¡Hola! Este capítulo fue uno de los que más me costo trabajo. Sin temor a equivocarme esta es mi "primera vez" haciendo este tipo de escritos.

Solo quiero mencionar que la "primera vez" implícita aquí es "darse cuenta de estar enamorado". La explicita la escribiré como la siguiente advertencia:

Advertencia: El siguiente capítulo contiene un mal intento de smut. Probablemente sea como mermelada de limon o "lemon y nada".

Si, la primera vez es "la primera vez".

Adelante con el capitulo. Y pido disculpas de antemano, no tengo mucha experiencia en esto de escribir así.


"Y las certezas en el cuerpo"

―Sherlock, ¿necesitas algo de la tienda? Voy a ir por comida...―Pregunto tranquilamente un miércoles Watson, el médico militar antes de salir del departamento que compartía con su amigo el extravagante detective Sherlock Holmes.

―Si, de hecho si, hice una pequeña lista, ten― Y su amigo, que estaba enfrascado usando la computadora, alargo el brazo que contenía un pequeño papel doblado. Y ahí estaba escrito, en esa caligrafía precisa firme y clara una lista. John la tomo sin decir una palabra. Era raro que Sherlock hiciera una lista, más raro que se la diera a John, pero no pregunto nada y la tomo. Quizás sería la primera vez que le escribía una lista de compra, ¿sería este al cambio por el habían discutido unos días atrás?. Ojala y si.

―Ahí hay algunas cosas de la farmacia, las voy a ocupar en un experimento, cuento contigo―Dijo el detective mientras revisaba unos datos en la pantalla.

Sin poner objeción Watson salio del departamento dispuesto a intentar llenar el refrigerador con algo más que partes del cuerpo humano congeladas. Una vez realizadas las compras de víveres, se dirigió a la farmacia y sin si quiera leer antes, pronuncio la lista de su compañero de piso a la dependienta.

―Hola buenas tardes, me puede dar una botella de alcohol, un paquete de algodón, un par de jeringas de 3ml, una caja de aspirinas, una de desinflamatorios, un paquete de condones y un lubrican...te―¿Eh? ¿qué demonios era lo último? ¿Desde cuando Sherlock compraba esas cosas? La dependiente amablemente fue por todo, pero John pudo ver la mirada de desaprobación de una señora grande que se encontraba por ahí. Y más por que Watson casi había gritado toda la lista. Jamás imagino que tales objetos estarían ahí. Era la primera vez que pasaba vergüenza en la farmacia. Y eso que era médico y que estaba acostumbrado a comprar "ciertas" cosas. Cuando regreso al 221B de Baker Street estaba dividido entra la intriga y la vergüenza.

―Hola, ya llegue― ¿Cómo hacer esa pregunta?. Solo se había sentido así de confundido cuando su hermana le había dicho que le gustaban las mujeres.

―Gracias, ¿trajiste todo lo que te encargue?― Sherlock seguía usando la computadora, y no había nada extraño en el tono que había empleado. Pero estaba internamente complacido por que había logrado una pequeña diversión: que John sufriera un ataque. Si, estaba lo suficientemente aburrido como para planear como molestar a John. Y cuando se enterara de lo del suéter., puff jugada maestra. Por que el juego nunca termina.

―Si, solo me quedo una duda...―"¿Solo una duda?" Pensó John, En realidad era una avalancha de preguntas que tenía oportunidad de comunicar en solo una duda. Bien, era ahora o nunca―Tu lubricante, ¿era base agua o aceite? ―Soltó de repente mientras extendía la bolsa con lo que le había pedido a Sherlock. La pregunta le carcomía. ¿sería crucial para el experimento? ¿qué clase de experimento requiere ese tipo de materiales?¿o quizás sería otra cosa?¿al fin vería algo social o sentimental de ese antisocial?

―¿Qué?, ah no... daba igual. ― Sherlock no hizo mucho caso de su amigo mientras posaba una fugaz mirada en él para comprobar si había llegado en una pieza de su arriesgada aventura al supermercado. De pensar en todo lo que podía hacer ocurrido, le hacía sonreír.

