hola! perdón por dejar tanto tiempo botada esta historia, no tengo excusa válida para haber hecho algo así. u_u Pero bueno, aquí está! disfruten (: (agradezco mucho sus reviews y todasesasotrascosas xd)
Se sintió como una intromisión extraña. No había movimiento, pero Sherlock era consciente de que John le estaba apenas posando los labios sobre los suyos. La sensación era extraña, no se sentía invasiva, pero sin embargo era consciente del contacto. Solo del contacto. Una boca sobre la suya, Sherlock no pudo cerrar los ojos, ni pestañear, en tanto John mantenía los ojos cerrados con los labios primeramente extendidos, y luego comenzando a darle pequeños besos esperando una respuesta. Cuando Sherlock había contado cuatro de esos, el doctor se alejó un poco, rozando su nariz con la del detective y habló
-¿Sucede algo?- preguntó moviendo un poco su cabeza para seguir jugando con su nariz. Sherlock rió, preso de los nervios y se sintió ridículo.
-Acabas de besarme.
-Eso no fue un beso, Sherlock. Apenas te puse la boca encima.
-¿Por qué? –se sentía emocionado, pero a la vez dolido. Sabía que no estaba bien, que John estaba pronto a casarse, y aunque habían vivido una despedida de solteros un poco fuera de lo común, definitivamente no era lo que debía suceder justo ahora. Pero diablos que deseaba esto.
John se encogió de hombros y puso su mano en su mejilla.
-Sabes que no soy gay…
-Sé que eres bisexual. –contra argumentó. John rió por lo bajo, nervioso.
La verdad es que para Sherlock había algo realmente vergonzoso en la situación actual. Y es que lo que John acababa de hacer si bien había sido apenas un roce y no un beso de tomo y lomo, era la primera vez que alguien se atrevía a ponerle la boca encima a Sherlock. Anteriormente claro que mucha gente lo había intentando, pero el detective no estaba interesado, y por otra parte además, jamás dejó que nadie se le clavara de manera tan honda en la mente, en la piel y en el corazón. Jamás se había rendido ante sus emociones y sentimientos por otra persona, John era el primero, y aún más, John era y probablemente sería el único que había llegado a ese punto.
-No quería molestarte, lo siento Sherlock yo… me dejé llevar… - John seguía abrazando a Sherlock por la cintura y cuando hizo ademán de alejarse, el detective lo atrajo a sí nuevamente.
-Está bien John es que yo… -apretó los ojos, le faltaban las palabras y se sentía estúpido de lo que estaba a punto de decir- es... –volvió a guardar silencio. La música seguía sonando, pero ya no importaba.
-Está bien, lo siento, de verdad
-Es la primera vez que alguien me besa. –soltó Sherlock sin más preámbulos.
John pestañeó y lo miró desde su estatura fijamente a sus ojos camaleónicos, que ahora se consumían por lo dilatadas de las pupilas del detective.
-¿En serio? –Sherlock agachó la mirada ante la duda- Sherlock… esto es raro. Demasiado. –tomó su mentón con su mano y lo miró fijamente- pero sé que quiero besarte, ahora, justo ahora.
Sherlock solo miró avergonzado a cualquier otro sitio.
-Vas a casarte, John. –musitó evidentemente adolorido por el hecho.
-Pero quiero besarte – llevó la contraria el doctor- no puedo hacer esto sin saber que hubiese sentido besarte estos labios tan… - John hizo un silencio y miró al suelo- por favor, Sherlock.
Se alejaron un poco. Sherlock aprovechó de respirar hondamente y se quitó la chaqueta, quedando solo con su camisa blanca. John se quitó también su chaleco también quedando en camisa y puso las manos en su cintura, evidentemente confundido mirando al piso. Sherlock en tanto desordenó su cabello nuevamente, se había sentido tan nada la boca del doctor posada en la suya, y sin embargo todo su cuerpo vibraba aún con el recuerdo. Sentía los vellos de sus manos y nuca aún erizados y calor, mucho calor en el estómago, se estaba quemando por dejar que John le pusiera la boca encima de nuevo.
-¿continuamos como antes con la clase de baile? –John intentó hacer un amago de sonrisa hacia su amigo- quizás si tienes algo de pop podamos…
- John, bésame. –demandó Sherlock antes de que el doctor siguiera hablando. En menos de veinte segundos decidió que los labios de John era todo lo que quería en ese momento, al diablo Mary, al diablo la boda. Si John había empezado, que al menos hiciera bien su trabajo y le besara como debía. Sherlock se estaba regalando a sí mismo el lujo de sentir como un ser humano corriente.
-Sherlock yo no…
-Este es mi primer beso, debes hacerlo inolvidable. Para ambos. – El doctor se desarmó ante la sugerencia de lo inolvidable. Pero tampoco podía negar que desde que conoció al detective, prácticamente, se había sentido tentado a probar esos labios precisos, rosados y pálidos, carnosos y a la vez delicados, y esa curva de corazón que tenía justo en el punto simétrico de su rostro.
-Por supuesto que quedará entre los dos y nunca le diremos a nadie. Será nuestro secreto, John. – la voz era oscura, grave y suplicante.
