9.- Legendaria Sonrisa Ganadora.

A pocas horas de la carrera de Suzuka, Francesco anunciaba su retiro de ésta por repentina enfermedad, lo cierto es que él estaba completamente sano fisicamente, sólo espíritu estaba hecho trizas, después de los últimos días.

También anunció el quiebre de su relación con Gina, no publicamente, sólo se lo dijo a Giuseppe, finalmente a él le contó todo. Por su parte ella no regresó a Italia aún, se quedó en Japón, grabando el comercial que había dicho, lo que si hizo la morena fue irse a Towkyo con su nueva conquista, y obviamente iban a ir juntos, pues él era su manager.

El Italiano permaneció esos dos días encerrado en la habitación del hotel, pidió un cambio de la anterior, no podía quedarse allá, no después de lo que había pasado.

Ese fin de semana de la carrera, Kaori y sus hijos viajaron a Suzuka, invitados por Shu y Chuki, se estaban quedando en casa de ellos por esos pocos días, la pelirroja sólo accedió porque su amiga luego iba a celebrar algo importante, además porque Francesco anunció su retiro y sabía que así no habría problemas. Lucciano estaba muy entusiasmado, desde las tribunas iba apuntando y nombrando a cada piloto que podía reconocer.

Garou estaba con ellos, sentado al lado de Luccia, había gustado de la niña desde que la vio por primera vez, no paraba de mirarla.

-¿Por qué me miras tanto? ¿Es porque soy bonita? Yo sé que lo soy, pero no hay necesidad de seguirme a todos lados con la vista, tal vez alguien más quiere mirarme y tu lo impides. - Luccia le habló a Garou, con cierta arrogancia.

-Eh... sí, lo siento. - Se avergonzó el pequeño Todoroki y miró el suelo, Kaori a veces no podía impedir que su hija se expresara de cierto modo, se estaba volviendo muy pretenciosa.

-Luccia, no seas grosera con tu anfitrión. - Le llamó la atención su mamá.

-No se preocupe Kaori-san, la culpa fue mía. - Garou miró a la pelirroja con una sonrisa. Ella se la devolvió.

-Ow, Garou, eres un niño muy dulce. - Kaori se le acercó y le palmeó la mano suavemente. Luego dirigió su mirada a la pista, la carrera oficial estaba a punto de comenzar.

Chuki venía corriendo del otro lado de la tribuna y viendo a los demás, busca su asiento al lado de su hijo.

-¡Hola! Siento llegar tarde... ufff. - Tomó aire mientras se sentaba. -Tuve algo muy importante que hacer, gracias por cuidar de Garou, Kaori. - Sonrié y abraza a su pequeño.

-No hay cuidado, Chuki, él se porta muy bien, es muy tranquilo.- Le dice la pelirroja. Y Garou se siente orgulloso de sí mismo.

-Gracias por traerme, mamá, aunque es una lástima que Francesco Bernoulli se haya retirado, pero de todos modos me siento emocionado. - Comenta Lucciano.

-¿Por qué tienes que mencionarlo? - Susurra Kaori, bajando un poco la cabeza.

-¿Qué dices, mamá? - Lucky no la había oído bien.

-N... nada, nada... jeje, sólo que deberías dar las gracias a Chuki por la invitación, después de todo ella y su esposo nos enviaron los pases. - Arregla como puede la situación.

-¡Es verdad! Muchas gracias Chuki-san. - Por las costumbres de su crianza japonesa, Lucky se acerca a la peli-rosa y le hace una pequeña reverencia de agradecimiento.

-No hay de qué, bom-bom, para mi fue un placer. - Sonríe la periodista, incluso más de lo que debería, como si se trajera algo entre manos.

En el hotel, Francesco aún permanecía de espaldas en la cama, en pijama, mirando con ojos vacíos, repentinamente alguien toca a la puerta de la habitación, sacandolo de su trance, él no quería responder, pero prontamente quién estuviera allí, insistió bastante y el Italiano tuvo que levantarse a ver.

-Que molesto... - Gruñe pero finalmente abre.

-Hola... - Entra sin previo aviso, con autoridad, un hombre casi de la misma estatura que él, de cabello claro bien peinado hacia atrás, y ojos verde azulado, vestido con traje dos piezas color burdeo y bajo la chaqueta, una camisa negra y elegantes zapatos caros.

