Nota de la Autora: Advertencia, este episodio contiene una escena de sexo.
Kaori esa noche no miró la carrera, se distrajó ocupada con otras cosas, su abuelo había ido a visitarla esos días a Towkyo, desde Osaka, ellos tenían un dojo de artes marciales allá, y aunque no era muy famoso, era algo que les dejaba para comer y mantenerse en el año, más lo que ella ganaba trabajando en el hotel, era suficiente. Algunos discípulos les pagaban con sacos de arroz o trabajos en la casa y el dojo, cuando no tenían dinero. Eso era muy bien aceptado por ellos.
Jin era un hombre serio cuando debía serlo, se preocupaba mucho por Kaori, era practicamente más que un padre, pero la pelirroja le llamaba abuelo porque él era mucho muy mayor, y ella sabía que sus padres habían muerto cuando tenía sólo un par de meses de vida. Francesco tenía razón, Kaori no era japonesa, pero al ser criada en ese país, ya lo era, era parte de Japón. Jin nunca supo su nombre real, así que simplemente la adoptó con un nuevo nombre.
En ese momento disfrutaban ambos de una cena en el hotel, en la habitación de ella, alejados de la muchedumbre y del ajetreó que se formó por la carrera, afuera era una locura total.
-¿Quieres más té, abuelo?- Preguntó ella, mirando al hombre, con alegres ojos marrones.
-No, muchas gracias querida, estoy bien. Fue una buena cena, cada día estás cocinando mejor, antes eras un desastre.
Se rió Jin, pero a Kaori no le gustó demasiado el comentario.
-Contrata una sirvienta la próxima vez.- Le recomendó ella.
-Que ironía. - Agregó el hombre.
Y ambos rieron, el viejo Jin notó rápidamente lo alegre que estaba su nieta, hace mucho que no la había visto reír así, además se veía diferente, se había arreglado de cierto modo.
-¿Vas a salir?- Preguntó él, muy curioso.
-Algo así, y todo depende. - No le dio muchas pistas al respecto.
-¿Tienes un novio nuevo? Espero que sea millonario. - Bromeó Jin.
-¡Abuelo! No, no es mi novio, sólo será una cena de ocasión, ya sabes, los tipos del hotel a veces son muy insistentes. - Decía mientras recogía algunos platos para llevarlos a lavar.
-¿Cena? Entonces ¿Por qué estás cenando conmigo si vas a salir a cenar? - El anciano estaba cada vez más curioso del asunto.
-Es una larga historia, pero, me gusta cenar contigo, además sé que pronto tendrás que regresar a Osaka, y no te veré hasta el próximo mes. Pronto me darán vacaciones y podré ir a ayudarte con el Dojo. Para mí es importante también compartir contigo. - Terminó de hablar, y comenzó a lavar los platos, antes se puso un delantal para no manchar su ropa. Llevaba un vestido negro de tirantes con falda de corte disparejo y encaje, que combinaría con zapatos de tacón bajo. A Kaori no le gustaban los tacones altos, y no le gustaba verse más alta de lo que ya era, sobretodo con un hombre. Por suerte Francesco era más alto, quizás 1,80, unos 10 centímetros más alto que ella.
Terminó de lavar, secar y guardar todo en las alacenas, prontamente se quitó el delantal, y se puso un poco de maquillaje y perfume antes de salir. Guardó una pequeña botella de su perfume en el bolso de mano. Y caminó en frente de su abuelo, dando una vuelta.
-¿Cómo me veo? - Sonrió y estiró los brazos, como si estuviera presentándose ante un público grande.
-Te ves genial, pequeña, si quieres impresionar a ese tipo, entonces, lo lograrás. - Le habló sinceramente. Ella no era su pequeña en forma natural, pero Kaori era un verdadero orgullo para él, haberla criado tan bien le daba satisfacción, ella no era de las mujeres que se morían por no estar con un hombre.
Llevaba su vida de manera normal, sin dejar que su soledad la invadiera, luego de romper con su anterior novio, quien se había puesto violento de manera increíblemente repentina, a causa del estrés de su trabajo y un par de intentos de suicidio. Su forma de vida lo tenía mal, una vez le dio un golpe en el rostro a Kaori.
A pesar de que ella es buena en artes marciales, no se defendió del ataque de ese hombre, porque la pelirroja nunca pensó, que ese ser que decía amarla tanto, iba a llegar a esos extremos. Confiaba tanto en él, que no repelió su golpe.
