15. - Sólo un próximo día.

Pero esta vez a tu lado.

Al día siguiente, Lucciano y Luccia se habían levantado temprano, y ambos fueron a golpear a la puerta de la habitación donde estaban sus padres.

-¡Mamá, papá! Abran la puerta, tenemos que irnos a Osaka. - Gritó Luccia mientras golpeaba y saltaba con las manos junto a la boca para intensificar su grito, pero pronto se tranquilizó para dar un vistazo interrogativo a Lucciano. -¿Por qué habrán cerrado con el pestillo? Mamá siempre deja la puerta abierta.-

-¿Cómo quieres que lo sepa? - Respondió su hermano, sabiendo tanto como ella.

-¡Ay no, tal vez están muertos! Quizás se asfixiaron con las cobijas. Como esos casos extraños que salen en la televisión. - Comentó la pequeña pelirroja, con los asustados ojos verdes y grandes.

-¿Cómo se te ocurre? Luccia, por eso mamá no deja que mires televisión tu sola, sólo ves programas trágicos. – Lucciano se instala a un lado de su hermana e insiste en golpear la puerta, él había dicho eso, pero como niño que era, podía creerlo de algún modo también.

Kaori se despertó de repente con los golpes en la puerta, jadeó algo asustada y luego suspiró para aliviarse. Había soñado que sus hijos estaban pidiendo auxilio, se sintió culpable porque la puerta estaba cerrada con seguro, pero... ella no recordaba haber hecho eso. Pasó una mano por su rostro para despejarse, miró a su lado y bostezó, Francesco aún dormía.

La pelirroja se acercó y lo besó en la mejilla, luego se sentó en la cama, mirando dónde había quedado su ropa, todo estaba esparcido por el suelo. Ni siquiera sentía deseos de levantarla.

-Ya voy niños, ya voy... espérenme un segundo ¿Sí?- Cuando ella estiró los brazos hacia arriba, oyó los quejidos del corredor, quien pronto posó sus manos en las caderas de Kaori, subiendo hasta la cintura, y la jaló nuevamente a la cama con él.

-No, no te vayas. - La abrazó fuerte el corredor, reteniéndola a su lado, aún con los ojos cerrados, su voz estaba aún tan somnolienta como todo su cuerpo.

Ella sonrió, y se rió con suavidad, dejándose querer un instante más.

-Buen día, señor Bernoulli ¿Qué tal la noche? - Preguntó en voz baja.

-Muy buena… soñé que una hermosa mujer me decía que me amaba infinitamente. – Sonrió y abrió los ojos despacio.

-¿En serio? Qué bien por ella.- Estaba a punto de darle un beso.

-Sí, era una rubia preciosa. – Bromeó.

-¡Serás canalla! – Olvidó el beso, sintió que él no se lo merecía, se sentó rápidamente en la cama, tomó una almohada y le dio un golpe con ella. –Toma eso, para que se te quite lo tarado y mujeriego. –

-¡Auch! Kaori ¿Por qué eres tan violenta? Era una broma. – Se rió, despejándose de un segundo a otro de la pereza.

-No me gustó. – Salió de la cama y de mala gana levantó toda su ropa del suelo, buscó las otras prendas que tenía para ese día, iba a prepararse para irse a la estación. No miró a Francesco en todo ese rato.

-¿Te lo tomas tan en serio? No pensé que fueras tan celosa. – Se extrañó un poco de su actitud, él se levantó para vestirse también.

Kaori estaba riéndose, obviamente no iba a estar hablando en serio a causa de un sueño, se puso ropa interior negra y terminó por cubrirse con un vestido rojo, después volteó y rodeó con sus brazos a Francesco por detrás, al tiempo que él se vestía.

-Te amo infinitamente. – Le susurró ella mientras mantenía su cabeza descansando en su espalda aún desnuda.

Él sonrió, al mismo tiempo abrochaba el cinturón de su pantalón, repentinamente el Italiano se dio la media vuelta para corresponderle a su abrazo.

-Yo también. Y no importa si no eres rubia. – Dijo él, manteniéndola fuerte contra su pecho y acariciando su largo cabello rojo.

-Francesco….- La pelirroja necesitaba comentarle algo, restó en cierto modo el comentario sobre el color del cabello. Deshizo el abrazo para mirarlo a los ojos, aunque estaba muy cómoda así.

-¿Sí?- Preguntó.

-Anoche ninguno de los dos se protegió. Por tu sabes qué…. – Ella susurró, suponiendo que sus hijos aún estaban detrás de esa puerta. –Hace años, por obvias razones, que yo no tomo pastillas anticonceptivas. -

-Me di cuenta de eso después. Es que es más placentero sin esas cosas ¿No crees? – Excusó el Italiano, vistiendo su camisa.