-Oh, Carlo. - Dijo Francesco a su paisano, sin sorpresa.

Carlo Maserati trabajaba con él, era su mecánico estelar, era muy atractivo, se veía elegante y pulcro, pero adoraba estar entre motores sin importar lo sucio que sonara, él era un verdadero genio en el tema.

-¿No me invitas a tomar asiento u algo? - Sonríe, después da un vistazo al rededor de la habitación. - Por favor, ni siquiera haz abierto las cortinas. Que desastre. - Avanza hasta las ventanas de la sala para abrir las cortinas de paso dejar pasar un poco la luz y el aire del exterior por allí.

-¿A qué viniste? No creo que sólo a ventilar. - Francesco volvió a sus pasos, a punto de entrar en la recamara otra vez, pero mejor se sentó en el brazo de un sillón en la sala, mientras veía lo que Carlo estaba haciendo.

-Giuseppe me pidió que viniera, está muy preocupado por ti, y tu aquí hecho un desastre. En el lobby, el recepcionista me dijo que no quieres siquiera que las mucamas del hotel vengan a limpiar. - Carlo se sentó en una silla justo frente a Francesco, el rostro del rubio no mostraba si quiera un poco de lástima por él o compasión, sino una sonrisa que esperaba una buena respuesta del corredor.

-¿Por qué no vino Giuseppe en persona? No es necesario que nadie venga, puedo estar botado aquí si quiero, además lo pagué. Y ¿Qué hay que limpiar? No he movido absolutamente nada en este lugar. - Terminó Francesco, muy de mala gana, era raro verlo así. No era raro que se irritara, pero si verlo tan deprimido y despreocupado de sí mismo, su cabello había perdido un poco de brillo, hasta le había crecido un centímetro el vello facial, luego de esos dos días sin hacer nada.

Carlo se rió suavemente.

-¿De qué te ríes? - Le gruñó el corredor.

-Giuseppe me lo contó todo, pero no me río por burlarme de ti, no te preocupes, sólo es por ver tu desastre, creo que la gente que te admira, no te imaginaría así jamás. Por cierto, tu jefe no vino porque hizo presencia en la carrera, allá los reporteros preguntan por tí, y él te respalda diciendo que estás con fiebre u algo. -Cruzó los brazos, sin parar de mirar a su contrario y luego prosiguió. -No pierdas la calma, nadie sabe que estás aquí, bueno, sólo Giuseppe y yo, te metiste en la habitación más remota del hotel, y lo de tu situación real también está a salvo con nosotros dos, tú nos conoces, no vamos a ir diciendo todo tu mal historial por ahí. -

-¿Mal historial? Que gracioso. - Dice Francesco entre dientes y se deja caer del brazo al asiento del sillón, con toda la pereza posible.

-Deberías estar agradecido, oh y por cierto. - Carlo mete una mano por dentro de su elegante chaqueta de vestir y saca un papel, era una carta. -Esto me lo dieron para ti. - Se levanta de la silla y va hasta el corredor con el brazo estirado, ofreciendole la carta.

Francesco se inclina para tomar el sobre, y se lo queda viendo un momento, luego da una corta mirada a Carlo, y pronto regresa a la carta otra vez.

-¿Por qué me ves así? Yo no la envié ¿No la vas a leer para salir de duda? - Encogió los hombros Maserati y torció una sonrisa inocente, pero era cierto, él no la había escrito.

-¿Por qué tomas mi correspondencia? Generalmente Giuseppe se encarga de esto. - Pregunta Francesco. Se extraña un poco, usualmente sólo eran cartas de amor de las admiradoras, casi no las leía. A menos que sea demasiado importante, Motorosi era quien tomaba medidas con eso.

-No la tomé... bueno, literalmente si la tomé, pero quien me la dio dijo que era urgente, no es que quisiera meterme en tus cosas a propósito. - Se excusó Carlo y volvió a sentarse en la silla de antes.

Francesco se quejó en silencio, suspiró y luego de pensarlo unos 15 segundos, decidió abrir la carta, la solapa del sobre tenía letra de mujer.