―Sherlock, acaso...―preguntar, o no preguntar ese era el dilema ―¿Acaso tendrás una cita?―John no se quería quedar con la duda. Por que si no era para un experimento y era para una cita, estaba más que claro en lo que acabaría dicha cita. ¿Pero que no se suponía que Sherlock no hacía esas cosas en las citas? ¿Qué no se suponía que ni siquiera tenía citas?

―¿Es algo que te incomode?―Pregunto un muy divertido Holmes con una sonrisa siniestra. Estaba disfrutando ver a través de los azules ojos de su amigo como su cerebro buscaba las respuestas. La respuesta mental de Watson era "si", la lógica era "no". Opto por la segunda.

―No, para nada. Solo estoy sorprendido― "No celoso", se dijo mentalmente John mientras seguía implorando que le dijera que eran otra cuestión.

―¿De qué te sorprendes? Soy un hombre adulto, soltero, no tengo compromisos...― ¿Sherlock estaba probando a John a propósito? Hace algunos días el le había dicho lo mismo a su compañero de cuarto cuando discutían el uso de espacios. Todo se había suscitado cuando, por primera vez en todo el tiempo de convivencia, John había discutido con Sherlock por el uso del espacio compartido. Y todo por que evitaba llevar a sus citas al departamento, la última casi muere de un infarto cuando, a la mañana siguiente después de una increíble noche carnal encontró uno de los experimentos de su amigo en la cocina. Fue un desastre. O tal vez era otra cosa.

―Si, tienes razón solo que...―"Solo que pensé que tu no hacías esas cosas y que tu yo..." No, no era eso lo que pensaba John. Lo que quería decir... lo que realmente pensaba. Al carajo, si que estaba celoso. Celoso de que Sherlock saliera con alguien.

―¿Solo qué John?―Sherlock, sin que John lo averiguara se había hecho el firme propósito, hacía algunos días de probar los limites de su amigo. Después de lo del juego de cluedo y el episodio con Hamish la rana (que lamentablemente termino de regreso en la tienda de mascotas), él se había dado cuenta que necesitaba hacer ese experimento. Cuyo titulo llevaba "Sana convivencia con el Dr. Watson" Y era un experimento de variables sociales. Sherlock no solía hacer experimentos sociales, pero tenía un buen rato sin un caso de más de 7 y se moría de aburrimiento. Además, recibo una sutil advertencia de parte de su casera, la Sra. Hudson que si seguía pelando con John le subiría la renta. Era para el bien común y sin ningún fin egoísta, visto objetivamente.

―Solo que no es común ja ja ja―Bien eso era la verdadera razón. ¿A quien engañaba? Sonaba patético, sonaba como una de esas chicas que mandan al mejor amigo a la friendzone y luego se arrepienten y ya cuando quieren salir con el el amigo tiene novia. Aunque claro, Sherlock si era su amigo, pero no su novio.

―Lo sé, pero me estoy muriendo del aburrimiento... ¿ y si jugamos a algo?―Sherlock necesitaba urgentemente algo de adrenalina. Acaba de buscar "música pop" en internet. Y estaba seguro que no era lo más estúpido que había buscado en el último momento. Su historial se estaba llenando de "primer ministro británico" y esas estupideces.

En cuanto John oyó la proposición de Sherlock tragó en seco.¿Jugar? Por alguna extraña razón, la bolsa con el pedido de Sherlock lo hizo...¿emocionarse? Ok. Sherlock nunca se refería a ese tipo de juegos.¿Verdad?.Durante el último mes o algo así, John se confundía más y más con su amigo. ¿o no?

―¿Cómo a qué?―A John se le habían acabado las ideas de juegos. Existían muchas cosas que nunca había hecho con Sherlock, pero no por eso las tenían que hacer todas. ¿verdad? Y ¿Qué tipo de cosas no hacían juntos? Cuando lo pensó un poco, decidió que ese eran el tipo de cosas que no debían hacer juntos. Por el bien de la sana convivencia en el 221 B.

