Candy

No ha sido fácil superar mi relación fallida con Seth y por alguna razón a quien menos quiero ver es a Annie.

-Voy al colegio, mamá, nos vemos por la noche – Aunque el corazón me dolía por la inmensa herida, tenía responsabilidades que cumplir y Mis Ponny fue paciente y comprensiva conmigo otorgándome la oportunidad de faltar las dos semanas que había solicitado para la luna de miel.

-Llévate mi auto ¿Irás al hospital?

-Sí, pero no te preocupes, me hace bien caminar así intento poner mis pensamientos en orden

Estaba sumida en un pozo cenagoso, tal vez Annie tenía razón pero yo no le quise creer.

¿Cómo no me di cuenta? Me siento estúpida.

Susana Marlow me quitó a los dos hombres que he amado en mi vida. Bueno, yo le cedí el camino con Terrence creyendo que eran felices, pero con Seth… ella no tenía derecho a hacerme lo que me hizo.

Yo le evité un dolor profundo sacrificando el amor que sentía por Terry.

Él debe odiarnos, así como yo odio a ella y a Seth…

Cada mañana tomaba un bus que me dejaba a medio camino para llegar al colegio y la otra mitad prefería caminar.

Al llegar y ver las caritas inocentes de mis pequeños toda mi frustración y dolor quedaban fuera al cerrar la puerta -Buen, día

-Buenos días, Miss White – A pesar de la demanda que establecí contra Neil Legan su hermana Elisa intentaba constantemente ser mi amiga y por la supuesta amistad que teníamos se tomaba el derecho de decirme cuál era la mejor forma de educar a mis niños. Ella no comprendía que mi mejor método era brindarles el amor y la confianza que ellos necesitarían en su vida adulta; esa era la razón por la cual mis niños salían de su lugar y me abrazaban al dar el saludo cordial matutino.

-Hoy repasaremos las vocales con una canción!…. ¿Les parece bien?

-Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, una canción Tenía al grupo prescolar más escandaloso de todo el colegio y yo era feliz con ello

Disfrutábamos el tiempo de descanso, las actividades deportivas, se integraban perfectamente para los festivales… era el mejor grupo. –…Así fue como se declaró la independencia

-¿Eran necesario que la gente muriera?

-Por desgracia tuvo que ser así, pero gracias a esas personas que ofrecieron su vida podemos disfrutar de libertad… ¿Cómo disfrutan de su libertad?

Donna, una niña rubia levantó la mano – Comiendo los caramelos que yo quiera – Su comentario sincero provocó que riera, y tras ella se desataron muchos comentarios similares.

Los días pasaban rápidamente, esperaba con mucho cariño los días lunes para verlos y cuando menos me daba cuenta el viernes tocaba a la puerta anunciando el fin de semana.

-A ponernos las batas de artes, haremos un mural para el festival del día de las mamitas

-Yo quiero el color rosa, Miss White

-Adele, comparte el rosa con Marie, por favor

-Sí, Miss.

En el momento del descanso, me dirigía con mi grupo al patio de infantes. Camino allá me percaté de un pequeñito que lloraba tras una banca –Vayan a los juegos, les alcanzo en seguida – Solté las manitos de tres de mis niños adorados para preguntarle al pequeño castaño qué le ocurría.

-¿Qué pasa? – Se escondió detrás de la banca y me costó sacarle sin lastimarlo -¿Cuál es tu nombre? – Me miraba con sus hermosos ojos bordeados de unas pestañas enormes

-Dani, mi papito me llama Dani

-Mucho gusto, Dani, soy Miss White ¿Quieres venir conmigo a los juegos?

-No puedo moverme de aquí, Miss Eliza me castigó y dijo que debía permanecer aquí.

-Bien, entonces me quedaré aquí contigo, ¿Te parece la idea?

Su carita se iluminó y me regaló la más hermosa sonrisa que podía tener. Jugamos observando a unas hormigas que llevaban a cuestas moronas de pan e inventamos un juego en el cual las líneas de las baldosas nos ayudaron mucho.

Lamentablemente el tiempo no se detiene y el timbre sonó anunciando el fin del descanso.

Al salir de clases, Dani esperaba sentadito en la banca en la cual habíamos jugado –Daniel, vamos a la salida a esperar a tus papás – Me incliné a su altura

-Ahora voy; yo, yo te esperaba Miss White, toma – Me ofreció su manzana – La guardé para ti. ¿Podemos jugar mañana otra vez?

