17.- Decisiones.

Un par de horas después el tren desde Suzuka, hizo una pequeña desviación a una de las regiones de Towkyo y luego arribó a Osaka sin contratiempos, en el andén estaba esperando Jin a su querida familia.

Y aunque Kaori le anunció la llegada de Francesco, en el momento en que ella fue a comprar los tickets, el anciano no lo tomó muy bien, recibió con un gran abrazo a sus pequeños bisnietos, también a Kaori, pero lo que fue con el Italiano…. Su expresión cambió tan radicalmente de una sonrisa afable y llena de dicha, a una sombría y seria faz.

-Mira abuelo, él es nuestro papá. – Le dice Lucky con una sonrisa, abrazando la cintura de Jin, y ansioso por presentar a su padre.

-Que bien mi pequeño. – Sonríe el anciano y acaricia la cabeza del niño.

-Hijos, vengan, vamos a buscar otro taxi para que nos lleve a casa. – La pelirroja toma una mano de cada niño y comienzan a ver alrededor por un taxi. A lo que están en eso, Jin se queda un instante a solas con el recién llegado.

-Francesco Bernoulli…. – Dice el más viejo presente, con un tono muy neutro sin cambiar un ápice su postura.

-"Ay no, otra mala cara, esto va de mal en peor, para colmo esta vez es alguien que Kaori y los niños quieren mucho." –Pensó el corredor. Y como queriendo un buen comienzo, estiro la mano ofreciéndosela a Jin.- Es un placer… aunque creo que para usted no. – Era un poco difícil para él volver a sacar a la luz su gran ego, estando en esa situación. En otra circunstancia hubiese hecho el tonto, y de algún modo voltearía la voluntad de Jin a su favor, pero ahora…. No quería quedar mal delante de su familia.

-Tienes razón, no lo es. – Respondió el anciano, de todas maneras aceptó el gesto de Francesco y estrechó su mano. Presionándola un poco más de lo necesario.

El Italiano hizo una sonrisa falsa, le estaba doliendo ese apretón, Jin tenía fuerza, cómo no, luego de practicar más de 50 años las artes marciales.

-¡Abuelo!- Kaori regresó, le regañó, mientras ellos estaban en eso. Le conocía las malas mañas, así que a ella no podía engañarla. –Sueltalo, ahora. – Demandó con seriedad.

Jin hizo caso a su nieta, y soltó la mano del Italiano, haciendo el inocente.

-Lo siento, jeje, pero que frágil. – Dijo Jin, y luego recordó una cosa…. Él no debía decir esa palabra.

-¡FRÁGIL! – Dos voces sonaron al mismo tiempo.

-¿Uh? ¿Pero qué….? –La pelirroja se extrañó al oír dos voces al unísono. Y miró a Luccia, ella odiaba esa palabra, nunca le gustó que la despreciaran por ser niña, en la escuela lo hacían mucho, más en un país con preferencia de masculinidad, donde pocas veces dejaban competir juntos a ambos géneros.

¿Pero el otro? ¿Quién había gritado?

-Mamá…. – Lucciano tiró de la manga de su vestido, él le estaba indicando a alguien.

-¿Francesco? – Kaori volteó a la señal de Lucky, miró al corredor un poco confundida.

Él era quien había reaccionado mal ante esa palabra, bufando como toro enfurecido. Era otro a quién no le gustaba que por su aspecto le llamaran de ese modo. Sobre todo desde esa primera vez, cuando McQueen se burló del corredor Italiano y al mismo tiempo de su categoría; la Fórmula Racer. Lo que le hacía recordar su "amistosa" rivalidad.

Francesco se tranquilizó inmediatamente, sólo porque le tomó por sorpresa la reacción de Luccia, la miraba con la boca abierta, bastante claro le dejaban muchas cosas de los niños, las cuales le revelaban que eran muy suyos.

