13.- Ayuda: Quiero ser un buen padre.

No pasaron dos minutos de aquel comentario, cuando Francesco ingresó al patio. Tampoco le costó demasiado encontrar el lugar, se veía todo tranquilo y acogedor.

Se quedó de pie en la entrada, buscando una localización exacta, miró directo al estanque, donde los niños estaban sentados conversando. Decidió acercarse, andando por un camino hecho de piedras de similar tamaño insertas sobre el suelo de cesped. Todo era como un verdadero paisaje hecho lo más naturalmente posible. Lo único que se veía menos natural era el enorme muro de concreto que rodeaba la construcción interna. Como un gigante protegiendo toda esa bella flora panorámica.

-Hola ¿Están ocupados aquí? - Preguntó el Italiano con una sonrisa.

-Papá, pudiste ganar la batalla contra el baño. - Se rió Luccia.

-Hola señor Bernoulli. - Saludó Garou. Mirándolo desde donde estaba sentado. -¿Tuvo buena noche?

Francesco le hizo un cariño en la cabeza a Luccia, mientras pasaba por ahí, se sentó al lado de Lucciano junto al estanque, en fila primero estaba Garou, luego Luccia, Lucciano y ahora el corredor. Quien miró alrededor antes de responder, ahora de frente tenían la entrada de servicio de la casa.

-Dígamos que todo bien... salvo porque nunca había estado en una casa japonesa tan tradicional, y algunas cosas son un poco extrañas, como por ejemplo el baño. Había cosas curiosas ahí. Jaja... - Rió Francesco.

-Mi papá no sabía para qué se usaban las cubetas, jaja, las que son para enjuagarse y hay otras para guardar las cosas de aseo. Y eso que no ha dormido en un futón.- Luccia miró a Garou, no podía borrar su sonrisa burlona del rostro.

-No entiendo por qué tanto. - Se encogió de hombros el Italiano. -¿Qué es un futón?

-Es por tradicional comodidad, señor Bernoulli, la gente de este país trabaja demasiado a veces lo único que los relaja es tener un espacio natural que les pueda hacer olvidar el encierro de las obligaciones mundanas, por eso es así sobretodo en los baños públicos. - Explicó Garou. -Siempre ha sido así en este país, aunque como podrá apreciar en ciertas partes de la casa también hay instalaciones estilo Occidental. Oh, un futón es una cama, pero a raz del suelo, se usa algo similar a una bolsa de dormir- Terminó de hablar.

-Ya veo, aunque sigo pensando que es un poco exagerado, pero sólo es mi punto de vista, creo que si viviera aquí haciendo lo mismo de todos los días, no estaría tan mal.- Agregó el corredor y miró a los niños. De algún modo con lo que Garou había dicho no le extrañaba que los niños fueran capaces de usar frases y palabras de un nivel superior a lo que era su edad. La exigencia en la educación y actividades diarias en ese país era demasiado alta.

-Si vivieras aquí, lo dices como si te fueras a ir muy pronto, otra vez... - Dijo de repente Lucciano.

-¿Qué? No, no fue la intención, quería decir que... tal vez traiga mis cosas y me quede aquí. - El Italiano quería arreglar su frase, después de un gran suspiro tuvo que ser más honesto. -Lucky, las cosas no son tan fáciles como se ven, sé que te prometí que no volvería a marcharme, pero si quiero estar con ustedes definitivamente necesito arreglar muchas cosas en mi país. Y para eso necesito regresar a Italia un tiempo.

-¿Cúanto más tiempo? - Preguntó Luccia.

-No lo sé, tal vez meses... un año más, no sé cuanto tiempo se necesitaría para adecuar todo, para mi también sería extraño venir a vivir aquí, adaptarme a otro país, a otra cultura...

-Pero estarías con tu familia... nosotros...- Interrumpió Lucciano, estaba un poco molesto por eso, porque la frase de su padre sonaba un poco egoísta, para él, fue como si quisiera escapar.

-Por favor, Lucky, estas son cosas de adultos. Arreglaré todo para volver rápido... - En verdad su rostro no se veía muy ilusionado pero Francesco no quería que los niños pensaran que no cumpliría su promesa.