-Muchas gracias- acepté su obsequio, no podía rechazarlo porque podría provocar una reacción negativa en él –Sí, mañana aquí te veré

Me dio un beso en la mejilla y echó a correr – Ya vino el chofer por mí.

Regresé a mi salón para recoger mi material didáctico -Candy

-Ah! Hola Eliza, pasa

-Candy, solamente quiero pedirte un favor…

-Creo que se trata de Daniel ¿No es así?

-Exacto, no quiero que te metas en la forma que disciplino a mis alumnos, él es un alumno nuevo, poco sociable y huraño; no obedece las indicaciones y no quiere participar en las dinámicas grupales

-Creo que te excediste en la disciplina, si él es nuevo en este colegio es justificable su falta de integración, creo que …

-No te gusta que me meta en tu forma de educar a tus alumnos, te pido el mismo respeto por mi forma de impartir disciplina

-Está bien, pero no puedo asegurarte que Daniel deje de ser mi amiguito

-No tengo problema en ello, únicamente que cuando esté en disciplina puedas respetar eso

-Sí, cuenta con ello

-Tan amigas como siempre ¿Verdad?

-Claro, Eli, claro.

Ese pequeño huraño, como lo describió Elisa, tenía un no sé qué, que me cautivó, era pequeño y tenía una hermosa sonrisa que no sé en donde la he visto o a quién se la he visto…

No entiendo cómo Eliza puede castigar a un pequeño tan hermoso y bien educadito como lo es Daniel, en verdad no comprendo.

El pobrecito se la pasa sentado en la banca que para él significa dos cosas: Castigo y la esperanza de verme –Es un rebelde

-¿Cómo puedes decir que es un rebelde, Eliza? Miss Ponny, le ruego que tome cartas en este asunto, no existe día que el niño no esté en esa banca a medio pasillo, él no está aprendiendo

-Son mis métodos, no te metas

-Me meto porque me parte el alma verlo ahí, solo, sin amigos, sin aprendizaje

-No se integra, le pido que trabaje en equipo y no se mueve de su lugar, pero le digo, vete a la banca de castigo y sale corriendo, esto es tu culpa

-No me puedes culpar por algo que tú has provocado

-Basta! Maestras, basta! Miss White, hablaré en privado con Miss Eliza, le suplico que abandone mi oficina

-Le ruego, Mis Ponny que cambie al pequeño de salón, estoy segura que no le agradan las clases de Miss Eliza

-No digas eso, mis alumnos son mejores que los tuyos.

Salí furiosa de la rectoría, no podía creer que Eliza castigara todos los días a Daniel. -¿En qué trabajan tus papitos?

Le dio una mordida a su fruta y al pasar su bocado contestó – Mi mamá se fue de la casa y nos abandonó a mi papito y a mí – Sus ojitos se perdieron en la inmensidad del patio –Mi papito cuenta el dinero de mi abuelo –Las palabras "nos abandonó" reflejaban el dolor de la persona que se las enseñó y no de Daniel, es muy pequeño para definir la situación sentimental de sus padres. –Yo vivo en casa de mis abuelitos

-Siento mucho lo de tu mamá

-No quiero participar en el festival de las mamás, pero Miss Eliza no me entiende

-¿Te digo un secreto?

-Sí, prometo no decirlo

-No le digas a Miss Eliza que yo te dije, pero el día del festival puedes invitar a tu abuelita.

-Sí, voy a invitar a mi abuelita y a ella le daré mi rosa

-Tienes que aprenderte muy bien la canción que Miss Eliza les está enseñando y cantarla muy fuerte ese día

-Mi abuelita no es mi mamá, es mamá de mi papito… Miss Candy – Me miró -¿Quieres ser mi mamá?

