Aviso de la autora: Este episodio contiene escenas +18. Lea bajo su propia responsabilidad.
14.- Hazme de tu propiedad, otra vez.
Esa noche, Chuki arregló todo para que Francesco y Kaori pasaran la noche juntos, envió a Lucciano y a Luccia a dormir con Garou en su habitación, él pequeño Todoroki tenía un espacio bastante grande para los tres, y como no se verían en mucho tiempo, era una buena idea pasar esa última noche con sus amigos.
El Italiano miró a la pelirroja, mientras ella acomodaba a Luccia en un futón, al lado de Lucciano, estaba bastante avergonzada y le evitó las miradas, que por cierto eran bastante penetrantes, se sentía incomoda, sobretodo porque estaba frente a los pequeños, era como si la estuviera desnudando... en cambio Francesco parecía muy relajado, quizás luego de esa conversación que tuvieron, él pudo quitarse un peso de encima.
Ella también se sentía mejor al respecto, pero en ese preciso momento, ni siquiera habló, su cuerpo estaba tenso. En Japón eran muy recatados y exigentes en cuanto a las relaciones de pareja, y ese era el otro punto, que para los ojos de la mujer mayor de la casa en ese instante: Mizuki-san, necesitaban pasar como una pareja normal, ya que Chuki los había anunciado de ese modo, así no tendrían que escuchar los malos comentarios de la señora por la mañana.
Ambos desearon buenas noches a los niños, que se durmieron profundamente, luego cerraron la puerta de su habitación, era la primera vez que Kaori cerraba completamente la puerta para ellos, quizás porque estaban con Garou, y no sería necesario que estando con su amigo se sintieran tan solos, sin mamá.
Caminaron por el pasillo hasta el otro lado de la casa, donde estaban las alcobas para las visitas. En el lugar donde antes estaba Francesco, ahora dormía Mizuki, y donde estaban sus hijos la noche anterior, estaban Ichigo y Suki.
Quedaron en la habitación en medio de ambas, estuvieron un momento fuera de la puerta, Kaori puso una mano sobre la manija para abrir, pero sus nervios la traicionaban, por un lado no quería entrar allí.
-Oye... - Francesco suavemente posó una mano sobre uno de los hombros de ella. -Tranquila, puedo oír tus pensamientos, pero no te preocupes... no sucederá nada si tu no quieres que suceda ¿Está bien? - Él sonrió serenamente.
-Sí...- Ella se sintió mejor con esas palabras. - Sólo, intentemos dormir un poco, mañana el tren sale temprano. - Al fin giró la manija y entró.
El corredor entró detrás de la pelirroja, cerrando con seguro la puerta, sin que ella lo notara, la maleta con sus cosas ya había llegado durante la tarde desde el hotel, la puso a un lado de la habitación para que no estorbara, junto a los bolsos de viaje de Kaori y los niños. Con todo listo no tendrían que correr buscando cada cosa por la mañana.
Pero ella aún estaba sumamente nerviosa, los dos juntos en un mismo cuarto. Eso no sucedía hace mucho tiempo.
-Si estás tan nerviosa deberías ir a dormir con los niños. - Francesco no iba correr a rogarle, por más que demostró que quería que durmieran juntos y se acariciaran, él se sentó tranquilamente en la cama y comenzó a desvestirse para ponerse su pijama.
-No... estoy bien... Además, tú eres el invasor aquí, esta habitación me la prestaron a mi...- La pelirroja lo observaba en cada movimiento, él no parecía tener pena delante de ella, pero ella... al contrario...
¿Por qué razón no despegaba la mirada de su cuerpo? Por más que quería quitársela de encima, sus ojos permanecían fijos mientras él se quitaba la camisa y dejaba ver su torso bien formado, que a pesar del pasar del tiempo continuaba siendo una delicia visual. Absolutamente todo complementaba bien con él, su pecho, su vientre, sus brazos, sus manos, sus piernas... Sin pensar, Kaori se sonrojó, sobretodo tragó saliva cuando el Italiano se quitó el pantalón.
-¿En serio? Entonces ponte el pijama. - Le sonrió él, notando que se lo estaba comiendo con los ojos.
-Sí... como sea...- Salió de su trance y buscó sus cosas para cambiarse. Abrió el primer cajón del tocador donde tenía guardado lo esencial para prepararse al día siguiente. Dejó a un lado su camisón color burdeo mientras se quitaba el vestido. Se sonrojó más al notar por el reflejo del espejo que Francesco la estaba mirando, así que inmediatamente se puso su ropa de dormir. Soltó su cabello, lo cepilló y volvió a tomarlo en una trenza, hacía todo eso en silencio.
