**Anny**

-Deberás pasar cada tarde, después del colegio y ayudar en labores de oficina

-No, no quiero

-Recuerda que estás castigada

-Mamá, por favor!

-Annie, tu padre y yo hemos hablado acerca del problema que externas al decir que eres tu hermana y nos preocupas, queremos ayudarte y tomaremos terapia los cuatro, tú, Candy, William y yo…

Candy soltó el lápiz con el que escribía y dijo enojada -¿Qué yo tomaré qué? ¿Por qué, mamá? Ella es quien tiene el problema, yo estoy bien

-Candy, debemos ayudar a tu hermana a encontrar su identidad y que abandone la absurda idea de creer que ella es tú

-Ella no tiene ningún problema psicológico, lo que desea es que todo el mundo gire a su alrededor… y creo que tengo la solución

-Candy, necesitas perdonar a tu hermana por todos los problemas que te ha ocasionado y es una decisión, iremos a terapia familiar.

Candy se levantó enfadada de la mesa en donde hacía su tarea, papá llegó y encontró tensión.

Dialogó con mi hermana por largo rato y creí que lo conveniente era tomar terapia.

-Te propongo algo

-Creí que no me dirigirías la palabra.

-Annie, mi deseo es que tú y yo nos llevemos bien, pronto nos separaremos al estudiar en diferentes universidades

-Sí, lo sé

-Creo que me he mortificado de más cuando te metes en problemas con mi nombre así que he pensado lo siguiente -Me giré sobre mi cama para verla a los ojos. Mirar a mi hermana era como si me mirara a mí misma en un espejo. Ella me sonrió y dijo – Yo seré tú y tú serás yo. Te daré mi certificado de nacimiento y no me importa si con eso tengo notas inferiores…

-¿Estás loca?

-No, ahora yo quiero ser tú, viviré la vida de Annie Brighit Andry, la vida que tú no quieres. Te puedes quedar con mi nombre, eso no tiene importancia.

-No, nuestros padres jamás lo comprenderían. No, te prometo que no usaré más tu nombre

Se levantó de su cama y tomó un sobre con sus documentos y me los entregó – Ahí tienes tus documentos, tú serás Candice White Andry y yo seré Annie Brighit Andry, intentémoslo

-¿Qué pasará cuando quieras recuperar tu nombre?

-Nadie sabrá quién es quien a menos que nosotros lo revelemos

-Nuestros padres y hermanos sí lo sabrán, ¿qué sucederá cuando tengamos visitas?

-Actuaremos como hasta ahora, mis padres están acostumbrados a escucharte decir Llámame, Candy que te puedo asegurar que no notarán la diferencia

-No, no quiero. Perdóname si te he metido en problemas.

-No quiero el nombre que te has encargado de manchar, que has pisoteado, me quedo con el nombre que, aunque lleve notas más bajas, sé que puedo lograr que obtenga mejores al culminar la preparatoria, tal vez no gradúe con honores pero será algo sin importancia

-No, Candy, te juro por mi vida misma que no volveré a usar tu nombre. Siempre fue un juego para mí, un simple juego en el que podría usar cualquier nombre, un día pensé que sería gracioso decir que era tú y que cuando llamaran a la puerta… no sé, el desconcierto de que te confundieran conmigo y a mi contigo… sé que suena tonto pero es que …. Por favor, perdóname.

-Intentémoslo- Me miró seria

-No quiero.

Mis padres no tuvieron que invertir en psicólogos ya que el miedo a que Candy pudiera vengarse me mantuvo quieta de usar su nombre, hasta que ingresamos a la facultad. Lo que nunca pude corregir fue que en la oficina de papá me conocían con el nombre de Candy y ella lo sabía, eso pareció no importarle ya que ahí tenía buen comportamiento y nunca nos vieron juntas. Papá no parecía tomarle mucha importancia y mi hermana me cubría en mis deberes cuando yo tenía que ir a algún otro lugar.

Mi estancia en el despacho de papá inició cuando me metía en problemas y tenía cumplir con mis castigos, posterior le tomé cariño y me quedaba camino de la escuela a la casa. Estar ahí me mantenía ocupada aunque le tomé gusto a las fiestas que organizaban los ejecutivos, alcohol que daban gratis y cigarrillos que cualquiera te podía invitar uno.

Algunos pensaban que era bipolar, esto explica que mi hermana nunca se portó como yo, pero yo nunca dejé de ser Annie a pesar que Anthonie me insistió en madurar. Ante su petición intenté dejar de meterme en problemas y me enamoré del hijo de Richard Grandchester.

