Al día siguiente la práctica fue a eso de las 5 a.m, Francesco estaba listo para probar la pista, habían cerrado una buena sección del centro de Towkyo para la carrera principal. Él durmió muy bien y estaba muy animado, no perdió brillo en ningún momento. Su equipo estaba suficientemente preparado, su auto daba una vuelta perfecta en cada curva. Towkyo era bastante hermoso de día y de noche, era un deleite conducir por ahí, cerca de los templos, de las casas tradicionales, del contraste del centro lleno de luces y tráfico y gente con aparatos modernos de pies a cabeza.

Había muchas personas viendo el entrenamiento, aunque todos esperaban más que nada a su corredor estrella, Shu Todoroki, el campeón nacional de Japón. Eso no significaba que Francesco no los dejara impactados. No podían esperar a la noche para ver el evento principal. Y aparte de todo, mucha gente de todas partes del mundo estaban allí presentes. Igual que la primera vez y quizás más.

Al terminar la vuelta para testear la pista, Francesco volvió a sus pits, se quitó el casco y dejó caer sus rizos negros libres por sus hombros, caminó hasta donde estaba Giuseppe.

-¿Qué tal te pareció esa vuelta, Giuseppe?

Preguntó el joven a su mentor, con una bien puesta sonrisa en los labios y mirando los monitores que estaban en la pared del garaje.

-¿Qué te pareció a ti? - Respondió con una pregunta, el viejo corredor a su discípulo, devolviendo la sonrisa. Ambos estaban bastante satisfechos. Aún así, Francesco respondió para no dejarlo en incógnita.

-Bien, la pista aún es muy relajada, excepto por la sección de tierra, para no dañar los amortiguadores Francesco no pasó por allí a gran velocidad. Pero sabe que tendrá que hacerlo en plena competencia, esta vez si lo logrará. Por lo demás, no hay problema.

-Entonces inmediatamente trabajaremos en los amortiguadores para quitarnos un peso de encima. Ahora vete a comer algo, sal de mi vista, que me distraes.

Cuando el joven Italiano dio su opinión al respecto, el más viejo escuchó atentamente, arreglarían ciertos detalles en el auto para no complicarse en pleno evento. Francesco obedeció a su maestro, con una ligera risa se retiró del circuíto, volviendo en taxi hasta el hotel para prepararse para su "cita".

Apenas al entrar en la habitación 33, se dio cuenta que habían limpiado en su ausencia, y las toallas de la noche anterior ya no estaban. Suspiró un poco angustiado, pero prontamente pensó:

-"¿Por qué me importa que las toallas las haya cambiado otra persona? Es una soberana tontería."

Se rió de su propio comentario, de su propio sentir, yéndose a arreglar, pasaban de las 7 a.m, no estaba seguro a qué hora desayunaban en Japón, pero se apresuró para llegar antes de las 8:00 a la cafetería.

Se vistió con una camisa color rojo Ferrari y un par de jeans negros, con zapatos a juego, nada muy formal ni muy informal, peinó su cabello un poco hacía atrás, aunque los rizos se le formaban quisiera o no, pero se le veían muy bien a su cabellera oscura. Caminó hasta el lobby del hotel, y preguntó al recepcionista por el local que Kaori le mencionó. El recepcionista le indicó que saliera del hotel y caminara dos calles por su izquierda siguiendo en la misma acera.

Francesco le dio las gracias y se retiró, se sentía genial, recreaba la vista mirando por todo lugar, y coqueteando con su sonrisa para algunas mujeres japonesas que le devolvían el gesto de forma discreta, combinado con una risilla.

Podría llevarse a cualquiera de esas jovencitas a pasear por la ciudad, presumiendo su ser, a una o quizás dos o tres. Pero curiosamente en ese momento, iba con la mente centrada a cumplirle a Kaori, aquello de querer disculparse, obviamente era una excusa para salir con ella. Iba a hacerlo de todos modos.

Llegó el Italiano finalmente a Turisuto Kafe, desde afuera se veía acogedor, no había mucha gente en ese instante, o eso era lo que se podía ver desde los ventanales en su posición.

-¡Señor Bernoulli!

Lo llamó, la misma voz de ayer, baja y provocativa, según lo pensó. Era Kaori, se veía tan diferente en ese atuendo, llevaba una blusa china de flores rojas y negras, con calzas negras y unos botines rojos también. Con el cabello tomado pero dejando caer su coleta pelirroja por la espalda casi hasta las pantorrillas. Sí, tan diferente a su uniforme del hotel.

-Kaori, te ves hermosa. - Sonrió ampliamente. A ella al parecer no le gustó su cumplido.

Lo miró un poco extrañada, sin sonreír, no le creía ¿Cómo creerle a un mujeriego? A Francesco no le importó demasiado, porque él sentía que lo había dicho no era sólo de la boca para afuera.

-¿Te hice esperar mucho? - Fue la siguiente pregunta de él.

-No, no se preocupe, llegué hace unos 5 minutos, temí que haya llegado antes y pudiera haberse ido, pero, ya veo que llegamos casi al mismo tiempo.

Respondió la peliroja, y Francesco se sorprendió al ver que ambos llevaban los mismos colores encima, salvo por el pequeño logo verde blanco y rojo que él tenía bordado en la parte inferior de la camisa. La bandera Italiana en forma geométrica que era su escudo personal, era su marca y casi toda su ropa lo tenía.

