Hola! Cuanto tiempo, ¿No? Jeje – risa nerviosa – Lamento la demora en actualizar, pero no he tenido mucho tiempo o mucha imaginación… correcto, y un poco de flojera para escribir, pero al menos les traigo un capitulo largo. Espero les guste, ya que me tarde bastante en hacerlo, creo que más de una semana y eso que ya tenia parte de él antes de que publicara Eternal Melody. Bueno, en todo caso, espero que les guste, antes que nada unas pequeñas aclaraciones para que entiendan:
-Las palabras que estén entre " " y luego negrita son los pensamientos de uno de los personajes.
-Al final del capitulo verán algunas palabras resaltadas y con números.
-Un detalle importante para que no haya confusiones. En este fic existen tanto ángeles como demonios, por tanto Dios y Lucifer, sin embargo, también existen panteones divinos en donde se hayan otros Dioses, tales como los griegos, egipcios, celtas, etc. (Lo digo porque se hace mención de dos Dioses como también una bestia de la mitología griega)
Sin mas que decir, espero disfruten el capitulo. Ahora deberé ponerme en marcha con los demás fics que debo… bueno, diré los próximos que serán actualizados y esos deben de ser: "The Seven Guardians of the Sins" y "The Light ofe the Darkness" y luego… ya el resto – con gota en la cabeza –
Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece, es propiedad de Level-5.
7
Ser Diferente
El destructor comenzó a caminar en dirección a la recamara de Angeline, listo para llevársela d esta pocilga. Estaba de pésimo humor, claro que en parte ya no estaba tan enojado gracias al demonio sombra que le conto acerca de los genes del niño. Solo que la verdadera razón de su molestia, era por el hecho de que Angeline quisiera matar a su hijo. ¡¿Por qué haría tan estúpida acción?! ¿Es que perdió la cordura? Una cosa era hablar de destruir la vida de un demonio o un ángel, si el caso fuera ese hubiera permitido que ella dudara y si quisiera la matara, pero de la vida de la cual hablaban era la de un hibrido. ¡UN HIBRIDO! ¿Cuántos híbridos existían en el mundo? Cuatro. Meil. Lucian. Angeline. Cristel. ¡Solo ellos! ¡Maldita sea! Era casi imposible que dos seres que se odiaban tuvieran descendencia, y este niño que estaba en proceso sería una excepción muy grande. ¡Un miembro de su especie! ¡Un niño que nacería sin duda! Como rey de los híbridos y de paso, futuro rey de las castas, era su deber aumentar la población de su gente, y con solo cuatro nada se podría hacer. Ni siquiera podían reproducirse entre si, claro Meil podría con Angeline o Cristel, pero Lucian no por ser hermano de estas. Otro detalle existente es que Angeline dejara usarse como donadora de vientre al igual que Cristel, y no las culparía e intentar matarlo al oír eso… sonaba aberrante. Tendría que hallar otro modo de reproducción.
Hubiera estado gritando y maldiciendo de frustración si es que no se hubiera detenido al oír un pequeño tarareo que le dejo extrañado. Aquella vocecilla era dulce y tierna, tan frágil que parecía un susurro de la brisa, proveniente del la puerta que estaba a un lado de él, un poco entreabierta. Quiso seguir su trayecto sin interrupciones, pero… ¿Quién seria la que estaría cantando? La pequeña partícula de curiosidad que le atrapo le hizo abrir completamente la recamara e ingresar a ella sorprendiendo con su acción a la portadora de esa voz.
Meil se desconcertó un poco al ver a una niña de al menos unos catorce años sentada en el suelo mientras leía un libro. ¿Quién era…? Sus cabellos eran de un tono rubio miel, bellamente ondulado que le llegaba hasta unos milímetros debajo de la mandíbula, quedando a la perfección con el flequillo delicadamente peinado a ambos lados de su rostro. Su suave piel era clara, casi nívea, frágil a la vista llegando al grado que Meil pensaba que con un simple soplido podía romperla. De complexión fina, era delgada y bastante bonita, pareciendo una de esas muñecas hechas de porcelana. Un gritito salió de sus rojizos labios antes que bajara la mirada ocultando su rostro con pavor, ¿Qué le sucedía? Bien, Meil no era Santa Claus o el conejo de Pascua, pero tampoco era para que se asustara de esa forma. ¿Qué pensaba? ¿Qué era el hombre del saco? Algo furibundo por ese miedo que provoco camino unos pasos hasta quedar frente a la chiquilla que seguía escondiendo la mirada como si su vida dependiera de ello. Delicadas y bien detalladas, femeninas en todo sentido y… demasiado familiares. Sus ojos se abrieron de golpe al reconocerla, aún faltaba ver sus ojos para estar convencido, no obstante, el moreno estaba casi seguro que esta niña era nada más y nada menos que la joven que los hermanos Swan cuidaban como una de los suyos. Skyler.
-¿Skyler? – pregunto Meil frunciendo el ceño, tras lo cual la niña se tenso y asintió con un ligero rubor en sus mejillas. Sus ojos continuaban cerrados, negándose a verle a la cara. ¿Qué era lo que sucedía? ¿Por qué simplemente no le miraba a los ojos? Otra particularidad era el cabello de la jovencita. Así que… nunca fue negro, sino un color rubio, extrañamente demasiado parecido al color de Cristel –, ¿debería preguntar acerca de tu cabello o la razón por la que no me miras a los ojos? – la rubia agacho más la cabeza hasta que la enterró entre sus rodillas abrazándose con miedo.
¡Joder! ¿Ahora que hizo? No sabía tratar con mocosos, así que no sabía si su pregunta había sonado cruel, agresiva o sea lo que sea que la haya hecho sentir incomoda. Rodando los ojos se dijo a si mismo que debía aprender más de los niños, resignado solo le quedaba intentar ser más… amable. ¿Cómo se suponía que debía de hacerse eso? Cuando se encontró con Angeline intento usar un tono suave, o un intento de eso. Recordó entonces como una vez un hombre hablaba a su hija, si no se equivocaba su timbre de voz fue algo dulce y cálido. Un domador hablando como un animal herido que esta asustado. Eso era lo que debía de hacer.
Camino unos pasos hasta quedar frente a ella, quien solo seguía teniendo los ojos cerrados impidiéndole comprobar si en verdad era la pequeña Skyler. Tomo aire, se acuclillo y espero que esta vez sus palabras no fueran duras como las de un guerrero.
-Skyler, ¿Por qué no me quieres mirar? – su voz sonó algo más suave, poseyendo aún esa nota agresiva y arrogante que lo caracterizaba. Pero al menos era mejor en comparación a la de hace unos segundos – No te hare daño… pequeña – jamás usaba un apelativo cariñoso, sin embargo la situación era valida –, ¿Te asusto? ¿Es eso?
Al no obtener respuesta decidió que seria mejor irse de ahí dejándola en aquel estado. Él no había hecho nada malo, por tanto sería mejor irse y…. ¿No? Estuvo a punto de levantarse, irse y dejar a la niña sola y con miedo, cuando de repente una pequeña mano lo sujeto de la manga de su chaqueta. Ella claramente no tenía una fuerza sobrehumana como él, así que si Meil lo quería podía levantarse y largarse ignorando su agarre. No obstante, no le fue difícil oler su miedo. Claramente la niña estaba aterrada. ¿De él? Meil no estaba seguro, cuando la conoció la mocosa lo había esquivado, pero luego, cuando ella tuvo el valor de mirarlo a los ojos supo que tenía valor, ¿A dónde se fue toda esa valentía que Skyler poseía?
-No te tengo miedo – la vocecilla sonó algo atemorizada haciéndole sonreír. ¿Así que no le tenía miedo? Interesante, entonces ¿por qué ocultaba su rostro? La escucho tragar saliva –, es que… no puedes ver mis ojos – con esas palabras dejo sin comprender a Meil.
¿No podía ver sus ojos? ¿De que diablos hablaba? Ya los había visto afuera de la mansión, como también los vio luego de que la dejara junto a los siervos y las otras dos mujeres. ¿Cuál era el problema actual con sus ojos? Él los recordaba como un intenso color oro, un tono cercano a este, podría decirse que era ámbar o algo por el estilo. ¿Qué podría haber cambiado en sus ojos en unas pocas horas? Se lo pensó unos instantes llegando a una curiosa conclusión. ¿Podría ser posible que ella tuviera algún problema en sus ojos o fueran diferentes a los humanos? Interesante pensamiento.
La chica seguía con la cabeza gacha haciéndole suspirar, esto era más difícil de lo pensado. Era por esto que no aguantaba a los adolescentes.
-¿Y porque no puedo ver tus ojos? – pregunto algo curioso. Sonrió con burla antes de que soltara un comentario cómico –, ¿Qué? ¿Saliste como medusa? ¿Si veo tus ojos me convertirás en piedra? ¡Oh! ¡Mira como tiemblo! – la risilla musical le confirmo que sus palabras divirtieron a la niña –. Pequeña, he visto muchas cosas raras en mi larga vida y créeme, unos ojos no son nada cuando haz estado en medio de batallas eliminando demonios de aspecto viscoso, de serpiente o que tienen cientos de ojos en su cuerpo – la escucho jadear – y frente a Cerberus (1) en persona, ese chucho si es un caso fallido no creo que pueda ganar nunca un concurso de belleza canina – un jadeo de sorpresa salió de los labios femeninos.
-¿Viste a Cerberus? ¿El perro de tres cabezas que cuida la puerta al infierno? – pregunto con emoción en la voz. Meil soltó una carcajada, con aquella pregunta se dio la idea que esta niñata leía muchos libros sobre mitología –Significa eso que… ¿Existen Hades y Perséfone? ¿Y también los demás Dioses? – cada incógnita la soltaba con tanta fascinación que conmovió un poco al moreno. Al pensar fijamente en cada pregunta hecha suspiro.
-Teóricamente si existen – dijo el moreno encogiéndose de hombros – Hades es un hijo de perra que tiene la manía de teñirse el cabello cada año. La última vez que lo vi lo tenía de color verde, y su esposa es algo… normal.
Ese Dios del inframundo era un sincero estúpido. Con su ropa de cuero, la motocicleta que conducía, el cabello teñido y la arrogancia junto a la pésima comedia que expresaba lo volvían un ser antipático. ¿Cómo un tipo así podía ser el rey del inframundo? ¡Un rey así no vale la pena! Pero, ¿Quién escucha razones? Nadie. Además el imbécil de Hades había agarrado una manía por joder al destructor cada vez que tenía la posibilidad de verlo, en especial, con el tema de que en lugar de estar como asesino a sueldo debería de buscarse una mujer que asumiera el puesto de reina – En realidad le había dicho: "¡Vamos Destructor! Ya estas viejo, deberías de buscarte una linda gatita que saque sus garras para castigarte cuando te portes mal. Y de paso se volvería tu reina y la futura mamacita de tus hijos". Luego de eso Meil le había roto la mandíbula no sin antes calcinarlo un poco con su espada –.Era una lastima que Meil no lo pudiera matar, debido a que si lo hacía las almas del infierno escaparían y bla bla bla… incluso el propio Cerberus (su perro) lo odiaba, al igual que el chucho odiaba tanto al hibrido. Si, se había ganado el desprecio de todo demonio bestia existente. ¿De quien era culpa? No era de él (técnicamente era su culpa, pero según el hibrido es inocente de todo cargo).
Con respecto a Perséfone… ella era un poco más normal. Sí, al menos la sensual reina de Hades era más tratable – solo un poco –. La hermosa mujer de largos cabellos rubios como las espigas de trigo y sus seductores ojos de bello color verde como las hojas. La Diosa podía ser la Miss Universo si lo deseara, salvo que aunque nadie lo creyera, estaba muy enamorada del estúpido de Hades y… tenía el peor genio existente. ¿Qué hay con lo de ser tratable? Lo era, claro, hasta que ofendías a su "querido" esposo o la insultabas a ella sin querer. Algún error como esos y la mujer te destripaba en un dos por tres. Una vez pudo ver como un siervo susurro que hades era un bueno para nada y luego solo escucho un ¡Zas!... el siervo quedo sin cabeza mientras Perséfone gritaba colérica que nadie insultaba a su "hombre". Bien decían que las hembras eran un peligro, ¡Suerte que no era Meil el casado! Las mujeres siempre traían problemas a la vida, es por eso que prefería seguir soltero y sin ataduras.
Sonrió al ver como la niña agachando aún su rostro sonreía entusiasmada por lo que le acababa de contar, sin embargo, él no era tonto. Skyler intentaba distraerlo para que olvidara el tema de sus ojos.
-Y no me cambies el tema – comunico Meil haciendo suspirar a la niña, la pobre creyó que sería fácil hacerlo cambiar de conversación. Una pena que el moreno no fuera un ingenuo –, dime ¿Qué tienen tus ojos y porque tu cabello ahora es rubio?
La noto dudar unos instantes, temerosa de moverse. Cuando la escucho susurrar palabras indefinibles, pudo observar como la niña estiraba uno de sus brazos y señalaba en dirección a la derecha. Meil siguió con su vista la seña encontrándose con algo negro sobre la cama de sabanas blancas, asintió antes de acercarse y poder entender que era lo que estaba sobre la tela. Una peluca. Las manos del hibrido tomaron aquel objeto de cabellos sintéticos entre sus manos, fijándose en cada rasgo de la falsa cabellera. ¿Por qué….? Volvió su vista a la niña quien solo seguía acurrucada en el suelo, abrazándose a si misma y ocultando su rostro como si con eso estuviera protegiendo al moreno. ¿Qué estaba ocurriendo? No llegó a realizar la pregunta porque las suaves palabras surgieron de los labios de la rubia.
-Mi padre me golpeaba, él – declaro la niña en un susurro. Meil noto como las lágrimas rodaban por sus mejillas hasta caer al suelo – me corto todo mi cabello en una de sus agresiones… ya sabes era alcohólico, y él dijo que mis ojos son… horrorosos.
Los ojos marrones del hibrido se abrieron de golpe al escuchar aquellas palabras. ¿La golpeaban? ¡Infiernos! ¿Cómo alguien podría tener el atrevimiento de siquiera agredir a esta niñita que parecía una frágil muñeca? La observo detenidamente grabando cada pequeño rasgo que ella tenía, desde sus frágiles facciones hasta el último pelo de su cabellera. Era una niña. Meil apretó los dientes al sentir la injusticia cometida. No era el mejor para consolar ni nada por el estilo, pero… extrañamente una necesidad de acercarse a la niña y abrazarla surgió en su alma. Sin saber que es lo que estaba haciendo, estiro una mano acariciando con ternura los rubiescos cabellos que ella poseía. Al principio la vio tensarse, pero luego se relajo como si de un tímido animalillo se tratara. Abrió la boca y volvió a cerrarla hasta que decidió decir algo. El era un rey, y tenía que hacerse a la idea que estos problemas sucederían igualmente en su reino. Obviamente Cristel o Angeline tenían momentos en los cuales deseaban llorar, ser abrazadas o consoladas por su hermano mayor, ¿correcto? Y por tanto si la criatura que traería An fuera una niña, como su soberano tendría que aprender a consolarla en sus momentos de debilidad. Esperaba no cometer errores en esos momentos, porque podría soportar todo menos los sollozos descontrolados.
Mierda. Ojala que ese bebé fuera un niño. Eso seria mucho más sencillo sin duda alguna, además podría entrenarlo y convertirlo en un excelente guerrero, no tener que pasar por estos consuelos emocionales.
-No tengas miedo – dijo con una voz tan suave el moreno que el cuerpo de la niña se relajó por completo haciéndole sonreír un poco –, nadie te va a lastimar. ¿Me crees? Es una promesa pequeña y mi palabra siempre se cumple – la niña asintió lentamente haciéndole sentir… feliz de alguna forma. Era raro que él intentara tranquilizar a una niña, sin embargo, cuando estaba cerca de esta mocosa sentía una vena protectora. Como si él fura un padre que necesitaba defender a su cría. ¡Jo! Ya estaba usando ejemplos estúpidos y fuera de lugar, diciéndose que se estaba volviendo un sentimental miró a la niña –. Anda Skyler, muéstrame tus ojos y yo diré si son tan horribles como para asustar a alguien – la rubia trago saliva ansiosa.
-Lo hare si prometes que luego no te enojaras por lo que veas – musito la pequeña haciéndole fruncir el ceño –, solo promételo y te mostrare mis ojos, por favor.
¿Prometerlo? Correcto si ella lo quería así, pues aceptaría solo por esta vez sus condiciones. Pero que no se acostumbrara, porque nunca volvería a ceder ante nadie, ni siquiera por esta humana –. Como quieras, lo prometo Skyler, ahora déjame ver tus ojos.