Desgraciadamente la persona a quien le entregué mi corazón estaba enamorada –No sabes cuánto deseé que llegara el verano para verte de nuevo

Terrence Granchester me confundió con Candy, él estaba en la oficina de su padre y yo estaba aquí porque papá me había retado por la mañana. Hacía un año, cuando entrevistaron a papá, él y Candy se conocieron, así que nunca le saqué de la confusión y tampoco le dije que mi nombre es Annie.

Nos divertimos dos veranos seguidos y no regresó más.

Lloré al no saber más de él.

Tampoco le comenté a Candy que conocí a Terry y que él me confundió con ella.

Cuando él y yo nos despedimos me dijo que lamentaba que ya no me gustara el teatro, ni caminar, y yo le dije que lamentaba que él no supiera divertirse.

Candy disfrutaba sus tardes junto a la abuela Elroy, no sé cómo pudo convertirse en su favorita, si era una persona agria y estricta.

Mi abuela le inscribió en una escuela de medicina así que estudiaba dos profesiones al mismo tiempo –Si piensas trabajar con niños es mejor que sepas atenderlos correctamente, y tú deberías hacer lo mismo –Me señaló con su dedo arrugado y la uña larga.

-Candy se encargará de cuidar niños, yo me dedicaré al diseño –Le dije sin darle importancia a su comentario. Al salir de la escuela me dirigí a casa de mi abuela porque sabía que ahí podría encontrar a mi hermana ya que ella pasaba casi todo el día y parte de la noche, cuando tenía tiempo, como la dama de mi abuela.

-No cuidaré niños, seré su profesora, es decir, les enseñaré…-Contestó risueña. Siempre se imaginaba el amor que les brindaría a esos hijitos ajenos en sus primeros años escolares e intentaba explicarnos la importancia de esa etapa temprana.

-Mejor que estés lo más capacitada posible –Dijo Elroy sabiendo cómo podía convencer a Candy

-Sí, tiene razón.

-Sé que lo harás por eso no me limito contigo, en cambio lo dudaría si se tratase de Annie –Me miró por debajo de sus gruesas gafas –tratar de invertir en ella es echar tu dinero a la basura, pero no contigo, preciosa –Acarició la mejilla de Candy – Tú eres diferente

-Perdón, pero creo que aún sigo aquí –Le dije – Así que no hablen de mí como si no estuviera…-Dije con fastidio.

-Annie no es mala, abuela, es diferente, es alegre, extrovertida…

-Es Anthonie con faldas

-Anthonie es buen hermano

-No sé cómo puede pensar en ser profesor, él es un desastre

-No lo es, y tiene vocación

-A él deberías pagarle la escuela de medicina, abuela – Reí entre dientes, me encantaba provocar a mi abuela ya que no se atrevía a retarme. -¿A caso él no tiene derecho de prepararse mejor?

-Eres insolente

-Abuela – Dijo Candy – Yo quisiera ser como Annie. –Le cubrió con una manta debido a su deteriorada salud de los últimos días. –Alegre, extrovertida…

-No digas sandeces, tú no necesitas de alcohol, fiestas para ser divertida. No necesitas oler a imprudencia para vivir tu juventud.

-Annie, no huele a eso, y yo debo aprender un poco más de ella – Me guiñó su ojo mientras encendía la calefacción.

Las palabras de mi hermana, su sonrisa y su mirada me demostraron que lo dijo con cariño. Dudo que mi vida le haya parecido atractiva pero desde que ingresamos a la universidad nos llevamos mejor, podíamos pasar el tiempo juntas sin pelear y cuando nuestros horarios lo permitieran nos divertíamos un poco aunque no salíamos a ningún lado juntas. Desde pequeña ella recibía a sus amigas en casa de Elroy y yo en casa de mis padres.– Candy, ¿podrías cubrirme en los deberes de la oficina?

-¿Cuándo?

-Hoy, es que tengo que ir a una exposición

-Puedo ir a partir de las cuatro y hasta las seis de la tarde, de siete a once cubriré a una compañera

Brinqué de la emoción, papá no quedaría sin asistente y yo podría salir con mis amigos a divertirnos a una fiesta y de ahí a un antro. Si Candy se enteraba que me cubría para que yo me divirtiera, estoy convencida que su respuesta sería un no

-Yo nunca me equivoco, lo que tengo de vieja lo tengo de razón. Annie no vino a verme porque estoy enferma sino por un favor.

-Claro que vine a verte, y pues aproveché que Candy está aquí…

-Ya no peleen, parecen niñas pequeñas.

**Terry**

-Vamos, anímate, dormirás un aproximado de ocho horas mientras viajas

-No tengo ánimos de salir, en verdad, prefiero estudiar mis libretos

-Concédenos el honor, es probable que no te veamos en los siguientes meses-Ironizó Thom.

-Está bien, pero no estaré fuera de casa hasta el amanecer, probablemente regrese antes que ustedes.

-No te arrepentirás.

