraspeo de Gabriel indico a todos que esperaba la respuesta del recién llegado, debido a que de esto dependería el futuro de su misión. Raziel miro a todos antes que negara con la cabeza confirmando las sospechas que ya se habían creado en sus propias mentes. Astarot había logrado llevarse a la fugitiva, por lo tanto la mujer debía de estar en sus territorios. Solo significaba una cosa. Problemas.

-¿Ahora si podemos matarlo? – hablo Sariel fastidiado. Uriel rodo los ojos ante aquello, en verdad que algunas veces su "hermano" podía ser un verdadero… ¿cómo lo decían los humanos? Si mal no recordaba era un grano en el culo, si, eso era. Debían de pensar seriamente pero algunas veces la sed de venganza los llevaba más lejos de lo pensado, como era el caso del peligris –. Si esta en territorio…

-Nos traerá problemas si lo matamos – se quejo Uriel en un suspiro. ¿Cómo podía hacerle entender a todos que matar no era la única solución? Eran guerreros si, pero en el fondo también podía tener al menos una pizca de misericordia ¿verdad? Casi siempre –. Piénsenlo otra vez, tal vez podríamos negociar…

La carcajada que soltó Ariel lo hizo congelarse y fruncir el ceño. Perfecto, ahora se burlaban de su vena pacifica, que gran resultado obtuvo. Uriel era un ángel guerrero y asesino, pero estaba cansado de tener que matar sin sentido. Habían sido décadas de matar y matar, y él ya no quería seguir así… quería algo más. ¿Qué era lo que quería de todos modos? Cuando había sido un niño tuvo un sueño siempre en mente, y este se trataba de formar una familia como lo hicieron sus padres. Tener hijos y educarlos, aunque si alguna de estas palabras era pronunciada de seguro todos se burlarían de él. Uriel no estaba hecho para ser un padre de familia, ya lo debería de haber entendido hace mucho, pero al parecer era más terco de lo que pensaba. Eres lo que eres, cosechas lo que siembras. El sembró su destrucción y ahora debía de aceptar los cultivos que esto traería. Sonaba bastante práctico y cruel, pero esa era su ley de vida desde que fue educado por sus maestros, por otros ángeles guerreros que lo convirtieron en aquel arcángel lleno de "justicia". Por eso Evangelyne se había ido. Ella no estaba hecha para todo esto de la guerra, y de alguna forma era lo mejor. Un profundo dolor surgió en el centro de su pecho al recordar la triste mirada que ella le solía brindar siempre. Tan dolorosa, con algo de temor y… lastima. ¿Podría ser que ella sintiera lastima porque el siempre estaba en guerras o asesinatos? ¿Acaso ella se fue por temor a que un día el no regresara vivo a su hogar? Si esa fuera la razón, entonces que mal que ella no lo conociera tan bien. Era un arcángel y podía defenderse perfectamente de cualquiera, así fuera el mismo Lucifer quien quisiera eliminarlo. Imaginarse solo que su querida hermana piense que el es un ser débil, lo enfermaba. Porque ser débil, era signo de imperfección y los mensajeros de Dios no podían permitirse eso. Ellos debían ser la imagen de la bondad, la belleza y la pureza. Debían ser a quienes los humanos admiraran y ansiaban ver aunque sea en sueños irreales.

"No soy imperfecto hermana" pensó enojado en su interior. "Soy un guerrero, un ser perfecto que pronto se convertirá en un ángel sagrado"

-Negociar con un demonio seria como pactar con el diablo, ¿en qué demonios piensas Uriel? – se burlo Ariel. El nombrado solo gruño y volvió a poner esa capa "anti emociones" que siempre usaba cuando su mal humor quería hacer acto de presencia. Este era un buen momento para mantenerse callado y usar la cabeza en lugar de sus acciones, porque si el control le fallaba de seguro que se iría contra la garganta de Ariel y eso traería una desgracia –. Haz enloquecido, debemos eliminarlos.

-Hazlo entonces Ariel, mátalos pero luego no nos vengas con tonterías cuando una maldita horda de demonios quieran nuestras cabezas por haber destruido a su líder – contraataco Uriel. Los labios del otro ojiverde se abrieron para replicar, mas el pelirrojo no lo dejo gracias a que hablo antes –. Piensas en guerras, no esta para nada mal. Pero piensa en las consecuencias también, si causas una destrucción los demonios podrían pactar con el mismo Satanás y lograr subir a los cielos, ¿Qué haríamos si eso sucede? Nuestras tropas son excelentes pero nos superarían en número y sumando sus habilidades en el plano psíquico nos dejarían indefensos –lo último lo murmuro con aquellos ojos tan profundos y crueles que dejaba sin aliento a todo el que veía. Uriel podría tener esa vena "bondadosa" que el mismo la llamaba defecto, lamentablemente esta vino con algo más y era su faceta de dictador. El ser de hierro, porque era tan duro e inflexible si se lo proponía –. ¿Qué me dicen? ¿Nos arriesgamos? Complacido iré por la cabeza de Astarot pero luego yo no seré al que culpen por haber traído las desgracias al firmamento. Nuestro señor quiere lo mejor, y si el dijo que los dos bandos debemos convivir aún, pues así sea. Si todos ustedes le quieren desobedecer problema suyo.

-Light nos… – Selaphiel quiso hablar más el dictador rio con amargura. Si, se hacia una idea. Light podía ser la que comandaba a todos y supuestamente los protegía, pero ella no podía ir en contra de las órdenes divinas, además no era tan poderosa tampoco. Sus superiores eran Gabriel, Miguel y Rafael, los tres arcángeles divinos, y la decisión era matar a la criminal "sin" causar más daños a las dos jerarquías. ¿Cómo era posible que se estuvieran volviendo tan estúpidos? Las ansias de poder en verdad podían destruir, y Uriel lo estaba comprobando ya –. Ella ordeno la muerte de la fugitiva.

-Lo ordeno, cierto, pero ella nunca dijo que debíamos matar al duque de los infiernos – replico Uriel. Noto como los rostros de Ariel, Sariel y Selaphiel se transformaban en muecas de rabia intentando intimidarlo. ¡Por favor! Eso no funcionaria para nada. No les tenía miedo, y no se los tendría en la vida –. Debemos decidir una forma de capturar a la mujer, y todo depende de la ubicación en donde se encuentre la fortaleza de Astarot – su actitud de acero y dictador estaba saliendo y nadie la detendría ahora. Miro al arcángel de cabellos rubios que era hijo de Gabriel y recibía el mismo nombre que su padre, estaba pensativo y en silencio, pensando en algún plan –. ¿Qué haremos Gabriel? Eliminamos a Astarot o solo vamos por la mujer.

Al ver como el arcángel no decidía nada pensó en algunas palabras para convencerlo cuando escucho el suspiro del rubio. Los ojos de color rojo como la sangre miraron serios a todos antes que se enderezara y mirara al firmamento oscuro. Uriel imito su acción encontrándose con la belleza de las estrellas iluminando la oscuridad acompañada de esa redonda luna que flotaba como un globo. En su reino se decía que cada una de esas pequeñas estrellas era una vida que nacía cada día – fuera humano, demonio o ángel – y cuando desaparecía era porque el final llegaba. Sonaba estúpido, lo sabia, sin embargo, a muchos les gustaba creer que esas estrellas eran sus propias vidas. Solo había una duda en su mente. ¿Qué había después de la muerte? Los humanos naturalmente pasaban al purgatorio donde luego se decía si iban a los jardines del paraíso para descansar pacíficamente, o se quemarían por la eternidad en los fuegos del infierno. Claro, dependería principalmente de sus acciones y de cómo se comportaron durante la vida, ya luego se arreglarían cuentas cuando llegara el momento justo, pero ¿qué sucedía con los inmortales? A pesar de llamarse inmortales, podían morir siendo asesinados, y volvía a la pregunta anterior, ¿a dónde iban sus almas cuando morían? En el caso de los demonios dependía de Lucifer. Los hijos del oscuro renacían en una nueva vida, sin recordar nada de su pasado o mucho menos sus propias acciones. ¿Y los ángeles? Pues ellos iban a parar a las puertas del paraíso y finalmente descansarían en paz y sin guerras que realizar. Solo vivirían entre ellos y entre la misma naturaleza. El mejor premio que se podría dar a cualquiera, incluso a un ser que ya no sentía nada más que rencor y rabia. Uriel suspiro apartando la mirada del cielo. Debía concentrarse y no estar fantaseando. Sus alas se extendieron listas para volar, dando respuesta a las ganas de alzar vuelo y perderse entre las nubes, solo que no era el momento. Gabriel parpadeo unos instantes y luego lo miro, sus ojos rojos leyendo su alma y comprendiendo las ansias que sentía. Una pequeña sonrisa curvo sus labios, confirmando que el plan ya había llegado a su mente de estratega.

-Tienes razón Uriel, no podemos matar a Astarot – acordó el rubio cuando las quejas por parte de Ariel resonaron el aire. Gabriel lo ignoro antes que suspirara volviendo a mirar al cielo –. Pero no podemos permitir que esa mujer siga con vida por lo que he decidido que uno de nosotros ira acompañado de una legión de guerreros a pelear. Atacaran y eliminaran demonios, pero solo en defensa y sin tocar en dañar siquiera a Astarot. Solo necesitamos a la mujer – recordó. Un plan perfecto. De ese modo nadie saldría perjudicado aunque deberían de tener cuidado con los demonios, solo faltaba una pequeña pregunta más. ¿Quién dirigiría la legión? Los seis arcángeles se miraron entre si tratando de pensar quien seria el elegido, consideraban que el indicado seria Raziel ya que entre todos el era el que tenía un alto grado de justicia. El rubio sonrió –. Supongo que el elegido debes de ser tu Uriel, fue tu propuesta así que tú debes de realizarla.

Las protestas iniciaron, él no los escuchaba ya. ¿Gabriel hablaba enserio? Su sorpresa era algo notoria debido a que Uriel era el más joven de todos, y esta misión seria mejor para alguien de mayor edad. Mas… pensándolo bien esta era una gran oportunidad. ¿Cada cuanto tiempo le indicaban una misión tan importante? Uriel había sido enviado directamente a las guerras y siendo tan joven aún había subido puesto tras puesto hasta terminar en donde estaba. Era su oportunidad. Lo que había ansiado desde hace mucho, esperando sus esplendidas alas doradas que lo convertirían en un ángel sagrado, el puesto más alto y que poco lograban conseguir. Miro a sus acompañantes y sonrió con suficiencia, a lo que Ariel gruño indignado mientras que Sariel y Selaphiel le fulminaban con la mirada airados. Le di igual, ahora tenia sobre sus hombros una misión que dependería de mucho para su futuro, y de paso para demostrarle a su hermana que él al final si logro el éxito deseado.

