10.- Deseo concedido.
De repente, el ruido de la caída de una de las copas de Champagne quebrándose sobre el suelo, rompió a la vez el trance de Francesco y dirigió su mirada hacia ese punto, la dueña de esa copa, era Kaori, que miraba al corredor Italiano con los ojos grandes y tristes, lo único que ella quería en ese momento era tomar a sus hijos y marcharse. Pero volteó sólo para toparse con los ojos de Chuki. Esta había sido una trampa.
Los labios de Kaori comenzaron a temblar y sus ojos casi se llenaron de lágrimas de rabia, de alivio, de pena, de muchas cosas que le explotaban por dentro. Su amiga le devolvió la mirada, pero los ojos de la japonesa peli-rosa le decían que esto debía ser así, al mismo tiempo con ese gesto le pedía una disculpa.
Kaori jadeó para no llorar en ese preciso momento, se disculpó con la excusa de que iría por algo para recoger los restos de la copa rota. Pidió a sus hijos que la esperaran allí, y salió casi corriendo de la sala por un pasillo, pasando en su andar por el lado de Francesco quien la miró con nostalgia, pero ella lo ignoró.
-Kaori... - Susurró el Italiano, sin dudar en dar la media vuelta para buscarla, ya eran muchos años de evasivas, de silencio... de soledad.
Cuando la alcanzó, fue justo en un pequeño pasillo al lado de la puerta de la cocina, él le tomó una de sus muñecas para que no siguiera, y ella se zafó de su agarre con agilidad, la mujer volteó, lo miró con rabia mientras ella tenía aquella mano aún en el aire, aprovechó el impulso para impactarle al rostro de Francesco una sonora bofetada. Él la miró sorprendido, pero en cierto modo sabiendo que se lo merecía.
-Esa te la debía desde la primera vez que te vi en el hotel hace más de 6 años. - Susurró la pelirroja entre dientes, temblando de pies a cabeza y comenzó a llorar esta vez sin poder evitarlo. -¿Por qué tuviste que volver? ¿Por qué?-
-Por ti. - Dijo firmemente Francesco, a la vez que mantenía una mano en su mejilla.
-¡Mentira!- Le gritó Kaori. - Es una mentira, tú tienes tu propia vida, estás a punto de casarte y ahora vienes a atormentarme con tu presencia a drede.- Se secó un poco las lágrimas con los dedos y siguió hablando. -¿No sé qué estás pensando? Pero si mal no estoy, apostaría a que tú y Chuki estaban complementados, y que siempre estuviste enterado de todo. Con eso me refiero a los niños. - Se pausó un instante para secar otro par de lágrimas. - Pero no voy a dejar que ellos sepan quién eres, no quiero que ellos sufran por nuestra culpa. Tampoco voy a dejar que los apartes de mi lado si esa es una de tus intenciones. - A la pelirroja le dolía demasiado tan sólo imaginar que el Italiano podría quitarle a sus pequeños ¿Podía él llegar a ser tan cruel? No lo creía, pero en ese momento muchas cosas se le atravesaban por la mente, por el miedo.
Francesco la miró y la oyó con atención, se sintió un poco ofendido por ciertas frases, sobretodo por lo que decía de los niños.
-Basta de mentiras, basta de suposiciones... jamás te los quitaría... ya te he oído y ahora por favor, escúchame tú a mi. Voy a explicarte por qué estoy aquí - Pidió el Italiano, casi suplicante, suspirando la miró a los ojos, para que ella se diera cuenta que estaba poniendo todo el corazón en sus palabras.
Kaori se tranquilizó, pero aún jadeando entre su llanto, lo escucharía, no iba a ser tan injusta, ya lo había sido bastante, orgullosamente no iba a admitirlo tan fácil, o todo dependía de lo que dijera Francesco.
- Tienes razón, yo le pedí a Chuki que me diera una pista de tu paradero, pero no fue sólo por los niños, de hecho de su existencia me acabo de enterar hace un par de días.-
-¿Qué? ¿No lo sabías?- No comprendía bien esa parte ¿Cómo era posible?
-Te lo juro, Chuki guardó muy bien todo en cuanto a los niños... yo la veía todos los años, un par de días antes de la carrera de Suzuka para una entrevista, y cada vez que ella se acercaba yo no podía evitar preguntarle por ti. Ella no te traicionó... sólo no podía con el peso del engaño, debes entenderla. - Trató de tomarle la mano a Kaori, pero la pelirroja se la rechazó, poniendola tras su espalda.