-Yo sé que sí.

Cuando el señor Andry se presentó a la cita con papá, discretamente le pregunté por su hija –Candy tiene prácticas, está estudiando medicina y algunas veces debe hacer guardias

-¿Podría decirle que Terrence le envía saludos?

-Con mucho gusto. El sábado tendremos una comida familiar, serás bienvenido

-En verdad me gustaría, pero mañana regreso a Londres.

-Ya habrá alguna oportunidad.

Candy es el recuerdo de mi primer amor.

Algunas veces su recuerdo me ha ayudado a expresar sentimientos en el escenario, me ayuda cuando tengo que llorar, o reír, o fingir estar enamorado… es a ella a quien traigo a mi memoria.

Pero a la Candy que conocí el primer verano, no a la que conocí después, mi segundo y tercer verano me ayudaban en momentos de enojo o frustración.

Aunque he tenido algunos amores en mi vida, ella es especial. Nunca podré olvidarla y aun guardo la esperanza de hablar con ella, saber de ella…

-¿Estás listo?

-Mark, en verdad, tengo que estudiar todo esto – Le enseñé el libreto y él rió

-Prometiste un rato con tus hermanos. Recuerda que siempre quisiste integrarte a nuestras salidas y como eras pequeño no tenías oportunidad, pero si quieres pasar parte de la noche con mamá viendo películas románticas… creo que aún hay rosetas de maíz.

-Me has convencido, no es porque no quiera pasar tiempo con mamá, sino porque en algo tienes razón, siempre creí que lo que ustedes hacían era divertido.

Las luces estrambóticas, la música estridente y olor a humo, nos dieron la bienvenida.

Ocupamos una mesa y pedí un daiquirí

-Tráigale una cerveza, beberemos como hombres… -Cuando el camarero nos dejó solos, Thom me miró –Me asustas, comienzo a creer que eres gay

-No molestes con eso, no estoy acostumbrado a beber

-Te buscaré alguien con quién puedas bailar y divertirte –Mark nos abandonó y puso su cigarrillo encendido en mi boca. Eso sí era lo que sabía hacer… fumar…

Cuando iba en la segunda cerveza y el tercer cigarrillo, una mano delgada pasó frente a mí y lo quitó de mi boca – Fumar es causa de muerte – Dijo y yo me atraganté con el humo que tenía en los pulmones

-¡Candy! – Se puso el cigarrillo en su boca y vi la punta enardecer –Creí que te enfadaba que fumara. – Había planeado algunas palabras, en caso de verla y estar a solas con ella, pero reconozco que me tomó por sorpresa, así que todo mi plan se fue al caño

Guiñó un ojo –Si no puedes con el enemigo… pero en fin, Mark me ha dicho que regresas mañana a Inglaterra, así que me he propuesto que esta noche no me olvides… Ven – Tiró de mi mano – Vamos a bailar – Mis hermanos estaban sonrientes y ellos bailaron con las amigas de Candy.

Estuvimos tomando y yo pedí alcohol, la cerveza no era lo mío. Fumé hasta ver el fondo de la cajetilla, Candy me desabrochó la camisa y besó mi cuello. Me dio permiso de hacer lo mismo. Ella no dejó de ser la Candy del segundo verano.

Era similar a muchas de mis amistades que gozaban de este tipo de diversiones sin compromiso y muy en mi interior me dolía pensar en la posibilidad que se comportara así con otros hombres.

-¿Creí que eras castaña?

-¿Castaña?

-Sí, cuando te conocí eras castaña

Me miró como si fuera un bicho raro y pareció recordar –Ah! oH! – Rió – Mantuve ese look por algunos años, quizá dos o tres, pero no, siempre he sido rubia, desde nacimiento.

-Te asentaba muy bien el cabello oscuro

-No hay nada mejor que lo natural ¿No crees? –Se acercó más a mí y colocó mis manos en sus caderas, descendí mi rostro hasta introducir mi nariz entre su cuello y su hombro. Olía a sensualidad.

De pronto vi que la pantalla de su móvil iluminó la bolsa trasera de su jeans… ella no notó que alguien le llamaba o decidió ignorar.

Bailamos, tomamos, fumamos y nos acariciamos.

Era probable que nunca olvidara nuestro primer beso. El beso de la inocencia, pero ahora los dos éramos mayores y ambos teníamos experiencia para producir en el otro placer y deseo.

Quería estar con ella, sentirla mi mujer. Le quería demostrar en cada beso, en cada caricia, Hacerle el amor mientras la sostenía en mis brazos y ella movía, al son de la música, su esbelto y divino cuerpo.

Su móvil insistió por un tiempo y de pronto dejó de iluminarse –Creo que alguien insistía en hablar contigo

-Si es algo importante llamará de nuevo

-¿No tienes curiosidad de saber quién es?