Él le rompió el corazón, ella estaba dispuesta a pasar el resto de su vida con ese hombre, pero sucedió aquello, y ya nada fue lo mismo. Kaori se fue, no iba a soportar un segundo ataque de su parte.
Desde entonces nunca más supo de él, así que siempre pensó que seguía viviendo en Osaka, aliviándose de que no la buscara.
Repentinamente Jin encendió la televisión, la primera carrera del WGP había terminado, y en la Pole, Francesco estaba de primero. Eso significaba que Kaori debía cumplir el compromiso y esperarlo.
-Ya me voy, abuelo, siéntete libre de quedarte, tengo llave, así que cierra bien la puerta por favor. - Dijo ella, se puso los zapatos negros de tacón bajo en la entrada, se despidió del viejo Jin y salió finalmente.
Caminó despacio hasta el piso en donde se encontraba la habitación 33, obviamente él no llegaría inmediatamente, así que... esperó.
Mientras Kaori jugaba tetris en su teléfono móvil, Francesco llegó después de 45 minutos, hizo todo muy rápido para no llegar demasiado tarde. Su equipo se quedó aún en el circuito, preparando las cosas para partir de regreso a Italia.
Ella levantó la mirada y apagó su móvil cuando lo vio venir a la puerta de su habitación.
-Felicidades por esa victoria. - Le dijo con una pequeña sonrisa. Él venía un poco anonadado, no había dicho una sola palabra, pero le sonrió a la pelirroja. Estaba muy cansado, y en el fondo se alegraba que ella estuviera allí y se veía preciosa.
-Si no tienes ganas de celebrar como habías dicho, lo comprendo, me iré. Es mejor que descanses, tienes un viaje muy largo ¿Verdad? - Kaori notó el cansancio extremo del Italiano, pero él con orgullo cambió el gesto.
-No puedo, tenemos un compromiso, y ya pedí la botella de Champagne para la habitación. También pedí algo de Sake, la primera vez que Francesco vino aquí, no tuvo la oportunidad de probarlo, pero hoy lo hará. - Sonrió con mejor cara. Y al fin pasaron a la habitación.
Ella entró primero y se quedó en pie frente a un escritorio y junto a una silla, claramente quería sentarse pero no lo hacía mientras el anfitrión no diera su permiso.
-Por favor, siéntate, lamento la demora, pero prometo que vine lo más rápido que me fue posible. - Se excusó al mismo tiempo que se sentaba sobre la cama. -¿Sabes? Te ves preciosa con ese vestido. - Sonrió.
-Gracias... y no te preocupes, seguro fue una gran carrera, lamento no haberla visto completa, pero me visitó una persona muy importante esta tarde y tuve que atenderlo. - Comentó totalmente despreocupada, pero notó que Francesco la miraba un poco extraño. -¿Qué pasa?
-Una persona importante... ¿Regresaste con tu ex novio? - Balbuceó un poco, y su tono era preocupado.
-No, se trata de mi único pariente, mi abuelo ¿Recuerdas que te conté de él cuando desayunamos esta mañana? - Volvió a explicar.
-¡Sí! Claro, tu abuelo... claro... - Sonrió sintiéndose un poco tonto, y fue una buena distracción cuando de repente tocaron a la puerta. -Disculpa un segundo. - Dijo el Italiano y abrió, era lo que estaba esperando, la botella de Champagne y el Sake. Cerró la puerta y llegó con una bandeja con todo para servir. Francesco en realidad no entendía cómo se servía el Sake, el sirviente que dejó todos los utensilios sólo le dio todo y se marchó.
Kaori rió al verlo, y le ayudó con la bandeja, la puso sobre el suelo y se arrodilló frente a ella, preparando la bebida con cuidado. Invitó al joven a sentarse también.
-Esto se sirve desde estás pequeñas botellas blancas, yo lo haré, no te preocupes. - Ofreció la chica, y sirvió a él un pequeño vaso, ella se sirvió otro.
-Se bebe de un sorbo, vamos, inténtalo. - Animó Kaori a Francesco, para que probara el Sake. Él se hizo el valiente y se bebió el sorbo como ella se lo dijo, pero sus ojos lagrimearon un poco apenas sintió el ardor en la garganta, era una bebida bastante fuerte.