-Iré entonces Gabriel, ¿Obtuvieron la localización de la morada de Astarot? – ante el asentimiento del rubio sonrió. Tenía todo listo entonces, solo faltaba que obtuviera la legión de ángeles y todo estaría a pedir de boca –. Conseguiré a los ángeles, y creo que esta discusión quedo terminada ¿Verdad?

Los siete se miraron antes de que extendieran sus alas e iniciaran vuelo. Las plumas blancas con detalles dorados cayeron por los cielos mientras se iban alejando cada uno y tomaban su camino por separado. Era lo mejor, unos estaban enojados y otros algo tensos por todo esto, principalmente por la elección de Gabriel. ¿Él pelirrojo lograría cumplir su propia misión? Todo dependía de su propia fortaleza, en especial cuando estuviera frente a frente de aquella persona que creyó que nunca volvería a ver. Tal vez su plan no saldría como el mismo lo planeo.

00000000000000000000000000000000000000000000000000 00000000000000

Jude observo como su líder se tomaba otra copa de licor, y según lo que acababa de ver esta debía de ser la decimo novena. ¿Hasta que momento seguiría así? Sinceramente se estaba cansando de todo esto, parecía como un rollo antidepresivo. Dio una ojeada a Laura quien ya estaba aburrida por su modo de bufar cada dos segundos, la súcuba le dio una mirada de "anda, ya páralo que fue suficiente". Él arqueo una ceja. Jude podía ser el segundo al mando luego del rubio, solo que esto no significaba que tenía que ser el que solucionara todos los problemas. Salvo que era extraño ver al rubio bebiendo tanto, entendía a la perfección que Axel tuviera un gusto de más por las bebidas alcohólicas, pero ya se estaba pasando un poco de lo habitual. Se hacia una idea de la razón, seguro que era por esa mujer que había traído ese día. Por lo que estaba enterado se llamaba Angeline, y lo que Laura le dijo hace unos momentos fue que la mujer era valiosa para Dark, y con ella Axel obtendría su alma. ¿Para que la necesitaría aquel infeliz? Dark era un manipulador, despreciable y traidor que podía dañar a cualquiera por mero gusto. ¿Qué tendría de importancia esta mujer para él? ¿Tendría habilidades demasiado poderosas? Era una posibilidad. Luego la investigaría, por ahora debía de lograr que Axel dejara de beber y pudiera descansar al fin.

-Ya para Axel, te estas pasando de la raya – dijo Jude a lo que el rubio gruño dejando la copa de vodka en la mesa del bar –. Deberías de estar cuidando a la mujer en lugar de estar emborrachándote como un idiota – oyó el suspiro de la súcuba quien susurro un: "idiota".

-Tienes razón, iré a verla ahora, por cierto… ¿Quién es el que ha venido a la fortaleza? – pregunto el demonio mientras se levantaba a lo que Jude suspiro. Debía de decirle que el nuevo miembro del lugar era nada más y nada menos que el destructor. El único hibrido de ambas especies.

-Es el destructor – menciono el de rastas. Los ojos de ambos se abrieron sorprendidos a lo que el ojirojo suspiro –. Luego se los contare todo, ahora anda Axel que se que quieres ver a tu… digo a la mujer.

El rubio no dijo ni una palabra, solo se levanto en silencio antes que dijera que luego tendrían una larga charla con el destructor. El ojirojo dijo que la tendrían, por lo que solo vio como su amigo se iba de la habitación a zancadas mientras maldecía a la tal Angeline. Negó con la cabeza ante esto, se podía notar fácilmente que esta mujer seria el punto débil del gran "duque de los infiernos". Diciéndose que sin duda las mujeres eran todo un lio tomo asiento al lado de la pelimiel quien elevo la copa de vodka brindando. Jude se carcajeo elevando su propia copa servida por la mujer a su lado y brindo antes de que ambos bebieran. Esta noche podrían tener un descanso bien merecido. ¿Hace cuanto que no estaban en paz? Pues a decir verdad nunca lo habían tenido, principalmente por culpa de los demonios que se escapaban del infierno para hacer desgracias en la superficie, o por los ángeles que buscaban eliminarlos para el supuesto bien de todos. En pocas palabras su especie estaba en crisis, con ayuda de Axel habían logrado rehabilitar a muchos de los hijos de Lucifer para intentar que llevaran una vida casi "humana". Tenían problemas eso si, pero habían hecho un gran progreso con el tiempo y si los cálculos de Jude no fallaban, dentro de unos cinco años más tal vez su especie estaría en una mejor situación. Unos gritos resonaron por los pasillos sorprendiendo a ambos demonios, cuando de repente llego uno de los siervos con el rostro completamente horrorizado. Algo malo acababa de suceder, lo que indicaba que su noche de paz se acababa de ir a la mierda.

-¡Señor! Tenemos problemas, el ángel esta suelto y el destructor resulto ser un traidor. Se esta dando una batalla en el comedor – indico el soldado. Jude y Laura maldijeron antes de que se levantaran de golpe.

-Adiós noche de paz – se quejo la pelimiel en un suspiro –. Yo que quería descansar hoy día.

-Lo sé, ahora andado – dijo Jude de mala gana.

00000000000000000000000000000000000000000000000000 00000000000000

Meil sonrió burlón al observar como varios de los demonios que hace un rato lo estaban alabando, se encontraban en cambio tirados en los suelos por la borrachera que se habían dado. No entendía como estos seres malignos tuvieran tan pésimo aguante con algo tan simple como unas cuantas botellas – la realidad era que habían tomado unas diez, pero para él fueron como dos – y por aquella simpleza ya estuvieran totalmente ebrios. De alguna forma era divertido, si, le daba gracia ver como los demonios que hace unos momentos se habían dado el porte de reyes y grandes señores ahora no pudieran ni estar en pie o mucho menos poder sostener una conversación algo coherente. Luego de esto se sentirían totalmente avergonzados. Claro que en eso consistía su plan, se suponía que debía de emborrachar a todos los hijos de Lucifer que estaban a su lado, y después largarse a dar un "pacifico" recorrido por todo el lugar tratando de hallar a Angeline. Vale, de paso causaría unos destrozos, ya cuando se hubiera llevado a la hembra de su especie junto a las "supuestas" siervas, volvería para terminar la eliminación de esta residencia de bastardos. El mejor plan de la historia solo que ahora existía un pequeño problema en todo esto, y se debía principalmente al único "sobrio" aparte de él en la mesa. Claude. El pelirrojo no parecía ni un poquito pasado de copas, contando que él era el que había bebido más que todos. ¿Era inmune al licor? Tal vez se debía a que especie de demonio era. El destructor había estudiado cada raza – sea humanoide, semi bestia o totalmente bestia – y podría decirse que era un experto en todos ellos. ¿Por qué perder el tiempo en conocer a seres tan bajos? Su respuesta era sencilla. Cuando conocías algo a la perfección, entendías sus puntos fuertes y los débiles, y para eliminar algo la parte frágil era lo más importante. Analizando bien pensó que tal vez el bastardo era un sánguinum o como muchos humanos solían llamarles "vampiro". Claude sonrió con una pizca de arrogancia antes que elevara la copa llena de vino y dijera: ¡Por el destructor! El nombrado sonrió falsamente alzando su copa y brindando antes de que comenzara a beber el dulce liquido. Era asqueroso tener que compartir mesa con los seres que el odiaba pero debía aguantar un poco más y podría iniciar su plan. Justo cuando el pelirrojo iba a decir algo se escucharon unos gritos y algunas frases obscenas que estaban relacionadas con la palabra "ángel". No. Esto debía de ser un chiste. Rogo porque no fuera lo que pensaba que estaba a punto de suceder pero de nada sirvió. Las puertas se abrieron mostrando a un ángel bastante enojado y con sus enormes alas blancas alzadas. ¡Carajo! La maldita bruja oxigenada acababa de arruinar todo.

-¡PUTA SABANDIJA DEL INFIERNO! ¡ME LAS PAGARAS! ¡ERES UN BASTARDO! – grito la hermosa mujer de largos cabellos rubios antes que le mandara al hibrido una mirada fulminante. El solo dejo la copa en la mesa con fastidio. Genial. Ahora debía de aguantarse las quejas de la oxigenada –. ¡ERES UN COBARDE! ¡NO VALES NADA DESTRUCTOR! ¡NO TIENES NI HONOR! – ah no, eso si que no. Nadie decía jamás que el gran destructor no tenia valor ni nada, porque eso si que jamás lo perdonaría. El seria el rey de las castas y un angelucho de cuarta no le desmerecería frente a nadie, ni siquiera bichos rastreros como los demonios.

-¡Joder bruja! ¡Respétame que soy un ser superior a ti estúpida! ¡¿Y quien demonios te ha dado esas confianzas conmigo?! – reclamo él enojado. La rubia le lanzo una sarta de maldiciones que dejarían corto a cualquiera, en definitiva ya empezaba a dudar que fuera un ser tan puritano. Se notaba que incluso los ángeles ya no sabían el significado de la palabra "respeto al prójimo".

-¡¿Y se puede saber por qué diablos dices que soy tu prisionera cuando ni siquiera me haz lastimado imbécil?! ¡Ahora diles a todos que yo no soy tu esclava! – Evangelyne estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba. Tratar de hablar con este hombre era intentar negociar con una mula, y el éxito de la conversación estaba en cero posibilidades. Vio como el moreno se cruzaba de brazos y soltaba un bufido de fastidio –. ¡Díselos!

-Déjame que lo piense, mmm...No – contesto Meil simplemente. Ella exploto y le grito tanto que sus pobres tímpanos estaban a punto de ser rotos. Jodidos pulmones que tenía esta mujer, de seguro el ejército estaría bastante complacido de tenerla como miembro.

- ¡PERO SE PUEDE SABER QUIEN TE HAS CREÍDO QUE ERES!, mira, puede que seas un ser SUPERIOR – dijo esa palabra con sarcasmo. El destructor le miro feo pero ella ni se intimido, no le tenía miedo a este ególatra de porquería –. Pero eso no te da ningún derecho a decir que soy tu prisionera, y mucho menos ¡Tu esclava! – termino de gritar ella furiosa. Vale, le daba puntos por ser osada pero eso no disminuía su falta de respeto hacia él. Eso si que no lo toleraría y se lo haría pagar en cualquier momento.

- Tienes carácter bruja, pero déjame decirte algo, si he dicho eso era para salvarte la vida, de no ser por mi esos demonios te habrían hecho picadillo – contraataco él. Se divirtió al ver la expresión de molestia de ella, si, le gustaba burlarse de los más estúpidos en especial si eran los ángeles que tenían pésimo sentido del humor –. Así que deberías de darme las gracias al menos.