―Pues, a hacer deducciones ¿qué te parece?. Empiezo yo, hace mucho que tengo ganas de decirte un par de cosas que he descubierto de ti, John. Y creo que no sabes todo lo que yo sé sobre ti ― Y ahí estaban las manos debajo de la barbilla para probar el punto. El médico no se sentía preparado para un interrogatorio. Él le había ayudado a Sherlock con varios, y sabía que Sherlock hacía deducciones que te dejaban total y completamente molesto. A veces simplemente decía lo que pensaba, que resultaba lo correcto y esperaba que le confirmaras que tenía la razón. Trago pesado.

―Bien, no tengo nada que esconder― John tenía mucha resolución. ¿Qué podría preguntarle Sherlock que no supiera ya? O más bien ¿Que podía decirle que no era verdad? Y de repente empezó a sudar en frío. ¿Y si le decía la única cosa que no sabía y que era la más completa de las verdades? Con ese pensamiento, se sentó en el sillón de enfrente del detective consultor, mientras veía como el mismo apartaba la computadora y se sentaba más erguido en su puesto.

―Correcto. Tu solo tienes oportunidad de decir si o no. No más. ¿Quieres continuar?― Sherlock esperaba que se rindiera, lo estaba presionando a sus limites. Lo había hecho desde que llego aquella tarde. Y no le iba dar el gusto de nada. Ni de quejarse siquiera. Si, lo estaba pasando de lo lindo.

―¿Por qué no querría continuar? Vamos Holmes, me estoy impacientando―A este paso, John sabía, por la expresión de su amigo, que Sherlock sabía, que John no estaba siendo del todo sincero.

―Bien pues entonces empecemos. Serán solo 5 deducciones. Rápido. 1)Pensabas que era un asco jugando al clue por que la ultima vez que jugamos apuñale al tablero y que tu victoria sería fácil Es decir, me subestimaste, cuando en realidad sigue sin gustarme el juego. ¿si o no?―Había comenzado por algo fácil, no entendía adonde quería llegar así que John contesto:

―Si, tienes toda la razón. Siguiente deducción―John a veces no podía creer lo infantil que era su amigo. Mira que tener 5 oportunidades y gastarlas en algo tan trivial como eso.

―2)Estas molesto conmigo desde el incidente de la rana por que te bese sin previo aviso. ¿Si o no?― Sherlock sonrió de lado cuando terminó. Le había dado al clavo, estaba seguro.

¡Desgraciado! ¿y esa era la segunda? John se estaba comenzando a preocupar. Pero era fácil de evadir hasta cierto punto. No era todo lo que le había molestado, pero no quedaría tan mal.

―Si, tienes razón. Yo creo que a nadie le gustaría que lo besaran sin previo aviso― Bueno, más o menos bien contestada.

―3)Eres heterosexual declarado, pero sigues diciendo que "no hay nada malo en que alguien sea gay" lo que me hace pensar que eres abierto a pensar en otros tipos de orientación. ¿Si o no?―Sherlock estaba mirando como un escaner a John, intentaba obtener de sus gestos la mayor parte de la información que podía para que sus preguntas lograran su objetivo: incomodarlo sobremanera. El deporte favorito de Sherlock: molestar personas.

―Holmes, vamos, desde el primer día que nos conocimos sabes de mi hermana, sería ridículo pensar que tengo problemas con los gays...Supongo que es un si.― John no entendía del todo por que el extraño cuestionamiento. Sherlock había visto con todas las chicas con las que había salido, se había portado como un patán engreído con la mayoría de ellas hasta el punto en el que todas lo habían botado.―Además tu mismo te has encargado de acabar con mi escasa felicidad, no teniendo por qué tantas preguntas.