Al oír sus palabras, Skyler levanto lentamente la cabeza hasta mostrar su hermoso rostro de ángel. El moreno quiso ver sus orbes, mas, la jovencita los tenía fuertemente cerrados. Al escuchar el carraspeo de Meil, rendida los empezó a abrir despacio, moviendo a su paso las espesas pestañas de suave tono castaño. Fue cuando el destructor pudo apreciar la realidad. Se quedó sin palabras – cosa extraña en él – y solo el silencio se hizo presente. ¿Skyler dijo que lo asustarían? ¿Qué eran horrorosos? Meil tenía muchos adjetivos para describir esos ojos, menos la palabra horrorosos para decir como eran. Increíbles e inhumanos. Los irises eran de un color casi blanco, tan malditamente claros como si fueran líquidos. Una piscina incolora, un color tan magnifico que Meil no pudo evitar seguir mirándolos fijamente. No, no eran piscinas, eran espejos. ¡Si! Un espejo como el mismo océano, llegando tener esa la tonalidad incolora de las aguas claras. Los ojos marrones miraron más profundamente, perdiéndose en los orbes de la niña, tenía que aproximarse un poco más, mucho más cerca por la alarmante belleza de su insólita mirada. Él no supo cuantos minutos se le quedo mirando fijamente, no debían de haber sido más de unos segundos como máximo, pero sin duda lo siguiente que vio lo dejo perplejo. Las pupilas. Aquellas motas negras comenzaron a encogerse hasta el grado de desaparecer de su vista, perdiéndose en los círculos de infinito color blanco. El color estaba brillando, reluciendo con un brillo propio. Impresionante. Meil había visto de todo durante sus doscientos años de existencia, salvo que nunca nada igual a esto. Siguió mirando detenidamente, incapaz de poder resistirse al extraño juego de luz creado por esos ojos inexistentes. Cuando la luz se despejo, algo que jamás hubiera esperado sucedió.
Se vio reflejado. ¡Joder! Aunque fuera imposible, loco e incluso antinatural, eso estaba sucediendo. Meil se estaba viendo reflejado en esos espejos. Y… no estaba solo. Una mujer estaba a su lado. Sus largos cabellos eran de un tono azabache puro, tan ondulados que algunos mechones parecían tirabuzones enmarcando el delicado rostro que ella portaba. ¡Santo infierno! La condenada tenía una belleza tan grande que por unos instantes Meil considero que esa mujer era una Diosa. Sus facciones eran tan finas, marcadas y delicadas, los humanos dirían que era un ángel, él dudaba que lo fuera. Parecía la viva encarnación de un demonio hipnotizador, dedicado a seducir a todo ser que lo viera, incluso a él, que le hizo perder el hilo de sus propios pensamientos. Le gustaba. ¡Un momento! No. A él no le debería de gustar ni un ápice la apariencia perfecta de esa mujer. La realidad era que no le importaba demasiado… sino fuera por lo que la imagen le estaba mostrando.
Meil, el rey de las castas, al que apodaron como "El destructor" tenía abrazada a aquella mujer mientras devoraba sus labios con avidez y obsesión, demorándose y degustándola como si fuera una droga a la cual era adicto. Una de sus fuertes manos estaba ubicada en su nuca impidiéndole la posibilidad de huir de él, mientras que ella le abrazaba por el cuello disfrutando de la misma pasión en la cual el moreno estaba sumergido. Los labios de él la soltaron y de deslizaron por su sien, acariciándola con una ternura que él pensó jamás tener en su interior. ¡¿Qué carajos?! ¡¿Qué demonios estaba haciendo?! ¿Es que ese reflejo estaba desquiciado? Lo peor no fue la extraña muestra de ternura que él brindo a la mujer… lo peor vino cuando Meil se separo de ella. La hermosa joven abrió sus ojos mostrando un profundo color ámbar luminoso, con un suave bordeado en tono oro que le dejo sin respiración, especialmente cuando unas motas doradas aparecieron en aquellos orbes tan extraordinarios. Él sonrió de lado antes de que sus colmillos surgieron, ella aparto mechones de su cuello y entonces… se clavaron profundamente en su piel. No. ¡Maldita sea no! La mujer se aferro a él, y para propia desgracia del espectador, en cuanto el Meil de la visión termino de beber con sus colmillos se corto la muñeca para luego de la sangre chorreante colocarla en los labios de la fémina y dejarla beber. ¡Por…! ¡No!
-¡DETENTE! – exclamo alejándose de los ojos-espejos mientras respiraba de manera agitada. ¿Qué mierda había sido eso? A su lado la niña al escuchar su grito dio un salto hacia atrás bajando la mirada con terror. Maldijo en varios idiomas al haberla asustado, pero no era su culpa, actualmente su mente procesaba lo que esos ojos le habían enseñado, especialmente la última parte. ¿Un puto intercambio de sangre? ¡Joder! ¡Eso debía de ser una alucinación! Tenía que salir de dudas ya y descubrir que significaba esa imagen que vio –. Skyler, dime que es lo que he visto – su orden hizo temblar a la niña. Cerró los ojos fastidiado, tendría que intentar ser más suave –. Haber pequeña – su voz sonó un poco más calmada relajándola – ¿Qué es lo que sucedió? ¿Qué fue lo que vi en tus ojos?
Ella parpadeo dos veces y cerró los ojos con fuerza. Sus labios se entreabrieron soltando la respuesta con temor –. Mis ojos pueden mostrar destellos del futuro – el moreno se quedo paralizado al oír aquello –, son acontecimientos que un día sucederán, solo que no hay fecha escrita para la imagen… ¿Qué viste? – la curiosidad fue claramente reflejada en su tono de voz. Al observar una ceja arqueada por parte de él, la niña se sonrojo –. Yo no se lo que viste, veraz… solo él que ve mis ojos sabrá su futuro.
De repente el moreno sintió alivio de aquello. ¿Por qué esa sensación? Muy sencillo. Puede que sea un asesino de demonios y ángeles, pero eso no significaba que no respetara la salud mental infantil (aunque él sabe que Skyler ya es una adolescente). No hubiera sido muy educativo que la niña hubiera sido testigo de esos besos y el intercambio de sangre dado. Lo más probable es que de ver eso Skyler hubiera quedado traumada para el resto de su vida, y de paso hubieran venido más preguntas que él no hubiera deseado contestar.
"Maldita suerte que tengo" pensó en un gruñido Meil. "Intercambio de sangre… ¡Maldita sea! ¡No!"
El moreno sabía que un intercambio de sangre era el sello de los demonios para emparejarse por la eternidad. ¿Él necesitaba beber? Realmente no, algunas especies lo hacían, y para eso existía el detalle de los colmillos –Meil no lo entendía pero también poseía colmillos, extraño pero cierto, incluso sabia que en su propio descontrol tenia garras –. Los ángeles caídos y los sanguinum, eran un claro ejemplo, necesitaban de la sangre para sobrevivir – Él averiguo que los primero la necesitaban por una maldición surgida en cuanto cayeron, y los otros porque su especie se los dictaba –, unos cuantos tragos una vez a la semana y todo listo. Salvo que el simbolismo de beber de una hembra para que luego esta también lo hiciera del macho indicaba… unión eterna. ¿Meil unido por la eternidad? ¡¿Es qué el mundo estaba loco?! Ni de coña se emparejaría. Seguro que lo que vio fue un suceso que no pasaría, es más, nunca sucedería. Atarse, seria condenarse a pasar su larga inmortalidad junto con una misma persona, que un día podría aburrirse de él – como él de ella –, y eso sería molesto. La única forma de deshacer la unión sucedería cuando uno de los involucrados muriese. ¿Perseguir a una mujer para luego matarla? No, el tenía mejores cosas que hacer.
Al notar que la niña esperaba una respuesta solo suspiro. Tendría que decirle un poco de la visión, pero nada que provocara su incomodidad o detalles de más.
-Vi a una mujer, eso es todo. ¿No tienes ni idea de quien se trata enserio?
-No – susurro la niña negando con la cabeza antes de fruncir el ceño – ¿Es malo que hayas visto a esa mujer? – sus labios se abrieron y un gritito de horror la hizo brincar – ¿Acaso ella intentara matarte? ¡Dios! lo siento, por eso quise intentar detenerte destructor, mis ojos enseñan la muerte algunas veces es por eso que mi padre me odiaba – su boca se formo en una mueca. Meil solo le miro algo sorprendido por sus palabras, la verdad ni la muerte se aproximaba a aquello –. En verdad lo lamento, no quería que vieras algo así, no quería que viera esta maldición, comprendo que sientas terror de mí o que pienses que soy un monstruo…
-Skyler no te tengo miedo por tres simples razones– dijo el moreno con una ceja arqueada – en primera soy el destructor. No se que es el miedo, y yo soy él que intimida a todo ser que pise tierra – una sonrisa arrogante curvo sus labios –, dos no te odio, eres humana, yo odio a los demonios o ángeles – la chica se sonrojo un poco –. Y tercero, eso a lo que tú llamas maldición, no lo es. Tienes un don, y tú no lo estas usando para mal, nadie ha muerto por eso así que deja de decir que eres un monstruo – los ojos de la niña se cristalizaron dejándolo frio. Oh no… no el llanto, eso si que no –. Espera no llores, no es para que te pongas así.
Y aunque lo dijo al final no sirvió de nada ya que la jovencita comenzó a derramar lágrimas. Joder, él no era bueno con tanto sentimentalismo. Meil jamás había consolado a nadie, principalmente porque el llanto no era para él, nunca había llorado… bien, solo una vez lo hizo, pero de ahí no volvió a pasar. En definitiva esta niña lo iba a volver loco. Maldiciendo en su mente cogió a la niña con delicadeza y la atrajo a su fuerte pecho sorprendiéndola, al principio la Skyler se congelo temblando entre sus brazos, hasta que unos segundos pasaron y se calmo quedándose quieta. Las manos del moreno acariciaron con cuidado sus cabellos, tratando siempre de no lastimarla con un brusco movimiento. Irónico. Él, un hibrido guerrero estaba consolando a esta niña como si de su hija se tratara. Ahora si lo había visto todo en su larga existencia. Más vale que nunca nadie supiera de esta escena, sino sería el hazme reír de los demonios y ángeles.
Relajada entre sus brazos coloco suavemente su cabeza contra su pecho, teniendo por primera vez luego de mucho tiempo, una sensación de paz. Skyler pensaba que esto era cómico, ella le había tenido miedo hasta hace unas horas atrás y ahora… el destructor parecía el padre que nunca tuvo o un hermano mayor – como Lucian –.
-No llores, haces demasiado drama mocosa – se quejo el moreno haciendo sonreír levemente a la pequeña rubia.
-Gracias – dijo en ella en un susurro.
No hizo falta que explicara las razones de su agradecimiento, porque él ya se hacia una idea. Le estaba agradeciendo que no la juzgara. Menuda pequeñaja. Skyler frunció el ceño, luego soltó un suspiro –. Sería bueno si no vieras mis ojos así no verías más del futuro. Ya mañana usara mis lentillas.
-¿Con ellas el método espejo se anula? – susurro en una incógnita. Aquel nombre se adecuaba a la perfección para el fenómeno que ocurría en los ojos de la humana.
-No dura mucho, las lentillas solo duran un mes, luego se arruinan y al final tengo que usar nuevas – murmuro la rubia – solo le quedan a estos una semana más – suspiro agotada.
Meil se hizo una idea de cómo funcionaban estos ojos y tal vez él pudiera ayudarla con su problema. Claro, primero debería de ir a ver a Angeline… pero no quería dejar sola a la mocosa, necesitaba saber más de ella, más de su información y sobre este "don" que poseía. No era solamente humana, de eso estaba completamente seguro. Skyler era algo más, su don se lo demostraba e incluso lo intuía por el hecho de que ya eran las tres de la mañana y esta niña aún seguía despierta. Normalmente los niños u adolescentes se desvelaban, pero esta niñita estaba perfectamente activa.
Por cierto… Ahora que lo recordaba ¿Dónde estaban Cristel y la doctorcita esa que los acompaño? ¿Cómo dejaron a una niña sola? Ya luego aclararían ese tema pero por ahora, Meil se encargaría de aprender más de esta niña inhumana, que tal vez… sorprendería al mismo mundo.
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Elizabeth soltó un jadeo de terror cuando lograron bajar los últimos escalones de la enorme escalera de caracol. ¿Qué era este lugar? ¿La mansión de los Addams (2)? Podría ser, no sería muy difícil pensar que esta casa era la misma de la de esa seria de televisión, claro, si le quitaban el hecho de que esta mansión la habitaban demonios y una especie de vampiro chiflado. Además estaba el hecho de que la casa era moderna y por ahora, no se había encontrado a ningún mayordomo llamado "Lurch (3)" o alguna bruja. La de cabello celeste susurro una oración, rogando que ningún demonio se les acercara hasta haber cumplido la misión por la cual se atrevieron a bajar al primer piso. Cocinar algo para alimentar el estomago vacio de Skyler y el de la doctora Nowak. Si, podría ser ilógico, pero ahora mismo la pobre mujer estaba terriblemente hambrienta, y con unas inmensas ganas de hincarle el diente a un delicioso filete. Puede que todo esto fuera una locura, pero Beth aún era humana, y el hambre era algo necesario. ¿Un humano sin alimentos? ¡Una locura! Su estomago lanzo un leve rugido haciendo soltar una risilla a Cristel. Los ojos azules le lanzaron una mirada afilada logrando matar la risa femenina, la humana siguió caminando junto a la hibrida buscando la bendita cocina que no hallaban aún. Seria más sencillo si estos demonios de corto aprendizaje tuvieran la gracia de poner unos cuantos carteles con las indicaciones para hallar cada lugar en esta jungla. Otro rugido hizo suspirar a Elizabeth, a este paso, nunca comerían nada ni ella ni Sky. Tal vez seria mejor resignarse a hallar algo con que aliviar su hambre, y lo apropiado seria hacer algo más productivo; un buen ejemplo seria buscar a Angeline. Por lo poco sabido había sucedido una batalla entre el destructor, el ángel y el clan de demonios; en donde solo sucedieron cientos de desastres.
Interrumpiendo sus pensamientos escucho el gritito bajo de Cristel. No había sido de miedo, sino de triunfo para la alegría de la doctora. Un delicioso aroma a asado llego a su sentido olfativo haciéndole sonreír. Estaban casi cerca. Caminaron más aprisa, fijándose si alguien las seguía, más, con suerte el mundo entero estaba más concentrado arreglando los destrozos ocasionados que en cuidar de las "siervas" del destructor. Tremenda catástrofe hecha. Al fin estuvieron frente al cuarto de donde salía el delicioso aroma. Una puerta blanca algo abierta era de donde provenía algo de humo blanco, además de la conversación de unas personas. Beth intento comprender el idioma, lamentablemente no lo ubicaba. Su lenguaje era extraño, algo grave con acento en conjunto de palabras incomprensibles.
"¿Será alemán o ruso?" sugirió en su mente la de cabellos celestes.
Al dejar de escucharse la conversación, Cristel frunció el ceño e hizo una seña indicando a la humana que esperara un rato. Rodando los ojos Beth asintió. La rubia miro un momento a los lados, y luego con movimientos sigilosos ingreso a la habitación. Por un instante a Elizabeth le recordó un venado escabulléndose para no ser atrapado por sus depredadores. En verdad ahora la más joven de las Swan no parecía en lo más mínimo humana, ¿cómo no lo noto antes? El tiempo se hizo demasiado lento. La joven miraba preocupada la puerta temiendo la captura de la hibrida, hasta que finalmente Cristel salió con una pequeña sonrisa.
-No hay nadie, puedes entrar Beth – dijo la joven de brillantes ojos como la plata –. Preparare algo de comer.
-¡Espera! – exclamo la doctora frunciendo el ceño – ¿Dónde están los cocineros? Había gente hablando…
-Salieron por la puerta trasera – contesto encogiéndose de hombros la rubia –, algunas veces los demonios son incomprensibles dependiendo de su especie – llevando un dedo a su mentón se lo pensó unos segundos –. Tal vez eran… ¡Nah! olvídalo.
¿Olvidarlo? Era lo que menos podría hacer Elizabeth en estos momentos. Negando con la cabeza ingreso al enorme cuarto sorprendiéndose al ver su enormidad. La cocina tenia unas paredes de suave color gris, equipado con los últimos equipos culinarios que la hacían la habitación de ensueño de todo chef profesional. ¿Por qué la tenían tan grande…? ¡Bueno! Debía de recordar que este lugar era habitado principalmente por cientos de demonios que seguramente necesitaban alimentos. ¿Cuántos serian en total? ¿Cuarenta? ¿Tal vez más? Al pensar en una cifra más alta le atravesó un escalofrió de terror. Seria terrible que eso fuera cierto, especialmente cuando ella era una humana. Y… ya se había encontrado con un demonio desquiciado. Tembló al memorizar el beso ardiente que había recibido por parte de ese tío peligroso al que llamaban Harley, incluso para su propia vergüenza ella se había sentido… excitada por él.