-¿PICADILLO? PERO BUENO, ESTO YA ES EL COLMO, ¿CREES QUE NO PUEDO HECERME CARGO DE UNOS CUANTOS MALDITOS ENDEMONIADOS? PUES ESTAS MUY CONFUNDIDO – ahora si que estaba enojada. Jamás agradecería nada a este hombre, peor cuando la encerraron por su culpa y pasó la peor de las humillaciones –. ¡Y QUE SE TE QUEDE BIEN GRABADO NO TE LO AGRADECERE EN LA VIDA!

Meil estuvo a punto de replicar cuando escucho una leve tos seguido de una frase que no se espero para nada –. Entonces ella no es tu prisionera ¿Eh? – era Claude. El demonio les miraba con una mueca de enojo –. ¡MALDITO BASTARDO NOS ENGAÑASTE!

Ups. Habían estado tan metidos en su propia discusión que se habían olvidado que no estaban solos, estaban acompañados de al menos unos veinte demonios. El destructor fulmino airado a la rubia a lo que esta le contesto con la misma mirada. Lo natural era que ambos estaban echando la culpa al otro, y ni en sueños admitirían que los dos cometieron el error de dejar al enemigo de lado. El moreno gruño enojado antes que desenvainara su espada de fuego y con rápidos movimientos se pusiera en posición de ataque, mientras que el ángel invoco su arco de plata lista para la batalla. Claude solo ordeno que atacaran, y para propia desgracia de ellos a pesar de estar borrachos los demonios aún estaban algo consientes para combatir y eliminar a los intrusos. Uno de los demonios se lanzo contra el hibrido, este solo suspiro algo aburrido y dando un giro las enormes llamas surgieron listas para ser usadas. Antes que el atacante pudiera evitarlo Meil mando las enormes llamaradas en un limpio corte quemando vivo al engendro y asustando a muchos de los otros. Evangelyne solo lanzaba flechas que invocaba mágicamente, de fuego, luz o hielo, cualquiera con tal de que eliminaran a los enemigos. Claude les miraba a lo lejos, él no podía intervenir aún, debía de hacerlo cuando ya no quedaran ninguno de sus siervos, así que a esperar se ha dicho. Solo un poco más y estaría listo para usar sus propias armas. Las flamas del arma del destructor calcinaban a todo el que se acercaba hasta él, esto le estaba cansando. Sinceramente no tenía tiempo para pelear, y si se había estado aguantando era para poder llevarse a la mujer, no para el final tener que adelantar sus planes. Que fastidio. Encima estos ni eran buenos rivales, ¿Dónde estaban los demonios más fuertes? Parecía que estaban escondidos. Perdida de tiempo. Elevo más alto su espada antes que mandara un enorme remolino de fuego que atrapo a tres demonios de una. Los gritos de estos resonaron en la habitación cuando los refuerzos llegaron. La rubia bajo el arco y le mando una mirada bastante fea, él solo gruño en su dirección. Ah no, esto no era la culpa de él, ella fue la que arruino su perfecto y preciso plan así que si buscaban un culpable seria el ángel con cabellera oxigenada. No hubieron quejas debido a que un demonio se acerco demasiado y estuvo a punto de rasguñar el rostro de la ojirosa, esta grito antes de darle una patada al hombre en su vientre y lanzarle una flecha de fuego directamente al corazón. Cada vez la situación se veía más apretada y de seguro ya estaban tomando mejores medidas para evacuar además de matarlos a ambos. Las armas se movían ya por si solas, los cuerpos de ambos guerreros concentrándose en la batalla mientras que el aroma a quemado se expandía por toda la habitación inundando sus pulmones. Más miembros del ejército llegaron cargando sus propias armas cuando el ángel lanzo un grito de enojo. ¡Al diablo con todos! No tenia tiempo para más peleas debían de sacar a Angeline de aquí y largarse de una buena vez.

-Cierra la puta boca – gruño Meil antes de que pateara a un demonio y lo degollara de una con su espada. La paciencia se había ido al infierno y ahora solo quería matar a todo el que se metiera en su camino –. Todo es tu culpa, haz metido la pata en grande, ¿Es que no te podías estar callada ni un minuto bruja?

- Creo que no es el momento de discutir... – se quejo ella fastidiada. Debían de pensar en un buen modo para salir de aquí y encontrar lo que buscaban de manera rápida –. Mira grandísimo ególatra, debemos irnos ya y buscar a Angeline rápido. Estoy segura que si esperamos más tiempo son capaces de llevársela de aquí y luego jamás podremos hallarla – otro demonio se fue contra ella pero la joven le lanzo una flecha de fuego mucho antes que pudiera acercarse.

-Buen punto – dijo el destructor. Una sonrisa arrogante curvo sus seductores labios antes que se deshiciera de otra escoria. De alguna forma aquella sonrisita le dio mala espina a Eva, algo se traía entre manos y parecía perjudicial para ella –. Entonces quien encuentre primero a Angeline se la queda – los ojos rosas se abrieron como platos ante aquello. ¡¿Qué?! ¡¿Cómo se atrevía?! Ningún bastardo veía a su protegida como un maldito premio, oh no, ahora si lo mataba cuando saliera de esto. Iba a decirle su vida entera hasta que el destructor alzo la espada y dando rápidos giros creo un enorme torbellino de fuego que opaco todo el cuarto. Sin esperar más tiempo mando el ataque contra el suelo creando una enorme barrera de fuego que impidió el paso a todos el que se acercara. Había acorralado a los demonios de una, ¿por qué no hizo eso hace una hora? ¡Bastardo! –. Créeme yo no perderé el premio – no la dejo hablar porque provoco otro fuego con su arma y lo lanzo contra ella creando enormes llamas que le impidieron el paso –. Adiosito bruja.

¡Bastardo! La rubia observo echando chispas como el moreno guardaba su espada y se iba por la puerta sin ningún problema visible. Evangelyne miro en dirección a las flamas que estaban frente suyo y maldijo, debía de escapar de ahí antes que los demás demonios que estaban en el otro lado de la habitación lograran escapar y fueran tras ella. ¿Cómo podía extinguir las llamas que cada vez tomaban mayor altura? Una idea llego entonces. Agradecida de su propia inteligencia invoco una flecha de color celeste que desprendía una brisa bastante fría, en cuanto la soltó en dirección al fuego, esta impacto congelando las enormes llamaradas y dejándolas como una especie de enormes cristales. Sonriendo victoriosamente elevo sus enormes alas blancas emprendiendo vuelo en dirección a la puerta dejando atrás al resto de los hijos de Lucifer, quienes vociferaban en su contra. Lastima, eso era lo bueno de tener un arco de plata encantado, ahora a matar a ese desgraciado.

"Te matare destructor, ahora si que te mato" pensó la joven enojada mientras se detenía en pleno pasillo, bajo elegantemente y guardo sus alas. Podían serle de utilidad pero odiaba tener que depender de ellas, por lo cual decidió que ahora seria mejor correr y ganarle al destructor en hallar a la morena. "Ni de chiste se la quedara de premio"

Mientras tanto Meil ya estaba avanzando por los diferentes pasillos de la residencia y su suerte no estaba de su lado. El lugar era un jodido laberinto con varias puertas que llevaban en dirección a más pasillos u otros cuartos vacios. Su humor no estaba de muy buenas tampoco, le enfadaba no poder hallara y los malditos glifos no le ayudaban en nada. Verifico en otra habitación cercana y soltó una blasfemia cuando solo hallo el baño. ¿Dónde demonios estaba Angeline? No debería de ser tan difícil hallarla, sin embargo le estaba costando un infierno. ¡Jodidos cabrones! Su paciencia se estaba terminando y juraba que si no hallaba a Angeline en la siguiente puerta, terminaría rompiendo todas las demás por la rabia. Tomo aire relajándose. Debía de guardar calma, no quería asustar a la mujer si la hallaba o mucho menos ponerla en posición de ataque. Debía de hacer que confiara en él, y para lograr eso debía de convencerla de buena gana. Correcto. Detuvo su paso quedando frente a una puerta de madera, un olor a tabaco le llamo la atención, junto a un aroma… femenino. Sus glifos de demonio brillaron, al parecer la tenia aunque era extraño que los otros tatuajes no brillaran. Ignorando ese detalle pateo la puerta abriéndola de par en par y… no la encontró. Frente a él estaba una hembra demonio desnudándose con un macho de la misma especie, al parecer estaban a punto de aparearse. Claro hasta que el abrió la puerta, ya que ambos se voltearon a causa del ruido ocasionando que la mujer gritara en combinación de la vergüenza y el horror, mientras que el macho solo se quedo paralizado. ¡Puta suerte! Tomo la puerta y la azoto de una antes de que reanudara su camino con la peor imagen que portaba en su cabeza, en definitiva esto era culpa de la bruja oxigenada. Seguro que ella le había tirado una maldición por sus burlas, y ahora lo había dejado salado en su búsqueda. Lego arreglarían cuentas sobre esto. Enojado pateo otras tres puertas y por un demonio que no hallo nada. Esto era como buscar una aguja en un pajar, y sus resultados no eran nada prometedores. Otro pasillo lo llevo hacia unas escaleras, y sin ponerse a pensar las subió rápidamente, y fue en aquel momento cuando los dos glifos brillaron intensamente. ¡Victoria! Sonriente al haber hallado lo que buscaba llego al final de los escalones y quedo frente a un pasillo lleno de cuartos. Olisqueo el aire. No había nadie cerca, salvo una dulce esencia femenina. Rosas. Esta debía de ser la correcta y por el ardor que transmitían sus tatuajes se lo confirmarían.

Avanzo lentamente hacia la primera puerta de todas, quedándose frente a ella sin moverse. ¿Qué haría ahora? Meil podía ser muy buen asesino pero no tenía una muy buena socialización con otras personas, mucho menos con mujeres. Nunca había tenido una conversación con Angeline, y si la conocía fue porque la vio desde lejos, ahora por fin la conocería en persona. Genial, esto era lo mejor que le estaba pasando, el gran Meil estaba nervioso. Dudo en entrar, ¿Qué tal si ella no le creía nada de lo que diría? ¿Qué tal si ella no quería saber nada de él? Dudas y más dudas bombardearon su mente hasta llevarlo a un dolor de cabeza. ¡Maldición! Él era el destructor, un ser que fue creado para las batallas, obteniendo siempre las victorias en cada una de ellas, ¿Cómo era posible entonces que se sintiera nervioso por esto? Era alguien fuerte, de carácter y orgullo, por lo tanto no se dejaría intimidar por una pequeñez como esta. Daría cara, Meil estaba seguro que ella no huiría es más, estaría feliz de verlo. Estaría contenta de saber que existían más como ellos, ¿verdad? Claro que si. Guardando aquellas estúpidas dudas en su interior acerco su mano al pomo de la puerta y la giro hasta abrirla. El chirrido de la madera al abrirse invadió sus oídos hasta que finalmente estuvo completamente abierta mostrando el interior de la habitación. Y entonces la encontró al fin. No pudo evitar sonreír como un niño pequeño al encontrar una maravilla que estuvo escondida por demasiado tiempo hasta aquel instante. Sentada ahí en medio de la cama estaba Angeline Swan, la hibrida que había estado esperando por años. No había cambiado en nada, seguía teniendo ese perfil como el primer día que la vio, de una extraordinaria belleza que sorprendería a todo humano que la viera. La piel era bastante pálida, contrastando con ese largo cabello de color negro como el ala de un cuervo y gracias a la luz de las lámparas podía ver unos reflejos rojizos que se denotaban. La vio fruncir el ceño antes que girara lentamente la cabeza hacia él, y cuando sus ojos chocaron con los suyos él le sonrió. Plata. Brillantes y extrañamente de un tono plata que deslumbraba de inteligencia, suspicacia y a la vez algo de seriedad. Por fin. Demonios, quería gritar de alegría, al fin la acababa de encontrar y ya tenía a Cristel a su lado, solo faltaba el hermano mayor y estarían completos. Su especie. Su reino.