― John, solo estoy intentando deducir cosas de ti que normalmente no deduzco. El saber que dispararías a alguien amenazado es una deducción cotidiana, así que solo estoy viendo un poco más allá ¿sabes?. Cuando convives con alguien dejas de ver lo evidente, te acostumbras a esa persona, a su cercanía y entonces no ves más allá. Simplemente estoy haciendo lo que siempre hago y que, al vivir contigo ya no intento. Esto se esta haciendo cada vez más difícil...―Sherlock buscaba detalles en su memoria, en todas partes para decirle algo a John que no supiera de el mismo, Para sorprenderlo. Pero cuando ves a la misma persona todos los días bebiendo café, sentado en el sillón, escuchando quien sabe que cosa de música horrible cuentas con esa rutina. Eso se estaba poniendo francamente difícil.

―¿Tu teniendo problemas con una deducción? Vaya, eso si es una novedad...― El doctor estaba siendo sarcástico. Todos los días, John había visto como Sherlock sufría a veces con el hilo de sus pensamientos, como tenía que pasarse momentos enteros sentado en su sillón para llegar al hilo de pensamiento lógico y correcto. Por eso ya estaba cada día menos sorprendido por las capacidades del detective. No era que dejara de ser asombroso, era que la costumbre a veces ganaba. Pero lo que siempre le sorprendería es que Holmes buscaba algo más de lo evidente para todos una vez que entraba en su proceso mental.

―No es ninguna novedad John, soy humano. Pensemos... ¡ah! Ya vi algo, no se si sea evidente esto que te diré, pero voy a decirte algo que no sabes. ―Sherlock estaba realmente feliz. Un par de minutos de profunda observación, y a pesar de ser tan denso, al fin había descubierto algo interesante.―John, tienes las pupilar dilatadas, lo cual significa que estas pensando en algo que te agrada. Por tu comportamiento de arreglarte más en las últimas semanas es evidente que quieres quedar bien con alguien.―Sherlock hizo una pequeña pausa y se levanto del sillón, y sin decir nada puso una de las palmas de su manos debajo de la muñeca del médico militar. A John se le acelero el pulso con el contacto, no entendía por que, pero sentía su corazón latir debajo de sus oídos. Estaba tan cerca, esa mirada analítica de color iridiscente lo taladraba. Y se estaba acercando peligrosamente a la verdad. Y más cuando continuo diciendo lo que para Watson ya resultaba evidente.―Tienes el pulso agitado, lo que indica que estas nervioso, pero juntando todos los detalles anteriores diría que lo más probable es que estés enamorado, por que últimamente sonríes de una manera inusual. Y se que es una persona cercana a ti por que es un comportamiento que los demás señalan. Tienes conflictos con ese amor, lo que explica las ojeras en los días en los que no te has desvelado en la clínica o en un caso conmigo. Haz bajado algo de peso, intentas quedar bien, pero no has cambiado mucho, tal vez deseas que no se de cuenta de lo que sientes, lo que indica esa persona podría no estar de acuerdo con tus sentimientos, o que es alguien que... oh...―Sherlock se había detenido y su rostro de había tornado blanco. Al fin, después de meses de evitar esa deducción la había realizado sin rechistar.

―4)Estoy enamorado de alguien, que no es una chica o mi novia y no se lo pienso decir. Si, estas en lo correcto― John no lo había dejado terminar. Tenía las mejillas ardiendo. Al fin, después de negar un montón de cosas, el estúpido de Holmes lo había descubierto. Y sabía, por el rostro que había puesto su amigo que ya había llegado a la conclusión de quien era. ¿Quién era más cercano a John que el propio Sherlock? ¿Quién era le culpable de que no durmiera nada?¿Quién era la persona más problemática que conocería jamás?. Él, y John se había encargado de decirlo muchísimas veces. Con ese pensamiento se levanto abatido de su puesto y decidió dirigirse a su habitación

―John, espera...―Sherlock se había movido rápidamente, y no había querido soltar la muñeca que anteriormente le había sujetado r a su compañero de piso―Se que siempre digo cosas innecesarias y que no me doy cuenta de muchas cosas...―A John eso le sonaba a modo de disculpa. Genial, ni siquiera se había confesado y lo estaba rechazando. Eso, tendría que ser un récord en alguna parte.