¿Cómo había podido suceder eso? No es que ella considerara el sexo como un pecado o algo por estilo, solo que había un detallito un poquito vergonzoso para ella. Aunque ya tuviera veinticinco años, Elizabeth nunca había estado en intimidad con ningún hombre. ¡Eh! No era su culpa, solo que con el tema de sus padres nunca presto atención a mantener una relación con el sexo masculino. Además, ella nunca tuvo un novio, su primer beso había sido robado hace exactamente unos momentos atrás. ¡Su primer beso! Robado por un maldito demonio patán que la aterrorizo a muerte. ¿No era injusta la vida? Tanto tiempo guardando sus labios, esperando que un día su verdadero amor llegara y ahora… fue besada por una especie de demonio que era mitad vampiro. ¿Qué faltaba? ¿Qué perdiera su virginidad con el lobo? Mejor ni pensarlo, no fuera a que de verdad se hicieran realidad sus pensamientos. No, eso ni de chiste sucedería. Elizabeth no dejaría que nadie le arrebatara su pureza. Nadie, y eso incluía al robador de besos. Y otra vez estaba pensando en él. ¡Bendito fuera el motivo de no haber faltado al hospital hoy! Justamente ese día había estado tan cansada que estuvo a punto de faltar a su trabajo, si no fuera porque le habían llamado recordándole la cita con uno de sus pacientes, junto la de Skyler. Lastima… ya estaba bien metida en un lio y todo por cumplir con su obligación de doctora.
Suspiro. Los ojos de hermoso color zafiro observaron los movimientos que realizaba la rubia, algunos cogiendo ingredientes para luego mezclarlos. ¿Qué estaría cocinando? La verdad es que Beth no tenía ni un poquito de hambre, todo lo contrario, tenia unas ganas inmensas de vomitar. Seria mejor largarse de ahí pero ya.
-Cris, iré a la habitación con Skyler – la rubia parpadeo al oírla –. No tengo hambre y no es bueno que la dejemos sola mucho tiempo, puede que esa demonio Celine…
-Celia – comento Cristel con burla. La doctora se sonrojo, ni siquiera se acordaba bien de su nombre, solo supo que la mujer esa de cabellos azules los estuvo vigilando en silencio.
Gruño con fastidio –. Como se llame, el punto es que no me fio que se haya ido así como así, es mejor si regreso y me quedo con Sky un rato hasta que lleves la comida. ¿Puedo irme?
Cristel dudo un poco hasta que finalmente suspiro asintiendo. Seria mejor si su amiga se fuera de una vez y ya luego la rubia iría llevando la comida, además era preocupante dejar por mucho tiempo sola a Sky. ¿Qué daño podría hacer dejar a Beth ir sola hasta la alcoba donde se hospedaban? Nada. Estaba prácticamente segura que nada malo ocurrirá, al menos eso pensó la joven Swan. Brindando una cálida sonrisa asintió dándole permiso a la mujer de irse. Con tremendo alivio la peliazul se dio vuelta y salió de la habitación dejándola sola. Bueno al menos podría cocinar en paz.
Ni siquiera presto atención cuando se oyó un leve grito femenino. Cristel estaba tan sumida en su acción, que se olvido de los peligros de la mansión, incluso los que una humana como Elizabeth podría ser victima.
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-No estas hablando enserio – comento con sorpresa la voz masculina.
El pelirrojo rodo los ojos al ver como uno de sus amigos – el único – estaba algo sorprendido por su orden dictada hace exactamente cinco segundos. ¿Tan difícil era lo que estaba pidiendo? ¡Por favor! Ni que le estuviera pidiendo algo imposible, como por ejemplo devolver a un ángel desterrado al cielo, solo le estaba pidiendo un sencillo asunto. Uriel no confiaba en nadie, podía ser que los siete arcángeles se consideraran "hermanos", sin embargo, muy en el fondo no confiaban entre si. Había algo que en su especie se había expandido como una plaga, un sentimiento que escondían por vergüenza propia, y eso era la envidia. Cada uno quería poder, deseaba poder resaltar ante los ojos de Light y ante los ojos del mismísimo señor. No, no esperaban ser Dioses, eso nunca pasaría, sin embargo anhelaban ser más que los jóvenes arcángeles que ahora eran. Ellos deseaban ser ángeles completos o como muchos solían llamarlos, "Los dorados". Si, porque en cuanto fueran estos guerreros, sus enormes alas con destellos dorados, pasarían a ser alas completamente color oro, y creadas de aquel precioso material. Otro detalle serian sus poderes, sus propios dones angelicales aumentarían hasta el grado de ser imposibles de derrotar – si estos servían para la lucha –. ¿No era algo espectacular? Si, lo era, aunque para aquello debías pasar por misiones y más problemas… hasta la propuesta que sugirió Light.
Ezequiel tenía unos largos cabellos castaños, acompañados de unos brillantes ojos oscuros, casi de un tono castaño también. Su piel era bronceada, acorde con sus ojos, mientras su belleza era la misma que la cualquier otro ser angelical, sorprendente e imposible de creer realidad. Él le miro con desaprobación, diciéndole en silencio que no estaba de acuerdo con todo esto. Alto como él, Ezequiel era un arcángel también, no tan reconocido como los siete próximos a tener alas doradas porque el joven prefería no ser tan cercano a las "guerras". Era muy notoria parte de su vena pacifista, sin embargo, eso no quitaba en nada su alto grado de inteligencia. Puede ser que tuviera un corazón bondadoso, no obstante, eso no quitaba su fuerza y frialdad a la hora de matar durante las guerras, por algo era el líder de las hordas de ángeles ¿No? Era exactamente por eso que Uriel había venido aquí a pedirle que se uniera a él y derrotaran a los demonios que protegían a la mujer que debía eliminar. ¿No era sencillo? Lo era, salvo que actualmente su único amigo se negaba a darle esta ayuda. ¡Santo cielos! ¿Cómo podía convencer a Ezequiel para que cooperara? No lo haría por la fuerza bruta porque su amigo no se merecía eso, pero… esta orden debía ser acatada lo quisiera o no.
Se cruzo de brazos mirando con seriedad al castaño, quien arqueo una ceja al ver su posición dominante.
-Uriel – murmuro el castaño seriamente – ¿No entiendes que esto es peligroso? Aunque puedan entrar directamente a la cueva del lobo aún habría cientos de problemas – Ezequiel estaba considerando todas las probabilidades. Y los ángeles estaban en aprietos –. Esa casa esta infestada de demonios de todo tipo, vas a ciegas y no sabes lo que enfrentas. Habrán íncubos que puedan seducir a las guerreras, habrán súcubas que lo intentaran con ustedes, habrán bestias peligrosas como los cimices, e incluso existe la posibilidad de que estén vigilando cada rincón del lugar – miro exasperado al pelirrojo – ¿Cómo planean entrar? ¿Por la chimenea como el hombre de traje rojo? Esto no es un juego, puedo perder a cientos de guerreros por esta tontería tuya.
-No es una tontería – corrigió con fastidio el arcángel –. Estas siendo demasiado exagerado, tan solo vamos al encuentro con unos treinta o cuarenta demonios – su voz era calma y tranquila –. Nuestras guerras siempre han sido mucho peores que esto, en esta situación es como un pequeño juego. A lo máximo nos tardaremos unas horas en tener a la mujer, matarla y cumplir la misión.
Ezequiel negó con la cabeza. No seria tan fácil. Ese era territorio de los demonios, ellos lo conocían a la perfección, y estaba cien por ciento seguro que Astarot sabría sobre su intento de invasión. ¿A quien se le ocurrió semejante estupidez? Claro, fue idea de Uriel. Este arcángel en verdad no quería comprender al peligro en que se metían. El castaño también quería obtener sus alas doradas como cualquier todo… claro que no olvidaba su principal razón para no hacer caso a las órdenes de Light, y no participar en esta cacería. Ezequiel no quería matar a un inocente. ¿Inocente? Si, esa mujer era inocente, Light había dicho que era peligrosa y capaz de destruirlos… él no lo creía. En la foto que había visto observo a una mujer hermosa, delicada y con unos orbes llenos de profunda tristeza. ¿Por qué estaba tan triste? Esa siempre era la pregunta que rondaba la cabeza de Ezequiel, pero la ignoraba para no sentir más lastima por ella.
Respiro hondo y sonrió a su amigo. No le quedaba más que apoyarlo, aunque estaba muy seguro que esta elección seria un completo error. Sin embargo, Ezequiel esperaba obtener también sus alas doradas, y si el plan de Uriel lograba obtener resultados, ambos conseguirían los puestos de ángeles guerreros.
-Bien, tú ganas esta vez – finalizo el castaño rendido –Te brindare a mis mejores guerreros e incluso yo iré a apoyarte – Uriel sonrió de lado –. Pero… – ya se lo esperaba, nada era tan bonito –, sé consciente de que yo no estoy del todo de acuerdo con esta locura que planeas hacer.
-Tú nunca estas de acuerdo con mis planes – comento Uriel con sarcasmo – Creo que nunca lo haz estado en todas nuestras décadas de amistad.
Ezequiel sonrió de lado con burla, mostrando la juventud que aún portaba siendo uno de los pocos arcángeles jóvenes que estaban cerca de obtener sus alas de oro.
-Nunca estoy de acuerdo porque tus planes terminan perjudicando a alguien – Uriel le miro ofendido –, como por ejemplo yo.
-Menudo rencoroso que saliste – musito fastidiado el pelirrojo – Solo fue una vez, y mira que volví por ti, otro te hubiera dejado tirado para ser devorado por esa horda de demonios.
El castaño bufo.
-Regresaste por mí porque te molestaba la conciencia y porque el fondo me adoras – el pelirrojo se carcajeo al oír eso.
Ezequiel sonrió de lado cuando de repente su sonrisa se borro al recordar algo, provocando que la risa del otro arcángel murieran. ¿Qué pasaba? Vio dudar al joven, hasta que suspiro mirando las nubes a su alrededor. En estos momentos Uriel había vuelto al cielo para hablar con su amigo, y convencerlo de aceptar su idea, ayudándolo a invadir el fuerte del enemigo, lo cual acababa de conseguir. Como todo ángel estaba acostumbrado a habitar los cielos, viviendo específicamente en una nube que equivalía a una casa humana para los mortales. ¿Nube? Si, una nube, o bueno, eso era lo que parecía en su exterior, ya que por dentro tenia las comodidades de una casa – eso incluía cama, sillones, entre otros mueble –; además las ventajas de una nube recaían en la magia que se tenia dentro de ellas. Uno pedía lo que quería, y esta se lo cumplía, claro, si estaba entre sus posibilidades. Era bueno ser ángel, un ser puro y que debía aparentar no sentir nada… cuando la verdad era todo lo contrario. Respiro hondo, eliminando ese último pensamiento. Sus ojos verdes examinaron detenidamente el rostro de Ezequiel, investigando la razón de su fruncimiento de ceño, además de ese brillo preocupado que destilaban sus ojos oscuros.
Carraspeo audiblemente llamando la atención del castaño, quien le miro un poco sorprendido de su acción. Uriel suspiro.
-¿Qué sucede Erik? – cuando nadie los vigilaba, solían llamarse por sus nombres humanos – Tú nunca estas tan pensativo – comento curioso el pelirrojo. El castaño respiro hondo antes de negar con la cabeza.
-Solo pensaba eso es todo – dijo Ezequiel –. Por cierto… ¿Qué opinas de la mujer que debemos eliminar? ¿No sientes un poco de lastima por ella?
Uriel parpadeo al oír aquello. ¿Lastima? La verdad es que ni siquiera se había puesto a parar respecto a la vida de esa mujer a la cual debía de eliminar, tan solo había marcado como meta deshacerse de ella y luego cobrar su recompensa. Sinceramente, ni siquiera había visto la foto de la joven, debido a todo el alboroto que se armo. Lo único claro que tenia en mente, gracias a los comentarios de Raziel, era que la "mujer peligro" era bastante bonita y delicada, pareciendo frágil y no la amenaza que Light les había hablado. Concretamente estaba siendo un tonto en algún momento, porque… Si no sabía el aspecto de la mujer, ¿Cómo la hallaría? Una pregunta que era muy obvia, a este paso jamás sabría nada de ella, lo único que tendría como datos de la fugitiva serian que era una mujer, trabaja de pianista, componía, era hermosa y delicada. ¿Y eso lo llevaba a… un callejón sin salida? Muchas mujeres eran hermosas, muchas vivían en Italia y muchas eran pianistas, otro dato que sabia era que se llamaba Angeline. Si, estaba en serios problemas. Si quería hallarla, primero debería tener más referencias acerca de ella, como por ejemplo su aspecto. Tendría que verla antes de ir a la batalla, o en todo caso, cuando estuviera en el campo de batalla la conocería. Eso sonaba mucho mejor, conocer al enemigo en plena pelea… no era típico de él, pero, en esta ocasión haría una excepción.
Negó con la cabeza a Ezequiel.
-No siento lastima – contesto encogiéndose de hombros –Lo que nos dijo Light es que esta mujer es un peligro, por tanto, nuestro deber es eliminarla para no tener más problemas.
El castaño se veía dudoso –. Sé lo que dijo Light, pero… no lo sé Xavier, no creo que esta mujer sea tan mala como la hacen ver, incluso en su foto lo que yo veo es una muchacha sola y triste, no un arma de batalla.
-Eso es lo que aparenta – se quejo el pelirrojo serio –. Ya sabes como son ahora los seres malignos, toman la forma de criaturas inocentes, y luego intentan atacarte por la espalda cuando te distraes por creerlo "indefenso".
El de ojos castaños no dijo más. En definitiva con las palabras de Uriel, la duda se habría vuelto a sembrar en su cabeza, y no sabia a quien creer. Verdaderamente no creía que su señora les mintiera, no obstante, algo en su interior le decía que iban a cometer un grave error al matarla. ¿La conciencia tal vez? Lo más probable. Diciéndose que esto era por el bien de todos miro a su amigo cuando noto que este estaba sumido en sus propios pensamientos. Otra vez. Cada cierto tiempo, aunque Uriel no fuera consciente pero Ezequiel si, el pelirrojo quedaba atrapado en los recuerdos de su vida, entre ellos los de su hermana, sus padres y… la mujer a la cual no podía olvidar.
Ezequiel lo sabía, el pelirrojo pensaba en ella. Estaba recordando a esa mujer que robo su corazón hace unas tres décadas atrás, la chica que Uriel había anhelado como mujer y por la cual… había pecado. Nunca hablaban de este tema, porque cuando Ezequiel mencionaba a esa mujer, Uriel se ponía como una fiera a punto de matar a alguien. ¿Por qué aquel amor no había funcionado? El pelirrojo le dijo porque la joven solo quería tener una aventura, y de ahí, cada uno por su lado. Entonces, a sabiendas de ese detalle, ¿por qué su amigo acepto pasar una noche con ella? Por más que lo analizaba cientos de veces, no llegaba a ninguna parte. Decidió que seria mejor alejar a Uriel de este tema.
-Xavier – susurro el castaño un poco preocupado – ¿Todo bien?
Uriel le miro confundido, al entender su pregunta solo sonrió sin humor, confirmándole que la dueña de sus pensamientos había sido esa mujer.
-¿Pensabas en ella? – pregunto Ezequiel en voz baja – ¿En la mujer que… quisiste?
No recibió respuesta. Su amigo solo le miro unos instantes antes de darse media vuelta alejándose, y yendo de seguro a su nube para prepararse. Bueno, al menos no le asesto un puñetazo por recordarle a la chica, eso significaba que lo estaba superando.
-Reúne a las tropas – hablo desde lejos Uriel – Al mediodía será la invasión a la fortaleza de los demonios.
Y con eso, el pelirrojo desapareció.
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-¿Quién es Anya Holiest? – la pregunta floto en al aire.
Al escuchar aquel nombre, Angeline abrió los ojos de la sorpresa. La morena termino de guardar sus ropas en uno de los cajones – cosa que le desagrado ya que no quería quedarse –y replanteó la pregunta que le acababan de hacer. ¿Había dicho Anya? Volteándose en dirección a Evangelyne noto como esos hermosos ojos rosas que poseía, brillaban curiosos por saber acerca de esa persona a la que acababa de mencionar. La hibrida hubiera esperado cualquier pregunta, menos esa, debido a que la recibió con la guardia baja. ¿Anya? ¿Hablaban de la Anya que Angeline conocía? ¿La chica problemática y sarcástica? ¿La "dulce" mujer que nunca seguía las reglas? ¡Wow! En primera, ¿Cómo Evangelyne siquiera sabia su nombre? ¡Oh! Claro… la mujer era conocida por ser una cantante famosa, no debía de olvidarse ese detallito. Suspirando trato de ignorar la pregunta dada, pero al oír el carraspeo de la rubia supo que esta no dejaría el tema zanjado. No es que Evangelyne fuera molesta – tal vez un poco –, sin embargo, este tema era algo privado, debido a que Anya, al igual que Elizabeth, eran las dos únicas mujeres a las que guardaba estima.
