16.-Un Rival en el Amor.
Entre tanto un poco antes de que llegara el taxi y Kaori terminara de hablar con Chuki, los tres niños habían dado la vuelta a la esquina siguiendo a Kabuto y a Komodo. Se quedaron a una distancia prudente, sin que pudieran verlos, asomaron la cabeza tras el muro de una casa, viendo con asombro cuatro hermosos y potentes autos tunning estacionados en el lugar.
-Wow… ¿Están viendo lo que yo? – Dijo Lucciano.
-Sí, esos son los automóviles de Komodo y Kabuto, y el negro de allá es de Yokoza, el otro que tiene tatuado un dragón es de Yojimbo. – Les explicó Garou.
-Ya lo sabemos, Yojimbo es hermano de Yokoza a él le gustaba mi mamá. – Mencionó Luccia.
Los dos niños varones se miraron, Lucky no tenía ni idea de eso, era increíble para él que su hermana lo notara.
-¿En serio?- Preguntó Lucciano a Luccia.
-Era tan obvio, ay niños, no son nada románticos. – Ella aceró un poco los ojos y les puso mal gesto a los dos, moviendo la cabeza en negación, luego regresa su atención a los cuatro que se habían reunido.
Mientras Kabuto, Komodo, Yojimbo y Yokoza conversaban de sus asuntos, Yokoza que estaba afirmado de espaldas a su brillante auto negro, notó las miradas de aquellos tres que los veían de lejos.
-Oigan, tenemos espías.- Dijo el hombre de cabello picudo en tricolor, no muy preocupado, vestido completamente de cuero negro, con grandes botas de combate que llevaban metal en la punta, su vestimenta y su peinado se asemejaban mucho con los accesorios de su auto, tenía 31 años en el cuerpo aun así se veía más joven y bien parecido.
Lo mismo los otros tres, Kabuto con una edad similar, llevaba el pelo oscuro y corto, con una camisa y zapatos de deporte color rojo, jeans y una chaqueta de cuero negros, sus orejas iban adornadas con un par de piercings.
Yojimbo era el más alto y el mayor de ellos, tenía mucho cuerpo fibroso, con un jean azul y una camiseta de un azul más fuerte, entallada al cuerpo sin mangas, dejaba ver sus musculosos brazos con un par de tatuajes en cada uno, en el izquierdo de hombro a muñeca tenía tatuado un dragón, en el derecho llevaba un tigre, terminando en los dedos de sus manos con varios anillos de plata. Su cabello rubio plateado iba tomado en una coleta alta, llevaba una pequeña barba desordenada en la punta de su mentón.
Komodo era el más llamativo de ellos por su traje dos piezas de color verde y sus botas del mismo tono que asemejaban piel de lagarto, era claramente fanático de series como Carzilla (Parodia de Godzilla) y su animal favorito era el Dragón de Komodo, el cabello llevaba un estilo engominado, aunque se veía bien con toda la combinación, tenía en la barba un piercing de pica que le sobresalía sobremanera bajo el labio inferior, nadie sabía cómo podía besar así a Suki. Además el peculiar estilo de su auto era tan bien adecuado a él mismo.
-Oh, oh…. Nos han visto. – Susurró Garou aún tras la muralla.
-¿Nos vamos?- Preguntó Lucciano.
-¿No me digan que les tienen miedo? Ya hemos hablado con ellos antes, vengan. – Luccia estaba más confiada de salir del escondite, ella se dirigió primero donde estaba el cuarteto, que parecían bastante fieros, pero seguro no le harían daño a una niña. –Hola. – Saludó ella con una sonrisa.
Las sombras de los hombres la cubrían completamente por su tamaño, Yojimbo se movió primero, agachándose para ver a una altura prudente a Luccia.
-Miren nada más, es una pequeña espía, o tal vez una admiradora. Jaja… ¿Cómo estás, preciosa? – Él le pone un dedo bajo el mentón, como cuando acaricias un gatito. –Hace mucho que no te veo, y el tiempo te hace más linda.- Sonrié contento de verla.
-Estoy bien, y tienes razón Yojimbo-san. – Ella disfruta los mimos. –No vine sola, mi hermano y Garou están allá. –Apunta a la muralla, allí estaban ambos niños aún escondidos.
-¿En serio? ¿Y por qué ese par de hombres salvajes no vienen a saludar? Debo suponer que la única con agallas eres tú, Luccia. – Dice el grandote en tono de broma, era para provocar un poco a los niños.