―Si, para ser detective a veces no deduces cosas obvias―John estaba de mal humor, pero, el brazo de Sherlock lo había obligado a quedarse donde estaba. Si, el enfado era increíble, pero no por eso dejaba de tener esas emociones encontradas

―Solo quiero que sepas que no te voy a juzgar por eso de que no aceptas que eres gay y que les deseo lo mejor a ti y a Mycroft...―Sherlock había tragado pesado cuando menciono todo aquello. Aveces no le gustaba saber toda la verdad de golpe. No sabía ni que pensar, su gordo hermano con el pequeño de John. No quería decirle a su amigo que tenía mal gusto, pero estaba bastante tentado a hacerlo.

―¿Qué dijiste?―John estaba perplejo. Sabía que su amigo (interés romántico, o lo que fuera Sherlock) era denso. Pero eso ya era el colmo.

―Que les deseo la felicidad a ti y a mi hermano...―Holmes miraba sin entender a John. Le estaba dando su aprobación después de toda esa información y John parecía molesto. ¿Por qué estaba molesto? Le estaba dando su apoyo. Sin más solo se le ocurrió fruncir el ceño.

―Lo oí la primera vez. ¿Crees que yo y...? ¡¿Qué demonios te hizo pensar algo semejante?!―John estaba enfadado. La mayor estupidez que podía decir un Holmes. Como siempre, algo se le había escapado a Sherlock. En este caso, el Holmes era el Holmes incorrecto.

―Pues, yo no conozco alguien más problemático que Mycroft, y no te juntas más que con él o conmigo...― Sherlock entornaba los ojos con seña de no estar comprendiendo. 35 años cumplidos apróximadamente, más de 20 casos importantes y quien sabe cuantos menores y no podía intuir que su compañero de departamento lo quería. Si, era un récord.

―Si, tu lo haz dicho, con Mycroft y contigo...―John miró fijamente a Holmes y dejo que las palabras hicieran efecto. Sherlock veía a John. No entendía el por que, era claro que quería a su hermano ¿qué estaba esperando John?. Quería un favor, una petición... oh...

―John, me siento alagado, pero la idea de un trío no es mi ideal. Y menos con mi gordo hermano―Bien, captaba las señales, no las decodificaba correctamente. A ese paso, Moriarty no necesitaría dispararle a Sherlock, John lo mataría por él. Desesperado, solo respondió:

―Eres un idiota Holmes―Y sin decir más, John jaló a Sherlock, utilizando el brazo con el que lo había sujetado, tiro de él y lo besó.

Sherlock se había quedado estático, mientras John intentaba que la diminuta capacidad emocional de su compañero de piso funcionara correctamente.

Los primeros 5 segundos en donde John había tenido el control habían sido gloria eterna. Por más que jamás lo hubiera querido decir, que lo negara, desde aquel "experimento" John había esperado con ansias volver a besar a Sherlock. Sentir el contacto de sus labios. Se sujeto con fuerza mientras sentía como poco a poco Sherlock reaccionaba. Tendría un par de segundos más, antes de que las cosas se fueran al carajo. Watson lo sabía. Una vez que Sherlock comprendiera todo, quien sabe cual sería su reacción. Y John se temió lo peor, cuando después de ese beso, lo aparto de él. El juego había terminado

―John yo...―La voz le salia ronca a Sherlock. Se le notaba tenso e incomodo. Como aquella primera vez que le contestó "estoy casado con mi trabajo". Ya vería John como lo arreglaba para poder seguir viviendo juntos.

―Si, ya se, tu no me correspondes, ¿sabes qué? Solo olvidalo. Por primera vez, acepta que te...―John no pudo terminar la frase por que Sherlock se había acercado a él y lo besaba con mucha pasión. Había sido algo brusco, sin premeditación. Luego había cambiado a algo lento, cadencioso, cargado. No era como la vez pasada, ahora se encontraba algo más implícito ahí. Sabía a victoria. A ganar una batalla interna, y a perder la razón.