¿Qué sucedería si este ángel al final la traicionaba y decidía eliminar a sus seres queridos? Frunció el ceño. No. Evangelyne no lo haría, la verdad no sabía porque pero confiaba en esa maldita ojirosa alada. La segunda pregunta del millón, ¿Por qué creía que Angeline conocía a la "princesa del sarcasmo"? la respuesta vino cuando An vio de soslayo como la rubia sostenía la foto que la morena tenía de Anya. Ahora todo encajaba. Estaba cien por ciento segura que Eva había leído lo que estaba escrito tras la foto, y se preguntaba quien demonios era Anya. Vale, tendría que decírselo, sin embargo no había mucho que contar, salvo que la cantante era una buena amiga de la hibrida y la conoció en uno de sus conciertos en Italia… y que tenía un secreto que pondría al mundo en el mismísimo Apocalipsis. La rubia le siguió mirando fijamente hasta que suspiro y alzo las manos al aire en signo de frustración, además de soltar un: "¡Vamos! Solo pregunto quien es, ni que me la fuera a comer", An se carcajeo al escucharla. Bien, le diría quien era la gran Anya – no todo, salvo unos detalles –, pero que luego no se arrepintiera al conocer más de ella.
Antes de empezar a contarle sobre la famosa Anya, Angeline tomo la chaqueta que dejo sobre su cama y se la puso para esconder sus glifos angelicales, si en caso por cualquier motivo aparecieran. Más vale ser prevenido siempre.
-Anya es una amiga que conocí aquí en Italia, su verdadero apellido es Gray – Eva parpadeo al oír eso –. Holiest es el que usa como artista – dijo An con una sonrisa pequeña mientras se acomodaba la chaqueta sobre el camisón que llevaba puesto –, es una cantante famosa que ha revolucionado la música a su estilo – frunció el ceño para después asentir –. Canta un poco de todo, desde rock hasta pop, incluso hasta jazz – la chica suspiro –. Un poco más de jazz pero bueno, le gustan diferentes ritmos – los ojos rosas le miraron sorprendidos –. Si, una humana normalita, eso es lo que es.
-¿Por qué dice entonces en la foto que es la princesa rebelde? – soltó Evangelyne y luego llevó sus manos a su boca cubriéndosela.
Sus mejillas se sonrojaron al darse cuenta que se acababa de delatar frente a la morena. La rubia no había querido mencionara nada acerca de su hallazgo, era obvio que An se enteraría pero no había querido que eso ocurriera aún. La morena soltó un gemido de frustración y procedió a hablar de la sencilla razón por la que apodaron de esa forma a Anya.
-Porque ella es una rebelde sin causa – comento en un suspiro Angeline antes que estallara en risas – Dios, esa mujer es todo un caso. Siempre se mete en líos, sea de cualquier clase, desde simples robos o hasta hacer enfadar a personas demasiado poderosas – la rubia le miró sin poder creérselo –. Tiene como segundo oficio ser una cazadora de tesoros, ya sabes… de esos que se meten en las tumbas para robar algo valioso y que luego las momias te intenten matar – rió un poco más –, claro que Anya primero mataría a la momia que permitir que le tocara un solo pelo de su cabello. Otro detallito es que es demasiado sarcástica, y siempre encuentra el momento para soltar alguna puya… si se parece algo a mí tal vez por eso nos llevamos tan bien – todo era la pura verdad. Anya era demasiado parecida a la misma An, y era por eso que se llevaban tan bien. Solo que la joven Gray era mucho más orgullosa y jodidamente testaruda –. Si… también es testaruda, orgullosa, retadora, seductora, malagradecida… y llega incluso a ser tramposa en demasiadas ocasiones.
-¿Segura que no hablas un poco de Meil? – pregunto Eva con un tic en la ceja.
-Créeme no hablo del destructor – confirmo An con un suspiro.
De cierta forma Meil le recordó mucho a su amiga, siendo de alguna forma parecidos. Obviamente Meil ganaba a la hora de decir orgullo y arrogancia, pero en lo otro se parecían un poco. ¿Cómo seria tener a los dos en la misma habitación? Con solo invocar esa imagen en su mente un escalofrió le recorrió la espalda.
Que Dios se apiadara de ellos si eso sucedía.
-Pues yo juraba que si no fuera Anya mujer me hubieras descrito a esa sabandija andante – se quejo Evangelyne con una mueca en los labios. Solo lo conocía un maldito día y ya se sabía su personalidad de memoria, ese hombre era sin duda lo peor que le podría haber pasado… ¡Esperen! No, lo peor que le ha pasado s haber conocido a ese demonio incubo-sombra de pacotilla. En su lista negra la encabezaba ese demonio, luego seguía ese hibrido malnacido –. Debe ser una mujer de temer, aunque en la foto parecía toda una princesa.
Rodando los ojos la morena negó con la cabeza –. Muchos han caído por creerla un ángel de la guarda, sin embargo, te lo aviso. Ese color de cabello no es el verdadero al igual que sus ojos – Eva le miró incrédula y con la boca abierta –, te dije que era una niña rebelde. Ahora, si no te importa Evangelyne… ¿puedes investigar donde están mis hermanas? – la preocupación se denoto – no sé si ya volvieron a mi casa, pero necesito saber que están bien. Axel me dijo que los ángeles regresarían por mí a nuestro hogar… sé que eres un ángel pero por favor – a la rubia se le partió el corazón al ver todo ese amor que la morena sentía por Cristel y Skyler –, no te pido mucho, solo verificar si están sanas y salvas. Si algo les pasara, no me lo perdonaría nunca en toda mi vida – el temor brillo en aquel par de orbes color plata que normalmente eran inexpresivos.
Con dulzura Evangelyne le tomo de las manos enviándole una ola de confianza para calmarla, ahora con el tema del bebé, lo que menos deseaba Eva era alterar a la hibrida en su estado. ¿Qué pasaba si por un disgusto perjudicaba el crecimiento de la criatura? No, eso jamás. Por eso Eva primero cuidaría de la salud de de ambos.
-Calma Angeline, tus hermanas están aquí con la doctora Nowak – los ojos como la plata se abrieron horrorizados –, no te preocupes. Nadie sabe que son parientes, solo el destructor dijo a los demonios que las tres eran sus siervas – no mencionarían la parte de "concubina" para Cristel. Evangelyne apostaría lo que fuera, a que si Angeline lo supiera castraría a Meil, y eso no sonaba tan mal. Respiro hondo para continuar –, ellas están protegidas por mí y esa sabandija de dos patas, y te prometo Angeline que cuidare de ellas y nada malo les sucederá. ¿Confías en mí? ¿Confías en el descarado ese de Meil?
-Si – no dudo en contestar tan rápido. Por alguna extraña razón confiaba plenamente en Evangelyne, como si supiera que ella nunca le traicionaría, mientras que su confianza en Meil era también muy grande. Joder… ¿desde cuando ella confiaba tanto en alguien? En verdad se estaba ablandando –, ¿Puedes traerlas aquí conmigo? Por favor, solo necesito verlas al menos un minuto – vio dudar a Eva – Evangelyne, te lo imploro, no me tardare demasiado ¿si? – la rubia bufo. Una brillante sonrisa surco sus hermosos labios rosados.
-¡Por supuesto que las veraz! – exclamo sonriente el ángel aliviándola –. Te las traeré de inmediato, tú solo espera aquí un momentito – pidió la rubia. Angeline asintió agradecida en su interior. La joven se dio vuelta dispuesta a irse cuando se detuvo y soltó una exclamación al ver la foto que aún llevaba en su mano. Rápidamente se la entrego a Angeline con una mirada de vergüenza, que se hizo notar más por sus mejillas sonrosadas –. Lamento si cogí algo tuyo… se cayó y… luego te explico voy por tus hermanas. No te muevas de aquí An ¿Lo prometes? –un bufido fue su respuesta, conformando a Eva por esta vez.
El ángel salió de la habitación sin que An pudiera decirla algo más, dejándola completamente sola y con una foto entre sus manos, bueno, al menos vería a sus hermanas pronto. Mascullando su pésima suerte camino hasta la cama de Axel, dejándose caer en el suave colchón mientras un suspiro surgía de sus labios. Estaba condenadamente cansada, hambrienta – cosa anormal, ya que al ser un hibrido no necesitaba alimentos para sobrevivir, aunque claro. Estaba embarazada actualmente – enojada, frustrada, con ganas de golpear a alguien partiéndole la mandíbula – en el mejor de los casos que fuera Axel su opción –, y endemoniadamente excitada. ¿Era un chiste? La respuesta era no. Angeline nunca había ansiado estar con un hombre, hasta que el descarado de Axel llego a su vida este fatídico día tan gris. Con su ardiente mirada, su excesiva posesividad y su sensual aspecto habían provocado que un sentimiento de anhelo surgiera en su interior. Claramente no era amor, primordialmente porque An no se iba a enamorar – amar era de ilusos –, además ni siquiera soportaba a los hombres. ¿Y Lucian? ¿Meil? Lucian era su hermano mayor, lo amaba debido a que prácticamente el asumió la responsabilidad de ser su padre en cuanto sus progenitores perecieron, uniéndolos a un alto grado que nadie llegaría a entender jamás. El destructor era otro caso, no lo conocía – lo había visto por cinco minutos y luego se alejo al saber que ella tendría un crió – por tanto no lo odiaba ni tampoco sentía afecto por él… aunque respeto podría contar como algo. Pero… su demonio rubio no contaba en aquella ecuación.
¡Un momento! ¿Había dicho su demonio rubio? ¡Alto ahí amiga! Axel no era "su" demonio, él era un maldito bastardo con el que se acostó, y del cual estaba gestando con menos de un día, así que no era nada suyo. ¿Correcto? Muy bien. Nada de pensar en él. Su cuerpo comenzó a arder, calentándose mientras sentía que algo florecía en su interior, un sentimiento de anhelo. Extraño. Se enderezo mejor en la cama tocándose la piel de su cuello, cuando alejo la mano susurrando una maldición. Su piel quemaba, estaba ardiendo como si tuviera fiebre, solo que no una de enfermedad. Esta calentura era de pura necesidad. ¡Joder! La piel le hormigueaba pidiendo caricias masculinas, necesitando con urgencia a un hombre, y la chaqueta de cuero solo empeoraba todo. Su feminidad le dolía por un hombre.
Y su lado súcubo surgió. Angeline sabía cuantos hombres estaban en este lugar, exactamente unos treinta o cuarenta, y la zorra de su demonio quería acostarse con alguien. ¡Por una mierda! Era por esto que se mantenía célibe, porque sino luego el sexo se volvía una adicción que era imposible parar. Gimió de frustración llevando sus manos a su rostro. ¡Mataría a Axel por esto! ¡Lo mataría con muchas ganas! Su pobre cuerpo ardió más haciéndola sollozar de necesidad y a la vez de furia. Estaba equivocada. Primero quería una buena batalla y luego una buena dosis de sexo. Si. Eso sonaba estupendo. Fundida en sus propios pensamientos no sintió como alguien merodeaba a su alrededor, ni siquiera se puso a pensar que la puerta había quedado abierta luego de que Evangelyne se fuera. Angeline solo estaba calmada, cuando de repente vio como un rayo de color castaño se lanzaba contra ella, haciéndole impactar contra la cama. Unas fuertes manos se cerraron entorno a su garganta con una fuerza tan grande deseando ahogarla. ¡Y un cuerno que eso sucedería! Con unas ganas de matar lo que sea que estuviera dispuesta a eliminarla, An elevo su rodilla asestando un fuerte rodillazo en el vientre de su rival. Un grito de dolor surgió, mientras que las manos soltaban su cuello dándole la oportunidad de dar un certero puñetazo en la quijada de su atacante lanzándola contra el suelo, quien resulto ser una fémina.
Tenía un delicado cabello de color castaño que caía bellamente hasta terminar en la parte superior de su espalda, algo alisado que le sentaba de forma maravillosa. Facciones detalladas y femeninas, tan hermosas que la mujer era digna de llamarse "demonio", ya que los glifos demoniacos se activaron al instante quemándole bajo la chaqueta que llevaba encima. Curvas preciosas, buen cuerpo, cintura estrecha… en dos palabras para definirla: mujer perfecta. Su piel era de un suave tono bronceado, resaltando sus precisos ojos de color marrón que en aquel momento echaban chispas de lo furiosos que estaban, mirando a la morena como dagas a punto de ser lanzadas a su objetivo. ¿Por qué demonios osaba mirarle así? Angeline no la conocía y ni siquiera le había hecho nada malo… aún, porque por ese intento de asesinato esta estúpida cabo su tumba. An era una guerrera, y mataría a esta mujerzuela.
La morena miro desde la cama a su agresora con una mueca de rabia. Tendría su dosis de pelea pronto, y esperaba que eso al menos mejorara su humor.
-¡¿POR QUÉ MIERDA INTENTASTE AHORCARME ESTÚPIDA?! – ladró enojada la morena apretando fuertemente sus puños. Dada su respuesta esta zorra estaría cuatro metros bajo tierra –, ¿Y QUIEN DEMONIOS ERES TÚ?
-¿QUIÉN SOY YO? ¡SOY NELLY! – ese nombre le sonaba, si su memoria no fallaba, Laura la menciono cuando conoció a Angeline – ¡LA MUJER DE AXEL! – ¿La mujer de Axel? ¡Que infiernos…! ¡Axel no tenía mujer! Por lo que sabía el infeliz no estaba emparejado, o sino no se hubiera revolcado con Angeline. Diferentes razones, principalmente porque su "amiguito" no hubiera servido de nada, un demonio emparejado solo podía mantener relaciones con su pareja, porque si lo intentaba con otra sería claramente impotente. Los ojos castaños brillaron amenazantes y Angeline bufó, claramente no sentía ni un poquito de temor, es más, sentía rabia porque esta farsante se nombrara como "la mujer" de Axel –. Ahora contesta tú – su tono mordaz hizo gruñir a la morena, pero la castaña no le dio importancia –, ¿Quién eres? ¿Por qué estas en la habitación de "mi" – resalto muy bien la palabra – hombre? ¡¿Y POR QUÉ HUELES A ÉL?! – grave error. Nadie, ¡Absolutamente nadie! Le hablaba de esa forma a Angeline y vivía para contarlo. ¿Quería saber que era de Axel? ¡Pues perfecto! Se lo diría de una buena vez con lujo de detalle.
-En primera me llamo Angeline – contesto la morena enojada –, segundo ¿por qué estoy aquí? Porque si no lo sabes damita – se burlo An haciendo que la mujer rugiera –, me acosté con Axel – la hembra demonio se tenso al escucharla –. Él me trajo aquí y si no estas enterada aún… estoy embarazada de él.
Al decir aquellas palabras la demonio se lanzo sobre ella iniciando una batalla que An estaba dispuesta a disfrutar.
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Gruño enojada teniendo unas enormes ganas de ahorcarlo. ¡¿Por qué tenía que molestarla a ella hoy?! Laura no estaba de los mejores humores aquel día por todo lo malo que estaba sucediendo, desde la súcuba embarazada de Axel hasta un hombre capaz de hacer explotar la mansión con solo enojarse (claramente se refería al destructor). Estaba preocupada, con la cabeza hecha un lío y con ansias de tirarse rendida a su cama para que este fatídico día terminara. ¿Y que recibía ahora como premio? Estar siendo seguida por Claude, quien sonriente solo tiraba de sus cabellos, jodiendola como si un niño pequeño se tratara. ¡Esto ya era el colmo! Quería golpear a alguien, y este idiota terminaría siendo su victima si volvía a tirar de uno de sus cabellos. Al parecer Claude entendió el rumbo de sus pensamientos, porque finalmente dejo de jugar con su cabello, pero, eso no le impidió continuar siguiéndola como si fuera lo más interesante del mundo.
¡Joder! ¡Ni que se fuera a Disneyland! Solo estaba yendo a la cocina, para llevarle algo de comida a la chica Angeline. No era habitual que un demonio comiera, porque no lo necesitaba, sin embargo, si lo hacia era por las apariencias o porque le daba la gana de hacerlo. ¿El caso de Angeline? Estaba embarazada de un día del líder de este lugar… Axel-Astarot. ¡En hora buena! Estaba feliz por su líder, después de todo, Axel siempre tuvo la ilusión de ser padre, pero con toda esa estupidez de "Un demonio no puede soñar con familia, porque bla bla bla…". ¡Puras tonterías! Si uno quería tener hijos, pues que los tuviera. ¿A quien le importaba el resto? El rubio merecía tener familia, merecía tener una compañera e hijos. Prácticamente ya tenia al hijo, la compañera… por lo visto no estaba muy emocionada con Axel. Ella se preguntaba que haría su amigo para cuidar de su niñato, cuando su mujer estaba disgustada con él, y de solo verlo ya quería matarlo. Laura suspiro, en definitiva esto era un problema de esos dos. ¿Qué había de ella? Ahora que veía lo que Axel tenía, se dio cuenta de que ella nunca se imagino como madre de familia. Era extraño, aunque la vedad. Ella nunca soñó la posibilidad de tener hijos o compañero en todos sus años de existencia. ¿Era algo malo? Por supuesto que no. Ella no presto atención a esos sueños, porque estuvo más concentrada en huir de la esclavitud a los que eran sometidos los miembros de su especie, que a formar un hogar. ¿Haría buen papel de madre? Tampoco lo sabía, ya que no tenía mucha paciencia y los niños no eran su mejor tema. Es más, cuando ella veía a algún niño humano o demonio, solía alejarse lo más rápido posible como si la peste tuvieran, principalmente porque no soportaba sus gritos y llantos que lo único que lograban era darle un dolor de cabeza.
