6.- Años de silencio.
Era la mitad del Octavo mes cuando Kaori rompió fuente y fue internada en uno de los hospitales de Osaka, cuando se trataba de embarazos múltiples, generalmente era difícil completar el ciclo. Ella lógicamente tenía miedo, en el pabellón había colgado un crucifijo cerca de un reloj redondo y blanco que miró todo el tiempo, pues era lo que más podía ver desde su posición.
8 de Agosto, 8:25 de la tarde, una cesárea... el primero en nacer fue Lucciano, sin mayor problema, casi 3 kilos, su llanto fue un hermoso alivio, la enfermera lo acercó a Kaori para que lo conozca, y ella sonrió, dándole un pequeño beso en la cabeza. Cinco minutos después, nació la niña, Luccia, hicieron el mismo proceso con ella, pesó unos gramos menos que su hermano y lloró más fuerte que él. Su madre le besó también antes de que la enfermera se los llevara para revisarlos, antes de volver a verlos más tarde.
Más que nada nombró a los niños así, porque averiguó que su padre habría nacido en Firenze, en una villa llamada Villa Lucciano, y al ser gemelos hizo sonar los nombres similares para ambos hermanos. Tal vez era una tontería, pero a Kaori le encantaba como le quedaban a los niños.
Por un lado no sabía si era una mala broma haber descubierto que su padre era Italiano y se llamaba Valentino. Pero al menos él, no era como Francesco, al menos eso ella quería imaginar. La pelirroja le puso ambos nombres a su hijo, aparte del primero, y quedó: Lucciano Francesco Valentino. Pensando que era lo justo, ya que no verían a su padre nunca.
A un instante similar, de madrugada en una casa de Porto Corsa, Italia, un exaltado Francesco despertó, se le escapó un gran gemido que se hizo escuchar, al mismo tiempo que se sentó en la cama, respirando agitado.
Su madre entró a verlo, lo había oído, era de las pocas veces que él se quedaba con ella, cuando podía volver a casa y visitarla en medio de su temporada de carreras.
-¿Ciccio? (Nota: Ciccio es un diminutivo de Francesco, y una variación de sobrenombre cariñoso que se usa en Italia.) ¿Qué sucede, estás bien? - Desde la puerta, podía verse la silueta de una mujer mayor, en un camisón largo de color rojo, y con el cabello negro suelto cayendo por sus hombros. Su dulce rostro de ojos castaños preocupados se dirigieron directamente a mirar a su hijo.
-Sí, mamá... yo... - Después de regular su respiración a una más pausada, miró a su madre con ojos interrogantes. -¿No escuchaste a un bebé llorar?
La mujer sonrió un poco extrañada enmarcando una ceja y sin despegar la mirada de él. -No ¿Por qué? Tal vez tuviste un sueño. - Suposo ella.
-Sí, es posible... pero no sé por qué, fue algo bastante intenso. - Cayó hacia atrás con la cabeza en la almohada. -No importa. -
-Intenta dormir otra vez, se está haciendo bastante tarde, descansa. - Le aconsejó su madre y salió de su habitación. Sinceramente como madre, ella presentía que ese sueño significaba algo, no era normal sobresaltarse tanto soñando con el simple llanto de un bebé.
Al ella marcharse, él se quedó en silencio, mirando el cielo de su alcoba, no podía quitar ese sueño de su mente, había sido tan fuerte que todas sus emociones vibraron, hasta su corazón bombeó con fuerza y aún no lograba calmarse del todo. Esa noche, Francesco tardó mucho tiempo en volver a coincilar el sueño.
Pasaron los días y en Japón, la intensidad de los ojos azules de Lucciano se hacía notar, así como los ojos verdes en Luccia.
-Que extraño... si ambos tenemos los ojos oscuros y por lo que dice esta revista de ciencias, cuando ambos padres tienen los ojos oscuros, la probabilidad de que los hijos los tengan también es de más de un 80% - Kaori le leyó eso a su abuelo, tenía la revista sobre la mesa del comedor, mientras mecía a los bebés en su cuna con una mano y con la otra sostenía los palillos para comer su almuerzo.
-Tal vez ellos quisieron ser parte del 20%- Rió Jin.
-Abuelo... - Sonrió Kaori, riéndo suavemente, aunque se notaba muy cansada por los primeros días de los recién nacidos, estaba muy feliz. -Es posible... es lo mejor. - Terminó por decir, y comió en silencio, aprovechando que los hermanos estaban dormidos.