Continuo acelerando el ritmo, aumentando la intensidad. John pensaba que así debía de sentirse el violín entre los dedos de Sherlock haciendo música. Agitada cuando la ira lo embargaba, centelleante cuando la felicidad azotaba y nostálgica cuando la tristeza invadía. Ese beso tenía felicidad, nostalgia, tristeza, pero ni un rastro de arrepentimiento. Por alguna razón, John entendía perfectamente como deshacer los labios de Sherlock en los suyos. Se aferro de las solapas de la camisa de su "amigo" y empezó a ser más exigente, a pedir explicaciones. Justo cuando iba a subir la intensidad del beso, inesperadamente Sherlock se despegó de él, y lo oyó a lo lejos, por estar absorbido en el momento, decir:

―Yo no me equivocó, solo se me paso un detalle― A este punto la voz del detective se había convertido en un roncó susurro apremiante. Quería más, deseaba más. ¿donde habían quedado esos sentimientos no correspondidos? ¿donde estaba el miedo? ¿qué era toda la adrenalina que lo recorría?

Watson no tenía claras muchas cosas, más que, por extraño que fuera, por mucho que le costara admitirlo y por lo sociópata (o psicópata) que sonará simple y llanamente, lo deseaba. Lo quería, lo necesitaba. Y si eso lo convertía en gay, en asesino, en una cabra, en lo que fuera, tal vez no sería tan mala la etiqueta.

Pudo haber contestado a esa arrogancia, pudo haber recordado que él mismo había dicho que jamás iba a permitir que Sherlock lo volviera a besar y negarse a seguir en ese juego que apenas comenzaba, pero, con solo un pequeño contacto, la energía que despedían juntos había borrado todo de su mente. ¿Sherlock lo estaría drogando de nueva cuenta?¿o solo era el efecto de los besos de la persona de la que estaba enamorada? Cuando repitió esa palabra simplemente se dejo llevar. Se dejo arrastrar entre la tormenta que se entreveía en los ojos de Sherlock.

John pensaba que Sherlock no tenía experiencia en las relaciones personales, pero, cuando con una maestría lo empujo hasta su habitación entre besos y caricias, no supo que pensar. No sabía donde empezaba su deseo y donde el de Sherlock.

Luego estuvo más que claro que no estaba pensando en nada. No pensó mucho cuando voluntariamente se dejo sacar el suéter ante la mirada violácea de su compañero de apartamento. No medito cuando empezó a besar a Sherlock con la suficiente intensidad como para dejarle marcas por todo el cuerpo. No reflexiono el hecho de que estaban los dos sobre la cama del detective besándose como desesperados, semi desnudos. Y seguramente hacía mucho rato que todo lo que ocupaba su mente y atención era Sherlock.

―Bien, creo que esto no lo esperaba...― Dijo el menor de los Holmes, buscando con la mirada la bolsa de las compras de la farmacia,pero John lo detuvo. No quería pensar mucho las cosas, no quería que hubiera demasiadas pruebas de que eso estaba sucediendo. ¿Y si en la mañana todo resultaba ser un experimento más? No sabía de que hablaba el detective consultor, pero no quería que sus comentarios lo hundieran más en la incertidumbre. Prefería un día de claridad aunque después negara todo a pasar toda la vida agachado escondiendo sus sentimientos. Por eso le había irritado el comentario de Sherlock.

―Espera, ¿yo soy tu reemplazo?―¿Así que Sherlock no había tenido una cita y lo usaba a él de reemplazo. ¡Qué diablos le pasaba! Estaba a punto de mostrarse furico cuando oyó la cantarina risa del menor de los Holmes.