No, en definitiva los niños eran un dolor de cabeza, y es por eso que ella pasaba de ellos. Al sentir otra vez el tirón de su cabello, no lo aguanto. Dándose vuelta, asesto un puñetazo en el pecho al pelirrojo, quien sonriente solo dijo un ¡AUCH! Antes de reír.
-¡Eso dolió! – se quejo fingidamente Claude con una sonrisilla que le saco de sus casillas –. Tienes unos golpes dolorosos Laura.
Ella gruño.
-¡Cierra la puta boca Claude! – estallo ella enojada – ¡No estoy para tus tonterías!
Él sonrió de lado, antes de que volviera a coger uno de sus mechones de tono miel y tirara levemente de el, esta vez hubo más seducción que otra cosa. Laura se mordió el labio inferior nerviosa. Odiaba que Claude hiciera eso. Detestaba que intentara seducirla para llevarla a la cama, y no es que no le gustara. Porque… ¡Vamos! Claude era sexy en todo sentido, sin embargo, ella no quería que luego las cosas quedaran mal entre los dos. Lo conocía desde joven, es más, él fue el que la ayudo a escapar de los infiernos. Era su primer amigo. Y no quería arruinar esa amistad por una buena noche de sexo. ¿Por qué él no lo entendía? Eso era por lo que estaba enojada últimamente, porque Claude había insinuado algo sobre los dos. ¡Porque no respetaba su amistad!
Ella se alejo de él con una mueca en el rostro. Claude le miro entre enojado y burlón, al parecer su movimiento no le gusto para nada, y a ella le daba igual.
-No vuelvas a hacer eso – gruño dándose vuelta. Se suponía que debía de ir a la cocina por alimentos para Angeline – Déjame en paz, debo ir por comida para Angeline.
-Y también para ayudarme a curar – murmuro una voz femenina que los sorprendió.
Laura giro rápidamente en dirección a donde vino aquella vocecilla, encontrándose con nada más y nada menos que con Yasmin. Sus ojos rojos se abrieron de golpe al verla, se suponía que ella no debía de estar aquí, aquella demonio debería de estar en los infiernos porque… bueno, Yas odiaba el mundo humano. La pelimiel sonrió divertida, cuando de repente noto a que se había referido la de ojos verdes con la palabra "curar". La castaña estaba sangrando de una seria herida en el brazo, manchando de paso la blanca alfombra con sangre roja.
Claude silbo a su lado mirando el desastre que ahora era esa alfombra.
-Austin estará enojado al ver la alfombra ensangrentada – musito divertido – Apuesto lo que sea a que se niega a hacer la colada.
Laura no pudo evitar soltar una carcajada. Era claro que el demonio sombra estallaría en maldiciones contra Yasmin, porque de alguna forma había tenido razón. Siempre lo usaban de sirvienta en casos de quehaceres domésticos.
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-¡ELENA!
Aquel grito la saco de su trance haciéndole caer de bruces al suelo, debido a que se quedo dormitando en una mala posición en su silla. Cuando había llegado a su hogar, lo primero que hizo fue revisar unos informes para la junta que tenia mañana, y cuando se dio cuenta que necesitaba dormitar decidió hacerlo en la silla… hasta que la interrumpieron. Sus ojos de hermoso color dorado se abrieron de golpe furibundos para ver quien era el intruso que había osado despertarla de tal modo – gritándole y haciendo que cayera al suelo –, pero al final ella se termino llevando la sorpresa. Quedo paralizada al ver frente a ella a dos ángeles que le miraban curiosas al verla tirada en el piso.
La primera era una joven de largos cabellos negros lacios, que llegaban hasta su cintura, cayendo sobre sus hombros con delicadeza y oscureciendo en parte su aspecto. Su piel era nívea, haciendo resaltar sus enormes y preciosos ojos de color café claro. Su rostro era como el de todo ser angelical, hermoso y delicado, digno de la gracia divina y ser creado por el Dios de Dioses.
Mientras, la otra joven tenia un largo cabello laceo y de corte recto, que le llegaba hasta la cintura, siendo de un color café claro casi como el color del ébano. Su flequillo era un poco desordenado y que le caía en puntas hacia sus brillantes ojos de color azules, los cuales, eran un poco cubiertos por los mechones de cabello. Bastante baja, algo extremadamente raro en ángeles, pero con una belleza que opacaba a cualquiera. Las dos eran un contraste, pero, igualmente usaban las túnicas sagradas de los cielos, y la más bajita, mostraba como símbolo de la raza angelical, sus enormes alas emplumadas de color blanco. Eran nada más y nada menos que las ángeles que ella buscaba. Alexya y Lía.
Aunque… ¿No pudieron esperar a que Elena despertara de su lapsus de inconsciencia? Al parecer no.
-Gusto en conocerlas – murmuro Elena desde el suelo con una mueca de enfado.
La más bajas de las dos, la cual respondía al nombre de Lía, se sonrojo avergonzada al entender que con sus gritos hicieron que la pobre castaña cayera al suelo del susto.
-¡Dios! Permíteme ayudarte – dijo rápidamente la de ojos azules agachándose a la altura de Elena y ayudándola a levantarse – Lo siento mucho, no queríamos asustarte.
Elena negó con la cabeza.
-No hay problema con eso, de todas formas debía levantarme en algún momento – La verdad ella esperaba haber podido descansar un poco más de una dos horas (cosa que no consiguió por la interrupción), pero bueno, algo era algo. Lanzo una mirada a Alexya, quien solo la miraba desde donde estaba parada. ¿Ni siquiera se disculparía? Que modales.
-¿Por qué nos buscas con tanto afán? – pregunto de repente la pelinegra con una nota de enfado en la voz – ¿Qué necesitas de nosotras?
"Más de lo que crees" pensó la castaña mordiéndose la lengua. Estaba cien por ciento segura que en cuanto hablara sobre Angeline… querrían matarla.
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-¡Pero si serás idiota! – estallo Evangelyne enojada antes que lanzara contra Meil, el florero que estaba sobre la mesita de un lado. El moreno esquivo rápidamente haciendo gritar de pura rabia a la rubia. ¡¿Cómo era posible que este idiota fuera tan… idiota?! A un lado la joven Skyler miraba aterrada al ángel, ya que esta estaba tan enojada que era capaz de destruir la habitación de la rabia que destilaba –. ¡¿Cómo se te ocurre intentar matar a Skyler?! – el hibrido le miro echando chispas.
-¡No intente matarla bruja cegatona! – reprocho el moreno – ¡Ella se corto accidentalmente!
-¡Con tu espada bastardo! – recalco la rubia furibunda.
Meil estaba enojado, otra vez la estúpida angelucha lo estaba poniendo como el asesino en serie que mataba a todo lo que se movía –solo mataba demonios y ángeles, no niños humanos – y esta vez no hizo nada. ¿Qué es lo que sucedió? La explicación iniciaba con Skyler preguntando acerca de los ángeles y los demonios, Meil entretenido con la curiosidad de ella empezó a relatarle sobre cada sub-especie de demonio existente, desde las bestias hasta los humanoides. Luego comenzaron los relatos de sus batallas al ver que la niña se emocionaba al mencionar la palabra "lucha". ¿Cómo negarle una buena historia a una mocosa que pedía oír más? No se pudo negar, es por eso que termino hablando de su espada de fuego – obsequiada por Dios – y de su muñequera potenciadora de movimientos – obsequio de Lucifer –, la niña emocionada pidió verlas. Obviamente Meil sabia que sus armas no provocarían daño alguna en Skyler, así que mostrárselas no mataría a nadie. Primero le mostro la muñequera, solo unos segundos donde la rubia la admiro diciendo que era algo precioso, y por último fue la espada de fuego. La niña se emociono al ver el fuego que surgía en cuanto Meil la empuñaba, así que pidió que le prestara un momentito el arma. ¿Qué daño podía hacer una niña empuñando una espada, que a los cinco segundos le pesaría tanto que la obligaría a soltarla? Nada, fue por eso que le dio el arma por unos momentos, debido a que luego debería de soltarla y eso estaba a punto de ocurrir… cuando la bruja llegó.
La mujer lanzo un grito de horror a los dos segundos que la niña empuñara la espada, y ante el susto del grito de esa mujer, la espada se deslizo de sus manos y sin querer, la niña se corto un poco la mano. ¿Qué fue lo que hizo la perra alada? ¡Le grito obscenidades además de lanzarle objetos a su alcance! ¡Esa mujer estaba loca de remate! ¿Es que no entendía palabras? Meil ya le había dicho veinte veces que él no le hizo nada a la niña de rubios cabellos, ¡Fue un accidente lo sucedido! Un A-C-C- I-D-E-N-T-E, algo que pudo suceder en cualquier momento. Devolviéndole los insultos, Meil se acerco hacia donde había quedado tirada su espada, y la recogió guardándola en su funda. Alejada de ambos, Skyler miraba preocupada a ambos inmortales cuando un presentimiento llego a su corazón. Algo malo le sucedía a uno de sus hermanos, y estaba casi segura que era Angeline. Quería hablar, pero… sentía un poco de pánico estar cerca de un ángel cabreado, sin embargo… el destructor no la había lastimado. ¡No le había hecho nada! Él solo le estaba narrando unas historias que le maravillaron, cuando llegaron al tema de sus armas sagradas. La rubia curiosa por la espada suplico un préstamo, el cual le fue concedido y accidentalmente se corto.
Cerrando fuertemente los ojos, tomo aire y levantándose se puso delante del ángel rubio quien le miro preocupada. Podría ser que aún fuera joven, pero Sky era lo suficientemente lista para saber lo que era peligroso o no.
-Meil no me lastimo – dijo con pura sinceridad en su fina voz –Él solo me presto un momentito su espada porque yo se lo pedí – los orbes de intenso color rosa se abrieron de par en par al oírla –, así que la única culpable de todo soy yo. Lo siento no quise causar problemas, yo solo – sus ojos se cristalizaron – quise saber que era sostener la espada, An siempre me deja pero solo bajo su supervisión – al ver como la mirada rosa se suavizaba, la chica hablo con más rapidez –. Juró que no es la culpa de Meil, de verdad… no te molestes con él… odio las peleas, en casa nunca las hay – la tristeza le invadió. Estar un día separada de An, Cris y Lu era un infierno. Quería verlos ya, no le gustaba estar rodeado de extraños.
-Sky – susurro Eva con ternura. Era cierto, en casa de la niña jamás había discusiones, principalmente por su bien. Había sido muy tonta al olvidar aquello, a pesar de que la escoria de Meil la hiciera enojar, no sería bueno discutir con él delante de la niña –. Lamento haber sido desconsiderada – se acerco más a la niña, levantando su mano acaricio con ternura los cabellos rubios de la jovencita. Una pena que el bastardo de su padre le hubiera aniquilado tan bonito cabello –. Prometo que no peleare con esta sabandija delante de ti.
El moreno abrió los ojos de par en par ante la palabra "sabandija". ¡Esto era el colmo de los colmos! ¡¿Por qué seguía llamándolo de esa forma?! Era una ofensa a su nombre, y no se quedaría callado esta vez.
-¡Joder! – Meil gruño enojado – ¡DEJA DE DECIRME SABANDIJA! ¡SERÉ TU REY ESTÚPIDA! – la rubia le miro feo – ¡Respétame! – la risilla de Skyler le hizo sonreír internamente, mocosa endemoniada. De alguna forma tenía un don de hacerlo divertir con sus acciones, parecía como si fuera su hermana en vez de la de Angeline… ¡Mierda! ¡Angeline! Por poco y se le pasa ese detalle –, bruja ¿Dónde esta Angeline? ¿Sigue en su cuarto?
-¿Dónde están Cristel y la doctora Nowak? – pregunto la ojirosa ignorando la incógnita del hibrido.
Los ojos marrones se cerraron furibundos. Menuda zorra que era la bruja, ojala que un día una de sus alas se rompiera. Skyler sonrió un poco, lista para contarle a donde se habían ido tanto su hermana como la doctora.
-Ambas fueron a buscar algo de comida para mí – las mejillas sonrojadas de Skyler le dijeron todo. Una humana necesitaba comer, era obvio –. Se fueron hace una hora, pero como este lugar es muy grande… creo que se perdieron –lo más lógico. Evangelyne sonrió acariciando los cabellos de la jovencita, pareciendo una hermana mayor –. Ángel… ¿puedo ver a mi hermana? – la preocupación era muy notaria en la voz de la niña desconcertando a la rubia, mientras que Meil se puso alerta al oír aquello.
-¿Sucede algo malo? – pregunto Evangelyne preocupada.
-Tengo un mal presentimiento, y creo que mi hermana esta en problemas – comento la niña sobándose un poco su pecho, justo en el corazón. Miro suplicante a la ojirosa –, ¿Me llevarías junto a ella?
La rubia no dijo nada, solo asintió. La pequeña le agradeció en su mirar dorado, mostrando que ya se había puesto las lentillas. Eva sabía el don que poseía Skyler, y presentía que algo no andaba bien con ella. Esta niña no era normal, era algo más, pero no acababa de comprender que era. Claro que se había fijado en unas extrañas coincidencias, como por ejemplo, la cabellera de la niña era del mismo tono que la de Cristel, ¿no era un poco extraño? Si, sin embargo, decidió dejar el hecho como una coincidencia, podría ser que los cabellos de tono miel fueran muy comunes, un ejemplo era esa demonio de nombre Laura. Segundo detalle, sus ojos. El color tan claro como era sensible a la luz igual que los de Lucian, quien llevaba siempre lentillas de color chocolate porque sus orbes sufrían ante la luz solar con un solo avistamiento. ¿Otra coincidencia? Demasiadas. Y por último estaba su excesiva inteligencia junto con esa belleza sobre natural que presentaba, y los presentimientos que tenía. ¿Más coincidencias? No. Algo extraño sucedía con Skyler, y Evangelyne lo descubriría.
Dirigiéndose hacia la puerta, dejo salir primero a la adolescente, cuando a su lado paso el destructor susurrando un: "No es una niña normal, es algo más". El asentimiento de ella le contesto todo. Los tres juntos fueron en silencio rumbo a la recamara de la morena, y a tres puertas de la de Angeline, oyeron los gritos femeninos, combinados de ruidos de batalla. ¡OH NO! El primero en salir disparado fue Meil, seguido de Eva y una rápida Skyler, estando en segundos delante de la puerta entre abierta. El moreno la abrió de par en par ingresando rápidamente junto a las dos féminas cuando se quedaron congelados al ver lo que estaba sucediendo en el suelo de habitación.
Ahí, tiradas se encontraban tanto An como otra hembra en plena pelea de cuerpo a cuerpo, y la que iba ganando… era la morena. Angeline lanzo un certero puñetazo que impacto contra la mandíbula de la fémina, cuando esta de un rápido movimiento lanzo una patada, que la morena pudo esquivar saltando hacia atrás. La castaña al verse liberada se lanzo otra vez contra An, quien seguía esquivando los golpes que intentaban dar con ella, hasta que estirando su pierna, le puso una zancadilla a la mujer haciéndola tropezar. Aprovechándose de la caída, la hibrida sonrió victoriosa, lastima que no durara mucho, debido al jalón de tobillo que le dio la ojicastaña. Un duro golpe fue el impacto que tuvo Angeline, cayendo de espalda para evitar un golpe en su vientre – debido a su embarazo de un día – y gracias a esto, Nelly se situó sobre ella lista para seguir con los golpes hacia la morena, quien solo gruño enojada. El puño que formo la castaña con su mano estuvo dispuesto a impactar contra su rostro, pero nunca ocurrió aquello gracias a que la morena libero su brazo y atrapo con la palma de su mano derecha el puño de su agresora, deteniendo el ataque. ¡Jesucristo! Eva miro la maniobra que realizo An para escapar de las garras de la demonio, no sin recibir un buen golpe en la mejilla. El ángel estaba horrorizado, ¿Por qué Angeline estaba peleando cuando se encontraba en cinta? ¡¿Es qué enloqueció?! Una patada fue bloqueada por la morena, quien cogiendo del tobillo a la castaña, tiro de ella lanzándola fuertemente al suelo, dándole luego un certero golpe en las costillas. De cierto modo la hibrida estaba luchando muy bien la batalla, pero eso no apartaba el hecho que en su condición no debía ni siquiera de hacer esto. ¡¿En que cabeza cabe pelear estando embarazada?! ¡Solo en la de Angeline! ¿Y porque Meil no la detenía? Se dio vuelta para encontrarse con la mirada triunfal del moreno, quien miraba la escena con orgullo, como si Angeline fuera su aprendiz y estuviera demostrando todo lo que él le enseño.