La pequeña pelirroja por su parte sentía orgullo de no tener temor de ellos, todo lo contrario, para ella eran unos tipos geniales.
Garou y Lucciano se sienten como en un desafío, típico para un varón ser competitivo, y más el no cumplir siendo desafiados, los deshonra. Ahora mismo se acercaban a saludar a todos.
-Yojimbo-san, Yokoza-kun ¿Cómo están?- Lucciano saluda como si nada, luego mira incondicionalmente los autos estacionados, eran magníficos.
- Hola, buenos días. – Le sigue Garou.
-¿Qué tal niños? ¿Qué están haciendo aquí? – Pregunta curioso Yojimbo. No lo parecía, pero le preocupaba que estuvieran solos por ahí.
-Seguimos a Kabuto-san y Komodo-san desde la casa de Garou, allá pasamos unos días porque vinimos a ver GP de Suzuka. – Respondió Luccia. –Pero ahora tenemos que irnos porque estábamos esperando un taxi para que nos lleve a la estación del tren. Nos vamos a casa.
-¿Vinieron sin pedir permiso? – Preguntó Komodo y se lleva una mano a la frente. –Oh no…-
-Enanos ¿Saben cuánto nos ha costado ganar un pequeño respeto de Mizuki-san para que no nos tache de vagos e irresponsables? ¿Para que nos vea bien a los ojos de sus hijas? Ahora si ustedes están aquí sin permiso con nosotros, obviamente ella nos echará la culpa. – Kabuto estaba un poco molesto, preocupado a la vez.
-Tranquilo, Kabuto. – Yokoza le da una palmada en la espalda. – Los llevaremos a su casa y será todo.
-Nos verán llegar con ellos, con más razón nos culparán. – Insistió Kabuto.
-No, Kabuto-san, no se preocupe por eso porque no es verdad que son los responsables. – Garou quería tranquilizarlo un poco.
Yojimbo abrió la puerta de su auto, hacia arriba, puertas estilo lambo.
-Niños, suban, vámonos de aquí. – Hizo subir a los tres.
Estaban tan encantados por subir a uno de esos autos, que casi se van de espaldas.
-¡Wow! Yo quiero tener un auto así cuando crezca. – Lucciano parecía más entusiasmado que todos. –O tal vez uno como el de mi papá. –
-¿Tú papá? ¿Conociste a ese idiota? – Yojimbo hizo una media sonrisa, hablaba mientras conducía, él y sus amigos sabían toda la historia entre Francesco y Kaori.
-No le digas así a mi papá, él no es un idiota. ¡Jum!- Luccia se sintió ofendida y puso mala cara mirando hacia al frente y cruzando los brazos.
-Oh, lo siento mucho princesa, no quise decir eso tan feo…. Perdóname. – La verdad es que Yojimbo no estaba honestamente arrepentido de su frase.
Los autos rugieron más fuertes que un león, los ruidos se oyeron en toda la calle y quizás más. Llegaron en un dos por tres a la casa de los Todoroki con los pequeños a salvo. Una frenada salvaje dieron las cuatro máquinas justo en la vereda principal de la residencia.
-¿Qué demonios? – Francesco aún estaba esperando, no habían pasado ni cinco minutos desde que fueron a buscar a los pequeños. El cuarteto lo había pillado de improviso, el Italiano casi salta dos kilómetros atrás cuando vio venir semejantes automóviles.
Todo el escándalo hizo que Shu, Chuki, salieran a ver, mientras Kaori volvía desde el jardín de atrás.
Los adultos se aliviaron al ver a los niños salir del auto de Yojimbo, estaban sanos y salvos.
-Oh, gracias a Dios. – La pelirroja va al encuentro de sus hijos y los abraza. Luego se dirige al hombre de cabello rubio platinado. - ¿Yojimbo? Pensé que estabas en Towkyo ¿Cómo es que Lucciano, Luccia y Garou estaban en tu auto? – Ella se incorpora para hablar con él.
-Hola hermosa. – Sonríe juguetonamente. – Pues, estoy en la ciudad por negocios, y bueno resulta que encontramos a este trío caminando cerca de aquí, y los trajimos, eso es todo ¿No me saludas?-
-Pero ¿Qué?- Mira a los gemelos, obviamente nada contenta. –Luccia, Lucciano ¿Cómo se les ocurre alejarse así de la casa? ¿Y si les pasaba algo?- Primero que nada la pelirroja se encarga de regañar a sus retoños.
-Perdón mamá. – Dicen ambos a un tiempo, con la mirada puesta en el suelo.