-¿Cómo te atreves a burlarte de mí, abuelo? ¡No voy a soportar que me digas eso! Yo puedo ganarte cuando tú quieras. – La niña dio un pisotón en el suelo, sacudió la cabeza, enmarcando su entrecejo y presionando los dientes como perro rabioso.

-No te lo decía a ti, querida. – Jin la miró un poco asustado, no era la primera vez que pasaba esto. Aunque justamente no podía recordar bien cuando pasó eso por primera vez. Creyó que fue un día después de la escuela.

La verdad es que aunque nacieron y estaban siendo criados en Japón, los otros niños miraban aún un poco extraño a los gemelos, sus rasgos no eran orientales, sus estaturas eran un poco más notables, el cabello de Luccia no era oscuro y los ojos de ambos eran de un color no compatible con el estándar Japonés.

La niña a pesar de que le dolía ese tipo de discriminación, nunca se dejó llevar (salvo por oír la palabra "Frágil" que le habían dicho en tantas ocasiones) su sola presencia intimidaba a sus compañeros de tal modo que hasta la amaban. Intimidar en el aspecto que aprovechaba todo su encanto físico y su poder de convencimiento, su vanidad, su seguridad en sí misma, su ego, para beneficio de ella misma. Igual que su padre. Pavoneándose por los pasillos de la primaria.

Su hermano lo lamentó un poco más, porque Lucciano era un niño social y ligeramente tímido, al cual nunca le gustó discutir con nadie para al menos tener un solo amigo. Su destreza y desempeño en los deportes sobretodo jugando fútbol en el equipo de la escuela, lo hicieron ganarse en cierta forma el respeto de sus compañeros.

-¿En serio? – Luccia se calmó, dejando de hacer chirriar sus dientes y empuñar sus manos. -¿Entonces a quién? – Preguntó con toda normalidad.

-Pues….- Jin no sabía qué decir, no iba a insultar a su padre delante de ella, miró a Kaori, luego a Francesco, como pidiendo ayuda, pero a los dos segundos se le ocurrió…. – Lo decía por una de mis uñas, se me rompen tan fácil, jaja. – Tuvo que mentir.

-Ah, está bien. – Respondió la niña, viendo al otro lado del andén, que el conductor del taxi solicitado, los esperaba. Apuntó allá para que todos se enteraran.

Era hora de volver a casa.

Francesco se fue en silencio todo el camino, oía a Kaori hablar con su abuelo en la parte de atrás del taxi, y los niños se habían quedado dormidos, Luccia en el regazo de su madre, porque para que entren todos en el vehículo, uno de los niños debía ir sentado en las piernas. Y Lucciano que iba en medio, estaba con la cabeza apoyada en el hombro de la pelirroja.

Al llegar al viejo Dojo, en casa de Jin, el corredor tomó a Lucky en brazos y se lo llevó a una de las habitaciones, siguió al anciano y a Kaori, que iba cargando a Luccia.

-Pobrecitos, seguro están muy cansados por el viaje. – Comentó el hombre mayor, abriendo la puerta de una alcoba en el segundo piso del lugar, ahí se quedaban los niños cuando visitaban a su abuelo.

Jin nunca movió nada desde que los gemelos nacieron, sabía que de vez en cuando necesitarían todas las cosas que tenían allí.

-Es que están en pie desde muy temprano. Estaban ansiosos por volver. – Kaori le habló a su abuelo mientras les quitó a ambos los zapatos y los acomodó, cada uno en su propia cama. -Siempre han tenido el sueño un poco pesado, sobretodo Luccia, podría haber un terremoto y ella no se moverá. – Sonrió la pelirroja, esta vez intercalando a momentos la mirada entre sus hijos y Francesco. Dijo aquello pues habían movido bastante de un lugar a otro a los gemelos y estaban tan exhaustos que no sintieron nada.