Pasaron los años... y Kaori consiguió otro empleo de medio tiempo como camarera en una cafetería en el centro de Osaka, ahora tenía su propia casa, pero no dejaba de visitar a Jin en sus ratos libres, además su abuelo amaba a los gemelos, también los visitaba y los cuidaba cuando Kaori lo requería. E iban a aprender artes marciales con él en el Dojo.
En el cumpleaños número 6 de Luccia y Lucciano, pasaron juntos como siempre, su madre, su abuelo y los gemelos. No se veía como algo muy especial, pero para ellos lo era bastante.
Lucciano tenía el cabello negro y muy rizado en lugares peculiares, Kaori no quiso cortárselo demasiado mientras crecía, le gustaba así, largo, igual que el cabello rojo de Luccia, que era más lacio y su madre podía hacerle a su hija peínados lindos y ponerle listones diferentes todos los días, la niña disfrutaba eso, curiosamente era bastante vanidosa.
En ese momento estaban en la parte donde pides deseos antes de apagar las velas. Luccia tenía la mente clara en que quería ser una famosa actriz de cine, y necesitaba que se le cumpliera a toda costa, por su parte Lucciano sólo dijo que ese año quería que sucediera algo especial.
-¿Algo especial?- Preguntó Luccia. -¿No puedes pedir algo así como más específico? - Siguió su hermana sin parar de mirarlo, Kaori no sabía cómo es que su pequeña aprendía palabras tan grandes, ni ella misma sabía lo que significaba "específico" cuanto tenía 6 años.
-No, así está bien. - Le respondió Lucciano, y ambos soplaron las velitas del pastel mixto, era de limón con vainilla y chocolate. Un sabor favorito para todos los presentes.
En Italia, Francesco Bernoulli tomaba su tiempo libre luego de una vuelta de práctica, era casi mediodía en ese país. Estaban a casi 7 horas de diferencia de Japón.
-Espléndido tiempo en la última vuelta Francesco. - Era Giuseppe quien le felicitaba.
-Lo sé, y pon atención en la próxima, porque Francesco barrerá el suelo con los otros competidores del próximo GP. - Sonrió y se quitó el casco, no había cambiado mucho en todos estos años.
-Vas a aplastarlos también en Marina Bay la semana que viene ¿Verdad? Y prontamente en Suzuka - Preguntó su mentor, aunque él estaba seguro de que si. Las maniobras de su piloto estrella eran cada vez más impecables, a pesar de los años encima.
-Suzuka... - Susurró Francesco, y miró hacia abajo, esa ciudad de Japón quedaba cerca de Towkyo, había estado tantas veces ahí, y nunca tuvo tiempo de regresar a ese lugar. Shu y Chuki vivían en Suzuka, ahí celebraban una carrera de la Fórmula Racer una vez por año, el Grand Prix de Japón.
Alguien de repente sacó al Italiano de su trance, una chica se colgó de su brazo izquierdo, una hermosa mujer de cabello negro y largo, era un poco más joven que Francesco, ella venía muy contenta, al momento lo atrajo hasta ella para darle un beso en los labios.
-Francesco... mi amor, me alegro que estás de regreso. - Sonrió ampliamente la muchacha.
-Hola Gina, cuidado, que necesito mi brazo para conducir, y es de oro, jeje... Oye ¿Dónde fuiste durante la práctica? No te vi... otra vez. - Preguntó él a la chica, Gina era una bella modelo Italiana de 29 años, a pesar de su edad, seguía siendo esbelta. Ella y Francesco estaban comprometidos en matrimonio. Se conocieron antes del segundo WGP, antes de lo que sucedió con Kaori, hace más de 7 años, era una de las chicas que él le había mencionado a Chuki al tener la oportunidad de hablar en cierta ocasión. Gina tenía 21 años cuando estuvo la primera vez con el corredor, fue la persona más joven con la que se relacionó momentaneamente y curiosamente, estaban juntos de nuevo y a punto de casarse.
-Estaba aburrida, así que me fui al centro comercial y luego a tomar un descafeinado mientras me hacían la manicure. - La modelo siempre desaparecía para las prácticas y para las carreras, decía que se aburría de ver a los autos dar vueltas y vueltas sin llegar a ningún lugar, así que se iba, y llegaba cuando todo terminaba o 10 minutos antes del final. Para ella no tenía ningún sentido, le bastaba con que su novio sea famoso.