Mientras bebían, hablaban de diferentes cosas, cualquier cosa que se les viniera a la mente, ya que con el Sake y el Champagne la cabeza comenzaba a darles vuelta y no reaccionaban a nada coherente, se reían bastante, conscientes de sus propias tonterías. Aunque él le contaba anécdotas sobre los circuitos y sobre los corredores.
-Francesco no entiende por qué los muchachos lo detestan tanto, él sólo lo dice de broma. - Hablaba de cuando Francesco decía algún comentario hiriente, y le daba igual lo que pensaran de él.
-No creo que te detesten, quizás sólo no lo entienden... - Kaori mira su reloj. -¡Oh! Son más de las 2:00 a.m, tengo que trabajar esta mañana, debo irme. Se para de su sitio y trata de buscar sus cosas.
Francesco se pone repentinamente de pie, un poco mareado, pero aun así trata de detenerla.
-¡Espera! Kaori... No te vayas... - Pidió, casi suplicante.
-No puedo, tengo que estar en la cocina del hotel antes de las 10:00 a.m. Perdóname... espero que tengas un buen viaje, te agradezco mucho este día. De verdad gracias.- Aunque estaba un poco tambaleada, dio su mejor esfuerzo por mirarlo de frente y sonreír.
-Kaori... - Al estar así frente a frente y pasado de copas, la sostuvo de ambos hombros contra la pared y se atrevió a besarla.
-No, no... ¿Qué está...? - El beso le cortó la frase, y aunque se resistió al principio, no sabía por qué, si en realidad era por estar bebida o era algo que quería que hiciera. Pero lo aceptó, no se resistió más y puso sus brazos al rededor del cuello de Francesco, fundiendo sus labios a los de él. Dejando que sus lenguas juguetearan un poco antes de cortar su respiración y separarse un momento.
-No me dejes, me siento muy solo. - Reveló el Italiano con voz honesta y quebradiza, volviendo a besarla con deseo.
Ella sólo lo miraba con compasión, escuchar esa frase le hizo agua el corazón, ella también se sentía sola, en el fondo y esa soledad unida de los dos, tenía rostro de pecado.
Como la tenía contra la pared, él levantó con su zurda, la pierna derecha de ella, y comenzó a recorrer su muslo por debajo del vestido, suavemente, atrayendo su cuerpo hacia él, meneando ambos las caderas, rozando sus partes íntimas por encima de la ropa.
Ella se sonrojó, su rostro estaba bastante caliente, igual que su cuerpo, al sólo sentir esa sensación de vacío y lujuria que juntos eran un peligro, no sabía si continuar. Su mente le decía que se calmara, pero su cuerpo la contrariaba, y su corazón también. Así que se abrazó fieramente al cuerpo de Francesco para sentir más de ese calor. Pero no fue suficiente y se apartó un poco para comenzar a quitarle la ropa, casi jalando sin piedad los botones de esa camisa oscura, y llegar a acariciar su torso desnudo con sus manos, sus labios y su lengua. Bajando despacio hasta su bien formado vientre.
Francesco no la detuvo en ningún momento, él quería que todo eso sucediera, pero ella se quedó allí, arrodillada frente a su vientre, algo le obstaculizaba el paso más allá, ese cinturón, ese maldito cinturón de cuero negro. Se lo tuvo que quitar de inmediato, así como apartar ese botón del pantalón y bajar la cremallera para dar paso a la ropa interior de él. Su rostro se tornó más rojo cuando pudo ver su intimidad bajo los interiores, estaba bastante excitado, se podía notar simple vista la dureza que tenía.
Kaori entrecerró los ojos, tomando con una mano su miembro, y masajeándolo de tal manera que él sintiera placer. El Italiano lanzó un gemido, mordiéndose los labios un par de veces, y más lo hizo cuando sintió que ella comenzó a recorrerlo con su lengua.
Francesco posó ambas manos sobre la pared, sus dedos rasguñaban el papel tapiz de la habitación, el calor de su cuerpo era cada vez más intenso, y sus músculos se tensaron, pero era una tensión placentera, irónicamente un relajo. La pelirroja abrió la boca para introducir su virilidad en ella, lo hizo poco a poco, tratando de no tocarlo con sus dientes, se movió adelante y luego atrás.