―No, eras en realidad eras el grupo fijo. Y si me permites, me dedicaré a probarte― Y evitando que dijera otra cosa, empezó a besar su cuello con lentitud, torturándolo. Usando esos largos dedos como si el médico militar no fuera una persona, si no algo digno de adoración. Sherlock no entendía bien que era esa cosa que bailaba dentro de su pecho, que golpeaba en todas partes de su cuerpo y que lo hacía sentir extremadamente feliz. Pero, John, su John estaba con él y no necesitaba más.

Si, no habían dicho nada de sus sentimientos ¿era necesario? Sherlock sabía que John estaba enamorado, John sabía que Sherlock nunca admitiría estar enamorado simplemente por que no era su estilo. Además, sus labios sobre él provocaban que en lo único que pensará fuera en dejarse hacer. Y así se dejo hacer.

Dejo que el detective lo terminara de desvestir. Que con maestría tocara todos los rincones de su cuerpo mientras contenía el aliento y exhalaba sonidos que avergonzarían hasta los más castos. El a su vez, no pudo ocultar su curiosidad y también termino de despojar de su ropa a su compañero de aventuras (en más de un sentido). Y, primero tímidamente quiso entender el enigma que era aquella cabeza, descubriendolo poco a poco con sus labios, con sus manos, con sus caricias.

No podía ver la mirada del hombre con el que compartía intimidad, por que este se dedicaba a analizar la situación, a entrar en su palacio mental y obtener información, aunque fuera vaga de que era lo que realmente ocurría. El no decía bobadas como amor, todo era cuestión de química o física, y en eso estaba basando el acuciante sentimiento que había despertado John Watson en su corazón. Por eso, dedicaba a armar ese rompecabezas con todo lo que tenía. Los mismos ojos que tantas veces había atrapado criminales ahora se encontraban disfrutando del momento. Pero no se miraba más humano, solo se miraba más concentrado en un arte que no era su especialidad: el arte de seducir. Pero era malditamente inteligente y de seguro encontraría el ritmo rápido. John sentía que era como si pudiera leer su mente. Con solo una pizca de información entendía que era lo que necesitaba, y reflejaba ese deseo en su cuerpo.

De repente, las respuestas a tantas cosas que temían fueran espejismos de sus sentimientos se contenían en la dedicación de su compañero. Si bien era cierto, esta era la primera vez que compartía intimidad con un hombre, no llegaba a ser ni de lejos la primera vez que se acostaba con alguien pero, ¿Por qué todo era diferente? No alcanzo a comprender si era por que los dos eran hombres o porque, por primera vez en toda su vida tenía una fuerte conexión, casi espiritual con la persona que lo recorría con sus manos.

Estaba muy concentrado cuando sintió la intrusión en su sistema. Pero no se sorprendió del contacto, todo había pasado como siempre: Sherlock, haciendo lo que se le daba la gana sin pedir permiso alguno. Así como había entrado a su vida, en su momento de necesidad, completando una parte de él y sin previo aviso, así se había apoderado de cada rincón de su cuerpo. Tal vez ni siquiera Sherlock entendiera el por que hacía las cosas, pero se veía empujado, por una fuerza más allá de su comprensión a satisfacer el anhelo oculto que guardaba en su corazón.

Fuera un solo experimento, fuera la vida entera así. No haría preguntas. Los años de convivencia con el excéntrico del 221B de Baker Street le habían enseñado a reunir primero pistas y pruebas. Ya después haría sus propias deducciones de todo lo que significaba entregar su cuerpo a Sherlock.

Una vez que los dos llegaron al clímax John entendió que, tal vez no sabía que estaba pensando Sherlock, pero que por primera vez en su vida, podía entender con toda claridad como se sentía. O al menos esperaba que estuviera tan complacido como él.

El sol se filtraba por la ventana. Watson lo sentía sobre sus parpados. Era el anuncio de la mañana tocando a la puerta de la vigilia del médico militar. Lo que era extraño, no recordaba haberse dormido. Pero estaba tan cómodo... Y de repente las cosas en su cerebro comenzaron a encajar lentamente.