-Mira ¿Te gusta? - Le mostró sus uñas acabadas de adornar con figuras de gatos con ojos que eran de esmalte plateado muy brillante.
-Muy hermoso, mi amor... - Francesco le besó la frente, él quería a Gina, pero muchas veces se sentía solo por su manera de ser, a ella le importaba poco y nada lo que él hacía. La muchacha era bellísima, famosa, escultural y muy buena en la cama, aunque tenía cerebro de plumas, y sólo se preocupaba de sí misma. Igual que él, tal para cual, pero ese tal para cual, a Francesco no lo convencía mucho, era como verse a sí mismo en sus años más mozos.
La diferencia entre él y Gina, era, aparte de la edad, que Francesco si se lamentaba por dentro, y a pesar de ser un pesado en muchas ocasiones, trataba de no ser tan hiriente y hacerlo con gracia y encanto natural. Gina raramente se burlaba de alguien, pero se preocupaba exageradamente por detalles superficiales. Y nadie sabía si pensaba las cosas antes de decirlas o hacerlas, parecía que para ella estaba muy bien ser así.
-¿Quieres ir a comer? Tengo libre hasta las 3:00 p.m, después Francesco va a prepararse para la carrera de Marina Bay y Suzuka. - Le ofreció el Italiano a su novia.
-¿Quiénes son Marina y Susy, tus amigas?- Sonrió Gina.
-Jaja, Marina Bay es un sitio en Singapur, donde se celebra una carrera del Grand Prix, en medio de un complejo urbano. Suzuka es una ciudad en Japón, preciosa, allá hay un circuíto de carreras con el mismo nombre ¿Vas a venir conmigo esta vez? - Abrazó a la chica por la espalda y posó su mentón en uno de sus hombros para darle un beso en el cuello.
-¡Ah! Ya recuerdo... creo. No lo sé, depende de mi agenda, pero supongo que mi jefe puede hacer un espacio por ahí, además, me puede servir de publicidad. - Dijo la morena, mientras se miraba las uñas de su mano izquierda, acabadas de adornar y su anillo de compromiso de oro macizo, incrustado con diamantes, mientras dejaba que su novio jugueteara por su cuello. Da una repentina media vuelta para mirarlo de frente. -Oh, cielo, no creo que pueda ir a almorzar contigo... verás, Jackson, mi manager, me matará si descubre que estoy rompiendo la dieta que me dio. A menos que me lleves a comer ensalada.- Sonríe.
-Como quieras... cada vez estás más ausente. - Esa frase la dijo hablando con Gina, pero parecía para otra persona. Cuando la chica miró su anillo, Francesco se dio cuenta de un detalle. Agarró su mano izquierda. - Oye, pero... e... este no es el mismo anillo que yo te di. - La miró sorprendido, y pidiendo explicaciones.
-Te diré... lo cambié en la joyería. - La chica ni siquiera se inmutó cuando dijo eso.
-¿Lo cambiaste? ¿Por qué? - El italiano se comenzó a sentir un poco estúpido, decepcionado, inservible... todo lo que uno siente cuando te rechazan algo que obtuviste y diste con sangre, sudor, lágrimas y amor.
-No me gustaba. - Ella se encogió de hombros.
-Pero si la noche que te lo di en el restaurante francés, dijiste que era hermoso y casi lloraste. No lo entiendo. - Estaba conmocionado.
-Era teatro, la prensa estaba allí, tenía que verse bien. Pero, no me mires así, sólo fue un cambio de anillo. Aún no me arrepiento de nuestro futuro matrimonio. - Se rió un poco. - Me voy, me aburro aquí, no me gusta el olor que tienen las ruedas del auto, tengo una sesión en la tarde y no quiero que se me impregne en el cabello el olor que tiene este lugar, debo ir con el maquillador. Nos vemos después. - Estira la mano despidiéndose, y sale del garaje.
-Sí... sólo es un cambio de anillo. - Susurra el corredor y se pone de espaldas a uno de los muros del garaje ¿Qué había querido decir ella con ese: "Aún no me arrepiento"? Se quedó pensando, de pronto no tuvo ganas de ir a almorzar.
Continuará...
Disclaimer:
-Kaori, Luccia, Lucciano, Jin y Gina son personajes que me pertenecen a mi, y esta historia también. (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.