Él bajó una de sus manos hasta la cabeza de ella y la empujó más hacia él para que su boca llegara un poco más profundo, a su vez se meneaba despacio para no asustarla. Kaori no pudo introducirlo todo, era grande, cerró los ojos fuerte, y se quejó por intentar llegar más allá de su garganta. Pero pronto Francesco hizo la cadera para atrás, obligando a la chica a dejarlo ir. Estaba demasiado excitado, su rostro no podía más de calor, la miró hacia abajo, ella aún estaba de rodillas, como sorprendida de su movimiento.
-Lo siento, no puedo... - La pelirroja trató de decirle que no podía más con su boca, su hombría era demasiado grande para ella, Francesco estaba respirando agitado por la boca. La ayudó a ponerse de pie, y sin decir una palabra le jaló el vestido hacía abajo, rompiendo los tirantes, dejando ver su cuerpo casi desnudo, su piel parejamente pálida, si no fuera por su ropa interior, la vista sería completa. Ella dio un pequeño chillido, por la acción repentina.
Comenzó a sentir la mano del Italiano bajo su pantaleta de encaje, negra, masajeando su intimidad, cerró los ojos y jadeó sin control, su respiración se hizo cada vez más ansiosa. Él subió su mano libre hasta sus pechos que ya estaban sin brasier, acarició uno de ellos suavemente, acercó su boca para lamer aquella aureola rosa, que con aquellos toques, estaba claramente empinada de placer.
Sintió sus fluidos caer por su mano, ella estaba completamente húmeda, y su intimidad muy caliente. Le quitó las pantaletas, Kaori, con la espalda pegada a la pared, movía su cadera, buscando algo. No decía nada, pero quería que él se fundiera con ella.
Francesco se movió de tal modo que dejó su sexo justo en la entrada de el de ella, tomó la pierna de Kaori una vez más, levantándola para que le sea más fácil entrar, empezó a frotar uno contra el otro.
-Ah... Hazlo ya... - Gimió ella, cuando él comenzó a entrar poco a poco. A pesar de que no era virgen, era estrecha, exquisita, como si no la hubieran tocado. Fue comprobando eso mientras iba invadiendo cada vez más su húmeda intimidad.
-Ghnn... Ah...- Se quejó un poco Kaori, con lágrimas en los ojos, el Italiano la tenía bastante grande, aun así, después de ahí, no había vuelta atrás. Porque estaba tan caliente que una vez que asimiló aquel tamaño, se movió presurosa. Enredándolo y atrayéndolo con su pierna para sentirlo todo dentro de ella.
El cuerpo de la pelirroja comenzó a temblar, mientras él la empujaba contra la pared, llegando tan profundamente como le era posible, besando su cuello, sus mejillas, su mentón y sus labios. Los pechos de ella se rozaban con el torso de él, y ese toque de piel la invitaba al éxtasis.
Les daba exactamente lo mismo molestar al otro lado de la habitación, sus gemidos eran cada vez más fuertes, al igual que las embestidas del Italiano.
-Voy a... acabar... ah... - Dijo ella a punto de sentir del orgasmo, se movió más rápido y Francesco no pudo resistirlo más. Ese movimiento fue tan delicioso que no pudo evitar eyacular dentro de ella, simplemente fue inevitable. Le soltó la pierna, dándole otro beso en los labios, luego se hizo un poco de espacio para respirar.
-Una vez más...- Susurró él.
-¿Qué? - Se sorprendió la pelirroja al oír eso. Pensó haber oído mal. Pero Francesco la tomó en sus brazos y la llevó a la cama, aún no se rendía. Allí arremetió nuevamente, no sabía si era el efecto del alcohol, pero estaba demasiado excitado como para terminar eso ahora.
-No... me vas a matar. - Lo miró angustiada. Aunque no se resistió, la adrenalina seguía fluyendo esa noche.
Pasaron más de dos horas y lo habrían hecho com veces en el transcurso antes de quedarse dormidos.
A las 6:30 a.m. Giuseppe se paró fuera de la habitación número 33, y comenzó a llamar a Francesco. Curiosamente el joven corredor ya estaba en pie, sólo había dormido una hora, sabía que tenía que marcharse.
Tomó sus cosas y se fue a la puerta, antes de eso escribió una pequeña nota en un recadero que estaba sobre la mesa de noche al lado de la cama. Dio un fugaz beso en los labios a Kaori, quien se quejó un poco entre sueños, y pronto él se marchó.
Continuará...