-Papá... También... ¿Es por Gina, verdad?- Lucciano no pudo quitarse de la mente aquello que dijo su hermana, quería dejar las cosas como estaban, pero no.

Luccia lo miró un poco asustada, no sabía a quién se refería, pero sintió que algo no estaba bien con aquel tono de voz un poco tembloroso de su hermano. Garou no entendía mucho del asunto, pero estaba preparado para marcharse silenciosamente en cualquier momento.

Francesco realmente no quería hablar de eso, era un tema grande, puso una mano sobre su rostro y bufó, queriendo sacarse de encima todo el asunto, tras la palma de su mano su gesto era de enfado, estando así, sus labios marcarón un par de veces, la interrogante "¿Por qué? ¿Por qué?" aunque lo cierto era que estaba enojado consigo mismo. Pronto quitó su mano y mostró una sonrisa a los niños.

-Hablaremos de esto después ¿De acuerdo? Prometo que vamos a hacer que las cosas funcionen.- El Italiano se puso en pie. -Iré a tomar un café, ya volveré. - Y se marchó otra vez dentro de la casa, iba decepcionado de sí mismo. Esas preguntas, esos gestos, esos tonos de voz de parte de sus hijos, no podía soportarlo, ni siquiera el tranquilo paisaje del jardín, pudo relajar su ser en ese instante.

Diez minutos después de eso, Kaori estaba de regreso en la casa, saludó a Chuki y a su familia quienes veían una película romántica en la sala de estar. Ichigo y Suki habían invitado a sus novios, Komodo y Kabuto, pero ellos ni siquiera se movieron ante la presencia de la recién llegada.

-Hola, regresé... ¿Y los niños? - La pelirroja miró alrededor. Tampoco inmutó un músculo, era como si estuviera acostumbrada a los modales de esos dos, pues los conocía de antemano.

-En el jardín, no te preocupes, están bien. - Respondió Chuki mientras tenía la cabeza sobre uno de los hombros de Shu, y no paraba de mirar la televisón, masticando palomitas de maíz, que sacaban de un gran tazón que estaba sobre la mesa de centro.

-Oh... bueno... - Se retiró de allí, no quería interrumpir más.

Al parecer la señora Mizuki no estaba en casa o quizás estaba durmiendo aún. Ella siempre decía que Kabuto y Komodo eran un par de vagos sin remedio, unos simples pandilleros, no le gustaba verlos con sus hijas menores y tampoco el mundo en el que estaban metidos. La mujer prefería desaparecer cuando ellos estaban presentes, o ambos por su lado también la evitaban. Para Mizuki-san él único yerno que valía la pena, era Shu.

Mientras tanto Kaori iba metida en sus propios pensamientos, pasó por el pasillo, cerca de la cocina, tenía intención de ir al jardín, pero vio que Francesco estaba bebiendo una taza de café, solo, sentado en el tatami, sobre un cojín. Se veía un poco extraño tratando de imitar las costumbres de ese país.

La pelirroja se acercó, al saber que sus hijos estaban bien, no se preocupó a tal grado de ir a verlos con urgencia.

Le sonrió por impulso. Puso su mano bajo las rodillas para acomodar la falda de su vestido bajo sus piernas antes de sentarse frente a él.

-Hola ¿Qué estás haciendo aquí tan solo? - Preguntó ella.

-¡Ah! Kaori... llegaste pronto. Lo siento, estaba pensando profundamente en otra cosa. No noté cuando entraste. - Se había sobresaltado un poco cuando ella le habló, con los dedos entre el aza de la taza de café, se equilibró para que el líquido no cayera, buscando ponerse en otra posición, sentarse tanto tiempo sobre las rodillas era horrible. Sintió calambres, más cuando no se dio cuenta que estuvo pensando tanto estando mucho rato así. -Rayos ¿Cómo pueden sentarse así durante el tiempo que duran todas sus comidas?- Mejor optó por mantener las piernas estiradas hasta que el calambre fuera menos.

Ella se rió al verlo, puso una mano sobre su boca, no quería que él pensara que se estaba burlando.