¡Animal! ¡Tanto esta sabandija como el demonio-incubo eran dos infelices malnacidos! La joven rubia iba a gritar que se detuvieran cuando Meil se le adelanto. Ella rogo porque fuera inteligentemente una palabra que le recordara a An su embarazo… solo que fue todo lo contrario.
-¡Vamos Angeline! ¡Demuestra que eres mejor luchadora que ese engendro! – exclamo Meil mirando cada movimiento que ambas mujeres realizaban en su lucha. Un golpe impacto con el hombro de la morena, haciéndola gruñir de dolor y molestia, de inmediato el moreno gruño –. ¡No te distraigas! ¡A tu derecha, va a patear! – la hibrida esquivo la patada e hizo un movimiento con su mano diciéndole que no se metiera en su lucha. El joven bufo –. Deberías estar más atenta a la batalla, un poco más y seguro que te daba – la morena le fulmino con la mirada esquivo a la agresora, quien intento asestarle otro golpe, fallando en el proceso.
-¡Estoy atenta! – gruño Angeline cogiendo del brazo a la castaña y retorciéndoselo –. Ahora destructor… ¡DEJA DE METERTE!
El moreno soltó una carcajada, esa mujer si que tenía carácter para sus batallas. Sintió una mirada afilada sobre él, curioso se dio vuelta encontrándose con los orbes rosas que le miraban feo.
-¿Qué? – pregunto.
-¡Idiota! ¡Páralas! – dijo enojada la rubia – ¡Angeline esta embarazada! ¡Puede perder al bebé!
Meil bufo. ¿Qué le pasaba a la bruja oxigenada? Angeline no era débil. La hibrida era más fuerte de lo que parecía, y viéndola luchar le hacia pensar que esto era solo un juego para ella. No necesitaba separarlas, Angeline estaría bien al igual que el niñato. Después de todo era una hibrida, una raza superior que un día gobernaría sobre las tres castas, con el como rey por supuesto. Estuvo a punto de decírselo cuando una vocecilla le gano.
-¡Tu puedes An! ¡No te dejes vencer por esa zorra! – Eva abrió los ojos incrédula al escuchar esas palabras. ¿Skyler había dicho…? ¿Zorra? ¡Santo Dios! Esa sabandija era la peor influencia para todo niño existente. ¡Solo estuvo con ella máximo una hora y ya la había contaminado! Seguro este tonto como padre no ganaría ni un nobel.
-¡Mira lo que provocas estúpido! – exclamo Evangelyne enojada. Meil le miró feo al oír su ofensa a su persona –. ¡Por tu culpa la niña ya habla groserías!
-¡Oye yo no le enseñe nada! Además no te hagas la puritana – la rubia le miro ofendida – tú hablas muchas más groserías en tres minutos de lo que yo y Skyler lo hacemos en una hora.
Con su frase el ángel estaba dispuesta a matarlo. Y Eva quería hacerlo, solo que un grito de Skyler la detuvo. Ambos inmortales giraron en dirección a la pelea que se deba y en la cual Angeline había estado ganando… hasta hace dos minutos. Ahora, la morena estaba quieta en el suelo, sin mover ni siquiera un musculo mientras que la demonio sonreía triunfante sentada a horcajadas sobre ella, ¿Por qué An no se movía? Estaba tan quieta que parecía una estatua. Meil miro fijamente a la contrincante quien alzaba un puño, mirando con victoria y malicia a la hibrida. Lo capto entonces, con solo mirar esos ojos entendió porque Angeline había dejado de moverse. La tramposa demonio estaba usando su habilidad sobre An, seguro siendo su don el de paralizar a las personas momentáneamente para eliminarlas, y eso se distinguía por el brillo psíquico que obtuvieron aquellos orbes de intenso color castaño. ¿Así que la zorra también era tramposa? ¡Já! Usar los dones en una batalla cuerpo a cuerpo era bajo, incluso Meil nunca usaba los suyos, a menos que estuviera luchando para destruir a ejércitos de demonios o ángeles – casi nunca lo hacia, prefería usar su propia fuerza –. Al escuchar el duro golpe del puño impactante contra la mandíbula de la morena, el hibrido gruño. Rápidamente estuvo en un segundo detrás de la castaña, y cogiéndola de la cintura la aparto con un simple movimiento de Angeline.
Al instante la parálisis desapareció, logrando que la joven de cabellos negros pudiera levantarse rabiosa, y mandando una mirada fulminante a Meil. ¿Por qué le miraba así? La había salvado de recibir una buena paliza. La castaña pataleo enojada por el fuerte agarre que Meil tenia sobre ella, así que enojado la soltó, haciéndola caer de bruces al suelo. Para evitar que hiciera alguna estupidez la cogió del brazo, evitando así que intentara otro movimiento contra la mujer gestante.
-¡¿POR QUÉ TE METISTE?! – grito enojada Angeline al moreno. Este solo rodo los ojos, era molesto que todas las mujeres le gritaran como si tuviera la culpa de todo lo malo que les pasaba – ¡YO ESTABA HACIÉNDOLO BIEN SOLA!
-Esta mujer tenía su don paralizante sobre ti – comento Meil serio – un poquito de ayuda…
-¡MIS BATALLAS SON MIS BATALLAS! Ahora… – miro a la castaña que le devolvió la mirada encolerizada – ¡No vuelvas a intentar ahorcarme! – la sorpresa de aquello desencajo a Eva. ¿Esta demonio quiso matar a Angeline? ¡Zorra! – .Me importa muy poco si eres la concubina de Axel o lo que seas de él – la voz descendió más hasta escucharse como un siseo – para tu mala suerte tendrás que aguantarte que lleve a su hijo en mis entrañas, así que… ¡DEJA DE JODERME!
-¡Y un diablo que tendrás a ese niño! – la fémina intento liberarse del agarre de Meil, quien solo siguió sujetándola aburriéndose de tanto dramita, – ¡AXEL ES MÍO! ¡SOLO MÍO Y NO TENDRAS UN ENGENDRO DE ÉL! – ¿todo por Axel? ¡Diablos! Ese hombre debería aprender a tener menos amantes… y especialmente que no estuvieran tan locas –. ¡Te matare! ¡Pero antes ese niño debería morir! – correcto. Con el niño que no se metiera. Este embrión tenia sangre hibrida, y el moreno no permitiría que ocurriera alguna interrupción en su desarrollo. La demonio le miro enojada –. Y tú – Meil arqueo una ceja en su dirección – ¡QUITAME TUS SUCIAS MANOS! ¡ENGENDRO!
¡Oh! Esta mujer cabo su propia tumba, nadie nunca había osado llamarle engendro y vivía para contarlo. Dispuesto darle una paliza sin importarle que fuera mujer, apretó más fuerte su brazo haciéndola chillar. A un lado Angeline silbo negando con la cabeza, mientras Eva suspiraba rodando los ojos, que estúpida mujer había sido esa. Puede que ambas conocieran a Meil hace poco – menos de un día – pero las dos sabían algo a ciencia cierta, y era fácil de darse cuenta por propia intuición. Ofender a Meil, era cavar tu tumba.
Nelly miro con rabia al que la sujetaba, detestando su toque, y especialmente queriendo matarlo por su excesiva fuerza. ¿Quién era este tipejo? Estuvo dispuesta a preguntárselo cuando el "demonio", porque sentía sus glifos arder, le sonrió de manera escalofriante.
-Mira demonio de cuarta – dijo Meil con una sonrisa tenebrosa que congela a la fémina –. Número uno, no soy un engendro – la mujer estaba dispuesta a replicar, mas, el fuerte agarre de Meil la obligo a guardar silencio por el dolor –. Número dos, no debiste decir nada sobre intentar matar a ese niño, porque te juro que si ese embrión muere por tu culpa – sus ojos marrones obtuvieron el brillo rojizo que hizo jadear a Nelly –, yo mismo te matare ¿Entendido? – la mujer apretó los dientes y asintió de mala gana –. En tercera, soy el destructor zorra – los ojos castaños se abrieron más cuando un grito de horror surgió de su boca haciéndolo sonreír malvadamente – me llaman Meil Mo, y tú quien quiera que seas pagaras caro su insulto.
"Mátala sabandija" pensó Evangelyne apretando los puños.
Si Meil no lo hacia, la que mataría a esa mujerzuela seria ella. Por el rabillo del ojo observo como Angeline apretaba los dientes enojada, de seguro porque había querido ser ella quien matara a esa castaña.¿No podrían hacerlo los tres como golpe de gracia? Sonaba tan bien esa idea, tanto así que no se resistió a pensar en los gritos de esta mujerzuela mientras moría desangrándose. ¿Quién dijo que Evangelyne no tenía un lado cruel también? Dispuesta a proponer tremendo plan, abrió la boca para decirlo, no obstante no llego a contar por la voz masculina que le gano.
-¡Joder! ¡Angeline! – el grito provino fuera del cuarto. No hizo falta hablar para saber quien era. Meil lo sabía y no pudo evitar susurrar una maldición al oír la voz del dueño de esta mansión de locos.
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Maldita fuera esa demonio de cuarta. ¡Malditos fueran todos esos demonios! La rubia llevo su mano a su sangrante hombro, del cual brotaba una considerable cantidad de líquido sanguinolento. Miro enfadada el suelo, notando como su azulina sangre creaba un charco en donde podía verse reflejada. Era un asco. Su cabello estaba desordenado, su cuerpo bañado en rasguños y cortes, y lo peor era esa estúpida herida que la marcaba como "herida en batalla". ¿Cómo demonios le pudo pasar esto? Ella siempre era tan cuidadosa, jamás dejando escapar a sus presas, hasta ahora que esta zorra huyó en cuanto tuvo oportunidad. Se vengaría por esto, y la haría sufrir por atreverse a dañarla como humillarla. La próxima vez que la viera le enseñaría quien era la única asesina. Si, eso haría.
Una mueca de dolor se formo en su rostro cuando sintió otra punzada ardiente de la herida en su hombro. Tendría que curarse pronto, antes que ese corte se infectara con el veneno del arma de esa mujerzuela.
-¿Alessandra?
Ella parpadeo varias veces, antes de girarse de elevar su vista al cielo y encontrarse con algo que la dejo sin palabras. Descendiendo con esa gracia característica de los ángeles, Raziel estuvo delante de ella mostrándole lo preocupado que estaba. Sus hermosos ojos azules le miraron pidiendo explicaciones en silencio, a lo que ella esquivo su mirar. Habían pasado al menos un siglo desde la última vez que lo vio, uno en donde ella decidió que era mejor alejarse de él junto con los demás ángeles, y eso incluía a su propio hermano. ¿Cómo estaría él? ¿Iría todo bien con su vida? ¿Habría conseguido ya sus alas doradas? Tenía tantas preguntas que se negó a realizar, porque cuando ella dejo la vida angelical, fue para siempre.
Las alas blancas con toques de oro de Raziel le cegaron un poco. Eso es lo que ella pudo tener y se negó por estar cansada de vivir con ellos. Ahora se quedaría con sus alas blancas por la eternidad.
-Yo debería irme – musito ella alejándose, cuando el ojiazul la tomo delicadamente de su mano sana –. Raziel, ya debo irme.
-Estas herida Alessandra – se quejo el castaño seriamente – Ven conmigo, yo te curare. Tú hermano querrá verte.
No, no se arriesgaría a que su hermano la viera, y luego quisiera que ella volviera con él a os cielos. Su renuncia había sido eterna, y no dejaría que nadie, ni siquiera Gabriel, cambiara su decisión.
-No, no dejare que mi hermano me vea, ahora déjame…
-Correcto, entonces solo te curare, no dejare que tu hermano te vea – comento el ojiazul con una leve sonrisa –. Lo que quieras, mientras no permanezcas herida.
Ella se sorprendió por sus palabras, debió negarse claramente a la petición de Raziel, pero, no lo hizo. Todo lo contrario, termino aceptando ser curada, cuando había la posibilidad de que su hermano la hallara. En definitiva acababa de perder la cordura, tal vez porque el veneno ya había ingresado a su sistema, o por alguna otra estúpida razón. De mala gana se dejo guiar por el arcángel, lista para recibir rápidos cuidados y luego esfumarse para nunca volver a ser vista por él. Al menos eso esperaba ella.
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Estaba metido en un buen problema. Se había equivocado verdaderamente, y lo que era peor, debía rendir cuentas a su señor. ¿Qué era lo que diría a Lucifer? ¿Qué había cometido un tremendo e imperdonable error al elegir el padre de su cordero? ¿Qué eligió a un ángel caído en lugar del primer hibrido creado? Lucifer lo mataría. No, primero lo torturaría por milenios hasta que un día se aburriera y lo matara de la peor forma. Estaba acabado, desde cualquier punto que lo viera. Al menos como justificación podría decir que de todas formas el niño tenia sangre hibrida.
No, igual etaria perdido.
-Lucifer me matara – comento Dark frustrado –. Si es que primero no me tortura por la eternidad.
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An sintió como su estomago se retorcía de hambre, pero aguanto la sensación para buscar con la mirada al dueño del grito de hace unos segundos. Ella sabia quien era, sin embargo su sorpresa era bastante notable. Hellboy. De inmediato Axel llego como alma que lleva al diablo, miro a todos y en cuanto vio a Angeline se dirigió hasta ella atrayéndola a sus brazos. Lo único que atino a hacer la morena fue abrir los ojos como platos al sentir su calidez, y la fuerza con la que la sostenía. Quiso resistirse, intentar alejarse del cuerpo masculino, sin embargo no pudo hacerlo. Algo se lo impedía, y ese algo era su comodidad. Su delicioso aroma le inundo haciéndola gemir internamente. En verdad Axel olía muy bien, tanto que la hacia marearse en su esencia varonil. ¿Cómo podía hacerle esto? Su propio cuerpo reacciono, apoyo la cabeza contra el pecho de él dejando que las manos del rubio acariciaran con delicadeza sus largos cabellos negros. Le gustaba. Él estaba haciendo magia al acariciar su cuero cabelludo, cuando sin querer un ronroneo salió de sus labios petrificándola. ¿Ella ronroneo? ¡¿Por qué diablos…?! Levanto la vista encontrándose con unos ojos castaños que brillaban burlones, triunfantes de haberla echo ronronear, además de que ahí se hallaba un brillo de… lujuria.
Dispuesta a separarse intento alejarse, cuando él la sujeto de la cintura antes de unir sus labios en un ardiente beso que la hizo gemir sin querer. Su demonio surgió, anhelando más del placer, anhelando seguir pecando hasta refundirse profundamente en él. Adicción. Palabra que se usaba para definir a un organismo que es dependiente de algo, Angeline nunca creyó que esa palabra estaría relacionada con ella, pero se equivoco. Ella era adicta a los besos de Axel, si, no negaría eso. Le gustaba sentir los labios de él sobre ella, devorándola como un depredador haría con su presa.
La húmeda lengua ingreso a su cavidad, obteniendo como premio el gemido por parte de ella mientras sus manos se entrelazaban en el cuello de él. Necesitaba más, parecía que con tenerlo abrazado a ella no fuera suficiente. No, quería tenerlo mucho más cerca aunque eso no fuera posible. Una sensación extraña le calo en su interior, una fiera posesión que aumentaba cuanto más apasionado se volvía ese beso dado frente a todos… un momento… ¡No! Abriendo los ojos horrorizada se separo a duras penas del demonio para observar con terror como no solo Meil, Evangelyne, Skyler y la agresora los habían estado viendo… sino también ese demonio-sombra y otros dos que les miraban sorprendidos. Enojada dirigió su encolerizada mirada al rubio, quien le sonrió arrogantemente. Había caído otra vez en su juego. ¡Bastardo infeliz que era Hellboy! Deseaba matarlo por volver a hacer que ella lo besara en publico, ¿es que le gustaba tener espectadores en sus momentos íntimos? ¿Cuál era su fetiche? ¿Acostarse con mujeres delante del mundo entero?
Ella le fulmino con la mirada.
-Eres un infeliz Hellboy – susurro ella entrecerrando los ojos. La sonrisa de Axel se ensancho más antes que soltara una carcajada –. Veo que te encanta besarme en frente de todo el mundo, primero con esa súcuba y ahora frente a tu ejército, un ángel, el destructor y una niña inocente – le lanzo un golpe a su pecho, haciéndolo reír mucho más. ¿Qué? ¿Ahora era su burla? –. ¡Deja de reírte bastardo! ¡No es gracioso! – las carcajadas de los otros demonios la enojaron más. ¡Esto ya era el colmo! Estaba cansada de tanta estupidez – ¡DEJEN DE REÍRSE! – estallo furiosa, tras lo cual algunas risas se detuvieron. Miro furiosa al líder de todos estos malnacidos –. Te odio.