-No me toques... tu, estás con otra mujer, deja de jugar con las mujeres, deja de hacerme pedazos... si me tocas te juro que te daré una paliza y en tu vida querrás volver a preguntar por mi. - Se había puesto ofensiva con él, al menos ella podría entender a Chuki por lo que hizo. Ahora mismo no podía admitir que aún estaba celosa de Gina.
-Tranquila, por favor, en serio... perdóname, de verdad te busqué, pero te habías ido... no estoy con otra mujer, si es por Gina... ella y yo rompimos el compromiso, porque ninguno de los dos estaba conforme con el otro. Lo intenté todo... te lo juro ¿Por qué crees que he llegado así hasta ti?- Con esa interrogante la esperó unos segundos, el Italiano a cada instante parecía un poco más desesperado porque quería que ella le creyera.
-Yo... no lo sé... pero ¿Por qué romper un compromiso con una mujer tan hermosa y exitosa como esa modelo? ¿Por qué eres así con las chicas?- Aún seguía confundida con todo el asunto. Kaori se sentía muy fea y poca cosa, opacada por una mujer extremadamente bella como Gina, por eso no terminaba de entender.
-Yo no la dejé, ella me dejó... pero por un lado deseaba que lo hiciera. - Explicó en pocas palabras el corredor.
Era raro que una mujer rechazara al atractivo Italiano, o tal vez... no... Kaori lo rechazó por mucho tiempo, quién sabe si fue la primera en hacerlo, entonces la segunda fue Gina, podría decirse que eso también lo quiebro emocionalmente... pudo ser.
-¿Por qué estás haciendo todo esto? Aún no acabo de comprender... ¿Por qué? - Susurró la pelirroja esa última interrogante.
-Simplemente porque... te amo... ¿Entiendes? Todos estos años... quería regresar, ahora aclaro que quería regresar para encontrarte y realmente al principio no sabía por qué... pensé que sólo quería acostarme contigo otra vez, pero con los años comprendí que no era sólo por eso, y que ese par de días que pasamos juntos la primera vez, significaron mucho más que lujuria. - Francesco no podía más con su corazón, se puso de rodillas y a riesgo de recibir una paliza, se abrazó a la cintura de la pelirroja, casi al punto de querer llorar, como un niño que necesita consuelo. -Perdóname... no lo sabía, no sabía de los niños... creéme. - El Italiano cerró los ojos y se aferró más a ella, colocando su cabeza sobre su vientre.
-Francesco... - Kaori sintió que ya era suficiente de torturarse ambos, y mientras estaba así, ella sólo acarició su oscura cabellera, su corazón sentía que él estaba siendo sincero. Después de un instante, la pelirroja le ofreció la mano para que se ponga de pie. Francesco se incorporó y la miró directamente a los ojos.
-Por favor...- Él iba a comenzar a hablar de nuevo.
-Francesco... - Lo interrumpió ella, colocándo un dedo sobre sus labios. - Yo también juraba que tampoco ibas a regresar, pensé que te había perdido para siempre, pero ahora que haz vuelto y me dices esto...- Entrelaza una de sus manos con las de él. - Puedo decirte honestamente, que te amo... yo tampoco sabía muy bien cómo y por qué llegué a esta conclusión. Pero, con el pasar de los años, no pude olvidarte... y comprendí que te habías metido muy dentro de mi corazón. Creo que estaba esperando por ti, porque nunca, en este largo tiempo, hubo nadie más en mi vida... ¿Y cómo iba a olvidarte? Si tengo dos personitas que nunca me iban a dejar hacerlo.
El corredor sonríe y estrecha a la pelirroja entre sus brazos, ella le corresponde, entendiendo mejor el por qué habían pasado por tanto para llegar otra vez a estar juntos, Kaori extrañaba esos cálidos brazos, en los que cada una de sus noches de soledad intentó recrear en su mente sin obtener obviamente el mismo resultado, el latido de su corazón, el olor de su perfume, aquel que recordaba y no había cambiado.
Por su parte Francesco no pudo evitar de ella sentir el olor de su cabellera, que tenía un suave aroma a manzanilla y era como seda, así como su pálida piel, la que mientras mantenía abrazada, recorrió con ambas manos sus hombros desnudos sin ser demasiado invasivo como la primera vez.
De todos modos sin casi poder evitarlo él le dejó un beso en la cabellera y luego en la mejilla, bajando hasta cuello donde quería comenzar a marcar terreno, pero ella no lo permitió, no aún. Kaori se alejó un poco de ese abrazo.