"Muy bien, solo no la asustes o le hagas ponerse a la defensiva" era lo único que se le ocurría. No era bueno comunicándose y debería morderse la lengua para no soltar algún comentario sarcástico que arruinara todo.

-¿Quién…? – susurro ella algo curiosa mientras lo veía. Sus vivaces ojos color plata brillaron más con cada estudio que ella realizaba, él le brindo una sonrisa algo más sincera. Lentamente ingreso a la habitación, dándole algo de espacio, hasta que con unas cuantas zancadas estuvo a dos metros de ella.

-Al fin te encontré ¿Sabes todo lo que tuve que hacer para hallarte? – pregunto el joven con diversión. Angeline abrió los ojos bastante sorprendida, como si todo esto fuera algo del otro mundo y ella acabara de llegar de Marte. Esta bien, tal vez debió de ser algo más suave en todo esto. Lo intentaría de otra forma. Iba a presentarse mejor cuando los delicados labios rosados se abrieron y pronunciaron un "no puede estar pasando esto". Eso lo dejo desencajado, ¿Qué no debía de estar pasando?

-¿Quién eres tú? – pregunto con un tono algo bajo y curioso. Su grado de voz había bajado un poco volviéndose más suave, como si ella tratara de razonar con un animal salvaje, temiendo salir lastimada en el proceso. Meil trato de buscar un modo de ser mejor en todo esto, no estaba consiguiendo nada y si la asustaba estaría jodido.

-Soy el destructor, Meil y él que ha venido por ti y tu familia Angeline – contesto él. Los ojos color plata se abrieron sorprendidos antes que ella retrocediera un poco en la enorme cama. Diablos… la fregó. Demasiado directo. Algunas veces olvidaba que las cosas directas no llevaban por el buen camino, y ahora la morena le estaba mirando como si se tratara de un loco de remate –. Correcto, empecé mal. Tranquila no vengo a lastimarte solo quiero hablar un momento – susurro pero ella pareció no escucharle ya que sus ojos se oscurecieron. Su mirada vago por los alrededores, de seguro buscando un modo de escapar de él. Ah no, eso si que no. Le había costado demasiado encontrarla como para que ahora se fuera a escapar sin más –. Escúchame por un momento, ya te dije que no te lastimare. He venido por ti. Soy el destructor y tú eres como yo.

-Se muy bien lo que he oído – se quejo ella indignada. Rodo los ojos, era pésimo para esto. No entendía para nada a las mujeres, y si él acababa de hablarle así era para intentar calmar las aguas pero le salió el tiro por la culata –. No te creo en lo más mínimo, el destructor es solo una leyenda, tú no lo eres. No puedes serlo – termino. Lo que le faltaba ahora le creía un mentiroso. ¿Por qué le tenia que haber tocado una mujer tan desconfiada? Sabia que esto no seria fácil, mas, ayudaría todo si ella no pusiera esa barrera impenetrable que le indicaba que en ningún momento el podría entablar algo con ella.

-Soy el destructor y te lo probare – dijo él. Alzo las mangas de su chaqueta mostrando como los glifos de su sangre hibrida brillaban intensamente al estar completamente cerca de otra de su misma especie. Angeline le miro sorprendida por unos instantes antes que ella misma alzara las mangas de su chamarra enseñando los mismos tatuajes que no paraban de brillar. Los ojos color plata le miraron con intriga, hasta que esta se transformo en algo más… alegría. Él sonrió triunfante. Una delicada lágrima rodo por la sonrosada mejilla de la joven cuando ella volvió la vista a sus propios tatuajes –. Hola Angeline – dijo divertido acercándose un poco más hasta quedar frente a ella. La morena sonrió un poco aún sorprendida cuando un ruido resonó en la habitación. Noto como ella se congelaba dirigiendo su mirar hacia la puerta, él le imito y se encontró con un macho demonio de cabellos rubios y ojos color chocolate que le miraba completamente enojado, como si Meil acabara de hacer una blasfemia.

-Axel – susurro ella algo sorprendida. ¿Axel? ¿Quién rayos era este demonio? Por propio acto de reflejo se puso delante de la mujer, como si se tratara de un instinto de protección… extraño. Él no era tan sobre protector, pero se trataba de una mujer de su especie y este ser que acababa de llegar no se atrevería a tocarla.

-¡Aléjate de ella! – ladro el demonio enojado. Meil le miro con arrogancia, ¿enserio acababa de darle una orden al destructor? Él tipo era un idiota o no estaba para nada cuerdo. El moreno no escuchaba nunca a nadie, seguía sus propias leyes, significando que este estúpido no vendría a decirle lo que haría o lo que no. Los ojos castaños se oscurecieron más hasta llegar al grado de teñirse de negro. Estaba bastante enojado por lo visto –. ¡ESCUCHAME! ¡APARTATE DE ELLA! ¡NO QUIERO QUE ESTES A SU LADO!

-No me da ni un poco de gana hacerte caso – respondió el moreno en reto. Tampoco le gusto para nada que este rubio mirara a Angeline con una vena posesiva. Al parecer este macho sentía algo por la morena, y eso si que no. Meil había venido a llevársela, por lo cual ningún bastardo intentaría alejarlo ahora –. Ella viene conmigo demonio, no me he pasado tanto tiempo en una búsqueda para irme con las manos vacías, así que se un buen chico y apártate para que nos podamos ir – el ojicastaño gruño más alto. El destructor sonrió divertido. Se largarían de una buena vez, y eso sucedería ahora. Se dio la vuelta como si nada y cogió suavemente por la muñeca a la mujer dándole un tirón leve e indicándole que se levantara para que pudieran marcharse. Suave. Su piel en verdad era demasiado suave y cálida, sin querer su propia mano dio una leve caricia. Y el detonante se desato. El demonio de nombre Axel rugió como una bestia salvaje antes de que se lanzara como un rayo contra el moreno lanzándolo al suelo para comenzar una batalla a golpes. Meil gruño furibundo. Ningún puto demonio le ponía un dedo encima y vivía para contarlo. Dejando sus pensamientos de lado se lanzo a una batalla cuerpo a cuerpo, en el cual el no perdería, y podría asegurar que este demonio acababa de cavar su propia tumba. Escucho los llamados de Angeline diciendo que se detuvieran pero los ignoro, ahora estaba más ocupado dándole un par de puñetazos al infeliz. Lo intento por el modo pacifico, sino habían querido escucharlo, que se atendieran a las consecuencias.

00000000000000000000000000000000000000000000000000 00000000000000

La joven rubia comenzó a correr mientras era perseguida por los malditos demonios. Maldición. En verdad luego de esto mataría al destructor, aunque claro lo haría sufrir primero. Supuestamente la que debería de estar en aquellos momentos con Angeline era ella, pero no, el hibrido endemoniado se le había adelantado y ni siquiera pudo alcanzarlo cuando "supuestamente" hallo a la joven. Sus pasos aceleraron y con algo de alivio supo al fin que acababa de perderse entre los pasillos, y esto significaba que ya nadie más la seguía por ahora. Miro a su alrededor e hizo una mueca. En verdad aquel lugar era enorme, y para que ella sola hallara a su protegida en verdad estaría difícil. Meil tenía la suerte de que podía rastrear más fácilmente a Angeline porque eran de la misma especie, pero ella en cambio, debía de esperar hasta que sus glifos se activaran. Murmurando maldiciones llego hasta un pasillo lleno de extraños retratos pintados, eran ángeles rebeldes y en otros la tentación de la primera mujer humana. Buen gusto, pensó ella mientras observaba toda la belleza del arte cuando recordó lo que había venido a hacer. Tenía que ayudar a su protegida y de paso ver como reaccionaria al tenerla a ella aquí cerca. La primera posibilidad era que intentara matarla por ser lo que era, y la segunda opción era que solo la miraría creyéndola irreal. Ninguna de las opciones le gustaba al fin y al cabo. Suspirando algo cansada se apoyo en la pared e intento tranquilizarse, en verdad muchas cosas estaban pasando. En especial lo que había sucedido en aquella asquerosa celda donde estuvo cautiva hasta hace unos momentos. Tan solo el recordar al bastardo ese la sangre le hervía de rabia. Entendido, su lista negra estaba encabezada por el destructor, y ahora de segundo estaba ese demonio sombra ególatra. ¿Es que todo macho tenia siempre que sacar pecho y pavonearse de sus propios logros? Que idiotas eran los hombres algunas veces, se dejaban llevar por sus propios instintos de macho alfa. Deberían de saber ya que eso no funcionaba con todas las mujeres. Enderezándose estuvo dispuesta a continuar su camino cuando escucho un leve carraspeó. Girándose lentamente se encontró con lo que menos necesitaba ahora. Frente a ella se encontraba el atractivo demonio de hace unas horas y lo que sin duda le dejo peor fue cuando vio sus oscuros ojos verdes destilando enojo.

"Maldición, esta enojado" pensó Evangelyne mordiéndose el labio inferior cuando lo vio avanzar hacia ella.

-¿Ya te ibas? – pregunto el con su voz dura y molesta. Sus pies avanzaban hasta que quedo frente a ella dejando una poco distancia entre ambos –. Creí que al menos querrías tu vaso de agua.

-Yo… ya no tengo sed – dijo con una mueca ella. Estúpida respuesta, lo supo cuando los ojos verdes centellaron indignados ante su comentario. ¿Qué haría ahora? No le quedaba más que luchar con el demonio, pero eso le quitaría tiempo vital que luego no recuperaría. Decidió invocar su arco de plata cuando algo la dejo perpleja. Una fuerte carcajada salió de la boca del moreno antes que negara con la cabeza, ¿qué era tan gracioso? No le encontraba nada chistoso a todo esto –. ¿De qué te ríes?