-Vaya…. – Fue lo único que dijo el Italiano, sin despegar la vista de lo que estaba haciendo Kaori, no sabía ¿Por qué? Pero le agradaba mucho verla en su papel de madre cuidadosa. Como si él estuviera tomando notas mentales de cómo tratar sus hijos.

En un instante los tres adultos estaban fuera del cuarto.

-Les hará bien una siesta antes de volver a nuestra casa, mientras tanto ¿Quisieran comer algo? Puedo preparar alguna cosa rápida. –Ofreció ella, a lo que entrecerraba la puerta de la habitación.

-Sería perfecto, hace mucho que no como una buena comida casera. – Le sonrió Francesco, pero pronto su sonrisa se perdió, cuando cruzó de improviso su vista con la de Jin, inmediatamente miró otra vez a la pelirroja. –Eh… si… me gustaría.

-Kaori, yo dejé lista la comida, todo está en la cocina en una bandeja. – El abuelo tenía todo preparado para cuando ellos llegaran.

-Gracias abuelo, iré por la bandeja, ustedes pueden sentarse ¿Comerás con nosotros, verdad? – Preguntó ella al anciano.

-No, iré también a hacer una pequeña siesta, que les aproveche. – Jin sonrió a Kaori antes de marcharse, e hizo una mueca cuando miró al Italiano. Finalmente se retiró a su habitación a dormir un poco.

Ella se rió por lo bajo, notando como Jin le hacía gestos feos a Francesco, pero lo comprendía, después de todo lo que él vio sufrir a Kaori a causa de lo sucedido. Aunque, como ya casi todo lo tenían resuelto, ella esperaba que pronto se acostumbrara a la idea.

-Ven… - La mujer caminó hasta una habitación amplia, donde había un kotatsu (Kotatsu: Una mesa bajita, de patas cortas, típica de oriente.) y alrededor unos muebles rozando los muros a la misma altura, con muchos adornos y plantas encima. –Siéntate aquí. – Ella indicó un lugar junto al kotatsu.

-¿No hay sillas?- Preguntó el corredor, después de seguirla hasta allí. Estaba un poco cansado de sentarse sobre las piernas.

-Si quieres una normal que tenemos en el jardín, pero la mesa te quedará por allí abajo cuando quieras tomar bocado. - Ella no pudo evitar reírse al imaginarlo, tenía en mente la escena de como cuando las jirafas van a beber agua. –Te aseguro que será incómodo, jajaja.-

-Muy graciosa…. – Bufó él, enmarcando una pequeña sonrisa. –Está bien, supongo que debo acostumbrarme a esto. – Toma un cojín y se arrodilla sobre éste, frente al kotatsu. –Wow… está cálido. –

-Los Kotatsu tienen calefacción incluida, espera, iré a traer la comida. –

La pelirroja fue rápidamente a la cocina que estaba cerca de esa habitación, casi al final de un pasillo muy largo. Regresó inmediatamente con la bandeja que estaba cubierta por un paño de colores a cuadrillé. Cuando lo quitó, reveló un par de platos de arroz blanco, otro pequeño donde estaba la salsa de soya, algunos cortes de carne y ensalada en otro plato bajo con forma de óvalo.

-Aquí tienes. – Le sirvió lo correspondiente a él y luego se sirvió a ella misma. –Si quieres agregados, puedes tomar lo que quieras de los otros platos.-

-Um… - Francesco miró el arroz con un poco de desconfianza. -¿Crees que tu abuelo haya envenenado mi parte? – Preguntó con tono preocupado.

-¿Qué? – Kaori lo miró sorprendida y divertida. –Jajajaja, no seas tonto ¿Cómo piensas eso? Si lo deseas te lo cambio por el mío, aunque todos los platos son iguales. Había dos más para los niños. Mi abuelo los adora, no sería capaz de hacer una cosa así. -

-Aun así…. – Agregó el corredor.