-Ya veo, bueno ¿Entramos?

-Sí. -

Ella afirmó, y Francesco le abrió la puerta, a Kaori eso le daba igual. Una mesera con uniforme blanco y naranja los atendió inmediatamente, dándoles los buenos días y ofreciendoles una mesa para dos. Ambos agradecieron el gesto. Él ayudó a la peliroja con la silla y luego fue a sentarse a su sitio. La mesera dejó la carta, volvería después por el pedido.

Kaori bajó la carta, ella siempre pedía lo mismo en todas las cafeterías, un Capuccino Mocaccino Express con crema de vainilla y un trozo de pastel de limón, así que no se molestó en mirar

-¿Estás lista? Que rápido. - Observó Francesco y sonrió.

-La verdad, es que siempre pido lo mismo, así que... no miro las cartas. - Kaori había cambiado un poco su expresión a una más amistosa, no era malo tener una conversación, además, sólo era un desayuno.

-¿Cómo le fue en su entrenamiento esta mañana? Si no es mucho pedir esa pregunta. - Se atrevió a ser un poco más sociable con él.

-No seas tan formal conmigo, me siento viejo, y sólo estoy en los 30. - Se rió. - Pero te agradezco la pregunta, a Francesco le ha ido bastante bien esta mañana, y ahora se pone mejor. Este tiempo ha hecho este día, genial. Tengo el presentimiento de que hoy, todo irá para mejor.

Ella también se rió cuando él dijo que se sentía viejo, tenían ambos casi la misma edad, era verdad, entonces lo trataría con menos formalismo.

-Está bien, no volveré a decir "Usted" pero, no entiendo por qué hablas en tercera persona aveces y aveces no.

Kaori estaba comenzando a preguntar con un poco más de atrevimiento, a Francesco le pareció hermosa su sonrisa, y le encantó hacerla reír por fin.

-Es algo que caracteriza a Francesco, y le da estilo ¿No crees? Pero no siempre lo hago, porque no es necesario, simplemente eso.

Cuando respondió, la chica que sería su mesera regresó, era bastante bonita, pero curiosamente Francesco no le hizo encantamiento alguno. Sólo pidió lo que necesitaba para el desyuno, y Kaori ordenó también.

La chica volvió con el pedido, Francesco y Kaori siguieron hablando placidamente, él le contó un poco de su vida, ella también.

Hasta que él hizo un movimiento, con una pregunta infaltable.

-¿Tienes novio?

-No, bueno, mi último novio vive en Osaka, yo soy de allá, pero hace un año que estoy sola y supongo que es mejor así, estoy más tranquila.

Kaori respondió sin sentirse incómoda o molesta, comía poco a poco su trozo de pastel de limón, y quitaba a pequeñas cucharadas la crema de su Capuccino, la que se llevaba a la boca lentamente, sin revolver toda la bebida, no le gustaba mezclar todo.

-Ya veo...- Fue lo único que dijo Francesco y sorbió un poco de su café.

-¿Y tú? ¿Por qué estás tan solo en tu corazón?

Esas preguntas que lanzó ella, fueron como un par de dagas, pero él no demostró dolor ni nada parecido, sólo bajó su taza de café hasta el plato que tenía en su lado, y sonrió, como siempre.

-No estoy solo, Francesco siempre atrae a las mujeres, es demasiado popular. No conoce la soledad, es imposible que esa palabra aparezca en su vida.

Respondió con toda confianza, haciendo ver que estaba muy bien para lo solo que en realidad estaba, sobretodo en cuanto a asuntos del corazón. Tal vez podría tener a las mujeres más hermosas del mundo, pero en el fondo, no podía retener a nadie, por vanidad, por su reputación, porque lo quería todo, quería probarlo todo y no podía dejar a ninguna fuera. Aunque en ese preciso momento... era un poco diferente.

-Me alegro... supongo. - Dijo Kaori, y siguió comiendo de su pastel de limón.

-Oye... - Comenzó el Italiano otra vez. - ¿Podrías hacerme un último favor?

-¿De qué se trata? - Preguntó la peliroja, muy curiosa esta vez.

-Si gano la carrera de esta noche... quiero que vengas a celebrar conmigo. - Antes que ella dijera algo, él dio una explicación razonable. - Es todo, es lo último, ya que pronto después de esto, Francesco debe volver a Italia para la próxima carrera. Juro que será lo último.

Kaori lo miró, no estaba muy segura de eso, pero si era un último favor, y era seguro que sería así, entonces...

-Acepto, pero sólo si ganas, sino este desayuno será la conclusión de este encuentro entre nosotros. - Dijo ella, y el Italiano aceptó sin quejas. Si él ganaba esa noche, ella lo esperaría en el hotel, porque Francesco le pidió que se encontraran ahí. Ya que él debía preparase para partir inmediatamente. Entonces luego de aquel desayuno, quedaron comprometidos en eso.

Se separaron al momento de acabar de comer, y cada uno se fue por su lado. Al llegar la noche en las gradas y en las calles de Towkyo, no cabía la emoción del momento. Se celebraba la primera carrera del WGP, en una segunda oportunidad.

Continuará...