Se acercó a la cama, ella gateó por encima de ésta para tomar un sitio en el rincón e ir bajo las cobijas. El Italiano hizo lo mismo, se recostó, quedó mirando a un punto fijo en el cielo de la habitación.
-¿Te gusta esa posición?- Kaori hizo una pregunta curiosa.
-¿A qué te refieres?- Él movió la cabeza para darle la mirada.
-A pesar de que la primera vez, estábamos borrachos... noté detallitos de ti, como mirar el cielo con un gesto pensativo, como si fuera tiempo de tomar una decisión importante. Imagino que esa vez estabas pensando en cómo marcharte. No sé si estar así, lo haces a menudo, pero me pareció algo lindo volver a ver eso.- Ella quería hablar un momento, tampoco sabía si era verdad o no lo que estaba diciendo, bien mencionó que fue esa noche, esa noche que estaban pasados de copas.
-Um, ahora que lo mencionas, sí, creo que lo hago siempre. -Vuelve a mirar arriba. - Podría compararlo como buscar a que una respuesta caiga del cielo. - Sonrió, aunque de un segundo a otro borró aquel gesto. - Ese día, no estaba pensando en cómo escapar. Pensaba... En cómo liberarme de mis responsabilidades para quedarme un poco más contigo. Aunque yo te hacía dormida en ese instante.
La pelirroja se sorprendió al oír eso, pero no dijo nada.
-Te lo juro, eso planeaba, pero puse mi reputación delante de todo, y me lo cuestioné mucho ¿Sabes? Juré regresar, porque supuse que sería más fácil así, si hacía las cosas con más discreción. No quería ponerte en juego. -
-¿Ponerme en juego? ¿Cómo?- Aunque para Kaori sonara bastante egoísta que él sólo pensara en su reputación, le causó mucha curiosidad esa última frase.
-Noté que eras una mujer muy reservada, nunca estuve con una mujer así, de mal carácter, a quien no le agrada la gente que se pavonea, ni tampoco exponerse ¿Es así?- El corredor la mira otra vez.
Kaori se cubrió con la cobija casi hasta la nariz, no le gustaba que sacara a la luz sus cosas malas, ella miró para otro lado cuando le puso así los ojos encima.
-Perdón por ser de este modo. - La pelirroja confirmó lo que él dijo.
-No, no te disculpes, está bien. De todos modos te explicaré mis razones para decirte esto: Al no ser una figura pública, si alguien descubría que estuviste conmigo, todos los reporteros del mundo del deporte estarían sobre ti ahora, y quizás también sobre los niños. Por un lado quería salvarte, por otro, ya no me importaría gritarle al universo de que Francesco tiene una hermosa familia. - Acabó de hablar, y volvió a sonreír.
Ella lo miró nuevamente, esa sonrisa le encantaba, no pudo evitar devolverle el gesto también con una sonrisa, antes quitándose las cobijas hasta el cuello para que él lo notara.
-Bella donna... tu devi essere mia.-
De pronto Francesco se acomoda, colocándose de lado, sin parar de mirarla, la pelirroja al oír esa frase, abrió los ojos muy grandes, sorprendida, sintió que algo le recorría por la cintura y se detuvo en su cadera. Era la mano del Italiano.
-Tus caderas son hermosas, no parece que hubieras estado embarazada. - Él quiso hacer un comentario agradable.
-Gracias... supongo. - Dijo tímidamente con un tinte en su rostro. -Parece que tienes demasiado fuego.- Dijo ella directa e indirectamente.
-Es culpa tuya.- Susurró él.
-Oye... ¿Me amas? - Preguntó Kaori, sin moverse de su posición, abrazando su lado de la almohada.
-Sí... Claro que si, por eso estoy aquí. - Continuaba con esa encantadora sonrisa en los labios.
Ella se acercó con el cuerpo cerca del suyo, y le rodeó la cintura con una mano, posó su cabeza cerca de la de él.
-Todavía no puedo creer que volviste. - Agregó la pelirroja.
-¿Y cómo quieres que te lo haga creer?- El Italiano subió la mano y comenzó a acariciarle el cabello mientras estaba así.
-Pellízcame. - Dijo ella como si nada.
Él llevó su mano otra vez abajo, ahora cerca del trasero de Kaori, y le pellizcó por ahí, abarcando todo su glúteo con la palma.
-¡Ay! No... ahí no... eres un bruto. - Se puso roja como un tomate, molestándose un poco.
-¿Entonces cómo?- Hizo el tonto, como si no supiera de lo que ella estaba hablando.