Esa pregunta era difícil de responder. En la materia Psicología Educativa nos recomendaron tener cuidado con involucrarnos sentimentalmente con nuestros educandos; aunque la mayoría de la temática de la asignatura nos guiaba al mejor concepto de enseñanza, nuestra catedrática nos dijo que la mayoría de pequeños crecen con ilusiones y no saben dividir el mundo real del mundo fantasioso. Si le daba una respuesta afirmativa corría el riesgo de herir sus sentimientos, pero otro lado la palabra "no" era algo a lo que él estaba familiarizado y no quería que él pensara que nuestra amistad era tan frágil –Dani, estoy segura que tu mamita te ama y ese día será algo maravilloso en compañía de tu abuelita, ella estará feliz de acompañarte y sabes que puedes contar conmigo

Miss Ponny creyó que lo mejor para Daniel era dejarlo en el grupo que se le asignó desde que le aceptaron, no sé quiénes puedan ser sus familiares pero habló de un favor. Aunque no estoy completamente de acuerdo creo que ella tiene la suficiente sabiduría, responsabilidad y madurez para tomar las decisiones, por algo es la rectora de este colegio.

Mi hermoso niño castaño me esperaba todos los días, sin faltar, en la banca de los castigados, como Eliza solía llamarle, pero para él y para mí, así como algunos de mis alumnitos que se quedaban con nosotros a la hora del descanso, aquella banca podía representar un barco pirata, una isla desierta, un castillo, un auto de carreras, un cohete rumbo al espacio, la Casa Blanca, en fin…. La imaginación de mis niños y sus risas hacían de este lugar algo especial y único.

Terry

Después de dos semanas y de meditar en la posibilidad de enviar a Daniel al colegio que Penélope me recomendó, accedí. -Deseo que mi hijo se integre a la sociedad con niños de su edad

-Comprendo, Señor Grandchester la situación emocional del pequeño, es un poco complicado matricularlo ya que el ciclo escolar está muy avanzado

-No importa si no está matriculado, él vive prácticamente entre adultos, la separación de su nana le ha provocado un poco de depresión. Miss Ponny, mi hijo es un niño educado en los estándares ingleses, le prometo que no le dará problemas

-No lo tome por ese contexto, pero está bien, lo tendremos como oyente y lo matricularemos el próximo ciclo escolar. Le prometo que estará bajo el cuidado y responsabilidad de Miss Leagan, le caracteriza la disciplina y el amor, su hijo se sentirá en familia

-Le agradezco, infinitamente, su comprensión y apoyo.

No me gustaba decirles a los demás que mi esposa se había fugado con un imbécil y que yo era un pobre hombre abandonado, pero fue necesario comentar un poco de la historia familiar para que aceptaran a Daniel en este prestigiado colegio.

- Hijo, te quedarás aquí, en este lugar tendrás muchos amiguitos de tu edad, aprenderás muchas cosas ¿Comprendes, verdad?

-Sí, papito

-No llores, vendré por ti o mandaré al chofer

-Sí.

-Mira, ella es Miss Leagan, será tu profesora y te enseñará muchas cosas. Vamos, te acompañaré a tu aula.

-Señor, es mejor que no, el desapego es algo que les cuesta a los infantes, no deseo que Daniel genere en los pequeños el sentimiento al verlo partir, eso es algo que mis niños ya han superado

-Sí, está bien, Miss Leagan – No estuve de acuerdo pero tuve que confiar en el juicio de Miss Leagan –Cuidate mucho, Dani, y cuando llegues a casa me contarás que tal estuvo tu día.

No podía concentrarme. El día pasó lento.

-Hijo – Al llegar a casa lo abracé tan fuerte como él a mí - ¿Qué tal tu día?

-Creo que bien. Me sentaron en la banca de los castigos

-¿Por qué? ¿Qué hiciste?

-No quise participar con los demás niños –Mi madre me miró a los ojos. Este momento era crucial en la educación de Daniel, pensaba que si lo sacaba del colegio tendría problemas más adelante y que tal vez él se creara la imagen de evadir sus problemas y responsabilidades

-Hablaré mañana con tu profesora, de ser necesario deberás ofrecer una disculpa

-Yo quiero sentarme en la banca de los castigos

-¿Por qué?

-Porque ahí espero a Miss White y jugamos en el descanso.

Mi hijo no estaba aprendiendo nada. Mi madre le preguntaba las letras y él no sabía más que de historias de fantasía y juegos, su única motivación era ver a Miss White.

Mi madre propuso la idea de solicitar que lo cambiara de salón, Daniel parecía emocionado cada mañana y agregaba una fruta de más en su box lounch.

Papá no creyó conveniente acceder a la petición de mamá por el bien de la formación de Daniel – Abuelita

-Sí, ¿mi amor?