-Sí, pero si quedo embarazada otra vez, te quedarás conmigo de esta, hasta tu próxima vida, quieras o no. Más si vuelven a ser otro par de gemelos. Y siendo que no soy rubia, no pienso teñir mi cabello para darte ese gusto. – Le dijo con una sonrisa sarcástica.

-No tengo problema con eso. – Respondió él.-Sobre todo si tu próxima vida tiene estas curvas peligrosas. – La recorrió con sus manos desde su cuello hasta su cadera. –Me arriesgo a competir una vez más por aquí.

Comparten un beso, rápidamente otro golpe desde afuera les hizo desistir, los niños insistían en que ellos salgan de la habitación.

-¿Puedes oír algo, Lucky?- Luccia tenía la oreja pegada en la puerta.

-No, sólo murmullos. No entiendo nada. – Estaba igual que su hermana, y ambos veían hacia arriba.

De repente se oye que el pestillo se desbloquea y la puerta se abre hacia adentro. Provocando que ambos niños cayeran dentro de la habitación.

-¡Ay! – Fue el grito de los dos hermanos antes y después de tocar el suelo.

-Buenos días niños. – Francesco los saludó, mirándolos mientras estaban botados en el piso. - ¿Por qué tanta prisa? –Ayudó a Luccia a ponerse en pie primero.

-Ay, papá, mamá, ya son las 7:00 a.m. Tenemos que estar en la estación en menos de tres horas.- Les dijo la niña, arreglando su cabello, aunque estaba en pijama no le gustaba verse mal en ninguna circunstancia, y era señal que se habían levantado de la cama hace muy poco.

-¿Qué tanto estaban haciendo? ¿Por qué bloquearon la puerta?- Preguntó Lucky con autoridad, como si él fuera el padre, se incorporó ágilmente, poniendo pronto su azulina mirada fija en ambos y las manos sobre la cintura. Sólo le faltó agregar la palabra "jovencitos" a su frase.

-Hablábamos cosas de grandes, eso es todo. – Resolvió Francesco. – No te enojes. – Se rió de aquel tono, también al ver claramente que el gesto de fastidio de Lucciano era igual al de él. Acercándose al niño, puso una mano sobre su cabeza y le sacudió el oscuro cabello juguetonamente.

Lucky transformó su enojo en una gran sonrisa, abrazando a Francesco. El Italiano se puso de rodillas, atrayendo a los dos niños a sus brazos.

-Buongiorno miei piccoli grandi amori. (Buen día mis pequeños grandes amores) – Los estrecha fuerte, posteriormente les deja un beso a cada uno en la mejilla.

-Buongiorno papà. – Dicen los gemelos al mismo tiempo, haciendo mimos a su padre.

Kaori los observa en silencio, para ella era increíble ver esa escena, daba la impresión de que todo lo ocurrido años antes sólo fue parte de una horrible pesadilla.

Una hora después estaban arreglados para salir, y con el equipaje listo, todo lo demás fue alistado con calma.

Esa última mañana en casa de los Todoroki, desayunaron las dos familias juntas en la mesa del salón grande.

Shu estaba sentado en la cabecera, por ser el jefe de familia, a un lado de él, a su derecha estaba Chuki, a su izquierda, Garou. Junto a Garou, Luccia, Lucciano, Kabuto e Ichigo, mientras frente a ellos sorbían su tazón de té, Kaori, Francesco Komodo y Suki, en la otra punta de la mesa mirando a Shu, se encontraba la mayor de todos, la señora Mizuki.

-Qué lástima que tengan que irse tan pronto. – Rompió el silencio Chuki, que tenía a su lado a Kaori, hablaba con ella justamente.

-Sí, lo siento, el feriado acabó y necesito volver a trabajar, los niños a la escuela, además debo ver si mi abuelo requiere ayuda en el Dojo, lo de siempre, la rutina. – Le responde la pelirroja, sonriendo a su amiga.

-Querida, tu semblante se ve bastante bien esta mañana, a pesar que anoche me di un pequeño espanto pensando que estabas enferma. – La señora Mizuki se dirigió también a Kaori, al mismo tiempo tomaba con sus palillos una porción de arroz de un pequeño plato hondo de losa fina de color azul pálido. Ella dignamente siempre tradicional, bien peinada y luciendo un hermoso kimono púrpura con motivos de hojas de otoño color naranjas y castañas, su rostro aún era serio, sobre todo ante la presencia mañanera de ambos novios de sus hijas menores.