-Eso es excelente – comento con un encogimiento de hombros –, dicen que el odio es un sentimiento apasionado – sus ojos brillaron con burla haciéndola enfurecer –. Y por lo visto si tu odio es tan flamante con gusto seré el primero en tu lista de enemigos.
-¡No tendrás tanta suerte! – le devolvió ella apartándose de él. Los tres primeros puestos de su lista de personas más odiadas ya estaban ocupados por tres ángeles, dos a los que odiaba con fervor y el primero al que detestaba más que a cualquier cosa. Al verse librada del rubio, camino hasta situarse al lado de Evangelyne y Meil, Skyler se puso de inmediato a su lado haciéndola sentir sin querer más protegida. Necesitaba escudarse de este rubio de ojos como el chocolate, o sino terminaría sucumbiendo a sus pasiones –. Y si no te haz dado cuenta… esta zorra – señalo a Nelly quien le miro con ansias de matarla –, quiso matarme y de paso quiere matar a nuestro hijo – los demonios de inmediato le miraron incrédulos, en cambio Axel soltó un gruñido intimidando a la fémina. ¡Punto a favor de Hellboy! –. Dice que es tu compañera y que tú eres su macho, por tanto debo de desaparecer al igual que el bebé, ¿Algo que decir al respecto?
-Si – gruño el rubio. Sus ojos color castaño se tiñeron de un intenso color negro que asusto a Nelly, la mujer intento hablar, no obstante no le dejaron –. ¡Jude! ¡Llévatela y que no se vuelva a acercar aquí! – la castaña le miro dolida –. O juro que la mato.
-¡Axel! – intento hablar Nelly, más Jude entro a la habitación.
Miro al destructor, quien solo soltó a la mujer de mala gana. Meil había deseado poder matarla de una vez por todas, sin embargo, tampoco quería ensuciarse las manos matando a una mujer de tan baja clase. Que se las arreglaran los dueños de casa. De inmediato el de rastas cogió a la castaña sacándola de allí, no sin recibir rasguños y patadas por parte de la hembra, quien se negaba a dejar esta batalla de esta manera. Los demonios que habían sido espectadores les siguieron en silencio.
Angeline sonrió de lado, al menos ya se había cobrado el golpe que recibió por parte de la bruja, pero tampoco dejaría las cosas por la paz, ella no era tan pacifica. La próxima An ganaría la batalla, pero por ahora lo que quería era comer algo y tener una pelea con Hellboy, solo que la batallita no seria verbal, sino de pura pasión.
-Necesito hablar contigo – comento Angeline mirando ferozmente al rubio. Este sonrió al entender cual seria el tema de la "platica", pero antes deberían echar a los intrusos del lugar. An miro a Skyler, quien le dio un abrazo. Había extrañado a la pequeña, no obstante, su instinto súcubo estaba al borde de hacerla enloquecer y necesitaba algo que este demonio era el único que podía proporcionárselo –. Sky, necesito que vayas un rato con Meil – este le miro sorprendido al oír la mención de su nombre – él te tratara bien, te lo prometo.
-No me iré de aquí – se quejo el moreno frunciendo el ceño – vine para hablar contigo de algo importante, y no me iré hasta que no lo hagamos – su tono era claramente de orden.
La joven suspiro, seria más difícil de lo pensado.
-Meil, juro que hablare contigo más tarde – prometió ella – pero ahora necesito hablar con Axel un rato. No me tardare demasiado, y si te pido que cuides de Skyler es porque confió en ti – el gruñido del rubio le confirmo que no le gustaba para nada esa confianza, y a ella le valía poco su opinión –. Por favor, hazme este favorcito – su suplica hizo gruñir una maldición al moreno quien acepto de mala gana.
Cogió a la niña del brazo con delicadeza y se fue susurrando maldiciones. Tampoco es que la idea de cuidar de Sky molestara a al ojimarrón, la verdad es que estaba muy interesado en aprender más de ella para descubrir que otros secretitos ocultaba la niña, aunque también estaba el detalle de Angeline y su hijo. Joder… lo hablarían más tarde, mientras intentaría hallar respuestas con respecto a la niña. Sin embargo, la conversación que tendría con la hibrida seria bastante larga, especialmente respecto al detallito de querer matar al embrión. La morena al ver salir a Meil, miro a Evangelyne. Esta se irguió indicando que no se marcharía, tras lo cual la hibrida suspiro
-Eva, necesito estar a solas con él un rato, nada malo me pasara – sentencio An.
-No pienso dejarte – la respuesta de la rubia era clara.
Sus ojos rosas miraron fijamente a Axel diciéndole que no la dejaría a solas con su protegida. ¿No lo haría? Entonces el ángel tendría que irse por las malas. El rubio miro a Austin quien estaba todavía en la habitación, apoyado en una pared hasta que vio la señal de su líder. Arqueo una ceja, tras lo cual Axel gruño señalando con su dedo a la rubia y diciendo en silencio: "Llévate ahora mismo a este ángel entrometido". Gimiendo de fastidio gruño una maldición contra el demonio de cabellos rubios. Ya sabia lo que el descarado le estaba pidiendo, y algún día lo mataría por esto, especialmente porque debía de llevarse a esa mujercita a un lugar sumamente sagrado para Austin… su habitación. Murmurando obscenidades sobre las mujeres tercas, se acerco hasta donde estaba la rubia, esta solo le lanzo una mirada de reto diciéndole en silencio que intentara llevársela a la fuerza de ahí. Cosa cierta, porque se la llevaría de esta habitación al estilo antiguo. Sin esperar una palabra del ángel, la cogió de la cintura con su brazo y la lanzo sobre su hombro como si de un saco de patatas se tratara usando poca delicadeza. El grito femenino no tardo en hacer acto de presencia junto con los golpes que ella le lanzo en combinación con la pataleta de niña pequeña. ¿Largo día? Si seria uno muy largo. Taladrando con su mirar a Axel, se teletransporto de ahí dejando a una Angeline sorprendida. ¿Todos estos demonios podían teletransportarse? Eso era algo inesperado, no era normal tener esa habilidad, sin embargo para estos tipos irse de un lugar a otro usando su habilidad psíquica era algo normal. ¿Normal? No, normal era usar un auto para transportarse a distintos sitios, en cambio, teletranportarse era algo… sobrenatural.
¡Jesús! ¿A dónde se habría llevado a Evangelyne? ¿A un calabozo? ¿A matarla tal vez? ¡Oh no! Aterrorizada de ser la culpable de la decapitación del ángel se dirigió corriendo hasta la puerta, la cual de inmediato se cerro fuertemente impidiéndole salir. Su rostro se contorsiono en una mueca de sorpresa, cuando la razón llego a su mente. ¿Cómo cerrar una puerta mágicamente? Para eso se necesitaban habilidades psíquicas, en otras palabras un demonio. Y… ¿Cuál era el único demonio en esta habitación? Axel. Él muy bastardo le había encerrado.
Giro sobre sus talones encolerizada y con la idea en mente de romperle la quijada, y en ese mismo momento, fue atrapada entre unos fuertes brazos. Puto demonio. Sus pies ya no pisaban el frio suelo, ahora ella estaba siendo cargada como una pequeña princesa de cuento lo estaría siendo por su príncipe azul. ¿Príncipe? ¡Já! ¿En que maldito cuento el príncipe azul era un demonio e iba vestido como un típico mujeriego? Seria gracioso pensar que ella era la bella Aurora (4) y Hellboy el príncipe que ha venido a rescatarla de sus males. Una risa ahogada quedo atorada en su garganta en cuanto sintió la blandura del colchón contra su espalda. Sobre sentándose miro como el rubio comenzaba a desabrochar la camisa que traía puesta, mientras los ojos color plata seguían sus movimientos con fijeza. ¿De verdad haría la misma estupidez de la tarde de ese día? ¿Tarde de ese día? Vio por la ventana la leve capa nocturna, las estrellas estaba escondiéndose ya, ¿Qué hora seria? Anonada noto recién un reloj en la pared, ¿Cuándo…? Sus ojos fijaron la hora abriéndose sorprendidos. Tres y treinta de la madrugada. ¿Tanto tiempo había pasado? Ella si mal no recordaba, tenia la idea de que había llegado a esta casa más o menos la las nueve de la noche … ¿Habían pasado cinco horas y medias? Increíble. En ese pequeño tiempo habían pasado centenares de sucesos que jamás habrían ocurrido tan rápido en su maldita vida.
Un ronroneo le desconecto del tiempo. Volviendo la vista en dirección al demonio se llevo la sorpresa de su vida al verlo completamente desnudo. Un jadeo de incredulidad surgió seguido por la de… maravilla. Hellboy tenía cientos de tatuajes, desde su brazo izquierdo hasta el pecho y la espalda, delineado con cientos de símbolos en una lengua tan antigua como el latín, pero lo que sin duda destacaba más era ese único glifo de extraña forma que estaba ubicada en su hombro derecho, parecía una especie de letra entrecruzada. ¿Por qué era tan raro verlo ahí? Se debía a su imposible color, dorado. Un glifo de ángel. ¿Lo tenía acaso como recuerdo de su antigua vida? ¿Era un grabado con tinta humana? Su respuesta fue contestada al ver el cambio de tonalidad de todos los tatuajes, de un negro a una tonalidad rojiza, casi como el escarlata o carmesí. Raro. Los glifos de ella nunca hacían eso, al menos que ella recordara, claro que… ese color fue tomado en sus dos únicos encuentros sexuales – tanto con el humano de hace treinta años y Axel –, ¿era por la excitación? Alzando la cabeza con curiosidad se encontró con los ojos color chocolate de Axel invadidos por la lujuria.
Su cuerpo tembló. Acercándose como un depredador a su presa, ella solo atino a retroceder sobre la cama con miedo considerando que había sido un error decirle a Meil que se fuera al igual que se llevaran a Evangelyne. Cinco segundos después él estuvo sobre An, aprisionando el suave cuerpo femenino contra la cama.
-¡Espera! – exclamo tensa la jovencita. Sentía el duro cuerpo masculino contra ella, provocando que sus hormonas súcubas salieran a flote inundando el aire con ellas. Un gruñido suave surgió de los labios del rubio cuando este agacho su cabeza y mordió levemente su cuello –. Déjame hablar un momento hellboy… – intento seguir Angeline, mas, él ignoro sus palabras al iniciar un camino de besos desde su mandíbula hasta su yugular, intercambiando algunas veces por sus dientes, un suspiro fue lo que salió de los labios de ella. Le gustaba demasiado esa sensación, claro que esto no estaba bien. Ella no pensaba con la cabeza si no eran sus hormonas las que lo hacían. Frustrada consigo misma aparto a Axel –. Para y escúchame – su voz tembló un poco, logrando al fin la atención de él. El rubio se aparto un poco apoyándose sobre sus codos y dejando su rostro a centímetros de Angeline.
-¿Qué sucede? – pregunto divertido – hace unos instantes estabas ansiosa porque todos se fueran y cuando lo estamos – él arqueo una ceja –, te pones tensa además de mostrarte reacia a mis caricias. ¿Estas cansada? ¿No te gusta la posición…? – sonrió – ¿Acaso te he puesto nerviosa ángel?
-No es eso – murmuro apartando la mirada. Ella se decía que acostarse con este hombre solo sería por su necesidad, por nada más –. Estoy… excitada por mis hormonas – eso era cierto, por tanto no mentía – mi embarazo provoca mi necesidad sexual, ya sabes… soy una súcuba – el le seguía mirando en silencio. Al menos se notaba que esperaría a que ella hablara –. Y te sigo odiando por haberme embarazado, esa es la principal razón de que no este muy cooperadora ahorita mismo – soltó un bufido antes de mirar al techo – yo no esperaba tener un bebé y gracias a ti lo tendré dentro de poco algo que jamás he querido, ¿Cómo piensas que me siento? – el silencio que siguió la dejo desconcertada, esperaba un reclamo o algo pero tan solo hubo silencio. Temiendo que el macho estuviera enojado fijo sus ojos en el rostro de él encontrándose con algo inesperado. Axel le miraba dolido, como si ella acabara de clavarle un puñal directamente en el corazón, la sorpresa no se hizo esperar en su rostro. El rubio cerró sus ojos antes de que se levantara dejándola libre –, ¿Hellboy? – su voz sonó preocupada.
No hubo respuesta. Axel solo se salió de la cama y busco sus pantalones para comenzar a ponérselos, mientras ella lo observaba en silencio. ¿Qué diablos había hecho? Un nudo se formo en su garganta al recordar esa mirada dolorida que él le brindo, ¿Acaso sus palabra lo habían dañado tanto? ¡¿Por qué?! Solo dijo que ella no había esperado tener un bebé – cosa cierta, nunca se imagino en ese estado – pero eso no significaba que no quisiera al niño… lo estaba aprendiendo a aceptar, era demasiada información y aún la asimilaba. ¿Qué mujer aceptaría un bebé cuando siempre creyó que era estéril y se hizo a la idea por mucho tiempo? Era como un milagro, un hecho que se tardaría en comprender. Soltando un suspiro, siguió los movimientos del rubio, quien ya se estaba abrochando los botones de la camisa sin siquiera prestarle la más mínima atención. Estaba herido. Axel había sido golpeado por sorpresa con sus palabras, después de todo él era el que estaba ilusionado con el bebé, o eso era lo que menciono Laura cientos de veces. ¿Qué iba a saber ella que su sinceridad dañaría al rubio? Bien decía su padre, "Algunas veces, las palabras duelen más que un golpe", algo demasiado cierto, y que sin querer, Angeline siempre usaba como un arma afilada. Abrió la boca para intentar remediar lo sucedido, sin embargo cientos de preguntas llegaron su mente; ¿Qué le iba a decir? ¿Lo siento? ¿Iba a decirle que sentía el no querer tener a su hijo? Estaría mintiendo de manera descarada, cuando ya lo había hecho demasiadas veces. Tomo más aire, exhalándolo… ¡Un momento! Ella no era culpable de nada, especialmente porque no le debería importar en lo más mínimo lo que este demonio sintiera.
Haciéndose la fría, dejo que Axel terminara de vestirse antes que ese se girara enfrentándola con sus hermosos ojos color chocolate que bajaron parte de sus defensas. Aquel profundo mar cálido ahora le miraba duramente, tachándola como la enemiga que era desde el comienzo. Le dolía de cierta forma. No podía culparlo, sus palabras significaron demasiado, dijeron a su modo la necesidad de no tener una criatura en sus entrañas. ¿Cómo se debería sentir él por eso? Palabras sin necesidad de decirse, solo al ver el rostro llenó de furia del caído, ella entendía a la perfección sus emociones.
Sentimientos retenidos. Axel no le gritaba todo lo que ansiaba decirle debido a que si explotaba en ira de seguro que las cosas se pondrían feo. ¿Le importaba a ella? Realmente no. Angeline quería tener una pelea verbal, quería gritarle al rubio muchas cosas, quería sacar a relucir los sentimientos guardados en lo más profundo de su alma, no obstante no seria lo correcto. Ella era una guerrera, desde niña se diseño para no sentirse motivada a expresar sus sentimientos con nadie, y últimamente esa regla se había roto. Había expresado demasiado, había sentido demasiado. Ahora era el momento de cerrar todas esas emociones y mostrar la cara de hielo que expresaba siempre. Con el corazón encogido por su propia acción, Angeline miro por el rabillo del ojo como Axel le escudriñaba con su mirar, esperando oír alguna clase de disculpa que jamás saldría. El silencio sepulcral aumentaba la tensión en el ambiente, con un simple movimiento en falso una batalla entre ambos podía empezar.
El ojimarrón respiro hondo, no era el momento de peleas y él lo sabia, mucho menos con el embarazo de la joven súcuba.
-¿Tanto te disgusta estar embarazada? – pregunto él en un tono frío como el hielo. Ella levanto la barbilla con orgullo, dispuesta a contraatacar – ¿Tan malo es para ti llevar a mi hijo en tus entrañas? – al notar la boca abierta de ella, continuo sin darle oportunidad de reclamos –, creo que no es necesario que contestes. Se la respuesta, pero sabes que súcuba – murmuro el rubio con veneno en su voz –. Yo no fui el único que colaboro en la fabricación de ese niño, tú ayudaste – la boca de An se cerro de golpe. Sus mejillas se sonrojaron de rabia y vergüenza, ambos sentimientos mezclados – Respondiste a mis besos y caricias, así que – sonrió con maldad haciéndola temblar– no te hagas la estúpida al creer que yo te forcé, acepta la realidad Angeline. Tú me deseabas, como yo te desee – él supo que la morena deseaba ahora mismo romperla la quijada, pero de todas formas no se detuvo –. ¿Celibato? Estupideces, eres una súcuba, siempre lo serás, el sexo es parte de tu vida y aunque quieras negártelo vas a necesitarlo quieras o no – no mentía y esa era la verdad –, así que cuando dejes de lado toda esa tonta arrogancia que dices tener, te daré algo de espacio en mi cama para aplacar esa calentura que tienes, ¿Por qué eso querías no? ¿Tener una follada rápida? ¿O me equivoco? – Axel odio haber dicho eso, porque ahora si sonó como un completo hijo de perra.