-¿Qué te pasa?- Preguntó él, estaba un poco confundido con esa reacción, si le había dicho que lo amaba, entonces ¿Cuál era el problema?
Ella lo miró fijamente, y finalmente habló con decisión.
-Quiero que los conozcas. Esperame aquí.- La pelirroja se puso seria, apartó bien los rastros de lágimas de sus ojos, y se fue inmediamente al salón de la fiesta, no sin antes entrar a la cocina y llevar con ella una escoba y un recogedor, eso era lo que iba a hacer en un principio.
Cuando ella regresó allá, el ambiente aún estaba animado, Kaori entró como si nada pasara y pidió permiso para limpiar su desastre. Chuki la observaba con expresión un poco preocupada, así que se le acercó al tiempo que su amiga estaba recogiendo los trozos de vidrio del suelo.
-Kaori... yo... - La japonesa peli-rosa iba a disculparse con Kaori, aunque ella le negó con la cabeza, la miró y le sonrió.
-Gracias Chuki. - Sabía que la periodista sólo hizo lo que le dictaba el corazón, ella le había dicho desde un principio que Francesco necesitaba saber sobre sus hijos.
Una vez terminó de limpiar todo, se acercó a Lucciano y a Luccia, y les pidió que la acompañaran camino a la cocina. Los niños simplemente obedecieron a su madre sin hacer preguntas, pero se dieron una mirada seria el uno a la otra.
Kaori llegó con Francesco otra vez, los niños caminaban detrás de ella, y se detuvieron cuando su madre lo hizo, la pelirroja dejó la escoba y el recogedor a un lado de la puerta de la cocina, y volvió con los tres al pequeño pasillo. Lucky miraba hacia arriba, al corredor, estaba casi sin aliento, pues él era uno de sus ídolos, en cambio Luccia no estaba tan impresionada.
-Eh... hola... - Francesco hizo una sonrisa un poco extraña, en realidad no sabía qué decirle a los niños, pero para verlos bien, se agachó a la altura de ellos, con una rodilla apoyada en el piso. -Wow... eres igual a... mi. - Susurró al ver a Lucciano y después miró a Luccia. - Y tú, eres muy hermosa.-
-Ya lo sé. - Sonrió la niña, orgullosa.
Eso hizo reír ligeramente al Italiano, él habría dicho exactamente lo mismo.
-Eres un encanto, y parece que hablas muy bien el inglés. - Notó Francesco.
-Parlo anche l'italiano, posso capirti perfettamente. (También hablo Italiano, puedo entenderte perfectamente.) - Le dijo Luccia.
-Stupendo! - Sonrió el corredor, parece que se entendería a la perfección con la niña.
-¿Por qué me dijo eso?- Lucky miró a su mamá, confundido.
La pelirroja le sonrió a su hijo, no sabía cómo empezar, pero Francesco ya había dicho una frase comprometedora, y sabía que ellos de alguna u otra manera lo entenderían, en ese lugar, en ese pequeño pasillo cerca de la cocina, no había nadie, era un buen sitio para conversar, nadie los interrumpiría.
-Lucky, cielo... - Se arrodilló a su altura para hablar, con un suspiro enorme, se dio valor para revelarle la verdad. - ¿Recuerdas que hace unas semanas me preguntaste, sobre el día del padre y todo eso? Me pediste que te dijera su nombre, y yo te lo di. ¿Recuerdas ese nombre?- Le tomó una mano al pequeño entre las dos suyas, presionandolas con suavidad, como queriendo sentir en ese tacto que la perdonaba antes de decir aquello que debía.
-Sí, lo recuerdo... dijiste que papá se llamaba Francesco, igual que el señor Bernoulli. - Miraba a su madre y como ella se puso de pie.
Kaori le tomó la mano a Luccia, sin soltar la mano de Lucciano, luego los puso a ambos juntos, lado a lado, mirando de frente al Italiano, quien estaba de pie nuevamente. Esta vez ella tenía una mano puesta sobre un hombro de cada niño y su expresión era muy neutra.
-Lucciano, Luccia... - Levantó un brazo a la altura del pecho, indicando con la mano estirada a Francesco. -Les presento a Francesco Bernoulli... él... es su papá. -
Los niños se quedaron sin palabras, su primera reacción fue mirarse el uno a la otra sin poder cerrar bien la boca y luego de un par de segundos comenzaron a aclararse y a enfocarse en aquel hombre que ahora tenían frente a ellos.
Continuará...
Disclaimer:
-Kaori, Lucciano, y Luccia son personajes que me pertenecen originalmente a mi, así como esta historia. (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.