-No, pero creo que tú sí. Si quieres saber si tengo novio, no, no tengo. Ahora prefiero que me beses y que guardes silencio.

Pasaron varias canciones, algunas más rítmicas que otras, pero ella y yo seguíamos bailando como si estuviéramos en el baile de graduación del colegio.

Cuando ella recargó su cabeza sobre mi pecho, porque al fin pusieron la canción que ella esperaba, miré buscando a mis hermanos a nuestro derredor. Noté que alguien habló con la chica que bailaba con Mark y él señaló en nuestra dirección.

Besé la coronilla de Candy y ella se aferró más a mí. Paró los labios y comencé a besarla.

El momento era mágico, tal vez inolvidable.

De pronto alguien tiró de su mano y nos sacó de nuestra burbuja romántica – Annie, te he llamado más de diez veces

-¡Candy! – Respondió la chica entre mis brazos. Le solté y miré a quien nos interrumpía. Eran iguales, no había diferencia física.

La otra chica tenía los ojos llorosos y así me miró, pasó sus ojos entre la chica a la que llamó Annie y yo. Sacudió la cabeza y yo le dije -¿Candy?, ¿Tú eres Candy?… -Afirmó con su cabeza –Yo soy Te…

-Sé quién eres – Dijo con decepción, se dirigió a su hermana – Elroy está en el hospital por si te interesa saber –Dio la media vuelta y Annie cerró los ojos.

Me quedé en mi lugar, Mark se acercó a nosotros y yo intenté preguntarle a Annie ¿Qué diablos pasaba? –Estoy en líos… Candice es mi hermana gemela, yo soy Annie Brighit… ¡Diablos! –Miró su móvil –Tengo llamadas de toda mi familia.

-¿Todo está bien? -Preguntó Thom quien se acercó a nosotros

-Tengo que ir al hospital, mi familia debe estar preocupada

-Te llevaré – Me ofrecí

-No, no es bueno… mi hermana sufrirá si nos ve llegar juntos –Nos explicó de manera rápida, lo que ella creyó que era una broma –Tú estabas enamorada de ella y ella de ti, lo supe por un corazón que vi en un libro de ella… lo siento; pero yo estaba enamorada de ti… ¡Rayos! Se supone que ella debía estar de guardia, ahora…

-No, recuerda que dijo que solo estaría hasta las once- Dijo su amiga Luisa quien bailaba con Thom

-Maldición!

Me sentí estúpido, le pedí a Thom las llaves de su auto y me dirigí al hospital que Candy mencionó…

Me dirigí a la sala donde aguardaban los familiares y le me dirigí al señor Andry.

Candy estaba cerca de un chico quien intentaba consolarla, su hermano Albert les acercó vasos con café y se dirigió a donde nos encontrábamos su padre y yo. -¿Qué pasa con Candy?

-Tuvo conflictos con Annie. Archie intenta calmarla, pero no logra hacerla cambiar de opinión

Estaba fuera de lugar. No era cercano a la familia Andry como para estar presente en un momento tan íntimo y era probable que yo sea el único que guardaba el recuerdo de mi primer amor.

Quise acercarme a ella para despedirme, una vez más. Sería absurdo ofrecerle disculpas, en todo caso la única culpable era su hermana.

No sentí confianza así que me dirigí a Annie para calmar su infierno, al final de todo este lío me había regalado dos veranos divertidos y una noche increíble.

En ese momento salió el médico diciendo que Elroy estaba fuera de peligro. Annie abrazó a su padre y Candy se quedó en su lugar junto a Archie.

Me acerqué a ella –Lo siento mucho, no sabía que Annie era tu hermana, yo creí que se trataba de ti…

Metió su labio inferior en su boca y me miró –Terry, te llamé muchas veces al número que me proporcionaste y nunca me comunicaron contigo

-Creí que lo habías perdido y por eso nunca me llamaste

-Me diste el número del colegio en donde estudiabas, pero nunca tuve suerte… en fin… gracias por estar aquí – Me abrazó y soltó su llanto. Sus lágrimas traspasaron mi camisa y las pude sentir en mi abdomen. –Me siento estúpida…

Intenté consolarla pero Archie la arrebató de mis brazos.

Ella le mencionó algo. Yo hice mi camino al estacionamiento y ella me dio alcance –Terry!

Me detuve y la miré. Es físicamente igual a Annie pero no son iguales en espíritu –Candy…

-Gracias por estar en estos momentos aquí, mi padre me dio tus saludos y dijo que vuelves hoy a Londres

-Así es, gracias por recordarme

-Nunca te olvidé.

Nos fundimos en un abrazo –Archie es tu…

-Ten un lindo viaje…-Me interrumpió y se despidió con una sonrisa.

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