-Debo admitir que eres lista rubia – menciono con un ápice de burla en su tono. No se esperaba esto, ella pensó que al menos primero la insultaría, mas en lugar de aquello él se reía de ella –. Lograste engañarme, me la jugaste – se carcajeo y eso dejo a la chica perpleja –. Y nadie ha conseguido hacer eso en lo que llevo de vida, créeme – suspiro. Estaba en verdad cansado y este día se ponía más y más difícil a cada instante. Se arrepentía de haberse ido del infierno y abandonar a su familia, tal vez si no lo hubiera hecho ahora tendría una vida más "decente", pero ya daba igual. De nada valía arrepentirse ahora –. Aunque me temo que tienes que regresar ya a tu celda como la niña buena que eres ¿Entendido? – la miro fijamente a sus ojos mientras los de él brillaban burlones –. Si no lo haces me veraz enojado, y eso es algo que no te recomiendo.

-¿Volver a la celda? – los ojos de ella se abrieron sorprendidos ante aquello. Ni de chiste regresaría a esa pocilga, mucho menos cuando acababa de tener la oportunidad de encontrar a Angeline y tenerla tan cerca. Soltó un gruñido de enojo. No volvería ni ahora ni nunca –. ¡NO REGRESARE JAMÁS!

-Regresaras Barbie – contradijo él con burla.

-¿A sí? – pregunto ella burlona, al parecer, se puso a la misma altura del demonio –. Pues ni pienses que regresare por las buenas, tengo una misión y nadie me impedirá cumplirla – esta vez sus ojos le miraron serios y decididos. Demostrando todo el valor que ella tenía en su interior y estaba sacando –. Y mucho menos tú, así que… si de verdad quieres que vuelva a esa asquerosa celda, intenta detenerme. Aunque no creo que puedas – resalto la última frase con más burla.

Ese demonio no podría con ella, ya se había enfrentado a muchos otros antes y solo había existido uno que había conseguido ponerse a su altura. Recordó con diversión como aquel otro demonio de ojos violetas se enfrentaba a ella en una batalla en la que ninguno había logrado vencer, ese había sido su único y autentico enemigo. El único que había logrado detenerla o ponerse a su altura en un tiempo atrás. Era muy difícil que este demonio sombra de pacotilla lograra siquiera alcanzarla en nivel de combate, porque solo había una persona en este mundo que había conseguido hacerlo. Y seguiría siendo así, solo UNA persona...él. A saber donde estaría ahora aquel bastardo que consiguió escapar de la muerte, un minuto más y lo habría destruido. Pero qué se le va a hacer. En otra ocasión se volverían a encontrar pensó la rubia, y cuando eso sucediera, esta vez lo mataría de verdad. Se cruzó de brazos observando a aquel moreno de ojos verdes que tenía en frente, esperaba con ansias una respuesta. Lo vio fruncir el ceño por unos instantes como si pensara en algo cuando noto algo fuera de lugar en él. Sus ojos. Sorprendida observo como aquellos hermosos ojos de color verde oscuro empezaron a nublarse y como si de magia se tratara unas especies de sombras empezaron a rodear la pupila ennegreciéndola totalmente. Evangelyne iba a decirle sobre aquello pero no pudo pronunciar palabra alguna cuando todo desapareció dejando el ojo tal y como estaba. Ok. ¿Qué fue eso? La rubia sabia de demonios, solo que lo primordial. Conocía algo de demonios sombras, y como ya había dicho lo primordial. ¿Qué significaba cuando varias sombras rodeaban la pupila del demonio? ¿Era peligro? ¿Una lectura de alma? Por primera vez deseo poder saber más de demonios. Rendida ante aquello lo único que atino a realizar fue ponerse en posición de ataque, si lo que quería era pelea, pues batalla le daría. El demonio le miro un segundo y luego se carcajeo como si estuviera enterado de un secreto que ella no conocía, y eso le molestaba demasiado. ¡¿Quién demonios se creía?! Tenia suficiente con el ególatra de ese hibrido de pacotilla que tenía mentalidad de rey, y Evangelyne ya tenia suficiente con él. La arrogante sonrisa siguió en el rostro de él cuando de un momento a otro acerco el rostro hasta quedar a centímetros del de ella. La joven ángel sintió su cálido aliento contra sus labios haciéndola asustar un poco. Aquella sensación regreso. Una calidez que le abordo el pecho, extendiéndose hasta sus mejillas. ¿Qué era eso? ¿Por qué este ser le provocaba aquella reacción?

-Wow muy bueno Barbie – se burló el cuando se acerco más hasta ella y le cogió de la cintura pegándola a él. Mierda. Un escalofrió recorrió la espalda a la joven mientras el moreno pasaba sus cálidos labios sobre su sien, con tanta fragilidad que algo tembló en sus entrañas y sintió... ¿Gusto? –. Puedes intentar ganar en fuerza pero sabes que es lo más divertido de nosotros los demonios – susurró el mordiéndole el lóbulo de la oreja y sin querer un pequeño sonidito salió de los rosados labios de ella. Él sonrió, la acababa de hacer gemir y eso le gustaba. Música para sus oídos –. Como por ejemplo el cruce de especies, y sabes soy parte demonio sombra como también un demonio mucho más fuerte – sus manos recorrieron su espalda lentamente. Una caricia totalmente intima y seductora que la hizo sonrojar más – Yo soy un incubo, tu peor pesadilla cariño.

Vale, con eso con contaba la rubia. ¿Había oído bien? ¿Un íncubo? Mierda. Aquellos seres solo ansiaban una cosa. Sexo. Se asqueó al recordar ese dato. Ese tipo de demonios se dejaban llevar muy rápido por la pasión y el deseo carnal. También recordó lo sucedido hace unos momentos en aquella celda... ¡Claro! Ahora todo encajaba. El "roce", el acercamiento, todo. Aquel demonio se había puesto tan seductor con ella porque esa era su naturaleza, no por otra causa. Ahora mismo el moreno solo la veía como un juguete, un juguete para saciar su sed de pasión. Pero no, no lo permitiría. Aunque estuviera paralizada – Dios sabe porqué – aún podía hacer una cosa, quejarse y si. Claro que lo haría. No dejaría que este demonio sombra-incubo la intentara doblegar a su voluntad. Eso no pasaría. Eva era una mujer que había vivido sin conocer la lujuria por toda su existencia, y podía permanecer así por cuanto tiempo quisiera. Por lo tanto, este demonio no doblegaría su voluntad de hierro. Se removió intentando zafarse de su agarre cuando él no se lo permitió encarcelándola entre sus fuertes brazos.

-Suéltame – se quejó susurrando levemente, él rió bajito mandándola otro escalofrío- Ahora.

Lástima, el demonio no la escuchó, y muchos menos contestó a esa queja porque sus labios estaban muy ocupados besando los de ella. Los hermosos ojos rosados de ella se abrieron sorprendidos ante esa acción. Ella se resistía, no quería corresponder a ese apasionado beso. Sintió como ese demonio sombra-íncubo mordía su labio inferior haciéndola gemir. Él sonrió contra sus labios mientras ella no sentía otra cosa que gusto y pasión. ¿Pasión? Si, no podía creerlo pero esa emoción era lo suficientemente fuerte como para hacerla acceder finalmente. No lo pensaba, olvidándolo todo fue como un impulso el que la rubia entrelazara las manos en el cuello del demonio mientras le correspondía. Él intensificó más el beso haciéndola jadear de sorpresa. Los labios de ambos se movían apasionados y delicados mientras el entorno desaparecía de sus mentes. Infiltrándolos en una burbuja donde solo existían ambos, ella y él. Nadie más. Las manos del moreno acariciaban su cintura y la atraían más hacia su cálido pecho haciéndola oír el fuerte ritmo de su corazón, incluso podía oír el suyo propio ir demasiado rápido. BUM, BUM, BUM. Sus oídos se llenaban de ese sonido, su boca solo estaba ocupada moldeándose a la de él, siendo prácticamente devorada de una manera fiera y tan ardiente que su cuerpo tembló. Su lengua se enredo a la suya, y ella volvió a gemir sin poder evitar contenerse. Tenía un sabor a licor, como si fuera… Whisky. Si, era eso. Aunque ella nunca la había probado sabía muy bien en los labios de él. Las manos de la rubia recorrieron los músculos de la espalda y soltó otro gemido en la boca de Austin. Hacia calor. Demasiado para su propio gusto. Cuando el macho profundizo más, el calor se extendió hasta lugares que no deberían ser posibles, como por ejemplo entre sus…oh si que se sentía bien. Sus manos ya no estaban en su cintura ahora le estaba acariciando más abajo y eso endemoniadamente le estaba gustando. Más. Quería más de todo esto. Y seguiría de esta forma, ya que le gustaba esas caricias que hacia con sus manos y con la deliciosa lengua, salvo que todo inicio tiene un final y este caso no fue la excepción. De repente, algo se removió en la conciencia del ángel. Estaba besándose con un demonio, dejando que la acariciara de una forma lujuriosa y lo peor de todo era que a ella le estaba gustando esta acción pecaminosa. ¡Santo cielos! ¡¿En que estaba pensando?! Horrorizada reacciono al fin su mente y conecto sus terribles acciones que un día le costarían demasiado.

"Basta" Susurró su mente antes de que alejara a Austin de ella mediante un empujón. El demonio le miro confundido, se notaba que él no había querido separarse de ella, pero Eva no se dejaría engañar más. Y la furia la estaba dominando sin posibilidad de detenerse.

-¡Bastardo! – ladro ella enojada mientras se limpiaba sus labios con su muñeca. Demonios. Su primer beso dado por un desgraciado demonio sombra-íncubo, ¿Qué podía ser peor? ¡Al infierno con todo! Sin medir lo que hacía invoco su arco de plata encantada y en cuanto lo tuvo entre sus manos tenso la cuerda mientras una flecha de color plata aparecía lista para ser lanzada. Antes que Austin pudiera moverse la flecha salió disparada dándole en el pecho al moreno. Los ojos rosados se abrieron de la sorpresa ante lo que había hecho, y peor aún cuando noto como el demonio soltaba un rugido de dolor para luego caer al suelo de golpe y sin ningún signo de vida. ¡Diablos! ¿Qué es lo que había hecho? Se acercó a él y se arrodilló antes de proporcionarle una leve caricia en la mejilla. Con suerte solo estaba inconsciente o eso aparentaba al menos. Aliviada de no haber matado a este hombre volvió a acariciarle la mejilla cuando se detuvo abruptamente. ¡¿Pero qué estaba haciendo?! No debería sentir lástima y mucho menos cariño ante aquel demonio. Se levantó y sin darle más vueltas echó a correr, no quería tener ni un solo trato más con aquel infeliz en toda su vida. Pero ahora no pensaría en eso. Debía encontrar a su protegida cuanto antes. Y mirarlo por el lado bueno, ya se había librado de una carga, aquel despreciable demonio que había sido su carcelero. Y ahora, podría cumplir su misión tranquilamente.