-Cosa de costumbre, pero te diré que ni siquiera la gente de aquí soporta tanto, todos deben cambiar de posición de vez en cuando. Depende por donde equilibras el peso de tu cuerpo, además ayuda a tener una buena postura. - Le explicó la pelirroja.

-Ya veo... Oye ¿Por qué estás tan contenta?- Notó el Italiano y puso una sonrisa curiosa.

-Es que... yo... ¿Sabes? Me ha dado tanto gusto que los niños te hayan aceptado tan bien, que este comienzo con ellos sea bueno... y ya que dijiste que no ibas a dejarlos más... - Revisa dentro del pequeño bolsillo de su vestido y saca un papel. - ….. bueno, te compré esto. - Estira la mano para entregarselo.

Dejó la taza de café sobre el tatami y miró, quitando en un segundo su sonrisa. Era otro papel escrito en Japonés, era como si todo el mundo tuviera asumido que el corredor Italiano sabía leer ese idioma. Pero reconoció cierto modo de tipografía... y pensó para sí: "Es igual que aquel..."

-Es un pasaje de tren, para que vengas con nosotros a Osaka... ¿Creíste que iba a ser tan cruel y sería capaz de dejarte botado aquí? - Kaori no paraba de sonreír. -Perdona si es demasiado pronto, y por no pensar si es que querías o no viajar, o si tienes que arreglar las cosas con tu equipo de trabajo... estaba muy emocionada, no pude evitarlo, aunque, siempre puedes dejarlo y venir otro día. - Ella habló rapidamente.

-¡No! No, no... está bien, te lo agradezco mucho. De todos modos tenía pensado comprar uno. Y nunca he creído que eres cruel, no digas eso. -Él semi sonríe, tomando el ticket. Estaba recordando el papel que le dio Chuki, era el mismo que ahora tenía en la mano, en cualquier caso no quiso decirle nada a la pelirroja por aquello, no quería que ella pensara mal, que a partir de esa acción de la periodista, Kaori confiara aún menos en él.

-Me da gusto...- Le dice ella, y se quedan unos segundos en silencio. Hasta que decide hablar otra vez- ¿Y qué era lo que tanto estabas pensando? Estás muy callado y serio, eso es muy extraño viniendo de ti. ¿Pasó algo malo?- Interrogó, cambiando el gesto a uno menos alegre, aunque sus ojos seguían irradiando cierto entusiasmo.

Él suspiró, tenía que decirselo, no podía solo con esto.

-Es que justamente pensaba cosas serias, en los niños, en todo este asunto... Kaori, esto no es tan fácil para mi, no he estado con los mis hijos en 6 años, creí que sabría sobrellevar esto cuando fui a hablar con ellos al jardín, queriendo muy en serio tener ese buen comienzo, diciéndome a mí mismo "¿Qué puede pasar? Sólo son niños." pero los subestimé, sinceramente no sé cómo tratarlos, de golpe hacen preguntas bastante directas que son como mordeduras de animal salvaje. Como ves, no he sido padre para ellos, entonces no sé qué hacer.- Francesco bajó un poco la mirada, hasta el boleto de tren. -¿Cómo actuar ante todo esto?. -

La pelirroja lo miró, con ojos compasivos, lo entendía de todos modos ¿Cómo ser padre si no estuviste presente? Ella se sintió culpable... él parecía desesperado por querer entender todo de una vez. Pero ciertamente eso no era posible.

Kaori de un impulso de su propia culpa borró automáticamente toda su alegría, entrecerrando los ojos que se le estaban nublando de lágrimas.

-Lo siento... - Comenzó ella con la voz quebradiza. - Si no hubiese pasado todo esto, tu no tendrías estos problemas y quizás cada uno viviría algo muy diferente. Pero... ¿Sabes una cosa? Aunque al principio me costó mucho salir adelante por lo que sucedió entre nosotros, no me arrepiento de ellos. - Puso las manos en sus rodillas, con la cabeza gacha, dejando que su llanto fluyera, corriendo antes de llegar a sus mejillas cada lágrima hasta terminar desparramadas sobre el dorso de sus manos, las cuales presionó, empuñandolas. -Lo lamento... esos niños son mi tesoro, y sabe Dios dónde estaría yo en estos momentos si no estuvieran conmigo... pero me siento terrible al haberte ocultado algo tan importante, tanto a tí, como a ellos tu existencia. Tampoco sabía cómo lo ibas a tomar, fue un miedo estúpido, junto con el orgullo de querer hacer todo esto sola... - Jadeó un poco entre su llanto y continuó.- perdóname por favor, Francesco, perdóname.- Ella inclinó más la cabeza frente a él, en señal de disculpa.