-Está bien, espero que de ahora en adelante se comporten y cuando les diga que se queden en un sitio, se quedan ¿Sí? No es gracioso que anden solos por donde se les da la gana, me tenían muerta de preocupación.- Kaori les habla con autoridad, de verdad le jugaban muchas cosas en contra con el actuar de los niños.
Los gemelos se sentían mal, pero al menos sabían que no habían hecho nada bueno. Igual Garou, a quien sus padres también dieron un breve y serio sermón.
Kaori volteó para hablar con Yojimbo y sus amigos.
-Gracias por traerlos, estamos a punto de salir de viaje, tenemos el tiempo en contra y mi corazón estaba a punto de colapsar. – Ella se dirigió al hombre alto de cabello platinado. –Qué bueno verte otra vez ¿Cuánto hace ya?
-No es nada, preciosa, fue un placer. – Sonrió él. – Déjame pensar ¿Cuánto tiempo? ¿Cuándo fue la última vez que me rechazaste? –
-Oh, por favor, no comiences. – Mira para otro lado.
Francesco se acerca al grupo, observa que los niños están bien y se alivia, antes de eso estaba un poco desenfocado entre lo que estaba pasando, no todos los días ves llegar este tipo de máquinas frente a una residencia.
-¿Quién es él, niños?- Interroga el Italiano de manera cautelosa a Lucciano y a Luccia.
-Yojimbo-san, es amigo de Kabuto y Komodo- Responde seriamente Lucky.
-Dame un abrazo por lo menos. – Yojimbo abre los brazos, sin esperar respuesta de parte de la pelirroja, es él quien la abraza fuerte y la levanta del suelo.
-¡Oh! No, espera…. No hagas eso ¡Bájame! – Ella le demanda.
-¡Oye!- Francesco se acercó de mala gana.
-¿Qué? ¿Quién es este debilucho? – Preguntó el hombre de cabello platinado, mientras mantenía a Kaori cargada ahora sobre su hombro como si ella fuera una muñeca, él media más o menos 10 cm más que el corredor, hasta lo sobrepasaba en músculo y fuerza. Para ser Japonés había sido privilegiado físicamente. –Ah, ya te recuerdo, eres ese imbécil de Francesco Bernoulli. Demasiada autoestima para tan poco hombre.- Se burló Yojimbo.
-No, espera…. Basta, no le digas eso, y menos delante de mis hijos. – La pelirroja intentaba quitarse las manos de él de encima, pero Yojimbo sabía cómo tomar a una persona y mantenerla a raya, el grandote también era experto en artes marciales, de preferencia Ninjutsu.
Chuki retira a los niños de en medio, les pide que se queden con ellos dentro de la casa, mientras el taxi llegaba. Shu le decía que mejor ellos no se metieran en eso, pero si todo se ponía color de hormiga, mejor llamarían a la policía. Esos cuatro podían ser muy buenos, pero si querían también podían ponerse muy agresivos.
Yokoza, Komodo y Kabuto se mantuvieron a distancia, apoyados de espaldas sobre sus autos, sus miradas eran neutras.
-Déjala en paz. – Francesco no se movió de su sitio, aunque siempre fue un poco cobarde para enfrentarse cuerpo a cuerpo a alguien fuera de las pistas, esta vez no iba a soportar que lo insulten o lo humillen, tanto a él como a su familia.
-¿O qué vas a hacer, idiota? ¿Sabes? No me gustan los tarados que tienen fama y fortuna, se aprovechan de las mujeres humildes como Kaori, la disfrutan y luego se marchan como si todo hubiera sido un simple juego. – Yojimbo no pudo callar.
-¿Qué? ¿Cómo lo s….? – Kaori abrió los ojos inmensos, en los encuentros que la pelirroja había tenido con el hombre de cabellos plateados, ella nunca le reveló todo eso. Sólo le había contado que era madre soltera.
-Yo no la dejé sola, aquí estoy para ella, y lo que sea que haya sucedido entre nosotros, es cosa que no te incumbe. – Francesco estaba muy molesto ¿Quién se creía este tipo? ¿Podía venir así nada más con su increíble fachada a arrebatar lo que él quisiera? Eso no era correcto…. –"Espera…." – Pensó el corredor. –"Eso no es…. Correcto." – Se recordó a él mismo hace años, queriendo arrebatar lo que sea por el simple hecho de tener una apariencia fabulosa y el privilegio de aprovecharla a placer. Se sintió cabizbajo.
Yojimbo miró a Francesco, así frente a frente no le pareció la gran cosa, tanto como se hacía crecer en la televisión o en las revistas. Lo menospreció.