"No sin antes encontrar a esa sabandija ególatra" Le recordó su mente. Una mueca de disgusto se formó en sus labios. Cierto, tendría que hallar también al maldito destructor que le estaba causando tantos problemas. Y de paso darle una buena patada en el trasero.

Mientras que la joven rubia se iba el cuerpo del demonio sombra estaba tirado en el suelo. Un gruñido de dolor surgió de la garganta del moreno antes que abriera los ojos llenos de rabia por esta humillante situación. ¡¿Cómo se había atrevido?! Él solo la había estado besando, y no se podía quejar porque la había escuchado gemir – por lo cual la hipócrita esa lo había disfrutado – y como le pagaba… ¡Lanzándole una puta flecha cuando se distrajo! Bien decían que todas las hembras traían puros problemas a la vida de todo hombre. Era la última vez que accedía a tener algo que ver con esta loca de remate. Intento mover su mano pero ni siquiera eso consiguió. Estaba paralizado e indefenso… ¡Por un carajo! ¡Esto era lo más patético que le podría estar pasando! Enojado consigo mismo decidió que seria mejor por ahora esperar a que el efecto del ataque empezara a desaparecer. Esto no se quedaría así. Nadie se la jugaba y salía bien librado sin recibir un buen castigo, y eso lo sabían todos aquellos que tuvieron la osadía de enfrentara un demonio sombra. Podían ser algo pacíficos, protectores con sus crías y buenos conyugues, pero lo que si los caracterizaba era lo vengativos y sádicos cuando alguien los traicionaba. Esa rubia estaba bien frita y Austin se lo haría pagar en cuanto estuviera libre al fin.

-Maldita Barbie – musito Austin enojado cuando observo que la desgraciada ya no estaba cerca.

No estaba viendo bien, y todo porque esa flecha no lo dejo totalmente inconsciente, todo lo contrario lo dejo inmovilizado, seguro debido a su fuerte sangre de incubo. Estúpida zorra, le tenía ahora un enorme desagrado y asco. Era una estúpida, una tonta que se creía la santidad y la pureza. A pesar de eso, no podía negar que cuando había besado a ese ángel algo había despertado en su interior, un sentimiento enterrado que jamás debía de salir porque sino estaría en graves aprietos. Y los inocentes pagarían culpas que no les pertenecían. Y en este caso, la inocente sería esa rubia. Subió su brazo tembloroso. Mierda, estaba débil y todo por aquella maldita flecha. Un calor se extendió por su mejilla, calor que le había otorgado la chica al acariciarle con... ¿Ternura? Si, o al menos eso era lo que le pareció a él. Recordó lo ocurrido unos segundos antes. Podía parecer una locura pero...en el aura de aquel ángel pudo ver bondad y cariño. Algo de lo que muchos de aquella especie alada carecían. Intentó levantarse, pero solo consiguió sentarse en el frío suelo mientras posicionaba su mano en la frente. Le dolía la cabeza. ¡Joder! Barbie pagaría por todo esto, y muy caro.

-Me las pagaras. Maldita sea – gruño cuando de repente oyó unos pasos acercándose. Solo unos momentos después pudo ver como Jude y Laura se acercaban corriendo hacía él. Podía denotar como estaban apurados y con las caras llenas de preocupación, de seguro aún no hallaban a la sabandija esa que les jugo sucio –. Al fin llegan bastardos.

-¡Joder! Hombre te ves como si te hubiera arrollado un tráiler – se burlo la pelimiel a lo que el ojiverde gruño. Laura era bastante cómica cuando se lo proponía pero en aquellos instantes el humor era lo menos que tenía. Estaba ardiendo de rabia y deseo carnal, todo por esa rubiecita que lo dejo a mitad de un ardiente beso. No le quedaba de otra. Luego tendría que irse a un bar a buscar a una demonio para pasar el rato. Sintió sus músculos relajarse y finalmente pudo moverse mejor. Jude se acerco y con ayuda logro pararlo antes de que el moreno se tambaleaba de lo mareado que estaba –. ¿Qué sucede? – la voz de la mujer sonaba preocupada. ¡Hasta que al fin lo noto! Algunas veces Laura era algo complicada y difícil de tratar, con razón no se llevaba nada bien con Claude.

-Nada, ahora que es lo que sucedió, ¿Dónde esta el destructor? – pregunto a lo que Jude gruño una maldición.

- Va en busca de la mujer que Axel trajo aquí –musitó Jude fastidiado, cuando un rugido resonó y luego un par de gruñidos de dos machos. El de rastas maldijo – Olvida lo que dije, ya lo encontró y creo que no esta para nada feliz – eso solo indicaba algo. Problemas. Axel era un hombre de carácter demasiado orgulloso y demasiado territorial. Si el destructor se había fijado en la misma mujer que el rubio… alguien moriría esta noche –. Démonos prisa.

-Iremos – ordenó con seguridad Laura. El ojiverde intentó dar un paso pero casi se cae de lo cansado que se sentía, menos mal que Jude le cogió a tiempo con ayuda de Laura – ¿Pero que demonios te pasa Austin? ¡¿Quien te ha hecho esto?! – Exigió saber ella. Bueno era momento de decir con toda su dignidad por los suelos que su "atacante" era la maldita ángel que estuvo encerrada hasta hace unas horas. Laura se burlaría de él por la eternidad mientras que Jude le reclamaría este descuido. Escucho una tos. El moreno se mordió la lengua con fastidio; mientras Laura y Jude esperaban impacientes la respuesta.

-Ella... – Ambos le miraron sin entender a lo que se enfureció con solo pensar en la respuesta que les daría –. ¡El ángel! – Repitió hecho una furia – .Me cruce con ella y me lanzó una flechita con su arco.

-Genial – musito Jude con sarcasmo –. Ahora me sales con que un ángel te ha lastimado. Deberías de más cuidadoso.

-Da igual, eso ahora es lo de menos – afirmó Laura –. ¿Te sientes mejor Austin? – el moreno solo asintió con la cabeza antes de que la súcuba le soltara al igual que el otro demonio. Por fin, ahora si que se podía mover –.Entonces vámonos, el híbrido le está causando problemas a Axel. Y si no me equivoco, y se que no lo hago… nuestro querido líder esta prendado de esta súcuba. Si el destructor la quiere, Axel lo matara antes de dejar que se la lleve de su lado.

-Menudo lio de revolcones – gruño Jude –. En definitiva aquí ardera Troya y si no nos damos prisa… maldición. No quiero ni pensar en lo que sucederá.

Y sin mencionar más, se dispusieron a correr.

00000000000000000000000000000000000000000000000000 00000000000000

Evangelyne no podía creer lo que estaba viendo ante sus ojos, tan solo estaba paralizada ante la brutal pelea que se estaba llevando a cabo en el suelo. Puños y golpes volaban cayendo en el rostro del otro o en el estomago, ¡Dios! se estaban matando a golpes. Examino a su alrededor cuando hallo lo que buscaba, ahí estaba ella con una mirada llena de horror y pánico. Angeline Swan. Su protegida y la hibrida que se había vuelto parte de su mundo. La rubia estuvo a punto de acercarse cuando escucho un rugido proveniente del rubio que peleaba contra el destructor en el suelo. Tenia el labio partido – cortesía de Meil – y su expresión solo apuntaba a la ira junto con los instintos de asesino. Un moretón se comenzaba a formar en el ojo, mientras la sangre roja de un tono escarlata manchaba la alfombra de color blanca, pero eso a él no parecía importarle ya que estaba más concentrado en matar al hibrido que estaba frente a él que en otra cosa. Estúpido destructor, acababa de arruinar el plan para rescatar a la morena, y ahora habían conseguido enojar a un demonio que por su porte tenía un alto cargo en este lugar. Meil se levanto limpiando la sangre que caía de su ceja, debido a que el demonio se la rompió con un perfecto puñetazo hace unos momentos y en su mejilla podía denotarse un moretón. Los ojos rojos de Meil y los casi negros del demonio chocaron enviando ondas de violencia a su alrededor. El ángel tuvo que retroceder, podía sentir la fuerte agresión que ambos machos transmitían y lo peor de todo recaía en que ambos eran territoriales y poderosos. Podían matarse aquí mismo, solo que tenia el presentimiento que al final el ganador podía ser Meil, debido a su sangre combinada y sus enormes poderes que ocultaba. Maldición. Debía de hacer algo rápido antes que ocurriera una desgracia, y a parte de esos dos alguien más saliera herido. Intento pensar en algo cuando recordó su arco de plata que aún estaba sosteniendo entre sus manos. No había de otra, cuando uno estaba desesperado debía de recurrir a cualquier estrategia o arma, aunque eso significara que tendría al estúpido ególatra gritándole por meterse en sus batallas. La rubia elevo el arco fijándolo entre ambos hombres que caminaban lentamente en una danza de guerra, dispuestos a matarse con tal de dejar su orgullo al frente. Solo debía esperar un poco, unos segundos más. La flecha hecha de luz comenzó a crearse y en el momento el que ambos se lanzaron al ataque, ella disparo. Una flecha hecha de luz, o este caso su variación. La flecha de brillante punta cayó en el suelo antes que mandara una fuerte luz de color blanco que aumento hasta envolver a ambos machos haciéndolos gritar por el ardor en la vista.

"Me matara después de esto" Pensó la rubia mientras observaba como la luz se desvanecía dejando a Meil y al demonio con los ojos fuertemente cerrados. Ambos estaban adoloridos y cegados momentáneamente, cortesía de la flecha cegante. Sus ojos se posaron entonces en Angeline que seguía sorprendida antes que mirara a Evangelyne, la sorpresa se tiño por la incertidumbre combinada con curiosidad y algo de diversión.El ángel sonrió. "Al diablo con la estúpida sabandija, lo importante es que ella este bien".

-¡Axel! – el grito femenino llego a los oídos de las dos mujeres cuando ingreso corriendo una hermosa mujer de larga melena color miel y brillantes ojos color rojos. La preocupación brillaba en ella hasta que vio al ángel y soltó un gruñido enseñando sus colmillos –. Perra, luego de esto juro que lo pagaras.