El aludido inspiró ruidosamente y agachó un poco la cabeza mientras miraba a Sherlock que estaba frente a él, con las pupilas dilatadas, la camisa blanca pegada al cuerpo y el cabello desordenado. Su mirada casi le gritaba que por favor actuara sobre la solicitud que acababa de hacerle.
John se acercó a Sherlock, le tomó con una mano por la cintura y le miró esperando que el detective le imitara el movimiento. Si Sherlock le había enseñado a bailar, él le enseñaría a besar. El moreno le tomó por una cadera y esperó el siguiente movimiento de John, quien puso su mano izquierda en la nuca del detective, justo en el pequeño surco que formaban sus tendones bajo sus rizos y comenzó a acercarse con los labios entreabiertos, lentamente, mientras la cabeza de Sherlock guardaba, guardaba y guardaba todo, absolutamente todo, mientras se concentraba al máximo en los profundos azules de las pupilas de John que se hallaban casi consumidas. El doctor se relamió cuando faltaban apenas unos centímetros para volver a hacer contacto con sus labios, pretendía hacerlo delicadamente como la vez anterior, pero a Sherlock la ansiedad lo estaba ahogando, por lo cual imitó el movimiento de John y lo tomó por la nuca, tomando unos pocos mechones de su cabello rubio entrecano y estrelló sus labios en los del doctor.
Lo primero que percibió fue la humedad ajena que se asentó en su boca. Sabor al té de hace unas horas y los dientes de John cuando se aventuró a asomar un poco la lengua fuera de su propia boca. Los labios de John eran suaves, Sherlock podía sentir cada surco que cruzaba verticalmente la boca del doctor y guardaba esa sensación en su mente. No podía perderla por nada del mundo. John jugaba con los rizos del detective mientras se regocijaba en sí mismo de haber tenido la valentía de besarlo, y se sentía secretamente feliz y orgulloso de ser el primero en posar su propia boca en esos labios, podía percibir el corazón de los labios de Sherlock sobre sí mismo mientras esa tímida lengua que solía desagradar con palabras ácidas la mayor parte del tiempo, ahora era una lengua tímida, que pedía un poco más de acción, un poco más de pasión al momento pues entraba y salía tímidamente de la boca de John chocando con sus dientes.
John movió un poco a Sherlock guiándolo hacia el sofá de dos cuerpos. El detective retrocedió a conciencia, deduciendo a donde se dirigían con todo esto. Se asustó un poco, pero no era el momento de dar pie atrás.
-Solo para que quede claro, no haré nada más que besarte hasta que decidas que ya tuviste suficiente. Solo eso, no haré nada más Sherlock. – la voz del detective era entre jadeos y sonaba ronca y profunda, mientras que sus ojos reflejaban que esas eran sus reales intenciones, no hacer nada más que eso. Besarse. Sherlock no tenía palabras y solo asintió en silencio, de acuerdo con lo que John proponía.
- Sherlock. Siempre me ha gustado tu nombre tan raro –susurró John mientras depositaba al detective sobre el sofá, dejándolo recostado sobre su espalda y con ambas piernas aún en el piso. John se inclinó sobre él y lo tomó por la espalda, mientras que con la otra mano acariciaba su cara.
- Sherlock –besó sus labios con parsimonia- Sherlock –besó sus mejillas- Sherlock –besó su frente. - ¿Guardarás esto en tu Palacio Mental? –preguntó el doctor mientras volvía a besar sus labios con necesidad.
Y sí, la mente del detective consultor estaba a punto de explotar, sobrecargada, excitada, casi en el borde la desesperación por almacenar todo, que no se fuera nada. Que por favor no se olvidara nunca de nada. Porque esto era más de lo que podía pedir, más de lo que su Ello había pugnado por obtener durante tanto tiempo. Bueno, quizás sí podía demandar más, pero con esto era más que suficiente. Sherlock Holmes y John Watson. Besándose. En el sofá del 221B donde a veces se sentaban los clientes con casos aburridos, donde Sherlock dormitaba, donde Mycroft se sentaba cuando venía a molestar. Sherlock Holmes y John, con ese cabello rubio, los hombros anchos, el vientre plano, la herida en el hombro, los ojos azules, la sonrisa expresiva. "Yo soy Sherlock, este es John, y nos estamos besando" pensaba mientras una mínima parte de él porfiaba por racionalizar la situación y objetivarla. Pero Sherlock ya no podía más, la banal emocionalidad humana le ganaba en ese momento mientras ahora, John besaba desde su garganta hasta su boca y de regreso.
-No te vayas esta noche. – Sherlock alejó un poco a John para que ambos tomaran aire, y para que su acelerado y sobre estimulado cerebro tomara oxígeno para seguir trabajando archivando y guardando el aroma de John, los labios rosados y cubiertos de saliva y su mirada azul llena de ternura. – John, por favor.
John le miró un momento más. Sherlock no estaba en estado de deducir nada de la mirada que el doctor le daba.
-No me iré, Sherlock. No te preocupes, no me iré.