Los ojos color plata se cerraron fuertemente, para después abrirse mostrando la rabia que tenía. Y por estúpido que sonara también quería llorar como una magdalena, su coraza se estaba derrumbando y todo por culpa de este maldito demonio –. Eres un cretino Axel – los ojos le escocían ansiando derramar las lagrimas, pero aguanto las ganas.
-Y con honores lo soy – contesto él con una sonrisa arrogante –. No soy tan ciego como tú ángel, además yo si quiero a ese bebe y si no deseas participar en su crianza – le miro con seriedad –, no te obligare a hacerlo. En cuanto nazca tienes las puertas abiertas para largarte y no volver – era una clara mentira. Angeline tendría que irse con Dark dentro de poco, sin embargo, primero Axel velaría por su hijo. Negociaría con el siervo de Lucifer, pidiendo plazo de entrega de la mujer hasta que naciera el bebé, luego la morena seria entregada.
La de orbes como la plata estuvo dispuesta a reclamar cuando un sonido sonó entre las cuatro paredes del lugar. El rubio se sorprendió al escucharlo y miro interrogante a la joven quien solo se sonrojo fuertemente apartando la mirada. ¿Qué era lo que sucedía? Él estuvo dispuesto a preguntarle cuando el ruidito volvió a sonar, parecía como un rugido… la comprensión llego a él haciéndolo sonreír con diversión. Por un momento la rabia que sentía contra esta mujer se esfumo dejando paso a la risa que quiso soltar con solo verla. ¿Tan orgullosa era para no admitir lo hambrienta de alimentos que estaba? Menuda cabezota. Negando con la cabeza siguió mirándola en silencio, esperando sus palabras para decir el hambre que traía entre manos. No obstante, la joven de largos cabellos no dijo nada, siguió en silencio cuando otra vez su estomago rugió demandando alimentos. Ella le miro suplicante, diciendo con su mirar las palabras jamás pronunciadas por sus labios. Mordiéndose el labio inferior susurro maldiciones, Axel sonrió esperando oír el rugo por sus alimentos. Angeline no resistiría mucho tiempo, y con los constantes rugidos de su estomago la batalla la tenía ganada él. La morena apretó los puños, sus mejillas sonrojadas le daban un aspecto tierno, mucho más gracias a lo encolerizada que se encontraba. Un gatito intentando hacerse pasar por un peligroso león. ¿Cuan peligrosa podría ser este gatito? Con su hermosa figura, Angeline parecía más una muñeca frágil en vez de la guerrera que decía ser. ¿Sería tan fuerte como aparentaba? Lo descubriría un día de estos, pero ahora, había algo más importante y eso era… derribar las barreras de esta orgullosa súcuba.
Otro ruido de hambre inundo el ambiente, era obvio la poca resistencia de la morena, por tanto de mala gana tuvo que admitir su necesidad de comer algo. Axel sabia de la necesidad de alimentos por el embarazo, a pesar de llevar recién un día, su hambre iba a surgir rápidamente, siendo demostrado ahora. Angeline rindiéndose soltó una sarta de maldiciones contra él, antes de lanzarle una furibunda mirada, explicando nuevamente sin palabras su necesidad. Axel se hizo el desentendido y aguardo con una sonrisilla a que ella hablara si quería comer.
-No me traerás comida si no te la pido ¿Verdad? – pregunto con fastidio la morena. Él rubio sonrió de lado expresándole su respuesta –. Cabrón, eres de lo peor Hellboy – se mordió la lengua y gruño –. Axel… tráeme algo de comer, muero de hambre – sus palabras fueron dichas con rabia contenida. Al ver que él no se movía ni un centímetro entendió la razón, apretando más los puños murmuro la palabra que odiaba decir a los demonios y que nunca le había dicho a ninguno –. Por favor – susurro tan bajo que si el caído no hubiera tenido un excelente oído, de seguro que no le llegaba ni ha escuchar.
Luego se lavaría la boca con jabón, unas cuatro veces. El rubio sonrió divertido y le guiño un ojo con seducción, provocando un rápido ritmo cardiaco en el corazón de la morena. Sus pálidas mejillas se sonrojaron aún más. ¿Vergüenza o furia? Solo ella lo sabría.
-Eso esta mejor bizcocho de ángel – al oír ese apodo los ojos como la plata se abrieron de golpe. ¿Bizcocho de ángel? ¿Estaba sorda o en verdad escucho ese horrendo mote? ¿La creía perro? –. Anda ángel, te queda ese apodo jajaja – no pudo evitar reírse al ver la mueca formada por la ojiplata.
Ella con rabia cogió una de las almohadas y se la arrojo, lastima que él esquivo con una agilidad impresionante. Bastardo. Con aquella risa molesta, Axel salió de la habitación dejándola sola en su enorme cuarto, y con las tripas rugiéndole. Golpeo furiosa la cama. Se sentía tan enojada por culpa de este hombre-demonio.
-Hijo de puta – susurro Angeline apretando los dientes – mejor que no haberme disculpado por mis palabras, no se lo merece.
"En realidad se merece un premio por aguantarte" Le contesto su sub-consciente haciéndole bufar. Incluso su mente estaba en su contra.
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Trataba de serenarse y no aparentar estar algo… intimidado por lo que vendría. Supuestamente debería estar mostrando una completa seguridad que siempre pretendía tener frente a los súbditos, pero con lo que venia… su serenidad se había ido al demonio. Debía de darle información actual al rey de los demonios, quien no tenía el mejor de los genios en estos momentos… mejor dicho desde hace más de un siglo. Susurro una maldición observando los alrededores, fijándose más en el enorme palacio que habitaba Lucifer en lo más hondo de la tierra. Claro, más que piedras o mármol, las paredes del castillo consistían en enormes llamaradas de colores oros y rojos, dando un toque tenebroso como maravilloso a este lugar. Por los aires volaban algunas plumas negras, girando y haciendo extrañas piruetas que le hacían preguntarse porque estaba ahí. No entendía los extraños gustos de Lucifer, y jamás entendería que rayos eran esas cosas flotantes. Lo peor de todo… era que este lugar estaba lleno de un extraño aroma que de alguna forma emborrachaba a los presentes, sin embargo, Dark no podía dejarse llevar por ese dulzor, ya que conocía un sucio detalle sobre él. Estaría tan concentrado oliendo el suave aroma, que solo unos segundos después ese dulzor se transformaría en un gas nocivo que asfixiaría al descuidado.
En verdad Lucifer amaba torturar a todo ser existente sobre la faz de la tierra, y en esas torturas sus favoritas eran cuando el inocente caía en sus trampas aparentemente indefensas, donde uno pagaba un alto precio.
Desde la puerta del palacio podía oír las risas desquiciadas de los siervos de Lucifer, los gemidos del torturado y el sonido de la carne desprendiéndose del hueso. Hizo una mueca, se notaba que el rey de los demonios trataba de divertirse viendo el sufrimiento de otros, o en este caso, del pobre idiota que haya caído en sus garras.
El sonido de los pasos resonó, alertándole que su amo venia dispuesto a hablar con él, y seguramente, esperando que sus noticias fueran para su propio beneficio. Las llamaradas se separaron, abriendo paso para el ingreso del rey. Y fue ese momento en el cual, Lucifer hizo acto de presencia.
-Cuanto tiempo Dark – dijo con aquella voz oscura y seductora que el rey poseía. Incluso fue capaz de brindar una sonrisa abiertamente, su expresión… la más pura maldad – ¿Qué puedo hacer por ti querido esclavo?
Dark no se encogió para no humillarse más. Lucifer era alto, musculoso como un guerrero y sensualmente atractivo, provocando millones de veces que las mujeres – tanto demonios como humanas traídas de la tierra – cayeran a sus pies de rodillas suplicándole por caricias al considerarlo un ángel. Sin embargo, habría siempre algo que lo distinguiría como el rey de los demonios, y eso, eran sus ojos. Oscuros, llenos de centenares de llamaradas que destilaban la pura perversidad que poseía junto al infierno que lo rodeaba, aquellos brillos dorados y ámbares eran un detalle que todo ser se detenía a admirar y temer. Era un hombre perfecto, después de todo fue alguna vez un ángel, que consumido por el pecado se alejo del cielo para caer, no obstante, a pesar de su belleza, cualquier ser con un leve sentido de inteligencia notaria que este rey destilaba maldad pura por cada uno de sus poros, incluso, un aura oscura le rodeaba.
¿Seria bueno decirle algo? De todas formas aunque se negara a contarle algo, él lo sabría después, específicamente a los segundos, ya que nada se podía ocultar al rey oscuro. No habría de otra, tendría que decirle la verdad, incluso que… se equivoco a la hora de elegir al padre de la criatura. ¡Maldita sea! Su estúpido mensajero le indico mal el mensaje que el rey oscuro le mando. Se suponía que el padre del mocoso que debería llevar la hibrida debía de ser Meil, no Astarot. ¡Joder! ¿Qué haría ahora? Lucifer estallaría en ira si le decía que su plan fallo, y estaba casi seguro que lo torturaría por milenios antes de matarlo.
Sintió la fija mirada de Lucifer sobre él mientras se sentaba en la cima de su trono creado de almas fantasmales, huesos y joyas. Un cáliz enjoyado se materializo, ya en su mano y le dio un sorbo. Dark vio como una gota carmesí se deslizo por la comisura de su labio, salpicando sin querer la blanca camisa que desentonaba con tanta oscuridad.
Lucifer sonrió.
-¿Qué sucede? Estas nervioso, lo sé, aunque intentas no demostrarlo – comento con una encantadora sonrisa – ¿Algo malo sucedió? ¿O es que intentas hacerte el fuerte? Admito que es divertido ver tu temor.
Dark respiro hondo. Era ahora o nunca, si moría en su intento de decirle lo siguiente, esperaba que un poco de piedad – a sabiendas que el diablo no la tiene – lo matara rápidamente en un arranque de furia.
-Me equivoque – admitió Dark. Su amo le miro divertido ante eso, aunque en el fondo, sabía que esa diversión se estaba transformando en furia –. Erre en el padre de su cordero mi señor.
El rey de la oscuridad perdió rápidamente su sonrisa, mostrando en sus extraños ojos un centenar de llamaradas que opacaban el negro, demostrando la furia interna.
-Debes estar equivocado – o más te vale, le falto decir –. Claramente la hibrida hija de ese ángel y Styxx debe haber sido fecundada por el maldito destructor, ¿es así como han quedado las cosas? ¿No?
-Todo lo contrario mi señor – Dark se dio valor para decir las siguientes palabras –. El niño ya esta en marcha – Lucifer sonrió –, solo que su padre no es el destructor… su padre es Astarot.
Y con el término de esa oración… el infierno se desato. Las llamaradas doradas y rojas estallaron, bañando el lugar en fue ardiente que atrapo a Dark en su sitio, rodeándolo e impidiéndole huir si es que lo hubiera querido. Del trono del rey surgieron gritos lastimeros junto con rugidos que destrozaron el sistema auditivo del siervo, haciéndole arrodillarse del dolor. Levantando la mirada lleno de pánico, Dark observo aquellos ojos llameantes que prometían un sufrimiento terrible por haber fallado. Lucifer se levanto de su sitio, y del trono escaparon almas de los condenados que fueron torturados para diversión del rey. Sin duda este seria el fin de Dark, cuando… todo se detuvo. Las llamaradas, los gritos, las almas. Todo desapareció regresando a como era antes.
Lucifer le miro entrecerrando sus ojos en muestra de enfado, antes de encogerse de hombros casualmente, contrarrestando el enfado que llevaba encima. Elegantemente se sentó en su trono.
-Astarot también servirá, él como el destructor llevan sangre maligna por sus venas. Eso es lo importante, solo que arruinaste mi plan para vengarme del bastardo ese.
Dark bajo la cabeza en signo de disculpa.
-Lo lamento amo, no me perdonare jamás este error. Yo… tratare de idear algo para su venganza contra Meil…
-No menciones su nombre – gruño él, otra explosión de furia centello en el castillo. Respiro profundamente y exhalo, calmándose –. Esta prohibido que menciones el nombre de ese ser, espero que no se te vuelva a olvidar, y no es necesario que desperdicies el tiempo usando tu patético cerebro, yo ya sé otra forma de vengarme.
Dark no entendió sus palabras hasta que una de las tantas plumas que estaban flotando descendió delicadamente hasta quedar a la altura de él. El siervo observo como aquella pequeña plumilla brillo intensamente, cegándole y obligándole a cerrar sus ojos. El escozor era molesto, y se negó a abrir los ojos hasta que no pasaran al menos unos segundos más. En cuanto estos se cumplieron, abrió lentamente los ojos encontrándose con algo inesperado para él. ¿Era enserio lo que estaba viendo? Parpadeo varias veces creyendo que esto era un sueño, pero no, no lo era.
Delante de él se encontraba una hermosa mujer que lo dejo sin palabras. Era algo alta, delgada y fina de cintura, con unas curvas perfectamente formadas y cubiertas por un largo vestido color rojo como la sangre que caía hasta los suelos. Sus cabellos eran de un oscuro color azabache, atado en una cola de caballo de donde caían cientos de ondas acariciando sus desnudos hombros. Su piel era pálida, resaltando la negrura de su cabellera como los rojos labios que se curvaban en una sonrisa seductora. Su rostro era perfecto. Finos rasgos, delicados y detallados; tenía una pequeña nariz un poco chata y levemente respingada, junto con unas mejillas levemente ruborizadas. Pero lo que sin duda lo dejo sin palabras fueron sus ojos. Extraños e inhumanos. Dos brillantes orbes de intenso color ámbar con un bello borde dorado que los hacia aún más increíbles, recubiertos por unas espesas pestañas negras. Destilaban pura inteligencia en combinación con seducción y burla. Una belleza demoniaca que lo podría poner de rodillas para suplicar aunque sea un mísero rose con sus labios. ¿Quién era tan perfecto ser?
Lucifer se carcajeo al verlo humillado y doblegado por la belleza de la fémina.
-Te gusta bastante ¿No es así Dark? – el rey sonreía –. Es una lástima que sea solo una imagen, la verdadera esta en el mundo humano.
Dark seguía viendo a la hermosa jovenzuela, quien solo sonreía divertida y burlesca, demostrando una juventud inminente – ¿Quién es ella mi señor? – se atrevió a preguntar el demonio.
Satán sonrió con maldad, mostrando un brillo vengativo en sus ojos oscuros nuevamente.
-Te presento al dolor de cabeza del destructor, la mujer que lo hará doblegarse como un animal domado – sonrió siniestramente –. Ella es Anya… mi nieta.
Palabras Resaltadas:
*Cerberus (1): Feroz perro mitológico de múltiples cabezas que protege la puerta del Hades (Mitología griega). En este fic es conocido por ser el padre de una poderosa raza de perros llamados "sabuesos infernales". Meil hace referencia a su encuentro, y un problema que tuvo con el can Cerberus, por tanto es odiado por toda la raza de sabuesos infernales.
*Addams (2): Referencia a la familia Addams, familia que protagoniza la reconocida serie televisiva "La familia Addams" o "The Addams Family".
*Lurch (3): Mayordomo de la familia Addams, caracterizado por ser extremadamente alto. También llamado "Largo".
*Aurora (4): Princesa del famoso cuento "La bella durmiente".
Y eso fue todo… espero el capitulo haya sido de su agrado y no se hayan quedado dormidos mientras lo leían – con gota en la cabeza –. Esperemos que todos sean siempre de esta forma, y ahora les dejo las preguntas:
-¿Les gusto el capitulo? (pregunta repetitiva al parecer) ¿Alguna escena les hizo gracia?
-¿La visión de Skyler se hará realidad o nuestro destructor lo podrá impedir? (Debo decir que el don de esta pequeña me encanto) ¿Qué les pareció el don de esta niña? ¿Se lo esperaban?
-¿Qué habrá sucedido con Elizabeth? ¿Qué harán las dos ángeles cuando Elena les explique para que las necesitan? ¿Intentaran dañarla?
-¿Los ángeles lograran su objetivo o terminaran perdiendo?
-¿Seguirán sucediendo problemas entre Axel y An? ¿Qué hará Eva en cuanto Austin la suelte? ¿Meil lograra descifrar que es Skyler?
-¿Esperaban que el rey de los infiernos apareciera? ¿Qué les pareció su apariencia en este fic?
-¿El diablo se vengara de Meil? ¿Qué creen que hará incluyendo a su nieta en su plan? (Comente que Anya seria siempre un buen problema – con gota en la cabeza – Y cumplí)
Esas fueron las preguntas del millón, ahora debo despedirme y esperar a que pronto pueda subir algo – sonrisa – y también continuar con este fic y los demás. Sin más que decir bye y espero que la inspiración no me abandone.