-Oye nena…. ¿Qué le ves a este tipo? Es realmente miserable. – Se rió el japonés. – Sin su respaldo económico, su habilidad para conducir y esa cara bonita, no es nada…. Sólo una mascarada.
-No es verdad, tú no sabes lo que estás diciendo. Detrás de todo lo que mencionaste, existe un ser humano más atractivo que eso.- Le decía ella mientras Yojimbo aún la mantenía suspendida en el aire. –Además, tú también tienes tu mascarada ¿No? O no te pondrías todo eso que tienes encima. Apostaría cualquier cosa, a que eres más sensible que esto. Que alguna vez en tu vida estuviste asustado del mundo, ahora… no sé por qué buscas que suceda lo contrario.-
-Kaori…. – Francesco abrió grandes sus impactantes ojos castaños, sorprendido de que ella pensara en él de esa manera, aquello le daba mucho más valor. De parte de una mujer tan sencilla que veía más allá de una apariencia.
Yojimbo la soltó, la dejó suavemente en el suelo y la miró un poco fastidiado con sus palabras, pero tenía razón, aunque no se lo dijo. Él sonrió como si nada.
-Creo que estás siendo demasiado buena, reina. Pensando tan inocentemente sobre un tipo como él. Pero escúchame, la próxima vez que me veas, me vas a contar con razón, que él es un canalla, porque algo te hará que te va a hacer sufrir otra vez. Y cuando lo haga….- Pasa la mirada por encima de Kaori para poner sus ojos sobre Francesco. - … Lo voy a hacer polvo. -
-Claro que no, estás en un error. – Le asegura el Italiano, con la expresión muy seria. Tampoco le quita los ojos de encima a Yojimbo, no quería que ni Kaori ni él pensaran que lo intimidaba. –Nadie te da derecho a meterte en nuestra vida, ni siquiera sabes cómo están actualmente pasando las cosas.-
-Yojimbo. – La voz y la mano de su hermano Yokoza le pedían de favor que ya era suficiente. – Ya basta, vámonos, tenemos otras cosas qué hacer. Después juegas con él. -
-Sí, está bien, no vale la pena. – El hombre de cabellos plateados sonríe burlón. – Nos vemos, hermosa, voy a pasar a hacerte una pronta visita. –
Los cuatro se suben cada uno a sus respectivos vehículos, y con un potente acelerón se marchan del sitio, dejando sólo polvo, marcas de rueda en el pavimento y un ruido ensordecedor que terminó hasta pasados unos 10 segundos.
Allí fue cuando Francesco reaccionó, y miró a Kaori, ella estaba un poco en shock después de esa escena.
-¿Estás bien? - Abrazó a la mujer por la espalda, a la altura de sus hombros, acariciando su mejilla con la suya.
-Sí…. –Susurró ella, saliendo de su pensamiento, pero casi sin moverse. -¿Y tú?
-Bien….. – En realidad él tenía muchas dudas. Pero no era instante de hablar.
De un segundo a otro, el taxi que solicitaron llegó. El conductor se bajó y empacó las cosas en el maletero mientras la pelirroja fue a buscar a sus hijos y se despedía nuevamente de los Todoroki. Kaori, Luccia y Lucciano embarcaron, al tiempo Francesco se despedía de Shu, Chuki y Garou.
-Que te vaya bien, te espera una vida, espero que no la eches a perder. – Son las palabras de Chuki para el Italiano.
-Tengo mucho qué pensar antes de tener esta nueva vida completa…. Pero te aseguro que Francesco dará lo mejor de sí, además que la meta vale inmensamente la pena.- Sonrió él, y miró hacia el taxi, luego volvió a Chuki. – Gracias por todo.
-No hay de qué. Ahora vete. Yo tengo que atender a mi par de varones.- Refiriéndose ella a su tiempo familiar.
-Nos veremos. – Finalmente el corredor Italiano se marchó por su lado, abordando el taxi junto a su linda familia.
Se sentó cómodamente en el lado del copiloto, abrochándose el cinturón de seguridad, parecía relajado, pero la verdad se sentía extraño, yendo a una nueva etapa, como cuando te sientas por primera vez en una montaña rusa y no sabes realmente lo que te espera en el subir y bajar…. Así mismo, en la vida.
Continuará...
Disclaimer:
-Kaori, Lucciano, Luccia, Garou son personajes que me pertenecen originalmente a mi al igual que esta historia. (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a (c) Disney. PIXAR.