Estaba leyendo el papel que contenía, y sus ojos se abrían cada vez más a cada palabra. Al bajar el papel a la altura de su barbilla, el corredor miró fijamente a Maserati, y sonrió brillantemente.

Carlo se sorprendió, había sido un cambio muy radical de su rostro de hace unos minutos atrás.

-Vaya, apareció la legendaria sonrisa ganadora... parece que las cosas mejorarán ¿Verdad?- Preguntó el rubio, devolviendo una sonrisa, estaba feliz de volver a ver que Francesco no iba a durar deprimido.

-Francesco está a punto de hacer una entrada triunfal gracias a esta carta... - El corredor agitó la carta un par de veces frente a sus ojos, luego se puso inmediatamente de pie, caminó hasta la habitación y buscó ropa limpia para darse un baño.

-Oh, entonces ¿Vas a salir? ¿Quieres que te de un aventón? - Maserati lo siguió, viendo todos sus movimientos, se apoyó con el hombro en el marco de la puerta de la alcoba y cruzó una pierna.

-Sí, Francesco tiene mucho que hacer, voy a darme un baño y, me tomaré mucho tiempo, así que no te molestes en esperar. - Tomó su ropa y se fue al cuarto de baño, que era cruzando la puerta que estaba a un costado de la cama.

-De acuerdo, me retiro entonces... -Dijo antes que su paisano se metiera al baño. - Buena suerte campeón, le diré a Giuseppe que te sientes mejor. - Carlo se llevó las manos a los bolsillos de su pantalón, dio la media vuelta y se dirigió a la puerta de salida. Estaba conforme por haberse perdido la carrera a cambio de hacer de mensajero, valió la pena ver que el piloto estrella del equipo, se recuperaría de este tropezón, o al menos eso era lo que Maserati quería creer.

Mientras se duchaba, Francesco pensaba en lo que le había dicho Chuki días atrás, ese día que estuvo en su casa, cuando le dijo que ella le diría dónde encontrar a Kaori.

"-Yo te lo diré... aunque tengo una mejor idea, pero te la haré saber muy pronto, no te desesperes, cumpliré con esto, es una promesa." - Fueron las palabras que recordó de la japonesa, y parece que se le había presentado algo justo ahora.

Horas después de terminada la carrera, en casa de Shu y Chuki, se estaban preparando para una pequeña fiesta, era el cumpleaños de la reportera, sus compañeros de trabajo se habían reunido para comprarle un regalo y llevarle un pastel sorpresa.

Mucha gente se reunió en su casa esa noche, sobretodo gente adulta, pero Garou, Lucciano y Luccia también estaban ahí, unidos a la celebración, Shu había dado permiso para que se quedaran un momento más despiertos pero sin perderlos de vista.

Kaori se sentía un poco incómoda, no le agradaba mucho estar entre multitudes, además no sabía si el regalo que le había comprado a su amiga, le gustaría, ella tenía muchas cosas bonitas, la peli-rosa era muy quisquillosa. Chuki le pidió a todos que se vistieran bien para la ocasión, le gustaba que sus fiestas fueran todos muy bien arreglados.

La japonesa llevaba un vestido rosa y blanco sin mangas, con unas horquillas en su curiosa cabellera rosa, que tenían forma de margaritas, a ella le gustaban mucho esas flores y sus zapatos de tacón rosados con correa por sobre los tobillos, la hacían verse unos 5 cm más alta de lo que era. Lo cierto es que era una mujer menuda, como de un 1,50, a Shu le encantaba, él era muy alto, pero siempre pensó que su esposa se veía muy tierna con su tamaño y con su cara de inocencia, aunque sólo era eso, porque Chuki era una verdadera fiera, una mujer muy osada.

Shu llevaba una camisa blanca y pantalones negros de vestir, en la espalda de la camisa tenía dibujado el tribal del dragón Ka-Riu en rojo intenso, se veía bastante bien, además arregló muy bien su cabello largo color negro azabache.

-Umm... Shu, te ves tan sexy que me dan ganas de arrancarte la ropa. - Sonrió Chuki, susurrando, abrazando a su esposo y acomodando la cabeza sobre su pecho. Ella además, llevaba una copa de champagne en la mano.

-Chuki, comportate, los niños están aquí. - Miró para otro lado el corredor Japonés, para él no era hora de comentar ese tipo de cosas, y menos con tanta gente alrededor.