La pelirroja la miró interrogante, no entendía a qué se podía referir.

-¿Eh? No, yo estaba bien, no me he sentido mal físicamente hace mucho ¿Por qué dice eso Mizuki-san?

-Oh, sólo lo supuse, o quizás tenías un mal sueño, porque te escuché jadear fuerte el nombre de tu esposo varias veces. – Come tranquilamente luego de decir eso.

-E…. este….Sí, no era nada….p…. pero… gracias por preocuparse…. – La pelirroja balbuceó, quedando instantáneamente con el rostro extremadamente rojo hasta más no poder, acompañado por una sonrisa estúpida.

Francesco que estaba bebiendo su té se atora y empieza a toser sin parar. Frente a él Kabuto se comienza a carcajear, Ichigo le da un pequeño codazo en su flanco derecho para que se calmara. Aunque claramente a todos les había causado gracia aquello, excepto a los niños quienes no entendían nada.

Luego del desayuno, Francesco, Kaori y los niños esperaron afuera, junto a la puerta principal de la residencia de los Todoroki un taxi que los llevaría a la estación del tren, aunque no estaba al extremo lejos, pero el equipaje hacía la diferencia.

En tanto, el corredor Italiano hablaba por celular con Giuseppe en ese momento, sentado sobre su maleta, se disculpaba por todo lo que le hizo pasar a su mentor en esos días, le pidió de favor que fuera a Osaka para que pudieran conversar con más calma. Aunque todo parecía ideal en ese instante lo cierto es que detrás, las cosas eran complejas.

-Muchas gracias por todo, Shu, Chuki, descansamos muy bien aquí. – La pelirroja se despidió de sus anfitriones, con una reverencia.

-Cuando quieran. – Devolvió Shu la reverencia. Y como siempre reservando palabras o sólo diciendo lo justo y necesario.

-Sí, de verdad descansaste bastante bien anoche ¿No?- Chuki le susurró a su amiga, con rostro cómplice, no podía creer que su madre haya revelado su noche de pasión. –Eres una picarona, frente a mí siempre haces como que no pasa nada cuando la realidad es otra. – Rió la japonesa.

-Chuki, por favor ¿Por qué siempre me dices esas cosas? – Se sonroja toda otra vez, un poco harta del tema. –Sucedió, pero no es para que me lo recuerdes con frecuencia. –

-Está bien, lo siento, jajaja. No te enojes, pero de verdad me pareció curiosamente divertido. – La reportera le guiñó un ojo, después se puso un poco seria, tomándola de las manos. – Kaori, buena suerte con todo esto, supongo que lo peor ya pasó, en serio lamento mucho lo que tuve que hacer, rompí un silencio que me pediste mantener, aunque soy periodista y tengo muchos secretos encima, esto era demasiado para mí, más aún porque eres mi amiga y te aprecio mucho. - Le explicó.

Kaori le presionó suavemente las manos y pronto las soltó para darle un gran abrazo a la peli-rosa.

-Gracias, yo entiendo por qué lo hiciste. Espero que nos veamos pronto. – Deshizo el abrazo, para mirarla y darle una sonrisa de satisfacción, haciéndola notar que no estaba resentida con ella ¿Y cómo estarlo? Esta responsabilidad tendría que haberla tomado hace bastante tiempo atrás. Pronto comenzó a buscar con la vista a sus hijos, no los encontró. –Oh, qué extraño, pero si ese par estaban aquí hace un minuto. -

Tampoco los vio cerca de donde Francesco estaba hablando por móvil. Se acercó a él para preguntar.

-Francesco ¿Viste a los niños? Los vi aquí hace un momento, pero ahora… - Miró para ambos lados de la calle y cerca de los alrededores de la casa.

-En realidad yo también los había visto justo aquí, inmediatamente después de colgar la llamada, eso fue no hace mucho. Qué extraño. – Respondió el Italiano.

-¿Por qué justo ahora? – Kaori se angustió, dio un pisotón en el suelo a modo de berrinche, y comenzó a buscar alrededor del jardín.

-Shu y yo los buscaremos dentro de la casa, no creo que hayan ido muy lejos. – Chuki lleva a su esposo a buscar dentro, Garou también se encontraba ausente, así que lógicamente se preocuparon, supusieron que los tres habrían ido al mismo sitio.

Francesco se quedó allí, para ver si ellos volvían por el mismo lugar. En cualquier caso, si demoraban, iría por ellos en breve.

Continuará...

Disclaimer:

-Kaori, Lucciano, Luccia, Garou y Mizuki son personajes que me pertenecen originalmente a mí, así como esta historia. (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.