-Oye, en serio, si no quieres comerlo, no lo hagas. Nadie te obliga. – Ella lo miró esta vez con seriedad, Kaori era de las personas que seguían el juego, pero cuando ya el juego se tornaba fastidioso, se ponía estricta y marcaba inmediatamente una línea. Se sentía un poco rara, porque fue como estar tratando con alguno de sus hijos.

-Comeré, no te enojes. – Él puso ojos de inocente cachorrito y luego comió en silencio.

La pelirroja se reía en la mente ¿Cómo era posible que un regaño para niños funcionara hasta con algunos adultos?

Instantes después, el teléfono celular de Francesco comenzó a sonar, pidió disculpas a Kaori para retirarse un momento de la pequeña mesa. No yendo muy lejos, se paró a un par de metros en esa misma habitación.

-Pronto?... Cosa? ¿Giuseppe? ("Pronto": es una palabra que utilizan en Italia para contestar una llamada. "Cosa?" o "Che Cosa?" En forma interrogativa equivale a "¿Qué?")

A lo que él contestaba su llamada, ella seguía comiendo en total calma. Ella no quería, sin embargo increíblemente no pudo dejar de oír algunas palabras de su conversación telefónica, entendiendo claramente el idioma natal de él, aunque no paró de comer, pero cada bocado no sabía a nada, perdiendo la concentración al intentar disimular no oír absolutamente ni una palabra.

No pasó mucho tiempo hasta que el Italiano volvió a la mesa. Su rostro se veía un poco consternado.

-¿Pasa algo malo? – La pelirroja se preocupó al verlo así.

-No, bueno…. Giuseppe vendrá mañana a Osaka, con algunos miembros del equipo para arreglar el asunto de la temporada de carreras. – Le contó.

-Oh…. Ya veo. – Ella no sabía qué decir, pensaba que ellos se llevarían a Francesco de regreso a Italia o quizás a otro lugar, no los conocía, pero como él era bastante bueno en lo que hacía, se imaginó que lo necesitaban mucho, pero… Kaori también lo necesitaba y sin mencionar a los niños.

-Quiero que vengas conmigo. Con Lucciano y Luccia. Necesito que estén conmigo allí mañana. – Pidió el corredor, arrodillándose frente a la mesa, mirando casi en súplica a la chica. Él tenía una cosa en mente por si algo inesperado sucedía. –Por favor. -

"Necesidad…." Entonces esa palabra venía mutuamente, su significado era extremadamente fuerte, tanto que no se podía dejar pasar así como así. Y menos si ambos se necesitaban a la vez.

Ella dejó su plato a un lado para dejar pasar 10 segundos de un profundo silencio y de la nada le sonrió.

-Iremos contigo. – Le confirmó ella.

-¡Grazie!- Se levantó él de su sitio y fue directamente a abrazarla. – No sabes lo que significa esto para mí. – Su rostro cambió, más tranquilo y feliz.

La pelirroja le correspondió al abrazo, lo sentía tan cálido, volviendo a adorar esa suave fragancia que despedían sus ropas, de aquel perfume francés que él acostumbraba a usar y que con el pasar de los años parecía naturalmente suyo.

-Me da gusto que tu expresión cambiara, ahora hasta tu cuerpo parece más relajado.- Notó ella al tenerlo abrazado, acomodando el mentón sobre uno de sus hombros.

- Estoy mejor, porque sé que me apoyas. – Dijo él.

Era lo menos que Kaori podía hacer, Francesco había sacrificado muchas cosas por quedarse a su lado; su carrera, su ex novia, sus amigos, quizás hasta su propia confianza en sí mismo, sino, por otro lado y en otras circunstancias, él estaría en proceso de hacer este enfrentamiento, solo.

Continuará...

Disclaimer.

-Kaori, Luccia, Lucciano y Jin, son personajes que me pertenecen originalmente a mi, igual que este fic (c) Shadoru.
-Los demás personajes pertenecen a Disney. PIXAR.