-El martes será el festival para el día de las mamitas y me aprendí muy bien la canción

-¿Me quieres cantar un poquito? – Mamá me miró. El tema de la madre de Daniel no se tocaba mucho delante de él y era algo incómodo intentar protegerlo siempre del tema "tu mamá no está con nosotros porque nos abandonó"

-No, lo que quiero es invitarte al festival

-Me siento honrada, claro que sí

-Abuelito, ¿Es verdad que las flores que están en el jardín son tuyas?

-Sí, es verdad, me gusta ver flores en mi jardín

-¿Podrías regalarme una?

-Daniel, hay flores en la sala

-En la escuela me pidieron flores para el festival

-Entonces te llevaré a la florería y escogerás el arreglo que más te guste

-Sí, está bien –Respondió – Abuelito ¿puedo tomar una flor de tu jardín?

-Daniel, te he dicho que te llevaré a la florería

-Sí, papá, pero yo quiero una flor especial que he cuidado con mucho cariño, es así chiquitita – Juntó sus dos manos como haciendo un capullito

Papá me dijo con su mirada que él respondería a Daniel su petición -¿Para qué quieres una flor? ¿No es mejor un arreglo?

-La flor de tu jardín es especial para mí, un arreglo son muchas y yo le quiero dar una

-Está bien.

Mi familia estaba reunida para asistir al festival de Daniel. Mi madre le había peinado y él estaba feliz. Ir al colegio le estaba asentando muy bien, ya no mencionaba la banca de los castigos –Papá, ¿podemos ir a la florería?

-Claro

Quedé con mi familia de encontrarnos en el colegio, en el auditorio. –Quiero el mejor arreglo de flores para mi abuelita

-Sí, le compraremos sus gladiolas que le encantan

-Miss Eliza nos dijo que somos el último grupo para participar por eso bajaremos para darles a nuestras mamitas sus flores.

-Me siento orgulloso de ti, hijo.

Thomas grabó su carita sonriente y nos alegraba verlo entre tantos niños de su edad. Miss Eliza tocaba el piano mientras ellos entonaban su canción, poco a poco y ordenadamente desfilaron, sin dejar de cantar, y entregaban sus arreglos florales.

Cuando terminó el festival y mi hijo se acercó a nosotros nos tomamos muchas fotos con él, yo lo notaba serio, triste y como buscando a alguien entre la multitud –No me abraces fuerte, tía Penny.

-¿Qué pasa Daniel? ¿Por qué le hablas así a tu tía?

-Es que, papá, mi flor se romperá – Abrió su suetercito y debajo de su bracito llevaba la flor que le pidió a mi padre.

De pronto corrió, sin despedirse, subió nuevamente al estrado y abrazó cariñosamente a alguien, Thomas le seguía grabando; sacó su flor que no tenía la misma belleza ni glamour que las flores de los arreglos que portaban las señoras en sus manos. Le entregó la flor a una mujer, tal vez una maestra. Creí que mi mente me jugaba una mala pasada y creí, por un instante, ver a Candy

Se la puso en el cabello y ella abrazó a mi hijo.

Él señaló en nuestra dirección, pero estábamos rodeados de muchas personas, ella miró en nuestra dirección y dudo que sepa de quien se trataba la familia de Daniel porque lo abrazó y él le dio un beso en su mejilla.

A la mitad de su camino hacia nosotros se viró nuevamente para mirarla, los dos se dijeron "adiós" con las manos y una enorme sonrisa

-¡Lo hiciste muy bien!

Mark se llevó mi auto y yo iba con mis padres e hijo –Gracias ¿Te gustaron tus flores, abuelita?

-Me encantaron, cariño, están bellísimas

-Daniel –Preguntó papá pícaramente - ¿Quién es la bella señorita a la que le diste la flor?

-¿Me viste? – Dijo sonrojado y yo reí. –Se trata de Miss White… Ella me dijo que invitara a mi abuelita y que mi mamá sí me quería

-¿Ella dijo eso? – Pregunté enfadado que alguien intentara formar esperanzas falsas en la mente de mi hijo, Susana se había marchado y no había más que decir -¿Quién se cree?

-Terry, debe existir una explicación… ¿Por qué dijo eso la Miss, Dani?

-Porque yo le dije que no tenía mamá, le pedí que ella sea mi mamá y yo no quería participar

Evadí la mirada de papá quien buscó la mía por el retrovisor

Gracias por leer y por sus comentarios

Hermoso día