Evangelyne no pudo ni responderle porque la mujer se lanzo a ver como estaba el rubio al que llamó Axel. El enorme macho ladro una maldición cuando comenzó a abrir sus ojos lentamente mostrándolos algo rojos por la irritación que acababa de sufrir. El destructor soltó otro gruñido mientras abría sus orbes marrones y fulminaba iracundo a la rubia, esta bufo mandándole una mirada de molestia. Que no se acostumbrara porque nunca más lo volvería a ayudar en toda su larga existencia. Unos pasos resonaron en la estancia, acercándose rápidamente hasta que llegaron corriendo tres demonios más, entre ellos él que había sido el carcelero de Evangelyne hace unos momentos y por el enojo en su mirar estaba bastante molesto por la mentira de ella, su huida y el ataque que le había dado hace unos momentos. En teoría todos querían matarla como si ella fuera culpable de todas estas desgracias. ¡Ella era inocente! Su único pecado era querer proteger a esa mujer que estaba sentada en la cama del maldito demonio que parecía ser el líder de todo este lugar. ¿Por qué mejor no culpaban a Meil? Después de todo él había sido el que ataco al líder, ella más bien solo los detuvo antes que se mataran y les echaran más culpas como si se las merecían – claro la sabandija se la merecía, pero ella no – y de paso intentaran dañar a Angeline por todo esto. Si le ponían una mano encima… ella los mataría antes de que se dieran cuenta de quien les clavo su última puñalada.

-¡Puta bruja! ¡Te dije que no metiera en mis peleas! – grito el destructor. Sus ojos rojos brillaban encolerizados, su boca estaba contraída en una mueca de rabia contra todo, en especial contra ella –. Nadie te necesita aquí.

-En primera solo detuve una pelea que podía terminar en una tragedia, ¿Acaso no ves que ese demonio contra él que peleabas es el líder de este lugar? – pregunto ella. Meil solo soltó un bufido cruzándose de brazos.

-Por supuesto que lo sabía por eso estaba peleando y también porque el muy bastardo no me dejo llevarme a Angeline de esta pocilga. Estaba perfectamente en mi lucha cuando tú llegaste, se ve que eres una maldita pacifista – murmuro enojado.

Ella iba a replicar cuando a su lado los dos demonios que acababan de llegar fueron en ayuda de su líder que luchaba por zafarse del agarre de la pelimiel. Sus ojos estaban puestos en Meil, y ella podría asegurar que quería escaparse para matar al hibrido. Con gusto ella se sentaría a ver como lo hacia, de paso podría deshacerse de este bicho patán que ni siquiera agradecía que le salvaran la vida. Rodo los ojos cuando Meil comenzó a decir puras maldiciones contra ella, y usando en especial "bruja", "oxigenada" y "perra alada". Evangelyne solo lo ignoraba cuando de repente noto como el carcelero que la había estado protegiendo frunció el ceño unos instantes mientras miraba a Angeline. El demonio olfateo unos instantes cuando se levanto bajo la sorpresa de los demás de su especie, iba en una sola dirección y esa era… la hibrida. La rubia se puso tensa y lista para saltar al ataque en cuanto vio como el ojiverde cogía del brazo a la morena y su mano brillaba unos instantes, una especie de luz blanca que dejo atontada a An. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Acaso le estaba robando la energía? Si eso era lo que estaba haciendo, el maldito bastardo estaba declarado muerto. Segundos pasaron cuando todos se dieron cuenta de la acción del moreno y cuando Axel abrió la boca para soltar un rugido, Austin se separo con una mirada llena de sorpresa. Su mandíbula se abrió antes que murmurara palabras ilegibles y lanzara una mirada a su líder. Muy bien, ¿Qué estaba pasando aquí? La rubia no estaba de buen humor e intuía que el demonio sabía algo sobre su protegida que dudaba en decir. ¿Estaría enferma? ¿Herida? ¿Traumatizada? ¡Joder! ¿Qué mierda estaba sucediendo? Los ojos color rosa estaban clavados fijamente en Austin esperando a que este hablara de una buena vez y cuando lo vio dudar estaba a punto de estallar en gritos por tener que aguantar la incógnita de saber que ocurría.

-Esto es algo sorprendente – murmuro Austin viendo con una pequeña sonrisa a Angeline. Esta frunció el ceño sin entender que estaba sucediendo, ¿Qué era tan sorprendente que el demonio estaba algo emocionado y divertido? se lo iba a preguntar cuando él hablo sin darle tiempo a nada más –. Pues felicidades – los ojos de todos le miraron como si estuviera loco, ¿Por qué felicitaba a la ojiplata? –. Me alegra saber que va a ser madre señora, y que el padre pues… ¿Sea Axel? ¿Verdad? – pregunto cuando al rubio se le cayo la mandíbula de la sorpresa haciendo soltar una carcajada al moreno –. Si es él.

Si a Evangelyne le hubieran dicho que era el fin del mundo de todas formas no habría prestado atención a alguna palabra. Estaba perpleja, desorientada y principalmente sorprendida e incrédula. Esto no podía estar pasando. No por supuesto que no, había oído mal lo que el demonio acababa de decir, y podría jurar que no acababa de escuchar la palabra embarazo, Axel y felicidades. Reescribió la frase en su mente y cuando entendió la oración completa casi le da un ataque. Soltó un grito de enojo antes que mirara asesinamente al demonio de opacos ojos color verde.

-¡¿QUÉ?! – exclamo finalmente Eva al reconocer bien cada palabra que soltó el bastardo. Sus ojos se abrieron descomunalmente mientras su rostro al principio expreso pura sorpresa e incredulidad para luego pasar al enojo y la furia. ¡Demonios! ¿Había oído bien enserio? Tal vez escucho mal o confundió alguna palabra. Su protegida… ¿embarazada? No, no podía ser posible y menos de un asqueroso demonio. Por Dios, su deber siempre había sido proteger a la pelinegra y evitar que cosas como esta pasaran. A caso… ¿había fallado en su misión? No, no podía ser, no quería aceptar eso. De pequeña se hizo una promesa, algo que se suponía que nunca incumpliría. Pero ahora… ¿Qué iba a hacer? ¡MALDITA SEA! Es mentira, todo era una vil mentira. Ese maldito demonio seguro que pretendía jugársela pero ella no caería en ese macabro juego. No lograría engañarla a ella –. Eso no puede ser… ¡ES MENTIRA!

Los ojos del demonio se abrieron enojados antes que bufara.

-¿Mentira? – se quejo ofendido Austin cruzándose de brazos mientras a un lado de la rubia el hibrido estaba tenso y con el rostro lleno de incredulidad. Estaba entendiendo cada palabra que el maldito demonio había dicho antes que soltara un rugido de rabia. Meil se lanzo como un rayo hasta invocar su espada de fuego apuntando al cuello del ojiverde quien ni siquiera demostró una pizca de miedo ante la amenaza. Esto era una mentira, no podía aceptar que Angeline estuviera esperando… esperando un engendro de un maldito demonio, y mucho menos de Astarot el duque de los infiernos. No. Este estúpido bastardo mentía –. No miento nunca, al contrario de ti Barbie, en segunda quita tu espada de mi cuello destructor que no te tengo miedo. Si quieren compruébenlo, sientan su esencia y tu Axel verifica tus lazos de alma, encontraras un lazo que te une a un nuevo ser, a tu hijo.

-¡MIENTES! – rugió Meil a punto de degollarlo con la espada cuando Eva se metió apartándolo de un empujón. La miro hecho furia. No. La maldita bruja no se metería ahora, mucho menos cuando todo esto pasaba. El moreno necesitaba matar a alguien, en este caso seria a este demonio sombra mentiroso que los intentaba engañar de la peor manera –. ¡LARGATE BRUJA! ¡NO ME OBLIGUES A HACERTE DAÑO! – exclamo el moreno amenazante.

-¿Hacerme daño? – susurro ella mientras gruñía apretando su arco hecho de plata –. ¡NO TE METAS EN ESTO DESTRUCTOR, ESTO ES COSA MÍA!

-¿TUYA? – ahora si que no aguantaría más. No dejaría que esta rubiecita se metiera más en sus asuntos, ya le había aguantado mucho pero su paciencia, por desgracia, comenzaba a agotarse. Y de repente algo sucedió, todos presenciaron como el hibrido se acercaba peligrosamente al ángel levantando su espada que ya desprendía llamarada más grandes que hace un momento atrás. Eva le miro asustada por unos segundos antes de dar un paso atrás y apretar con fuerza el arco encantado. Sin poderlo evitar lo elevo y lanzo una flecha cristalina a la espada del moreno quien solo abrió los ojos sorprendidos. Al segundo siguiente aquella espada se congelo junto con parte de los dedos de su dueño, quien la soltó dejándola caer al suelo al sentir el frio contacto del hielo. Fue el instinto de supervivencia de la rubia, que ahora le iba a costar muy caro. Lo había hecho sin pensar. El pánico le invadió cuando vio a Meil y no tuvo más opción que atacar al destructor –. ¡ZORRA! ¡TE MATARE! – grito a punto de lanzarse sobre el ángel cuando el demonio sombra se posiciono delante de él esperando el ataque. La rubia se sorprendió cuando los colmillos del ojiverde surgieron y un gruñido salió de su pecho en defensa de ella. Eso al destructor no le importo, gruño más maldiciones contra la rubia antes que saltara listo para pelear cuando un rugido resonó en la habitación dejando congelados a los presentes. Todos miraron en dirección al líder del bando rebelde, quien solo miraba enojado a la rubia y al moreno. Se deshizo del agarre de la súcuba, mientras sus ojos castaños estaban totalmente oscurecidos de un color negro como las propias tinieblas, indicando que si alguien se metía no dudaría en matarlo. Meil le fulmino con la mirada. Todo lo contrario. El destructor era el que quería matar al puto demonio que acababa de arruinar todos sus planes, arruino a una de las mujeres de su especie y esto le costaría la vida –. No me gruñas maldito demonio, no estoy de humor y se me da la jodida gana puedo matarte sin mucha dificultad.

-¿Matarme? – pregunto enojado el rubio. De repente una sonrisa burlona surco sus labios antes que soltara una carcajada y negara con la cabeza –. No te será tan fácil hibrido y para tu información estas en mi territorio y yo mando aquí, ahora… Austin. ¿Estas seguro de lo que acabas de decir? ¿En verdad ella…? – no pudo continuar. Los ojos ahora más tranquilos habían vuelto a su tono normal de color chocolate, fijándose en la mujer que estaba sentada en su cama quien solo estaba totalmente paralizada luego de lo que acababa de escuchar. ¿En verdad ella llevaba a su hijo en su vientre? Jamás había pensado en ser padre, pero pensar en un bebé ahora… un niño pequeño que un día lo llamaría padre le hacia sentir feliz y completo.