Se sentía muy mala como persona en ese momento, la pelirroja sabía que no sacaba nada con autocompadecerse, pero no pudo evitarlo, venía todo eso desde el fondo de su corazón, al mismo tiempo sintió que el Italiano quería dar marcha atrás, volver a su vida tranquila como corredor, rodeado de chicas bonitas, viajes, fama y fortuna. Sin tener más que la resposabilidad de su trabajo, haciendo lo que mejor sabía.

Tal vez todo estaba mejor como estaba, hace un par de días atrás.

De pronto ella sintió que Francesco se acercó, pudo ver desde su postura, que estaba arrodillado en su frente, que con una de sus manos la tomó de la barbilla e hizo que levantara la cabeza, quedando con la vista a la altura de la de él. Mirándose el uno al otro.

-Siempre sentí que era tan poca cosa para alguien como tu... mereces hacer de tu vida lo que tu quieras...- Susurró ella, aún llorando.

-¿"Alguien como tu"? ¿Pero qué dices? ¿Quién soy yo sin ti? ¿Quién soy yo sin ese par de niños? No soy nadie. - La rodea con sus brazos, acogiendola calidamente. -Te repito la misma pregunta de antes ¿Por qué crees que vine por ti? ¿Por qué piensas que ha sido mi insistencia? Ahora me siento vacío si no los tengo conmigo, ya no digas necedades, eres una gran mujer, una gran madre. Lucciano y Luccia han crecido fuertes y sanos, gracias a tu esfuerzo ¿Qué no lo ves? Por favor, no me malinterpretes, nunca dije que quiero dejarlos, sólo te pido que me ayudes, me enseñes, a entenderlos y a cuidarlos. - Deshizo un poco el abrazo, ahora sus manos estaban en los hombros de ella, y sus ojos puestos en los suyos.

En el fondo de su mirada suplicaba por ayuda, por una guía paternal, Francesco quería hacer esto gritando en silencio en su exterior, pero con toda el alma en el interior.

Kaori se secó las lágrimas, sollozando un poco. Asintió con la cabeza, en señal de que si estaría dispuesta a ayudar en lo que necesitara, pero por lo demás correría por cuenta de él.

-Necesito que les hablemos con sinceridad, ellos me han preguntado por el asunto de Gina, y el corazón me dicta que debemos decir la verdad al respecto. - Comentó el Italiano.

Ella le afirmó.

-Está bien... más vale que sea ahora... -

Esa misma tarde, aunque fue difícil, Kaori y Francesco hablaron con sus hijos respecto a Gina, y a la verdadera razón del por qué ellos estaban separados. Explicaron todo con palabras simples, tan simple que podría decirse que todo se resumió en un simple texto infantil.

"Papá no sabía que tenía a sus niños en Osaka, mamá pensó que papá no iba a regresar jamás, así que papá buscó a otra persona para no estar solo, pero él encontró de nuevo a mamá y a sus niños. Entonces dejó a la otra persona para estar a lado de su verdadera familia para siempre."

No así tan literalmente, pero si se trató de algo sencillo, algo que ellos pudieron entender. O algo que como adultos ellos querían hacer entender.

Lucciano y Luccia no eran estúpidos, se pusieron un poco tristes con aquello, pero se alegraban de que sus padres fueran honestos.

Otra cosa que era muy cierta, era que Francesco estaba lejos por razones de trabajo, y ahora debía arreglar las cosas con Giuseppe, Carlo y el resto de su equipo de pits.

Continuará...

Disclaimer:

-Kaori, Luccia, Lucciano, Garou y Mizuki son personajes que me pertenecen originalmente a mi, así como esta historia. (c) Shadoru-Flames , Shadoru-Fantasy.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.