-Sí, lo sé, perdón mi amor. - Se rió ella despacio y lo soltó un momento. Miró a Kaori que estaba sentada un poco apartada de todos y fue a ver qué le ocurría. -¿Kaori? ¿Qué te pasa? - Se sentó al lado de su amiga.

-Nada, es que, no sé qué hacer, sólo eso. - Dijo timidamente la pelirroja, hace mucho tiempo que no estaba en una fiesta con mucha gente. Se había puesto un vestido rojo con los hombros descubiertos y la falda le llegaba un poco más arriba de las rodillas, sus zapatos eran negros, con tacón bajo y una rosa con una joya de fantasía en medio, adornaba la punta de cada uno, era de las pocas veces que soltaba su cabello largo para una ocasión especial, lo había ondulado un poco con uno de esos aparatos raros, Luccia le había ayudado a hacerlo, además su hija le recomendó usar aretes y una gargantilla de plata para complementar.

-Vamos, te ves muy bien, ven a hacer un brindis con nosotros, ven. - Chuki toma de la mano a Kaori y se la lleva a la mesa, donde reunió a todos sus invitados para brindar por aquella linda fiesta.

La pelirroja a pesar de todo no estaba muy entusiasmada, más que la anfitriona no, de todos modos tomó entre sus manos una copa de Champagne para acompañarla.

-Amigos, hace más de 30 años que vino al mundo la mujer más hermosa que pudo pisar este planeta. - Dijo Chuki.

-No es cierto.- susurró Luccia muy despacio y cruzó los brazos. - Yo soy más linda. -

-¡Luccia, shhh! - Le tapó la boca su hermano.

Le quita las manos de su boca.

-Oye, no me hagas eso... - Lo mira enojada.

-Entonces comportate como dijo mamá. - Le reprende Lucciano.

-Gracias por venir esta noche, fue una grata sorpresa, casi me saltaron las lágrimas de felicidad. - Culminó la peli-rosa, no quería alargar nada, así que levantó su copa invitando a los demás a que hicieran lo mismo.

Luego del brindis todos comenzaron a dispersarse un poco, a las mesas de comida, al Karaoke, o sólo a conversar con una copa en la mano.

Cinco minutos después, se oye el timbre de la entrada principal, Chuki fue personalmente a abrir la puerta, cruzando del salón hasta la entrada, y saludó al recién llegado.

-Llegaste tarde al brindis principal, pero te lo perdonaré porque haz venido. Ven, pasa por favor. - Dijo la japonesa.

-Gracias. - Entra un hombre alto, de cabello negro y llamativos ojos castaño oscuros, bien vestido con un traje caro sin corbata y la camisa negra desabotonada de los primeros tres ojales, dejando ver un poco de piel.

Chuki avanzó primero que él hasta la sala donde se celebraba la fiesta, entró al lugar y lo anunció.

-Perdón, es que faltaba un amigo en esta celebración. Por favor, entra. - Ofreció la peli-rosa al recién llegado.

Todos dieron un vistazo y muchos se sorprendieron, era realmente alguien que no esperaban ver.

-¡Es Francesco Bernoulli!- Saltó Lucciano de su asiento, y su sonrisa iluminó todo su rostro.

Francesco abrió los ojos grandes, su mirada fue directamente a dar con la de ese niño que había gritado su nombre, estaba tan sorprendido que lo miró profundamente, el resto de los presentes pareció haberse borrado en ese instante, dejando sólo a ellos dos en el lugar. Reconoció esa sonrisa, que inmediatamente le hicieron, susurrar un par de palabras.

-Legendaria sonrisa... ganadora...- El Italiano se había reconocido él mismo, en aquel niño de cabello negro y rizado.

Continuará...

Disclaimer.

-Kaori, Luccia, Lucciano y Garou, son personajes que me pertenecen a mi, así como esta historia. (c) Shadoru.
-Los demás personjes pertenecen a... (c) .

-Nota: Carlo Maserati no trabaja originalmente para el equipo de Francesco Bernoulli, pero quise darle más papel por mi misma, porque de algún modo este personaje que sólo fue un extra en la película de Cars 2, me encanta y tiene una historia que me gusta y no pude dejarlo pasar.