Evangelyne aún estaba sorprendida porque el demonio sombra la acababa de defender pero desecho toda idea cuando vio a su protegida. La hibrida estaba paralizada y con los ojos desorbitados, como si estuviera en un estado de shock. Pudo ver como se repente su cuerpo comenzó a temblar y de su boca surgiera un jadeo de puro terror. ¡Diantres! Angeline estaba asustada y tenía todo el derecho a estarlo luego de lo que acababa de oír, pobre chica. ¿Cómo había pasado esto? ¿Cómo era posible que Angeline estuviera en cinta si ella nunca dejaba que un hombre…? A menos que ese maldito demonio descarado la halla forzado. ¡Bastardo! Eva sabia muy bien que todo macho demonio ansiaba tener crías para perpetuar su especie, pero jamás hubiera permitido que uno de ellos pusiera un dedo sobre su chica. Esquivando a Austin quien solo le miro algo sorprendido fue en dirección a An, ya que al parecer nadie se daba cuenta que ella era la más asustada en toda esta estupidez, ¿Cómo era posible que no entendieran que la pobre había recibido esta noticia como un balde de agua fría? Grandísimos idiotas.

-¡Angeline! – exclamo Eva sacándola del trance y acercándose a ella para después abrazar a la morena con fuerza. Ante esto, la nombrada solo abrió los ojos por el acto de aquel ángel, quien solo hundía la cabeza en su hombro –. Dime que no es verdad…– dijo en un leve susurro la rubia, que por un momento llego hasta el fondo de su corazón. Parecía como si la de bellos ojos rosados estuviera asustada y preocupada por ella –. Dime que esto no esta ocurriendo, que todo es mentira – los orbes rosas comenzaron a cristalizarse. Estaba en verdad preocupada y rogándole que todo esto fuera mentira –. Por favor dime… que no te he fallado.

¿Fallar? ¿De que estaba hablando? Angeline no la conocía de ningún lado, y esta arcángel o ángel le hablaba con tanta familiaridad como si fueran conocidas. ¡Ni siquiera sabia quien era! Primero era atacada por dos malditos ángeles en la puerta de su casa, luego aparece su salvador que resulta ser un asqueroso demonio que por cierto… termino acostándose con ella. Es obligada a venir a esta mansión repleta de los hijos de Lucifer, y ¿Para qué? Para que este bastardo de Hellboy la besara de una manera tan ardiente frente a una de sus siervas, quien de paso conto que ella era una súcuba. ¡Fantástico! Todo mejoraba a cada instante, luego la encierran cuando casi mata al rubio y llega supuestamente a salvarla el gran destructor del que su padre le hablaba de niña. ¡Oh! Y como olvidar la estúpida pelea de esos dos y la rápida intervención del ángel. Todo era un espectáculo perfecto – el sarcasmo brotaba de ella y de su mente – hasta que… mencionaron a un supuesto bebé. ¡Mentira! Ella no podía estar embarazada, después de todo solo había estado hace unas… ¿cuatro horas con Hellboy? Era imposible que en ese lapso de tiempo pudiera estar preñada ya. ¡No! Todos estaban locos, y la querían volver como ellos. Debía de irse, debía de alejarse de todos y gritar que ella no estaba embarazada porque si lo estaba seria su fin.

-¿Fallado? ¿De que demonios hablas? ¿Quiénes son todos ustedes? ¡QUE MIERDA ESTA PASANDO AQUÍ! – grito al fin la joven deshaciéndose del abrazo de la rubia antes de que llevara sus manos a la cabeza con terror. No podía estar sucediéndole esto. ¡NO! ¡NO! ¡NO! Ella no estaba embarazada, no iba a tener un bebé porque… ¿Ella no era estéril? Angeline siempre pensó esto porque al ser hija de dos especies diferentes creyó como su hermano Lucian que ellos jamás podrían concebir. Pero ahora… Esto era una mentira –. ¡No puedo estar embarazada! ¡Soy estéril maldita sea! – la desesperación brillaba en sus orbes platas. La joven solo retrocedía gateando por la cama mientras su mente era todo un caos. Sintió nuevamente ese nuevo hilo que estaba al lado de las presencias de sus hermanos. Luminoso, puro, con ansias de vida y esa alma era… la de su hijo –. ¡NO! ¡MALDITA SEA! ¡NO!

La rubia intento acercarse a la morena pero esta solo le golpeo la mano que intento tocarla mientras gritaba y maldecía al mismo tiempo. Su cuerpo temblaba por si mismo ya que al parecer estaba perdiendo la cordura. Sus ojos miraban horrorizados a todos como si en verdad estuviera rodeada de un sinfín de enemigos, y eso le rompió el corazón a la joven ángel. Ella no quería que Angeline le tuviera miedo, era lo que jamás deseo pero tenia que tratar de comprenderla un poco. Saber que esto era verdad era un golpe muy duro y sumándole que la joven siempre pensó que era estéril solo hacia que la situación fuera mucho peor.

-Joder – gruño Laura mientras veía como la mujer ya estaba perdiendo la razón. Los ojos de color plata brillaban enloquecidos y cegados, la morena solo murmuraba incoherencias, cuando de un momento a otro comenzó a golpearse la cabeza desesperada. Tenían que detenerla antes que se dañara en verdad o lastimara al bebé –. ¡Deténganla! ¡Se va a lastimar! ¡Puede dañar al…! Bebé – lo último lo susurro tensa.

Axel no sabia que hacer, estaba sorprendido y aún no acababa de conectar todos los cables de su mente ante esto. ¿Seria padre? ¿Cómo era esto posible si él solo había estado hace cuatro horas con esta mujer? Al menos la fecundación debió haber tardado más de lo debido. Nervioso solo pudo mirar en el interior de su propia alma, buscando algo que fuera prueba de este nuevo ser que estaba en las entrañas de la morena. Trago saliva. Ahí estaba el lazo de hermandad que lo unía a su hermana Julia, pero a parte de este se encontraba otro lazo, una cuerda tan brillante y pura que casi lo hace tropezar. Esa alma expresaba ansias de vida junto a una inteligencia tan grande que parecía como si en lugar de ser un cigoto fuera un niño ya crecido y con una mente impresionante. Un grito lo trajo a la realidad cuando vio como la ángel de cabellos rubios intentaba detener a Angeline quien gritaba y no paraba de golpearse la cabeza con sus manos. Se aproximo rápidamente a la pelinegra, lanzándose como un rayo y pasando al lado del hibrido que estaba a un lado mirando la escena con decepción. Axel se subió a la cama y atrajo a la súcuba hacia sus brazos, abrazándola con fuerza y evitando que pudiera moverse. Tenia que hacerlo, tenía que proteger a su primogénito. El instinto de padre protector había aflorado en su ser. Y ahora, ese niño o niña o… lo que fuera, era su familia, algo que tendría que proteger siempre por mucho que la pelinegra se resistiera. Y no dejaría que la madre del pequeño, dañara a aquella criatura que crecía en sus entrañas solo por un ataque de furia. Ella debía aceptar que ahora los unía un niño, siempre estarían atados por aquel pequeño aunque ella no lo quisiera, el ya lo estaba queriendo.

-¡SUELTAME! – grito fuera de si la morena –. ¡SUELTAME MALDITO BASTARDOM TÚ ME HAZ HECHO ESTO! – intentaba zafarse del agarre del demonio pero era completamente inútil, la tenía completamente atrapada entre sus brazos. La joven solo gritaba incoherencias y maldecía a todos mientras los presentes veían la escena algo… apenados, o al menos eso podría decirse. Aunque el destructor más bien lo que hacia era reprimir sus ganas de matar a alguien. Y Eva… ella solo estaba paralizada intentando asumirlo todo.

-He fallado – susurro la rubia con pena mientras cerraba sus ojos.

Angeline volvió a gritar cuando su cuerpo empezó a temblar violentamente. El demonio de cabellos rubios intento calmarla pero no tuvo éxito alguno. La morena gritaba y se removía entre sus brazos cuando comenzó a jadear en busca de libertad. Podía ver la desesperación y el temor que ella expresaba y aún peor, parecía como si la locura le hubiera atrapado. Axel la soltó para intentar detener sus acciones cuando Angeline se alejo hasta el borde de la enorme cama y sin poder aguantarlo vomito violentamente. Preocupado intento cogerla pero ella se lo impidió mientras unos espasmos corrían por su cuerpo y las malditas lágrimas que ella odiaba derramar, caían por sus mejillas. Le rompió el corazón. Axel jamás había sentido lastima o preocupación pero al ver a esta súcuba llorando y sufriendo por el hecho de ser madre llego hasta el fondo de él. ¿Tan malo era que su niño estuviera en su interior? ¿Le repugnaba la idea de ser madre? Sinceramente no quería saberlo. Los gritos de la mujer continuaron mientras que Axel solo tenía la mente en un solo asunto… pronto seria padre.

00000000000000000000000000000000000000000000000000 00000000000000

Sariel siguió volando alrededor de la ciudad. Estaba de pésimo humor por culpa de la mala decisión que había tomado Gabriel. ¿Cómo había podido decidir que él que llevaría la batalla esta vez seria Uriel? Soltó un gruñido lleno de indignación cuando detuvo su vuelo y aterrizo en uno de los edificios más altos del lugar. Sus ojos color grises miraban como los humanos transitaban tranquilamente las calles sin pensar si quiera que estaban metidos en una guerra que un día les costaría la vida. Que ingenuos eran. Pensaban que todo estaría siempre a su disposición y que nada malo les ocurriría pero todo eso era falso. Suspirando con fastidio miro en otra dirección buscando algo interesante cuando la encontró. Se sorprendió al principio antes que soltara una risa burlona al distinguir lo que no esperaba hallar. Por las sombras estaba caminando una mujer de largos cabellos castaños y brillantes ojos verdes que brillaban iracundos. Una demonio. Su demonio. Yasmin. No la había visto desde hace mucho, especialmente desde la última batalla que habían librado, pero al notar sus bellos ojos enojados y su seductor cuerpo caminar adolorido le dieron ganas de ir a molestarla. No era el momento. Ahora tendría que permanecer alejado, pero después le daría una amena visita para dejarle en claro que estaba vez la batalla la volvería a ganar él. Como siempre debía de ser y nunca cambiaria.

-Después de todo eres mi juguete, y los juguetes sirven para entretenerme – susurro el peligris con una sonrisa maléfica.


Bueno eso es todo, ahora el momento de las preguntas:

-¿Qué les pareció el capitulo? ¿Qué les hizo reír?

-¿Harley volverá a acosar a la doctora humana? ¿Elizabeth podrá escaparse como esa vez o tendrá problemas?

-¿Uriel lograra su cometido? ¿Gabriel habrá tomado la decisión correcta?

-¿Meil en verdad estará salado por culpa de Eva? ¿La rubia se vengara? ¿Austin buscara un modo de librarse del "ángel"?

-¿Qué sucederá ahora que todos saben que llega un nuevo ser al mundo? ¿La morena tendrá problemas con su bebé?

-¿Qué opinaran todos acerca de este nuevo ser? ¿Quién será más difícil que lo acepte?

Ahora si me despido, cuídense y espero pronto poder escribir algo, hasta entonces…bye y espero que las ideas estén de mi lado xD