Kaori se movió por encima de él, llevando sus piernas una a cada lado de las caderas del corredor, lo mismo que sus brazos estaban sobre la almohada acorralando su cabeza.
-Ámame...- Susurró, con las mejillas sumamente rojas. Bajó sus caderas, quedando con su intimidad sobre la de él. -Por favor...-
-Wow.- Se maravilló, no pensó que ella fuera a tomar ese tipo de iniciativa. - ¿No vas a huír otra vez, verdad? Ah... - Él jadeó, cuando ella se quedó en esa posición, se sentía caliente allí abajo.
-No lo haré... ¿Y tú? ¿Cuándo despierte estarás a mi lado, verdad?- Se inclinó hacia adelante, su nariz acariciaba la de él, así como sus labios se rozaban.
-Cada día...- Levantó sus brazos y la rodeó para atraerla a su cuerpo, sintiendo el calor de sus pechos a través de la seda del camisón. Comenzó a moverse, rozando suavemente por encima de su pijama.-¿No te importa que la madre y las hermanas de Chuki estén en las habitaciones de al lado? -
-Cállate y házmelo. - Tomó ventaja de aquellos roces, tanto allí abajo como el de labios para besarlo con pasión, cerró los ojos disfrutando una vez más de aquel juego entre sus lenguas. Aquel beso del día anterior en el pasillo... debía admitir que siempre quedó con ganas de más.
Se incorporó un momento pausando el encuentro desde sus bocas para quitarse el camisón, que arrojó al suelo, lo mismo hizo con su brasier, dejándole ver sus pechos, aquellos que nunca fueron enormes, tampoco demasiado pequeños. También le desabotonó a él la parte superior del pijama.
-Te ves desesperada... - Susurró él, posando sus manos sobre aquellos pechos, acariciándolos.
-Ah... - Ahora jadeó ella cuando sintió el calor de sus manos sobre su piel desnuda. - Lo estoy, estoy dispuesta a borrarte toda huella que pudo dejarte esa mujer, los celos me matan, porque te tocó todos estos años sin mi consentimiento.-
-Uh... eres mala... siento curiosidad... -Él presiona suavemente sus pezones, entre sus dedos índices y pulgares.-... de sacar otra vez a esa fiera sensual que habita en tu intimidad. No sabes cuánto la estaba deseando. Aunque, si quieres que te sea sincero... nunca deseé tanto a una mujer, como ahora.-
-¡Ungh!- Kaori se quejó lo más bajo que pudo luego de esas caricias, cerrando los ojos, también le daba pudor que los de las habitaciones de al lado se dieran cuenta de su calentura con el Italiano. Sumado al frote que tenían allá abajo, era difícil contenerse, notando que él se excitaba cada vez más al aumentar el ritmo, su miembro estaba duro y ella húmeda. Se sentía rico por sobre la ropa, aunque lo único que quería ahora, era tenerlo dentro.
De repente, la tomó por la cintura, con un veloz movimiento girando sobre su cuerpo, ahora era Francesco el que estaba sobre Kaori. Él se quitó la parte de arriba del pijama en lapsos mientras la besaba en diferentes lugares: Los labios, el cuello, los lóbulos de sus orejas, sus pechos, su vientre... y más abajo.
Se fue hasta abajo de las cobijas para quitarle las bragas, dejando libre su sexo, suave y completamente depilado cuidadosamente, el cual después de él, no había sido tocado por nadie más.
Él comenzó a acariciar su clítoris con un dedo, deslizando verticalmente, arriba y abajo, ella evitaba con tanto esfuerzo no gemir con placer, sobretodo cuando sintió su lengua invadiéndola ahí.
-No... no hagas eso, me da pena... - Susurró la pelirroja, con el rostro tan rojo como su cabello, lo que decía y lo que su cuerpo deseaba contrarrestaban tanto como blanco y negro, dobló las rodillas y presionó un poco la cabeza del Italiano con las piernas para intensificar aquel acto.
Francesco no dijo nada, sólo se limitaba a hacer, y ya no podía esperar más para volver a habitar dentro de aquella mojada intimidad, para volver a hacerla toda suya. Subió lentamente, recorriendo con sus labios cada rincón del cuerpo de Kaori, recordando ese dulce aroma del perfume de su piel pálida, tanto así como su suavidad, las que sus manos iban trazando desde sus muslos, hasta sus caderas, su delgada cintura y sus lindos pechos.
Cuando su boca llegó a acariciar su cuello, abajo, el Italiano se despojó de la parte inferior de su pijama y su ropa interior. Dejando que ella sintiera el roce de piel con piel de sus sexos.