―¿Qué paso aquí?―Pregunto un confundido John abriendo de golpe los ojos. No estaba en su recamara, eso era raro, tenía una sensación de bienestar como nunca en su vida, y su mejor amigo estaba, en el mismo estado de desnudez, sentado en la cama, mirando al techo como si estuviera en su palacio mental. Un momento ¿mismo estado de desnudez?. Oh, por todos...

―Vamos John, si hasta Anderson podría sacar esa conclusión, tu y yo...―Sherlock estaba radiante. Tan radiante que era evidente que se quería ufanar del hecho.

―¡No lo digas en voz alta! ¡Por dios!...―John estaba horrorizado. ¿cómo había permitido que las cosas llegaran tan lejos? ¿y si eso arruinaba su amistad? ¿y si la Sra. Hudson se daba cuenta y luego todos? ¿si de repente aparecían en los periódicos y revistas del corazón como la mejor pareja de Inglaterra por sobre los reyes y príncipes? . Bien, no había tomado nada más que una buena dosis de Holmes a la carta. Estaba jodido. Jodido, pero feliz y para nada arrepentido.

―¿Por qué no quieres que diga en voz alta que tuvimos sexo anoche? No entiendo...―Sherlock estaba igual de feliz que de confundido. Parecía no saber que normalmente no tenías sexo(¿o hacías el amor?) con tu compañero de cuarto. ¿Sherlock no estaba enamorado de John o si?

―¡Basta! Soy..., yo soy...―Le había gritado más a su mente que a Sherlock. Él era heterosexual. Y lo más importante: si era gay lo mantenía un secreto por que su amigo jamás le correspondería. Oh, pero ya le correspondía. ¿eso lo hacía gay gay o solo Holmesexual?

―Eras, John, eras...―Le pico Sherlock mientras se desperezaba. John jamás volvería a cruzar la puerta de su habitación igual. Eso si se podía mover. Sherlock confiaba en su entrenamiento militar. A él no le dolía casi nada después de la noche que había pasado.

―¿Y entonces que somos tu y yo?¿Acaso somos novios? ¿Amantes?―John estaba enfadado. No entendía como se había dejado enredar por lo que, a leguas parecía un elaborado plan criminal para hacerlo pasar por gay. Todo realizado por su inteligente, demasiado inteligente, guapo, escultural... ejem, compañero de piso.

―Elemental John, somos ambas―Así como si hubiera dicho que había leche en el refrigerador o té en la mesilla de la sala lo había soltado. Como si dos más dos fueran cuatro. Así de certero. Así de simple.

John solo ensancho los ojos por la sorpresa, y se dedico a observar a Sherlock. Tenía una sonrisa que inundaba de luz sus ojos. El cabello rizado más rizado y revuelto que de costumbre. Incluso, y a pesar de parecer un hielo, el ligero tono sonrosado de sus mejillas lo delataba. No se estaba yendo con bromas.

―¿Estas hablando enserio o...?―La pregunta de John, que solo era trámite para reafirmar sus ideas, se vio interrumpida por la suave vibración del teléfono de Sherlock. No era mensaje, era una muy insistente llamada. Mirando fugazmente a John, el detective se levanto de la cama y se puso a buscar sus pantalones y los bolsillos del mismo. Saco el aparato y contesto. Se paso la llamada haciendo gestos de fastidio y después de un corto tiempo colgó.

El Dr. Watson veía a Sherlock, apreciando todos los detalles de su anatomía. Y estaba enfrascado en ello, cuando su ahora amante, novio o lo que fuera le dijo:

―John, vístete. ¡Tenemos un caso!― Y le paso sus pantalones. Una vez que medio se hubo puesto algunas prendas, se dio cuenta que el detective consultor ya se hallaba casi en la puerta.

Por que Sherlock se había llevado en su cuerpo, la razón de todos sus desvelos. Y la certeza de que ya no tenía dudas. Eran solo ellos dos. Ellos dos y un nuevo caso.