La mujer cerró los ojos, reprimiendo más todos sus gemidos y jadeos, ni siquiera podía llamar a los cielos, aunque pensó que iría allí pronto. Ella movió la cadera, buscando la punta del miembro de Francesco para que quede a su entrada. Cuando la encontró, su cuerpo tembló de pies a cabeza, temiendo como si fuera la primera vez, pero de repente sintió que él estaba empujando, y esto cada vez le hacía sentir más gozo.
Él se abrazó a ella mientras entraba, y casi en la última etapa, lo hizo un poco brusco, estando ya completamente en su húmedo interior.
-Ahh... Francesco... -Susurró ella entre un par de lágrimas, le había dolido, pero le dolió exquisito, era tan estrecha y él lo tenía tan grande que no pudo evitar en primera instancia y después de tanto tiempo derramar un par de sentimientos.
-Kaori... te amo. - Dijo él y la besó en los labios, aun estrechándola entre sus brazos, apegándola más a su cuerpo, moviendo las caderas, arriba y abajo, adentro y afuera.
Al sentir ese ritmo, la pelirroja se separó bruscamente de los labios del Italiano, para dejar escapar un gemido fuerte y lleno de gozo, sin importar que los demás alrededor oyeran cuánto lo estaba disfrutando. Aferrando fuertemente sus manos en forma de garras, a las sabanas tomadas como rehén de sus placeres, repitió el nombre del corredor un par de veces antes de subir sus piernas, para acariciar con los pies las caderas de él y parte de su espalda, obligándolo a introducirse cada vez más, quería sentirlo profundo, duro, caliente.
Sin parar de hacerlo, Kaori se aferró al cuerpo de Francesco, esta vez con ambas manos, repasando su espalda con las yemas de los dedos, desde sus hombros hasta cerca de su cadera, una y otra vez. Con la boca buscaba la del corredor, intercalando pequeños mordiscos en sus labios y en su mentón. Él hacía lo mismo, pasaba por el cuello de la pelirroja, mordía sus lóbulos y también sus hombros.
Sus cuerpos se impregnaban de sudor y fluidos, que se compartían con la pasión del momento. En un instante, el Italiano se hizo para atrás, quedando sentado, y levantó a Kaori consigo, fue un cambio de posición, sin dejar la penetración. Para ella fue una sensación nueva e igualmente deliciosa. Francesco pasaba su lengua por los pezones de la pelirroja al estar así, dándole delicados jalones con sus dientes.
La mujer puso las manos sobre los hombros de él, obligándolo luego a dejar sus pechos, abrazándolo fuerte, quedando su oreja cerca de la boca del corredor, el rostro de Kaori estaba tan rojo a causa del adrenalínico deseo, que al oírlo jadear placenteramente, su cuerpo se calentaba mucho más, y sentía que llegaría muy pronto al orgasmo. Todos los ruidos de su acto la excitaban bastante, el choque y el roce de líquidos que provocaban sus sexos al ir y venir, sus gemidos y jadeos, sus toques, sus besos... que gran sensación.
Prontamente ella cambió la pose, empujándolo esta vez para que Francesco quedase debajo de ella, sus caderas no paraban de moverse, como un baile seductor que necesitaba un fin acorde a toda la escena.
-...Kaori, me vas a hacer acabar, ya no puedo aguantarlo más...- Iba a acabar dentro de ella, el movimiento de la pelirroja era cada vez más rápido y violento, como una catarata que no paraba de caer por el risco. De pronto él se dio cuenta que no se había puesto protección, aún así... Ya era tarde.
-Termina, hazlo... yo estoy a punto también... ¡Ahh!... - Apenas acabado de decirlo, ella había alcanzado su orgasmo, a la par sintió que Francesco al mismo tiempo le eyaculaba en su interior.
Ambos terminaron agotados, queriendo recuperar el ritmo normal de su aliento, aunque no sería tan fácil. Kaori cayó con la cabeza sobre el pecho del Italiano, y podía oír los hermosos latidos de su corazón, con aquel sonido al momento, comenzó a caer dormida, con una pequeña y satisfecha sonrisa en los labios, no sin antes susurrarle cuanto lo amaba.
Cuando la pelirroja se durmió, Francesco la acomodó en la cama, cubriéndola con las cobijas y acariciando su rostro con el dorso de su mano.
-Amore mio... sogni d'oro. - Le susurra, y se acurruca a su lado, rodeándola por la cintura, hasta por fin quedarse dormido también.
Continuará...
Disclaimer:
-Kaori, Lucciano y Luccia son personajes que me pertenecen a mí, al igual que esta historia (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.
